La felicidad, ¿Se me escapa de las manos?

Capítulo XXVII

No llego, no llego. Si ya sabía yo que no me iba a dar tiempo. Siempre tengo que ir corriendo de un sitio a otro, nunca llegaré a ningún lado bien de tiempo.

Hola amigos, me pillan en mal momento, justo estoy terminando de arreglarme para irme a la boda de mi prima con Wakabayashi. Sí, al fin se casan. Y me tengo que dar toda la prisa del mundo en llegar a tiempo, que encima soy el padrino.

Termino de colocarme bien la corbata, cojo la chaqueta y las llaves del coche y salgo para la iglesia. De camino, no para de sonarme el celular; es Anita, que impaciente me llama para que la recoja del hotel (aunque estemos juntos sigue viviendo en Barcelona).

-"¡Al fin llegas Schneider!" – me grita por mi apellido para que note su enfado. –"Te recuerdo que no debemos llegar tarde, ¿O es que cogiste complejo de novia?"

-"Tú y tu sarcasmo. Hola a ti también. Estaba terminando de arreglarme, como siempre se me hizo un poco tarde"

-"¿Un poco?" – me da un beso –"Venga, arranca que quedan quince minutos y todavía tenemos que recoger a Sherezade, que vale que la novia llegue un poco tarde, pero no media hora" – yo asiento y salimos hacia la casa de mi prima. Anita fue la que subió a su casa y la ayudó a retocarse el velo y el vestido. A los pocos minutos ambas bajaron.

-"Estás preciosa pequeña" – le digo sonriendo mientras le doy un beso en la frente. – "Eres la novia más guapa de todo el universo" – ella sonrió.

-"Gracias por el cumplido, por la parte que me toca" – contestó Anita mientras ayudaba a mi prima a meterse en el coche nupcial.

-"No te pongas celosa, que a ti ya te lo diré cuando toque" – le guiñé el ojo. –"¿Estás nerviosa?" le digo mientras voy conduciendo hacia la iglesia.

-"Mucho. Tengo los nervios a flor de piel" – contestó. –"¿Queda mucho?"

-"No te preocupes, ya llegamos" – nos bajamos del coche, Anita arregla a Sherezade y se mete para la iglesia, mientras que yo espero unos instantes antes de entrar del brazo de mi prima.

Cuando ya veo que se acerca la hora, avanzo hasta la puerta, tan nervioso como la novia. Dentro de unos meses me toca a mí. Una vez en la puerta, la marcha nupcial empieza a sonar, y todos los invitados se giran para atrás, posando sus miradas en nosotros. Siento como Sherezade me aprieta el brazo, y yo la miro para tranquilizarla. Paso a paso nos vamos a acercando hacia el altar, viendo que Wakabayashi está igual o más nervioso que mi prima.

-"Te doy la mano de mi prima Sherezade, sabiendo que la cuidarás y la amarás mucho" – él asiente cogiendo su mano y dándome las gracias. Yo le vuelvo a dar otro beso a mi prima y me coloco junto a la madrina, que es Aimée, con su notable barriguita de ocho meses de embarazo.

No pude contener mis lágrimas al oír al cura decir "Puedes besar a la novia", esa cara de felicidad que tenía mi prima era para mí una tranquilidad y felicidad de saber que al fin estaba uniendo su vida junto a la persona que ha amado toda su vida, mi mejor amigo, mi hermano, mi compañero…

En la puerta todo era euforia, celebrando la unión de los recién casados. Todos los invitados se acercaban a ellos para darle la enhorabuena y desearles lo mejor en su vida.

En un momento en el que me encontraba solo, Tsubasa se acercó a mí.

-"Ya me enteré, me lo dijo ella" – dijo parándose junto a mí con sus manos metidas en los bolsillos.

-"Yo no sabía si decírtelo o no…ya sabes"

-"No te preocupes, estoy bien. No voy a montar una escena de celos ni nada por el estilo"

-"Me siento un poco mal"

-"No tienes por qué. Aunque hay algo que aún no te dije"

-"¿El qué?" – le pregunté extrañado.

-"La enhorabuena. ¿No se supone que en estos casos se da?" – yo sonreí.

-"Gracias. Yo quisiera pedirte algo. Cuando tengamos hijos queremos que tú seas el padrino"

-"¿Por qué no lo es Misaki, que es el de bodas?" – cerró sus ojos. – "El padrino de bodas suele ser el padrino del primer hijo"

-"Porque él ya es el de bodas y nosotros queremos que tú seas el de nuestro primer hijo"

-"¿No tengo más remedio?" – dijo medio sonriendo y abriendo un ojo, a lo que yo asentí – "Está bien, si no queda más remedio…" – lo abracé sonriendo.

-"Gracias"

-"Pero ya, ya, tampoco es cuestión de que me arrugues el traje. Vayamos para allá, que aún no felicité a los novios"

La fiesta no puso transcurrir mejor, la comida fue excelente, la noche pasó muy tranquila y la felicidad no se escapó ni un segundo de ese salón de celebraciones. Los novios se marcharon directamente de viaje de novios, no esperaron ni que amaneciera. Y cada invitado hizo lo propio, marcharse para su casa, menos Pepe, Misaki, mi hermana Mary y Tsubasa, que se quedaban en un hotel para regresar a la mañana siguiente a sus respectivas ciudades.

Pasaron tres meses, y estaba a tan sólo un día de mi boda con Anita. Estaba nervioso, no lo podía evitar. Yo tenía todo preparado colgado en unas perchas en las puertas del armario. Por más que miraba mi traje, seguía sin encontrarle 'un qué se yo'. Tsubasa estaba en mi casa, le había invitado a él y a Misaki a que se hospedaran en mi casa, mientras que Pepe y mi hermana lo hacían en casa de Anita, ya que ella le ayudaría a arreglarse.

-"Deja de mirar más el traje, al final lo vas a desgastar con la mirada" – me dijo Tsubasa tumbado en mi cama.

-"¡Es que no me termina de convencer!" – me senté en un sillón que tenía en la habitación.

-"Te guste o no, ese fue el que elegiste, ya te casas con ese. A mí no me vuelves a llevar de tiendas como si fueras tu hermana Mary, que acabé bien harto" – me tiró un cojín Misaki.

-"Son los dos iguales, viene de herencia" – contestó Tsubasa.

-"Habló el menos indicado, como si no tuvieras tú tampoco los mismos genes" – le repliqué.

-"Yo soy inmune, yo no cuento"

-"Claro que sí, eres igual de plasta a la hora de elegir ropa" – le respondió Misaki

-"Por suerte fui el único que no tuvo que aguantar a una hermanita de compras" – dije sonriendo.

-"No, pero tienes que aguantar a una esposa, que es peor. Y ya conoces a mi hermana, que no para de comprar y comprar" – afirmó mi cuñado.

-"Misaki, amigo, no hables, que tú también tienes lo tuyo con mi hermana, que a ella le dejas a la vista la tarjeta de crédito y es capaz de fundirse tu sueldo millonario en una tarde de compritas" – rio Tsubasa incorporándose en la cama. –"Os compadezco, mis millones están a salvo"

-"Por poco tiempo, a ti te encontraremos pareja"

-"Quita, quita, estoy perfectamente solo. No quiero saber del amor nunca más" – Misaki y yo nos miramos, pensando que una pareja le teníamos que encontrar. –"Bueno, ¿Y la cena, aquí no se cena? Tengo hambre"

-"Naah, ya cenas mañana en el convite" –le dijo Misaki.

-"Sí hombre, mi estómago me pide comida"

-"Yo no voy a preparar comida, tengo que bañarme, terminar de preparar cosas…" – contesté.

-"Pues ahí quede en vuestras conciencias si no llego vivo a mañana. Que sepas que si muero te quedas sin padrino"

-"Exagerado. Tranquilo, Misaki te reemplazaría" – y el mencionado y yo nos reímos a carcajadas.

-"¡Mal hermano y mal cuñado. Ahora me haré yo MI cena y no os daré ni un poquito!" – ambos seguíamos riéndonos, nos hizo mucha gracia su cara.

-"Será mejor que le eche una mano, vaya que te quedes sin alimentos en la nevera y en la despensa" – sugirió Misaki.

-"Me parece buena idea, yo iré a bañarme, que siempre cuando tengo que ir a un sitio acabo corriendo porque no me da tiempo"

-"Pues mejor será que lo hagas hoy, sino llegarás tarde a tu propia boda" – yo asentí riéndome me marché a bañarme, mientras Misaki se marchó a vigilar a Tsubasa de que no acabe con todas mis provisiones.

Para dormir, ninguno quería dormir en el salón, por lo que los tres acabamos durmiendo en mi cama. Dormimos fatal, pero ninguno quería irse a dormir solo, y mira que nos pegamos golpes con los codos o con los pies. Yo dormía en mi lado, Tsubasa en el otro y Misaki atravesado en los pies. ¿Quién podía dormir así?

LA mañana llegó rápido, y el día transcurrió muy lento. Yo estaba deseando de que llegara por la tarde para hacer a Anita ya mi esposa. No paraba quieto en ningún lado. A Misaki y Tsubasa los tenía muy irritados, ya que era un manojo nervios.

-"O te sientas ya en algún sitio o te siento yo. Me agobias" – dijo Tsubasa de mal manera. – "Ni la televisión nos dejas ver"

-"No lo puedo evitar, estoy nervioso" – confesé.

-"Vale, pero nosotros no tenemos la culpa. Mejor será que te de una pastilla tranquilizante para que te relajes un poco" – propuso Misaki.

-·No, a ver si me quedo durmiendo o en la boda me encuentro mal…"

-"A ver si es verdad, y así nos dejas un rato. Tranquilo, nosotros te avisaremos cuando llegue la hora de arreglarse" – contestó mi hermano.

-"De acuerdo…cedo, pero si me quedo durmiendo y llego tarde vosotros ajustáis cuentas con Anita, yo no quiero saber nada" – alcé los brazos y ellos sonrieron. Me marché a dormir un rato a ver si así pasaban las horas más rápido.

En casa de Anita también eran nervios, aunque por parte de la novia eran pocos. Ya estaba todo preparado. A Anita ya empezaron a peinarla la peluquera y la estilista a hacerle la manicura.

-¿Qué te pasa amiga?, te veo mala cara – Le preguntó Mary.

-Pues no sé, tengo el estómago revuelto y me siento mareada.

-De seguro serán los nervios, estás a horas de casarte, yo también lo estaría – Pensó Pepe.

-No. Porque yo estoy muy tranquila. Es un malestar que siento.

-¡Ay Pepe, tú y tus tonterías! Para mí que ya sé lo que es – guiñó un ojo la rubia.

-¿El qué? – preguntó el chico Misaki.

-Pareces lento Pepe. A ver, mareos, náuseas…¿Cuándo una mujer tiene eso qué puede ser?

-¡¿En serio?! ¡Voy a ser tito! – exclamó contento.

-Nada de eso Mary, porque antes de ayer mismo se me marchó mi período. Seguro que son los nervios. – contestó la chica.

-Pues vaya, sería una buena noticia.

-Aunque también podría ser otra cosa; que mi enfermedad esté haciendo acto de presencia. – dijo afligida.

-Eso no lo digas ni en broma, de seguro son los nervios como dijo tu hermano, ya verás que en cuanto digas el 'sí quiero' se te pasa todo. – ella asintió y ya no se volvió a hablar más del tema, nadie quería llamar a la mala suerte pensando si podría ser que la enfermedad empezara a molestar justo ahora.

Al fin estoy ya vistiéndome. Pensé que no llegaría esta hora nunca. Creo que mis nervios van en aumento a medida de que se va a acercando la hora de irme a la iglesia. ¡Qué mal rato pasé en el reportaje fotográfico que me hicieron mientras me arreglaba!

Oigo una voz que me llama diciéndome 'Es la hora' que provenía del salón. Era Tsubasa, que ya estaba advirtiéndome que era hora de marcharnos. Misaki ya se había marchado a por su hermana, ya que él era el que me la tenía que entregar.

-"Ya estoy listo"

-"Pues venga, que tú no eres el que tienes que llegar tarde, así que será mejor que salgamos ya"

-"¿No me dices nada?" – le pregunto sonriendo sabiendo que él nunca suele decir esas cosas.

-"Sabes que yo no soy de esos"

-"Venga…dilo"

-"Estás muy guapo hermano" – me da un pequeño abrazo – "¿Te vale ya?"

-"Me vale. Venga marchémonos" – y cogí mi chaqueta abriendo la puerta.

-Venga pequeña, llegó la hora – le dijo Misaki a su hermana.

-Ya estoy lista – contestó saliendo de la habitación.

-Estás bellísima – sonrió dándole un beso. – Pero te veo mala cara…¿Nerviosa tal vez?

-Espero que sean nervios.

-¿Qué quieres decir? – se preocupó.

-Nada, nada, cosas mías. Vayámonos ya. – Los tres hermanos Misaki y Mary se marcharon rumbo a la iglesia. Ya faltaba poco.

Pues aquí me encuentro yo, la puerta de la iglesia. Todo el mundo me estaba dando la enhorabuena (supongo que eso se da después, pero aun así lo agradezco) y deseándome suerte.

-"Karl, hijo, es momento de entrar, la novia está a punto de llegar" – me dice mi madre.

-"De acuerdo mamá"

-"¿Nervioso?"

-"Quizá un poco. Aunque se me están pasando poco a poco"

-"Claro, pronto se pasarán, vayamos dentro" – yo entré con mi madre, y esperé por unos minutos que se me hicieron eternos. Después oí gritos y alegría, avisándome de que mi adorada novia ya había llegado. Las puertas de la iglesia de abrieron y yo me giré. Ahí estaba ella, del brazo de su hermano, tan hermosa como siempre, no, más hermosa aún. El recorrido del pasillo hasta el altar se me hizo más eterno que la espera.

-"Aquí te entrego a mi hermana, lo más valioso que tengo. Espero que la cuides y la ames como ella te ama. Seguro que la harás la mujer más feliz del mundo y que estando ella feliz, soy yo feliz" – Me dijo Misaki.

-"Gracias, así lo haré" – le contesté aceptando la mano de mi amada Anita.

El cura empezó la ceremonia, pero la verdad que no me estaba enterando muy bien de lo que estaba diciendo, ya que yo, de reojo, no paraba de mirarla. Estaba hermosa. Al fin llegó el momento que tanto estaba esperando:

-"Karl Heinz Schneider, ¿Aceptas a Anita Misaki como esposa, para amarla y respetarla en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte os separe?"

-"Sí, acepto" – contesté sonriendo y mirándola.

-Anita Misaki, ¿Aceptas a Karl Heinz Schneider como esposo, para amarlo y respetarlo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte os separe?"

-"Sí, acepto" – noté como me apretaba la mano.

-"Si hay alguien que se oponga a este enlace que hable ahora o calle para siempre" – Los dos mirados de reojo hacia atrás nerviosos. Aunque sabíamos que nadie diría nada porque todos estaban de acuerdo con nuestro enlace. - "Pues por el poder que me ha sido otorgado, que lo que haya unido Dios no lo separe el hombre. Puedes besar a la novia" – no aguanté más y la besé rápidamente.

Todos los presentes empezaron a aplaudir y gritar 'viva los novios' y cuando nos separamos no paraban de decir 'que se besen, que se besen'.

En ese momento, sentí como me agarraba la mano tan fuerte o más como me la agarró antes durante la ceremonia. La miré y noté su cara de preocupación y me asusté.

-"Karl…" – me susurró

-"¿Qué te ocurre?" – le pregunté nervioso.

-"Karl…" – me volvió a susurrar antes de desmayarse. La sujeté y empecé a gritarle ante la mirada preocupante de todos los asistentes.

-"¡Anita, qué te pasa!" – no paraba de decirle mientras le daba en la cara.

-"Reacciona por favor" – le empezó a decir Misaki. – "Venga, por favor, reacciona"

-"¡Que alguien llame a una ambulancia!" – gritó Pepe.

-"Tranquilos, ya llamé y viene de camino" – contestó Tsubasa – "Tumbémosla en un banco" – yo asentí y entre los dos la tumbamos en uno. Me empezó a entrar algo malo por el cuerpo, me empecé aponer muy nervioso y asustado. Me costaba respirar.

-"Hermano, tranquilízate a ver si van a tener que llevarte a ti también en ambulancia" – me intentó calmar Wakabayashi.

-"No puedo calmarme, mi esposa se desmayó y no sé qué tiene" – exclamé.

-"Vamos a ver Karl, por favor, a ver, mírame. Bien, ahora respira con calma. Así, despacio. Muy bien. Ahora nos vamos a salir un momento para que te dé el aire, quieras o no quieras. En tu estado estás poniendo nerviosos a los demás y te puede sentar a ti mal" – me dijo mi prima Sherezade, que consiguió sacarme de la iglesia y sentarme en un escalón.

La ambulancia llegó en seguida y los paramédicos la subieron a una camilla para llevarla rápidamente al hospital. Yo cuando la sacaban me acerqué y les pregunté qué tenía.

-"Por favor, por favor, soy el esposo, ¿Qué le pasó, por qué se desmayó?"

-"No lo sabemos señor, ahora en el hospital le harán todo tipo de pruebas, pero será mejor que la llevemos lo más rápido posible"

Yo me quedé mirando cómo se la llevaban en la ambulancia, quieto. Se me vino a la cabeza su enfermedad. ¡No me podía creer que después de tanto tiempo volviera a molestar! Si ya se le veía mejor…Yo seguía sin reaccionar, por lo que Tsubasa me cogió de los hombros y me empujó hasta su coche para ir al hospital mientras me decía: 'Todo va a estar bien'

¿Qué era estar bien? Mi esposa se acababa de desmayar delante de mí y sin saber por qué. Tenía una enfermedad muy rara y que no se sabía ni el diagnóstico. ¿Todo iba a estar bien?

Fin del capítulo XXVII.

Anita Schneider