Ahora que podía verlo de cerca, lo estudió con detenimiento. Llevaba el cabello suelto y largo, tenía el cabello plateado.
Llevaba las mejillas atravesadas por dos franjas violaceas..Como si tuvieran vida propia, sus ojos buscaron los labios del demonio. Una línea apretada que apenas dejaba entrever unos pe queños colmillos. Por algún motivo, esos colmillos le hicieron pensar en cuántas hembras le habrían dicho que les gustaba que las mordiese.
En conjunto, podía decirse que Sesshomaru no estaba mal, pero no era, ni mucho menos, un tío bueno. Dejando el cuerpo aparte. De nuevo, los ojos de Kagome tomaron la decisión de seguir su camino por su cuenta, y tuvo que reconocer que el demonio tenía un cuerpo espectacular.
Unas caderas estrechas que contrastaban con unos hombros anchos, tan anchos como el vano de una puerta. Su musculoso torso era una obra maestra Kagome se percató la armadura que cubria uno de los pectorales...En realidad, de cuello para abajo tambien era muy atractivo.
Con la respiración algo entrecortada, se atrevió a mirarlo a los ojos y luego ladeó la cabeza. Tenía unos ojos ambar preciosos.
Justo cuando iba a darle un punto más en lo que a atractivo se refería, él le lanzó de nuevo la cabeza del youkai a los pies.
—Estás como una cabra, demonio. ¿Cómo te atreves a...? —Se detuvo al ver que él se ponía en pie.
Sesshomaru le tendió la mano, con la palma hacia arriba, y dijo:
—Dejame mostrarte que puedo cuidar de ti.
Kagome creyó entender: "Tu debil Yo fuerte Mi cuidarte" este tio si que estaba fumandose honguitos de colores si creia que Kag iba a caer ante sus "demostraciones de macho alfa". Se guro que estaba convencido de que ella era de su propiedad. Un guerrero como él, en un mundo como aquél... Seguro que pron to dejaría de darle conversación y tomaría por la fuerza lo que quería.
—Si vuelves a tocarme, te dejaré fuera de combate, igual que anoche.
Él la miró concentrado, pero no porque estuviera embobado con su belleza. La miró para tratar de anticipar su próximo movi miento.
Algo que nunca lograría adivinar, porque ni ella misma sabía qué iba a hacer. Las ideas le iban y venían, sopesaba distintas po sibilidades y las descartaba.
Sesshomaru era un bruto en el sentido más amplio de la palabra. Dios, si acababa de lanzarle una maldita cabeza. La había mordido, había bebido su sangre.
¿Podría entregarse a él y dejar que la poseyera? La noche ante rior, había estado tan excitado que le había roto la muñeca en cuestión de segundos.
Sólo de pensar en estar desnuda e indefensa frente al demonio, sentía escalofríos. Temblaba de miedo. Sólo de miedo.
En cuanto él se puso a dar vueltas a su alrededor, Kagome se movió al mismo tiempo para tenerlo siempre delante.
«¡Piensa, Kagome! ¿como demonios volvere a mi hogar?.» Ella ya había encontrado a otros habitantes del lugar, quizá había más. Y quizá fueran menos hostiles que la panda de youkais quizas tendria alguna oportunidad de encontrar el modo de volver a su casa. Si había algo que a Kagome se le daba realmente bien, era crear el caos. Encontraría el modo de quitarse de encima a Sesshomaru, y luego descansaría un día antes de ir en busca de los demonios.
Él se impacientó y volvió a tenderle la mano.
—ven compañera!
—¿Ven, compañera? —Se cruzó de brazos—. ¿De verdad es peras que vaya contigo después de cómo me mordiste? ¿Debería olvidar que te masturbaste encima de mí?—¡Mantente alejado de mí! —Consiguió que le brillaran las manos.
Él se quedó mirándolas.
—No te tengo miedo, demonio. —Irguió la espalda y levantó el mentón.
Él frunció el cejo, sorprendido por su reacción.
Estaban en un punto muerto, pero entonces él hizo la jugada que lo cambió todo.
Una especie de cantimplora antigua hecha de cuero, el demonio la llevaba colgada del hombro y la cogió para beber.
—Dámela —dijo Kagome.
Él no le hizo caso, sino que le quitó el tapón y dio un trago.
Sesshomaru la bajó un poco y Kagome dio un salto para tratar de co gerla, pero no lo consiguió.
—¡Oh, de acuerdo! ¿Qué quieres de mí?
Antes de que Kagome pudiera reaccionar, él la sujetó por la nuca y le acercó la cantimplora a los labios. Al parecer, quería dar le de beber.
Ella no confiaba en el demonio, ni siquiera le gustaba. Era un bruto, y probablemente un asesino. Estuvo tentada de sugerirle una parte del cuerpo en la que podía meterse la cantimplora, pero tenía tanta sed que no lo hizo.
Los humanos podían morir si estaban tres días sin beber agua. Kagome llevaba un día en el infierno y estaba pagando las conse cuencias.
—De acuerdo —dijo, separando los labios, y él acercó a ellos la cantimplora. El agua se deslizó fría y metálica hacia el interior de su boca. Nunca había probado nada igual.
Mientras bebía, podía sentir cómo el líquido iba recorriéndo le el cuerpo; empezaba a hacerle el mismo efecto que una droga. Cerró los ojos.
El dolor de cabeza le desapareció en cuestión de segundos.
El demonio apartó la cantimplora, pero sólo para que ella pu diera respirar.
—Qué buena —murmuró Kagome.
Él volvió a acercársela a los labios. Ella lo miró de reojo y vio que estaba fascinado mirándola. Probablemente se estuviera ex citando al verla beber con tantas ganas.
Pero en ese instante no iba a preocuparse por eso. El agua le resbalaba por el mentón y el cuello y le empapó la camiseta justo encima de un pecho. «No importa.»
¿Qué le pasaba? Un demonio la estaba manipulando, estaba en sus manos. Podía morderla en cualquier momento. «Y yo ape nas puedo mantener los ojos abiertos.»
Sesshomaru volvió a apartar la cantimplora; tenía los ojos fijos en la camiseta de Kagome. Y de repente le tiró agua encima del pecho que tenía seco. Ella se apartó atónita.
—¡Para!
En un lugar como aquél, derramar agua sin sentido parecía peca do. Kagome no pudo evitar estremecerse, y los pechos se le excitaron bajo la camiseta. El demonio observaba perplejo todo el proceso.
Gimió y de él irradió una extraña sensación de felicidad. De alegría. De sorpresa.
—hmp... — Tenía la voz ronca, y la miraba con cierta diversion.
- Sí, ya sé que soy tu alma gemela, pero soy una humana descendiente de Mikos, y eso significa que yo no siento lo mismo por ti. —Y luego, en un tono algo condescendiente, añadió—: El destino no obliga a las humanas a que les guste gente que normalmente las odia. Oh, pero ¿por qué te estoy diciendo esto?
Si de verdad en aquella epoca sólo existían amos y esclavos, ¿cómo era que ella había encontrado al único demonio dispuesto a conquistarla?
Vaya. Por primera vez desde su llegada, no se sintió como si estuviese a punto de morir en cualquier momento.
Una enorme criatura pasó volando por los aires y aterrizó a escasos metros. Kagome la miró horrorizada.
Tenía ojos de araña, piel grisácea y, al bostezar, mostró una boca llena de colmillos. Del caparazón le salían ocho retorcidas extremi dades que medían el doble de su cuerpo, encima del cual habitaban todo tipo de parásitos que le estaban chupando la sangre.
Tenía unas antenas tan largas como las extremidades y las mo vía en dirección a Kagome.
Una cortó el aire justo delante de su cara. Antes de que ella pu diera moverse, Sesshomaru la empujó lanzándola al suelo. Kagome se lle vó una mano al esternón y trató de recuperar al aliento, entonces vio que el demonio iba a enfrentarse a aquella cosa.
Sesshomaru gritó tan fuerte que a ella le dolieron los oídos. Tensó aquel magnífico cuerpo dispuesto para atacar, con los músculos vibrando. Se estaba convirtiendo del todo en demonio; los colmillos le crecieron, las garras se le alargaron.
Kagome se quedó sin aliento al ver cómo se enfrentaba a aque lla bestia gigante sin miedo, decidido a alejar la batalla de donde estaba ella. Volvió a fascinarla lo rápido y fuerte que era, sexy bruto era el ejemplar masculino más poderoso que había visto nunca.
Una extremidad cubierta de sangre aterrizó a su lado, y el de monio la miró furioso. Los ojos se le estaban poniendo rojos, el plácido ambar de antes se estaba desvaneciendo.
Las cosas no pintaban nada bien para aquel monstruo ala do... ni para ella.
La bestia lo atacó con pasmosa agilidad. Kagome no había vis to nunca a un bicho semejante. La noche anterior, al enfrentarse con la banda de demonios, sexy bruto había demostrado lo fuerte que era, pero ¿sería capaz de derrotar a una criatura tan rápida y colosal como aquélla?
Ella no iba a quedarse para averiguarlo.
Se puso en pie y se fue de allí corriendo, huyendo de ambos. Cegada por el humo y el miedo, trató de ignorar el dolor del pecho.
Estaba hecha un lío. «¡Corre! ¿Me ha roto el esternón? ¿Qué era esa cosa?» Tenía la cabeza de una araña, y un cuerpo parecido al de una mantis religiosa, pero cubierto de insectos, como suce día con algunos mamíferos.
«¿Hay más monstruos como ése por aquí?»
El terreno era cada vez más rocoso, los arbustos iban men guando alrededor de los árboles sin hojas. ¿Había conseguido des pistarlos?
El corazón se le subió a la garganta y sus pies dejaron de to car el suelo. Gritó hasta que el balanceo se detuvo y entonces analizó la situación.
«Esto no está pasando, no está pasando...»
Notó la cuerda alrededor del tobillo derecho y no tuvo más re medio que aceptar que había caído en una trampa y que estaba colgando cabeza abajo de la rama de un árbol. La punta de la me lena le tocaba al suelo, y la falda se le había doblado por la cintura.
El viento le acariciaba el trasero.
—¡Esto es la gota que colma el vaso! —gritó, al notar que la sangre le bajaba a la cabeza. Seguro que era una de las famosas trampas de Sesshomaru—. ¡Mierda! —«Le odio.»
Había huesos esparcidos por todo el descampado. ¿El demo nio dejaba que sus presas murieran allí colgadas? Levantó la cabe za para ver el alcance de la tragedia y sintió un escalofrío. La cuer da que tema alrededor del tobillo estaba sucia de sangre.
«Tengo que salir de aquí en seguida.» Si pudiera alcanzar el nudo, quizá pudiese aflojarlo lo suficiente para soltarse. Con la mirada fija en la cuerda, trató de incorporarse un poco...
—¡La tengo! —exclamó al rodearla con los dedos.
Pero se le escapó y ella volvió a su posición inicial. ¿Qué dia blos? El muy cerdo había engrasado la cuerda. «Ese bastardo, de monio.» Si no podía sujetar la cuerda, no podía escapar. Y evidentemente él lo sabía.
Kagome se quedó allí colgando, balanceándose durante un rato y maldiciendo el día en que nació sexy bruto, hasta que notó que el anillo que su padre le regalo antes de morir le resbalaba del dedo.
—¡No!
Lo perdió por culpa de la grasa que tenía en las manos.
—¡Maldito sea ese demonio! —Oyó un ping seguido de un tintineo y se pasó las grasientas manos por el pelo.
El anillo había aterrizado encima de la cabeza de otro mons truo como el de antes. E iba directo hacia ella, mirándola con la boca abierta.
-Continuara!
Respondiendo Rw mis queridas muchachas :)
Ani que bueno que te guste hermosa ojala nos sigas acompañando.
Mikori bienvenida al ejercito de sesshome :).
Paovampire tu eres tanto o mas sexopata que sessho xD.
Marie tu eres mi primer lectora en dejar su comentario desde el primer dia! muchas gracias nena.
Minako actualizo casi todos los dias ahorita ando complicada con mi word ayer tuve que reescribir el capitulo en el celular mi pc esta rebelde.
Lady Indomitus es una adaptacion de Kresley Crowle la saga de Inmortales de la Oscuridad.
Clara cuando tengo una pc los hago largos a los capitulos el black berry me limita a 1000 palabras nena.
Alex Taisho je te has mudado para FF ya que en fanfics no puedo actualizar! esa es mi chica xD
Kagome18 de nada cualquier duda ya sabes!
Sai jaja Kagome no se quiere dejar jajaja.
Aiko Hime Aka bienvenida.
Muchas gracias a los reviews anonimos a los follows y favorites!
