Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.

Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.

Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.

Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.

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Silent Scream.

Capítulo cinco: Nigou.

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Akashi le miraba desde el pasillo.

No quiso entrar, quizá por que le gustaba verle tan concentrado en lo que hacía, o quizá por que su indiferencia le hacía daño, mucho daño.

Ahora, viéndole ahí, escribiendo una y otra vez la misma receta para ver que era lo que estaba mal en ella, se arrepentía de haberle dicho que se dedicara a la repostería en serio.

Debió callarse, para tenerle siempre a su lado. Sí, eso era lo que tenía que haber hecho.

Pero no fue así, Akashi vio su potencial y pensó que sería fantástico que lo desarrollara hasta la perfección. Murasakibara tenía un don para la cocina, mas para lo dulce que para el resto de platos, y era una lástima que no lo usara para hacer carrera de ello.

Pero ahora, un año después se arrepentía profundamente de su decisión.

Akashi lo había dejado todo por apoyarle. Su carrera de abogado, su prometedor futuro como jugador de Shogi... todo por estar a su lado... y ahora era completamente invisible a sus ojos... un estorbo.

Lo más romántico que le había dicho las últimas semanas era algo parecido a : "ahora no, estoy ocupado, luego me lo dices". Daba lo mismo que el mensaje fuera que la cena estaba lista, o que se iba a comprar por si necesitaba algo, la respuesta de su novio era esa.

Tenía que terminar, con esa agonía que le encogía hasta el alma. No podía seguir así, siendo delegado a un segundo o tercer plano en su vida.

Akashi no le exigía mucho, nada como dedicación exclusiva o algo así, con que le tomara en cuenta de vez en cuando ya se sentía feliz; pero eso no ocurría... y tenía la sensación de que no ocurriría nunca.

Suspiró, mirándole.

Tenía que decidir entre el amor y la felicidad.

Le amaba, por supuesto, pero no era feliz a su lado, y no lo sería nunca, no mientras siguieran como estaban.

Pero si a Murasakibara le importaba o no, era un misterio que no sabía como resolver.

Bien, si volvía a responder lo mismo, se largaría, sin mas.

– Atsushi... voy a …

– Ahora no, estoy ocupado. – Ni le miró, de hecho no apartó los ojos de la receta, y mas que decirlo lo deslizó entre sus labios al exterior.

Ahí tenía su respuesta, ahora solo necesitaba el valor para llevar a cabo su propia meta.

– Pero yo … – Quiso arañar una nueva oportunidad al destino, solo una palabra buena que saliera de sus labios y aguantaría un poco mas... solo una..

– Ya te he dicho que no puedo. – Chistó fastidiado por la interrupción, pero nada mas.

Ni una mirada, ni un pequeño gesto que indicara que quería escucharle, nada.

Akashi apretó los labios. No iba a llorar, no por él. Se lo había buscado él solito, y ahora pagaría las consecuencias.

Sacó su maleta de debajo de la cama y la llenó con las pocas cosas que pudo intuir que eran suyas entre las lágrimas, que absurdas y sin su permiso, le nublaban la vista a traición.

Se sentó en la cama, la misma que hacía al menos tres meses que no compartían y sacó el teléfono para llamar a Kise.

– Necesito quedarme en tu casa, unos días, ¿Puedo?. – Consiguió hablar con cierta dignidad, ocultando su voz llorosa al piloto.

– No tienes que preguntarlo, lo sabes. – Escuchó entre su voz los sonidos del aeropuerto, la llamada a un vuelo nuevo. – Estoy en la India, pero las llaves de mi casa las tiene Tetsuya.

– Iré a un hotel hasta que vuelvas. – Sacó su cartera solo para comprobar que había un billete de veinte y unas pocas monedas.

– No seas idiota, Akashicchi. – Usó el calificativo que le había puesto en el instituto. – Te dará las llaves, tranquilo. Le llamaré para decirle que vas por ellas... él no te dejaría en la calle como hiciste tu...

Akashi apretó los labios, aguantando un sollozo traicionero. Siendo abogado había hecho su trabajo muy bien, tanto que olvidó que Kuroko era su amigo y le necesitaba en ese terrible momento, y fue implacable y despiadado con él. Cualquier persona en su lugar no se lo perdonaría nunca...

– No te voy a decir que te va a recibir con los brazos abiertos, pero no te odia como crees, entiende que hacías tu trabajo, aunque no lo comparta... ni yo tampoco. – Hizo una pausa por si Akashi quería añadir algo y siguió hablando. – Estás en problemas y necesitas ayuda, y te la daremos, no te preocupes. Apunta la dirección de Tetsuya.

Obedeció, en silencio, y miró la calle anotada en la hoja una docena de veces. No era un barrio lujoso como el suyo, de hecho rozaba lo miserable... ¿A eso había quedado su amigo?.

Akashi sacudió la cabeza. En la entrada de lo que había sido su casa, metió las manos en los bolsillos. Sacó las llaves del coche y las dejó en el mueble, junto a las de la casa. No iba a volver y no las necesitaría donde iba... eso si Tetsuya no le dejaba en la calle, claro.

Y si eso ocurría, se lo tendría merecido.

…...

Nigou le miró desconfiado. Permanecía junto a Kise, a su lado, mirando a Kuroko con expectación. Había pasado dos años con el rubio, y aunque recordaba a su dueño, no se fiaba mucho de él.

– Ven, chico. – Se agachó, tendiendo su mano al perro, y esperó con ella en alto hasta que se acercó a olisquearle la punta de los dedos, sin dejar de mirar a Kise ni un solo segundo. – Vamos Nigou... no has podido olvidarte de mi...

El animal depositó sus patas en los hombros de Tetsuya y le lamió la cara por todas partes. Su cola osciló, a los lados, dejando claro que estaba contento de reencontrarse con él.

Kise salió, dejándoles a solas, para que recordaran sus lazos mientras traía las cosas de perro de su coche.

Al rato, sentado en el sofá, Tetsuya se revolcaba por el suelo con el perro, claramente contento y a gusto con su dueño.

– Bueno, y ahora viene cuando me cuentas donde has dormido. – Estrechó la mirada al tiempo que se sentaba en el sofá y le dedicaba una sonrisita picarona. – El bombero del otro día ¿puede ser?... – Palmeó el cojín a su lado, esperando que se sentara y le contara todo.

Nigou le siguió hasta el mueble, y se tumbó a sus pies, posando el hocico encima del calzado, feliz.

– No pasó nada. – Desvió la mirada, dejando claro que aún le causaba cierto reparo esa situación. – Bebí de mas y me dejó dormir en su casa, nada mas...

La sonrisa de Kise se hizo tan grande que casi parecía un insulto.

– No digo nada, al contrario, me alegro por ti. – Un beso en su sien reafirmó las palabras del rubio.

Sacó la tablet y la encendió.

– Tienes que decirme quien es. – Esperó a que cargara la pantalla de inicio. – ¿Es del centro?.

– ¿Quién?. – preguntó, confuso.

– Tu bombero, es del cuartel del centro o de las afueras, ¿Tetsu?. – Kuroko señaló en la pantalla el sitio exacto y vio a Kise soltar una carcajada sonora. – Noviembre.

– ¿Qué?. – Abrió un archivo de imágenes, y empezó a pasar los meses con fotos de los bomberos, uno por mes.

– Mi chico, noviembre. – Señaló la pantalla, donde Teppei posaba con la chaqueta del uniforme abierta, sin nada debajo salvo los tirantes y el pantalón abierto, mostrando lo justo e insinuando el resto. La escena estaba tomada en un precioso paraje natural, simulando que él lo había salvado del peligro. – ¿El tuyo?.

– Mmm, pues... – Pasó las imágenes una a una y se paró en una en concreto, pasándole de nuevo el aparato al rubio. – Agosto.

– ¡Oh, dios mio!, Puurrr, agosto. – Kise fingió relamerse sensual como un gato travieso. – Amplió la imagen y buscó sus datos al final del calendario, para leerlos para si mismo. – Tiene un terrible fallo imperdonable, es hetero, pero se puede arreglar. Lo traeremos al lado oscuro con nuestros sensuales encantos … – Le pasó el dedo por el pelo en un roce y dejó la mano posada en su mejilla. – Ya sé, cita doble, cuando vuelva...

– Pero si no... – Trató de justificarse, inútilmente.

– Si, ya sé, cariño... lo sé. – Sus ojos comprensivos le estudiaron, tristes. – No existe nadie como él, ni aquí, ni aquí. – Tocó con el dedo de punta su cabeza y su pecho, en el sitio justo del corazón. – Nunca dejarás de amarle, eso no ocurrirá... y no tienes que hacerlo. Pero ese sentimiento se irá diluyendo... y no quiere decir que no le quieras, o que lo quieras menos... solo que te das una oportunidad para ser feliz, ¿de acuerdo?. – Kuroko asintió, en silencio. – Y si no puedes ser feliz, por lo menos te das una alegría para el cuerpo.

– Pero que tonto eres. – Le palmeó la cabezota con la mano abierta. – Gracias, por ser mi amigo...

– No, no, no, no, nada de dramas... Ahora somos el escuadrón de seductores de mangueras. – Sus risas despertaron al perro, que los miró culpándoles ceñudo. – Tengo que irme, me espera un vuelo en tres horas, y luego tres semanas sin parar ni un solo día... cuida del perro y, Nigou, no dejes que Tetsu llore.

Se inclinó para besar su frente y le envolvió en sus brazos, con cariño durante mas de un minuto. Tetsu correspondió su toque, sonriendo. Dando gracias por tenerle ahí en su vida.

Kise había sido el único que había estado a su lado todo el tiempo, el resto le habían abandonado sin mas. Y por eso le estaba eternamente agradecido.

…...

Akashi miró la puerta descolorida del apartamento con un puchero.

Después de hablar con el rubio, tranquilo no estaba. Pero no tenía otra opción.

No quería ver a nadie mas, ni das explicaciones, ni tener que escuchar los miles de "te lo dije" de todos sus familiares.

Y ahora, esperaba frente a la puerta de Tetsuya. Una vez, tiempo atrás, fueron amigos, grandes amigos... y él, le había dejado sin nada.

¿Y después?, debió llamarle, saber que había sido de su vida, que efecto habían tenido sus diligencias...

¿Qué efecto esperaba? Le había dejado sin nada, ni dinero, ni casa, ni posesiones. No se molestó en saber cual era la razón por la que Tetsuya no se había presentado en el juicio, ni por que la familia de su esposo estaba tan empeñada en no dejarle nada con lo que vivir.

Después se enteró por Kise, del entierro, de su bebé, de su ingreso en el hospital, de todo...

Suspiró.

Ya habían pasado dos años desde entonces... no hizo nada por acercarse en todo este tiempo.

En cierto modo sentía que el karma le había devuelto todo lo malo que había hecho pasar a Tetsuya con su relación infeliz con Atsushi.

Golpeó la puerta con los nudillos, a pesar del timbre y después se limpió la mano, frotándola en la tela de los vaqueros.

Re-acomodó la maleta en su mano libre y volvió a llamar, mas fuerte.

Tetsuya abrió una pequeña rendija por la que asomarse y abrió lentamente, sorprendido.

Nigou se sentó junto a su dueño y alzó la cabeza, mirando al pelirrojo.

Le miró de arriba a abajo, barriéndole de un vistazo y se giró dándole la espalda, entrando a su casa dejando la puerta abierta.

– ¿Café o té?. – preguntó, desde la cocina.

Akashi dudó, en la entrada, aunque finalmente entró dentro, cerrando con cuidado de no hacer ruido. No sabía por qué esperaba que le echara en cara el pasado, o que le insultara o diera un par de bofetadas... lo habría encajado mejor que esa invitación tan escueta.

En el comedor giró sobre si mismo. No había nada, ni cuadros, ni figuritas, ni muebles mas allá del sofá y una mesa baja. Sin contar con la cama del perro, a un lado y una especie de caseta también del animal, no había ni una triste flor que adornara la habitación.

Akashi se sintió mucho mas miserable de lo que ya se sentía cuando salió de casa.

– No... no quiero molestar. Si me das las llaves de Kise, me iré a...

– ¿Café o té?. No tengo otra cosa, lo siento. – Ignorando deliberadamente sus peticiones volvió ha hacerle la pregunta.

– Escucha, Tetsu yo no …

– ¿Café o té?. – Apretó la mandíbula, manteniendo su mirada, triste. Akashi podía ver que Kuroko no le guardaba ningún rencor, ni se alegraba de su situación tan difícil y dolorosa para él.

– Café. – Se sentó en el sofá, mirándole unos segundos y añadió algo mas. – Con leche, si tienes. Sin azúcar.

Esperó mirando sus pies hasta que regresó de la cocina. Se sentó a su lado, y sirvió lo mismo para los dos.

Durante los siguientes minutos solo el sonido de la cuchara removiendo el líquido en las tazas y el que el perro hacía al jugar con uno de sus juguetes, un periódico de goma, llenó por completo el silencio de la habitación.

– Lo siento. – La disculpa de Kuroko pilló al pelirrojo desprevenido, tanto que la taza vibró entre sus dedos al girarse para mirarle de frente. – Siento que no te vayan bien las cosas, de verdad. – Apretó los labios, sincero. – Kise me lo ha contado... no tengo mucho pero puedes quedarte aquí si quieres. No es bueno que te quedes solo, créeme, lo sé por experiencia.

Abrió los brazos, hasta el límite y esperó a que el confuso pelirrojo se acercara a él y le abrazara.

Justo ahí, Akashi se derrumbó, y dejó que toda la frustración y la pena que le llenaba por completo saliera sin contención alguna.

Lloró, durante largo rato, hasta que el café se enfrió por completo, hasta que Nigou, aburrido, se echó en su camita y les dio la espalda, hecho una bolita de pelos enorme.

Kuroko le sostuvo hasta que se cansó de llorar, hasta que ya no había mas lágrimas que derramar. Le acompañó al baño, para que se refrescara y puso la correa del perro en sus dedos.

– No creo que... lo mejor es que me vaya donde Kise... – Nigou se puso a su lado, moviendo el rabo entusiasmado con la idea de salir a la calle.

– Vamos a dar un paseo, necesitas despejarte y el perro hacer pis. – Tomó las llaves y le indicó la puerta con la mano. – Vamos chico, hay que pasear a Akashi.

Nigou ladró, alto y claro, y Akashi se permitió una pequeña sonrisa.

…..

La tarde avanzó mientras caminaban juntos por la calle. Los niños eran llamados por sus padres de vuelta a casa, a cenar en familia. Los pequeños comercios que salpicaban los alrededores del apartamento de Tetsuya empezaban a recoger sus carteles con promociones.

Akashi miraba alrededor con interés. No parecía un mal barrio, viejo y descuidado, pero las personas con las que se habían cruzado no daban la impresión de ser peligrosos ni malas personas.

Aunque sabía por experiencia que las malas personas podían esconderse tras la apariencia mas hermosa.

Quiso preguntarle a Kuroko una docena de veces, pero nunca conseguía articular palabra.

Sus pasos se ralentizaron, y le esperó fuera de la floristería hasta que salió con un ramo de rosas blancas. Supuso que serían para adornar su vacía casa, o para regalárselas a alguna dama, a si que, cuando sus pasos les dirigieron al cementerio se quedó sin palabras.

Pidió permiso para entrar en el campo santo con el perro y caminó por el sendero de grava seguido del pelirrojo.

Akashi no se lo podía creer. Ahí, frente a él, estaba la familia de Tetsuya.

En silencio le observó limpiar toda la superficie de mármol hasta brillar como un espejo, y depositar las rosas con cariño en el centro de la misma, apartando unos claveles que no parecían haberse echado a perder ni nada parecido.

– Hola mi vida, ¿Cómo has estado?. – Miró a sus dos acompañantes, con una sonrisa. – Sei ha venido conmigo, seguro que estás sorprendido, ¿Verdad?. Nigou también, y es un buen chico, se está portando genial. – Una tenue sonrisa afloró a sus labios. – Al final ayer acabé bebiendo de más... pero me divertí mucho... hacía tiempo que no disfrutaba con otra persona de mi edad... – Miró a Akashi. – ¿Sabes? Sei va a vivir con nosotros unos días, hasta que encuentre algo mas lujoso y bonito que mi apartamento de profesor pobretón, solo espero que se porte bien, o le castigaré de cara a la pared.

Akashi avanzó, para leer sus nombres y le llamó la atención la segunda fecha, la del bebé.

Aunque Kise ya se lo había contado, no era lo mismo que verlo con sus propios ojos.

Sintió un nudo en el estómago y no quiso ni pensar en lo que tendría que haber pasado Tetsu con todo aquello.

– Seguro que al bebé le habría encantado conocerte, Nigou. – El perro movió el rabo contento, sentado junto a los pies del pelirrojo, de pie al extremo de la lápida. – La verdad, os extraño muchísimo, cada día un poco mas. Tengo miedo de que eso pasé, como dijo Kise, que el amor que os tengo se diluya... si eso ocurre me moriré de pena... y podré estar con vosotros de nuevo. – Kuroko suspiró, y empezó a recoger las cosas de limpieza como cada día. – Mañana volveré a veros. Cuida de nuestro hijo. Buenas noches mi amor.

Akashi tardó un rato en empezar a caminar hasta la salida. Tenía el corazón helado con lo que había visto. Y las palabras que le había dicho en el apartamento cobraron sentido, aunque no sabía quien de los dos era el que no podía quedarse a solas.

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Gracias por leer y espero que os guste.

Nos leemos en el siguiente.

Besitos y mordiskitos

Shiga san.