Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo dos: Pantalón mojado.
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Cuando el camión se detuvo frente a la guardería, el ambiente en el pequeño centro de estudiantes cambió.
En todo el barrio se respiraba un ambiente de fiesta sin serlo. La alegría de los niños se había contagiado sin pretenderlo a padres y familiares, comerciantes y demás vecinos.
Temblorosos en sus pequeñas sillas, la lección ya no importaba. Sus ojitos viajaban sin permiso a las ventanas, tratando de vislumbrar aunque fuera una pequeña parte de la visita, que llevaban esperando todo el año.
Se requería de ciertas condiciones para que acudieran, por eso la expectación era inmensa.
Pero ya estaban ahí, y el patio estaba libre de obstáculos, y todos estaban perfectamente equipados con sus pequeños trajes de baño bajo la ropa.
Solo quedaba que los profesores dieran luz verde en todas las clases.
Fue la directora del centro quien acudió a saludarles, antes de nada.
– Kiyoshi. – Alargó la mano para saludarle. – ¿Otra vez te ha tocado a ti?.
– Si, ¿No es maravilloso?. – Su sonrisa dejaba claro que lo estaba disfrutado como un niño mas. – Este es mi compañero, Taiga. – El aludido asintió en respuesta, se quitó la pesada chaqueta y la dejó en el asiento del camión, antes de rodear el vehículo y besar su mejilla como saludo. – Prepararemos todo y lo dejamos listo para después de la charla.
La mujer asintió, y les dejó hacer. Teppei empezó a tocar las llaves, preparando la espuma, mientra Kagami extendía las mangueras por el suelo del patio.
Poco a poco, las clases dejaron de ser interesantes, y toda la atención de los niños estaba puesta en los dos bomberos del patio.
Kagami miraba la puerta, esperando que un maremoto de niños les cayera encima, literalmente, mientras su compañero parecía estar esperando por ello.
Sentía el sol en su cara, el aroma, característico de los colegios, esa mezcolanza extraña entre libros nuevos, plástico de muebles y juguetes, plastilina, ceras y demás pinturas, todo.
Los tirantes negros se ceñían a sus hombros con saña, destacando sobre el blanco de su camiseta mas que el amarillo de sus pantalones, apretando cada vez que se agachaba, y él solo podía pensar en que quería salir de allí, rápido.
– Venga, no es tan malo. – Revolvió sus rojos cabellos con la mano sonriendo. – Solo son niños, y somos héroes para ellos. Compórtate un ratito y te daré un premio...
Kagami suspiró, sin ánimo para discutir. Estaba claro que sus quejas caerían en saco roto... a si que, ya que iba a estar puteado, al menos podía disfrutarlo un poco. ¿Qué podía perder?.
Perdido en sus pensamientos egoístas no se dio cuenta de que la puerta principal del edificio de una planta se había abierto, y que los niños empezaban a amontonarse frente a la fachada, cada clase perfectamente diferenciada.
Afortunadamente para él, solo había media docena de clases, con una veintena de infantes cada una.
Podía ver en sus caritas las ganas de acercarse, tocar cosas, experimentar. Sus ojitos miraban a todo rincón del enorme camión de bomberos en su patio de juegos, y por supuesto a los dos hombres, que de pie frente a ellos, que esperaban que todos se colocaran tranquilamente en sus lugares antes de comenzar a hablar sobre prevención, cuidados y dudas que sus tiernas mentes pudieran tener.
Entre el bullicio típico de una escuela, Kagami se dio cuenta de que estaba siendo testigo de algo inusual.
Casi todos los niños se mostraban nerviosos, excitados en demasía. Ropas rozadas, codazos, empujones, quejas y lenguas fuera. Regaños de los profesores, tirones de oreja simulados, voces adultas tratando de poner orden.
Solo en una pequeña porción de esa maraña ininteligible de pequeños, había algo increíble.
Veinticuatro niños de seis años, quietos, tranquilos, cada uno en su espacio, sin molestar a su compañero de al lado, mirando con tranquilidad hacia el camión.
Curiosos pero en calma, esperaban pacientes el permiso para acercarse.
Kuroko permanecía junto a su clase, a un lado, atendiendo una pequeña emergencia.
Kei, tenía pis, de nuevo.
Había aprendido a identificar el momento en el que el niño se desbordaba como un cubo a rebosar. Siempre que tenía que enfrentarse a una novedad, el pis encontraba el camino hacia fuera fácilmente.
Kuroko trataba de que el pequeño se tranquilizara. No pasaba nada en realidad, solo era un camión, nada malo, pero nada parecía convencerlo.
– ¿Quieres ir dentro?. – Murmuró bajito. El niño asintió sin escuchar la pregunta terminada.
Kuroko miró a los bomberos, aunque no el tiempo suficiente como para tomarlos en cuenta y le ofreció la mano al pequeño, para que la tomara mientras caminaban al interior, lo bastante como para que se calmara antes de orinarse encima.
Se iba tranquilo, a sabiendas de que ninguno de los otros niños se movería de su sitio, aunque echó un último vistazo a toda su clase, por si acaso.
Al fin y al cabo, no dejaban de ser niños.
….
Tras la charla sobre normas básicas, se abrió la ronda de preguntas, que Teppei estaba deseando.
– Si mi gato se sube a un árbol, uno muy muy muy muy alto, ¿Lo bajas?. – Unos ojitos esperanzados, una devoción mucho mas profunda que la de cualquier adulto.
– Claro que si, eso es fácil. – de pie frente a ellos, sentados en el suelo, Kiyoshi parecía muchísimo mas alto e imponente que nunca.
– Y si mi perro se sube al mismo árbol, ¿También?. – la niña se alzó, sobre sus rodillas, para dar mas importancia a la pregunta.
– Bueno, si tu perro se sube a un árbol, primero llamamos a la prensa, por que eso no se ve todos los días, y después si, lo bajo, tranquila. – Kagami respondió siguiéndoles el juego al cabo de un rato.
Era cierto de que no era para tanto, incluso se estaba empezando a divertir.
– Bueno, ¿Quien quiere encender la sirena?. – Teppei no tuvo ni que terminar la frase para que una montaña de niños le cayera literalmente encima.
Las risas llenaron el patio, y los empujones, los tirones de ropa, los: "quita, que yo estaba antes", y palabrotas que casi rozaban lo adorable.
Kagami trataba de poner paz, pero se dio cuenta de que era totalmente inútil. Miró alrededor, y descubrió a los niños de pie, simplemente charlando entre ellos tranquilamente, comentando las palabras de los dos bomberos sobre protección como si no pasara nada, mientras el resto de sus compañeros asediaban sin piedad a Teppei, sentado en el suelo derrotado.
No supo en que momento el profesor de esos niños tan tranquilos había salido de nuevo al exterior, pero si que notó la manita tirando de su pantalón.
Kagami bajó la mirada, para encontrarse una carita apurada, un puchero, y una mancha húmeda que se extendía por la tela del pantalón rápidamente.
Kei se había escapado de Kuroko, y ya en el patio, el pánico le había hecho correr en línea recta, solo que no midió su velocidad y acabó a los pies, literalmente, del enorme pelirrojo.
Para el niño era poco mas que un gigante, y su mirada, tan roja como su pelo, le asustó hasta olvidarse de que se hacía pis... y su vejiga pensó que era un buen momento para vaciarse.
– Lo siento, se me ha escapado. – Los ojos azules regañaban al pequeño solo con la mirada puesta en él. – Venga, vamos a limpiarte. – Le ofreció la mano, pero el niño se negó, aferrando la pierna de Kagami con brazos y piernas como si su vida dependiera de ello.
Estaba claro que en ese momento le daba mas miedo su profesor que el gigante con cara de malo.
– Venga colega. – Kagami intentó liberarse y se inclinó hacia delante. – ¿Voy contigo?.
Kei asintió, sin mirar a Kuroko, que sin decir nada empezó a caminar dentro. En ese momento le daba mas miedo el peliceleste que ninguna otra cosa del mundo; pero él quería estar con los demás...
Entraron en un baño habilitado para los niños y Kuroko regresó al rato con una muda de ropa para el niño. Hablando con los padres habían decidido que lo mejor era tener prendas de repuesto en el colegio, en lugar de estar llamando a los padres continuamente para cambiarle.
Su actitud tranquila, y su voz le decía que no estaba enfadado, pero el niño seguía aferrado a Kagami como si su vida dependiera de ello. Kuroko suspiró, derrotado.
– ¿Te importa?. – Le acercó las prendas que el otro aceptó con una medio sonrisa.
– Claro, no hay problema. – Hizo que el niño le mirase. – Yo te ayudo, pero hay que quitarte el pis, ¿De acuerdo?.
Después de pensarlo unos segundos se soltó de su agarre.
El baño infantil parecía de juguete. Todo tenía el tamaño de los niños, incluso las baldosas del suelo, y los pequeños espejos, y el bombero destacaba en mitad de aquel escenario diminuto.
Kuroko le miraba, sonriendo, mientras sacaba las prendas del pequeño y las iba dejando en el lavabo. Le ayudó a limpiarse y a ponerse la ropa limpia. Mientras el niño luchaba por abrochar el botón, habló.
– Se te dan bien los niños. – Kagami le miró de reojo, con una sonrisa enigmática, y negó solo con la cabeza.
– En realidad no, me ponen de mala leche. – La respuesta no tenía nada que ver con sus actos, ya que había sentado a Kei en un lateral de los lavabos y le ponía la zapatilla nueva y seca, con sumo cuidado.
– Pues no lo parece. – Kuroko puntualizó algo que era obvio. – De todos modos, si me dejas el pantalón, lo tendrás limpio mañana... solo que para ti no tengo muda limpia, lo siento.
– Estoy aquí, con uno solo, librándome de toda la jauría, eso para Teppei, que le encanta el jaleo. – Soltó una carcajada sincera que hizo a Kuroko sonreír de vuelta. – Y no te preocupes por eso, tengo ropa de repuesto en el camión... aunque...
– ¿Ocurre algo... mmm ?. – Se dio cuenta de que no sabía su nombre. – No sé como te llamas...
– Taiga. – Le tendió la mano para saludarle. – ¿Tu?.
– Tetsuya. – Apretó de vuelta, y le dió una preciosa sonrisa de regalo.
– Bien, Tetsuya, tienes un trabajo peligroso, mas que el mio, eres mi héroe. – Le guiñó un ojo. – ¿Tenéis un baño para personas? Es que me estoy meando y aquí, pues... bueno... y de paso me cambio el pantalón.
Una suave risa, escapó sin permiso de sus labios. Al darse cuenta se puso serio, desviando la mirada, culpable.
Kagami le miró extrañado. ¿Qué le pasaba?... Podía reírse tranquilamente y al segundo siguiente parecer completamente mortificado, como si reír así fuera doloroso para él.
– Bien... cuando termines déjalo en el lavabo. El baño de profesores es la puerta de enfrente. – Miró al niño, que seguía ahí. – Vamos fuera, haré que te dejen sonar la sirena, ¿Qué me dices, eh?.
Kagami le miró alejarse, confuso, y al mismo tiempo intrigado.
Le gustaría saber algo mas de ese chico... lo bueno es que tenía excusa con el pantalón meado. Ciertamente podía labarlo en su casa, de hecho casi lo prefería, pero volver a recoger la prenda sería la excusa perfecta para volver a verlo, y eso le gustaba.
Y mucho.
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Cansado, se despidió de la directora. La espuma aún permanecía en el patio, posada en el suelo, y él caminó para esquivarla y salir de la escuela para finalizar su jornada.
Entró al cementerio, rosas en sus brazos y saludó al encargado con una leve reverencia.
Suspiró frente a la lápida, posando las rosas sobre el frío mármol.
El cielo, oscureciendo lentamente le decía que hoy había ido mucho mas tarde que ningún día.
– Vaya, hoy no pudo quedarme mucho, lo siento. – Empujó las flores con la punta del dedo, unas contra otras y de vuelta al inicio. – Te habría encantado, en serio. Si los llegas a oír reírse, con la espuma a su alrededor, ha sido magnífico. Hasta yo mismo he estado tirando alguna que otra palmada de espuma... – Suspiró, mirando su nombre en la lápida, los dos ahí, tan nítidos, tan presentes. – Kei, ha vuelto a hacerse pis, otra vez... pero hoy he tenido ayuda, nada mas y nada menos que un estupendo bombero, para mi solo. ¿Qué te parece, eh?. – Levantó la bolsa para enseñársela. – Tengo que lavar su pantalón, es lo malo, pero bueno.
Se quedó en silencio, sumido en sus pensamientos, acariciando el frío lecho bajo su cuerpo, dejando que el día muriera y diera paso a la noche. No tenía necesidad de decir nada mas, ese bombero, Taiga, le había parecido simpático.
Y se asustó, por pensar en él ahí, con su familia tan cerca.
– Perdón... pero voy a cerrar ya, es tarde. – El hombre, un anciano enjuto y encorvado le tocaba el hombro con delicadeza.
Kuroko miró alrededor, dándose cuenta de que estaba solo, y que ya era de noche.
– Gracias, ya me voy. – Aferró la bolsa con el pantalón entre sus dedos y esperó a que el hombre se alejara un poco para despedirse. – Hasta mañana cielo mío. Buenas noches bebé, que tengáis dulces sueños. Os amo.
Salió del cementerio, con cierta prisa.
Lo último que le apetecía era estar en la calle cuando ya era de noche. Aún así, disfrutó del paseo de vuelta a casa. Estaba extrañamente contento, sin saber muy bien la razón...
Tenía la impresión de que el día de mañana iba a ser interesante.
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Teppei lanzó la toalla desde el salón al interior del baño, tirándose directamente en el sofá, alzando los pies a la mesa.
Estaba agotado, derrotado. Adoraba los niños, de verdad, pero era mas cansado que los entrenamientos de campaña anuales en los que le duraban las agujetas una semana entera.
Abrió una cervecita fresca y encendió la tele. Pasó por los canales sin prestar atención, disfrutando de la paz momentánea por completo.
Un timbrazo, dos, tres. Solo por el modo de llamar ya sabía quien era.
La sonrisa que llenó su cara le hizo verse mucho mas hermoso.
Desde la entrada, y con la puerta completamente abierta y sonriendo le dio la bienvenida.
La maleta que había arrastrado tras él por el asa se dio un golpe contra el suelo, y fue el único sonido hasta que sus brazos encontraron sitio en el cuello del bombero, y el sonido de sus besos se hizo protagonista del encuentro.
– Te he echado de menos. – Hundió los dedos en el cabello rubio, suave y sedoso con delicadeza extrema. Su brazo viajó para ceñirse a la cintura, y apretarle contra él. – ¿Qué tal el vuelo?.
– Yo también. – Pegado a su cintura, se dejó arrastrar en el beso, hasta el interior de apartamento, cerrando la puerta a ciegas con el talón, después de meter su maleta. – Una mierda, pero no quiero hablar de eso, quiero hacerlo, ya.
Teppei asintió. Estaba cansado, si, pero Kise merecía su tiempo, y dedicación. Por encima de todo, su novio merecía su atención, ni lo dudaba
Los pocos momentos que compartían debían condensar todas las cosas que les gustaría hacer, en unas horas, a veces ni siquiera tenían tanto tiempo, y sus encuentros se resumían en minutos.
Un beso tras otro, su uniforme de comandante fue retirado con cariño, y con prisa. No sabía cuanto tiempo tenían esta vez, ni siquiera estaba seguro de llegar al cuarto.
Al demonio, el sofá tendría que bastar.
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Heyyyy mis preciosidades hermosas, ¿Qué tal todo?, ¿Bien?
Espero que estéis aprobando los exámenes, o me mosquearé... mua hahahah
En fin, os super lovio, ya lo sabéis, espero que el cap os guste, o al menos os sorprenda...
jejejeje
Sonrisa como el gato de Chesire jejeej
Nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
