Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo cuatro: Viejo amigo.
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Debería sentirse descansado, y lleno de energía, pero no era así.
Kagami bostezó, todo lo que le dio la boca y se acercó a la cafetera, arrastrando los pies todo el camino.
– ¿Una noche movidita?. – Teppei le arreó en el hombro con el dorso de la mano y le "tomó prestado" el café que se acababa de servir el pelirrojo para tomarlo él.
– Momoi. – No dijo nada más, solo alzó las dos cejas en una mueca divertida y se sirvió un nuevo café.
Teppei asintió, comprendiendo. Se sentó frente a la mesa en el cuarto común que tenían para comer y esperó a que el pelirrojo se sentara con él, para señalar los pantalones doblados sobre la superficie.
– ¿Y eso?. – Señaló la prenda sin interés.
– Una noria. – Teppei estrechó los ojos, divertido. – No espera, una bicicleta... Está claro que son tus pantalones, que preguntas mas tontas haces por la mañana..
– ¿El jefe por fin ha comprado material nuevo?. – Tomó la prenda entre los dedos y la miró interesado.
– Ya te gustaría pero no, son los que se llevó Tetsuya a casa para lavártelos, los ha traído a primera hora. – Sorbió otra vez. – Le debes una buena, ha quitado la mierda de los últimos años en una tarde, y a mano.
Kagami se descubrió sonriendo, pensando en el profesor lavando sus pantalones con cariño, sintió algo en su interior, algo que no supo identificar, y que la alarma por un aviso mandó a lo mas profundo de su cerebro.
….
Hacía un día fantástico, y por eso estaban en el patio con los niños. Kuroko mantenía a su clase ocupada, pintando cada uno una maceta en la que plantarían cada uno su propia plantita, para enseñarles el cuidado de un ser vivo, responsabilidad y amor por la naturaleza.
Atento a cada niño, cuidaba con esmero el material, sonriendo a cada pincelada que daban, a sus caritas atentas a lo que hacían.
Se agachó junto a las plantas, todas juntas en una bandeja del vivero y acarició los pétalos de una de ellas, blanca y pequeñita, aún naciendo al mundo.
De pie pasó las manos abiertas por el delantal azul claro, y luego por su pelo. Alzó el rostro para dejar que el sol calentara la piel a la vista y regresó junto a su alumnos, sonriendo.
– Sensei, he terminado. – La niña mostraba su trabajo con una carita afligida, esperando el veredicto del peliceleste.
– Está muy bien cariño, es preciosa. – Le acarició el pelo y sonrió a la reacción de la niña, completamente feliz. – Ponla para que se seque, en su sitio. Vamos a ver como les va a los demás.
Se giró, y toda su clase se levantó de sus sitios mirando fuera de la guardería, mas allá de las vallas que delimitaban el patio.
Vio el camión de bomberos reducir la velocidad y a Kagami bajar de un salto desde la parte lateral con el vehículo aún en marcha.
Se acercó a la valla y apoyó las manos en el borde, sonriente. Le hizo una seña para que se acercara, cosa que hizo, sorprendido.
– ¿Comes?. – Preguntó de golpe cuando Kuroko se acercó a él.
Levantó una ceja, esperaba un "gracias por los pantalones limpios" o un "como has pasado el día" pero no esa pregunta tan rara.
– ¿perdón?. – A su lado, levantó la mano, sin perder de vista a sus chicos y chicas, que se habían acercado a verle también.
– Que si comes, ya sabes, comida y eso. – Saludó a los niños con la mano y volvió su atención al maestro.
– Pues si, normalmente cuando tengo hambre... por aquello de no morirme... – ¿Por?.
– No hagas planes para esta noche. Te invito a cenar en mi casa, cocino yo. – Acompañó las palabras con una hermosa sonrisa que hizo a Kuroko desviar la mirada levemente sonrojado. – A las ocho. Trae cerveza.
– Si no quieres morir intoxicado te recomiendo que pases por el cuartel de bomberos antes de ir a su casa, creo que te puedo prestar un equipo de emergencia … – Teppei murmuró lo bastante alto como para que Tetsuya le escuchase perfectamente.
– No le hagas ni caso. – Miró a su compañero. – ¡Voy a limpiar!. – A las ocho...
Se dio la vuelta, dispuesto a marcharse, pero Kuroko le detuvo; había olvidado un pequeño detalle sin importancia.
– ¿Kagami kun?. – Esperó a que le mirase para seguir hablando. – No sé donde vives.
– ¡Uy, jejeje!. Se subió a la valla, dejando medio cuerpo fuera, en la calle y estiró la mano para que Kuroko se acercara a él. Tomó el bolígrafo enganchado en el borde del delantal y le miró. – Dame tu mano.
Kuroko obedeció sin entender que pretendía hasta que le levantó la manga del sueter y garabateó su dirección en la pálida piel de su antebrazo, en esa postura tan incómoda y cómicamente rara.
– ah, dame tu móvil.
– No lo tengo encima, mientras doy clase está en el casillero...
– Jaaa jajaja... no hombre, el número. – Sus carcajadas se contagiaron rápidamente a los niños, que seguían la conversación con interés.
Ahora fue Kuroko quien le pidió la mano, y escribió su número de teléfono en el mismo sitio que había hecho él mismo.
Por la radio que llevaban al hombro sonó un aviso. El jefe los quería de vuelta, ya.
– Tengo que irme, a las ocho, no llegues tarde, cerveza... – Agitó la mano a los niños y salió corriendo al camión. Teppei le imitó y los dos desaparecieron al final de la calle dejando al profesor con la mirada en el lugar en el que Kagami había estado haciendo malabares.
Se giró, para reunir a su clase, y descubrió a los niños mirándole interesados y un incomprensible ardor le coloreó hasta la punta de las orejas.
Pasó el resto de la jornada con la cabeza en las nubes hasta que recibió una llamada de Kise, anunciándole que el fin de semana pasaría por su casa para llevarle al perro. No le contó nada de su "cita"; al menos hasta que tuviera un poco mas claro que debía esperar de ella.
…...
El la floristería compró claveles. No supo por qué, no le apetecían rosas.
A su esposo le encantaban y siempre llevaba rosas, pero ese día, en ese momento, se decidió por los claveles, blancos.
Como cada día, saludó al encargado y caminó por la grava hasta la lápida. Una tenue sonrisa se dibujó en sus labios y una sensación que le llenaba el cuerpo entero hasta la punta del cabello, sin saber reconocerla al completo.
Limpió, sin prisa, la superficie hasta dejarla mas brillante, y colocó las flores antes de sentarse, y acariciar sus nombres.
– Me ha invitado a cenar. – Una risita avergonzada salió de sus labios, sin pretenderlo. – Ya sabes, el bombero del que te hablé... el de los pantalones . – suspiró sonoramente, vaciando los pulmones en el gesto. – Ya sé, no debería hacerme ilusiones... y no, tranquilo, no voy a … bueno, ya sabes. – Desvió la mirada a los números y de nuevo al nombre. – Te va a sonar idiota a estas alturas, pero sigo enamorado de tí... ya ya, seguro que te estás riendo de mí, ¿Eh?...
Se estiró sentado, sintiendo la suave brisa acariciarle la cara, y permaneció un rato en silencio, solo con sus pensamientos, en el lugar que mas amaba del mundo, junto a su familia.
– Ha llamado Kise, va a devolverme a Nigou... ya sé, cómo te gusta regañarme... pero creo que ya puedo hacerme cargo de él, además, Kise ya no puede solucionar mi vida mas... – Empezó a recoger los trapos y a acomodarse los vaqueros por detrás, para terminar la visita. – Tengo que irme, aún debo comprar cerveza... no beberé tranquilo. – Hizo una pausa, que adornó con una sonrisa enorme. – Te quiero mi vida, no lo olvides nunca... por favor, cuida a nuestro bebé. Hasta mañana.
Tardó un rato en encontrar el bloque de apartamentos correcto. Y luego otro mas en dar con el número …menos mal que en el buzón ponía el piso, por que su nota del brazo había sufrido un pequeño accidente y había desaparecido la parte de los números...
Podría haberle llamado, pero no tuvo la brillante idea de pedirle su número cuando el pelirrojo lo hizo con él.
De pie, parado en la puerta, dudó.
Fue un solo segundo, pero se se preguntó que hacía ahí exactamente.
"Solo es una cena de agradecimiento, nada mas". Su mente lo grabó para que quedara ahí, durante toda la velada.
Pulsó el timbre, solo una vez. Odiaba cuando la gente llamaba de forma insistente a su casa, a si que él no lo hacía; esperó.
La puerta se abrió de un golpe y se encontró con una sonrisa preciosa dándole la bienvenida.
– Vale... pasa. Mi casa, Tetsuya... Tetsuya, mi casa. Siéntete libre de curiosear por todas partes... venga, que se me quema la cena. – Tiró de su muñeca para meterle dentro y se perdió en la puerta de la derecha.
Estuvo tentado a seguirle, pero prefirió hacer caso a su invitación y hacer un poco de turismo.
Dejó la bolsa con las cervezas en la mesa y miró alrededor.
La tele estaba puesta, con anuncios, a un volumen un poco alto para su gusto.
Un sofá grande, y cómodo, de grandes y mullidos cojines en color vino. La mesa a juego, en madera oscura, una docena de sillas la rodeaban.
La puerta que daba al balcón estaba abierta, dejando que entrara el ambiente de la calle dentro, aunque la casa entera olía a la cena que estaba preparando con esmero.
Kuroko miró con interés las paredes de colores, cambiantes según la habitación. Echó un vistazo al baño, blanco y azul con una bañera en el medio y siguió por el pasillo hasta la habitación.
No se sorprendió de que hubiera una enorme cama coronando la estancia, teniendo en cuenta el tamaño del anfitrión, ni de que estuviera decorada con buen gusto,
Volvió al comedor, donde descubrió que Kagami ya estaba poniendo la mesa, una ensalada de pasta en el centro y unos vasos para la cerveza.
Le vio dar un par de viajes mas, para los cubiertos, servilletas, los platos y una bandeja con mas de veinte filetes de carne a la plancha con patatas.
Le pareció demasiada comida solo para ellos dos, pero no dijo nada.
– Siéntate venga, come cuanto quieras. – Estiró la mano para indicarle el sitio, y esperó a que se sentara para hacer lo mismo.
Sin decir palabra le sirvió, dos de los filetes y llenó su vaso con la mitad de una lata de cerveza. Le pareció una falta de modales decirle que no bebía, y tomó un sorbo para que le viera, aunque no le entusiasmara demasiado.
Kagami le miraba de cuando en cuando, intrigado, pero sin parar de comer por ello.
Le veía extraño con los vaqueros y la camiseta, quizá por que se había hecho una imagen mental de él con el delantal de la guardería, y por que le llamaba la atención el modo pausado con el que comía cada bocado, muy lentamente.
– Oye, gracias por los pantalones, han quedado nuevos. – empujó la ensalada en su dirección y Tetsuya le miró los brazos, sin tela gracias a la camiseta de tirantes holgada que vestía. Sus músculos se definían de un modo elegante a cada movimiento.
– No hay de qué... además fue uno de mis chicos quien te lo manchó, que menos que limpiarlos. – Aceptó la comida, echando en su plato un par de cucharadas llenas.
– ¿Puedo hacerte una pregunta?. – Llenó su vaso de nuevo, tras apurarlo de un trago.
– Ya estás haciendo una, Kagami kun. – Rió divertido bajito. – Claro dispara.
– ¿Profesor?. – Negó con la cabeza a la gracia del sensei.
– Tengo que comer, facturas que pagar y me gusta, es agradable.
– Entiendo.
La conversación siguió, cómoda y tranquila, mientras daban buena cuenta de la comida.
Al final, Kagami se comió de la mayor parte de los filetes, cabe decir que era la primera vez que Kuroko veía a alguien comer así, y se lo hizo saber, lo que ocasionó un ataque de risa por parte de los dos.
– ¿Sales con alguien?. – El bombero preguntó al cabo de un par de horas de estar con él, curioso.
– Estuve casado. – Respondió, haciendo que le pusiera una cara de sorpresa inesperada.
– Estuviste... pasado. ¿La dejaste, te dejó?. – Siguió con el "interrogatorio".
– Murió. – Desvió la mirada, llenado su vaso y bebiendo para darse tiempo a una respuesta malintencionada.
No ocurrió. La cara afligida de Kagami le dijo que no había mala intención en su duda.
– Lo siento, no lo … joder, perdona. – Se levantó del sitio que ocupaba al otro lado para sentarse junto a él.
– No pasa nada, no lo sabías. – Le palmeó un par de veces, quitándole importancia. – Mi marido murió hace dos años.
Nada mas decirlo se arrepintió. Por un momento, solo uno, pensó que Kagami le diría algo horrible al saber que, la linda esposa que había imaginado, era un hombre como ellos dos.
– Tu marido... – Murmuró bajito.
– ¿Te molesta?. – Ahora si, la pregunta sonó del todo afectada.
– No, ¿Recuerdas a mi compañero, Teppei?. – Tetsuya asintió. – Sale con un chico desde hace unos meses... y creo que estuvo con el jefe, pero no consigo sacárselo ni con chantaje... Creo que no puedes controlar de quien te enamoras, pasa y listo.
Se hizo un silencio entre ellos denso. Kuroko solo le miraba, tratando de adivinar el significado exacto de esas palabras, pero Kagami le dio un susto al levantarse de un golpe y ponerse a recoger la mesa sin avisar.
Al segundo viaje a por platos sucios, Tetsuya se levantó a ayudarle. Miró el reloj, eran mas de las tres de la mañana y se sorprendió de que hubiera pasado tanto tiempo. Se lo estaba pasando tan bien, que ni lo había notado.
Un mareo le hizo tambalearse hasta apoyar las manos en la mesa. No debió beber cerveza, no le sentaba bien.
No escuchó los pasos tras él, a si que cuando se giró y le encontró tan cerca, se asustó un poco.
– Es tarde, debería irme ya. – Al girarse el mareo se intensificó y le hizo trastabillar hacia atrás hasta apoyar el trasero en la mesa.
– ¿No bebes normalmente verdad?. – Kuroko asintió un par de veces con la cabeza, pálido como una hoja en blanco pero con las mejillas rojas... hasta la punta de su nariz tenía un divertido tono sonrosado. – Que desastre, tenías que haberme dicho. No puedo dejarte ir en este estado. – Le agarró por la cintura con un brazo y prácticamente le llevó hasta el baño en volandas. – ¿Necesitas vomintar?. – Kuroko negó, mirándole de reojo.
Cuando le cogió con el brazo sintió que el cuerpor regresaba a su ser. La última vez que alguien le tocó así, alguien de su edad, aún estaba embarazado... y desde entonces había pasado tanto tiempo, que no sabía como reaccionar.
Se refrescó en el lavabo, la cara, la frente y la nuca, y se quedó de pié aferrado a la loza con las dos manos mojadas.
– Tengo que irme, no quiero molestar y es muy... – Iba a decir tarde, pero no terminó la frase a tiempo.
La sorpresa le dejó mudo al instante.
– No vas a ninguna parte y no me hagas darte unos azotes. Es tarde, estás mareado y te quedas aquí a dormir, punto.
Asintió, y empezó a andar de vuelta al salón, dispuesto a dormir unas horas en el sofá.
Al menos parecía de lo más cómodo y calentito. Pero de nuevo sus planes se fueron por el desague sin tenerle en cuenta.
– ¿Pero que estás haciendo?. – Apretó los labios dibujando una tensa línea y chasqueó la lengua con cierto fastidio.
Le tomó en brazos, en un solo gesto, fue dando zancadas hasta su habitación. Fue bajándole hasta el colchón, aunque en lugar de depositarle despacio, le lanzó hasta el lado mas alejado de donde estaba.
– Puedo dormir en el sofá...
– Puedes, pero es una estupidez con esta pedazo de cama. – Dibujó una sonrisa traviesa. – Respetaré tu virtud, bella doncella, y ahora a sobar, que tengo sueño.
Sin preguntarle mas, se sentó en la cama, le quitó las zapatillas y los arropó a los dos tomando la punta de las sábanas, limpias y frescas, con dos dedos.
Se abrazó a su pequeño cuerpo y se durmió al instante.
…..
El móvil sonaba, pero no era el suyo.
Y sonaba cerca, dentro de la cama.
Kagami se estiró, todo lo largo que daban sus músculos, hasta tocar la pared con los dedos por encima de su cabeza.
Pestañeó, restregándose los ojos con el dorso de la mano.
Miró hacia abajo, y una sonrisita traviesa le llenó los labios.
Kuroko se había dormido encima de él, abrazado con los dos brazos a su torso, manos perdidas en sus costillas. Los vientres juntos, y las piernas entrelazadas.
Kuroko seguía con los vaqueros puestos, y era su móvil el que sonaba desde el bolsillo trasero.
Giró la cara, para mirar la hora en el despertador. Era mas de medio día. Y los dos estaban libres para todo el día. Era sábado, por lo que Kuroko no tenía que dar clase y él había cambiado el día con Teppei, por si acaban saliendo despues de la cena y no tenía el cuerpo para trabajar al día siguiente... aunque la verdad, la velada había sido muy divertida.
Tetsuya era un tío muy majo, divertido... aunque su aguante al alcohol apestara.
Le gustaba estar con él, su compañía... y era extraño, por que apenas se acaban de conocer.
Y además era guapo, para ser un chico...
Suspiró, pensando en su marido... y en su mala cabeza. Tetsuya tenía esa mirada, esa que tienen las personas que han vivido mucho a pesar de su edad, podía notarse su tristeza...
– Oye, dormilón. – Le tapó la nariz con los dos dedos haciendo pinza, y esperó a que se quedara sin aire y despertara de golpe. – Te llaman, hace un rato que suena sin parar.
Kuroko se apartó confuso, al darse cuenta de que estaba dormido encima suyo, y rebuscó, con dedos temblorosos su teléfono.
Contestó sin mirar quien le llamaba.
– ¿Dónde estás?... Estoy llamando y no abres. – Escuchó el ladrido de Nigou.
– ¿Has vuelto?. – Se quitó un poco el sueño sentado en la cama, pero tenía una miniresaca que le impidió levantarse como una persona normal. – Espera un momento, ya voy.
– ¿Estabas dormido?. – Kise se extrañó, él no dormía hasta tan tarde, nunca. – Bueno, como sea, ábreme.
– Es que no estoy en casa... dame unos minutos, diez, y estoy ahí. – No esperó la respuesta, simplemente le colgó sin mas para no escuchar su perorata gruñona.
– ¿Problemas?. – Kagami se levantó, apartando las sábanas hasta los pies del colchón para airear la cama y le señaló el baño. – Ve tu primero, haré café, al menos para que no te vayas con el estómago vacío.
– No... es mi perro, el amigo que lo cuidaba no puede hacerlo mas y lo trae a casa... – Hizo una sonrisa a la que tenía Kagami y fue al baño, al necesario alivio mañanero.
Escuchó que llamaban a la puerta desde el baño, pero no quiso ser curioso.
– Ya va, ya va. – El insistente tintineo del timbre le estaba molestando.
Abrió de un tirón y soltó una carcajda enorme al ver a la persona del otro lado.
– ¿Todavía en la cama, Bakagami?. – Dejó caer la mochila a sus pies y se abrazó al pelirrojo, que le palmeaba la espalda con la mano abierta en mitad del abrazo.
– ¿Qué haces aquí?, Joder, estás mas... mas... feo. – otro ataque de risas entre ellos llenó la entrada. – Pero pasa, no te quedes en la puerta.
Kagami se agachó, tomando la mochila y le empujó al salón.
– Me han trasladado, la semana que viene empiezo aquí, y bueno quería buscar un sitio para vivir antes de enfrentarme al trabajo nuevo.
El invitado miró alrededor sorprendido.
– Joder, que ha pasado...¿Quién eres y que haces dentro de mi amigo?. – Le miró, realmente impresionado. – Tienes todo limpio, demasiado limpio... ¿Hay alguien mas aquí?
– No es lo que piensas, deja de tocar los cojones. Es un amigo, nada más. – Señaló al baño con la cabeza al tiempo que sonaba al cisterna vaciándose. – ¿Quieres que te acompañe a casa?. – Tetsu negó, mas refrescado y despierto después de su paso por el baño.
– No hace falta, vivo cerca. – una sonrisa preciosa y una mirada, agradecida. – Me voy ya, siento lo del café, pero Kise no es muy paciente... y no quiero que esté en la calle.
– Está bien, tranquilo. – Se hizo un silencio cómodo entre ellos, ignorando sin pretenderlo al visitante sentado en el sofá, mirándoles con cierta intriga. – Luego te llamo. No te importa, si quedamos... bueno, otra vez. No para comer, puede ser para otra cosa, o lo que sea... algo distinto pero divertido...
Cuando cerró la puerta sonreía como un tonto, y al girarse para volver al salón, un par de ojos le miraban, inquisitivos.
– ¿Algo distinto pero divertido...?... ¿Qué pasa aquí?. – Se echó hacia atrás estirando los brazos por la parte alta del sofá, a los lados. – Si quieres un consejo, mantente alejado de él, no es trigo limpio... le conozco y..
– Solo es un amigo, ya te lo he dicho. Y no es asunto tuyo.– Se sentó a su lado, dándole con el puño en el hombro, despacio. – Puedes quedarte aquí, hay sitio para los dos. Tu limpias, yo cocino y los gastos a medias.
– Suena bien... – rebuscó en la mochila y le pasó los datos del nuevo trabajo. – Además la comisaría está aquí al lado...
– Pues entonces hay trato. Somos compañeros de piso... Venga esa mano...
El apretón duró unos pocos segundos, hasta que el pelirrojo se levantó dispuesto a una ducha y a vestirse.
– Tu primera tarea, lavar los platos de la cena, la cocina ya sabes donde está. – le sacó la lengua divertido.
– No sé por qué este trato no termina de gustarme del todo. – Le lanzó la mochila con sus cosas. – ¿Dónde voy a dormir?.
– En la habitación del fondo, está vacía y la cama en el trastero, pero para está noche la tendrás lista... y deja de quejarte Aomine, o esa cara de rancio no se te quitará en la vida...
Suspiró, cuando le vió entrar al baño... no sabía por qué, pero tenía la sensación de que vivir ahí no iba a ser tan buena idea como sonaba.
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¿nee nee? ¿sorprendidas?
Espero que os guste, la verdad.
Nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
