Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.

Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.

Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.

Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.

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Silent Scream.

Capítulo siete: Pastas de té.

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Kagami miró su móvil, con una sonrisa idiota en la cara.

Kuroko acababa de mandarle un mensaje, para agradecerle la cena y la cama de su "no cita".

Aún así, el bombero debía reconocer que se había divertido, y mucho. Hacía mucho tiempo que no se sentía él mismo estando con otras personas. Todo el drama alrededor de su compañero le afectaba.

Fingía no darse cuenta de las palabras hirientes que se dedicaban el uno al otro y al revés, y alguna que otra vez, había sacado el tema a relucir con la esperanza de que el jefe soltara prenda, pero para ellos el problema era la simple respuesta a una pregunta, y ya está.

Nada de complicados sentimientos difíciles de entender. Teppei quería casarse, creía que era el momento perfecto para hacerlo y Hyuuga la persona adecuada.

Por su parte el jefe pensaba que no era adecuado y que no lo necesitaba.

Esa falta de entendimiento entre ellos hacía que su relación oscilase constantemente entre una pasión desbordante que les mantenía prácticamente pegados todo el día, a pasar al extremo contrario, en el que no podían ni verse sin decir algo hiriente o malsonante al otro.

Kagami encontraba su indecisión divertida. Era como una película por capítulos impredecible.

Y también se sentía como el hijo en mitad de la tormenta. Daba igual si el capítulo diario era bueno o malo, Kagami estaba en medio, al menos hasta que terminaba su jornada laboral, momento en el cual, se libraba de sus dramas hasta el día siguiente.

Y hoy, no sabía si se debía al mensaje de Kuroko o a que esos dos estaban especialmente felices, que no podía dejar de sonreír como un tonto.

O tal vez era por que ya era viernes, y su cita semanal como Momoi se acercaba. Normalmente le resultaba de lo más cómodo estar con ella. Su relación era puramente comercial, ella liberaba su tensión muscular y él le pagaba por ello, punto.

Ni cenas, ni salidas, ni regalos con pretensiones, ni baboseo de por medio. Su relación era mas que sencilla, y no se encontraba con ganas de cambiarla.

A Kagami le gustaban las cosas fáciles, sencillas y claras.

Su trabajo ya era lo suficientemente emocionante y peligroso como para agradecer un poco de paz y sencillez en su vida privada.

Otro mensaje le arrancó una carcajada sonora.

Kuroko le invitaba a sacar al perro a pasear y adjuntaba una foto de él, siendo vilmente derrotado por un enorme perro blanco y negro, parecido a uno de esos que tiran trineos...que le chupaba la cara con la lengua completamente fuera de la boca.

Era una petición sencilla, clara, y fácil de hacer realidad.

Respondió con un si, escueto y simple y guardó el teléfono en la taquilla para empezar de una vez a trabajar, que ya tocaba... aunque ni su jefe de sección ni el de zona estuvieran muy pendientes de sus movimientos.

…...

Estaba cansado, los niños siempre le cansaban, aunque en todo el día lo mas fuerte que había hecho era subir las pequeñas macetas decoradas encima de la mesa.

Cada niño había plantado su brote y lo había etiquetado con su nombre, a la espera de que en una semana, cada uno se ocuparía de cada plantita en su casa.

No había sido un esfuerzo sobre humano, pero se sentía cansado, desde que había dormido en casa de Taiga... mas bien; había dormido con él.

Y eso era lo que le agotaba. Y Akashi en su vida, tampoco atraía la calma a su existencia. Verle tan decaído, con la mirada perdida y la mente lejos, obligándose a sonreír cuando se veía a la legua que el pelirrojo solo quería esconderse en el rincón mas oscuro y silencioso y abandonarse ahí hasta que no le quedaran mas lágrimas que derramar.

Kuroko sabía, no por experiencia, que la ruptura mas dolorosa es aquella en la que aún se ama.

Y Akashi amaba a ese gigante insensible con toda su alma... y cada día lejos de él era la peor de las torturas... aunque por otro lado se le veía dolido, ya que Murasakibara no había hecho por llamarle, buscarle ni ponerse en contacto con él de ningún modo... o al menos eso era lo que sabía.

Lo mas seguro es que ni se hubiera dado cuenta de su marcha. Lo que hacía que su amor fuera muchísimo mas doloroso que si su ruptura hubiera sido producto de una discusión o una infidelidad... la indiferencia era el arma que peores heridas hacía en el alma.

Deseando llegar a casa, paró, como cada día a por sus flores, y se dirigió, a hablar con su familia.

Sentado en el borde del mármol, dudó durante un rato si decir en voz alta las palabras que bullían en su cabeza con nervios.

Desde que había pasado la noche con Taiga, estaba intranquilo. Su corazón seguía ahí, junto a su amado esposo y su pequeño hijo, pero una parte pequeña del mismo, una muy pequeñita comenzaba a ilusionarse con el joven bombero.

No sabía si estaba bien o mal que se sintiera de ese modo, era solo que para él, era algo novedoso, casi olvidado.

Llevaba tanto tiempo sin nada bueno en su vida que también se sentía terriblemente asustado ante la posibilidad, lejana y remota, de volver a sentir por Kagami lo que había sentido en su día por su preciado marido.

No estaba preparado para las mariposas, ni las sonrisas de enamorado, ni de darle todo el tiempo de sus pensamientos a Kagami, ni de perder el aliento al sentir sus dedos, o lagrimear, cual enamorado, al recordar los besos perdidos entre ellos, o los abrazos dedicados...

– Akashi, no mejora. – Murmuró, a su esposo. – Su novio no ha llamado... y él cree que ni se habrá dado cuenta de que no está. Lo único que puedo hacer es estar a su lado, pero no lo hago todo el día, y tengo miedo de que haga una tontería si está solo demasiado tiempo...

Suspiró, con la mirada puesta en el cielo sobre la valla que separaba el camposanto del mundo ruidoso y humano del resto de personas.

– He quedado otra vez, con Kagami. – Una sonrisita delicada le cambió el rostro, aunque la tristeza por Akashi seguía en sus ojos. – Es solo para dar un paseo, con Nigou... pero también es para comprobar algo... sé que es muy pronto y que no debería … pero me gusta estar con él... no sé como explicarlo pero a su lado es como si todo fuera normal... agradable, tranquilo... – Apoyó la frente en la fría lápida, doblado hacia delante. – Seguro que ahora estarás riéndote como un loco, ¿Eh?... pero... no sé como explicarlo, solo que lo siento dentro... en el pecho, en el corazón...

Se quedó un par de minutos así, tendido a medias sobre el frío sepulcro, hablando mentalmente con su esposo, contándole sus miedos y anhelos, esas cosas que no quería compartir con nadie mas que con él y su pequeño bebé.

Sintió la piel de gallina por el frío de la tarde. Y decidió que era hora de marcharse a su cita.

En su paseo de vuelta, se desvió un momento a la zona comercial. En la pastelería le vio, en el mostrador, con la mirada perdida mas allá del cristal del escaparate.

Solo el tintineo de la puerta al ser abierta y azotar la campanilla le hizo volver sus ojos al visitante.

Sorprendido por el nuevo cliente, totalmente inesperado, Atsushi se envaró tras el mostrador.

Kuroko le sonrió, y se acercó al expositor, con interés.

– Me gustaría comprar algo dulce. – Murasakibara rodeó el mostrador para salir a la tienda y ponerse a su lado. – Es para un amigo, que sufre mal de amores.

– El chocolate, es bueno para esas cosas. – Rodeó el cristal con el brazo por encima para tomar una porción pequeña de muestra y ofrecérsela a Kuroko. – El soufflé, también es apropiado... o galletas de jengibre con mermelada de moras.

Tetsuya iba tomando los pequeños bocados de diferentes postres que el pastelero iba poniendo en sus manos hasta llenarle las palmas.

Vio en sus ojos el alivio, al comprender que Akashi estaba con él. Ciertamente había notado su ausencia, aunque para ser sinceros hacía meses que entre ellos las cosas no estaban del todo bien.

Era consciente de que no le estaba dedicando el mimo y la atención que su pareja necesitaba, pero sus recetas eran la clave del éxito de su tienda, y no podía dejar pasar ni un solo concurso. Llevaba meses preparando una receta para tarta nupcial que presentaría en un concurso estatal. Si ganaba, tendría una publicidad estupenda para su negocio, pero para eso necesitaba concentrarse casi en exclusiva en la repostería.

Y Akashi molestaba en esa ecuación suya.

….

Al llegar a casa, Akashi seguía en el sofá, tal y como le había dejado cuando había salido por la mañana. De hecho casi podía jurar que no se había movido de ahí en todo el día.

El pijama lucía desgastado y el pelo de punta por un lado y aplastado por el otro le daba un aire entre penoso y cómico.

Nigou salió al encuentro de su dueño desde el final del pasillo. Kuroko supuso que el animal estaba durmiendo en su cuarto para respetar de algún modo la soledad auto-impuesta por el pelirrojo y se paró curioso, olisqueando la bolsa que portaba.

Dejó la pequeña bandeja con pastas variadas en la mesa, junto a él.

– Genial. – Miró con desdén los dulces y se tumbó, encogido dándoles la espalda.

– No los comas si no quieres, pero tienes que hablar con él. – Akashi se encogió de hombros en la misma posición.

– No quiere hablar conmigo, o habría llamado. – murmuró al tiempo que le miraba por encima del hombro. – Lo nuestro ha terminado, ¿de qué querría hablar conmigo?.

– Nigou y yo nos vamos, tenemos una cita de paseo. Llámale y aclara todo. – Le aguantó la mirada de perrito apaleado que le estaba dedicando unos segundos antes de seguir hablando, como si de un alumno de lo suyos se tratase. – Para terminar con algo primero hay que reconocer que estaba ahí.

– Me iré, si es lo que quieres. – Se lamentó, esquivando sin mucho estilo la semi orden del maestro.

– No quiero que te vayas, solo que aclares las cosas con Atsushi. – Se sentó a su lado y le obligó a mirarle fijamente. – Sé lo que duele estar lejos de la persona que amas... pero al menos tu puedes volver a verle cuando quieras. – Le tomó la cara con las dos manos, mirándole a los ojos. – Entiendo tus razones, de verdad... por eso te lo pido, habla con él, termina tu historia pero ponle el punto final tu mismo, no esperes que acabe por si sola... Dile por que quieres terminar, y escucha lo que tenga que decirte. Promételo.

– Bien. – Tomó una de las pastas entre los dedos y la comió, con una mueca de fastidio. Estaba deliciosa, y le jodía, por que era una de las razones por la que su relación se iba a la mierda, que se le diera tan bien la repostería. – Le llamaré, lo prometo... y ahora ve, a tu cita... Nigou no ha salido desde hace un par de horas... no creo que tenga ganas pero seguro que le vendrá bien correr un poco.

– Gracias. – Se levantó sin esperar la respuesta y se cambió de ropa, poniéndose algo mas cómodo para el paseo.

Solo cuando salió, Akashi respondió con un "no, gracias a ti", y justo después marcó el número de la pastelería en su móvil.

Si quería hablar con él, lo mejor era llamarle ahí.

…...

Esa mañana, Teppei despertó mucho antes de que sonara el despertador.

Seguían juntos, en la cama. Mirándole dormir no entendía por que no podía simplemente decir que si, a su petición.

Apretó la mandíbula, molesto. No podía seguir así, haciendo esto cada vez que Kise salía del país. No era bueno para ninguno de los dos, ni de los tres si contaba con el piloto en la ecuación.

Se levantó, dejando a Hyuuga en la cama, acomodándose al espacio libre que había quedado en la enorme cama.

Se afeitó, con la mente aún en el cuerpo dormido en su cama. Si quisiera terminar con ello lo habría hecho, pero … joder, lo amaba, como un estúpido adolescente calentorro.

Necesitaba aclararse, y cuanto antes mejor.

El timbre sonó cuando preparaba el desayuno. Miró la hora intrigado. No era temprano, pero la verdad es que tampoco esperaba a nadie, así que cuando abrió la puerta no pudo evitar poner una cara de sorpresa totalmente genuina.

– Hola papá. – Se puso de puntillas para besarle en la cara en cuanto se agachó a su altura. – ¿Puedo jugar a la consola?.

– Hola princesa. – Le revolvió el pelo divertido. – Claro que si, pasa.

– Nada de jueguecitos, tiene deberes, no la dejes jugar hasta que los termine. – La voz de su madre hizo a la chica poner unos morritos insatisfechos.

– Mi casa, mis normas, Riko. – Besó a su ex mujer en la mejilla, regañándola al mismo tiempo con su postura.

– No vengo a discutir... Kiyoshi. – Miró alrededor, pasando el dedo por encima del mueble del salón, mirando la punta buscando polvo o suciedad, que no había, por supuesto. – Volveré a por ella el domingo, por la tarde. Que haga la tarea, ocúpate de ello.

La niña, de once años, les miraba divertida, desde el sofá. Se parecía tanto a su padre, hasta en los gestos, que su sonrisa era preciosa. Y esa tranquilidad que emanaba, la hacía mucho mas adulta de lo que parecía a simple vista. Incluso con esa camiseta rosa de la ratona famosa y esos pantalones abombados de corte infantil, su mirada era del todo adulta.

– Mamá, vete ya, o perderás el vuelo... hablando de vuelos, ¿y Kise?, ¿cuándo vuelve de su viaje, papá?.

Kiyoshi se encogió de hombros para no responder, sobre todo por que Riko se había dado cuenta de que la chaqueta en la silla, y la bolsa, le eran del todo conocidas...

Y no pertenecían al piloto.

– Bueno, mejor me voy. – Le hizo un gesto para que la acompaña a la puerta y hablar a solas. – No te voy a decir nada, pero no quiero que la niña vea …

– Pues si no quieres decir nada no lo hagas. – La besó de nuevo, en la mejilla. – Soy su padre, sé como comportarme... y el resto es asunto mío.

– Es mi asunto si tiene que ver con ella. – Le aguantó la mirada, seria. – No me meto en tus cosas, ya lo sabes, pero... ese que está ahí dentro no es Kise, ¿Verdad?.

– Llegas tarde... querida. Y menos mal que no te metes en mis cosas, que si no... – La empujó al exterior con cariño, tomándola del codo. – El domingo por la tarde y los deberes listos, entendido.

– Adiós Kiyoshi. – Miró dentro ladeándose. – Pórtate bien cielo, no vuelvas loco a tu padre. Besitos.

– Siii como seaaa... vete de una vez.

Los dos suspiraron, aliviados al cerrar la puerta, y casi al mismo tiempo murmuraron un "que pesada" que les hizo sonreír.

– Venga, desayunamos fuera. – La niña asintió, con ganas de salir con su padre.

Y Kiyoshi se sintió un poco mal por la jugada, pero tenía que alejar a su pequeña de su desafortunado secreto...

De ese sexy morenazo, que ajeno a todo, seguía dormido en su cama.

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Hale, otro cap mas jejeje

Gracias por leer, os lovio.

Besitos y mordiskitos

Shiga san