Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo veintiuno:Mudanza.
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Se detuvo junto a su puerta. Sus pasos pararon, dejaron de hacer ruido.
Suspiró, apretando el oso de peluche en sus brazos con cierta fuerza.
Esa sensación, esa que se siente cuando uno se sabe culpable de algo, hacedor un pecado horrible; esa sensación de una mano estrujándote el corazón dentro el cuerpo, hasta arrebatarte el aire, hasta dejarte sin fuerzas, hasta borrar tu mente del todo.
Esa eterna espera de lo inevitable, del karma o el destino devolviéndote todo lo malo que has hecho en el momento de mayor felicidad de tu vida.
Estiró la mano, dedo en punta, puesto sobre el timbre.
Se ha mentalizado, ha repasado frente al espejo y en voz alta lo que va a decirle, una y otra vez hasta memorizarlo, para decir justamente lo que quiere que Akashi sepa; ni una palabra mas ni una menos.
Ha tardado mas de una hora en sacarle a Midorima la verdad, pero ha merecido la pena.
Se arma de valor y pulsa el timbre.
Nigou ladra desde dentro, con ganas.
Por un momento, la idea de que sea Kuroko quien abra la puerta y no él se le antoja perfecta, pero se arrepiente inmediatamente después de haberlo pensado.
Y tampoco es que le haya servido de mucho.
Es Akashi quien abre, y quien le mira extrañado.
– Tenemos que hablar. – Murasakibara lo dice, en la nuca del peluche.
El pelirrojo solo le mira, no se mueve, parece decidir en ese momento que hacer y como hacerlo.
Ya había decidido terminar la relación con él, no volver a verle, al menos durante un tiempo; esperaba que el dolor menguara con el tiempo, pero la sensación era muy diferente a lo que esperaba.
Le miraba, ahí de pie, frente a él, evitando su mirada, el enorme oso de peluche entre sus brazos, su camiseta arrugada, los vaqueros desaliñados; estaba seguro de que incluso llevaba un calcetín de cada color. Atsushi era un puro despiste con patas, y sin embargo en ese preciso instante no le guardaba rencor, ni sentía nada negativo por él.
Lo cierto es que su vida se había encarrilado de un modo extraño a lo que debería ser adecuado. Aomine era perfecto para él. El policía era divertido y serio, responsable y loco, un desastre y un genio, inteligente y tontorrón, ardiente y pasivo. Esa pieza del puzlle que encaja en su lugar, y el puzzle era su vida y esa pieza, perfecta para el hueco en su corazón.
Esa sensación constante de que siempre faltaba algo con Atsushi había desaparecido.
Escuchar la voz de Aomine por teléfono le aceleraba el pulso, que le mirase y sacase la lengua sin venir a cuento, arrancaba sonrisas en su eterno serio semblante.
Era él, lo sabía, y esa certeza lo único que le hacía era sentirse mucho mas feliz y tranquilo que en toda su vida.
Estar embarazado solo lo hacía mas interesante y agregaba un extra a su vida en común.
Pero ese bebé, creciendo en su interior, ya tenía un progenitor, que ahora le miraba culpable.
– Pasa, por favor. – Abrió mas la puerta y le dió la espalda, caminando dentro.
No había odio, ni resentimiento en sus palabras; ni siquiera era una orden, solo una sutil y ligera sugerencia para el pastelero.
Murasakibara vio las cajas, amontonadas en el pasillo, bolsas y demás objetos. No preguntó, se limitó a ir hasta el sofá y tomar asiento.
El cuadro de los perros jugando la poker le arrancó una sonrisa... y los girasoles, las cortinas con peces... había tantas cosas divertidas, floridas y ridículas que parecía mas la casa de un niño que la de un par de adultos, aunque dada la naturaleza de profesor de guardería de Kuroko tampoco era muy extraño.
– Yo... hice milhojas de melocotón, con nata y azúcar de vainilla. – Le ofreció el oso. – Lo siento... no quería que te fueras, ni lo que dije … – Hizo una pausa, buscando las palabras en su mente, ordenándolas para darles sentido antes de decirlas. – Tatsuya dice que tengo que hacerme responsable... sé que es verdad, yo quiero... bueno el niño... es pequeño, pero el oso y tu...
Akashi le paró, con la mano en alto. Cuando hablaba de postres se ponía tan adorable. Esa parte le encantaba, pero tenía muy claro que lo suyo como pareja había terminado del todo.
– Ya te dije que no tenías que preocuparte por nada. – Tomó una hoja y escribió en ella antes de tendérsela. – Voy a mudarme, con Daiki. Ahí tienes la dirección, eres bienvenido.
Sonó demasiado frío sin pretenderlo.
– ¿Daiki es con quien tu...?. – Le vio asentir, comprendiendo. – ¿Eres feliz con él?.
– Mucho. – Una sonrisa, inusual. – ¿Y tu con tu pastelero?.
– Si... es genial. – Solo llevaba un mes con él, y ya le parecía que era una vida entera. – Pero... yo quiero ir contigo, al medico y comprar cosas.. aunque Daiki haga tortitas de desayuno..
– Está bien, lo entiendo... – Estiró las dos manos para que le entregara el oso. – ¿Es para el bebé?. Es muy bonito Atsushi, seguro que le gustará jugar con él.
– Para ti, el niño es muy pequeño para eso. – Suspiró sentándose hacia atrás, como si acabara de quitarse un gran peso de encima. – Un flan, de chocolate. Es pequeño y se cuece con tiempo, ¿No?
Daiki entró, ropa cómoda, un poco sucia y sudada. La camiseta de tirantes blanca, o al menos era de ese color al comenzar el día, ya estaba rozada con el pasar de las cajas al coche.
Un solo vistazo, un par de segundos, y comprendió la escena ante sus ojos sin necesitar de aclaración alguna.
– ¿Solo faltan las del pasillo?. – No hizo comentario alguno sobre la visita, ni sobre el oso gigante sentado a su lado. Akashi asintió. – Las llevaré al coche y te espero hasta que termines. No tengas prisa, ¿De acuerdo?.
– Gracias. – Siempre tan comprensivo, tan adorable, sin presionarle ni meter la pata de ningún modo.
Daiki era simplemente perfecto en todos sus aspectos; o al menos en los que importaban.
Atsushi contempló como se comunicaban en silencio. Era cierto que Akashi era feliz con él. Solo había que fijarse en el modo en el que se hablaban, se miraban, en las pausas que uno hacía para escuchar al otro.
– Estás ocupado, y tengo la tienda a tope. – Mintió, con una sonrisa, aunque su mentira no llegó muy lejos. – Iré a visitarte cuando te hayas instalado.
Se levantó, sin esperar que lo acompañara y le dio un beso en lo alto de la cabeza.
– Te esperaré, con Tatsuya. Tu pones el postre, yo la bebida. – Posó la mano en su vientre, inconscientemente. – Te avisaré cuando tenga que ir al médico...
– Me encantará... galletas como la primera vez que nos vimos. Cuídate.
La despedida quedó colgada en el aire, como si ninguno de los dos realmente quisiera decir la última palabra, y le miró hasta que desapareció por la puerta en dirección a la calle.
Ahora se sentía como un estúpido. Tanto sufrimiento y noches sin dormir para quedar en nada. Era como si nunca hubieran tenido nada romántico entre ellos y hubieran sido simplemente amigos y nada mas.
Justo al final de las escaleras que rodeaban el edificio, frente al coche abierto, Aomine ordenaba las cajas con las cosas de Akashi.
Estaba concentrado en su labor, tratando de alejar las ganas de subir de nuevo y darle de hostias a ese estúpido gigante que tanto daño le había hecho, hasta que sintió un toque en su hombro.
– Seguro que me odias. – Murasakibara no era tonto, había notado como el policía le perdonaba la vida con la mirada en una décima de segundo. – No me importa. El bebé es mío.
– Lo sé, no te creas que no me jode, pero me importa una mierda, Akashi es mío, y el mocoso también. – Murakibara le miró, una mezcla entre extrañeza y enfado..
– Tus inseguridades son tuyas, limítate a cuidar de él como se merece. – Agitó la mano en el aire, sin pretenderlo, surgió como una amenaza de lo mas real para el policía.
– No necesito que tu me lo digas, ya lo sé. Incluso yo mismo no soy suficiente para él. Pero al menos no me escondo detrás de un sueño solitario... a diferencia de ti, Akashi es parte de mi vida, y una parte importante, y no un mero adorno al que sacarle el dinero.
El intercambio de ataques y golpes bajos estaba yendo demasiado lejos por parte de los dos.
– No voy a pelear contigo por él. – El pastelero negó con la cabeza mientras lo decía. – Solo quiero que Akashi esté tranquilo, y que lo cuides, tanto a él como a MI hijo. No voy a quitártelo ni a interponerme entre vosotros, ya tengo a alguien mas... chocolate amargo y pasado de fecha.
Cortó la conversación ahí, y se fue sin mas, dejándole con una extraña sensación de desasosiego. Iba a tener que llevarse bien con él por el niño que llegaba, o al menos fingirlo delante de Akashi.
– ¿Estás bien?. – Preguntó al verle al pie de la acera abrazado al peluche. Se acercó, besando lo alto de su cabeza del mismo modo que Atsushi minutos antes.
– Si, gracias. – Metió el oso en la parte de atrás, incluso le puso el cinturón de seguridad, divertido. – ¿Nos vamos ya?.
– Claro, sube. – Cerró el maletero sin decir nada mas, y le abrió la puerta del copiloto para que ocupara su asiento. – Tengo ganas de llegar a nuestra casa.
"Nuestra casa"
Arrancó, con una sonrisa en sus labios, rumbo al apartamento que hasta ese momento era de Kagami. El bombero se había mudado con Kuroko una semana atrás, con muchas menos cosas que Akashi, y eso que cuando salió del hogar que compartía con Murasakibara salió con lo puesto.
Pero en el tiempo que había vivido con Tetsuya, había reunido un montón de pertenencias, eso unido a las que le habían ido regalando para su nueva casa y alguna cosa para el bebé, había llenado el coche hasta el techo.
Solo necesitaron poco menos de una hora para meter las cosas en la casa, aunque no las colocaron de inmediato.
Quedaron amontonadas en el pasillo y en el medio del salón. Akashi se quedó mirando sus cosas, mientras Daiki fue por comida para llenar la nevera y los armarios de la cocina.
Dejó el gran oso a un lado, mirándolo con añoranza. Por un instante ese muñeco le recordó que en algún momento, había estado tan enamorado de Atsushi como para concebir ese pequeño bebé. Ahora se sentía distinto.
Lo que sentía por Daiki, por su dedicación, su breve historia juntos, su relación en conjunto era mucho mas que amor. Nadie en su sano juicio cargaría con el mocoso de otra persona, pero Aomine lo había hecho suyo desde el primer minuto.
No le había importado la responsabilidad de ser padre, al contrario, había asumido al pequeño como un regalo preciado.
Solo por eso ya le amaba un poquito mas.
Se acercó a la puerta en cuanto escuchó las llaves y le quitó una de las bolsas sin preguntarle.
En la cocina, su mirada desigual le recorría minuciosamente. Los músculos de sus brazos, moverse al alzar la mano para poner los cereales en la parte de arriba, sinuoso...
Era hermoso, incluso con la ropa sucia y sudada, tenía un aura seductora imposible de ignorar.
Estaba tan concentrado en sus propios pensamientos que no se dio cuenta de que le devolvían la mirada, curiosa.
– Tenemos que estrenar la casa. – Dos pasos y su mano en la cintura. Un beso en su nuca.
– Apestas. – Se giró, enroscando sus manos en la cintura del policía. – ¿Empezamos por el baño?.
– Me gusta la cocina. – Le sentó en la encimera, entre sus piernas el mundo tenía sentido. – ¿Para qué movernos?.
– Tienes razón, después nos bañamos...
…...
Le contempló dormido en el sofá, no supo cuanto tiempo.
Le gustaba mirarle dormir, y aún no sabía por que, ya que adoraba el sonido de su voz, pero Takao dormido tenía un aura que invitaba a contemplarlo, no solo eso. Midorima era consciente de que el cantante había nacido para ser contemplado.
Había personas así, que atraen las miradas sin pretenderlo, aunque de algún modo se las había arreglado para vivir en el anonimato todo este tiempo.
El número de visitas y los comentarios de sus vídeos le indicaban que había sido querido por los fans, que aún lo era. Aunque la mayoría no comprendía su salida del grupo, muchos lo apoyaban sin saber la razón.
Se giró, dormido para quedar boca arriba. El doctor dejó de mirar su rostro para seguir la curva de su vientre, moverse desde dentro.
A la pequeña no parecía gustarle el cambio de postura, aunque su mamá estaba tan profundamente dormido que ni se inmutó.
Midorima entendía que el último trimestre era el mas plácido. El cuerpo reunía energía para el gran esfuerzo final, y dormir tan profundamente era uno de los síntomas. Aunque sus momentos junto a él, mirándole no formaran parte del proceso...
Él sabía, comprendía muchas cosas. Sabía que esa niña no había sido hecha en el devenir de una relación amorosa, ni siquiera en un descuido, o un encuentro furtivo... No necesitaba que nadie le dijera lo que él había visto con sus ojos.
Takao llegó a su consulta cohibido, bromeaba para disimular el temblor en sus piernas subido en la camilla, su mirada esquiva, no saber donde poner las manos.. eran unos síntomas de lo mas reconocibles.
Y la visita de los chicos del grupo... bueno, mas bien su conversación en la cocina con Miyaji le aclaró muchas cosas. Entendía por que el padre de Takao lo protegía tanto.
Masaaki era su vecino, los padres de Takao y él se conocían de toda la vida, sus hijos habían sido amigos desde siempre. Cuando empezó a aprender música, se ofreció para guiarles.
Le confiaron a su hijo, cuando el grupo empezó, dejaron su carrera en las manos de un preciado amigo... y no había tenido ningún reparo en forzarle y luego hacerle elegir.
Cualquier persona estaría destrozada, posiblemente así era, pero Takao había canalizado todo lo malo en adorar a su pequeña y dedicarle a ella cada gesto de su vida.
Había aparcado momentáneamente su enorme pasión por la música para estar tranquilo y dedicarse a su pequeña, sin mas.
Suspiró, mirándole.
Le gustaría tanto, tanto arrancarle una sonrisa, verle al despertar, oír su voz cuando quisiera... intimar.
Esa era la gran cuestión.
Kazunari no se veía como la criatura hermosa que era, solo como un gordito desahuciado. Sus ataques de carácter erótico le sonaban a broma, por eso no le seguía el juego. No quería que su interés en él lo interpretara como una oportunidad de aprovecharse.
Lo amaba lo suficiente como para no agobiarle, para cuidarle como una preciada posesión, para esperar hasta que su vida no fuera una montaña rusa emocional, el tiempo necesario para que Kazunari se sintiera a gusto consigo mismo y con el mundo.
Le dejó dormido y se metió en la bañera.
Sumergido apoyó la cabeza en el borde y cerró los ojos. Solo el sonido de su respiración daba indicios de que había vida.
Estaba haciendo lo correcto y a él le gustaba ser así.
…...
Remoloneó un poco mas. Estaba de lo mas cómodo, aunque tenía hambre, podía mas la sensación de somnolencia que la otra.
Miró alrededor, sin levantarse. Midorima se había ido, no estaba en el ordenador ni en el resto del salón.
La línea de luz bajo la puerta del baño le indicó que el doctor se encontraba ahí.
Se sentó, estiró los músculos hasta el límite permitido y se acarició por encima de la camiseta el vientre hinchado.
La verdad es que se estaba portando de lo mas amoroso y atento con él. A veces se sentía abrumado por sus atenciones, y luego recordaba que le había dicho que para él todo eso era nuevo y desconocido.
Para no saber nada de relaciones se le daba muy bien.
Vió un pequeño plato con comida, tapada pero lista para él, y una botella de zumo.
Tan previsor.
Por esos detalles le encantaba estar con él. Lo cierto es que le gustó desde el primer día, pero no quiso parecer desesperado.
Su "encuentro" con Masaaki no había sido placentero, pero tampoco quería cerrarle la puerta a esa parte de su vida. Necesitaba dejar de sentir que cada vez que lo hiciera sería doloroso, o asqueroso.
Midorima era distinto, era él, y lo sabía.
– Deséame suerte, princesa. – Miró a su bebé, tomó aire y se paró junto a la puerta.
¿Qué tenía que perder?... a estas alturas, un rechazo no era nada, si lo comparaba con lo que tenía que ganar a cambio.
Tuvo que taparse la boca con las manos para que sus carcajadas no salieran. ¿Qué clase de idiota se duerme en la bañera?.
Menudo médico estaba hecho, que ni aplicaba las normas básicas de precaución en si mismo.
Se acercó lo bastante como para meter los dedos en el agua, al menos aún seguía templada, aunque no lo bastante caliente para él.
– Shin chan... – Le acarició la cara, pasando los dedos por su pelo, moviéndolo hacia atrás, en una caricia. – Tenemos hambre... despierta.
– Estoy despierto – Una sonrisa, un sonrojo, pillado en su mentira.
– Suerte que no roncas. – Una risita acompaña su mano acariciando el agua con la punta de los dedos.
Le mira... no escucha su respuesta, no le importa. Se da cuenta de que el doctor tiene cierto apuro, al estar desnudo con él al lado, aunque no diga nada. Es tan mono...
– Ya voy, dame un par de minutos. – Mira la puerta y luego a Takao, que le ignora deliberadamente.
Sorprendido ve como se saca la camiseta por encima de la cabeza y luego el pantalón, en un gesto tan fluido que casi parecía uno solo.
– ¿Qué haces?... al menos espera que salga yo, y cambie el agua que está fría y... – Midorima habla, pero Takao no le tiene en cuenta.
– Sé lo que haces, y te lo agradezco. Pero para ya. – Le "obliga" a sentarse de nuevo y separar las piernas para meterse dentro, en el hueco entre ellas. – Sigue calentita...
Le gustaría hablar, hacerle ver lo malo de ese plan travieso que está llevando a cabo. Que su aguante no es tan bueno como pensaba, y que Kazunari es la persona mas hermosa que ha visto jamás.
Desearía poder decirle lo peligroso que es lo que está haciendo... lo desearía, de verdad, pero su mente, si es que queda algo de raciocinio en ella, está perdida en el tono de su piel. En las líneas de tinta que forman sus tatuajes, ahora que se ha dado la vuelta para abrir el grifo y puede ver su espalda desnuda, al completo.
Desearía ordenarle a sus dedos que no se movieran, hasta su hombro, y lo acariciara, lo acunara en el espacio entre sus piernas, en un abrazo perfecto que aloja a la pequeña entre ellos.
El agua sigue cayendo, casi eterna, pero ni uno, ni el otro, lo está tomando en cuenta.
Quita el tapón, siguiendo una pequeña, pequeñísima voz de pito en lo mas escondido de su mente, esa voz que le indica que no es el lugar adecuado.
– ¿Quieres bañarte?. – La pregunta surge, en un intento de detener lo que los dos han comenzado.
Takao le mira, muerde su labio, pestañea. En sus ojos puede ver que no hay duda, ni habrá arrepentimiento después. Sabe lo que le tiene que estar costando tomar la iniciativa y quizá por eso, es mas importante lo que está a punto de pasar.
– Solo si te bañas conmigo... podría darme un calambre... y siempre viene bien un médico cerca. – Una sonrisa, mezclada de timidez y arrojo.
Es perfecto.
– No estás sucio. – Puntualiza lo evidente. – Y creí que tenías hambre.
– Entendido... vamos a la cama. – Se pone de pie, le ofrece la mano abierta para que la tome.
Midorima asiente, sin escapatoria...
…...
– Señores pasajeros, les habla su comandante. A mi derecha el mas se … – Ruido de interferencias corta la frase en la zona de pasajeros, que siguen a sus propios asuntos, sin prestar verdadera atención a lo que ocurre en la cabina.
Unos ojos dorados, divertidos por su travesura, una sonrisa inmensa, por casi casi salirse con la suya.
– Moooo no te enfades, solo quiero que el mundo sepa que mi chico es el mas sexy del mundo, ¿Qué tiene de malo?.
– ¿Cómo que tu chico?..Aún no te he dicho que si. – Yukio se concentra en el instrumental frente a él. El rojo en su cara le delata.
– Pero lo harás... solo mírate, estás deseando retozar conmigo... y te gustó lo que hicimos en la boda, no lo niegues. – Kise anota las cifras de los paneles y consulta el horario de nuevo.
El cielo está despejado y el vuelo será de lo mas sencillo, puede estar tranquilo sin mas.
– Deja de decir tonterías... la compañía graba las conversaciones en cabina por si hay un altercado... – Sus ojos azules le regañan, aunque no puede mantenerle la mirada mas allá de unos pocos segundos.
– Mejor, pediré una copia de la grabación. – Otra sonrisa. Suelta los mandos con una mano y la posa en su muslo, subiendo y subiendo, una sonrisa cada vez mas grande al ver su reacción. – Te gustó, solo admítelo y pararé.
Una hora, en silencio, esperando.
Casi habían llegado al aeropuerto de destino cuando el aviso del reconocimiento les llegó por radio.
Tras dar sus credenciales, Kise preparó el avión para aterrizar.
Una vez asegurado en la pista, y todo en orden, Kise se levantó de su puesto, recogió sus cosas y bajó del avión antes incluso que el personal de vuelo, cosa rara en él.
Yukio se quedó en la cabina. Sus manos aún en los mandos, sentado en su puesto pero libre del cinturón.
Claro que le había gustado, por supuesto que si.
No era la primera vez que se la chupaban, pero uff, Ryota jugaba en una liga totalmente diferente.
Había escuchado cosas sobre el piloto. Rumores y habladurías sobre que se acostaba con cualquiera que pudiera darle un poco de entretenimiento. Su pareja mas larga había sido un bombero, dulce y entregado, justo el mismo al que había visto casarse frente a sus ojos.
Kise no parecía afectado en la boda, al contrario que eso, parecía de lo mas entusiasmado con el enlace. Debería estar por lo menos un poquito apenado, pero no era el caso.
Y entendía muchas cosas, y por eso mismo, no quería ser un número mas en su lista, una mera conquista de la que despedirse cuando otra nueva y mas interesante apareciera.
A sus veintiséis años, Yukio seguía buscando el amor... eso tan inútil y desechable para Kise.
No era eso lo que le molestaba, era su aplastante sinceridad para todo. Kise llamaba a las cosas por su nombre, sin remordimiento alguno. Si quería algo, simplemente alargaba la mano y lo tomaba y ni no era posible, centraba su atención en otra cosa.
Su capacidad para la lucha era nula, o al menos no lo demostraba frente a él.
Se preguntaba que habría pasado si no hubiera escapado del baño con una excusa tan remanida. ¿Habrían acabado follando ahí mismo?...
Seguramente si, esa era la cuestión, que a él le habría gustado que le bajara los pantalones hasta los tobillos y lo hubiera montado como un semental a lo bestia.
Hundió los dedos en su pelo corto y negro, negando una y otra vez.
¿Por qué seguía negando lo que sentía por él?.
Fácil, él quería amor, no sexo.
Y el rubio solo quería pasar por la vida con una sonrisa, divertirse y no tener que preocuparse por nada. En ese punto estaba seguro de que no tenía en mente mas allá que acostarse con él, pasar un buen rato y seguir con su vida como si nada.
¿Y qué tiene de malo?.
La duda se coló furtiva en sus pensamientos sin darse cuenta.
¿Por qué no?. Darse una alegría una noche, o quizá dos... y luego actuar como si nada.
Tendría su dosis de amor, falso y mentiroso, pero amor al fin y al cabo.
Aunque le destrozara el corazón... podría pensárselo.
Tomó sus cosas y entró en la sala para el personal.
Kise hablaba por teléfono con alguien, no quiso interrumpirle aunque si prestó atención a lo que hablaba.
– Tu estás en el mismo sitio, ¿No?. – Asintió a la respuesta, concentrado. – ¿Akashi está bien con el cambio?.. –Escuchó, un poco mas. – Me alegro mucho... ¿Cenamos?, puedes reunir a todos para esta noche o para comer mañana. Me muero por veros a todos. – Una risita en sus labios al escucharle. – Si, a Midorima también... que se traiga a su chico... Me han dicho que es alguien famoso o conocido... – Asiente,sin dejar de sonreír ni un segundo. – Te doy mi palabra de maleante, nada de hablar marranadas con el novio del cuatrojospinchaculos.. pero tu me tienes que contar, con detalles, como te lo montas con el bombero...mmmm jejeje. – Un grito, que el obliga a apartar el teléfono de la oreja. – Vale, vale, Kagamiiii, tio eres un rancio... – Un insulto, y unas risas. – Llámame luego y me dices si has podido organizar la cena o lo dejamos para mañana. … Besos a todos, a Kuroko con lengua y sobeteo. Hasta luegoooo.
– ¿Puedo ir?. – Yukio pregunta, Kise levanta las dos cejas sorprendido. – A la cena, con tus amigos, ¿Puedo acompañarte?.
– Le preguntaré a Kuroko, ya que normalmente lo hacemos en su casa, pero no creo que le importe. – Se giró, ordenando algo en su maleta, estirando la chaqueta del uniforme dentro y cerrándola de nuevo. – Voy a entregar los informes del vuelo. ¿Te pido un taxi?, Querrás ir a casa … descansar...
– Y tu, ¿Qué vas a hacer?.
– Pues... pasar por mi casa, limpiar un poco, llevar la ropa a la tintorería, comprar algo de comida... lo normal... ¿Qué te pasa, por qué me preguntas eso ahora?. – El moreno evitaba su mirada, de un modo intrigante.
– No quiero ser uno mas. Si me acuesto contigo, quiero que sea especial, no un número mas en tu lista de gente que te has follado. – Sonó a palabrota todas y cada una de las sílabas que pronunció.
– Todas las personas con las que follo son especiales, ¿Por quien me tomas?. – Le mantuvo la mirada, hablaba en serio. – Si me estás pidiendo amor eterno o que me case contigo primero, te has equivocado de persona. Si lo que quieres es que empecemos algo, y veamos que tal nos va, día a día, soy tu hombre.
No respondío de inmediato, solo se quedaron mirándose unos pocos segundos antes de que Kise diera por terminada la conversación, y tomando su maleta por el asa, se encaminara a la salida.
– Acepto. – Ni siquiera estaba seguro de que era lo que le había empujado a decirlo, la cuestión es que lo había hecho.
– Pues vamos. – Le ofreció la mano libre, y esperó que la tomara. – Hay mucho que hacer...y tengo que decirle a Kuroko que tengo novio... Tranquilo, se alegrará, es un buen amigo, te gustará...
Esa sonrisa, le dio la respuesta. Alguien que habla tan amorosamente de un amigo, no puede ser malo... quizá los rumores sobre él, sobre que era incapaz de enamorarse no eran ciertos... y el iba a probarlos.
Yukio se puso como meta que ese rubio descerebrado se enamorara de él, tan perdidamente como para decirlo en público.
Ignoró la vocecita que le decía que era una locura, y que se estaba metiendo en un jardín embarrado del que no podría salir fácilmente...
Apretó sus dedos alrededor de la mano que le ofrecían y salió al mundo, junto a él.
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– Seeeennnnseiiiii... – Una vocecita le hizo levantar la mirada del libro. – Yui me ha quitado el rojoooo.
Kuroko agitó las manos.
– Bien, parece que no hay bastantes colores para todos. – Se acercó a la niña que estaba a punto de llorar y le acarició el pelo. – Ya sé, ponemos los botes en el centro y que todo el mundo los use, ¿Qué os parece?.
Un montón de caritas sonrientes le dieron la réplica.
– Subimos las mangas hasta el codo. – Miró alrededor, sonriendo. – Y nada de pinceles, con las manos. – Agitó los dedos en el aire.
– ¿Qué pintamos sensei?. – Había un rollo de papel blanco y grande extendido en el centro de la clase, casi ocupando el suelo entero.
– Lo que queráis. Que cada uno elija lo que mas le guste, y a pintar. – Se agachó a un lado, tomó el rojo en sus dedos, y extendió por toda la palma el color, para plantar la mano en un lado del papel. – Venga, todo el mundo ha hacer cosas bonitas.
– Yo voy a pintar a mi perro. – Formas azules, ojos desiguales y graciosos.
– Muy bien, hay que llenar todo de cosas preciosas. – Una sonrisa le llenó la cara al completo, al ver el camión de bomberos en la calle, pararse junto a la valla y a Kagami bajar de un salto y despedirse con la mano en alto.
– ¡Kagamiiiii!. – La clase entera se pegó al cristal de la ventana, ignorando al profesor.
Saludó a los niños desde la calle, y le guiñó un ojo a Kuroko, que se limitó a saludarle con la mano y seguir con la clase, aunque ahora todos estaban mas que emocionados con la presencia del bombero fuera.
Los minutos se sucedieron mas lentamente de lo que les gustaría, aunque terminaron pintando de todo y de lo mas colorido por toda la gran hoja. El timbre anunciando el recreo les sonó a música celestial a todos ellos, aunque el sensei les obligó primero a lavarse las manos, brazos, cara... todo lo que hubiese sido presa de la pintura de algún modo.
Como llamados por una sonata del flautista del cuento, corrieron hasta la verja, todos gritando al mismo tiempo para saludar al bombero, que simplemente esperaba en la acera con Nigou, al que había ido a buscar mientras la clase se sucedía entre risas y colores.
– Hola a todos. ¿os estáis portando bien?. – Un sí generalizado se escuchó entre risitas y una veintena de niños hablando al mismo tiempo. – Eso está muy bien, me alegro mucho. Nigou, saluda a la clase.
Dos ladridos, y un par de truquitos hizo que los niños se pusieran como locos.
– ¿Me prestáis al sensei un momento?. Quiero decirle una cosa... un secreto solo para mayores...
– Por qué no vais a mirar como van las plantas, ¿Si?. – Les pidió, sonriendo.
Aunque no muy convencidos, obedecieron.
– Akashi se ha ido... – Metió la mano entre la reja y le acarició la cara. – Supongo que estará con Daiki, aunque ninguno de los dos me coge el teléfono desde hace un rato.
– Déjales que se diviertan. – Le regañó a su manera. Besó la palma de su mano, disimulando. – No seas malo. – Sonrisa. – ¿Has terminado el turno?.
– Si. El jefe y Teppei han vuelto de la luna de miel y están de celebración; tengo el resto del día libre. ¿Quieres que hagamos algo especial?.
– Kise me ha llamado, para cenar todos juntos... ¿Me ayudas a organizarlo?, Solo tendrías que hacer la compra... cositas para picar nada complicado. Cada uno trae alguna cosa, así que tampoco te emociones comprando.
– Claro, eso está hecho. – Bajó la mano de su cara por el hombro hasta tomarle la mano entre la suya y acercarla a sus labios. – Aunque me muero de ganas por que vuelvas a casa, ahora que la tenemos para nosotros solos... – Besó las yemas y el dorso de la mano.
– Sin contar a Nigou. – Ladrido en respuesta.
– Nigou no me importa... pero me alegra que esos dos dejen de estar revoloteando a nuestro alrededor... aunque son buenos amigos, son unos pesados...
– A Sei se lo perdonamos, por el bebé. – Sonrojado por el beso en su mano, hizo una tierna sonrisa. – Pero Daiki es un plasta …
Risas por parte de los dos, divertidos.
El timbre sonó de nuevo, cortando la conversación entre ambos.
Kagami le vio organizar a los niños en una fila, y entrar en el edificio antes de pensar en volver a casa.
Nigou se paró, negándose a caminar, mirando al otro lado de la calle, un coche aparcado con alguien dentro.
Le pareció ver una cámara, y se quedó un rato mas en el sitio, tranquilizando al perro acariciando sus orejas con calma. Sacó el móvil y le hizo una foto que mandó de inmediato a Daiki.
Puede que no fuera nada, pero aún así, venía bien un amigo en la policía.
Oooooooooooooooooo
– Tiene que haber algo, en algún sitio. – Se quejó en voz alta.
Los archivos de su padre abiertos, hojas y libros de cuentas por todas partes. Ni una sola mención a Kuroko ni un solo indicio que pudiera ayudarle a saber donde estaba, ni si estaba bien.
– Tu padre era un hombre muy meticuloso, no dejaría algo que le implicara escrito. – Sentada en el pequeño sofá de piel a un lado del despacho, buscaba como su hijo en las carpetas de las estanterías de la pared cercana. – Escucha cariño, ¿No se te ocurre nadie a quien puedas llamar?.
– No mamá, y mira que le he dado vueltas... – Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa.
Su hijo había hecho rehen a su hermano, al que ahora escalaba hasta sentarse en su espalda, levantando sus dos puñitos al aire a modo de vencedor de lucha.
Desde el interior del despacho de su padre, veía el jardín exterior, y el parque que habían construido para el niño meses atrás.
Escuchó sus risas nerviosas, cuando el mayor se entretuvo en hacerle cosquillas.
Su sonrisa se borró al instante.
– Tengo que encontrarle, como sea. – Madre e hijo se miraron. – Tiene que saber que Tetsu chan está bien, que es un niño sano y feliz... se le parece tanto que es doloroso... He pasado dos años, dos años odiando a mi hijo por parecerse tanto a él, a la persona que mas amaba del mundo, y al mismo tiempo sintiéndome afortunado por poder recordarle solo mirando a nuestro hijo... y ahora... Dios, mamá, ¿Qué voy a hacer si no le encuentro?...¿y si lo hago?...¿Cómo voy a devolverle todo lo que se ha perdido de nuestro hijo?.
– Tetsuchan. – Murmuró la mujer. – ¿Y si preguntas en el hospital donde dió a luz?... ha sido hace poco tiempo, alguien quedará que se acuerde de Kuroko o de ti... ¿No?.
– Papi, yo gana – Lleno de arena por la ropa y contento entró correteando al despacho.
El sufrido y resignado perdedor detrás, arrastrando los pies, vencido.
– Está bien, tu ganas, ve por el helado. – Una sonrisa. – Pero que conste que el enano hace trampas.
– No tuampas, tu pfff . – Hizo una pedorreta, mostrando su descontento por la acusación.
– Tienes razón cariño, el tío Sho es un pfff. – Risitas por parte de los dos.
– ¿Algún avance?. – Preguntó al ver todo por medio, tomando al niño en brazos con cariño.
– Mamá ha tenido una buena idea, llamar al hospital donde nació Tetsu chan. – Estiró las manos en su dirección y le acunó entre sus brazos desde los de su hermano.
– Yo lo haré. – Inmediatamente sacó el teléfono y empezó a buscar en internet el teléfono del centro sanitario.
Después de pasarle con varias personas que no sabían nada, o directamente ni trabajaban ahí, dio con una de las enfermeras que atendía en la zona de maternidad en aquella época.
– ¿Kuroko Tetsuya?... El caso es que me suena... deme un minuto que lo consulto en los archivos. – Se escuchó el teclear. – Aquí está... Según esto el bebé nació muerto y fué enterrado junto a su padre … en el cementerio municipal... A Kuroko se le denegó la estancia por no tener seguro médico... y le echaron al día siguiente... pobrecito...
– ¿Junto a su padre?. – Frunció el ceño, confuso.
– Aquí hay dos certificados de defunción, del mismo día... uno es de un adulto y el otro de un recién nacido... Disculpe señor, pero aquí faltan documentos... tendré que ponerlo en conocimiento de mis superiores...
– Una última cosa, si no es molestia. – Suspiró aliviado cuando la chica le dijo que sí. – ¿Kuroko sigue siendo paciente del hospital? Para alguna revisión, o alguna urgencia...
– Mm... Renovó su seguro hace unos meses y es paciente del doctor Midorima. ¿Le sirve de algo eso?.
– Si, me sirve de mucho, muchísimas gracias señorita. – Colgó para inmediatamente llamar a Shintaro.
Tenía que hablar con él, y tenía que verificar que lo que esa enfermera había dicho era cierto.
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Slurp, otro cap... esto se va moviendo...
El tío Sho, es un tío majete...
Nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
