Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo catorce: Escudo emocional.
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Aún llevaba restos de las flores, que había dejado en el sepulcro de su marido y su bebé, en su camiseta, cuando Kagami puso el algodón de azúcar entre sus dedos.
Hacía tanto tiempo que no iba a la feria permanente del puerto que no sabía donde mirar primero. Iba caminando sin rumbo fijo, de un puesto al siguiente, sin orden alguno.
La dulce sensación de los hilos de azúcar, deshaciéndose en el interior de su boca le hicieron sonreír, recordando una sensación totalmente olvidada para él.
Se detuvo en el puesto de capturar peces, solo a mirar. Kagami a su lado, tranquilo, devorando con cierta gula una manzana cubierta de caramelo .
Sin ser conscientes ambos iban sonriendo, y saludando, a casi todo niño con el que se cruzaban.
Kagami era una especie de héroe para el barrio, y su fama, hablaba entre niños, y luego entre los padres, se había extendido sin que él lo pretendiera a mucha mas gente de lo que esperaba.
Kuroko por su parte, saludó a un par de padres de alumnos, y a varios de los niños, tanto de su clase como de clases contiguas.
Lo cierto es que estaba mas ocupado en las luces, los puestos, las diferentes canciones a un volumen demasiado alto para considerarse entendible. Los aromas mezclados, de motores de gasolina, comida de todo tipo, dulces, chocolate caliente. Incluso después de un tiempo, hasta podía ser capaz de oler la goma que hacía girar las atracciones en miniatura dispuestas para los mas pequeños.
Caminaron entre los puestos, dejando atrás los peces, un poco mas. Sus pasos eran lentos; Kuroko por que lo quería ver todo, Kagami por que estaba disfrutando secretamente de su rostro sorprendido, adorable y encantador con el que adornaba su persona en cada muevo descubrimiento.
– Eres un desastre. – Rebuscó en sus bolsillos, hasta dar con los pañuelos de papel, y limpiarle un trozo de caramelo en su barbilla.
– Tu también tienes la cara sucia. – Tenía un trozo pequeño de algodón pegado en la aleta de la nariz, y siguió con ojos bizcos los dedos del bombero, primero ir a su cara, y luego hasta sus propios labios, lo que encendió su rostro hasta la punta de las orejas.
Kagami miró su anillo de bodas, aún en el dedo.
– Háblame de él. – Señaló el anillo, haciendo que Kuroko abriera sus ojos por la sorpresa. – Tengo intriga.
– ¿Por qué?. – Inconscientemente ocultó la mano tras su espalda, aunque Kagami ya había visto su anillo todo el tiempo.
– Bueno, sigues yendo a … verle, todos los días, llevas su anillo... – Se alejó unos pasos hasta la papelera cercana a tirar el palo de la manzana. – Tengo curiosidad por la clase de persona que era, nada mas.
– Pues... Alguien a quien amo, con toda mi alma. – Rodó el anillo con dos dedos, mirándolo con dulzura, con la mente puesta en el momento exacto en el que su esposo lo puso donde estaba. No pretendía ser grosero pero no estaba listo para hablar de su esposo con Kagami, ni con nadie. Era algo suyo y de nadie mas
El pelirrojo abrió mucho los ojos, sorprendido. No era ni de lejos la respuesta que esperaba. ¿Cómo podía seguir enamorado de un muerto?... Por lo que había leído en los papeles del caso, hacía dos años que había fallecido... demasiado tiempo para seguir aferrado a su amor...
– No has contestado a mi pregunta. – Aunque no estaba enfadado, sin pretenderlo la frase salió mucho mas hostil de lo que sonaba en su cabeza antes de pronunciarla.
– También tengo una pregunta. ¿Por qué me has besado antes?. – La duda salió en tono defensivo de sus labios, evitando mirarle directamente.
– Solo quería probar algo. – Respondió serio, y era la verdad, aunque a medias. No le dijo que lo que quería comprobar era si sentía algo por él, ni que Teppei le había besado unos días antes solo para demostrarle que un beso no significa nada si no lo da la persona adecuada.
Kuroko se sintió peor que una mierda. Un sujeto de prácticas, una simple cobaya.
Caminó hasta la papelera dándole la espalda, para tirar el pañuelo de papel con el que le había limpiado. La cita a solas no estaba yendo tan bien como había esperado... debió traer a Nigou, al menos ese día lo pasaron bien...
Se quedó junto a la papelera dándole la espalda, incapaz de darse la vuelta para mirarle de nuevo. Lo mejor que podía hacer era irse a casa y terminar con todo eso, sin mas.
– ¡Kuroko sempai!. – Una vocecita infantil le hizo girarse. El hijo de Momoi se paraba a su lado, agitando la mano en un saludo entusiasta.
– Hola Ken chan. – Le revolvió el pelo con la mano abierta. El niño respondió con una risita.
Momoi por su parte se acercó primero a Kagami, sonriendo de lado. Deslizó los nudillos por su pecho, en una caricia velada y pasó balanceando las caderas, hasta el sensei. El gesto no pasó desapercibido para nada.
– Buenas tardes sensei. – acercó el niño a ella, por el hombro. Los dos sonriendo cálidamente. – ¿Dando un paseo en buena compañía?.
– Si, Momoi san... pero ya me voy a casa, no me encuentro bien. – Miró a Kagami de reojo. – Será mejor que acompañes a la señorita y a Ken chan. – Le pellizcó despacito al niño en el moflete. – Nos vemos en clase el lunes, pásatelo bien.
No esperó respuesta por parte de nadie, simplemente comenzó a caminar con prisa, con la única intención de alejarse de ellos lo más rápido posible, y ya.
Las luces y ruido eran molestos, el sitio inmundo; ya no quería estar ahí. Lo había visto claramente, entre ellos había algo.
"¿Y qué?." Su mente hizo la pregunta lógica. Kagami era un hombre guapo, y simpático. Estaba claro que tendría parejas, o amigas con derecho, o polvos ocasionales. Era libre, sin ningún lazo que le atara a nadie. Para él acostarse con cualquiera debía ser de lo mas corriente.
Para Kuroko, intimar con alguien no era tan sencillo. Tenía la idea del amor, del amor puro y profundo, antes de quitarse la ropa, quitarse el alma y mostrarla. Confianza mutua como la que tenía con...
Detuvo sus pasos, confuso. "Tenía"... en pasado.
Era la primera vez que usaba el pasado para pensar en un esposo. Para él era un presente diario casi palpable. Usar el verbo en pasado era como alejarse un poco.
Sintió que le faltaba el aire, que todo se ennegrecía ante sus ojos.
Un brazo fuerte le sostuvo por la espalda, y una sonrisa ocupó todo el paisaje ante él.
– Eso ha sido muy borde por tu parte.¿Qué voy a pensar de ti si me dejas plantado en mitad de la cita?. – Le levantó la nariz con la punta del dedo. – ¡Oh! un puesto de encestar. ¿Quieres un muñeco feo y grande?. – Suspiró culpable a la expresión de Kuroko. – Lo siento, no debí preguntar por tu esposo, ha sido muy … bueno, es algo tuyo, personal, no puedo enfadarme si no quieres contarlo tan pronto... pero insistiré, hasta que me lo digas. – Su sonrisa le decía que no pensaba rendirse. – Cuando te besé lo hice por que quería hacerlo, y por que me gustas...
– Pero tu eres... – Entendía que esa era una disculpa, a su manera, pero disculpa al fin y al cabo. – Te gustan las mujeres y yo soy un hombre. – Kagami levantó una ceja ante lo obvio.
– Es lo mismo para los dos. – Frunció el ceño, molesto. – Te gustan los hombres y estás conmigo.
– ¿Y tu que eres, una seta?. – Kagami estalló en carcajadas al oírlo. Se dio cuenta de que ambos querían lo mismo, intentarlo. – El mas feo y grande... Al menos conseguiré que Akashi sonría …
Le miró mientras lanzaba una pelota tras otra.
Miró el anillo, en su dedo. Seguía ahí, presente, siempre sería una parte de su vida, una importante, pero...podía intentarlo al menos.
Una pequeña sonrisa, y un enorme mono con camiseta se pegó a su cara sin que lo esperase.
– Aún me quedan tres tiros, ¿Alguna petición?. – Abarcó el puesto con la mano extendida.
– Mmm...El plátano parece feliz. – Había un enorme, gigante, peluche de un plátano con ojos y sonrisa bizarra.
– Marchando una de fruta peluda. – lanzó y encestó, a la primera. – Dos mas, elige.
– ¿Juegas a esto mucho?. – Señaló un oso, clásico con lazo en la oreja.
– No, es la primera vez en mi vida que toco un balón de basket. – Le guiñó un ojo, divertido. Estaba claro que era mentira. Lo consiguió con facilidad, al igual que el resto de tiros restantes.
En quince minutos habían vaciado el puesto de muñecos, y Kagami había conseguido una cuerda con la que atarlos a su espalda todos juntos.
Kuroko hacía verdaderos esfuerzos para no partirse de la risa a cada paso. Visto de frente parecía un ser extraño del que salían piernas y brazos de peluche por todas partes, y eso era muy, pero que muy gracioso.
– Aún es pronto, ¿Te apetece hacer algo mas?... Podemos saquear un par de puestos mas y montar el nuestro con la mercancía. – Lo dijo tan serio, que por un momento podría pensar que lo decía con intención de hacerlo real.
– ¿Y si nos sentamos en la playa?. – Señaló mas allá del puerto y la feria.
– Si, por que esta montaña de gente pesa una tonelada. – Señaló los peluches riendo.
– Eres un flojo, ¿Lo sabías?. – bajó por delante suya el pequeño tramo de apenas una docena de escalones hasta la arena, extendiendo sus brazos para sostenerle si se cansaba de verdad.
– Algo me han dicho, si. – Se quedó en el paseo de maderas que llegaba hasta el agua, y soltó el pequeño nudo que mantenía el montón de peluches en su cuerpo.
Kuroko se sentó directamente en la arena, junto al camino.
El bombero hizo lo mismo, a su lado, pero sin tocarle.
Las dos miradas puestas en la orilla, en las lenguas de espuma lamiendo intermitentemente el borde, la luna en lo mas alto, reflejada en el agua en movimiento de un modo irreal y extraño.
– Me gritó, la primera vez que lo vi, me gritó que parase de una vez. – Kuroko comenzó a hablar, abrazado a sus rodillas, sin mirarle.
– ¿Tu marido?. – Kagami dudó, y esperó a que el profesor le asintiera en respuesta. – ¿Qué parases de hacer qué?. – Hundió los dedos en la arena, estirando las dos piernas.
– Según él estaba usando mis ondas magnéticas para atraerle a donde yo estaba. – sus dedos giraban el anillo sobre si mismo, una y otra vez.
– ¿Y lo hacías?. – una sonrisa adornó su cara, divertido. Kagami comprendió por su postura tensa que le estaba costando horrores hablar de él, en ese momento, y con él. Le estaba confiando algo suyo y privado, de lo que seguramente no había hablado con nadie en todo ese tiempo.
–No, solo dibujaba un árbol del parque, para los deberes de la clase de arte. – Le miró, suspiró. – Me asustó, mucho. Por un momento creí que iba a pegarme o algo así... – Paró un momento, para admirar el cielo, limpio de nubes, con un montón de estrellas salpicadas por todas partes. – Una semana después apareció en la puerta de mi clase, con un ramo de rosas mas grande que él mismo...
– Si te sirve de algo yo nunca haré algo así. – Sacudió la mano para quitarle importancia. – Soy un desastre recordando fechas y cosas de esas... nunca te sorprenderé con un regalo mas grande que yo mismo.
– Es bueno saberlo. – Miró a Kagami directamente, con una sonrisa, y luego tras él, a la montaña de peluches que ocupaban mas que su persona. Estalló en carcajadas sin poder evitarlo.
No supo si sus risas eran por la frase, tan desafortunada, si por la sensación que tenía de haberse quitado un peso de encima, o por que se había dado cuenta de que, al hablar de su difunto esposo, le dejaba un poquito mas en el pasado para aceptar al bombero en su presente.
– ¡Eh! ¿Te estás riendo de mi, enano?. – Le golpeó con el hombro en el suyo, sin fuerza.
– Un poquito si, larguirucho. – Hizo una pequeña pausa. – Lo siento... hace... bueno, no estoy acostumbrado a la gente, a las personas. Si hago algo raro, solo dímelo. Me gusta estar contigo, de verdad, pero …
– Tampoco soy la mejor de las personas para estar en pareja. Estoy acostumbrado a vivir al día, por lo que una historia a largo plazo no me entra en la cabeza. Eso de pensar en alguien dentro de un año o de cinco... no puedo ni imaginarlo. Pero, puedes contar conmigo, ahora, en este momento... Para ti no será mucho, y suena a una mierda... pero no te quiero mentir y es lo que te ofrezco... bueno, y la montaña de peluches feos, como tributo o algo por el estilo.
– Podemos, ir despacio... ser amigos se nos está dando mas o menos bien. – Kagami tomó su mano, y la posó bajo la suya sobre la arena a su lado; Kuroko se sonrojó por el gesto inesperado.
– Para mi también todo esto es nuevo... eres muy mono y adorable, pero nunca he estado con otro tío, no sé muy bien como va esto.
– Norma número uno... no vuelvas a decir que soy mono y adorable. ¿Entendido?. – Le golpeó con el puño en el hombro, y luego se encogió sobre si mismo, tiritando levemente.
– Empieza a hacer frío, volvamos. – Se levantó despacio y le tendió la mano, ayudándole a levantarse con él. – Te acompañaré a casa.
Cargó de nuevo todos los peluches, aunque esta vez el tomó de la mano sin pedirle permiso. Les miraban, pero si a alguno de los dos le importaba no lo parecía.
Caminaban al mismo paso, divertidos. La tripa llena, el alma en paz... y la espalda con un montón de muñecos blanditos y suaves.
Esperó a que abriera la puerta y encendiera la luz antes de entrar.
– ¿Dónde los quieres?. – Kuroko le chistó, para que bajara la voz.
Ya era tarde, y Akashi dormía. Nigou , tripa arriba en su camita, tampoco les tenía en cuenta.
– Déjalos ahí, junto a la pared, mañana los colocaré en algún sitio. – Esperó junto a la puerta de la cocina hasta que entró y la cerró tras él. – ¿Quieres una cerveza?.
– Si te tomas una conmigo. – Kuroko le pasó el botellín y abrió otro para él. – Aomine está revisando todo tu caso... hay cosas que no tienen mucho sentido.
– Dile que le doy las gracias por lo que trata de hacer, pero que es inútil. Y haga lo que haga nada cambiará. – Bebió casi la mitad de la botella mas en un intento por no seguir hablando que por verdadera sed.
– Se lo diré. – Anotó mentalmente comentarle a Daiki la reacción de Kuroko ante el tema. – No le dejan reabrir el caso, pero si puede fisgonear a gusto entre los papeles. ¿Te molestaría mucho si quisiera hablar contigo en algún momento?... no digo que tenga que ser ahora mismo, pero solo por si acaso y él..
– Claro, no tengo ningún inconveniente. – Decir que Kagami se quedó de piedra es quedarse corto. Apuró la cerveza y tiró la botella vacía en la basura.
– Será mejor que me vaya ya. – Hizo lo mismo bebiendo hasta la última gota. – ¿Me devuelves mi ropa, por favor?.
Kuroko se perdió en el pasillo y regresó con sus prendas, planchadas y ordenadas como si fueran nuevas. Buscó una bolsa en las que meterlas para ponerlas en su mano.
– Ten cuidado de vuelta a casa. – Le abrió la puerta de salida y se quedó ahí, esperando la despedida.
– ¿Puedo llamarte otra vez o tengo que mancharme algo para volver a verte?. – Lo dijo tan divertido que se le escapó una risita al final.
– Te llamaré yo. – Le agarró por la camiseta convirtiendo su mano en un puño y le obligó a bajar a su altura.
Le besó, dulce y breve, apenas un toque en el centro de sus labios. Un hasta luego, y una mirada puesta en su espalda hasta que perdió su figura en el final de la calle, lejos, muy lejos de donde él estaba apostado.
Esa noche durmió, tranquilamente, demasiado. Y una pequeña espinita en su corazón, la que le decía que no debía acostumbrarse a lo bueno, la que le había enseñado que la felicidad te puede ser arrebatada de un manotazo cuando menos lo esperes.
Envidiaba a Kagami y su filosofía del vive al día sin importar nada.
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Takao paseaba por el centro comercial con una sonrisita en su cara.
Su bebé parecía mas tranquilo, seguramente contagiado por la tranquilidad de su mamá.
Tenía la tarde libre. Midorima iba a comer con unos amigos y él no le había querido acompañar, a pesar de que el médico había insistido varias veces. Prefería que primero se lo contara a solas, antes de darles la sorpresa de sopetón de que salía con alguien que iba con relleno por dentro.
Si alguno de sus amigos le decía algo inapropiado, Takao contestaría con una o dos palabras de lo mas desagradable; y no quería que Midorima se quedara sin amigos por su culpa.
Suspiró frente a la tienda de ropa. Nada de lo que había en el escaparate le entraría ni con vaselina, pero sinceramente, ni le importaba.
Compró un par de prendas para el bebé, un pijama de peluche y unos calcetines con caritas y salió de la tienda con hambre.
Había visto un restaurante de comida vegetariana a la entrada, y decidió ir. Estaba seguro de que si comía algo que no fuera verde, ese médico quisquilloso lo notaría incluso en la distancia.
Se paró a dos locales del restaurante.
En la tienda de electrónica, en casi todas las televisiones que exhibían un vídeo clip de su antiguo grupo. Pero no fue eso lo que le hizo detenerse y poner atención.
A pie de televisión, un mensaje se repetía sin descanso, pasando una y otra vez por la barra colorida.
" Dark Kiss regresan a la ciudad".
Después de su exitosa gira mundial, el grupo se tomaba un descanso y volvían a la ciudad que les vio nacer, solo por unos días... pero los suficientes como para que Takao necesitara sentarse un momento, respirar profundamente, y buscar su móvil en los bolsillos y llamar a su hermana, urgentemente.
– ¿Te has enterado?. – La voz de su hermana sonó demasiado alta por el aparato.
– Acabo de verlo ahora mismo. – Se acomodó en el banco. – Joder, joder, joder, mierda...
– Tranquilízate ni-san. – Soltó una risita. – No te reconocerían ni aunque te pusieras delante de ellos, y lo sabes.
– ¿Y si ahora si quiere saber algo de mi, del bebé?. – Se tapó la boca, alterado.
– Eso no va a pasar. – Notó la alteración de su hermano, y en su estado no era para nada bueno. – Ya pasó de ti, y lo dejó bastante claro... Papá aún quiere su cabeza en un palo para el jardín... y tu ahora estás con el sexy doctor, ¿No es así?.
– Si, es así... pero...
– No hay peros, Kazunari. – Le regañó, amorosamente. – ¿Dónde estás?.
– En el centro comercial, frente a la tienda de electrónica en la segunda planta.
– No te muevas de ahí, estoy cerca, a cinco minutos. Tenemos que preparar la comida del sábado, y como vas a hacer para que papá no quiera clavarle un tenedor en un ojo al doctor.
– A papá le encantará... al fin y al cabo le he cazado yo.
– Seamos sinceros, hermanito, tu criterio a la hora de elegir hombre apesta... – Takao dejó escapar una risita.
– Os gustará, ya lo verás. Es diferente, es … maravilloso... y quiere a mi bebé. Creo que con eso ya bastaría, pero además es guapísimo, encantador, y sabe tocar el piano... y el violín.
– Si viste como una persona, papá lo amará sin condiciones nada mas verlo.
– Prometido, va de traje siempre, corbata y todo ese rollo. – Admiración por su parte. – Ni un tatuaje... al menos a la vista, ni piercings, ni pelo largo... Creo que ni siquiera sabe palabras malsonantes.
– Seguro que tiene algún defecto.
– Seguramente, pero no me importa, y no voy a buscarlo tampoco.
– Me muero por que sea sábado. – Escuchó un golpe seco. – Estoy en el coche, cuelgo.
Takao se acomodó en el banco, mas tranquilo.
En la tele, anunciaban detergente para ropa blanca,y era genial.
Necesitaba detergente.
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Golpeó la mesa con la frente, dos veces mas.
Los informes terminados, y él se moría de ganas de volver a casa, quitarse el uniforme, y pasar, como quien no quiere la cosa, por el apartamento.
Akashi le esquivaba y eso le tenía preocupado.
Habían quedado, para estudiar el caso y los papeles unas cuatro veces, sin problemas. Incluso habían hablado de su ex, de su vida … y esta mañana, le había llamado... y Akashi había respondido de lo mas frío.
Tenía algo que hacer, algo que decirle a su ex pareja.
No hacía falta ser poli para saber que pasaba algo y gordo.
Por un momento se le pasó la estúpida idea de que el abogado estuviera... No...
– Aomine... – La policía del archivo le acarició el pelo, mientras él seguía con la frente en la mesa. – Tu turno acabó hace media hora, cielo. Deberías volver a casa.
– No quiero. – Giró la cara y la miró. – Cena conmigo... estoy solito.
– Vente a mi casa... le diré a mi marido que me he ligado un jovencito en la comisaría y que le invito a cenar... seguro que a alguno de mis cuatro hijos le gustas. – La mujer le acarició el pelo en cada palabra.
– Si no estuviera enamorado me escaparía contigo. – Cerró los ojos, dejándose acariciar sin mas.
– ¿Mal de amores?, Eres demasiado joven y demasiado guapo para esa enfermedad. – Le obligó a mirarla. – Averigua que le pasa, y pide perdón... esa carita tuya me dice que algo has hecho... y si no, pues para cuando lo hagas. Si hace que estés así, es que merece la pena.
– Gracias. – Recogió la mesa para dejarla lista y se levantó para ir al vestuario y cambiarse. – Tienes razón.
– Aún así, me debes una cena, encanto. – Le besó en la mejilla, maternal.
– Eso está hecho, preciosa. – Le devolvió el beso. – Cuando quieras soy tuyo.
Caminando de vuelta a casa, tomó un desvío. Sacó el móvil y le llamó.
– Tenemos que hablar, ahora. – Akashi suspiró, manteniendo el silencio.
– Necesito pensar, a solas. – Apretó la mandíbula.
– No, quiero que me lo digas. Que te pasa, quiero saberlo. No me excluyas. – Hizo una pausa. – si no quieres verme, bien, no abras la puerta, pero apreciaría que me lo dijeras a la cara.
– Estoy embarazado, de mi ex. – Abrió la puerta tras decirlo, de un tirón.
Ojos desiguales se posan en los azules, esperando un reproche, un insulto, que se de la vuelta y se marche, dejándole ahí plantado.
– Vamos a decírselo, juntos. ¿Es lo que tenías que hacer hoy, no?. – Le abrazó, con firmeza. – Voy contigo.
– No es... – Iba a decir que no era asusto suyo, pero sentirle tan cerca le hizo relajar la preocupación.
– ¿...Asunto mío?. – Le tomó la cara entre las manos, pudo ver su miedo. – Si es asunto mío, tu eres asunto mío.
Daiki supo que era el momento, el momento de tirarse a la piscina y simplemente hacerlo.
Le besó, apretándole contra él, con los dos brazos. Le besó, primero con timidez, casi con miedo. Luego tomó confianza, deslizando su mano de la cara a la nuca, por la columna hasta la cintura, dando un paso dentro del apartamento, usando la puerta como tope sobre la que sostener a Akashi si sus piernas fallaban.
Y Sei se dejó hacer. Confuso, aterrado y vulnerable, dejó que Daiki le besara, le abrazara y le acariciara sobre la ropa... Y se dio cuenta de que a pesar de su relación con Atsushi, nunca había dejado de sentir algo por el policía... Y un bebé de Murasakibara no era lo mejor para comenzar su amor.
– No se lo digas. – Murmuró, en mitad de un beso. – No le digas que es el padre...
– P-pero … – Trató de darle razón a su argumento, pero esos labios no le dejaban pensar en mucho mas que en ellos dos y lo que estaban haciendo.
– Es mío... – Le apartó un poco, para mirarle a los ojos. – Yo seré su padre... casémonos.
– ¿Qué?. – El deseo se acababa de encender como una antorcha en el centro de su cuerpo. Le miró, sin creerse lo que acababa de escuchar.
– Que te cases conmigo, tu y yo. – Dibujó una sonrisa a la cara de sorpresa de Akashi. – No tienes por que pasar el mal rato de decirle a alguien, que ni te llama, que va a ser padre y sufrir su reacción si es mala. Yo seré su padre y ya le quiero... y a ti...
Akashi se tambaleó y Aomine le ayudó a llegar al sofá.
Si antes solo tenía que pensar en como decirle a Murasakibara todo... ahora tenía que pensarse algo mucho mas gordo e increíble.
Definitivamente era bueno que acabara de desmayarse... Aunque Aomine le mirase con una sonrisa en la cara y Nigou, del que se habían olvidado, le lamiera la cara sin restricción alguna.
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Bueno, cap mas largo y babosito que nunca.
Espero que os guste.
Nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
