Sesshomaru se pasó cuatro horas rastreando los arbustos, buscando sin descanso a su hembra después de que ésta se desvaneciera ante sus propias narices.

No podía encontrarla. No podía olerla. Pero sentía que seguía en sus tierras.

Y eso le hizo pensar: ¿quién en su sano juicio dejaría que alguien así se alejara de su lado?

Él estaba dispuesto a enfrentarse a todo un ejército youkai para estar con ella.

En el pasado, Sesshomaru nunca le había encontrado el sentido a tener una compañera, y le había parecido una suerte no tener la obligación de cuidar de una. Pero ahora que sabía que una criatura como aquélla —la más preciosa que había visto jamás— le pertenecía, cambió radicalmente de opinión.

«Ella es mía, y tengo intenciones de quedármela para siempre.» Por fin podría dictar el comportamiento de otra persona, alterar su destino y hacerlo parejo al suyo.

Cada vez que dudaba acerca de si hacían buena pareja, se tranquilizaba pensando que él era el más fuerte de los lores; y ella la más la había ganado.Sesshomaru sentía por su compañera lo mismo que por sus tierras. Y recurriría a todas sus fuerzas para protegerlas a ambas.

Pero antes tenía que encontrarla. Descubrió el rastro de los youkais que seguían yendo tras ella, y también encontró las pisadas de un ogro. Las tierras del oeste estaban repletas de criaturas sanguinarias, y tan perversas que incluso Sesshomaru tenía ciertos problemas para ocuparse de algunas.

«Tengo que encontrarla.»

De hecho, había infinidad de bestias malvadas; tanto nativas como procedentes de otros reinos y que habían sido desterradas allí. Con el paso del tiempo, aquellos seres se habían reproducido y habían terminado por convertir el lugar en una trampa mortal, incluso para una miko. Ella tenía poder, pero debía ir con mucho cuidado.

Sesshomaru se frotó el pecho, todavía le costaba creer la fuerza con que ella le había golpeado. Y el pisotón que le había dado en los testículos también había sido considerable.

¿Qué era?

Quizá su hembra fuese una miko que controlaba los rayos y que podía hacer conjuros de invisibilidad.

Además, si ella poseía tal poder, ¿por qué no había lanzado rayos contra los demonios que la habían capturado al llegar?

Sesshomaru empezaba a sospechar que en ese momento ella no tenía poderes. Los había adquirido después de estar con él.

Tan sólo en aquella montaña encontraría a docenas de voluntarios para reemplazarle, todos demonios, igual que él.

«Otro tocando lo que es mío.» Se puso furioso sólo de pensarlo y corrió más rápido. Nadie tocaría jamás el hermoso cuerpo de su compañera.

Ella era perfecta. Bendecida por los dioses. Tenía unos resplandecientes ojos chocolate, curvas sensuales, piel pálida y suave como la seda que llevaba cubriendo su intimidad. Y al recordar su sabor, se estremeció de placer.

Su sangre era como el vino. Era un demonio en cuerpo y alma, porque ahora ya no podía volver atrás. Sesshomaru sabía que a partir de entonces sólo sería feliz bebiendo de ella cada noche.

Una parte de sí mismo la culpaba de su perdición, por haberle hecho perder el control. Al fin y al cabo, antes de conocerla no había mordido nunca a nadie. Su mente se llenó de imágenes de ella. Pero entonces se acordó de sus ojos chocolate llenos de lágrimas, y de su expresión de asco. Su compañera no había entendido sus disculpas, pero sí sus intenciones, y ella no sentía la necesidad imperiosa de estar con él.

Su hembra se había resistido. Y él le había roto la muñeca. Y en ese instante también recordaba que además de morderla le había desgarrado la piel del cuello.

Había maltratado lo más bello que había recibido jamás; la compañera a la que se suponía que tenía que proteger.

Y no atacar.

Comprendía perfectamente que hubiera salido huyendo. Ella no sabía que Sesshomaru era su macho, así que seguro que creía que era igual que los demonios de los que él la había salvado. Pero él no era como ellos.

Tenía que encontrar el modo de convencerla de que estaban destinados a estar juntos. Ella le pertenecía y tenía derecho a poseerla.

Pero si no lograba que lo entendendiera o escuchase jamás conseguiría explicárselo...

La noche empezó a desvanecerse y Sesshomaru por fin se detuvo. Miró a su alrededor y escudriñó con la mirada las tierras. Asumió que quizá no la encontraría antes de que amaneciera.

Y entonces decidió que haría todo lo necesario para garantizar su seguridad.

Haría lo que mejor se le daba.

Cuando volvió a olfatear el rastro de los demonios, los atacó con toda la furia que sentía.

Unos aullidos despertaron a Kagome a la mañana siguiente. Levantó la cabeza. «¿El demonio ha regresado?» Los aullidos cesaron.

Probablemente sería su propio estómago.

Se frotó los ojos con las palmas de las manos, pero apenas pudo ver nada. Ya no hacía viento, pero el humo era agobiante.

Por todos los dioses, la cosa no pintaba nada bien. Kagome se sentía incluso más agotada que antes. A lo largo de la noche se había quedado dormida una docena de veces, pero en todas las ocasiones la habían asaltado sueños con Souta esperándola en casa para seguir con su vida. Se había mantenido alerta; los aullidos de los demonios le daban escalofríos. Sin embargo, cuando estaba a punto de amanecer, pararon de repente.

A Kagome le rugió el estómago y se dio cuenta de que esa mañana nadie iba a llevarle el desayuno a la cama; le parecía que no había comido nada en una semana. La sed era todavía peor, tenía la boca seca como el desierto.

Se levantó de mala gana y todos los músculos de su cuerpo se quejaron por el esfuerzo. Al dar el primer paso, las ampollas de las plantas de los pies estuvieron a punto de reventársele. Le dolía la muñeca, y a causa del humo le escocían los ojos y la nariz.

Ignorando el dolor, salió de la cueva sin saber adónde ir, consciente sólo de que tenía hambre y sed. Lo último lo daba por imposible, a no ser que encontrara un manantial.

Pero tenía que intentarlo. Hacía horas que no tomaba ni una gota, y se había pasado la noche anterior corriendo por los dominios de aquella criatura.

¡Qué ganas tenía de regresar con Souta!

Konichiwa minna san! Que bueno que les este gustando :) agradezco los primeros reviews

Clara

Lady Indomitus

Anonima (deja tu nombre mujer)

Que opinan se seshi en fase "macho hot y territorial?"

Sus comentarios son musica para mi :P no olvideis obsequiarme con sus rw.

Hasta pronto!