Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo dieciocho: Petición de mano.
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El amanecer le resultó placentero, demasiado.
Por norma general, Kagami detestaba despertarse, o mas bien abandonar la calidez y comodidad de la cama; y si estaba acompañado la pena era mucho mas grande.
Pero esa mañana se le hizo deliciosa. Una medio sonrisa adornaba su rostro, casi tatuada en sus labios para siempre.
Notaba la calidez del cuerpo sobre él, su cabeza en mitad del pecho, sus respiraciones, mandando el cálido aliento a la piel de su cuello.
Sus manos bajo la almohada, los brazos doblados hacia arriba, fuera de las sábanas que cubrían a Kuroko hasta la mitad de la espalda.
Sus ojos abandonaron el techo, para deleitarse en el celeste de su cabello.
Por la pequeña rendija de la ventana, la poca luz que entraba delineaba el cuerpo sobre él. Pro primera vez Kagami tuvo en cuenta a Kuroko.
No es que no lo hubiera mirado antes, era que no lo había mirado para verle. Su instinto masculino le empujaba a participar en el juego de la seducción mutua como eso mismo, un juego.
Pero ahora todo era distinto. Su interés era real, palpable, tangible. Sus ojos viajaron, hasta las pequeñas y redondas nalgas, intensificando su sonrisa mucho mas.
Tetsuya no era una mujer, y si lo fuera, con los atributos que tenía en ese momento, no sería de las mas hermosas del mundo. Kagami adoraba las mujeres voluptuosas, de curvas definidas. Apretujar dos enormes tetas en sus manos era una delicia solo comparable a comer con las manos...
Pero...
En su mente, cada una de las acciones del día anterior regresaron, nítidas como un película a cámara lenta.
Lo del día anterior, en el sofá, no había sido sexo, ni siquiera deseo. Él sabía de que iba eso, muy bien; desde que descubrió que podía hacer algo mas que mear con su mini yo, no había parado de darse alegrías, cada vez que notaba un picazón.
Pero esta vez, la sensación era distinta. Quería complacerle, mas allá del acto egoísta de la cópula. Podía notar que todo era distinto.
Sus dedos viajaron hasta la curva de su cuello, acariciando los cabellos mas cortos, bajando con el dorso de los dedos hasta la mitad de su espalda y subiendo, despacio. Alargando la caricia hasta que no pudo mas y volvió arriba. El escalón que formaban sus labios cerrados se le hizo terriblemente delicioso.
Quería besarle.
Nunca había querido besar a nadie por el simple hecho de hacerlo, siempre había un porqué, una compensación tras el gesto.
La manilla de la puerta bajó, despacio, y se abrió lentamente, solo un poco, pero lo bastante como para dejar ver a Nigou. El perro se sentó, en el límite entre la puerta y el cuarto, ladeando la cabeza, como si estuviera pensando si entrar o no, y la presencia del bombero le hubiera frenado.
Kagami le hizo un gesto con la mano en alto, y entró, aunque se limitó a sentarse en el borde de la cama y apoyar el hocico en el colchón. Aceptó sus caricias con deleite.
– ¿Quieres salir?. – Murmuró, a lo que el perro respondió elevando las dos orejas y meneando la cola con entusiasmo. – Vale, dame un segundo.
No quería despertarle, pero tampoco quería irse sin mas. Se movió con cuidado a un lado, dejando el cuerpo del maestro boca abajo en el lecho, sin destaparle.
Antes de salir definitivamente del cálido nido, se inclinó, besó sus labios, su rostro, su frente, y sus labios otra vez.
Buscó sus zapatillas con los dedos, a tientas por el suelo, y las tomó con una mano, caminando descalzo hasta la salida. Miró una última vez antes de salir.
Kuroko se había acomodado al espacio que ahora tenía disponible con naturalidad, y siguió durmiendo sin mas.
Casi se sintió decepcionado por que no se diera cuenta de que se había ido de su lado.
Menos mal que solo sería por un rato, breve.
Solo cuando la puerta de salida se cerró, y estuvo totalmente seguro de que Kagami y Nigou se habían alejado lo suficiente dibujó una sonrisa contra la suavidad de la almohada.
Los recuerdos de la noche anterior, de su atrevimiento, de lo que hicieron, le colorearon de hermoso camesí hasta la punta de las orejas. Aspiró con fuerza, hasta llenar los pulmones, su aroma, aún presente en la cama.
Estiró los brazos bajo la almohada para desperezarse, tocando algo con la punta de los dedos que movió hasta el cabecero.
Al sacarlo su vergüenza se hizo mas evidente. El rojo en sus mejillas ardía, como nunca en su vida. Ni siquiera con su esposo se había sentido tan avergonzado. Quizá por que con él todo era nuevo, y en cierto modo ahora también lo era, aunque él ya no era el mismo de ese entonces.
Leyó la etiqueta: "... con aroma y sabor a coco".
Soltó una carcajada, para murmurar justo después un " será idiota" dedicado a su amigo y al tontaina de su novio.
Se sentó en la cama. Fantaseó un poco mas frente al espejo, mientras se afeitaba y lavaba la cara y los dientes, con como sería su primera vez...
Y Kuroko se convirtió en un ser completamente colorado.
Pensó en quedarse a esperarle, para desayunar juntos, pero al cuarto de hora, supuso que Kagami se había llevado a Nigou al centro de entrenamiento canino, y estaría fuera al menos una hora o mas.
Comprendió que quizá, solo quizá, Kagami necesitara un tiempo a solas para digerir lo que había pasado.
Ambos querían, eso por supuesto. Aunque sus razones para negarse eran lógicas, comprensibles, sus palabras y sus acciones no se correspondían para nada.
Frente a la floristería, Kuroko dudó. Por primera vez en esos dos años de ausencia, no sabía que flores comprar para su familia. Todas las flores le parecían radiantes, hermosas, felices.
Calas, blancas con un centro largo y amarillento, le llamaron la atención sin saber muy bien por qué. Ni tampoco supo muy bien por que compró solo una pareja de ellas, con un enorme lazo azul cobalto.
También fue la primera vez que el monólogo con su familia se sucedió en silencio. Tenía mucho que contarles, una marea completa de sensaciones, ilusiones, planes. Había sentido en una sola noche mas que en todos los días, horas y segundos que se habían sucedido en los dos últimos años.
Era una sensación desconocida; era sentirse nuevamente vivo, volver a nacer en el mismo cuerpo.
No sabía si duraría, o si por el contrario, Kagami lo abandonaría apenas regresara con Nigou... le dolería, por supuesto. Sentiría la decepción y una enorme pena, pero se lo agradecería, siempre.
Por que en una sola noche, había alumbrado su mundo de sombras con una hermosa y cálida luz.
Limpió, como siempre, con cariño y una hermosa sonrisa en sus labios.
Incluso el responsable del campo santo se acercó, intrigado por tanto silencio.
Conversó con él de cosas livianas, del tiempo, del día a día, de sus niños, del colegio, de la vida.
Al salir, los dos le esperaban en la puerta. Kagami apoyado en la pared, dándole la espalda. Nigou, sentado a su lado, mirando en su dirección, contento al verle.
– Hola. – Tetsuya se paró, a acariciar al perro.
– Hola. – Levantó una bolsa de papel. – He comprado donuts... no sabía cual te gustaba, hay uno de cada. – Miró al cementerio y luego a Tetsuya, preocupado. – No quería despertarte... y bueno, no te he visto ni nada... este muchacho ha tenido que olerte, por que me ha traído directamente hasta aquí. No quería … interrumpir. – Inclinó la cabeza en una pequeña reverencia disculpándose. – ¿Todo bien?.
– Si, todo bien. – Levantó la mano hasta su mejilla, acariciando hacia atrás, tras la oreja. Se puso de puntillas y le besó. Dulce, breve, delicado,amoroso, un pequeño beso, sonoro. Un piquito que pilló al bombero desprevenido. – Ahora todo perfecto.
Entrelazó sus dedos, sin pudor alguno, y empezó a caminar.
Kagami se sintió tirado de ambas manos. No opuso resistencia alguna. Le gustaba el camino que tomaban sus pasos... y Kuroko, estaba especialmente hermoso bajo la luz del día.
– Uno de los dos tendrá que hacer café. – Protestó, en broma. Tiró hacia él, pegando a Kuroko a su cuerpo, haciendo que acompasara sus pasos abrazado a su torso con los dos brazos. – Tengo hasta medio día.
– Yo me ocupo del café y del zumo. – Le miró, sonriendo. – Pero solo por que has tenido el detalle de los donuts... y me quedo el relleno de mermelada.
– Hay tres, rellenos. – Agitó la bolsa en su cara, divertido. – Mora, fresa y melocotón...no sabía cual te gustaría...
– Esos tres me gustan. – una suave risa surgió de sus labios. – Eres un cielo, gracias.
– Tu si que eres un cielo. – Le aprieta contra él, besa su cabeza, sonríe, feliz. – Tienes el cielo en tus ojos, en tu pelo... Eres muy hermoso.
Kagami se sorprende por la confesión. Le ha salido simple, clara, sin pretenderlo.
No le parece mal, ni bien, solo un acto sorprendente.
Lo mas seguro es que sea por el hambre, aún no ha desayunado... si, eso debe ser. Hambre, y no lo que su vocecita interna le grita desde dentro.
Taiga, te estás enamorando.
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– ¡Eso es una manoooo!... Ayyy, mi bebé pequeñito tiene deditos, mira...
– Estate quieto. – Midorima bufa, otra vez. – No puedo comprobar nada si te mueves todo el rato.
– Está bien, gruñón. – Se tumba de nuevo en la camilla, haciendo morritos. – Es que la tele esa está muy lejos... – La mirada del doctor le dice que sabe que tiene razón. – Estoy fastidiando tu ritmo de consulta...
– No estás fastidiando nada. – Movió la camilla con el pie, tras quitar el freno, acercando así a Takao a la tele, pero teniendo acceso al vientre descubierto. – Liberé una hora para tu visita. – Le mira, sonriendo. – Con lo que te gusta hablar, no tengo suficiente con los quince minutos por paciente que utilizo con el resto.
– Pon otra vez su mano, por favor. – Miró el borrón negro y blanco de la pantalla, y los números que bailaban en el marco y un lateral. – Espera. – Apunta con el dedo. – Mira, su naricita... Mi bebé... dios mio, mi bebé, mira... su manita.
– ¿Quieres que lo imprima?, Para tus padres. – La pregunta era innecesaria, ya que las imágenes estaban saliendo por la impresora de la consulta sin que Takao respondiera.
– Se ha movido, mira. – Sus ojos azules siguen a la criatura en la pantalla. – Creo que está sonriendo. – Inclinado hacia delante la imagen se desvanece.
Takao hace un puchero, no lo ha hecho aposta, es que la emoción le puede y no le deja quedarse quieto.
– Pasaré el archivo a vídeo, para que lo veas todas las veces que quieras. – Le pellizca en el moflete, tratando de dejar su pena atrás. Limpia los restos del gel en su piel y vuelve a depositar otro chorro. – ¿Quieres saber que es o prefieres la sorpresa?.
– Si... bueno no, espera... – Señala la tele de nuevo. – ¿Puedo ver su carita antes?, por favor.
Midorima aparta la banqueta y se sienta en el borde de la camilla. Inicia la exploración de nuevo, intentando que Takao esté quieto. Nota su nerviosismo, mas por felicidad que por miedo, o quizá al revés, solo él puede saberlo con certeza, en el modo en que tiembla su vientre redondo con él. La imagen del bebé encogido surge de nuevo, a capas, nítida como si la estuvieran viendo a través de una de esas pequeñas cámaras que usan para mirar dentro de los sitios estrechos.
El perfil de la cabeza va apareciendo, su frente, y nariz, chatita, redonda y pequeña. Sus mofletes, llenos, la mano en su boca, moviendo sus dedos una y otra vez, como si realmente saludara a su mamá de ese modo.
Ha visto centenares de bebés como ese, y ha escuchado las palabras que Kazunari pronuncia las mismas veces, de distintas mamás, mas o menos ilusionadas que el moreno, pero esta vez es diferente.
Siente a ese bebé como suyo, aunque no les una absolutamente nada, esa pequeña criatura le pertenece, en cuerpo y alma, ya se siente su padre. Y es absolutamente una locura, apenas han cruzado una docena de besos y poco mas, pero Midorima siente que su vínculo es profundo e indestructible. Siente una poderosa necesidad de complacerle en todo lo que pida solo para ver su sonrisa una vez mas.
No esas sonrisas que curvan los labios hacia arriba. Las sonrisas de Takao son pura luz, iluminan su rostro, sus ojos, todo a su alrededor. Y su risa, ah, eso si que es una pura ilusión, mucho mas deliciosa que la mas bonitas de las tonadas.
Hay algo en Takao que le impulsa a mirarle, cuando se sabe ignorado, a deleitarse en sus pequeñas cosas; su mirada fija al vientre, mientras conversa con su pequeño. Ese modo en el que entreabre los labios mientras piensa que decir. El segundo anterior a soltar una carcajada, cuando su rostro se contrae en una mueca simpática. El modo en el que sus dedos colocan los mechones un poco mas largos de cabello tras el arco de su oreja, cuando inclinado hacia delante, posa sus dedos por las teclas del piano.
La imagen se va moviendo con la mano del doctor. Ve su vientre, y el cordón, perderse en la oscuridad del fondo de la imagen. Sus nalgitas, las piernas, dobladas y sus pequeños pies, que también se movían como sus manos. Midorima posa su mano libre en el costado, dando pequeños toques, obligando al pequeño a moverse dentro de su mamá, lo suficiente como para mirar su sexo. Sonríe.
– Es una niña. – Murmura, en un casi susurro.
Takao aprieta los labios, ahogando un lamento que nace en su interior. Lleva la mano a la boca, solloza y se abraza a Midorima, que acaba soltado el instrumental y pegándole a él todo lo fuerte que puede.
– Mi bebé es una bebé... hola pequeñita... mamá lo siente. – Habla con su barriga, con la cabeza pegada al pecho del médico. – … una nenita... no me lo esperaba...
– Pero mira que eres... Era una de las dos posibilidades... . – Entierra los dedos en su pelo, le acaricia la nuca, y la coronilla. El gel mancha su bata y camisa; no podía importarle menos. – Incluso en blanco y negro, y esa tele tan pequeña, se puede ver que es hermosa como su mamá.
– ¿Así que me ves hermoso?... y con estas pintas... – Se apartó de él, limpiando las lágrimas que bajan por su cara con el antebrazo, disimulando.
– Estas pintas son las que te hacen hermoso. – Le pinza la nariz con dos dedos, hasta que Takao sonríe. – Cuando estés flaco de nuevo , ni te voy a mirar.
– mmm... pues tendré que hacer algo para seguir interesándote. – Sentado en el borde de la camilla, le sigue con la mirada mientras apaga los aparatos, anota las cifras en el historial y recoge las imágenes de la bebé de la impresora para dejarlas en la mesa.
– Todo está bien, me has hecho caso y los parámetros están dentro de lo saludable. – Se ajusta las gafas con el índice. Takao sonríe, se ha dado cuenta que hace eso cuando está avergonzado. Sigue la línea de su mirada, a las piernas desnudas, que penden del borde de la camilla sin tocar el suelo. La bata azul cielo con topitos blanco no deja nada a la imaginación. – Vas a seguir con los suplementos y las vitaminas. La dieta sigue vigente, y a partir de la semana que viene empiezas con las clases de preparación al parto. – Su voz suena profesional, seria. Se acerca a él de nuevo.
– Ya me has pinchado, y sacado de todo de todas partes, ¿Qué nueva tortura estás maquinando para esas clases tuyas?. – Protesta, divertido. – ¿O es que te queda algo por hacerme hoy?.
– Solo una cosa, pequeñita. Prometo que no dolerá y será una mínima dosis, que tendrás que repetir dos o mas veces al día.
Takao aprieta la boca. Espera una inyección; ese maldito matasanos parece disfrutar cada vez que le pincha algo, o algún brebaje asqueroso que él llama "remedio necesario".
Por esa razón cuando se inclina para besarle se sorprende, y mucho. El abrazo es dulce, acomoda su vientre entre ellos antes de cerrar los brazos a su alrededor, y le besa, despacio, casi saboreando el aire entre ellos antes de tocar sus labios.
– Creo que no me ha hecho efecto, doctor. – Murmura apenas se separan un poco. – No noto ninguna mejoría.
– Mmm... quizá debería aumentar la dosis. – Una sonrisa antes que el beso, un poco mas intenso, pero solo un poco. Son conscientes de que no es el mejor lugar para ponerse melosos.
– Ahora si... ya parece que noto algo, pero no estoy muy seguro. Quizá un poco mas... solo si el doctor está seguro de que no será malo para mi salud... – Takao es quien le mantiene dentro del abrazo, manos y pies a su alrededor.
– Puedo probar, un poquito mas... y el resto esta noche, en mi casa. – Un nuevo beso, dulce, almibarado, perfecto con todas sus letras.
– Acepto... – Señala su ropa, sobre la silla, y levanta los brazos, como un niño que espera que su madre le vista.
A Midorima le parece una de las tareas mas maravillosas y placenteras de todo el día.
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– …... y estableceremos los grupos de ese modo, así estaremos todos los parques en alerta al mismo tiempo.
La voz de Hyuuga frente a los hombres a sus órdenes suena contundente, despótica y tirana.
Ni uno solo de los presentes se atreve a discutirle ni uno solo de los puntos del plan. Todos ellos han sido cuidadosamente estudiados para no admitir ni una sola duda. Los grupos son equilibrados, el material preciso, los horarios flexibles. Como jefe era perfecto. Si no fuera por ese humor cascarrabias que se gastaba los últimos meses, sería un jefe de diez.
– ¿Alguien tiene alguna duda o algo que quiera que el resto conozcamos?. – Miró a todos los presentes, casi uno a uno, mientras los bomberos frente a él ya hacían ademán de levantarse para dar por terminada la charla de información y seguir con sus quehaceres. Nadie dijo nada, ni pidió la palabra por lo que añadió una última frase. – Sé que no tiene que ver ya que es algo de mi vida privada, pero os comunico que me caso.
Silencio.
Caras incrédulas, casi al borde de la risa.
Desafortunadamente para ellos, hablaba muy en serio. Pero de todos los presentes, el mas impresionado era, sin lugar a dudas, Teppei.
Dirigía su mano en alto hacia él, y eso si que no lo habría esperado ni en un millón de años
Había cambiado, se lo había dicho, y era totalmente cierto. Era una de esas frases manidas y usadas hasta el aburrimiento que nunca se dan por ciertas.
Ese "he cambiado, lo prometo" le sonó a mentira, por que no admitirlo, pero verle ahí de pie, frente a todos su compañeros gritando a los cuatro vientos que se casaba, y ofreciéndole la mano para que se mostrara con él, era una prueba de lo mas consistente de su cambio; de su verdadero cambio.
Teppei se sintió conmovido, de verdad.
Lo suyo había sido un largo, muy largo y complicado camino, del que se iniciaba un nuevo sendero, a un lado del principal, que esperaba recorrer con él hasta que la vejez los mermara a ambos, o hasta que la enfermedad le obligara a olvidar que lo amaba.
Caminó desde el fondo de la sala, pasando de largo a sus compañeros de trabajo hasta la parte frontal, tomando su mano, una sonrisa imborrable en su rostro, una que jamás se iría de sus labios, jamás.
– La ceremonia será en los juzgados en dos semanas, el sábado al medio día. Las invitaciones estás listas, con todos los detalles del lugar y esas cosas. – Miró a todos, mas relajado. – La despedida de solteros, que es lo que os interesa, será donde siempre, la semana que viene, ya que esta no podemos por el desfile que hay que cubrir, ya sabéis como es el trabajo. – Risitas generales de los presentes. Una sonrisa en su boca. Se ajustó las gafas, menos nervioso que al inicio, pero aún un poco alterado por la confesión pública. – Esperamos que vengáis todos, de verdad.
Kagami empezó un tímido aplauso, sonoro y fuerte, pero lento. Sus palmas se unieron al resto, y en pocos segundos todos les aplaudían, silbidos vergonzosos incluidos.
– No hacía falta... hacerlo público así. – Teppei susurró, dando la espalda al resto, uniendo sus labios lo mas posible a la oreja del jefe.
– Ya te lo dije, no voy a esconderme mas. – Levantó la mano, tocando su rostro, en una dulce caricia, frente a todos.
– Gracias, de verdad. – Se inclinó para besar su frente, aunque aún con la costumbre adquirida de mirar alrededor antes de hacerlo, disimuladamente. Una manía trabajada durante años a su lado, en un intento de no hacerle sentir incómodo ni mal por su culpa.
– Bueno, ya está bien, fin de la reunión. Que todo el mundo vuelva a su trabajo, ya, o me enfadaré. – El jefe tirano volvió al rato, aunque con un adorable sonrojo en su cara.
– Enhorabuena, de verdad. – Kagami le estrechó la mano, feliz. Aunque todos los demás habían ido a felicitarles también, y había vuelto a sus quehaceres; todos menos el pelirrojo.
Esperó a que el jefe se atrincherara de nuevo en su despacho, parapetado tras sus carpetas para conversar con Teppei, mas tranquilamente.
– Gracias … Aún estoy ….que no me lo creo. – Miró desde el parque de vehículos al despacho, para verle tras el cristal, sentado en su mesa, concentrado en sus papeles. Le pareció tan mono y adorable... –¿ Y a tí, que tal te va?. – Una sonrisa, cómplice en sus labios. – ¿Te sirvió el beso que te dí?.
– El jefe te quiere. – Miró también al despacho y luego a su compañero. – Si no no le afectaría tanto. – Se apoyó en el lateral del camión, casual. – Y sobre lo mío... estoy contento, todo es nuevo, pero bien... nos hemos casi acostado... aunque aún no estoy muy seguro de que eso sea tan buena idea como parece, pero bueno...
– ¿Y como te "casi acuestas" con alguien?. – Le golpea con el puño, divertido en el hombro. – No tengas prisa, tranquilo. Para tiene que ser como un choque cultural a lo bestia. Acostumbrado a las mujeres, de repente verte así con otro hombre... date tiempo, no precipites nada.
– Ya lo sé... ¿Crees que no pienso cada cosa antes de hacerla?. – Teppei negó, conociéndole como le conocía, era un acontecimiento de lo mas inusual. El uso de la lógica no era uno de los fuertes de Kagami, y verle hablar así, tan perdido y al mismo tiempo tan seguro de si mismo, era una mezcla entre aterrador y enternecedor. – Tetsuya es tan dulce, encantador, divertido... me encanta estar con él, y no quiero cagarla.
– Tetsuya tiene suerte, de que te hayas enamorado de él. – Le miró, el rostro del pelirrojo mutando de expresión al instante.
– Yo no me he enamo... ¡Oh dios! eso es … ¿Estar enamorado es esto?.
Teppei sonrió, al verle tan confuso.
– Solo si sientes que cada minuto lejos de él no cuenta. Si no puedes parar de pensar en él, en su persona, en su voz, en sus besos, en su cuerpo. Si cada segundo de cada hora ocupa tu existencia, sí, mi querido amigo, estás enamorado. – Sus ojos café, prendidos en la persona dentro del despacho.
– ¿Debería pedirle que nos casemos, o primero debería acostarme con él?. – Dudó, en voz baja.
Teppei estalló en carcajadas... la verdad es que esos dos eran la mar de divertidos.
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Kasamatsu levantó una ceja, confuso.
El comandante frente a él con un pequeño regalo, un lazo enorme amarillo, una sonrisa enorme, radiante que casi ocupaba todo su rostro.
– ¡Felicidades!. – Empujó la cajita una y otra vez frente a su cara, obligándole a irse hacia atrás todas las veces.
– Felicidades... ¿Porqué?. – Tomó el presente con los dedos, aún indeciso.
– Está claro... Celebramos tus 386 horas de vuelo juntos. – Ladeó la cabeza, haciendo mucho mas grande su sonrisa. Yukio sintió su corazón latir mucho mas fuerte dentro del pecho.
Kise tenía esos pequeños detalles, locuras inconscientes, que siempre le arrancaban una sonrisa, incluso en las situaciones mas duras.
– Eso parecen muchas horas. – Abrió la cajita, para descubrir una aguja para corbata preciosa, y elegante.
– Y aún te caigo bien, eso merece un premio. – Señaló el regalo. – Dime que al menos te gusta.
– Claro que me gusta, es preciosa. – Sus ojos, azules y vivos, miraron el regalo, con cierta congoja. – Yo no te he comprado nada, lo siento. – Divertido le pinchó en mitad del pecho. – Pensé que celebraríamos las cuatrocientas horas, y no las trescientas y pico...
– También lo pensé, pero para ese día, tengo que asistir a una boda y no estoy muy seguro de acordarme de ser atento contigo. – Se acercó, invadiendo su espacio vital con naturalidad. – ¿Quieres acompañarme?, ¿Ser mi pareja para la boda?. Es una mierda ir solo a esas cosas.
– Pues... es un poco repentino, pero... – Desconcertado miró alrededor. Puede que para Kise invitarle a un acontecimiento así no fuera la gran cosa, pero para él era muy importante. – ¿Quien se casa?.
– Mi ex novio con su ex pareja. – Sonrisa feliz.
– ¿Y por qué querrías ir a algo así?, Eres un masoquista o algo parecido... me preocupas...
– Por que deseo que sea feliz, si no es a mi lado, al lado de la persona que ama. Me gustaría ser testigo de eso... no veo que tiene de malo, la verdad.
Kasamatsu le escuchó, sorprendido como nunca.
– Me encantará ir contigo. – Se acercó, un poco mas, para depositar un casto beso en su mejilla, y girar sobre sus talones para darle la espalda, fingiendo ir por la comida, en un vano intento por ocultar su sonrojo...
Aunque Kise ya lo había visto, y sonreía por ello. Pícaro, como siempre.
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Otro cap, he adorado cada escena.
Gracias, muchísimas gracias por cada uno de vuestros comentarios, de verdad, los aprecio como auténticos tesoros.
Nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
