«Mi compañera, en mi refugio de caza.» Ya no volvería a pasar más noches solo mientras resguardaba sus fronteras. Había encontrado a su alma gemela. Y aunque podria trasladarla al castillo del oeste no lo haria hasta que su hembra se sometiera a su voluntad no podia ni queria arriesgarse a que se supiera que el gran Sesshomaru no podia controlar a su mujer ! «tendras que aprender a aceptarme como tu señor Kagome»

Ella se acercó a la hoguera y las llamas se reflejaron en su pelo negro y en los ojos chocolate. Tenía los ojos más sensuales que Sesshomaru había visto nunca, y, al parecer, él no podía dejar de mirár selos.

Por fin tenía a su compañera a su lado. Por fin iba a poder cui dar de ella, a poseerla.

La idea de proteger a su alma gemela lo excitaba. Igual que buscarle comida. Ya se estaba imaginando cómo ella le daría las gracias, con su cuerpo... o con su boca.

Clavó la mirada en los carnosos labios y tuvo que contener un gemido al recordarla bebiendo agua. Se la imaginó posando sus labios sobre su piel desnuda. En las negociaciones que habían mantenido antes, ella no había dicho nada de que Sesshomaru no pudiese hacer nada con los labios... ni ella con los suyos.

Sesshomaru siempre se había preguntado qué se sentía tener sexo, qué tenía aquel acto que conseguía poner a un hombre de rodillas, que ha cía que uno deseara repetirlo una y otra vez.

¿Podría convencer a su compañera de que satisficiera su cu riosidad de una vez por todas?

Quizá esa noche le dejaría hacer algo más. Sí, Kagome le había dicho que nada de sexo, pero sólo lo había dicho porque tenía miedo de que le hiciese daño. Y, evidentemente, él no había acep tado, porque en cuanto pudiese demostrarle que era capaz de to carla sin hacerle daño, seguro que podría poseerla.

Lo que sí había jurado era no beber su sangre, y se esforzaría por cumplir su palabra, al menos hasta que consiguiera explicarle lo que aquel acto significaba y por qué ella no podía seguir negán doselo.

De camino a su guarida temporal, Sesshomaru se había dado cuenta de que, con ella, empezaria una etapa en su larga vida de demonio.

Lo más importante era la conexión, la cercanía que sentía con Kagome. Jamás se había sentido tan unido a nadie como cuando la había mordido.

A Kagome le rugió el estómago y al ver que estaba hambrien ta, él se puso en pie de un salto y se fue diciéndole que iba a vol ver con un festín de aves que ella podría cocinar.

Levantó un dedo y le dijo que esperase allí, donde estaría a sal vo. Las bestias evitaban aquel lugar por una mera cuestión de su pervivencia. Y sus enemigos, nunca estarian tan locos como para ir a su guarida.

Al ver que ella no respondía, Sesshomaru movió el dedo con más insistencia.

Kagome puso los ojos en blanco y señaló el fuego, como si qui siera decirle que no pensaba alejarse de la fuente de calor.

Él salió para llevar a cabo su nueva misión, regresó a la noche y cazó con rapidez. Media hora más tarde, de vuelta en la guarida, se detuvo en una de las lagunas para rellenar la cantimplora.Tenía garras y colmillos; y ella no. Ella tenía la piel suave y limpia, y él estaba sucio y sudado. Iba hecho un desastre y tenía la ropa destrozada.

Y eso era sólo lo exterior

Aprovechando que sexymaru no estaba, Kagome se quitó las botas e hizo un hechizo para curarse los pies. Cuando se hubo regenerado la piel, movió los dedos por encima de la arena.

Todavía le quedaba algo de ía que tenía que guardar alguna reserva, así que sólo se per mitió un hechizo curativo más; tenía que elegir entre el mordisco del cuello, el golpe en el pecho o la muñeca rota. Ésta ya se le esta ba curando sola, y el mordisco tampoco le dolía tanto. Esa segun da vez, Sesshomaru le había clavado los colmillos sin desgarrarle la piel.

Estaba mejorando. Kagome se estremeció al recordar lo que había sentido. Una punzada de dolor seguida de un cálido placer.

Se miró el pecho y se preocupó un poco al ver el morado en forma de la mano del demonio. La marca le iba casi de hombro a hombro. «Elijo el pecho.»

Otro hechizo y el morado desapareció.

Poco después, Sesshomaru regresó con la cantimplora llena de agua y lo que parecían ser dos pájaros muertos. Estaban a medio camino entre unos faisanes y unas gallinas.

Él miró atónito sus pies sin llagas durante unos segundos, y luego trató de pasarle los bichos.

—¿Qué esperas que haga yo con ellos? —Lo miró con cara de «A mí no me mires».

Él soltó otra retahíla de palabras en demoníaco, aunque esta vez aparecía el nombre de ella. Kagome se sentía como un perro de dibujos animados mirando a su amo:

—Blablablá Kagome blablablá.

Al final, le dio la cantimplora y, mientras ella bebía, él le arran có la cabeza a uno de los pájaros con la misma facilidad que si hu biera descorchado una botella de vino. Colocó el ave cabeza abajo para que se desangrase, y Kagome escupió el agua y a punto estuvo de vomitar.

Él frunció el cejo al ver su reacción, pero, no obstante, cogió la caza y salió fuera. Cuando regresó las dos aves estaban ya lim pias, desplumadas y desangradas.

Kagome se dio media vuelta al ver que las colocaba sobre el fuego. Pero cuando empezaron a asarse, fue incapaz de dejar de mirarlas. A pesar de que estaba muerta de hambre, y de que olían muy bien, no sabía si sería capaz de comerlas.

Ella no era vegetariana, ni mucho menos, pero si él le hubiera dado aquellos dos pájaros antes de matarlos, seguro que se ha brían convertido en sus mascotas.

Pero la verdad era que se le estaba haciendo la boca agua y que el estómago le hacía tanto ruido que él sonrió. Seguro que estaba pensando: «Me apuesto lo que quieras a que te alegras de haber ve nido conmigo.

Miró al demonio y se preguntó si él también estaría cansado. ¿Los demonios dormían igual que el resto de los inmortales? Vio que él la estaba mirando; en su rostro volvían a brillar aquellos impresionantes ojos ambar.

—Me juego lo que quieras a que anoche tú tampoco dormis te demasiado. Con eso de perseguirme, ya sabes. Y mira, ahora estoy aquí.

Él se encogió de hombros.

Kagome dejó de mirarlo e inspeccionó el lugar. «Así que aquí es donde voy a perder el tiempo.» Parecía seguro y protegido de la intemperie.

Pero era más que evidente que aquella cueva necesitaba un to que femenino. «Así soy yo, muy hogareña.» Kagome suspiró y se levantó. Él no trató de detenerla, lo que era buena señal, pues ella no estaba acostumbrada a tener que negociar.

El demonio la observó fascinado mientras recogía lo que espe raba que fuesen unos huesos de animales y los llevaba junto a la pila de leña para el fuego.

Después, enrolló las cuerdas y las cadenas y guardó las incon tables dagas en una esquina que estaba vacía. Al terminar, se vol vió hacia la cama, en la que él acababa de sentarse.

—Levántate, demonio —le dijo, haciéndole con la mano un gesto para que la comprendiera. Tuvo la sensación de que a él le hacía gracia, pero no se movió.

Kagome tocó entonces la punta de la sábana y lo miró con cara de asco. Sesshomaru se levantó. Ella quitó la tela que servia de sábana, y en su lugar co locó un a nueva, -ya puedes volver.

Pero cuando cogió una segunda tela para colocarla al otro lado de la hoguera, el demonio por fin expresó su opinión sobre los cambios.

Podria preparar dos camas pero solo usarian una. Ignorándolo por completo, Kagome desenrolló la tela, que él volvió a enrollar con asombrosa facilidad. Tanta rapidez la cogió desprevenida y se tambaleó. Al mover los brazos, el anillo que había recuperado antes se le cayó al fuego.

—¡Mi anillo, mi anillo, mi anillo!

Sesshomaru desvió la mirada del fuego a ella y arqueó una ceja.

Aquella joya era lo único que tenía de su padre, el único re galo personal e invaluable que le habían hecho en toda su vida. Se llevó las manos al pecho en señal de súplica.

El demonio asintió decidido. Metió las manos en las llamas y buscó el anillo entre las brasas. Lo encontró y se lo mostró a Kagome, pero lo apartó en el último segundo para soplarlo y enfriar lo antes de entregárselo.

¿Cómo era posible que aquel ser que tenía su casa decorada con cabezas cortadas fuera al mismo tiempo tan... atento?

Sesshomaru le dio el anillo y ella suspiró aliviada al ponérselo. Pero entonces se dio cuenta de que él se había quemado.

—¡Estás loco, neandertal! —Antes de poder evitarlo, se arro dilló a su lado y le cogió las manos.

A Sesshomaru empezaron a pesarle los párpados. Ella lo estaba tocando y ya no sentía dolor, sólo placer. Después de pasar tanto tiempo solo...

«Mantén los ojos abiertos, Sesshomaru, así lo disfrutarás más.»

Ella le dijo algo. Tenía la respiración entrecortada, pero él no entendió ni una palabra estaba muy concentrado en disfrutar de su contacto. Aunque sospechó que se trataba de algo afectuoso. Y quiso más. ¿Cómo podía conseguirlo?

Trató de recordar lo poco que sabía sobre el sexo femenino para ver si así encontraba el modo de que aquella hembra en con creto lo tratase siempre con cariño.

Sus conocimientos eran muy... limitados.

Sesshomaru casi no había conocido a su madre. No era ningún ejemplo que seguir. «No sé nada sobre ellas.»

Mientras seguía pensándolo, apartó un mechón de pelo del rostro de Kagome. La caricia fue tan suave que ella lo miró sor prendida, incluso... interesada. A él volvió a sorprenderlo lo ex presiva que era. Su rostro era muy fácil de leer, y Sesshomaru se dio cuenta de que podía aprender de ella. Su compañera le enseñaría cómo conquistarla.

«No sé nada sobre su género. —Le cogió las manos entre las suyas y la acercó un poco a él—. Pero ella me enseñará.»

«¿Se puede saber qué me pasa?» Kagome no sabía qué la había impulsado a correr junto al demonio, y mucho menos a tocarlo. Cuando trató de soltarle la mano, él se la apretó con fuerza.

—¡Vas a volver a hacerme daño! —exclamó al retirarla.

Sesshomaru se quedó mirándola pensativo. Y ella vio horrorizada cómo metía la otra mano en el fuego.

—¿Qué estás haciendo? —gritó, y saltó hacia adelante para ti rarle del brazo.

Sesshomaru mantuvo la cabeza alta y le ofreció la mano recién quemada.

Kagome suspiró resignada y la aceptó; empezó a acariciársela con los dedos.

—¿Estás dispuesto a hacerte daño sólo para que te toque? — «si que estas mal de la cabeza grandote!»

Kagome? —dijo sexymaru con voz ronca.

—¿Qué? —Él la estaba mirando de nuevo—. Estoy bien. —A pesar de que no le gustaba la situacion, cuando él la mi raba, tan pendiente de todos sus gestos, kagome tenía la sensa ción de que la escuchaba como nadie lo había hecho antes.

Él le dedico una leve sonrisa y, acto seguido, se puso en pie de un salto y se alejó del fuego.

Contestando Rw

*Mbopcita espero responder a tu duda con este capitulo

Saludos a Clara Ani Kagome 18 PaoVampire Alex Taisho Marie Minako Dark side of everyone Sayaaomes Y a todas las fans de esta pareja.

Y a la anonima que dejo tan desagradable review xD "que te den por amargada" si no te gusta no leas estamos en un planeta libre y el fandom es para hacer las cosas imposibles muy posibles!

Un abrazo Muaks para todas!