Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.

Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.

Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.

Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.

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Silent Scream.

Capítulo tres: El día siguiente a conocerte.

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Hacía tanto tiempo que no hacía nada por otra persona que se sintió bien, extrañamente bien, en paz.

Solo era un pantalón, nada mas, pero Kuroko se sentía como si hiciera algo de vital importancia para la humanidad entera.

Los planchó, y eso que no era necesario. Los pantalones eran de tela gruesa, fuerte, preparados para soportar el fuego y el trabajo mas duro, pero quiso hacer las cosas bien.

Lavó las manchas a mano, una a una, y dedicó mas de dos horas a adecentar la prenda hasta hacerla parecer nueva... salvo por la pequeña, pequeñísima quemadura de plancha en la pernera derecha, tras la rodilla, los pantalones pasaban por recién comprados.

Bien, suspiró, bien consigo mismo. Su labor, importante labor era completada a las tres de la madrugada.

Se durmió, con una inmensa sonrisa en los labios.

Hacía mucho tiempo que no sonreía de ese modo en sueños... ni despierto; al menos no sinceramente, o tratando de fingir que todo estaba bien.

…...

Como cada mañana, paró en la floristería, y siguió su camino al cementerio, balanceando la bolsa con su preciada carga al ritmo de sus pasos.

El día le pareció mas luminoso y el camino hasta la lápida mas placentero. Siempre se sentía con un gran peso en el alma hasta que llegaba al lugar en el que sus dos amores descansaban.

Para él, ese ritual diario, era un modo de descargar su alma lo suficiente como para enfrentar su jornada de trabajo. Después, al terminar el día, necesitaba del mismo modo hablarles, como si así pagara las horas que no había pensado en ellos.

De un modo doloroso y rutinario, Tetsuya era feliz.

Saludó, como cada día, al trabajador del campo santo y caminó, a paso seguro hasta su familia.

Dejó las rosas, sobre el mármol, y tomó el cubo, que a un lado, descansaba para llenarlo con agua. Limpió, con una extraña y desconcertante alegría toda la superficie lisa; incluso le pasó un paño seco para sacarle brillo y todo.

No supo cuando, pero cuando quiso darse cuenta, tarareaba una de las cancioncitas que enseñaba a los niños de su clase mientras limpiaba enérgicamente los recipientes para las flores.

Se sentó, como siempre hacía, en la orilla, acariciando su nombre con la punta de los dedos, evocando la imagen de su esposo, sonriente, en su cabeza.

– Buenos días, mis amores. Espero que hayáis pasado buena noche. – Tocó los números, con la fecha de sus muertes. – Yo casi ni he dormido, por los nervios... La verdad, me he emocionado tanto limpiando el pantalón que lo he quemado, un poquito con la plancha. – una delicada risa escapó de sus labios, bajita. – Espero que no se moleste por ello, y si se da el caso, pues le compraré unos nuevos, que remedio.

Trazó las líneas del nombre de su esposo despacio, al tiempo que hablaba. Era una especie de ritual para mantener la cabeza en el tema del que quería hablar.

Consultó el reloj, ya casi tocaba marcharse.

– Bueno, luego os cuento que tal a ido... voy a pasarme a dejarle los pantalones antes de empezar el día con mi clase. Cuida de mi bebé, cielo. Hasta luego. No olvides que te amo, que os amo...

Recogió las cosas que había utilizado para limpiar y las dejó como siempre, tras la lápida, antes de caminar hasta la salida.

Dentro de su cabeza, la misma canción infantil, una y otra vez, mientras iba hasta el edificio de los bomberos.

Una sonrisa inmensa se instaló en su cara al ver el camión enorme y rojo aparcado en la puerta.

Paseó despacio por el parking, mirando a todas partes y a ninguna.

– ¿Hola?. – Preguntó al aire, esperando que alguien le escuchara desde la calle. – ¿Hay alguien?.

Teppei saltó desde lo mas alto hasta plantarse delante suya, dándole un susto que le hizo dar un paso atrás y aferrar la bolsa con la prenda entre sus dedos con mas fuerza de la que le gustaría.

– Hola buenos días. ¿En qué puedo ayudarte?. – Le miró aferrarse a la bolsa contra el pecho y le dedicó una sonrisa que pretendía sosegarle y al mismo tiempo pedirle disculpas. – ¡Anda, eres... !. – Chasqueó los dedos tratando de recordar su nombre.

– Soy Tetsuya, de la guardería... – Le tendió la mano aún nervioso. – Traigo los pantalones de …

– ¿Los has lavado? ¡Qué fuerte!. – Le arrebató la bolsa y sacó los pantalones de un tirón sin cuidado alguno, sin dejar de sonreír. – Vaya, han quedado como nuevos... No está. – Le miró directamente. – El turno de Kagami empieza a medio día, ahora estará revolcándose en su basurero, dormido sobre los restos de comida y ropa sucia de un mes...

– No lo sabía... creí que … bueno que siempre estabais aquí. – Apartó la mirada avergonzado. – ¿Ropa sucia de un mes?.

– No podemos estar siempre aquí, Tetsuya. – Le palmeó el hombro divertido. – Somos humanos, tenemos que descansar, dormir, ya sabes... esas tonterías de nada... – Le señaló la oficina al final del parking. – Te invito a un café y hablamos un rato más. ¿O tienes que trabajar ya?.

Kuroko miró su reloj y negó. Lo cierto es que aún tenía media hora de margen que normalmente utilizaba para ir preparando la clase y tomarse un café con los compañeros de la guardería.

Mientras la cafetera gorgoteaba expulsando el café caliente y recién hecho, Tetsuya miró alrededor. Un gran calendario con los turnos bien marcados, los nombres precisamente repartidos en días y horas incompresibles para cualquiera ajeno a esa oficina. Una nevera, un expositor con las cucharillas, los vasos vacíos, el azúcar.

La típica botella de agua a un lado y un baño, con duchas, ya que podía escuchar perfectamente a alguien usándolo.

– Sírvete. – Señaló la cafetera y dobló los pantalones sobre la mesa para dejarlos ahí. Esperó a que terminara de servirse el café antes de empezar a hablar. – No tendrías que haberte molestado. – Señaló el pantalón. – Kagami es un desastre de persona, ni lo apreciará.

– Espero que no. – Avergonzado desvió la mirada al café. – Además, el niño que le meó los pantalones es de mi clase... me sentía un poco culpable... y creo que no estará muy conforme cuando vea que los he quemado... ¡Pero compraré unos nuevos, lo juro!. – Se acercó tanto a Teppei que le obligó a dar un paso atrás para esquivarle.

– ¿Has quemado los pantalones?...¿Con una plancha casera? De las de la ropa normal y eso. – Tetsuya asintió, y el bombero estalló en carcajadas, tantas y tan fuertes que terminó agarrándose el estómago doblado hacia delante. – Pero... jajajajaja, si son ignífugos jajajaj... dios, eres la leche. – Le palmeó de nuevo en el hombro sin parar de reír, contagiando a Kuroko que acabó riendo del mismo modo que él. – Podríamos meternos en un volcán y aguantarían de una pieza y tu los quemas con una plancha normal... jajajaj ay por dios, que me da algo, jajajaj... perdón, perdón, necesito sentarme, esto es muy gracioso...

– Compraré otros, en serio... – Sin dejar de sonreír acabó sentado a su lado. – Solo quería plancharlos y nada mas, pero me despisté un momento y de algún modo, salió esta manchita negra... y …

– La intención es buena, no se enfadará no te preocupes. – Le ofreció una galleta, una sonrisa. – Y ya te he dicho que es un poco desastre, ni se enterará que los has quemado...

– ¿Quién ha quemado, qué?. – Una voz les sobresaltó a los dos, haciéndoles girar la cara a la persona que entraba.

Hyuga caminó despacio hasta la cafetera para servirse, y tomó la cucharilla aunque no el azúcar ni la leche.

Dejó la abultada carpeta llena de informes y trabajo para él sobre la mesa, junto al codo de Tetsuya y se sentó, pesadamente. Bostezó con todo lo que le daba la boca y removió el café solo para enfriarlo.

– Él, ha quemado los pantalones de Kagami... pfff jajajaj. – Teppei no podía dejar de reír, era acordarse y empezar de nuevo con la risa. – No te lo pierdas, jajaja con la plancha...

– Y ¿Quién es él?. – Le miró serio. – No te ofendas . – ¿Y como que ha quemado los pantalones de Kagami? ¿Y por que tiene él los pantalones del uniforme, oficial y reglamentario, que ya he dicho un millón de veces que no dejéis por ahí tirados por que valen un dineral? . – Miró a Tetsuya por que Teppei seguía con su ataque de risa. – No te ofendas, no tiene nada que ver contigo... Ah, Kagami, eso lo explica todo..

– No te enteras jefe.. – Sacudió las manos frente a él. – Es profesor de la guardería a la que fuimos ayer, uno de sus chicos le meó encima y él se ofreció para limpiarlo... ha tenido el detalle de acercarse a traerlo y le estoy invitando a un café. – Miró a Tetsu, divertido. – No le hagas caso, es así de gruñón siempre, hasta que se despierta.

– No soy ningún gruñón. – Sus ojos negros se desviaron un segundo a la marca sonrosada que asomaba por el borde del cuello de la camiseta blanca que vestía el mas alto. – Eres tu, que siempre estás muy contento, cuando tu novio tiene un segundo en su vida para venir a verte.

– Creí que no te importaba y que no volveríamos a hablar de ello mientras vivieras. – De repente el ambiente festivo se había largado por la puerta a la velocidad de la luz.

Tetsuya sintió que sobraba y se levantó despacio, mientras ellos se miraban fijamente, queriendo decir algo que se atascaba en sus labios

– Lo siento, no debí decir eso. – Posó el índice en la montura para subir las gafas. – Tengo trabajo pendiente. – Señaló la carpeta. – Gracias por lo del pantalón, aunque no creo que ese idiota lo aprecie...Ha sido un placer conocerte, hasta otro día.

– Igualmente. – No quiso añadir nada mas, y esperó hasta que entró al despacho y cerró la puerta sin hacer ruido. – Creo que debería irme ya. – Señaló el reloj en la pared.

– Oye, siento todo el numerito. – Le dedicó una sonrisa. – Le diré al troglodita que has venido a verle...y por favor, ven otro día, eres genial, me encanta hablar contigo.

Iba a añadir algo mas, pero el aviso llenó el garaje de luces tintineantes y Tetsuya comprendió que, ahora si, debía irse.

Aún escuchaba a los bomberos organizarse cuando su móvil sonó en el bolsillo de sus vaqueros.

Le extrañó, por que nadie le llamaba, al menos no tan temprano.

– ¿No habrás olvidado nuestra cita de hoy?. – La voz al otro lado le hizo sonreír de nuevo.

– Hola, buenos días, ¿Qué tal?. – Escuchó la respiración pesada del otro lado y no pudo evitar ensanchar su risa un poco mas. – No, no me he olvidado de nuestra cita...

– Buenos días a ti también, estupendamente y eso espero. A las cuatro quiero verte en la consulta. – Y le colgó tras decirlo.

Suspiró, ya en la entrada de la guardería. Sus niños empezaban a llegar, ordenados y tranquilos, haciendo una pequeña fila frente a la puerta.

Los alumnos de los demás profesores, armando escándalo, empujándose y molestándose, como niños.

Tetsuya tenía un aura tranquila a su alrededor que hacía que los niños se calmaran al verle, y su comportamiento calmado durara hasta el final de la jornada.

Y por fin, después de muchos meses, empezaba a disfrutar de su trabajo... aunque solo fuera un poquito.

Pensó en Kagami, un par de veces durante la mañana. En si le gustaría lo que había hecho con sus pantalones, y sobre todo, en la manera en la que sus compañeros hablaban de él.

Tenían una idea sobre él que Tetsuya no había contemplado. Le pareció muy divertido, y un poco despreocupado, pero también atento, y adorable... No entendía por que habían dicho que no lo notaría, cuando él le vio el día anterior ser muy detallista con el niño...

La verdad es que le gustaría volver a verlo, pero ahora que ya había devuelto la prenda, no tenían razón alguna para encontrarse de nuevo.

Suspiró, triste, al darse cuenta de ese pequeño detalle, pero no había nada que pudiera hacer.

…..

Sentado en la sala de espera, había releído los carteles frente a él como una docena de veces, y consultado su reloj casi las mismas veces.

Los pacientes entraban y salían unos tras otros, mientras esperaba. Las conversaciones insípidas, sobre el tiempo, política, deportes, incluso recetas de magdalenas llenaron el tiempo de espera; pero Tetsuya permanecía en silencio, mirando los diferentes carteles con toda su atención.

A las cuatro en punto, como un clavo, ni un solo segundo antes o después, el doctor en persona salió a llamarle.

– Vamos, te toca. – Solo hizo un leve gesto con la cabeza para indicarle que entrara.

No se quedó en la puerta como hacían las enfermeras con el resto de los pacientes, si no que ocupó su sitio en el consultorio y se lavaba las manos cuando Kuroko cerró la puerta tras él.

– No pongas esa cara, solo es una revisión, pura rutina. – Kuroko le miraba atentamente, sin decir palabra.

Le vio colocar el instrumental en su bandeja, y palmear la camilla a un lado del consultorio para que tomara su lugar.

Midorima Shintarô era el mejor médico del hospital, especialista en embarazos y todas sus fases de toda la ciudad, y posiblemente del país.

Su lista de pacientes era interminable y venían incluso de países vecinos solo para pasar por sus manos.

Había estado con Kuroko en todo su embarazo y se habían convertido en amigos de un modo un tanto distante. Aunque sabía que Shin era mas médico que amigo, agradecía su preocupación por él.

Subido en la camilla, y vestido solo con la bata que Midorima le había pasado, Kuroko le mira, serio, y asustado, muy asustado.

Con los ojos apretados con todas sus ganas va colocándose como le dice el médico.

Tetsuya trata de no pensar en nada, y de algún modo, sus pensamientos viajan sin su permiso hasta el día anterior, al baño de la guardería... a sus ojos... su sonrisa...

Escucha como abre los botes, toma muestras, y los deposita unos tras otro en su bandeja metálica y limpia.

Midorima le hizo el set completo de pruebas, una revisión meticulosa hasta rozar la perfección. Llamó al laboratorio y entregó las muestras en mano mientras su paciente volvía a vestirse de nuevo.

Le temblaban un poco las piernas, pero se sentía bien, de un extraño modo, incluso mas ligero y liviano.

Se sentó frente a él, mirándole escribir hoja tras hoja sin pronunciar palabra.

– ¿Has notado algo que deba saber últimamente?. – Le clavó sus ojos verdes como un láser en la cara.

– No, nada. – Dibujó una sonrisa que se diluyó al instante.

Cuando Midorima entraba en modo médico, lo mejor era dejarle hacer hasta que acabase del todo.

La retahíla de preguntas no se hizo esperar. Quería anotar todo, desde hábitos alimenticios hasta síntomas de lo mas alocado.

Tetsuya le respondía con la misma seriedad con la que Midorima hacía las preguntas.

Terminó, y le vio echarse hacia atrás en la silla, acomodándose al tiempo que repasaba lo escrito y cerraba la carpeta con tranquilidad.

– Físicamente no veo nada reseñable, aunque hasta que no lleguen los resultados de los análisis no puedo afirmarlo, a simple vista pareces sano. – Su voz iba cambiando de tono, desde el profesional del inicio al mas amistoso al final de la frase. – Ahora dime la verdad, ¿Cómo estás?, y no me digas que bien, quiero datos.

– Pero es que estoy bien, me siento bien. Como sano, hago deporte, trabajo duro, tengo mi casa limpia y recogida, pago mis facturas...

– Eso puedo verlo. – Un poco molesto, rodeó la mesa y se sentó frente a él tomando su mano con cariño. – Quiero saber como te sientes, aquí, y aquí. – Pinchó en su corazón y en su cabeza con el dedo de punta.

– Un poco dolido, confuso... les echo mucho de menos a los dos...

– ¿Un poco?. – Ese inicio le llamó la atención, y mucho.

– Bueno... he conocido a alguien, interesante. – Midorima ladeó la cabeza, tratando de entender las palabras en su cabeza. – No es la gran cosa, pero …

– Es un cambio, y eso es bueno Tetsuya. – Por primera vez desde que había entrado en la consulta le vio sonreír. – Te invito a comer y me cuentas mas de ese chico, ¿De acuerdo?.

Para cualquiera podría parecer una situación incómoda, sobre todo por que minutos atrás estaba despatarrado frente a él, pero eran amigos, y eso le daba cierta licencia a hacer preguntas incómodas... y obligaba a Tetsu, a responderlas con sinceridad... o la siguiente extracción de sangre podría ser muy dolorosa.

…...

Kagami se quejó, aún dormido.

Había dejado la persiana medio subida la noche anterior, y el estúpido sol le daba en la cara sin compasión alguna. Miró el despertador abriendo un poquito de un solo ojo y dibujó una preciosa sonrisa en sus labios.

La verdad, no sabía que tenía de feliz la hora, pero estaba contento, había dormido bien y estaba mas que descargado.

Miró a su lado, a la mata sonrosada y abundante de cabello que cubría su almohada , pícaro y desvergonzado, le pellizco el trasero a la chica junto a él.

– Oye, ¿No tenías que estar en un sitio a las diez?... son las nueve. – Le dio un mordisco en el hombro, pegando sus caderas para darle los buenos días con todo el cuerpo.

– Eres un guarro. – Se giró para montarle entre risas. – Tengo tiempo, para ocuparme de esta de aquí... – Se inclinó, para apoyar sus pechos en el masculino, y llevó una mano hacia atrás, tocándosela con descaro. – ¿Qué dices cariño? ¿Te apetece?.

– Así que yo soy un guarro. – Le agarró las tetas con las dos manos. – No entro hasta las doce, tengo tiempo de sobra... Además, tengo que pagarte por pasar la noche aquí, por una hora mas en tu precio no me voy a morir...

Satsuki se inclinó, besando sus mejillas y bajó de un divertido saltito.

– Te pones muy sexy cuando hablas de pagarme. – Se fue vistiendo al mismo tiempo que hablaba. – Cariño, con ese cuerpo que te gastas al final voy a tener que pagarte yo a ti.

Un nuevo beso y una ronda de risitas, divertidos.

– Cógelo tu misma, mi cartera sigue en los pantalones... y los pantalones creo que en el pasillo, donde me los quitaste. – Se medio tumbó, y arropó despacio sin apartar sus ojos de ella.

– Llámame otro día, guapo. – Un dulce y sensual beso en los labios y se fué, a tomar su dinero tal y como le había dicho el pelirrojo. – Y recoge esto un poco, cielo, que ya empieza a apestar un poco.

– Claro... cuando tenga un día libre. – Le mandó un beso soplando en la palma, y esperó a que se cerrara la puerta para levantarse de la cama.

Era un día genial, iba a recuperar sus pantalones, y eso le ponía contento...

Aunque aún no sabía que no eran los pantalones los que le hacían feliz...

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Otro cap, espero que os guste.

Besitos y mordiskitos

Shiga san