Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo dieciséis: Cimientos.
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La sala de urgencias del centro médico permanecía en silencio.
Un duro e inquietante silencio que parecía respirar con los que allí esperaban noticias.
Podría parecer normal, pero no lo era. Cualquier centro médico tenía un murmullo constante. Sonidos de pasos, susurros, móviles de todo tipo siendo usados, para música en tono bajo, mandar mensajes, llamar a familiares y amigos...
No había nada de eso.
El tiempo parecía suspendido en ese espacio, esperando.
Midorima se sacó los guantes de un tirón, con el sonido característico del plástico, y los tiró al pequeño contenedor designado para los desechos. Le bajó las piernas y las estiró, para taparlas con la sábana despacio.
En el lado contrario, con la vista puesta en el pelirrojo, Daiki permanecía en silencio, solo mirando, casi sin pestañear. Sus brazos cruzados sobre el pecho, por encima de la camisa azul del uniforme de agente.
Nadie le había pedido que saliera, lo normal cuando un médico hace una revisión para urgencia, por que nadie se habría atrevido a tal petición.
Su propia postura era un desafío para quien quisiera atreverse a pedirle que saliera, o simplemente que se moviera algo mas que lo justo para parpadear de vez en cuando y respirar.
Akashi estaba avergonzado. Era cierto que ya habían intimado, y que se habían visto las partes vergonzosas mutuamente, pero eso no quería decir que estuviera cómodo con sus ojos clavados en él.
– Parece un desajuste en el nivel de azúcar, o un desvanecimiento por la tensión... Aún así, te voy a derivar al cardiólogo, solo para salir de dudas. – Anotó sin mirarle los datos de la revisión. – Aquí tienes, una dieta que quiero que sigas. Tomarás esto, solo es hierro y unos suplementos, desde ahora mismo. – Iba pasándole papeles al tiempo que hablaba, mirándole fijamente a la cara entre cada hoja para ver su reacción. – Sé que es pronto, pero quiero que tomes esto en cuanto empiecen las nauseas. Aparte de eso, analítica completa, mañana a primera hora, y te quiero aquí en una semana. ¿Alguna pregunta?.
– ¿Puedo llevarle a casa o tiene que quedarse aquí?. – La voz del policía cruzó la habitación copando la atención de los dos.
– Me gustaría dejarle esta noche en observación, pero sinceramente, no tiene nada. – Midorima se ajustó las gafas en el puente de la nariz con dos dedos. – Pasad por mi despacho antes de iros. – Le tendió la mano a Aomine, ahora mucho mas tranquilo que cuando llegó. – Midorima, aparte de su médico soy un viejo amigo, ¿y tu eres?.
– Aomine. – Respondió el apretón con educación. – Aparte de policía soy su novio.
Decir que eso último le había sorprendido era quedarse corto. Había visto que Akashi había mantenido relaciones íntimas recientemente con sus propios ojos, esas cosas dejan un rastro, pero no esperaba que fueran con él... de hecho no esperaba que apareciera con un novio tan rápido.
Hasta donde él sabía, hacía pocas semanas que había tenido un problemilla o discusión con el pastelero... pero no hasta el punto de dejar la relación del todo e iniciar otra nueva.
Aunque mirando al policía, al modo en el que le ayudaba a vestirse, como le miraba y se movía, entendía que Akashi lo hubiera elegido.
Salió caminando despacio, casi sin ruido, para dejarles a solas y se dirigió a su despacho, para pasar a limpio las notas del historial de Akashi.
Sentado en la mesa consultó su agenda. Tenía que ir por el traje a la tienda, a primera hora de la tarde. Había comprado uno exclusivamente para la comida con la familia de Takao, quería darles buena impresión, desoyendo los elogios del moreno, que le repitió como una docena de veces que no era necesario, que solo con verle se caerían de culo de la impresión.
No sabía que esperar de su familia. Imaginó una pareja de hippies, apestando a marihuana y con la mirada perdida la primera vez que trató de imaginar como eran.
Después de ver los vídeos de Takao con su grupo, imaginó viejos rockeros, sobrados de kilos y aburridos de la vida, con tatuajes que en tiempos pasados seguramente les identificaban con algo, pero que ahora, con el paso de los años, no eran mas que borrones de tinta de forma indefinida sobre pieles grasientas y maltratadas.
Suspiró.
No estaba bien hacerse ideas preconcebidas sobre personas a las que no conocía. Él era un hombre de ciencia, pruebas antes que supuestos.
El suave toque en la puerta le hizo desviar su atención a la pareja, que se despedía de él, hasta el día siguiente, en la que se verían irremediablemente para las pruebas.
Midorima sonrió cuando se marcharon. No había que ser un genio para darse cuenta de que el pelirrojo y su policía habían aprovechado la intimidad del consultorio para hacerse unos mimitos.
Otro suave toque de nudillos, esta vez inesperado centró su atención en ese punto.
– Siento molestar, pero hace rato que alguien insiste en hablar con usted. – La enfermera entró, con una docena de mensajes entre sus dedos, anotados con la hora. – Ya le he dicho que está con una urgencia, pero sigue llamando.
– Gracias, ya me ocupo. – Leyó el nombre de la persona que quería comunicarse con él, y apretó los labios. – Lamento todo esto. Le pediré que no vuelva a llamar.
– No pasa nada, doctor. – Se retiró, mas tranquila que cuando llegó, aunque totalmente intrigada.
Marcó el número sin mirar en el papel, y esperó, un par de tonos antes de escuchar su voz.
– No puedo decirte nada, debo respetar la confidencialidad médico/paciente. – Antes del saludo relató, serio.
– Solo dime si está preñado. – Lo dijo tan bajo que por un momento tuvo que prestar verdadera atención para entender sus palabras. – Por favor.
– Lo siento, no puedo darte información sobre un paciente, por muy amigo que seas, y menos sin su consentimiento. – Esperó unos segundos por si quería añadir algo. – Pero, si yo fuera tu, y estuviera realmente interesado en saberlo, llamaría a alguna persona cercana a él... Claro que yo no soy tu, Atsushi.
– Solo quiero saber si es cierto, el resto no me interesa. – Odio en su tono y en el modo de decirlo.
– Dime una cosa tu a mi. ¿Qué es lo que realmente te molesta?, ¿Qué se fuera de tu casa o que no sepas por qué te ha abandonado?.
– ¿Y a ti desde cuando te importa Akashi?, Creí que lo odiabas … o no, espera, te odias a ti mismo por lo de Kuroko. Akashi solo fue un daño colateral por que su hijo murió mientras tu estabas de paseo... ¿Aún te despierta en mitad de la noche saber eso?
– No te lo voy a tener en cuenta. Voy a suponer que estás dolido por todo lo que ocurre a tu alrededor. – Se acomodó hacia atrás en la silla, girándola con el pie en el suelo para mirar fuera. – Hay cosas que no están en nuestras manos, y lo que ocurrió con ese bebé es una de ellas. Me afectó, como médico, no te digo que no, pero mas como amigo, y sentiría lo mismo por ti y por Akashi. – La suavidad con la que lo dijo le sorprendió incluso a él.
– Lo siento... no quería... – Se sentó en la parte de atrás del mostrador, dando la espalda a la calle. La tienda cerrada y con la única luz que entraba desde el cartel de salida del obrador. – Solo estoy cabreado, confuso... no se que está pasando y me molesta.
– Tu y tu eterna manía de querer controlarlo todo. – Midorima se masajeó la sien con el dedo. – Lo has perdido, así de simple. Busca las razones en ti mismo, solo tu puedes saber por qué, pero solo para quedarte tranquilo, ya no tienes nada que salvar... Es lo que te puedo decir... trata de ganarte su amistad, o al menos inténtalo. Akashi es un buen tipo, lo dejó todo por ti, y lo sabes...
Dos toques en la puerta y la enfermera se asomó con la carpeta en la mano, de los siguientes pacientes. El "descanso" se estaba alargando demasiado y acababa de entrar otra urgencia.
– Tengo trabajo. Luego hablamos. – Escuchó un simple "si" por parte de Murasakibara y le colgó el teléfono, con la esperanza de que ese torpe gigantón se diera cuenta de que había metido la pata hasta el fondo.
Atsushi miró el teléfono, hasta que la pantalla se apagó completamente. Decidía a quien llamar. Aunque la opción simple era hablar con Kuroko, no tenía muy claro si querría hablar con él, y menos en ese momento.
Además, estaba aburrido del teléfono. Había tardado mas de media hora en hablar con Midorima, y tenía la oreja sudada y palpitante.
Dejaría pasar un par de días, y luego hablaría con el maestro.
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– Gracias por acompañarme, estoy bien. – Akashi rebuscó sus llaves en los bolsillos del pantalón.
Era un poco intimidante ir en un coche patrulla con un policía uniformado.
– No es nada. – Entró tras él al apartamento y se sorprendió por el efusivo recibimiento del perro, que literalmente, se levanto con sus patas traseras para lamer la cara de Akashi y su cuello, con nerviosismo frenético. – Hola amiguito ¿Cómo has estado?. – Se agachó, y el perro le siguió, tirándose tripa arriba para que Akashi le hiciera todas las caricias que quisiera. – ¿Quién es mi chico grandote y consentido?
– Yo. – Aomine a su espalda contestó la pregunta que era para el perro. Hizo un puchero de lo mas teatral. – ¿Hay que sacarle?.
Nigou no podía estar mas encantado en ese momento, con la atención de los dos en su persona.
Kuroko entraba en ese momento en el apartamento, cargado con la compra en su antebrazo y una cosa grande y cuadrada debajo del sobaco, que dejó apoyada en el suelo del pasillo.
– Hola. – Saludó con una sonrisa a los dos, al verlos agachados junto a Nigou, que pasaba de todo con la tripa expuesta para que lo acariciaran a gusto. – ¿Estás bien?... – dudó un segundo. – Acaban de llamarme para contarme que ha pasado.
– Si, todo bien. – Se acercó a él y le quitó la bolsa de las manos, caminó a la cocina en calma y empezó a sacar las cosas y a colocarlas. Supuso que la duda del profesor se debía a que la persona que lo había llamado era, seguramente, Atsushi.
Aomine le cogió en brazos, y le llevó al sofá, donde se aseguró de acomodarle. Volvió con Kuroko, para ayudarle con la compra, sin dejar que ninguno de los dos se atreviera a decir ni una palabra en contra.
Estaba cerrando la nevera cuando sonó un aviso en la radio que pendía de su hombro. Un atraco, y estaba cerca.
– Tengo que irme. – Se inclinó para besarle, sin mas. Una preciosa sonrisa le fue regalada por tan simple gesto. – No dejes que se mueva de ahí, ¿Puedo confiar en tí?.
Kuroko asintió, feliz de que su amigo y el policía, por fin, se hubieran reencontrado después de esos dos años de pausa contenida, en la que la verdad sea dicha, la vida les había golpeado con todo su arsenal a los dos. Era bueno que por fin, al menos una pequeña chispita de felicidad les acariciara a los dos.
Kuroko desenvolvió el cuadro que había dejado apoyado en el pasillo, y aplastó el papel que lo envolvía para que Nigou lo usara de juguete.
– ¿Has comprado un cuadro?. – Lo dijo en un tono tan incrédulo, que si hubiera sido un tiranosaurio tamaño natural y vivo no estaría tan sorprendido.
– Si, bueno. – Lo tomó con los brazos estirados, mirando a todas las paredes a su alrededor, buscando donde ponerlo. – Pensé que quedaría genial.
– ¿Pero... – No es que fuera malo, es que no se lo esperaba, y la verdad, es que su día había sido demasiado para cualquier mortal. – ¿Perros jugando al poker?.
Kuroko estalló en carcajadas. Sonoras, musicales, tintineantes... tan inusuales que Akashi se puso de pie para mirarle mas de cerca.
– Me gusta, es divertido. – Se paró junto a los peluches, que seguían amontonados junto a la pared mas grande y limpia. – Aquí, quedará perfecto. – Le miró, y luego bajó el cuadro para que Nigou lo olisqueara a conciencia. – ¿Cómo ha ido, ya sabes?.
Akashi negó, y no hizo falta nada mas.
Dejó el cuadro en el suelo y le abrazó, con fuerza.
– Él se lo pierde. – Le miró, tomando su cara con las dos manos. – Vamos a colgar el cuadro. Hay que adornar la casa... no tenemos de nada. – Le miró, sonriente. – Y luego me cuentas que pasa con el "señor agente"... que sé que durmió aquí... contigo.
Akashi se puso rojo hasta la punta del cabello, le golpeó en el hombro y se marchó, balbuceando algo sobre un taladro y buscar algo en lo que colgar el cuadro.
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– ¿Y le diste los anillos?. – Kise iba secándose en pelo con una mano mientras sostenía el móvil contra el hombro desnudo con la barbilla. Lo puso sobre la cama en manos libres. – ¿Conseguiste que se lo pusiera?.
– Si, pero tenía una cara de lo mas tensa... parece que le va a dar un desmayo de un momento a otro. – Teppei se sentó en el retrete, mirándose en el espejo la mano libre, en la que brillaba el anillo intensamente. – Lo siento. Por todo... tenías razón, en cuanto le puse un límite se asustó y cedió. Vino borracho como una cuba a las tantas de la madrugada, murmurando que no le dejara y que si, que se casaba o lo que fuera.
– Te lo dije, y no me creías. – Kise buscó en su maleta la camiseta simplona que había guardado para dormir y el pantalón cómodo. No iba a bajar al restaurante del hotel esa noche. Pediría que le subieran algo a la habitación y listo. – Como sea, me alegro por tí.
– Siento que la batalla no ha hecho mas que empezar, y no me gusta sentirme así. – Teppei se levantó, caminando en círculos por todo el baño. – ¿Cuándo vuelves?.
– El amor es una incertidumbre gigante, ya deberías saberlo a estas alturas. – Escuchó su risa por el auricular del teléfono y respondió con la misma intensidad. – Me alegra haber podido ayudarte en tu felicidad, de verdad. Eres un gran tío, un poco empalagoso, pero un buen tío. Mereces que te pasen cosas buenas. Y si es a él a quien quieres, no puedo mas que ayudarte. – Se hizo un silencio entre ellos. – ¿Te arrepientes?.
– Un poco si. – Soltó una risita, que se contagió rápidamente al piloto. – Siento que le hemos engañado entre los dos.
– Es que ha sido así, somos un par de malvados y retorcidos conspiradores mentirosos. – Kise se fue vistiendo al tiempo que seguía conversando con él. – No le des mas vueltas. Cuando empezamos a salir tenía claro que estabas enamorado de él, y aún así, quise estar contigo. Teniendo en cuenta lo poco que vamos a estar en la tierra, lo mejor es divertirse y mucho. Me lo he pasado genial siendo tu pareja, y hemos follado como monos, así que, eso también tiene su parte buena... no te lamentes, seguimos siendo amigos... ¿O crees que Hyuuga no dejará que seamos amiguitos?.
– Tendrá que aguantarse aunque no quiera. – suspiró. – Además, ahora se siente culpable contigo, y quiere pedirte perdón.
– Tendré que dejar que se disculpe. – Una nueva risa surgió de sus labios. – Además, tengo un notición impresionante. – Kise se relamió. – He conocido a alguien... pero eso te lo cuento a la vuelta, que tengo hambre.
– No me has dicho cuando vuelves. – Preguntó de nuevo.
– Cierto... en dos semanas, quizá un poco mas. Quiero pasar por casa y ver a mis padres un par de días. En cuanto pise la ciudad te llamaré y nos vemos. Cuida de Hyu chan...
– Te veré a la vuelta. Gracias por todo y sinceramente, espero que encuentres el amor también.
– No gracias, todo el amor del mundo para ti. Prefiero echar un polvo cuando me pique y seguir con mi vida sin complicaciones... Pero agradezco tu preocupación. Te llamo a la vuelta. Un beso.
Teppei miró por la rendija de la puerta del baño el cuerpo de su jefe dormido sobre la cama.
El anillo en su dedo se volvió liviano, y una sonrisa eterna se instaló en sus labios. En cierto modo envidiaba a Kise y su filosofía de no enamorarse y disfrutar de la vida tal y como nos es dada, pero sabía, conociéndole como lo hacía, que el día que se enamorase sinceramente de alguien, sería algo maravilloso para el rubio.
Y esperaba que fuera muy pronto, de todo corazón.
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Kagami miró su teléfono, sonando sobre la mesa. Estaba cansado, había sido un día agotador en todos los sentidos, y su pelo aún goteaba tras la reparadora ducha que acababa de disfrutar con ganas.
Una enorme sonrisa le llenó la cara al ver el nombre de la persona que lo llamaba.
– Hola.
– Hola.
– …
– …
– ¿Quiéres algo?. – Kagami estaba mucho mas que nervioso por la llamada.
– ¿Podemos colarnos en el centro de entrenamiento para perros, otra vez?. – Kuroko sonó dudoso, en voz baja.
– Claro, siempre puedo poner mis encantos a trabajar con el vigilante nocturno, nyyyaaaaa – Ambos sonrieron a la ocurrencia. – ¿Para cuando tienes pensado?.
– ¿Ahora?.
– ¿Ahora mismo? Te refieres a ya... – Se levantó, y miró por la ventana. Kuroko le saludó desde la calle, Nigou a su lado. – ¿Por que no subes?.
– Por que si subo no saldremos. – Kagami se apartó de la ventana, trotando hasta su cuarto, donde tomó unos vaqueros y una camiseta con la mano, sin mirar si combinaban o no. Su mente tardó un rato en procesar la frase del maestro.
– Sube anda. – Abrió la puerta directamente y eso que Kuroko aún seguía en la calle. – Prometo no propasarme contigo, ¿Qué pensaría Nigou de mi?.
Se metió en los vaqueros dando unos saltitos de lo mas gracioso y metió la camiseta sin miramientos. Se ataba la zapatilla cuando Kuroko asomó por la puerta abierta.
Se acercó a él, y se inclinó.
– ¿Va a besarme?. – Pensó el maestro.
Giró la cara, y Kagami la giró al mismo tiempo. Quedando como al principio, con las narices juntas, lo que les hizo sonreír.
Demasiado avergonzado, y eso que eran un par de adultos, le tomó la cara con las dos manos, para que la dejara quieta en un sitio, y fue él quien ladeó la cabeza, inclinado hacia delante como estaba para compensar la diferencia de estatura, y le besó.
Un toque rápido. Se apartó, un poco, y volvió a acercarse. Esta vez dejó sus labios un par de segundos sobre los de Kuroko. El tacto, la calidez, todo era nuevo, y al mismo tiempo familiar y cotidiano, normal.
Un nuevo intento, y se encontró con los labios del maestro entre abiertos, esperando un poco mas que un simple beso, o simplemente sorprendidos por el gesto.
Dio un paso hacia delante, atrapando a Kuroko entre su cuerpo y la pared. Se volvió a acercar, solo que esta vez el beso era mucho mas que una simple batalla entre bocas, era un beso caprichoso con todo el cuerpo. Sus caderas quedaron a la altura del estómago del sensei. Su lengua, se deslizó con una lentitud torturadora en el interior de la boca contraria, con suavidad, y ansia, al mismo tiempo.
Intentando no parecer demasiado demandante, apoyó los antebrazos en la pared, a ambos lados de la cabeza de Kuroko, aunque sus labios parecían ajenos a ellos, y lo que había empezado como un ligero y delicado beso tímido, ya tenía la denominación de morreo con lengua en fase profesional.
Se paró al darse cuenta de que fallaba algo; Kuroko no le estaba tocando. Correspondía el beso con el mismo entusiasmo, quizá mas, pero sus manos estaban a los lados del cuerpo, ajenas al tacto o a lo que podía hacer con ellas.
No quiso preguntarle, por su esquiva mirada supuso que el avance ya era lo bastante impresionante para un solo día.
Kuroko parecía estar tomando una decisión del todo trascendental, por que miraba a los lados, por encima de sus hombros sin decir nada.
Se alzó de puntillas, y le tomó por la cara, para iniciar un nuevo beso, que por inesperado, le pilló con la guardia baja del todo.
Sus manos bajaron por el cuello, hasta la tela de la camiseta, y se deslizaron, mas por la gravedad del planeta que por voluntad propia hasta el límite del pantalón.
El beso se prolongó durante un par de minutos, suficientes como para que el deseo subiera un escalón que ninguno de los dos estaba aún preparado para pisar.
Nigou ladeó la cabeza, sentado a un par de metros de los dos. Por un momento podía parecer que el perro trataba de comprender lo que estaba mirando.
Kagami se apartó, rompiendo el beso, aunque no se movió ni un ápice de su lugar, salvo su cabeza, que levantó para apoyar la frente en la contraria.
– Dame un minuto ¿Quiéres?. – Respiró profundamente, haciendo que el cabello de Kuroko se moviera acompañando cada exhalación. – Si vamos a salir no puedo hacerlo con … – Señaló abajo con los ojos... – A no ser que quieras quedarte...
Kuroko siguió su mirada y se sorprendió del bulto en los vaqueros.
¿Él había provocado eso?.
– No creo que a Nigou le guste que lo dejemos aquí. – Usó al perro como excusa para salir del paso, siendo consciente de que si se quedaban, no estaría de pie mucho mas tiempo.
– ¿Qué hacéis ahí?. – Aomine se sacó la chaqueta de cuero, que a Kuroko se le hizo conocida de repente, la dejó sobre el espaldar de la silla.
– Nada, nos vamos. – Kagami lo dijo, pero aún así no se movió de donde estaba, con Kuroko contra la pared y su pecho al mismo tiempo.
– No os habéis movido ni un milímetro. – Les miró de reojo, con una media sonrisa en sus labios.
– Es que nos vamos lentamente. – Se inclinó para susurrarle un gracias al sensei, que se limitó a asentir en respuesta.
– Vale, no es asunto mío. – Acarició a Nigou, que los miraba sin pestañear a los dos.
– Vamos al centro de entrenamiento canino con este pequeñín, ¿Te vienes?. – Kagami estaba invitando a su compañero de piso, y no sabía si sentirse mal o aliviado.
– Claro. – Miró a Kuroko, intentando ver si interrumpía algo para excusarse con lo que fuera para decir que no, pero no era el caso. – Además tengo un montón de energía que quemar, si puedo lanzarle cosas para que las atrape, seré feliz.
– Pues vamos. – Ahora si, se apartó, y le tomó de la mano, descarado y contento.
Para ser la primera vez que se emocionaba con un chico, no había estado nada mal...
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Midorima paró el coche y se bajó primero. Rodeó el deportivo rojo por el morro y le abrió la puerta a Takao, al que ayudó a bajar con la mano extendida en su dirección.
El traje negro le daba un aire solemne, casi autoritario, tanto que daba escalofríos.
Takao tuvo un ataque de risa cuando le vio llegar en el coche. Imaginó que tendría un pedazo de vehículo como ese, aunque no acertó con el color, si que lo hizo con el modelo.
Cerró de un leve portazo y entrelazó sus dedos. Takao notó el temblor nervioso y le pareció de lo mas adorable.
– No van a comerte. – Le miró, divertido. – No comen carne humana... creo...
– No bromees, por favor. – Angustiado le miró de reojo.
Takao le obligó a parar, casi pisando el camino que rodeaba la casa por el jardín. Se colocó delante de él, y le tomó las dos manos con cariño.
– Todo está bien, solo tienes que ser tu y ya está. – Acarició el dorso de las dos manos con el pulgar de las suyas.
– Si soy yo se van a morir de aburrimiento. – Hizo un puchero adorable.
– Eso no es verdad, tu tú es muy interesante. Y a mi me gusta el tú que eres cuando eres tú. – Sonrisa plena. – Y mi bebé ama al tú que le deja comer chocolate.
– Deja de decir "tú" todo el rato, ya estoy bastante nervioso. – Midorima le medio regañó.
– Bésame, corre. – Tiró de sus manos para bajarle a su altura. – Mis padres nos miran desde la ventana...
Midorima dio un paso atrás, aunque Takao no aminoró el agarre a sus manos, dejándole clavado en el sitio en una postura de lo más cómoda.
– Es broma, no nos miran desde la ventana. – Señaló sobre la puerta de entrada, a la cámara de seguridad que les enfocaba. – Relájate, por favor... yo también estoy de los nervios, y saber que tu estás a punto de que te dé un ataque de tontitis aguda no ayuda ni un poco.
– Lo siento. – Avanzó, para besar su frente. No era lo que esperaba, pero un beso es un beso, por pequeño que sea. – Solo dime que no comen carne humana y seré feliz...
– Tu sentido del humor apesta. – Le pellizcó en la cintura, una enorme sonrisa en sus labios.
– Es uno de mis muchos defectos. – Sonrisa radiante. – Pero para eso estás tu, para enseñarme el buen camino.
Alucinado por la confesión velada, pestañeó, sin ser consciente de que la paciencia de sus padres, que sí estaban mirándoles tras la ventana, se había agotado y ya salían a su encuentro por la puerta principal.
– Mi pequeño Kazu chan... que va a ser mamá. – Medio llorosa, la mujer se acercó a su hijo, acariciando su hinchado vientre casi en el mismo gesto.
– Por favor, ¿no te cansas de hacer todos los días lo mismo?. – El hombre, de mirada severa y un increíble parecido con Takao tiró de su mujer para ponerla de nuevo estirada. – Tu pequeño Kazu chan como tu lo llamas ya tiene veinticinco años, que son años.
– Mamá... por favor. – La mujer ignoró a todos los presentes, y se afanó en acariciar a su hijo con las dos manos. – Mamá... – La llamó de nuevo, hasta que consiguió que se levantara y le besara una docena de veces seguidas en el moflete, haciendo un ruido muy gracioso.
– Mi bebé... – La mujer parecía en trance, mientras su padre se limitó a rodar los ojos, resignado.
– Como habrás podido adivinar, mi madre, Shuri. – Dibujó una tierna sonrisa, invitando a su madre a saludar a Midorima, que a su lado, se había limitado a entrelazar los dedos con él y mirar la escena sin intervenir. – Mi padre, Kazunari igual que yo, o al revés... y falta la fiera... pero cuanto mas tiempo pases sin conocerla, mejor para tu salud mental.
– Encantado de conocerla. – Le sonrió, y tendió directamente la mano al caballero, que la tomó para saludarle.
– Vamos dentro, la comida estará lista enseguida. – Su padre comenzó a caminar delante de ellos sin esperar que nadie le dijera nada al respecto.
La mujer se aferró a Takao, sin intención de soltarlo, obligando a Midorima a soltar el agarre y seguir a su padre al interior.
Mientras madre e hijo se iban al salón, Midorima siguió al padre a la cocina.
– Así que médico... – Le ofreció un refresco. – Kazunari lleva tiempo hablando de usted.
La dureza que imprimía al hablar le dejaba muy claro que le estaba tanteando, y que un paso en falso, y estaría en la calle tan rápido que ni se daría cuenta de como demonios había acabado fuera.
– Si, señor. – Educado le respondió sereno. – Especializado en..
– En embarazos y todo ese rollo de traer bebés al mundo. – Agitó la mano en el aire, fingiendo no tener idea, aunque era evidente su inteligencia. – Como le he dicho mi hijo lleva tiempo hablándonos de usted sin parar. – Me preocupa que vea a mi pequeño como un objeto de estudio para su consulta...
– Debe usted pedir disculpas muy a menudo. – El padre le miró confuso. – Lo digo por que si hace juicios de valor sin conocer a las personas, le debe ocurrir muy seguido. – sus miradas, de protectores a ultranza se mantuvo unos segundos. – Pero si es eso lo que le preocupa, no tendré inconveniente en derivar a Takao a otro compañero.
– No podría permitir eso. – Admitió, serio. – Se que es el mejor en lo que hace, y mi hijo se merece lo mejor, sin ningún lugar a dudas. – le miró, un poco menos hostil con él. – Entiéndeme, soy un padre preocupado. Lo miro y no puedo evitar pensar en ese hijo de puta, … lo que le hizo a mi niño... si lo pillo le arrancaré los ojos y haré que se los trague... – Mantuvo la mirada con él unos segundos. – Si haces llorar a mi Takao lo lamentarás...
– Estoy seguro de ello. – Escuchó los gritos divertidos de Takao y su madre en el salón.
– Al menos no tendré que preocuparme por que le robes. – Pinzó la chaqueta del traje con dos dedos, deslizando las yemas por la tela. – Tiene unos gustos muy caros, doctor.
– Intentaba que la primera impresión fuera buena. – Se ajustó las gafas en su sitio, solemne.
– Lo has conseguido, estoy impresionado. – Le tendió la mano, ahora en son de paz. – Los demonios de mi hijo son grandes, y muy fuertes; espero que sepas donde te estás metiendo. El grupo ha vuelto, y ese hijo de puta con ellos...
– ¿Le parezco alguien que renuncia a una buena lucha?. – Midorima sonrió, desafiante. – Y ya tengo un ángel, con el que combatir a esos demonios de los que habla.
Su padre sonrió, al ver que al mencionar a la criatura celestial, sus ojos estaban puestos en su pequeño.
– La comida está lista. – Sacó la fuente del horno, y fue con ella hasta el comedor, dejándola en mitad de la mesa, decorada.
Un golpe, cosas siendo tiradas al suelo, y unos pasos a la carrera.
– Niiiiiiissssannnnnn. – Se arrodilló a su lado, levantó la camiseta, y metió la cabeza por debajo de ella sin preguntarle, dándole besos sonoros y escandalosos en la tripa. – Hola bebé, la tiiiita está aquí...
– Nee san. – Takao trataba de quitarse a su hermana de la barriga, pero sin mucho resultado. – El doctor...
– Oh... – Se levantó, de un salto, colocó su ropa, pelo y postura, y le abrazó por el cuello, de puntillas, besando su mejilla a modo de saludo. – Tenías razón hermanito, está muy bueno.
– Gracias, supongo. – Le devolvió el beso y la alejó delicadamente de él. – Y tu debes de ser su hermana.
– ¿Nii san te ha hablado de mi, de lo maravillosa e impresionante que es su hermanita mayor?.
– No... es que os parecéis mucho. – Se disculpó con una reverencia.
Los espectadores estallaron en carcajadas.
– ¿Qué te parece, mamá?. – Preguntó en voz baja.
– Bueno, tu padre parece tranquilo a su lado... no hay gritos, amenazas, y ni armas afiladas volando... y tu hermana tiene razón, está bueno. – los dos rieron, bajito, en tono confidente. – Si a ti te hace feliz, a mi también.
– ¿Pero te gusta o no?. – Insistió, sonriendo a su hermana y Midorima, discutiendo como si se conocieran de toda la vida, como él y ella hacían...
– Si cariño, me gusta mucho. – Posó la mano en su vientre de nuevo, el bebé se movió en respuesta. – Es muy apuesto, y educado... y me he fijado en como está pendiente de ti... verás que cada poco mira que estás haciendo...
Tal y como había dicho la mujer, a los pocos segundos Midorima le miraba, y sonreía al verle tranquilamente sentado.
Takao estalló en carcajadas.
No sabía si era feliz o no, pero ese momento, esa sensación, se parecía mucho.
Y deseaba que no terminara nunca...
Lástima que el destino no pensara lo mismo.
Oooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Ooootttrrrroooo cap... y cada vez me quedan mas largos y mejores jejeej
Gracias por vuestro apoyo, de verdad, agradezco cada comentario.
Nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
shiga san
