Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo seis: Chocolate.
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Sobre la mesa los resultados de los análisis de Kuroko esperaban el último vistazo del médico.
Pero a Midorima aún le quedaban pacientes en la sala de espera y no pensaba leerlo hasta estar a solas y poder sacar sus propias conclusiones.
A simple vista le había parecido que Tetsuya estaba demasiado delgado, pero los análisis le confirmarían si había algo interno mas grave o simplemente era delgadez sin mas tratamiento que el de comer bien un par de meses.
Llamó al siguiente paciente, excluyendo a la enfermera que hacía esa labor y una sonrisita le adornó los labios al ver de quien se trataba.
Enfurruñado, el joven embarazado dejó bien claro que no le agradaba, ni un poco, estar ahí en ese momento.
– Escucharé tus quejas histéricas antes de decir nada al respecto. – El doctor se sentó frente a él, dejando que la mesa sirviera de separación entre ellos.
Takao suspiró, haciendo ruido con la nariz, empujando mas sus labios hacia fuera, dibujando un hocico pequeñito y enfadado, desviando sus azules ojos a un lado.
– ¿Y bien?. – Midorima le esperó con paciencia extrema.
– Quiero chocolate, por favor. No mas zanahorias, ni lechuga... quiero comida normal, por favor. – Hizo un puchero teatral. – Hago todo lo que me pusiste en esa nota de tortura. Los ejercicios, la terapia, la dieta... por favor Shin chaaaaannnn.
Midorima rodeó de la mesa, si apartar la mirada de él, de su puchero exagerado y le señaló a la camilla, para invitarle a sentarse en ella.
Takao se subió, de un gracioso saltito, posando la mano en su redondo vientre de seis meses, esperando la "tortura médica" de cada revisión.
Deslizó el aparato de la tensión con cariño y cuidado por su brazo, despacio.
Durante los siguientes sesenta segundos, miró fijamente el reloj, contando su pulso en la cabeza.
– Tienes la tensión alta. – Sus verdes ojos le regañaron a través del cristal de sus gafas. – Y eso es que no estás haciendo ni la dieta ni el ejercicio.
– Tengo la tensión por las nubes por tu culpa. – Apretó los labios, en una mueca disgustada. – Me pones nervioso siempre que vengo.
No respondió, no lo necesitaba en realidad; los datos estaban ahí y él sabía leer entre líneas.
Le indicó que se tumbara y examinó sus oídos y ojos con la incómoda lucecita con aspecto de bolígrafo.
Esperó hasta que abrió la boca y dedicó tiempo y atención a las piezas dentales y el aspecto general completo.
Mas tranquilo con lo que estaba viendo, escuchó sus pulmones y le levantó la camiseta para explorar el vientre con las manos.
– ¿Algo que quieras contarme?, mareos, naúseas, pinchazos, calambres. – Hundió los dedos suavemente por los costados, notando al bebé casi al momento. Se movió, de improviso, sacando una sonrisa a la mamá.
– ¿Ves?, hasta él se queja. – Suspiró en respuesta y le pidió que levantara los brazos por encima de la cabeza, y se estuviera quieto solo con sus manos. – Tiene hambre, y yo también.
– Deja de quejarte. – Le ayudó a sentarse de nuevo, aunque no le dejó bajar, hasta anotar todo lo que había descubierto en su historial.
Se agachó para descalzarle y miró sus pies y tobillos con ojo clínico.
Takao le seguía con los ojos sin interrumpirle. El doctor podía ser de lo mas insoportable si se le ocurría decir algo sobre su manera de trabajar.
De pie frente a la báscula dudó, incluso llegó a oponer resistencia contra Midorima para no subir a ella.
Shintarồ le tomó por el codo y usando su cuerpo como barrera le subió y le mantuvo el tiempo suficiente como para averiguar su peso. Tomó la cinta métrica y midió la circunferencia de su vientre.
– Yo... lo siento, no …
– Has engordado bien, y todo parece correcto. – Le cortó en mitad de la frase balbuceante. Le guió de nuevo a la silla, y anotó en silencio el resto de datos para completar el examen. – Te doy cita para la ecografía del segundo trimestre y análisis de sangre y orina. Sigue tomando los suplementos y el hierro, no lo olvides.
La mamá asintió, a todas las órdenes sin decir nada mas, con la mirada fija en las elegantes manos de largos dedos de su médico.
– ¿Puedo comer chocolate ya?. – Su sonrisa hizo al médico soltar una carraspera incómodo, mas que nada por el leve, levísimo calor que notaba en sus mejillas.
– Si, puedes comer chocolate, pero con mesura. – Deslizó la nota con las futuras citas sobre la mesa. – Nada de atiborrarte hasta que no puedas mas. Y nada de bollería industrial. La dieta se mantiene, solo dejo que te des un capricho de vez en cuando, ¿Entendido?. Si te pasas lo sabré.
– Si, si, ya lo sé... el malvado matasanos me pinchará el trasero con sus inyecciones diabólicas. – Releyó la nota unas cuantas veces antes de levantase con cuidado para salir. – Hasta la semana que viene entonces.
– Si, hasta la semana que viene. – extendió la mano para despedirse y la dejó ahí, suspendida, incluso cuando Takao había terminado el apretón y había salido de la consulta.
Suspiró, frustrado. ¿Un paciente?...
Dios, en que demonios estaba pensando.
Tenía que quitárselo de la cabeza, por el bien de su carrera, forjada a base de trabajo duro y muchas noches de estudio y pruebas.
Lo mejor que podía hacer era pasarle el paciente a otro compañero, pero no podía. Las circunstancias especiales de Takao lo hacían un paciente perfecto para él, para su experiencia profesional y por que no decirlo, para su corazón.
Por primera vez en toda su vida, Midorima se sentía atraído, de un modo humano por otra persona.
Que estuviera embarazado de otro casi era un regalo para él, ya que de otro modo, ni se habría fijado en él...
Posó la punta del dedo en el informe y lo movió, hacia él para leerlo.
– Contaré los minutos que faltan. – murmuró mas para si mismo que para ser escuchado.
…..
Cerró la puerta tras de sí con una sonrisa. Su mano posada casual, en lo alto del viente, notando en la piel la calidez de sus dedos.
Necesitaba ir al baño, con urgencia. El bebé presionaba con ganas su vejiga y sus visitas al excusado eran mas frecuentes de lo que le gustaría admitir, pero en ese momento ni le importaba.
Le había visto, unos pocos minutos, pero lo bastante como para fantasear con él la semana que quedaba hasta volver a verle. Y esos dedos, por dios, amaba esas manos, eran preciosas... tanto como el verde de sus ojos, ¡Ah! Y que decir de sus labios...
Takao sacudió la cabeza sentado en el retrete. La sensación del cuerpo entero del médico cuando le ayudó a subir a la báscula le arrancó un escalofrío.
Pero, ¿qué hacer?. Ya no sabía en que idioma insinuarse a ese témpano de hielo con bata blanca.
– ¿Tenemos mala suerte, eh?. – Habló con dulzura a su bebé. – Tu padre no quiere saber nada de nosotros y el médico guapo ni nos ve... solo las estúpidas gráficas y sus datos...
Se lavó las manos, mirando su reflejo en el gran espejo, sonriendo.
– Aún soy sexy. – Se giró a los lados estudiando su perfil divertido. – Vamos a tener que emplearnos a fondo para que ese médico nos tenga en cuenta... pero eso ya lo pensaremos, ahora quiero chocolate. – Una patadita en el sitio justo le arranca una carcajada, como una respuesta a su queja alimenticia. – Tu también, ¿Eh?.
Takao sale del baño, feliz. Le espera una buena taza de chocolate caliente, y una semana de sueños hermosos, en los que aparece cierto doctor conocido.
…...
Aomine entró en la comisaría desconcertado. El bullicio y las prisas reinaban dentro del caos de gente corriendo en todas direcciones por la amplia estancia.
Trató de llegar al puesto de entrada, inútilmente. Los detenidos se apelmazaban en un banco, esposados entre ellos y a su vez a sus captores.
Gritos, insultos, un agente regordete pidiendo silencio, calma y paciencia, siendo ignorado completamente por los cabreados detenidos.
Bueno, como bienvenida era de lo mas ruidosa, eso no lo podía negar.
– ¿El capitán?. – Logró gritar por encima del escándalo, agitando su placa con la mano en alto al policía de la entrada.
– Allí muchacho. – Señaló al otro lado de la marea de gente. – Aunque creo que está ocupado.
– Gracias. – Pasó entre el gentío casi a la fuerza, para pasar la primera barrera, donde dejó de sentir presión humana.
Los escritorios se repartían intermitentes, mesas llenas de informes y hojas, unas sobre otras sin orden aparente. Agentes sumidos en sus propios informes, teléfonos colgados del hombro, sujetados con la cabeza ladeada. Bolis golpeando la madera como un tambor infinito a respuesta de las conversaciones o descubrimientos.
Nadie le miró mientras pasaba por entre las mesas, como si realmente a ninguno de los policías allí presentes, le importara mucho que una persona ajena a su trabajo se paseara alegremente por sus instalaciones.
Su nuevo puesto de trabajo era un auténtico caos. Y le gustaba, mucho.
No tardó mucho en darse a conocer, ni a acostumbrase a que, durante el siguiente año, sería el "nuevo" para todo.
Sus compañeros eran buenas personas, policías experimentados y diligentes, solo que eran muy pocos para tanto territorio.
Al día siguiente, la comisaría estaba en silencio. El escándalo del día anterior era una excepción que por lo visto no se daba muy a menudo. Un grupito de jóvenes armando escándalo denunciados por los vecinos, que habían acabado arrestados por negarse a colaborar con los agentes, nada mas.
Al día siguiente no quedaba ni uno en los calabozos, y Daiki se sorprendió de lo enorme de la comisaría. La anterior si que era un auténtico cuchitríl enano y maloliente.
Su mesa, totalmente improvisada, fué acomodada entre una planta y la pared del despacho del capitán, y le asignaron unos cuantos casos que no ean mas que papeleo que rellenar y pasar a limpio. Llevaban semanas pasando de un agente a otro, por ser casos ya cerrados, pero a Daiki no le importó.
De hecho ni siquiera le llevó ni un día completar el trabajo.
Para el segundo día, seguía sin compañero, y sin nada que hacer en la comisaría, salvo aplanar una y otra vez la corbata del uniforme contra la camisa.
– Si quisiera consultar un caso antiguo, ¿Tengo que rellenar alguna petición?. – Se acercó a su compañera mas cercana de mesa, una cincuentona de aspecto angelical y rechoncho.
– Si solo vas a leer, no es necesario, si vas a sacarlo del archivo tienes que pedirle permiso al capitán, cariño. – Señaló con la mirada a la escalera que bajaba al piso de abajo al fondo de la sala. – Baja por ahí, al fondo a la derecha.
– Gracias encanto. – Le besó la mejilla juguetón y fue directamente al lugar indicado.
Afortunadamente, el archivo estaba tan ordenado y limpio que casi tardó mas tiempo en recorrer sus pasillos que en dar con lo que estaba buscando.
Arrodillado en el suelo, no le preocupó manchar sus impolutos pantalones negros, mientras recorría con los dedos las carpetas de casos antiguos. Buscaba uno de hace dos años. Uno que recordaba muy bien... ya que fue su primer caso como agente recién licenciado.
Abrió un poco mas, rodeando el cajón, hasta dar con la pestaña "homicidios" en un lateral, y rebuscó con mas calma, leyendo con atención los datos del frente.
– Aquí estás... – Murmuró, sacando lo que estaba buscando al tiempo que marcaba el sitio exacto en el que estaba para volver a dejarlo en su sitio cuando acabara de leerlo.
" El estado contra Kuroko Tetsuya. Cargos: Intento de homicidio..."
Y el resto de la jornada la dedicó a estudiar cada uno de los folios que había en la carpeta.
…...
Sus manos acarician los cabellos castaños.
Ama su tacto, su suavidad, la largura de su flequillo, y el modo en el que tapa su frente a intermitentemente.
Hyuga sabía que no debía estar ahí, no con él.
Ya habían roto, y tenía otra pareja... ¿Por qué demonios se rebajaba una y otra vez?
¿Lo amaba?, no, por supuesto, no era mas que atracción física.
Teppei le seguía el juego, sus besos salían lentos, pensados. Traicionaba a Kise, cada vez que el piloto estaba fuera, Kiyoshi aparecía en su puerta, semblante serio, gafas en la mano, mirada esquiva.
Solo era por los viejos tiempos... por que una vez entre ellos hubo amor... o algo parecido.
¿A quién quería engañar? Dios, lo seguía amando.
Si no no se entendía que aguantara cada día verle en el trabajo, sus sonrisas, sus bromas, sus brazos... Teppei era tan hermoso que a veces le costaba concentrarse en el trabajo...
un beso en su cuello le hizo gemir. Tenían que parar, no estaba bien.
Ryota no lo merecía, no así, no con el pensamiento de que no significaba nada, que entre ellos no pasaba mas que el simple desahogo físico.
Por que era mentira.
Dicen que donde hubo fuego siempre quedan brasas, por pequeñas que sean.
En su caso, el incendio no había sido sofocado, solo aplazado hasta que Hyuga decidiera dar el gran paso, y corresponder a la petición de Teppei con un si.
Nada mas.
Pero mientras el moreno se lo pensaba, ya que para él el matrimonio era un gran paso, Kise apareció en la vida del castaño. Se enamoró casi al instante de él, de la luz que desprendía, de su risa alegre y contagiosa, y ese modo tan particular de ver la vida; vive cada día como si fuera el último, pero diviértete como nunca.
Y nunca le dio una respuesta. Terminaron, uno harto de su indecisión, comenzaron una relación solo profesional, nada mas.
Era mentira, una vil mentira.
Y siempre que Kise se iba, acababan juntos, en casa de uno o el apartamento de otro, siendo pecadores... sin miedo alguno a ir al infierno.
Aunque los dos sean conscientes de que está mal, y de que se hacen daño, y le harán daño al tercero que falta...pero ninguno de los dos quiere detenerse, ni puede, ni lo desea...
Y ya está. Terminan, empapados en sudor contrario, besos perdidos en labios ajenos, aliento compartido entre sus bocas. Ojos que se esquivan, culpables. Ropas que se buscan, colocan y enfrían, casi en el mismo gesto.
Hyuga no dice nada, no le mira, no le escucha, no quiere hacerlo.
Solo quiere marcharse de ahí, y esperar, que su error, algún día sea perdonado...por que, por mucho que le duela, aún le ama.
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Requete kya.
Cap nuevo, rapidito y en marcha.
Espero que os guste.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
