Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
0000000000000000000
Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
00000000000000000000000000000
Silent Scream.
Capítulo Trece: Pareja con sorpresa.
0000000000000000000000000000
Siempre llueve en los momentos tristes, decisivos.
O quizá es al revés, el drama atrae a la lluvia, no se sabe con certeza, pero es así.
Las despedidas mas tristes, las decisiones mas dolorosas, llegan en un aguacero.
Junpei caminaba bajo el aguacero, despacio, sin prisa.
Como si no tuviera a donde ir, ni con quien. Sin una meta, perdido.
Por primera vez en su época de adulto se enfrentaba a un dilema real, uno que podía tocar con las manos, guardarlo en un bolsillo y sacarlo a la luz cuando deseara regodearse en su propia mierda.
Teppei le había dado un ultimátum. Había trazado una línea para que la cruzara solo si quería, y le esperaba tras ella, con la mano adelantada en su dirección.
Esperando, siempre esperando por él.
Teppei no tomaba decisiones, era de esas personas a las que todo le viene bien. Fue Hyuga quien decidió que salían juntos, que estaban enamorados, que debían acostarse, que Riko y la niña eran importantes para él, que no podían casarse, que Kise era una relación conveniente...
Y ahora, solo ahora, estaba verdaderamente ante un enigma del tamaño de una casa.
Caminó, dando tumbos, usando las paredes en su camino para no caer de bruces contra el pavimento, frío y mojado pavimento.
Entre la neblina de su confusión reconoció el bloque de apartamentos, y a gatas, subió el tramo de escaleras hasta la puerta adecuada.
Llamó, al timbre, como medio centenar de veces, y otras tantas ala madera de la puerta, con las manos abiertas, cerradas en sendos puños, hasta con la frente, hasta resbalar y quedar de rodillas en el suelo, sobre el felpudo.
Abrió la puerta, bostezó todo lo que daba su boca, y alzó las dos cejas sorprendido.
No sabía que le confundía mas, si el hecho de que Hyuuga estuviera en la puerta de su casa a las cuatro de la mañana, completamente borracho, mojado, y con los nudillos y la frente roja.
Las gafas torcidas, mocos líquidos, cayendo sin freno sobre su camisa destartalada, corbata suelta y a un lado... El siempre perfecto y sereno jefe de bomberos había quedado en un estado de despojo beodo lamentable.
– ¿Sabes que hora es?. – Preguntó, agachándose a su lado, para tratar de levantarle, aunque por un momento pensó en arrastrarle directamente por el suelo hasta el interior de su casa.
– ¿Te parece que sé que maldita hora es?. – Su voz etílica salió a intervalos, despacio.
– No quieras saber lo que me parece ahora mismo... en serio. – Pasó uno de sus brazos por debajo y le levantó, por la fuerza. – Entra dentro, necesitas secarte, serenarte y …
– Tu ganas... tu... – Cabeceó hacia delante, y Teppei tuvo que sostenerlo con las dos manos para evitar que se cayera de morros. – Me casaré contigo, o con quien sea, pero no me dejes... si me dejas es malo... siiiii, muy malo.
No le contestó, de hecho ni le tomaba en cuenta.
Le metió directamente en la bañera, con ropa y todo. Rebuscó por sus bolsillos todo lo que pudiera mojarse y lo fue dejando en el lavabo, hasta asegurarse de que solo le quedaba la ropa puesta, y nada mas.
Dejó sus gafas, y se volvió a quitarle el reloj, para unirlo al resto de las cosas dentro del lavabo.
– Si me lo dices mañana, con la cabeza despejada, y mirándome a los ojos, te tomaré en serio. – Sus grandes manos sostenían su cabeza erguida para mirarle directamente, pero era imposible, estaba tan borracho que no podía mantener la mirada en un mismo punto mas de dos segundos seguidos.
– ¿Papá?. – La niña, en pijama y descalza, se restregó los ojos desde el pasillo, mirando a través de la puerta. – ¿Hyu kun está bien?, ¿Por qué lo estás bañando vestido?. – Bostezó y pestañeó con ganas, enfocando la escena frente a ella.
– Hyu kun está muy … – Miró a la niña, y con solo un gesto de su boca la pequeña entendió. – ¿Puedes traer café, con sal? Me temo que si le suelto se quedará dormido aquí, y tengo que secarle primero.
– Claro papá. – Salió, dejándoles a solas.
– ¿no me vas a desnudar?. – Preguntó, con la voz pastosa, lenta.
– Cuando la niña vuelva a la cama. – Alargó la mano hasta el teléfono de la ducha, y lo dejó sobre el suelo de la bañera. Le miró preocupado. – No tenías que llegar a esto... por mi...
– A ti te da igual... que todos lo sepan... – Negó, enérgicamente, ganándose un mareo que obligó al otro a sostenerle de nuevo sentado, dentro de la bañera.
La pequeña entró, dejando toallas, ropa de su padre y el cesto de la ropa sucia cerca de ellos. Salió y dejó una taza de café con sal, como le había pedido su padre en un lado del lavabo, junto al grifo.
– Vuelve a la cama cielo, papá se ocupará de todo a partir de aquí. – Señaló su moflete para que la niña le besara y se fuera, no sin antes darle un beso en lo alto de la cabeza a Hyu kun también.
….
El sonido de una radio le despertó. Apretó los ojos, con ganas, y se giró, bajo las cálidas sábanas con la intención de meter la cabeza bajo la almohada, y así alejar el zumbido, brutal e insistente que se empeñaba en taladrarle el cerebro con saña ponzoñosa.
Palmeó en la mesilla, buscando sus gafas. Iba a levantarse, si... buscar la maldita música y apagarla, y seguir durmiendo hasta que su cuerpo fuera de nuevo músculo y huesos, y no la masa blandita que se sentía en ese momento.
Encontró un despertador, ajeno.
Eso le hizo girarse de nuevo, y sentarse en la cama. Pestañeó, lentamente. Miró hacia abajo, no le sonaba el pijama que vestía... miró alrededor, pero sin las gafas no reconoció nada... aunque estaba mas que seguro de que no era su casa... y ese aroma... tan familiar...
¡Oh, mierda!.
Apartó las sábanas de un tirón, pero no dio ni un solo paso fuera del lecho, la resaca le sacudió, brutal, dejándole en el borde, agarrando su cabeza con las dos manos.
Entre sus dedos buscó, hasta encontrar las gafas.
Sobre la mesilla, sus cosas, ordenadas. La cartera, el móvil, las llaves... monedas, caramelos de menta.
– ¿Se puede?. – Escuchó una vocecita infantil, y la puerta, abierta de su cierre, ser movida hasta el limite, dando en la pared con un golpe bajito.
La niña entró con una bandeja, un solo vaso con algo naranja y un pequeño bol con uvas.
– ¿Y tu padre?. – Preguntó, bajito, temiendo que si levantaba la voz los ojos salieran de sus cuencas y chocaran contra los cristales de las gafas; aún veía borroso a pesar de tenerlas puestas.
– Mamá y él han ido con el abuelo a médico. Me ha dicho que te tomaras esto, sin replicar. Que si no lo hacías te obligara, antes de irme a clase. Que me asegurara de despertarte y que te dijera que tenéis que hablar sobre lo de ayer. – Dejó la bandeja y alargó el vaso hasta la punta de su nariz. – Bebe.
Hyuga miró el vaso, y los ojos castaños de la niña. Se parecía tanto, tantísimo a su padre...
Engulló el líquido, sin preguntar, dejando que le abrasara la garganta a su paso, calmando la resaca al mismo tiempo que pensaba en lo fuerte y asqueroso que era.
– ¿Vozka?. – Un ataque de tos le hizo doblarse hacia delante, y aunque quiso enfadarse con la niña, sabía que era todo una treta de su diabólico padre y que la pequeña solo seguía órdenes.
– Tengo que irme. – Esperó que la tos mermara antes de besarle, en la mejilla y dedicarle una sonrisa. – Puedes tirar el resto, no me chivaré.
– Voy a matar a tu padre, lo prometo. – Le devolvió el beso. Terminó el insufrible brebaje y dejó el vaso en la bandeja, comiendo en dos bocados una docena de las uvas del bol. – Venga, no llegues tarde por mi culpa.
– Llámale, por favor. – Se despidió, agitando la mano desde la puerta y le dejó a solas.
Tiempo que aprovechó para tratar de recordar, que leches había hecho el día anterior desde que salió del trabajo, hasta que despertó, minutos antes.
Sus recuerdos eran difusos, borrosos, como pequeñas escenas sueltas que no sabía como ubicar correctamente en su lugar.
Miró su móvil, solo para comprobar el día, y la hora. Afortunadamente aún le quedaban un par de horas para comenzar su jornada laboral, y Kiyoshi vivía estúpidamente cerca del trabajo... y Kagami también.
Su sonrisa se ensanchó hasta el límite de lo grotesco. Resolvió, que nada mejor que empezar el día incordiando al pelirrojo, ya desde por la mañana.
Así pagaría su resaca con alguien. Luego le daría un par de tardes libres, por la molestia... pero ahora de verdad, necesitaba desahogarse como fuera.
0000000000000000000000000000
Akashi despertó de su mini siesta con algo húmedo y frío en su cara. Luego era algo cálido y baboso, recorriendo su cara, cuello y vuelta a la cara.
Nigou tenía una pequeña emergencia. Necesitaba salir, y necesitaba hacerlo ya.
Su dueño, al menos uno de ellos, había salido... y él contagiado por el sopor del pelirrojo, también se había dormido, pero ahora su vejiga pedía permiso para vaciarse, de modo súper urgente.
– Está bien, está bien, ya voy. – Bostezó y se restregó los ojos. – Vamos a la calle.
Por norma general, esas cuatro palabras hacían que el perro saltara de alegría por todo el salón, pero en su estado se limitó a tomar su correa entre los dientes y sentarse frente a la puerta de la calle, esperando paciente.
Akashi tomó las llaves y salió a la calle, aún adormilado.
Llegó hasta el parque de enfrente y soltó a Nigou para que hiciera sus cositas. Aliviado descubrió que no había bajado ni uno de los juguetes del perro.
– Lo siento amiguito. – Le acarició entre las orejas, apenado. – Vamos que tener que hacer un horario, o al final acabarás haciéndolo en casa y Tetsuya nos matará a los dos... – Nigou ladeó la cabeza, escuchándole atento. – Busca un palito, o algo para tirar, ¿Si?.
Un ladrido y el perro salió disparado a buscar, como le habían dicho, pero cerca.
Akashi suspiró.
Le gustaba estar ahí, en esa casa sin adornos, ningún estímulo, ni fotos, ni nada que le recordara su fracaso en todos los terrenos.
Pasaba la mañana a solas, limpiaba, poco, tampoco había mucho que limpiar, ni que hacer.
Salía a pasear con Nigou, siempre lo mas alejado posible de la parte comercial, parques y rutas de bicicleta, rodeadas de arboledas eran su objetivo.
Buscaba estar solo, en silencio, o lo mas en silencio que la urbe se lo permitiera.
Acompañado del perro, la mayor parte del tiempo, hasta que volvía Tetsuya del trabajo.
Podía ver el esfuerzo que su amigo hacía cada día por contarle cosas, sacarle sonrisas, o alguna que otra palabra mas allá de los monosílabos con los que respondía a todo.
No es que fuera un desagradecido, es que no quería hablar de ello, no tenía ganas, ni fuerzas, ni un motivo evidente para contarlo en voz alta.
Atsushi le había abandonado, punto. No había mas que contar.
Desde que se había apuntado al último concurso, ni compartían cama... y mucho menos intimidad. Pensando en ello, la última vez que se habían acostado había sido... ¿Hacía cuanto tiempo?... ¿Dos, tres meses?... No lo recordaba bien.
Bostezó de nuevo. Tomó en los dedos una piña que Nigou puso en su mano y la lanzó, para jugar con él.
Y ya llevaba un par de semanas con Tetsuya, y aunque le gustaba, era consciente de que no podía durar eternamente. En algún momento debía retomar su propia vida.
Lanzó otra vez, después de premiar a Nigou con un par de caricias divertidas.
Llegados a ese punto, ¿Quería volver a ver a Atsushi?... En la feria parecía estar de lo mas contento en su puesto, con aquel chico moreno, mas alto, mas joven y mas "pastelero" que él. Con él compartía una afición que a él no le llamaba la atención como para interesarse en saber algo mas.
Si Tetsuya comenzaba a rehacer su vida, y la suya si que había sido terrible, sus problemas no eran mas que tonterías que trataban de su indecisión, o mas bien, de su capacidad para tomar decisiones en firme.
Necesitaba, precisaba de una meta, algo a lo que llegar, trazarse un objetivo e ir a por ello con todo lo que tenía.
Aomine tenía razón al decirle que debía volver a la abogacía. Se le daba bien, muy bien defender a la gente. Era bueno, encontrando cosas que los demás pasaban por alto.
"Nosotros los atrapamos, es vuestro trabajo que acaben donde merecen por sus actos". Esa había sido su frase, y la verdad es que tenía toda la razón.
Solo tenía que renovar su licencia, un pequeño examen, unos trámites y recuperaría su despacho en un par de meses.
Como meta, era muy buena.
Sentado en el banco, miró al perro, rodar la piña entre sus patas, empujándola con el hocico en todas las direcciones que podía, saltando a su alrededor, divirtiéndose con ganas.
Unas manos le taparon los ojos, suavemente. Una voz, profunda le susurró directamente en el oído, haciendo que un escalofrío le recorriera la columna en dos direcciones, hasta los dedos del pie, y la punta de sus cabellos.
– ¿Quién soy?. – Un murmuro bajito salió de sus labios con esa pregunta.
– No estaba haciendo nada malo, señor agente. – Apartó sus manos, despacio y giró la cara, mirándole de lado.
– Eso espero, abogado en huelga. ¿Qué haces aquí?. – Rodeó el banco en el que estaba sentado y se sentó a su lado. Akashi señaló a Nigou, que a lo suyo, seguía persiguiendo a la piña como una presa de lo mas suculenta.
– ¡Ven Nigoooouuu!. – Aomine le gritó, y el perro acudió, a su llamada, de lo mas entusiasmado. – Buen chico, si señor. – Le rascó por el lomo, jugando con él. – ¿Sacando de paseo a Akashi?, ¿Siiii?... Eres un buen perro...
– Que gracioso. – Le dió en el hombro, con una sonrisa sincera que no se había dado cuenta que tenía. Aomine le miraba serio, y eso le hizo poner mas atención al policía.
– Vaya, creí que no podías sonreír. – Le apretó la nariz entre dos dedos, y luego soltó, fingiendo quitarle la punta como si fuera un niño. – Mira, tengo tu nariz...
– ¿Qué te pasa?... Estás demasiado graciosillo hoy. – La verdad es que no le molestaba, al contrario, hacía tiempo que no sentía las atenciones de nadie en su persona.
Era agradable, para variar.
– Nada, solo estoy contento de haberte visto. – Una sonrisa sincera, se disipó al escuchar un aviso en la radio de su hombro. – Tengo que irme... Termino a las diez, ¿Tomamos algo?.
Aunque ya se marchaba, esperó por su respuesta, ya que parecía tener que pensarlo.
– No se si...
– Por favor...
– Está bien, cuando salgas, ven a buscarme.
– Entonces, hasta luego.
Hasta que Nigou no posó su morro en su muslo no fue consciente de que llevaba un rato mirando al lugar por el que se había ido el coche patrulla, totalmente absorto en sus pensamientos.
De repente la realidad le devolvió al sitio. Tenía una cita... una cita... ¡Oh vaya!
– ¿Vamos a casa?. – preguntó al perro, sin esperar contestación, aunque el perro si que le contestó, con un potente ladrido y un movimiento nervioso de su cola. – Venga, a ponernos guapos...
Bostezó, antes de levantarse del banco, y limpiarse un polvo inexistente de los vaqueros.
Últimamente tenía sueño todo el tiempo, y era raro, ya que dormía muy bien por las noches... demasiado bien.
Bueno, las preocupaciones para luego, ahora tenía que prepararse para la noche... y contarle a Tetsuya lo que había pasado.
000000000000000000000000000
Takao despertó escuchando de fondo una de sus viejas canciones. Se estiró todo lo largo que era y posó los pies en el suelo.
El bebé pareció despertarse con él, ya que apenas se puso de pie, empezó con las pataditas en el costado.
En el gran salón, Midorima miraba uno de sus vídeos, totalmente concentrado en la pantalla.
– Mira que te he dicho que esas canciones son basura. – posó la barbilla en lo alto de su cabeza. – ¿Hemos dormido mucho?, ¿Qué hora es?.
– No mucho, unas tres horas. – Miró hacia arriba para encontrarse con sus ojos, tan azules y bonitos. – A mi me gusta, esta canción es bonita.
– Es una mierda. – Contestó, rodeando la silla para sentarse en sus muslos, descarado.
Tecleó otra cosa diferente a lo que le había enseñado, y pinchó el primer enlace.
– Esta es genial, mira.
Los dos permanecieron concentrados en el vídeo hasta que la nueva canción terminó. Esta era diferente, era un directo, en la que se veía al grupo en un estadio lleno de gente totalmente entregada a ellos.
– ¿No lo echas de menos?. – Preguntó, intrigado.
– La verdad, no. – Suspiró, acariciando por donde su pequeño inquilino se movía. – Ahora tengo una vida, antes era imposible salir sin un montón de gente pidiendo cosas... ya sabes, fotos, autógrafos, declaraciones... Me corté el pelo, cambié la ropa y el anonimato llegó en un par de semanas... es curioso, pero la gente se olvida enseguida si no hablan de ti en ningún sitio... lo que para otros sería una putada, para mi es un gustazo. Amo mi vida tal y como es... solo echo de menos el estudio, la música... ya sabes, crear una canción, todo ese proceso... pero tampoco mucho. Tengo mi guitarra, y con eso hago y deshago a mi antojo... sin agentes que opinan si es comercial o no... solo para mi pequeñito y yo... – Sonrió, a su barriga feliz. – El público no es muy entregado, pero la recompensa merece la pena.
– Toca para mi. – La petición le salió tan sincera que hasta él se sorprendió de hacerla. – Canta una de tus canciones, para mi, por favor. – Señaló el piano y esperó. – Tengo un violín también, aunque no una guitarra, pero puedo conseguirte una...
– ¿Porqué?. – Estaba intrigado, en serio. No por la canción, ya que estaba seguro que había visto y oido todo lo que él había tocado y cantado a lo largo de su carrera, si no por la razón por la que estaba siendo tan amable con él. – ¿Porqué te portas tan bien con nosotros?. ¿Qué quieres de verdad?.
Midorima llenó los pulmones hasta su límite, y echó el aire fuera, lentamente por la nariz.
La sinceridad con la que Takao le hacía la pregunta no le sorprendió. Estaba claro que había tenido una vida complicada, y que su interés en él, podía interpretarse como una complicación a la cómoda existencia que había conseguido en ese justo momento.
– Esto, es lo que soy. – Abrió los brazos, señalando todo el salón a su alrededor. – Lo que ves. No hay fotos, por que no tengo familia. Mis amigos son pocos, pero confiables, importantes para mí. Mi vida se reduce a la consulta y a alguna salida ocasional con Tetsuya o con Kise, nada mas. No tengo pareja, no la he tenido nunca, por que no me ha interesado nadie a ese nivel. La respuesta a tu pregunta es esta. Me gustaría intentar... no, quiero iniciar una relación contigo, afectiva. Si no estás con nadie, o esperas a alguien...
– Estoy embarazado. – Señaló lo obvio como si eso fuera un impedimento, aunque la sonrisa de Midorima le hizo saber que eso era mas un punto a favor que en contra. – Mírame, los últimos años de mi vida han sido un desastre, soy … por favor... – Se sentó frente al piano, dándole la espalda, aunque su pulso estaba a un latido de darle el poder de volar en círculos por todo el cuarto. Llevaba meses enamorado de esos ojos verdes, desde la primera vez que entró en la consulta... – Además, vaya mierda de petición...por que me estás pidiendo salir, ¿O no?.
– Lo siento, ya te he dicho que no soy muy sociable. – Hizo una pequeña reverencia para apoyar la disculpa. – Me gustaría salir contigo, ¿Me harías el honor...
– No hace falta que seas tan estirado. – Posó los dedos en las teclas, iniciando una melodía para ccambiarla por otra a los pocos segundos. – Menos mal que mis sensuales encantos han llegado a ti... pensé que no me harías caso nunca... hasta el bebé estaba preocupado. – Le miró de reojo, sin parar de sonreír, divertido.
Paró de tocar, y le miró, desde el banco del piano.
– ¿Estás seguro?, vengo con sorpresa. – Señaló la barriga con los dedos de las dos manos de punta. – Ya sabes, nada de ejercicio brusco, ni comidas pesadas... órdenes de mi médico... un auténtico tirano sádico...
– Hablaré con él... seguro que levanta la mano un poco... si te portas bien. – Se sentó, en el sofá, esperando que tocara. – Me gustaría darle la vuelta al piano, para ver tu cara... por favor, quiero escucharos.
– ¿Alguna petición del público?. Solo por hoy, atenderé cualquier canción, hasta la mas ridícula. – Escuchó el título que Midorima le dijo, asintiendo. – Pero el domingo, comemos con mis padres... y mi hermana. Aunque me veas muy rockero, en el fondo soy todo un tradicional.
– De acuerdo, pero, canta, por favor.
Midorima notó que esquivaba a propósito el tema del padre del pequeño, pero si Takao no quería hablar de él, no sería quien le sacara el tema...
El doctor se sintió bien, y con una sensación de que todo lo que le esperaba era nuevo, y que tendría que aprender mucho, y muy rápido.
Ooooooooooooooooooooooooooooooooooo
A los dos días, Midorima miraba sorprendido la montaña literal de peluches en el salón de Kuroko. Había al menos cincuenta, algunos verdaderamente enormes, y ridículos.
– Kise no puede venir, trabajo. – Tetsuya le tomó la chaqueta, y la dejó en su cuarto sobre la cama. – Akashi ha ido por el pan, siéntate.
– ¿Y toda esta juguetería?. – Le acompañó a la cocina, ordenando los platos y cubiertos con él sobre la mesa.
– Kagami kun... bueno, salimos a la feria, la del puerto... y para resumirlo, tiene muy buena puntería... dejó el puesto de baloncesto sin peluches. – Señaló la montaña de animales. – Tenías que haberle visto con todos ellos encima en el camino de vuelta...
Midorima le acarició la cara. Era tan nostálgico verle sonreír así, había esperanza en sus ojos.
– ¿Te has enamorado, de él, de Kagami?. – No supo muy bien por qué hizo la pregunta, y estuvo a punto de disculparse, pero la cara de Kuroko, le sorprendió.
Estaba sonrojado.
– ¿Qué ha pasado en esa cita, eh?. – Preguntó, pidiéndole que se sentara a su lado.
– Eso, a ver si te lo cuenta, y de paso me entero yo. – Akashi dejó la correa de Nigou en la entrada, mientras el perro corría literalmente hasta su agua, para refrescarse.
Se sentó al lado del doctor, dejando el pan sobre la mesa.
Midorima frunció el ceño, tras las gafas, después de mirarle un rato. Sin decirle nada, le tomó por el mentón, escrutando sus ojos desiguales, girando su cara a un lado y a otro.
– Te quiero en la consulta, esta tarde. – Akashi negó, disculpándose. – Pues mañana, a primera hora.
– ¿Porqué?, ¿Qué pasa?. – Kuroko se acercó, para mirar a Akashi, aunque él no veía nada.
– Pasa que está embarazado, y le quiero bajo mi cuidado lo mas pronto posible.
Akashi alzó una ceja, y nada mas. Se puso blanco y su mano se posó, sobre su regazo.
Ahora no tenía mas remedio que hablar con Atsushi.
00000000000000000000000000000000000000000
Yeihh, otro capi mas...
Gracias por pasaros y comentar.
Me alegra mucho que os siga gustando.
Nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
