Qué no daría por volver a la noche anterior. Si pudiera dar marcha atrás en el tiempo, no la asustaría, y no descuartizaría a aquellos demonios delante de ella.
Trató de engañarse a sí mismo diciendo que no la mordería, pero al recordar el placer que sintió al beber su sangre, supo que era mentira.
La olió.
¡Por fin! Llevaba horas incapaz de detectarla, pero por fin había olfateado su esencia y se puso en marcha.
A medida que iba acercándose, fue aminorando el paso. Lo mejor sería no delatar su presencia; ella podría volver a ocultarse o aniquilarlo con uno de aquellos rayos que lanzaba con las manos.
Escaló el acantilado y la siguió desde arriba. Al verla suspiró aliviado. Pero siguió vigilándola, asegurándose de que no se tropezaba con alguna de las muchas trampas que él había tendido en aquella zona, ni con ningún animal merodeador. La siguió y observó su comportamiento, tratando de averiguar más cosas sobre la pequeña mujer.
Él siempre observaba, pero en esa ocasión disfrutó haciéndolo. Podría pasarse horas mirándola, era tan expresiva... Ya no estaba asustada, estaba furiosa; daba patadas a las rocas y las maldecía.
A pesar de estar visiblemente cansada, seguía estando preciosa. Sesshomaru observó orgulloso las facciones de la compañera que el destino había elegido para él. Tenía las pestañas largas, los pómulos altos y elegantes. Los labios carnosos.
Antes de encontrarla, Sesshomaru jamás había entendido que los otros demonios fantaseasen acerca de cómo serían sus almas gemelas, de qué color tendrían el pelo, o los ojos. A él el color del pelo de una mujer le importaba tanto como el de un caballo. Sin embargo, en esos momentos sentía un peculiar orgullo al ver que su compañera era una belleza morena.
En las pocas ocasiones en que se había imaginado a su alma gemela, daba por hecho que sería como él: una demonio altiva y puesta a prueba por la vida. En cambio ella era todo lo contrario.
No tenía colmillos ni garras, y su piel parecía no haber sido dañada por los duros rayos del sol. Deseaba tocarla intimamente ya era insuficiente admirarla. Sólo con pensar en poder poseerla también en ese sentido, se excitó.
En el pasado, Sesshomaru había recurrido a su disciplina para evitar obsesionarse con el acto sexual. Pero ahora que existía la posibilidad de estar con su compañera, no podía controlarse. Quería acariciar su cuerpo a su antojo, quería descubrir todas sus curvas y recovecos.
Si se aplicaba lo suficiente, seguro que averiguaría cómo darle placer. Por el momento, ni siquiera sabía por dónde empezar a tocarla. Él nunca había estado con una hembra humana, y mucho menos había acariciado a ninguna.
Pero tenía que creer que encontraría el modo de satisfacerla. Una de las primeras lecciones que había aprendido en la vida era que todo el mundo tenía una debilidad. ¿Serían las orejas? ¿El cuello? Se imaginó apartándole el pelo para besarle la nuca. «¿Temblará si le pongo las manos en los pechos?»
Su compañera siseó de dolor y se le acentuó la cojera era evidente que no estaba acostumbrada a caminar tanto. Se frotó la nuca y se masajeó los músculos del cuello. Al menos, la muñeca parecía estar curándosele.
La vio cojear hasta un tronco y sentarse. Se miró las botas con aprensión. Tiró de la primera y se mordió el labio inferior para no gritar.
La suela interna de piel negra se le había pegado a las llagas. Se quitó la segunda bota y él hizo una mueca de dolor, pero de los labios de ella no salió ni una queja. Su compañera era fuerte, si no en cuerpo, en espíritu.
Se recogió el pelo en un moño en lo alto de la cabeza, y Sesshomaru pudo ver las marcas de sus colmillos. La noche anterior ella había pronunciado la palabra «demonio» antes de empezar a lanzarle rayos contra el torso.
A ella pareció enfurecerla más que la hubiera mordido que el hecho de que se hubiera excitado contra su cuerpo. Desde que nacio sus deseos fueron sometidos a la voluntad de alguien mas.
¡Ahora me toca a mí!» Ella le daría su sangre y Sesshomaru a cambio la protegería. Era equitativo.
No tenia idea de como su mujer habia ido a parar a sus dominios; pero sí sabía que tenía mucha suerte de que alguien tan fuerte como él estuviese dispuesto a protegerla; y más teniendo en cuenta lo frágil que parecía su naturaleza y la poca habilidad de sus poderes.
Quizá su compañera necesitaba recordar lo mucho que le necesitaba.
Justo después de que consiguiera meter de nuevo los pies en aquel par de botas, vio un leve movimiento entre el humo que tenía a su espalda. Algo aterrizó a sus pies, y fuera lo que fuese no se movió.
«¿Y ahora qué pasa?» , suspiró exasperada y se agachó.
Se encontró con unos ojos carentes de vida mirándola. Se tambaleó hacia atrás y se cayó sentada en el suelo. Allí delante tenía la cabeza de uno de los youkais que la había atacado la noche anterior. Le habían cortado el cuello, y las arterias todavía babeaban.
Levantó la vista y por entre la bruma vio una enorme figura en lo alto del acantilado: el demonio.
¿Por qué había hecho aquello? ¿Era una especie de advertencia?
Se puso furiosa y el miedo que pudiera sentir ante él se desvaneció.
—¿Se puede saber qué te pasa? —Se puso en pie de un salto, abriéndose de nuevo las llagas con el gesto. «¡Estoy harta!»
Estaba exhausta, se sentía como si le hubieran dado una paliza y empezaba a dolerle la cabeza. Se notaba los pies como si alguien les hubiera echado ácido por encima. La herida del cuello le escocía porque se le estaba curando.
—¡Me has salpicado la bota de babas! ¡Demonio asqueroso!
Las últimas veinticuatro horas habían sido las peores de toda su vida. ¿Y él pretendía prolongarlas?
—¿Crees que una cabeza cortada va a asustarme? ¿Crees que así me convencerás de que me quede contigo, de que me acueste contigo?
Kagome cogió una roca del tamaño de una pelota del suelo y la lanzó en dirección al peliplateado.
—¡Ya he tenido acosadores antes, cretino! —Aguzó el oído a la espera de que él respondiera, pero no oyó nada.
—Sea lo que sea lo que pretendas hacer, ¡hazlo de una vez!
Nada. Y mientras ella siguiera estando tan débil, no debería provocar a aquella abominación mítica.
Cuando él saltó y aterrizó justo delante de ella, Kagome se asustó. Quedó de cuclillas junto a la cabeza del youkai muerto y ella se tensó, lista para otro ataque, pero él se limitó a observarla con calma.
El demonio tenía los ojos ambar, y no rojos. En vez del estado de ofuscación de la noche anterior, ahora su rostro rebosaba inteligencia, y una astucia que hizo que Kagome se pusiera alerta.
¿No iba a atacarla? ¿De verdad iba a tener tanta suerte?
Muchisimas Gracias x los reviews me hacen muy feliz, esta es mi primer adaptacion!
Bueno respondo las dudas
• El lord del norte mando a hacer un conjuro para ligar a su sobrina con sesshymaru pero una mala traduccion hizo que trajeran a Kagome a las tierras del Oeste.
• Sessho es bastante bruto cuando se apasiona y habla su lengua nativa, el idioma Inu por eso a veces Kagome no lo comprende del todo.
• Por ahí preguntaron por la marca pues sessho apenas la mordio no pudo completar el ritual y la tiene dificil ya que Kagome esta algo frenetica con su comportamiento sexopata xD y lo quiere freir con reiki jajaja
Si no actualizo en 24hs es porque mi portatil sigue sin colaborarme. Mil gracias x agregar a favoritos! Y los follows etc Un abrazo a todas! No dare nombre pues no quiero olvidar a ninguna.
