DISCLAIMER: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. La historia es producto de mi imaginación.


CAPITULO 14

No puedo recordar cuando fue la última vez que me sentí de esta manera.

Mis labios siguen el curso de mis emociones y aún sin poder ser consciente de todo, de lo único que estoy completamente segura es que quisiera preservar este momento por mucho más tiempo porque sé que cuando abra mis ojos, todo volverá a ser como antes.

Una de las manos de Peeta apresa mi cintura, mientras la otra toma una de las mías para sostenerla sobre su pecho, donde puedo sentir los acelerados latidos de su corazón, que palpita al ritmo del mío, haciéndome saber que tal vez estamos en la misma sintonía y que todo aquello que me ha estado pasando tiene una justificación.

No estoy enamorada de Peeta.

Decir algo como eso sería muy apresurado e incluso injusto, pero creo que lo que está creciendo en mi pecho no es simplemente simpatía y lo sé.

No estoy enamorada de Peeta.

Aún.

Por otra parte, no estaba en mis planes el que me besara, pero ahora que lo ha hecho y aun cuando por mi mente pasan miles de pensamientos confusos al tiempo, no he encontrado otra manera de actuar que corresponderle.

¿Debería sentirme mal por eso?

La verdad es que sí me siento un poco culpable pero no es por lo que todo el mundo en mi situación esperaría, sino más bien porque no puedo sentir arrepentimiento en lo absoluto. Besar a Peeta Mellark parece tan correcto, tan perfecto y tan natural que me es imposible en el instante desear otra cosa que no sea continuar.

Ya habrá tiempo para darme contra el mundo por mis actos.

Sobre todo cuando ellos implican hacerle daño a tantas personas. No me puedo imaginar lo que pensaría Gale si me viera besando a su hermano justo unos días después de haber terminado una relación que prometía matrimonio, o a Delly que es una de las personas más amables que conozco y quien tan solo lleva unos meses de noviazgo con Peeta, que ahora está aquí, en el jardín de mi casa, besándome con fervor.

Soy una mala persona, lo sé.

Entonces ¿Por qué no puedo sentirme mal por ello?

Ni yo misma consigo una respuesta.

Cuando nos separamos, continuamos uno muy cerca del otro mirándonos fijamente y sin decir una palabra. Mi mano aún sigue sobre su pecho, donde su corazón parece empezar a normalizarse mientras el mío amenaza con explotar. En su rostro una sonrisa se dibuja, mientras en el mío aparece un leve rubor.

¿Qué debería decirle?

Mi cara de seguro es una melodía porque la suya pierde la sonrisa.

—Katniss yo… —suelta muy despacio mi cintura y la mano que tiene sobre su pecho— lo lamento, discúlpame.

Sin pronunciar una palabra me quedo mirándolo fijamente, contrariada por las circunstancias y por no saber que decir. Lo que siento en mi interior es demasiado confuso para mí.

¿Qué está pasándome con Peeta?

Sus ojos azules son tan transparentes que puedo ver como las emociones se arremolinan en su interior, de la misma manera que lo hacen en el mío y sin embargo, él parece más valiente que yo porque por lo menos ha hecho el intento de decirme algo, mientras yo como una niña tonta, me quedo callada.

¡Di algo!

Sus palabras se quedan en el aire y no sé si quiero seguir escuchándolo o mejor, si debería hacerlo. No obstante, sé que merece algo más que mi silencio pues si la circunstancia fuera a la inversa, yo esperaría algo más que una mirada.

—No tienes por qué disculparte Peeta —lo miro a los ojos y veo como se tranquiliza un poco pero sin relajarse del todo, pues veo como los dedos de su mano derecha no dejan de moverse como si tuviera un tic y creo que lo justo es que diga algo más. — Esto no ha sido culpa tuya, yo lo he permitido.

—Y estas arrepentida. —no me hace una pregunta sino una afirmación con algo de melancolía.

—Esa es la parte más complicada. —digo mucho antes de poder pensarlo pero con la determinación de tratar de ser sincera con él y conmigo misma.

—¿Complicada? ¿Por qué?

—Porque —lo miro fijamente— no me arrepiento en lo absoluto —trato de parecer serena antes de atropellarme con las palabras, mientras sus ojos se abren un poco más— ¡Y ese es el problema! ¡Porque luego pienso en Gale y en Delly y me doy cuenta que esto no está bien!

—Tienes razón —suspira— y quisiera decir que me siento muy mal por lo que hice pero estaría mintiéndote.

¿Qué está diciendo?

¿Acaso él…?

No, claro que no.

—¿A qué te refieres? —pregunto tratando de mantener la compostura.

—Creo que ya has podido deducirlo.

Mis neuronas hacen sinapsis aún más rápido de lo normal con las miles de conjeturas que estoy haciendo al respecto, sin embargo, luego de lo que ha dicho, yo creo que ni siquiera alguien con capacidades mentales reducidas podría malentenderlo y la verdad es que no sé cómo debo reaccionar al respecto.

¿Debo emocionarme?

¿Sentirme feliz?

¿O lamentarme por lo que sin querer he causado?

El jurado parece votar por las dos primeras opciones aunque no sean las correctas.

O tal vez sí.

—Pero ¿Y Delly? —pregunto cómo buscando una excusa para alejar los pensamientos que me invaden. —Le romperás el corazón.

—¡Delly y yo jugamos en el mismo equipo!

—¿Cómo? —contesto mientras siento como la cabeza me da vueltas— ¿A qué te refieres con que "juegan en el mismo equipo"?

—A que ella prefiere a las chicas —esboza una tenue sonrisa— incluso puedo decir que tú has logrado llamar su atención.

¿Qué diablos es lo que está diciendo?

¿Delly es… gay?

Ahora ya lo he visto todo.

—¿Pero cómo es que eso? tú y ella… ustedes —mis palabras se atoran en la garganta y el corazón me palpita más fuerte.

—Es mi mejor amiga y me pidió el favor de que fingiera ser su novio porque

—Su familia ignora la situación. —completo por él.

—Si.

Me quedo un momento en silencio tratando de digerir la nueva información, cuando siento que Peeta se acerca a mí y toma de nuevo una de mis manos. Su contacto es cálido y suave y tiene el poder de hacerme querer mucho más de él.

—Katniss —me obligo a verlo a los ojos que son tan azules como el cielo— sé que todo esto es repentino y que debes estar confundida…

¡Vaya que si lo estoy!

—… principalmente por Gale —acaricia mi mano con la suya— porque acaban de romper y todo eso y ahora yo vengo con todo esto —hace una pausa— pero deseo que te quede claro que no quiero presionarte o inducirte a nada.

Las palabras de Peeta son sinceras y logran darme algo de calma, aunque en la situación en la que me encuentro, eso parece casi imposible. ¿Cómo es que mi vida dio un giro tan inesperado en tan poco tiempo? Me quedo pensando en todas las circunstancias que han tenido lugar en los últimos días y lo único con lo que logra ocupar mi mente es ese beso suave y tierno que acabamos de darnos.

Obligo a mi cabeza a sopesar las consecuencias que todo esto tendrá, pero no puedo pensar en algo diferente y odio a Peeta por ponerme de cabeza la vida y me odio mi misma por ser tan débil. Acabo de salir de una relación en la cual me rompieron el corazón y lo que menos necesito ahora es empezar algo nuevo con alguien más y menos si ese alguien es Peeta.

Finnick tiene razón.

No puedo involucrarme con el hermano de mi ex.

Peeta espera por mi respuesta, la cual no he podido darle por estar al pendiente de mi dilema interior, sin embargo, sus ojos siguen a los míos y sé que merece que diga algo, aun cuando no se las repercusiones que esto tenga.

¿A quién quiero engañar?

Estoy hecha un lio porque no soy capaz de aceptar que muy en el fondo estoy completamente segura de que él me gusta muchísimo.

¡Por Dios! Necesito ayuda.

—Lo sé. —digo por fin.

—Y sabes que puedes contar conmigo para lo que sea ¿Verdad? —pregunta con una sonrisa en los labios.

—Si. —sonrío también.

De nuevo el silencio se instala entre nosotros, burlándose de mí, porque el pulso se me acelera y las manos empiezan a temblarme y creo que él lo siente.

—Bueno, creo que lo mejor será que yo me vaya. Hasta pronto Kat. —suelta lentamente mi mano y camina unos pasos empezando a irse, pero la soledad que experimento cuando termina con nuestro contacto se convierte en una poderosa impulsora de mis actos.

—¡Peeta!

Voltea a verme y yo sin previo aviso camino rápidamente en su dirección y me lanzo a sus brazos, los cuales me reciben aunque casi hago que pierda el equilibrio y justo antes de que él pueda reaccionar soy yo quien lo está besando.

Sus labios son justo como los recordaba, pues aunque solo han pasado unos minutos desde que deshicimos nuestro contacto, a mi boca y a mi corazón —que parece un ente independiente de mí— les parece una eternidad y me reclaman con fiereza que recupere lo que he dejado marchar.

Peeta responde de inmediato posando ambas manos en mi cintura con delicadeza, al tiempo que yo llevo una de las mías a su cuello, acariciando su rubio cabello, mientras la otra se posa sobre su hombro.

Nuestros labios danzan una melodía dulcemente tortuosa que nubla totalmente mi pensamiento por segunda vez y aunque una voz en el fondo de mi cabeza me pregunta ¿Qué diablos estoy haciendo? La sensación de paraíso que me proporciona la boca de Peeta termina por acallarla, haciéndome entender que lo mejor por ahora será no pensar, no razonar, y solo congelar el momento.

Sé que no es correcto ignorar algo como eso pero por una vez en mi vida me permito ser irracional. Toda mi vida he estado acostumbrada a hacer lo correcto y a ser la chica perfecta, así que me merezco un poco de esto, merezco sentirme feliz, además Peeta lo vale.

Totalmente.

Un carraspeo me saca de la burbuja de fantasía donde estoy encerrada, haciendo que nuestro beso termine de manera abrupta, lo que ocasiona que mi corazón bufe molesto, aunque no tanto como la mirada verde mar de cierto chico que se encuentra parado a algunos metros de nosotros.

—Katniss —aunque su voz es moderada, Finnick me mira de manera reprobatoria.

Peeta voltea y se encuentra con la severidad de los ojos de Finnick, a quien solo le falta cruzarse de brazos para verse más aterrador.

—¿Quieres que hable con él? —susurra.

—No, creo que lo mejor será que te marches —digo sin dejar de ver a mi hermano.

—De acuerdo, pero avísame si sucede algo. —besa suavemente mi mejilla a modo de despedida.

—Lo haré.

Peeta se separa de mí y pasa muy cerca de mi hermano del cual se despide amablemente y quien con seriedad corresponde a su cortesía, para luego fijar sus ojos una vez más en mí, al tiempo que cruza ambos brazos sobre su pecho en señal de que espera por mí.

Estoy en problemas.

Una vez hemos quedado completamente solos, camino hacia él sin dejar de mirarlo con temor pues aunque es mi hermano adorable y amoroso, también es bastante celoso y sobreprotector y estoy bien segura de que no le ha caído para nada en gracia lo que acaba de presenciar.

—Estas esperando una explicación convincente ¿Verdad? —le digo una vez llego hasta él.

—No sé hasta qué punto la palabra convincente sea la correcta para describirla.


Ha decidido que hablaremos en su habitación, de seguro porque allí no puedo encontrar una ruta de escape fácil si las cosas se complican y se que lo harán. Finnick me había advertido sobre esto pero pienso que en el fondo su advertencia llegó tarde pues aunque nada de esto estuvo en mis planes en ningún momento, ahora parece más lógico y antiguo de lo que yo misma puedo ser consciente.

—¿Es una broma Katniss? —bufa molesto mientras camina de un lado a otro y yo no puedo evitar preguntarme por el momento en que empezará a tirar de sus cabellos hasta arrancarlos como hacen las caricaturas de la televisión— ¿Por qué precisamente un Mellark?

Mi hermano parece descolocado a pesar de que siempre es una persona serena e incluso bromista. Al parecer esto no le ha simpatizado en lo absoluto.

De pronto detiene su andar y se dirige directamente a mí, que como un pequeño conejo acorralado por un depredador, estoy sobre su cama observándolo sin decir nada.

—¿Cuándo sucedió esto? —pregunta tratando de parecer sereno.

—¿Cuándo sucedió qué?

—Katniss, no insultes a mi inteligencia —frunce el ceño— sé muy bien lo que acabo de ver.

—¿Y qué fue lo que viste según tú?

—Quieres jugar ¿Eh? —Levanta una ceja— pues yo no estoy para juegos niñita, sigo esperando una explicación.

La verdad aunque Finnick está enojado conmigo, pienso que lo mejor que puedo hacer es no dejarme intimidar por él, pues aunque es mi hermano mayor y todo eso, ya soy una mujer adulta y puedo tomar decisiones por mí misma sin pedirle consentimiento a nadie.

—No hay nada que explicar Finn —le sostengo la mirada— solo fue un beso.

Las palabras que salen de mi boca en realidad no tienen ningún sentido para mí porque soy muy consciente de que no fue solo un beso y aunque no puedo ponerle un título claro a aquello, sé que fue mucho más que eso, pero no puedo decirle a Finnick.

No lo entendería.

Tampoco yo he podido hacerlo.

—¿Acaso ya olvidaste a Gale?

Sus palabras entran en mi pecho como un golpe fuerte, causando un impacto bastante poderoso pero a la vez contradictorio en mi interior, porque aunque pensar en él me duele mucho por lo del engaño y por la manera como sus decisiones cambiaron nuestra vida juntos, ahora yo también tengo algo de culpa en ello con todo lo que acaba de suceder.

En realidad Gale y yo ya no tenemos nada y eso me exime de guardarle cualquier tipo de fidelidad pero aun así, en esta sociedad y en la cabeza de cualquier persona racional está muy mal visto que luego de solo unos días yo esté besando a alguien más, que además de todo es el hermano de mi exnovio y con quien me sentí literalmente en las nubes.

Necesito entender lo que me sucede.

Y pronto.

—No has contestado a mi pregunta —insiste Finnick observándome con curiosidad— ¿Ya no sientes nada por él?

—No lo sé. —respondo y digo la verdad.

Por más que mis impulsos y mis emociones me hayan empujado a actuar como lo hice hace rato, nuestra historia repercutió mucho en mí y es la única que conozco, pues ha sido la más importante en toda mi vida. Por mi bien tengo que aclararme a mí misma las cosas para hacerlas de la manera correcta, pero sobre todo, porque lo último que quiero es que alguien salga lastimado por mi culpa. Incluyéndome.

De Gale puedo decir con certeza que lo amé y mucho, sin embargo, ahora que pienso en ello lo siento como algo lejano y efímero, y no porque no haya sido un sentimiento fuerte o porque yo sea de esas personas que cambian de parecer como cambiar de ropa, sino más bien porque tengo la firme convicción de que cuando amas con el corazón y te decepcionan de una manera tan grande como él lo hizo conmigo, ese amor —por muy grande que haya sido— puede transformarse en algo más, que no siempre es positivo.

Finnick observa sigilosamente mis ausencias y estudia mis silencios como tratando de interpretar lo que me pasa. Siempre he pensado que debió seguir los pasos de mamá y convertirse en psicólogo pues le encanta tratar de entender las circunstancias de la gente, aunque no se le dé bien con todos.

—Dime una cosa entonces—dice recobrando toda mi atención— ¿Qué es lo que sucede exactamente con Peeta?

Levanto mi mirada y poso mis ojos sobre los suyos que esperan por mi respuesta. —Tampoco lo sé.

Es cierto.

No tengo idea.

Soy extremadamente ignorante al respecto y no es porque no quiera ver lo que tengo frente a mí. Peeta literalmente me ha dicho lo que siente y yo en cambio me he vuelto un manojo de pensamientos enredados que no ofrecen nada de claridad sobre lo que debo hacer. Me siento perdida y aunque en verdad quisiera decidirme por el camino fácil, tirar todo al diablo y salir corriendo sin un rumbo fijo, sé que eso no es lo más conveniente.

—Kittie —se hace un lugar a mi lado sobre su cama— no quiero decirte que lo que estás haciendo está mal —pone su mano sobre mi hombro— pero sé que tú sabes que así es.

Suspiro —Lo sé.

—Y sabes también que te amo y que lo último que quiero es que otro pendejo te haga sufrir —asiento— pero si me dices que esto es lo que quieres, ten por seguro que no me voy a volver un obstáculo —volteo a verlo sorprendida por sus palabras, la verdad me esperaba un sermón de su parte— No me mires así —sonríe— se lo que es sentir que tus emociones te lleven sobre una montaña rusa.

Mi hermano ha descrito mejor que yo la situación porque precisamente así me encuentro ahora. Como si estuviera sobre una montaña rusa.

Sería una mentirosa si negara todo lo que me ha hecho sentir Peeta estos últimos días.

Me mentiría rotundamente si dijera que no me gustaron sus besos, que no me he puesto nerviosa cada vez que me ha hablado por teléfono o en persona, o que no canté mi canción favorita para él en aquella ocasión. También estaría diciendo mentiras si tratara de negar que me gusta su sonrisa y que cada vez que sus ojos azules me han mirado no han conseguido hacer que me sonroje o que mi corazón se acelere. Y mentiría infinitamente si dijera que ahora mismo no siento sobre mi ropa su perfume, que vuelve a transportarme hasta el momento en que nuestros labios estuvieron unidos.

—¡Ay Finn! Me siento muy confundida.

—Lo imagino —me abraza— pero no me pidas que te aconseje —me mira con fingida seriedad— porque sigo siendo tu celoso y sobreprotector hermano mayor.

—Me alegra escucharlo. —sonrío y lo abrazo fuerte.


Recostada sobre mi cama y con la vista fija a las figuras serpenteantes que adornan en cielo raso de mi habitación, permito que mi cabeza recree de manera vívida, cada uno de los momentos que acabo de vivir con Peeta.

La manera como llegó a mi casa y todo lo que me dijo, su declaración implícita y la forma tan perfecta como sus labios encajaron en los míos, para darme el beso más suave y dulce que he recibido en toda mi vida. No sé cuándo mi mundo cambió de una manera tan drástica, pero lo que sí es claro para mi es que una parte de mi corazón y no sé en qué proporción, se siente emocionada por pensar en lo que puede pasar.

Sé que todo es apresurado pero por una vez en la vida no quiero negarme la posibilidad de sentir y el que Peeta sea precisamente el que ocasiona todo esto en mí, —aunque es contraproducente— en el fondo me emociona.

No sé si creer en el destino pero esto sin duda es una clara señal de algo y estoy dispuesta a descubrir exactamente de qué.

Pero entonces recuerdo algo más.

La excusa que tuvo para venir a verme.

De inmediato me levanto de mi cama y corro rápidamente hasta el jardín, donde minutos antes fuimos sorprendidos por Finnick en un beso profundo y allí sobre el prado encuentro una pequeña bolsita metálica adornada con un moño púrpura que resalta sobre el color verde como si fuera una flor.

Debió haberse caído de mis manos durante la confusión por el beso.

Me acerco y la levanto para encontrar que está llena de galletas que él mismo ha preparado para mí. Madeleines creo que ha dicho que se llaman.

—La excusa perfecta para un beso. —Sonrío al pensarlo.

Y mientras camino, destapo con cuidado la bolsa y saco una de ellas y la llevo hasta mi boca, para encontrar que es extremadamente deliciosa, además de hermosa a la vista. Peeta tiene talento para esto también —sonrío de nuevo.

Y con esa imperturbable expresión me dirijo de vuelta a mi habitación.


¡Hola mis queridos lectores!

Me he dado a la tarea de acabar este capítulo porque todo el mundo estaba a la expectativa de lo que pasaría luego del beso, sin contar con que ya he actualizado la otra historia, solo espero que haya estado a la altura. Yo sé que todo el mundo estaba ansioso por leer Everlark —igual que yo por escribirlo— pero creo que no debemos pasar por alto que Katniss acaba de terminar su relación con Gale y aunque Peeta de verdad le gusta —y siente todo eso que nosotras sentiríamos por él, estando en su lugar—, es lógico que esté confundida y que se parta la cabeza por ello aunque no se sienta culpable.

Espero que les haya gustado.

Ermac18: Bienvenido a esta historia también. Ceo que este capítulo ha aclarado la relación de Peeta y Delly. Espero tenerte mucho tiempo por aquí.

Ady Mellark87: jajajaja yo opino lo mismo, los POVs de Peeta son geniales. Y puedo decirte que vi la peli justo en su estreno. La disfruté, lloré de tristeza, me morí de ternura, pero aun así me faltó un poco al final. En el epílogo hay cosas que hubiera planteado un poquito diferente, pero en general fue grandiosa.

Gabita565: Me ha encantado tu comentario porque te has hecho las preguntas correctas, las cuales espero hayas respondido en este. Tienes razón respecto de lo que has dicho de Peeta, si estuviera en el lugar de Katniss creo que me enojaría saber que él era conocedor de la situación pero ya veremos. A propósito, creo que fuiste tú la que hizo el comentario de que relacionabas a Delly con Rebecca Gillies y acertaste porque ¡Pensé precisamente en ella para crear la personalidad de Delly!

Blanchbeth1: ¡Tan bonita como siempre! :)

Doremi: Pues creo que esta vez la espera no ha sido larga y solo espero que te haya gustado. Claro que seguiré con la historia, no suelo abandonar mis proyectos, aunque tarde en terminarlos y menos cuando tengo conmigo a personas como tú, que aprecian el esfuerzo.

Lisset: Que bueno que te encantó, porque a mi igual. No lo abandonaré, no te preocupes.

BrbaraMazza: Creo que en este capítulo ha habido bastantes respuestas para ti. Espero que sigas conmigo hasta el final.

Laura: Jajajaja tuve que cortarlo porque necesitaba material para el siguiente. Ha habido más besos y esta vez por parte de Kat ¿Cómo lo viste?

Vainillatwilight: :D ¡Qué lindo leer lo que dices! Sobre todo porque es motivante para mí como escritora el saber que a los lectores les gusta lo que trato de plasmar. Me encanta tenerte por aquí y por ello es que no pienso abandonar, aunque a veces tarde en actualizar. Ustedes me motivan.

Alejandracottom: Bueno, este ha sido el capítulo de las aclaraciones, Delly es gay ¿Lo imaginabas? Esto se pone interesante.

ANA KAREN MELLARK: De ambos, de antemano. Debo responder que efectivamente Peeta sabe quién es ella y no te preocupes, no ha quedado como un infiel porque ya ves que su relación con Delly no es real. Es natural que se sienta un poco confundida pero ya viste que culpable no… Creo que soy malvada. Y te confieso, me ha dolido que Gale sea el infiel porque también lo quiero pero así debía ser. Mejorará todo, lo prometo.

Igual que en TU O NADIE, quiero desearles una Feliz Navidad y un Próspero 2016, en el cual con ayuda de Dios seguiremos leyéndonos.

Un abrazo fraterno y un beso gigante.

Giselle.