Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.

Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.

Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.

Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.

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Silent Scream.

Capítulo ocho: Primer intento.

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Kagami estaba deseando llegar a casa. El mensaje en su teléfono era como una baliza que le indicaba que tenía algo que hacer.

Aunque él siempre tenía algo en mente, esta vez era una petición sencilla, y que le apetecía mucho llevar a cabo.

Con una sonrisa en su cara abrió la puerta del apartamento, solo para detenerse en el sitio confuso.

Aomine estaba sentado en el borde del sofá, con la pequeña mesa frente a él aterida de papeles, tantos que ni un solo espacio entre ellos dejaba ver el color del mueble.

Sorprendido por el bombero, empezó a recoger todo con las dos manos, tan torpemente que no parecía ni él mismo.

– No voy a preguntar por que parece que te acabo de pillar machacándotela. – Señaló al pasillo, con una sonrisa. – Voy a ducharme, tengo una cita.

– Es solo un antiguo caso... – Golpeó la mesa con el taco de papeles para ordenarlos y volvió a dejarlos encima. – Estoy repasando algunas cosas que no me quedaron claras...

– ¿Puedo ayudarte?. – Se sentó a su lado, interesado.

– Es un caso ya cerrado... – Reticente apartó la primera carpeta con nervios, tratando de evitar que leyese algo. – Es de …

Kagami le miró, después de leer el nombre del acusado en el encabezado de unos de los folios.

– No es lo que piensas... – Se defendió.

– No sabes lo que pienso. – Ahora si, tomó la carpeta y leyó por encima el cuerpo del informe. – Ya te dije que no te metieras, pero ya que no me has hecho ni puto caso, ahora si que estoy interesado... y si quieres mi ayuda o una segunda opinión, aquí estoy.

– Hay muchas cosas que no me cuadran. Es mi primer caso y era novato, así que me tenían para llevar el material de un lado a otro y traer café. – Kagami tomó otra carpeta, la del forense y se sentó hacia atrás, posando la mano en los labios concentrado en la lectura . – Aún tengo mucho que leer, pero me gustará saber que te parece.

– No le conozco mucho, la verdad... pero no me pareció un homicida. – Miró la hora en el móvil y se levantó. – Pero a estas alturas he visto de todo, y con mi trabajo te lo puedes imaginar... la apariencias engañan, aunque en este caso creo que hay mucho mas por detrás... Si yo fuera tu, hablaría con el abogado... – Rebuscó su nombre en los papeles del juicio. – Seijurô Akashi, ¿No?. Seguro que el puede decirte algo que no está escrito en ninguna de estas. – Aomine anotó el nombre en su cuaderno y la nota adjunta de buscarle mas adelante. – Como sea, tengo prisa.

En la ducha, Kagami solo podía pensar en Kuroko, y en las ganas que tenía de verle.

Era extraño y hasta un poco tonto que su pulso se acelerara pensando en él. Por favor, solo iban a dar un paseo con el perro... ¿Por qué su cuerpo reaccionaba a esa tontería?

Enjabonándose a conciencia su mente vagó hasta lo que había leído. Le había dado a tiempo a echarle un vistazo rápido al informe forense, de alguien a quien supuestamente Kuroko había envenenado, esa era la acusación. Sin embargo, el facultativo había encontrado trazas del mismo agente dañino en Kuroko...

Podía parecer simple, pero ¿Qué clase de idiota se envenena a si mismo con lo mismo? Y ¿Porqué?... A ojos de alguien como Aomine, podía parecer una simple coartada, pero Kagami veía algo mas detrás, algo con lo que ninguno de los policías que investigaron la denuncia tomaron en cuenta. Kuroko estaba embarazado y él le había visto con los niños. Sabía muy dentro que nunca haría daño a un pequeño, y mucho menos uno que fuera suyo, que estuviera en su propio vientre. Estaba seguro de que Kuroko no mataría a una criatura que él mismo gestaba, una personita creada en un acto supremo de amor.

Entre las hojas había denuncias anteriores, por lo mismo y de la misma persona.

Sea quien fuera, estaba claro que tenía algo personal contra Kuroko y su familia.

Deslizó la esponja por su vientre, parando justo bajo el ombligo, dejando que la espuma trazara un camino esquivando su cadera hasta el muslo y bajando hasta el desagüe.

Se enjuagó el jabón, pasando las manos por ambos lados de la cabeza, y los brazos.

Frente al espejo, usó movimientos enérgicos y rápidos para secarse, y se afeitó, con calma, quedando lo mas suave posible por toda la cara.

Se enfundó los vaqueros negros, desgastados, que mejor le quedaban y una camisa que había comprado un par de semanas atrás. Ya que iban a pasear, pensó que las zapatillas de deporte serían lo mejor para sus pies.

De vuelta al salón, la boca abierta de Aomine le dejó intrigado.

– Ven. – Se puso de pie a su espalda para quitarle la etiqueta de la camisa, que aún colgaba del cuello. – ¿Eso que huelo es colonia?...

– Cállate. – Le golpeó el hombro con el puño, despacio. – Solo me he aseado un poco, nada mas.

– ¿Tu cita es una hermosa señorita?. – Hizo el gesto de un cuerpo femenino con las dos manos en el aire.

– Mi cita es un perro, uno grande... y su dueño. – Metió el móvil en el bolsillo delantero del pantalón y la cartera en el trasero. – No es lo que piensas, pervertido.

– No soy yo el que se ha arreglado como para mojar el churro con la cita de turno. – Estrechó los ojos hasta hacerlos parecer una pequeñas líneas . Agitó la etiqueta en su cara, dándole en la punta de la nariz con ella. – Como sea, cuidado donde la metes... y como. Lleva gorritos.

– Solo vamos a pasear al perro, deja de decir tonterías anda. – Agitó las llaves delante suya y las guardó.

– Ya … a pasear al perro... por eso te has puesto tan guapo...

– Yo siempre soy guapo, no te confundas, solo me he lavado la cara … – Le dijo adiós con la mano, sonriente. – Me voy o llegaré tarde... deja de entretenerme o pensaré que te gusto...

– Pero que idiota que eres... largo, que tengo mucho que leer aún.

Aomine regresó al sofá, aunque mantuvo la mirada puesta en la puerta, mucho tiempo después de que Kagami hubiera salido por ella.

Su sexto sentido le decía algo que para su amigo sería totalmente nuevo. Se estaba enamorando y era muy posible que aún, ni se hubiera dado cuenta de ello.

Suspiró, y volvió a la lectura, durante un rato mas hasta que sonó el timbre y salió a atender la puerta.

Una preciosa dama, de cabellos rosas peinados en un elegante moño alto, con pequeños flecos rizados enmarcando su rostro a los lado le saludó con la mano en alto.

Por un momento se quedó sin habla. Hipnotizado de un modo extraño por el vaivén del vestido vaporoso sobre su piel irisada. Incluso dedicó un par de segundos a los dedos de sus pies, con las uñas pintadas en rojo cerezo como sus labios, asomando por las finas tiras doradas de las sandalias de tacón alto, altísimo.

Era una mujer hermosa, hipnótica y elegante. Delgada y de piel blanca, sus pechos enormes, desafiaban la resistencia del vestido contra el escote, formando unas montañas redondas perfectas.

– Vaya... Hola, encanto. – Posó el índice en su barbilla y le obligó a mirarla en los ojos. – ¿Taiga no me ha esperado? … que niño mas malo, tendré que castigarle la próxima vez...

– Ermm, no, lo siento. – Pestañeó, tomando su mano y llevándola a la nariz para apreciar su perfume de cerca. – Y ¿Puedo saber quien lo busca?.

– Mmm... otro niño malo. – Le miró de arriba a abajo, pasando la mano abierta por su pecho y abdominales. Incluso con el pijama estaba para comérselo con patatas y chuparse los dedos después. – Soy Momoi, preciosura, una vieja amiga de Taiga... ¿Y tu eres?.

– Daiki... su compañero de piso. – Le besó los nudillos y sonrió divertido. – Siento decirte que Taiga ha salido, a sacar al perro.

– Vaya... parece que me he quedado sin nada que hacer para esta noche, que pena. – Le miró, coqueta. – ¿Te apetece acompañarme, guapo?.

– Si solo es a cenar, por supuesto. – Señaló al sofá, invitándola a entrar. – Si quieres algo mas, me temo que no voy a poder satisfacerte... y es una pena, eres realmente preciosa.

– ¿Y eso por qué, encanto?... eres muy joven para tener problemas físicos. – Tomó asiento, el el borde, cruzando las piernas lentamente.

– No tengo ningún problema, es que no me "interesan" las mujeres mas allá de su compañía pública. Y es una pena, eres preciosa, pero no creo poder darte lo que te gusta.

– Cariño, eres un hombre, y como todos tu instinto primitivo te empuja a tapar cualquier agujero... Podría hacerte cosas que te harían cambiar de opinión. – Sonrió, divertida por la cara de Aomine. – Por un precio … digamos... razonable.

– Si ese fuera el caso, que no creo... tendría que detenerte, aunque no esté de servicio. – Señaló su placa policial sobre el mueble, junto al arma reglamentaria. – Pero solo somos un par de personas sin nada que hacer un viernes por la tarde, salvo cenar, ver una buena peli, o quizá, tomarnos unas copas y bailar un rato,¿No, Momoi?.

– Vaya... un policía y un bombero viviendo juntos... eso da para escribir un libro. – Esperó que se girase un poco en el asiento para acercarse hasta ponerse a su lado, como si hubiera alguien mas en la habitación y no quisiera que escuchase lo que tenía que decirle. – Entonces, mi pequeño y dulce semental y tu estáis...?.

– Solo somos amigos, nada mas. – Le picó con el dedo de punta en la frente, y aprovechó para deslizar uno de los mechones sobre la oreja. – ¿Demasiado elegante para cenar una pizza con un poli, preciosa?. – Agitó el teléfono frente a ella, con una sonrisa.

– Nunca se está demasiado elegante para una pizza, ni para un sexy agente de la ley. – Momoi se soltó a reír, divertida.

– Pues pide la que quieras, voy a ponerme un poco de ropa elegante, a juego con mi invitada.

La chica le siguió con la mirada hasta la habitación, y se recreó la vista con lo que pudo ver desde su sitio; y pudo ver mucho, muchísimo.

Al parecer Daiki no tenía problema alguno con el nudismo, ni mucho menos con ser visto, y con ese cuerpo que se gastaba era comprensible.

Pidió un par de familiares, hawaianas, adoraba la piña, y por supuesto helado, de fresa. Mientras esperaba a que su anfitrión trajera unos vasos de la cocina, se fijó en los informes policiales sobre la mesa frente a ella.

Daiki la miró, con cierto tono de regaño en sus ojos, dejó los vasos y las servilletas que traía y tomó los informes con las manos torpemente, demasiado torpemente para él.

– ¿Intentas meter en la cárcel a Tetsu kun?. – Decir que le salió un tono de burla sería lo acertado. – Eso no está nada bien, creí que eras un poli bueno.

– ¿Lo conoces?, ¿Conoces a Tetsuya?. – Aún con las carpetas en sus manos, las dejó, sobre el mueble para sentarse a su lado.

– Por supuesto, es el profesor de mi hijo. – Mucho mas seria y fría de lo que mostraba al inicio, la mirada con la que le taladraba era de advertencia. – Es un buen chico, y mi niño lo adora.

– ¿Tienes un hijo?. – Momoi asintió, relajándose. – No es lo que crees, solo repaso un viejo caso ya cerrado...

Gracias al cielo, el timbre anunciando su cena disipó la conversación al momento, pero no la terminó...

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Miró alrededor, a un lado, a otro, girando sobre si mismo hasta que Nigou volvía con la pelota.

Kuroko lanzaba de nuevo, no muy lejos, pero lo bastante como para mirar alrededor otra vez sin parecer un loco demente.

Se retrasaba, mucho. Los cinco minutos de cortesía acababan de pasar por su reloj, y sus nervios no hacían mas que crisparle por todas partes.

Nigou se sentó a su lado, posando el morro en sus pies, mirando alrededor en su misma dirección, mordisqueando la pelota con ganas.

Caminó hasta uno de los bancos vacíos y se sentó, frotando sus manos una contra la otra. Miró el móvil, y de nuevo a la gente en el parque, a su alrededor, haciendo su vida.

Una pareja caminaba de la mano, a unos metros, le arrancó una sonrisa inconsciente. Su mano se hundió en el suave pelo del perro, que entretenido en su pelota, seguía pendiente de él y de su alrededor.

Unos niños se peleaban cerca, la madre de uno de ellos trataba de separarles con esas amenazas que solo hace una madre, lo que le hizo sonreír de nuevo.

Ya no sabía si eran los nervios lo que le hacía reír o el entorno. Suspiró profundamente soltando el aire de golpe por la boca.

Se puso de pie como lanzado por un resorte cuando vio su cabello rojo y negro a lo lejos. Tan alto y arreglado, Kuroko se sintió de lo mas bajo. Su ropa era corriente y sosa, y no había tenido tiempo de peinarse siquiera. Akashi le tenía preocupado, y por mucho que llevaba esperando la cita, estaba mas pendiente de su amigo que de ponerse decente.

Levantó la mano para que le viera, aunque se dio cuenta de que era totalmente inútil, por que Kagami trotaba a su encuentro sonriente.

– Siento llegar tarde, perdona. – Se inclinó para besarle en la mejilla, pero pareció cambiar de idea al momento y le tendió la mano. Sin dejarle ni tocarla, le besó en la frente pillando desprevenido a Kuroko que aún no podía creerse que estuviera ahí, y sobre todo, que estuviera tan guapo como estaba.

– No importa. – Se llevó la mano a la frente, donde aún permanecía el cálido y torpe beso que le había dado. – Acabamos de llegar.

Nigou se subió a sus vaqueros quedando a dos manos, moviendo el rabo todo lo rápido que podía para demostrarle que estaba contento.

– Pero que enorme eres. – Le acarició con las dos manos, por todas partes, contento. El perro también estaba de lo mas feliz por las atenciones. Teniendo en cuenta que pasaba la mitad del día con Akashi, que mas que un ser humano parecía un alma en pena, agradecía y mucho, que jugaran con él. – Que chico mas guapo... ¿Cómo se llama?.

Kuroko tardó en responder, por su sonrisa. Una tenue capa sonrosada le cubría las mejillas y sus ojos, brillaban mucho mas que antes, felices. Algo le golpeó, dentro, muy dentro de él.

– Nigou. – Se llevó la mano al corazón, tratando de ese modo que el pulso que martilleaba sus costillas parase un poco, hasta el ritmo normal, al menos antes de que se diera cuenta de todo.

– Que nombre tan apro … ugh. – Demasiado contento, el perro le tiró al suelo de culo, lamiendo su cara y cuello con ganas.

– ¡Oh, Nigou, No! Perro malo, siéntate. – Tetsuya agarró el collar del perro, tratando de quitarle de encima de Kagami, pero no lo consiguió, al contrario, acabó cayendo sobre el bombero con el perro entre ellos. – Lo siento, espera.

Kagami estalló en carcajadas, divertido. Se sentó en el suelo, y les levantó a los dos sin esfuerzo alguno. Tetsu empezó a sacudirle el polvo de los vaqueros y las manchitas con forma de huellas en su camisa nueva.

– Lo siento, de verdad. Lavaré tu ropa, yo... – Apurado por la situación, parecía mas afectado por las manchas que por el ataque cariñoso de Nigou.

– No puedo dejar que hagas eso, y no te preocupes, es normal, es un chico estupéndo y juguetón. ¡Me encanta!.. – Ante la cara del dueño añadió. – Me refería al perro, en lo de estupendo y juguetón... solo quiere jugar y tiene mucha fuerza para ti... habrá que buscar un modo de que libere toda esa energía... ¡Ya sé!.

Sin saber que decir, le siguió. Kagami había empezado a caminar sin decirle donde iban, y Nigou iba a su lado, moviendo el rabo feliz. A los pocos metros le tomó de la mano.

Sorprendido al principio, simplemente dejó la mano muerta, sintiendo el apretón pero sin corresponderlo. Solo cuando le miró, y vio la sonrisa llegar a sus ojos, cerró sus dedos en torno a la mano y se dejó llevar, sin mas.

La tarde era apacible, tranquila. Mientras caminaba, Kuroko tuvo la sensación de que el mundo comenzaba a colorearse ante sus ojos. El cielo tenía un tono mas intenso del que recordaba, y los árboles, mas verdes y llenos que nunca. Todo a su alrededor parecía mas brillante, mas bonito y mágico que nunca.

– Hemos llegado. – No se había dado cuenta del camino que habían tomado, ni de la conversación, si es que la habían tenido, de lo concentrado que había estado en su alrededor todo el trayecto.

Le vio hablar con un vigilante, que abrió la puerta para que entraran.

Dentro de la gran estancia, parpadeó con la luz hasta que se quedó fija. Había un montón de apararatos para entrenamiento y juego caninos. Tubos, cuestas, colchonetas, juguetes, camas, de todo.

– Aquí es donde se entrenan los chicos de la unidad canina. – Volvió a sonreír, presentando con la mano la estancia. – Ya sabes, los perros para búsqueda y apoyo. Suéltale, que dé una vuelta por su cuenta.

Kuroko se sentó, en un banco que había a un lado de la pared, y apretó la correa doblada contra sus muslos. Kagami se quedó de pie, a su lado, mirando a Nigou olisquear todo lo que encontraba a su alrededor.

En un momento, comenzó a correr, con todas sus ganas, dejando la lengua asomar por un lado. Subiendo a lo mas alto, para ladrar, contento y bajar de nuevo hasta una pelota de goma grande que movió con el morro por el suelo durante un rato.

Una hora después, Nigou estaba completamente agotado. Kagami acercó un bebedero con agua fresca y un poco de pienso que el animal devoró y bebió sin ganas.

Durante todo el juego habían estado en silencio, solo mirandole divertirse, extrañamente cómodos con la silenciosa compañía.

El estómago de Kagami rugió, alto y claro, rompiendo el silencio al tiempo que los sonidos del perro bebiendo llenaban el silencio.

– Vamos a comer algo, ¿Qué te apetece?. – Le miró, obteniendo una respuesta inmediata por parte del profesor.

– Algo ligero, pero tendrá que ser en la calle... no nos dejaran entrar en ningún sitio con él. – Señaló al perro.

– Conozco un puesto de perritos por aquí cerca. Vamos.

Asintió, y se puso en pie, dispuesto a poner la correa a Nigou, pero el perro estaba de lo mas feliz tumbado junto a los comederos vacíos. Kagami lo cargó en brazos sin esfuerzo, dejándole con la boca abierta y de nuevo sin palabras.

De regreso, su mente estaba hecha un lío. Empezaba a gustarle su compañía, pero al mismo tiempo sentía que no estaba del todo preparado para una amistad un poco mas estrecha.

La merienda-cena pasó demasiado rápido para ambos, sentados en el parque con el perro dormido hecho una bolita perfecta sobre sí mismo, y al terminar Kagami decidió acompañarle a casa.

El hecho de que Nigou se negara a dar un paso le instó a cargarle de nuevo, dejando una sonrisa perpetua en el rostro de su dueño ante la escena.

En la puerta de su apartamento dudó un segundo. Recordó que Akashi seguía con él, y se auto flageló mentalmente por no acordarse de su amigo en toda la cita. Dudaba si dejarle entrar o por el contrario dar por terminada la cita ahí, en la entrada.

– Me lo he pasado muy bien contigo, Tetsuya. – Otra sonrisa preciosa.

Kuroko pensó que esa sonrisa tenía que ser delito, por que le hacía pensar en cosas que hacía tiempo no tomaba en cuenta.

– Yo también, Nigou se lo ha pasado muy bien y los perritos estaban deliciosos. Siento lo de tu ropa nueva. – Desvió la mirada avergonzada por ese hecho tan impropio del animal.

– Me gusta, esta cosa que tenemos... lo de los favores, ahora creo que estamos en paz, a no ser que quieras de verdad lavar mi ropa de nuevo, lo que me haría deberte otro favor...

– Me encantará lavar tu ropa, no es molestía, y saber que luego volveré a verte es un punto extra. – Sorprendido por su propia declaración se llevó la mano a la boca, lo que propició una nueva ronda de carcajadas por parte de Kagami.

A Nigou no le gustó mucho ser despertado de ese modo, por que se revolvió en el sitio, aunque no hizo ademán de querer bajar de sus brazos.

– Bien, supongo que no querrás mi ropa ahora mismo, ¿No?. – Kuroko negó enérgicamente sonrojado. – Como ya sé donde vives, la traeré mañana. ¿Dónde quieres que te deje al muchacho?.

– Aquí mismo, no creo que le pase nada por andar un par de pasos. – Con las llaves en la mano, la despedida se hizo mas inminente y se puso nervioso, sin saber por qué realmente.

– Bien, pues entonces hasta mañana. – Kagami se inclinó, inconsciente, para besarle, aunque esta vez la frente no era su objetivo.

Kuroko se alzó sobre los talones, para compensar la diferencia de estatura, y alzó la mano derecha para posarla en su mejilla, en un acto reflejo.

El destello dorado de la alianza en su dedo le hizo irse hacia atrás a un centímetro de hacer contacto.

Kagami leyó su indecisión y se enderezó, con una sonrisa comprensiva.

– Lo siento, no... – Se disculpó, afectado. No supo por qué se había ido hacia atrás en el último momento.

– No lo sientas, no pasa nada. – Sin previo aviso le besó en la frente, sobre el flequillo. – Hasta mañana.

No respondió, ni se movió hasta que el bombero desapareció al final de la calle.

Llevó sus dedos a la frente y los dejó ahí, hasta que el morro de Nigou le empujó ligeramente en el muslo, para "despertarle" de la ensoñación en la que el solito se había metido.

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Bien, Esa citaaaaaaaaaaaaKyaaaaaaaaaaaaaaaa

jajajaja

Adoro a Momoi, es tan monaaaaa ( Al menos en este fic, se entiende)

Gracias por pasar a leer y comentar.

Os lovio mis reinitas y principitos.

Besitos y mordiskitos

Shiga san