Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo Doce: Té de melocotón.
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Aomine le siguió con la mirada sin moverse del sofá.
Sus informes, cada vez mas numerosos, reposaban sobre la superficie lisa de la mesa en un caótico montón de papeles, de un modo que solo él entendía.
Había ordenado cada grupo por meses, y eran muy, pero que muy extensos. Las denuncias se amontonaban... de varias comisarías, distintos agentes, departamentos.
Los papeles de Akashi eran una carpeta de mas de tres mil hojas, sin contar anotaciones, su propia investigación; muy detallado.
El abogado era la persona mas meticulosa que había conocido en su vida. No pensó eso la primera vez que lo vio, y le llamó la atención, por esa expresión tan seria en una carita tan dulce y aniñada.
Aunque ahora su semblante estaba rodeado de una terrible tristeza que casi se podía ver.
Le contó mientras buscaban entre los muebles y enseres de lo que había sido su despacho, exitoso y de buena reputación, todo lo que había vivido en los años que no se habían visto.
Aomine le escuchó, en silencio. Casi parecía que era justo eso lo que necesitaba, vomitar todo lo que tenía en el cuerpo, en la mente y el corazón hasta quedar vacío de todo.
No se arrepentía de la decisión que tomó en el caso de Kuroko. Él quería ayudar a su amigo, de corazón. Supuso que si conseguía encontrar algo para desvincularle de su marido le dejarían en paz; rebuscar en pos de una argucia con la que anular su matrimonio le llevó a pasar noches sin dormir, pero al final logró dar con algo consistente y que se mantendría en un tribunal.
Su contrato pre matrimonial tenía una clausula de anulación muy curiosa. Era tan sencillo, y estaba ahí desde el inicio, y aunque le pareció muy rastrero, lo usaría.
Kuroko sería infiel, con él, con el vecino, con quien hiciera falta si eso servía para anularlo todo, aunque fuera mentira, y Akashi supiera que amaba a su esposo con todo su corazón.
Lo que jamás esperó es que la familia se hiciera con todo mientras Kuroko estaba en el hospital, después del trance de perder a su bebé. El dinero había acelerado los procesos, y algo que normalmente llevaba meses, incluso años, se había resuelto en apenas unos días.
Cuando le llegó la resolución al despacho ya era demasiado tarde. La casa de Kuroko y su esposo había sido vendida, y sus bienes donados. Las cuentas bancarias vaciadas, incluso su seguro médico había sido anulado.
Cuando Akashi fue informado, Tetsuya había sido echado del hospital, y desparecido sin mas. Le buscó, por supuesto, haciendo uso de todos sus contactos sin resultado.
Se sintió culpable de su desaparición. Se volvió loco, pensando en donde podía estar, con quien. Llamó a todo el mundo que se le ocurrió y nada.
Se ocupó del funeral, de toda la documentación, incluso logró contactar con Kise, y saber de primera mano lo que había pasado en el hospital.
Y eso le derrumbó completamente.
No tenía que haber hecho eso, ni siquiera por tratar de ayudar a su amigo.
No podía pensar en nada, que no fuera Kuroko. Lo imaginaba muerto en cualquier callejón. En sus sueños se aparecía ensangrentado, con la bata del hospital, y un bebé en los brazos que no se movía.
Hora tras hora, Akashi se fue sumiendo en una oscuridad desesperada que le quitaba la poca razón que le quedaba...y apareció él.
Murasakibara le ofreció una galleta.
Ese fue su primer encuentro. Akashi estaba sin afeitar, oliendo a sudor, con la ropa de una semana arrugada y desmejorada. Días buscando en todos los hospitales, centros de salud, cualquier consulta en la que dieran cuidado médicos, aunque fueran clandestinos.
En el estado en el que se encontraba no podía haber ido muy lejos, pero cada día que pasaba, los malos presagios le hacían pensar en un final de lo mas trágico para su amigo.
Desesperado y sin saber a donde ir, se derrumbó en el parque junto a su apartamento. Masajeaba su sien, haciendo demasiada fuerza para ser un simple masaje. Esa mañana había tratado de ponerse en contacto con Daiki, sin resultado. Le habían trasladado a otra comisaría, en otra ciudad; lejos.
Una galleta le dio en la cabeza. Un chico estaba inclinado sobre él, picando en lo mas alto de su coronilla con una galleta redonda.
– Mmm... tienes cara de hambre, cómprame una. – Agitó la caja con mas galletas, acuclillándose a su lado, acercando su cara demasiado. – Que ojos mas bonitos...¿Sabes que son de diferente color?... Si, claro, seguro que lo sabes... necesito el dinero, por favor, para un curso de repostería, siiii. –Alargó la última palabra hasta quedarse sin aire.
Le miró, sin verle realmente. No le había escuchado, de hecho ni le prestaba atención, lo único que veía era una sonrisa, unos dedos largos y una galleta...
Aomine escuchó con atención cada palabra. Lo cierto es que no le había podido olvidar en esos dos años que habían estado fuera. Él también se había enamorado de esos ojos desiguales, tan bonitos.
Supo, sin quererlo, de su relación, mucho antes de que Akashi la mencionara mientras revolvían el guarda mueble en busca de informes. Y aunque lamentó no ser él quien ocupara su corazón, se alegró al saber que Akashi había conocido alguien con quien ser feliz.
Se concentró en su formación como policía, deseaba dejar atrás la época de novato cuanto antes mejor, era de vital importancia. Cuando le ofrecieran destino regresaría a la ciudad, y si comprobaba que realmente era feliz, seguiría con su vida tranquilamente.
Pero no era así. El Akashi que había encontrado a su vuelta, era mas adulto, mas serio y amargado. Dolido, triste y hundido.
Suspiró al mirar a Kagami pasar de nuevo, con dos corbatas en la mano, y la camisa abierta.
– ¿Demasiado formal para una primera cita?. – Sopesó las dos tiras de tela, la camisa azul solo abotonada, y mal, por un botón. El pantalón gris, un solo calcetín en su pie.
Aomine sonríe, no puede evitarlo. Kagami es tan adorable … parece un adolescente enamorado ante su primer baile, y eso que aún no es consciente de que realmente, se ha enamorado de ese profesor.
La verdad, es que si había alguien que mereciera ser amado, era su amigo... y Kuroko, por dios, ese muchacho había sufrido tanto...
– Depende de donde quieras ir a la primera cita, ¿Cual es el plan?. – Taiga no le escucha, y si lo hace, no se ha dado cuenta de lo que le está diciendo.
Corre de un lado a otro, se va, a su cuarto, cambia la ropa, vuelve al salón, frente a su amigo.
Unos vaqueros, azul claro, ahora si, dos calcetines uno en cada pie, las deportivas y una camiseta de algodón y manga corta en negro.
El negro es un color que le va bien, resalta sus ojos, y su pelo, tan rojo y brillante.
– ¿Mejor?. – Gira sobre un pie, y le mira, expectante, como esperando su veredicto. – Bueno da igual, no tengo tiempo para cambiarme otra vez... desodorante, necesito oler bien. – Corre de nuevo, al baño, y regresa.
El dulce aroma del perfume le envuelve, y por unos segundos llena el aire del cuarto, desvaneciéndose lentamente.
– La cartera, las llaves, el móvil, condones. – Aomine enumera las cosas que podría necesitar y Taiga va asintiendo con la cabeza, al tiempo que levanta los dedos como marca para cada cosa.
– No necesito condones, no vamos a fo... Oye una cosa. – Se sienta a su lado, el móvil y las llaves en su mano. – ¿Cómo se supone que follan los tíos?... Me intriga.
– Vas a llegar tarde, son casi las cinco. – Señala el reloj, con el dedo de punta. Le gustaría responder a esa pregunta con todos los detalles posibles, pero lo resume todo en una sola frase. – Los tíos no follamos, nos damos placer mutuo.
– Vamos, que os la meneáis un rato, vale, eso es fácil. – Guarda las cosas por los bolsillos y se inclina en un ángulo de noventa grados para plantarle un sonoro beso en la frente al policía. – ¿Algo mas que deba saber antes de irme?.
– Si, que hagas lo que hagas, no hieras sus sentimientos. – Lo dice tan dulcemente que Taiga sabe que no va dirigido a él.
– ¿Y eso que coño significa?. – Molesto, y ya en la puerta, marca el número de Kuroko para decirle que ya está saliendo.
– Que dejes que se corra primero. – Cerró el puño y lo apuntó a su boca, meciendo la lengua contra la mejilla, simulando una felación.
Escuchó un "Vete a tomar por culo" antes del portazo de cierre, y luego, sus carcajadas lo llenaron todo.
Estaba seguro de que en ese preciso instante, su cara estaba tan roja como su pelo.
Casi seguro.
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– Demasiado casual. – Murmura Akashi al quinto cambio de ropa del profesor. – La camisa de antes, la azul, con los vaqueros... los negros del principio.
Kuroko asiente, miedo en su mirada.
No tiene ropa para cambiarse, a si que la que se está probando, obligado por el pelirrojo, es la de Akashi.
Casi tienen la misma talla, quizá el abogado está un poquito mas relleno que él, pero nada que un cinturón no pueda arreglar.
La cuestión es que toda la ropa de Akashi está sobre la cama de Kuroko, y el sensei, en calzoncillos, se prueba prenda tras prenda, sin negarse.
No se ve guapo con ninguna. No se ve guapo y punto.
De hecho la última vez que se sintió hermoso, su marido besaba al bebé tras la piel tirante de su abultado vientre, mientras le susurraba que era la criatura mas hermosa del planeta.
– No sé donde vamos a ir, a lo mejor unos vaqueros resultan incómodos, o inapropiados. – Aunque se está quejando, sus piernas entran en cada pernera con movimientos rápidos.
– Unos vaqueros nunca son inapropiados. – Hizo un gesto con el dedo en alto para que girase, y verle mejor. – ¿Qué te parece, Nigou?.
Un ladrido como respuesta y una sonrisa mutua.
El teléfono sonó, dando el pase de modelos por terminado. Ninguno de los dos había notado que ya eran casi las cinco, y Kuroko, tenía una cita.
Una cita a solas con Kagami.
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– La respuesta sigue siendo la misma; no. – Hyuga sentenció, mas que dijo. – No quiero casarme, y ya sabes por qué.
– Entonces no me dejas mas alternativa. – Puso una hoja doblada en su mesa. – Quiero el traslado, a otro distrito.
– No te atrevas a chantajearme. – Sus dientes apretados, tensando su mandíbula. – ¿De verdad crees que cederé a tus caprichos si me amenazas con largarte?.
– Si crees que soy ese tipo de persona, es que no me conoces tanto como yo pensaba. – Se levantó de la silla y dirigió a la puerta para salir del despacho. – No quiero seguir haciéndole esto a Kise, y ya no puedo golpearme mas contra el muro que has levantado. Tu no quieres nada conmigo, y lo respeto, asumo la culpa de que todo esto se haya alargado de mas, pero … me duele, y mira lo que te está haciendo a ti. Siempre estás enfadado, de mal humor, y triste... Te quiero, y ya no puedo verte mas así. Por favor, firma mi traslado, o yo mismo lo solicitaré en la central si no quieres hacerlo, pero si sigo viéndote cada día, no avanzaremos ninguno de los dos.
– Kiyoshi... – Usó su nombre, en tono desconcertado.
– No, lo que hacemos está mal... lo que hago está mal, al fin y al cabo, tu eres libre, puedes acostarte con quien quieras, pero yo no, y no debería echarme a tus brazos cada vez que mi pareja sale por la puerta. No quiero seguir haciéndonos esto, ni a ti, ni a mi, ni a él. Es la única solución y lo sabes. Firma mi traslado, o por lo menos, piénsalo.
Salió, sin dejarle decir nada. Por que si lo hacía, acabaría sucumbiendo de nuevo a lo que sentía por él, y no era justo para nadie.
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Sentado hacia atrás, Takao se sobó el estómago. Estaba mas que lleno, llenísimo.
– Los flanes de piña estaban deliciosos, dale las gracias a la cocinera. – Pasó la mano abierta por el vientre, gimiendo de pura delicia. – No puedo meter ni un té.
– Le diré a Yama que su cena ha sido un éxito. – Tomó los platos sucios para llevarlos a la cocina, dejando a Takao solo durante los minutos que usó para ordenar la vajilla sucia dentro del lavavajillas y encenderlo para que limpiara todo. Preparó un té para los dos, a pesar de que el moreno ya le había dicho que no podía comer ni beber nada mas.
Dejó la bandeja y le ofreció una de las humeantes bebidas.
– No creo que pueda darle ni un sorbo. – Tomó la taza entre los dedos, por cortesía y la llevó a los labios.
– Pruébalo, solo te pido eso. Dame el gusto. – Levantó la taza con el dedo y sonrió de vuelta, al ver su expresión.
– Mmm... melocotones. – Sopló despacio y bebió de nuevo. – Está... vaya...
– Es digestivo. – Su tono de médico hizo seria su cara, aunque el ligero sonrojo le delataba.
– Sabía yo que tenía trampa... ¿No puedes dejar de ser medico ni un momento?. – Le miró, dándole la taza ya vacía, sentándose de nuevo hacia atrás, semi tumbado.
– Soy médico a tiempo completo, y no quiero que la cena te siente mal, o me sentiría culpable, al fin y al cabo he sido yo quien te ha invitado a venir. – Dejó su propia taza en la mesa y se sentó a su lado, pegando la espalda en la parte trasera del mueble.
– No creo que puede comer nada mas en … bueno, teniendo en cuenta mi estado, le doy un par de horas y volveré a tener hambre. – Una suave risa salió por sus labios, contagiando al doctor.
– Ha sobrado de la cena, Yama cocinó demasiado. – Se sobó el estómago, también lleno. – Puedes repetir dentro de un par de horas.
– Mmm... suena ...auch... espera, espera... . – Como empujado por un resorte se fué hacia delante, hasta el borde del sofá. – Vamos, amiguito... no hace falta que des saltos. Todo el flan para ti, pero para... shhhh, shhh...
Midorima se enterneció al verle hablando con su barriga como si el bebé del interior pudiera comprenderlo.
– Deja un momento. – Le empujó hacia atrás haciendo fuerza, hasta colocarle como estaba.
Sus manos se metieron hábiles, bajo la camiseta, masajeando con cariño por los costados, buscando al pequeño hasta que dio con él.
Takao le miraba, con los ojos entreabiertos, su semblante concentrado en lo que hacía, sosegarle y colocar al niño en su pequeño y apretado espacio para que no molestara a su mamá.
– ¿Mejor?. – Sus dedos se hundían, en una línea curva bajo el ombligo y vuelta al costado.
– Si, mucho mejor. – Alargó la mano hasta hundirla en el cabello de su nuca, en una caricia. – Podría acostumbrarme a estas atenciones, doctor. – Se acercó, lo bastante como para que sus alientos casi se rozaran. – Y podría pensar que tratas de seducirme.
– Podrías pensar eso, si. – Sus manos, aún sobre la piel, se movieron rodeando toda la curvatura en un círculo infinito. – Ya he cubierto una de las tres necesidades básicas. El alimento...
– ¿Y las otras dos?. – Susurró, posando sus manos sobre las del médico. Le había tocado un montón de veces, pero nunca como en ese momento, tan... incitante.
– El sueño... – Sacó las manos, para llevarlas al costado y girarse; quería mas cerca, mucho mas.
– Falta una. – Giró el cuello, llevando la mirada del doctor a su cuello, a las puntas irregulares de la tinta que asomaban por el borde de la camiseta.
– El sexo. – Tiró hacia abajo, adivinando las puntas de plumas de la parte del tatuaje que podía ver.
Aunque en su intento por ver mas del dibujo, acabó con los labios pegados a su cuello; escuchó un gemido, desde dentro, y los dedos de Takao subiendo por su nuca, y bajando, por el fino cuello hasta la mitad de la espalda.
– Tengo entendido que no es bueno hacer ejercicio después de comer... y menos después de comer tanto y tan bien,¿no doctor?.
– Por eso vamos a ir a la cama. – Se levantó de un salto, ofreciéndole la mano, esperó que la tomara y le ayudó a levantarse también. – Para que duermas un rato, descanses y hagas la digestión. Seguro que este pequeñín también se duerme con su mamá...
– Si es tu método para llevarte a la cama a mamás atractivas, es muy bueno. – Siguió la dirección que le marcaba por el amplio pasillo con plantas a los lados.
– Me encantaría decir que me has descubierto, pero no soy muy sociable. – Abrió la puerta dejando a Takao clavado en la entrada del dormitorio. Paredes blancas y luminosas, una enorme cristalera con vistas a la ciudad, suelos de madera y una enorme, muy enorme cama de ébano y cristal en el centro de la misma. – Eres la segunda persona que entra en mi dormitorio desde que compré esta casa... y antes de que preguntes, la primera fue Yama, y es una señora demasiado mayor y demasiado ocupada como para flirtear con ella. – Le miró, alucinando con su cuarto. – Ven, pasa por favor.
Dio pasitos cortos, girando sobre si mismo, disfrutando de la habitación solo mirándola.
Agarrándole por los codos le sentó en el borde de la cama, y arrodillado a sus pies le quitó el calzado, subiendo sus pies y metiéndole bajo las frescas sábanas.
– Podría acostumbrarme a esto, si, hace mucho tiempo que nadie me trata tan bien. – Hundió la cabeza en la almohada de plumas, sonriendo. – Esta cama es una pasada. – Bostezó hasta el límite de su boca, hundiéndose un poco mas, abandonándose al sueño.
– La verdad es que, complacerte es muy sencillo. – Le acarició el pelo, sonriendo. – Y yo también podría acostumbrarme a esto. – Besó su frente, en una caricia. – Que descanses.
Salió sin hacer ruido, aunque después de pasar minutos, muchos minutos mirándole dormir.
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Aunque el avión ya estaba detenido y el pasaje empezaba a abandonar sus lugares, Kasamatsu seguía aferrado a los mandos como si su vida dependiera de ello.
– Señores pasajeros, les habla su comandante. Espero que hayan disfrutado del viaje y les traslado que ha sido un verdadero placer traerles hasta aquí. Por favor, no olviden nada y disfruten de su estancia en el país. Muy buenos días.
Kise soltó el micrófono y lo enganchó sobre él, girándose para mirar al moreno.
– Ya puedes soltar, los motores están apagados. – Le pellizcó en la oreja, pero el moreno seguía aterido sin moverse. – Me obligarás a tomar medidas drásticas, y no va a gustarte.
– Ya hemos parado. – Aunque la intención era preguntarlo, le salió como una exhalación aliviada. – Hemos parado, el avión está quieto.
Vale, no sonaba muy profesional, pero era totalmente comprensible. Para ser su primer vuelo, lo había hecho perfecto.
– Ahora viene cuando sueltas los mandos, nos despedimos del personal de vuelo, les damos las gracias y mil besitos, nos vamos a la sala de descanso, tomamos un par de filetes jugosos, llamamos a nuestras familias y redactamos el informe de vuelo para entregarlo.
Yukio asintió a todas sus frases, anotándolas mentalmente para no olvidar ninguna.
Kise era una persona impresionante a sus ojos.
Ya en la sala de descanso, mientras esperaban su comida, le miró dejar su maleta a un lado y su chaqueta sobre ella.
Se apartó un poco para hablar por teléfono y no quiso importunarle, aunque si le observó gran parte de la conversación.
– Si, ya he llegado. – Escucha, sonríe. – Un poco cansado, tengo otro vuelo en dos horas. – Se atusa el pelo, sobre la oreja, una y dos veces. – No dejes que el bombero se meta en tus calzones, ¿Me estás oyendo?, por muy irresistible que te parezca, tu resiste Kuroko... – Una suave risa le hizo sonreír a él también. – Vamos vamos, sabes que estoy de broma, me alegro que salgas, ¿Qué tal Nigou, se porta bien?. – Yukio supuso que sería una mascota, ya que ese nombre era muy raro para un hijo. – Eso es genial, Tetsu... No, Akashi no me ha dicho nada de mudarse... ¿Quieres que se vaya?... Ya entiendo, pero tampoco puedes hacerte cargo de él para siempre, es un adulto, y tiene que seguir adelante... y tu también, tienes que darte una o dos alegrías con ese cuerpazo... Vale, si, está bien, luego me lo cuentas, quiero todos los detalles... diviértete mucho, ¿Si?. Un beso amorcito.
Le vio colgar e inmediatamente llamar a otro número.
– Hola vida, ¿Me has echado de menos?. – Se mordió el labio, pícaro. – Sabes que si, eso siempre...
Por la expresión de su cara supuso que era su pareja, y que esa conversación era privada, aunque su rostro en ese momento era precioso, tanto que tomó una foto a hurtadillas con el móvil, para poder conservarla el mayor tiempo posible.
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Jelow minna …
Gracias por pasaros y comentar, me alegro mucho que os guste el fic, de verdad.
Nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
