Si me besas - Fic
Cap. 12 - Promesa.
Su celular sonó insistentemente provocándole una jaqueca repentina. Perezosamente se estiró hasta alcanzarlo y contestó.
- ¿Hola?
- ¡Temari! - Su voz chillona se dejó escuchar al otro lado de la línea, haciendo rolar los ojos de aquella rubia.
- ¿A caso sabes qué horas son? - Preguntó un tanto molesta.
- Es muy tarde, de eso estoy segura.
- ¡Por Dios! Estoy ocupada en mi iPad buscando un atuendo adecuado para el viernes por la noche. ¿No pudiste esperar un poco más?
- No, de echo quería preguntarte si ya viste el nuevo número de la revista.
- ¿Hablas de la revista de la cual tu familia es dueña? ¿O hablas del de la competencia? Sea como sea, no es algo que me importe, odio los chismes.
- ¡Oh vamos, esta vez habla de algo muy interesante! No conozco a la reportera, pero al parecer hizo una nota algo… dudosa.
- No la he visto. - Se limitó a contestar la de ojos aceitunados.
- Es sobre nuestra queridísima amiga Hinata y… Naruto Uzumaki.
- ¿Sigues con eso?
- ¿Acaso tu no? ¡Obviamente si! La última vez me dijiste que me ibas a ayudar con él y no paso nada.
- Querida, yo traté. No es mi culpa que Uzumaki haya renunciado. Lo siento, nada qué hacer… - Dijo Temari mientras se miraba en el espejo. - En todo caso pídele ayuda a Hinata.
- ¿Crees que quiera? Aquí dice que son novios.
- ¿Hinata y ese gato? ¡Por dios!
- ¿Gato? ¿Aún no superas el que te haya rechazado? Jajaja… - Rio burlonamente la de la otra línea.
- ¡Cállate! - Exclamó la rubia algo molesta.
- Bueno… creo que esta vez sí pueda lograr mi objetivo.
- Pues felicidades. - Respondió molesta la rubia.
- Gracias querida, prometo no quedarme con las ganas. - Dijo aquella chica con malicia.
Temari se mordió los labios en signo de molestia. Odiaba perder y más aún haber sido rechazada.
…
- ¡Qué onda! ¡¿Qué pasa contigo Uzumaki?! O sea… desde que salimos de la empresa no me has dirigido ni una misera palabra, Uzumaki. - Se quejaba la Hyuga al llegar a su mansión, aguardando a que el rubio le abriera la puerta del coche en el que viajaban.
- No tengo nada interesante que contarle. - Respondió tajante el de ojos azules mientras se bajaba del auto, para después abrirle la puerta a su custodiada.
- ¿Sigues molesto por lo que publicó aquella revista? - Cuestionó irónicamente mientras se bajaba del auto. - Te juro que no tengo nada que ver. - Decía al caminar hacia las puertas de su casa.
- Como sea. - Interrumpió el rubio al abrir la puerta y darle paso a que se adentrara. - Por cierto, ¿Saldrá esta noche? - Preguntó para cambiar de tema a uno que más le importaba en ese momento.
- ¿Por? - Cuestionó ella deteniéndose para escuchar su respuesta.
- Supe que mi abuelo vino a visitarme y que está aquí esperándome, y bueno…
- Entiendo. - Dijo Hinata volviendo a caminar. - Puedes tomarte lo que queda del día libre Uzumaki, no saldré esta noche. - Comentó sonriente mientras se adentraba a la sala. - Además… ¡QUE DIABLOS HACES AQUÍ! - Gritó molesta al ver que Sasuke Uchiha estaba sentado en su sofá favorito, el cual le sonreía desvergonzadamente.
- ¡Hinata! - La reprendió su padre al escucharla gritar de esa manera. - ¿Qué no tienes modales? ¡¿Por qué le hablas así a nuestro invitado?! - Dijo muy molesto.
- ¡Papi! ¡¿Qué hace Sasuke aquí?! - Preguntó desesperada, pasando por alto el regaño que había recibido por parte de su padre.
- Se quedará una temporada con nosotros. - Respondió calmadamente el cabecilla de la familia.
- ¡QUE! - Exclamó absorta por lo que había escuchado - ¡¿Es que no tienes casa o qué?! ¡¿O talvez al niñito lo corrieron?! ¿Por qué tienes el descaro de venir a pedir posada aquí como vil vagabundo? - Cuestionó desesperada y molesta.
- ¡Claro que tengo casa y no me corrieron! Pero tu padre me ofreció quedarme por un tiempo aquí. - Respondió haciendo que la Hyuga volteara a ver a su padre muy enojada. - ¿Sabes? - Llamó su atención. - Es una oportunidad que no puedo desaprovechar. - Comentó al guiñarle un ojo a la Hyuga, la cual se ruborizó instantáneamente y después frunció aún más sus ceñas por tal descaro.
- Hija…
- ¡Has lo que quieras Hiashi Hyuga! - Exclamó la ojiperla muy enojada, no queriendo escuchar los pretextos que le daría su padre para aceptar al Uchiha en su casa. Se retiró tan rápido como pudo de ahí para subir las escaleras que conducían a su habitación, solo con un pensamiento en mente…
- Emm… con permiso. - Dijo el rubio mientras se reverenciaba y salía de aquel lugar.
- Eh… si, pasa. - Dijo el Hyuga un tanto distraído por aquella situación, pues hasta entonces se había dado cuenta que había alguien más en aquel lugar.
- Quizás sea lo mejor. - Se dijo el de ojos azules, no sabiendo como sentirse por la nueva presencia del azabache en aquella mansión.
- Hiashi-sama… - Llamó el Uchiha para tener la atención del Hyuga.
- No te preocupes. - Suspiró pesadamente el cabecilla de la familia y pronto se paró de su lugar. - Todo saldrá bien. - Dijo dándole una sonrisa un tanto forzada. - Bien, siéntete como en tu casa. - Sentenció retirándose de ahí para irse a descansar.
…
El rubio llegaba hacia la cocina, pues ese era el único lugar que conectaba a la sala de la mansión Hyuga con los dormitorios de los empleados.
- ¡Papi! ¡Papi! ¡Papi! ¡Mira quien vino a visitarnos! - Exclamaba Kawaki muy feliz mientras corría todo lo que podía para alcanzar a abrazarlo.
- ¡Ero-senin! ¡Qué alegría verte! - Exclamó Naruto muy contento mientras cargaba a su hijo en brazos y se acercaba a su abuelo.
- ¡Hijo, ya te extrañaba! - Dijo felizmente Jiraiya dejando su café a un lado, para saludar con un abrazo a su único nieto, el cual aceptó gustoso a pesar de que traía cargando a su hijo en brazos.
- ¿Y qué te trae por aquí? - Preguntó el rubio bajando al pequeño Kawaki.
- Bueno… venía a proponerte algo… - Decía su abuelo un poco avergonzado por lo que pediría.
- Dime. - Incitó el rubio al ver la inseguridad del mayor.
- Veras… quisiera pedirte unos días a Kawaki, ya sabes… ahora que ustedes no están, el departamento se ve muy vacío… no puedo pedirte que vayas pues estas en horas de trabajo, y bueno… cuando trabajabas en el hotel al menos me dejabas a Kawaki y podía verte por las noches… - Tanteó inseguro y lo miró directamente a los ojos un tanto avergonzado. - Ya para que te digo… ¡Los extraño!
- ¡Entiendo ero-senin! - Respondió Naruto con una sonrisa alegre al ver a su abuelo en ese estado tan curioso. - No te preocupes. - Decía mientras le revolvía los cabellos a su pequeño hijo. - ¿Qué dices campeón? ¿Te gustaría quedarte unos días con el abuelo? - Preguntó amorosamente al pequeño, quien se encontraba a su lado.
- ¡Claro que si papi! - Respondió muy feliz el pequeño Uzumaki, y de pronto se acordó de lo que había traído consigo su bisabuelo. - ¡Abuelito! ¡Enséñale a mi papi la revista que compraste! - Dijo muy entusiasmado.
- ¡¿Qué?! - Exclamó repentinamente el ojiazul al cruzarle por la cabeza "el tipo" de revista que compraría su abuelo. - Ero-senin, creí haberte dicho que…
- ¿Eh? ¡No, no, nada de eso! - Interrumpió desesperadamente el peliblanco al darse cuenta de lo que se refería su nieto. - Bueno… es que… hoy salió un numero ejemplar de la revista "Deportes". - Mencionó no muy convencido por lo que estaba a punto de avecinarse en ese momento. - Y bueno… mira. - No quiso decir más y le extendió la revista que tenía sobre la mesa de la cocina para dársela a su nieto.
Al ver la portada de dicha revista, el rubio quedó estático y muy sorprendido, pues había una sección exclusiva en donde hablaban de él y de su pasado.
- ¿P-Por qué…? - Dijo contrariado y triste al ver una imagen antaña que creyó haber olvidado.
En aquella imagen se podía apreciar a su difunta esposa embarazada, abrazada muy feliz al torso desnudo de su amado; pues en ese tiempo, concluía la pelea que lo llevaría hasta las finales en Nueva York. Debajo de dicha imagen decía: "Dentro de unos días se cumplirán 5 años de la muerte de Koyuki Kazahana, mismo tiempo en el que el Kyuubi, el mejor peleador de todos los tiempos, dejaría de boxear."
- Hatake Kakashi fue entrevistado y…
- ¡Por qué me torturan de este modo! - Exclamó muy herido, tirando aquella revista al piso mientras que algunas lágrimas se asomaban por sus ojos azulinos.
- Kawaki… - Llamó el mayor, al darse cuenta del dolor que eso le provocaba a su nieto, por lo que no quería dejar que su pequeño hijo lo viera en ese estado. - ¿Por qué no vas a despedirte de tu amiga? Hoy nos vamos… ¡Anda ve! - Dijo tranquilamente al darle unas pequeñas palmaditas en el hombro a su bisnieto.
- Claro abuelito… - Dijo Kawaki muy confundido al ver a su padre en ese estado. En su pequeña mente había pensado en que quizás su padre se alegraría al ver a aquellas fotos tanto como él, pues si bien, su abuelo se había encargado de decirle que aquella mujer que abrazaba a su padre era su madre.
A sus cinco años, él no la recordaba y todas las fotos que hubiesen existido de su madre, nunca las había visto… hasta hace un par de días…
- Abuelito… ¿Quién es esta mujer? - Decía el pequeño ojiazul al extenderle una foto en la cual aparecía su padre junto a una extraña mujer.
- ¡Kawaki! ¡¿De dónde has sacado eso?! - Respondió el mayor muy atemorizado.
- ¿Qué pasa? - Preguntó el rubio al llegar a su casa y ver a su hijo con una vieja foto en la mano.
- Kawaki…
- ¿Quién es ella papi? - Preguntó el pequeño extendiéndole dicha foto a su padre.
- Ella…
- Ella es tu mamá, Kawaki. - Respondió Jiraiya al notar que su nieto se había quedado sin palabras.
- ¿Mi… mamá?… Y donde… ¿Dónde está, papi? - Volvió a cuestionar el pequeño.
- Veras… - Contestó mecánicamente su padre sin saber qué decirle a su hijo ante sus preguntas.
- ¡Eres muy afortunado pequeño ero! - Soltó el de cabellos blancos muy feliz. - Tu mami se convirtió en un ángel y ahora te cuida desde allá arriba. - Dijo señalando el techo.
- ¿Está con la vecina? - Preguntó muy confundido el pequeño.
- Jajaja no, no… ¡Cómo crees! - Respondió su abuelo. - ¡Está en el cielo! - Exclamó Jiraiya algo compasivo.
- ¡¿En verdad?! - Cuestionó el pequeño muy feliz mientras sus ojitos empezaban a brillar. - ¡¿Está recostada en las nubes y ayuda a los pajaritos?! - Exclamó muy feliz a lo que su abuelo asintió con la cabeza.
- Con permiso. - Dijo seriamente el rubio mientras se iba hacia su habitación, ante la mirada confundida de su hijo.
- ¿Qué le pasa a papi? - Cuestionó el pequeño Uzumaki al notar la rara actitud de su padre.
- Está cansado Kawaki… ¡No le hagas caso! - Sentenció su abuelo mientras le revolvía sus melenas morenas iguales a los de su madre.
Sin oponerse, salió de aquella cocina… hubiera preferido estar en aquella conversación, pero su abuelito le había dicho en que había momentos en los cuales eran mejor no presenciarlos… y tal cual como se lo había aconsejado su abuelito, Kawaki fue en busca de Hinata para despedirse.
- Naruto… - Llamó temeroso por lo que veía.
- ¡Tírala! - Exclamó con rabia el rubio, al sentirse tan impotente por lo que había pasado hace tiempo. - ¡Por favor…! - Pidió con la voz entrecortada mientras se ahogaba en su sufrimiento. - Tírala… - Pidió una vez más.
- Yo… lo siento, no quise… - Decía su abuelo, sintiéndose responsable por ese mal momento.
…
Kawaki corrió hacia la habitación de Hinata, sabía que debía de despedirse de ella, pero desde que su abuelito le había enseñado aquella revista, quería pedirle un favor a su única amiga. Agitadamente llegó hasta su habitación y tocó su puerta antes de entrar, tal cual se lo había enseñado su padre. No tardó mucho en escuchar un "pase" dicho por la Hyuga y se adentró.
- ¡Hina-chan! - Exclamó el pequeño desesperadamente y corrió hacia donde estaba acostada su amiga.
- ¡Kawis! - Exclamó muy feliz mientras lo recibía entre sus brazos. - Hola, ¿Cómo estás? ¡Qué cuentas! ¿Ya conseguiste novia? ¿Acaso es Ten-ten? ¡Ay no! ¡Pero es la sirvienta de la casa! ¡Aparte como que está muy mayorcita para ti! ¿No? ¡Pero aun así… estas muy chiquito para una novia! ¿Sabes? - Dijo tan rápido como pudo sin darle tiempo a responder a cada uno de sus cuestionamientos.
- Jejeje ¡Me iré por unos días con mi abuelito! - Comentó muy feliz.
- ¿Cómo? ¿Por? ¿Acaso no te gustó vivir conmigo? ¿Y quién rayos te dio permiso? - Preguntó muy curiosa por lo dicho.
- Jejeje… no es eso Hina-chan, a mí me gusta vivir acá, pero es que mi abuelito me extraña y mi papi dijo que sí. - Respondió alegremente el pequeño.
- Jajaja bueno, si tu papi dijo que si… ya qué. - Dijo al ver la tierna expresión que hacía su Uzumaki favorito. - Pero tu abuelito tiene razón… ¡Cualquiera te extrañaría pequeña rata! - Exclamó haciéndole cosquillas mientras Kawaki no paraba de reír. - Pero regresarás, ¿Cierto? - Cuestionó un tanto triste.
- ¡Oh, claro que sí! - Respondió muy alegre. - Aún tenemos un juego pendiente, ¿Recuerdas Hina-chan?
- ¡Claro, claro, como olvidarlo! - Contestó muy contenta, pero pronto Kawaki empezó a bajar la mirada y su semblante alegre cambió a uno triste al recordar cómo estaba su padre en esos momentos. - ¿Qué pasa Kawis? ¿Sucede algo? - Cuestionó preocupada al percatarse del estado en que se encontraba el pequeño Uzumaki.
- Pues…
- ¡Dime! - Alentó al ver la duda del pequeño. - Cualquier cosa que tengas o quieras, puedes decirme… Confía en mi… ¿Sí? - Dijo alzándole delicadamente su pequeño rostro para que la mirara a los ojos.
- ¡Gracias Hina-chan! - Contestó alegre por saber que ella haría cualquier cosa por él. - Hoy mi abuelito trajo una revista… en donde había una foto en donde salían mi papi y mi mami… - Relató el pequeño un tanto triste mientras que la Hyuga le prestaba mucha atención. - Parece que le afectó a mi papi… ¿Sabes Hina-chan? - Decía mientras forzaba una pequeña sonrisa. - Yo… Yo nunca eh visto boxear a mi papi… - Confesó tristemente. - Mi abuelito dijo que mi papi era el mejor de todos y que eso era lo que más le gustaba, pero…
- Entiendo Kawis. - Interrumpió la Hyuga al ver que al pequeño Uzumaki se le dificultaba pedirle ayuda. - ¿Quieres que tu papi vuelva a boxear? - Cuestionó para asombro del pequeño.
- ¡¿Lo harías?! - Exclamó muy alegre mientras sus pequeños ojos empezaban a destellar.
- Bueno, te prometo algo. Tu padre no solo va a volver a boxear… ¡Si no que se va a convertir en el campeón del mundo! - Exclamó más entusiasmada de lo que estaba el mismo Kawaki. - ¡O me dejo de llamar Hinata Hyuga! - Sentenció muy convincente ante la mirada atónita del pequeño Uzumaki.
- ¡¿Enserio?! - Exclamó muy asombrado y feliz por lo que acababa de escuchar de la Hyuga. Ella solo le sonrió y asintió con la cabeza. y tan pronto como vio su afirmación, empezó a llenarse de felicidad. - ¡Hina-chan, gracias! ¡Te quiero mucho! - Exclamó abalanzándose hacia sus brazos.
…
- ¡¿Por qué no te apuras y vas por lo que te pedí?! - Exclamó muy enojado el azabache ante "la ineptitud" de la servidumbre de los Hyuga's.
- Si señor Uchiha, en un momento se lo traigo. - Respondió nerviosamente la castaña mientras casi choca con Hanabi, quien había escuchado las exigencias del Uchiha y se había acercado para encararlo.
- Vaya, vaya… no llevas ni dos minutos en esta casa y ya te crees el dueño. - Comentó irónicamente la menor de los Hyuga's.
- Hanabi Hyuga, no esperaba verte. - Respondió el Uchiha mientras le sonreía con prepotencia.
- Me enteré de que Uchiha Sasuke estará viviendo de arrimado con nosotros. - Contraatacó maliciosamente la de ojos luna, al sonreírle del mismo modo que él lo hacía.
- No estoy de arrimado y aunque no te guste, tu padre me ofreció quedarme. - Contestó despreocupadamente su invitado.
- Sasuke, Sasuke, Sasuke… - Suspiró la Hyuga. - Invitación o no, sigues siendo un arrimado.
- Ja, ja… sí que eres insoportable Hanabi. - Respondió molesto el Uchiha.
- Señorita Hanabi, para ti. - Corrigió la castaña.
Jamás había sido grosera con alguien, pero las circunstancias lo ameritaban. Si de algo estaba en desacuerdo, era en que se le tratara mal a la gente que trabajaba al servicio de su familia. Aunque Sasuke Uchiha era otro asunto más… desde el momento en que engañó a su hermana, Hanabi Hyuga había decidido que ese asunto también se lo tomaría personal, aunque su hermana mayor no se lo pidiera.
- Mira… ¡No tengo "por qué" y ni quiero hablar contigo! Eres una chica detestable, ahora entiendo por qué Hinata no te soportaba, eres…
- ¡Es mi hermana! - Exclamó una voz que se escuchaba por las escaleras de la mansión. - Y el hecho de que algunas veces no nos soportemos, no te da derecho de insultarla. - Dijo agresivamente Hinata quien bajaba agarrada de la mano de Kawaki.
- Hinata… - Susurró su hermana muy sorprendida por lo que acababa de escuchar, pues no se esperaba tal intervención de su hermana mayor, que a pesar de las veces en que se portaba tan infantil, pocas veces se podía notar la madurez que poseía.
- ¡Quién lo diría! - Exclamó Sasuke sarcásticamente. - Hinata defendiendo a su hermanita menor… ¡Qué lindo! - A completó con mucha ironía en cada una de sus palabras. - Me pregunto si te diste un golpe en la cabeza… - Comentó sabiendo que esa no era su actitud habitual, ya que la Hyuga mayor siempre competía con su hermana menor.
- ¿Te extraña? - Preguntó sarcástica, ante la mirada incrédula de su hermana por defenderla.
- ¿Que si me extraña? ¡Por supuesto que sí! ¿Qué te pasó Hinata? Tú no eras así.
- Pasa… - Decía mientras bajaba las escaleras. - Pasa que solo yo puedo insultarla. - Soltó inesperadamente con cierta sonrisa cínica.
- ¡Lo sabía! Ella nunca cambiará. - Pensó Hanabi, quien se retiraba de ahí enojada con los dos y más consigo misma por haberse hecho ilusiones de que algún día su hermana volviera a ser la misma de antes.
- Jajaja ¡Si que eres un caso Hinata! - Exclamó gustosamente el Uchiha no dudando en acercarse a ella.
- Y tú eres un tonto, ¿Sabes? - Dijo Hinata bajando los dos últimos escalones de las escaleras junto al pequeño Kawaki.
- Y tú eres la mujer de mi vida. - Replicó Sasuke.
- Y tú eres…
- ¡El hombre a quien amas! - Intervino al acariciarle la mejilla.
- ¡No te hagas ilusiones Sasuke! - Respondió quitándole la mano de su mejilla. Sabía que se avecinaba una tormenta entre ellos, y no queriendo que cierta personita estuviera presente, optó por lo mejor. - Kawis… - Se agachó hasta la altura de su pequeño acompañante, ante la mirada incrédula del Uchiha. - ¿Por qué no vas con tu papi y ya luego hablamos? - Cuestionó hábilmente para que el pequeño Uzumaki los dejara solos.
- Claro Hina-chan. - Respondió sonriente mientras se alejaba de ahí.
- ¡Que tierna! - Exclamó sarcásticamente el Uchiha. - Serías una buena madre para mis hijos. - Comentó sonriente.
- ¡No te hagas ilusiones Sasuke! - Respondió Hinata un poco frustrada por aquel comentario.
- No me las hago, solo digo la verdad. - Comentó. - Se que no me has olvidado, Hinata. - Dijo acercándose peligrosamente a la Hyuga.
- ¡Ni se te ocurra! - Exclamó Hinata alejándolo un poco de ella, pues si bien era cierto, aún no lograba olvidarlo.
- No te niegues Hinata… sé que tú también lo deseas. - Sentenció dándole un beso fugaz e inesperado.
- ¡Que haces! - Exclamó la de ojos perlas empujándolo con todas sus fuerzas.
- Aún te gusto… ¿Cierto? Y también te gusta que te dominen. - Dijo tomándola de la cintura para acercarla bruscamente hacia él y así cortar la poca distancia que los separaba.
- No se te ocurra Sasuke. - Decía empezando a forcejear con él
- ¡No te hagas, tú también quieres! - Sentenció besándola a la fuerza.
- ¡Su-el-ta-me! - Decía la Hyuga forcejeando con él.
Quizás fue mucho, o quizás fue poco el tiempo en el que ella se dejó convencer por aquellos besos fieros… no tenía caso negarlo, aún gustaba de Sasuke Uchiha, aun le seguía queriendo… pronto enredó sus brazos alrededor de su cuello y se dejó llevar por sus emociones… "Bingo" se dijo el Uchiha al ser correspondido.
Un par de zafiros veían aquella escena, mientras sentía como su alma se estremecía y su corazón se hacía añicos a cada segundo que pasaba. instintivamente empuñó sus manos aguardando a que el dolor cesara. Le dolía mucho aceptar que ellos se veían bien juntos… le dolía… su corazón dolía una vez más por la misma persona.
¿Qué rayos hacía ahí parado? Ahora recordaba, había salido por un momento y al regresar, jamás se había esperado presenciar aquella dolorosa escena. ¿Qué esperaba que sucediera al estar ahí parado como un tonto? Ladeó la cabeza y sonrió hacia sus adentros con tristeza, era un tonto.
Dispuesto a retirarse con una punzada enorme en el pecho, se volteó y tocó el picaporte de la puerta de la cocina.
- ¡¿PERO QUE DIABLOS TE PASA?! ¡ESTÁS LOCA! - El grito semi ahogado del Uchiha acompañado con un deje de dolor, se escuchó por toda la mansión, logrando alertar a los que se encontraban ahí.
Si tan solo hubiera visto, o si tan solo se hubiera quedado unos segundos más mirando aquella escena, entendería por qué ahora Sasuke Uchiha se retorcía de dolor mientras se agarraba la entrepierna y miraba furiosamente a la Hyuga.
- ¡Que te quede claro Uchiha! - Exclamó Hinata con mucha rabia mientras se limpiaba con ferocidad sus labios. - ¡Vuelves a besarme y juro que lamentarás haber nacido!
- ¡Estás loca Hinata! - Contradijo Sasuke muy furioso ante la mirada estupefacta de cierto rubio.
- ¡Pero qué diablos pasa aquí! - La primera en bajar las escaleras fue la señora Hyuga, quien se encontraba un tanto alarmada por aquellos gritos de dolor.
- Nada mami. - Sonrió inocentemente Hinata. - Solo le enseñaba a Sasuke que es lo que pasa cuando se meten conmigo. - Comentó ante un Sasuke rojo de furia y de dolor.
- ¡¿Qué fueron esos gritos?! - Exigió saber el cabecilla de los Hyuga quien también bajaba muy sobresaltado por aquellas escaleras.
- ¡Uzumaki, estas aquí! - Exclamó Hinata al ver a su custodio también en la escena, haciendo caso omiso a su padre pues irónicamente le estaba aplicando la ley del hielo.
- ¿Eh? S-Si… si, yo… - Inesperadamente fue pillado en la escena del crimen y tan pronto como sus ojos perlas se clavaron en él, se quedó sin saber qué responder. - Estaba pasando y…
- ¿Ya se fue Kawis? - Preguntó la Hyuga.
- No, no… aún no se va. - Respondió rápidamente antes de que ella se percatara de que todo el tiempo estuvo ahí observándolos.
- ¿Kawaki? - Cuestionó la madre de Hinata.
- Si mami. - Hinata se apresuró a responder con un semblante triste. - ¡Kawis se va! - Dijo haciendo un puchero,
- ¿Y eso? - Volvió a preguntar la mayor de las Hyuga's.
- Mi abuelo, él quiere tenerlo por unos días. - Contestó el rubio un tanto avergonzado.
- ¡Oh vaya! - Exclamó Hikari tristemente. - Me gustaría despedirme de él.
- ¿Y que esperamos? - Dijo Hinata al tomar la mano de su madre para alejarla de ahí y perderse tras la puerta de la cocina, en donde seguramente estaría el pequeño Uzumaki.
- Con permiso. - Dijo el de ojos azules haciendo una pequeña reverencia a los dos hombres que habían sido ignorados olímpicamente por las dos Hyuga's, para después salir tras ellas.
Después de un minuto en reaccionar ante lo que había pasado, Hiashi miró al azabache arrodillado en el primer escalón de la escalera principal mientras seguía agarrado de su entrepierna.
- ¿Te encuentras bien? - Preguntó cortésmente mientras le ofrecía apoyo moral para que se parara.
- Si… ya no duele mucho. - Respondió con una mueca de dolor adornada en su perfecto rostro.
- Solo espero que mi hija no te haya dejado sin descendencia. - Comentó el Hyuga ganándose una mirada asesina por parte de su invitado.
- Muy gracioso Hiashi-sama. - Dijo Sasuke con mucho sarcasmo.
Continuará.
¡Muchas gracias por seguir esta historia!
