Ohayo minna san! Con este capi cerramos este dia haha no me maten quiero vivir!
Sessh: humana mereces la tortura por parte de todas mis fans!
Nooooooo amo sesshomaru no me pegue :(
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Ella quería... darse un baño. Asintió y le hizo un gesto para que lo siguiera, y a kagome se le iluminaron los ojos.«Al fin podre asearme wii»
Él cogió una especie de pico y la guió hasta una zona en la que había una especie de valle rodeado por un pequeño muro de piedra. En tiempos antiguos, el techo, que estaba a unos tres metros, tenía unos agujeros desde donde caía agua en la piscina de debajo.
Se detuvo junto al muro y levantó el pico por encima de su cabeza. Tras un par de acertados golpes, el agua caliente empezó a resbalar por las rocas hasta llenar la piscina.
Kagome gritó entusiasmada al ver que el nivel empezaba a subir, y él se sintió orgulloso de sí mismo.
—Más —murmuró ella y juntó las manos en señal de súplica.
A pesar de que aquellos chorros bastaban para llenar la piscina, ¿cómo podía negarle nada después de pedirlo de aquel modo? Sesshomaru empezaba a ponerse nervioso , al pensar en que kagome tendría que desnudarse, se quitó la armadura, levantó el pico y golpeó de nuevo.
«Ah, Kami, qué cuerpo tiene.»
Sesho tenía el torso desnudo, la piel sudada, y movía el pico con tanta destreza que los músculos se flexionaban a la perfección con cada golpe. Una gota de sudor le resbaló por la espina dorsal, y kagome se imaginó siguiéndola con el dedo. Era la primera vez que deseaba tocarlo.
¿De verdad se sentía atraída por un bruto como aquél?
Quizá. Y, a decir verdad, en aquellos momentos estaba encantada con él. Sessho había elegido el lugar perfecto; la piscina era larga y oblonga, y el agua probablemente la cubriría hasta la cintura.
De la roca del techo salían riachuelos de agua; nacían de todos los agujeros que el demonio había hecho, y eran como pequeñas duchas encima de sus cabezas.
Él dejó el pico en el suelo y se volvió para mirarla; vio que ella se estaba mordiendo el labio inferior. Por el modo en que la miró a los ojos, kagome supuso que los tenía brillantes debido al interés que el demonio le había despertado.
Por su parte, vio cómo los ojos ambares de sexymaru resplandecían orgullosos, pero también detectó que estaba algo nervioso. ¿Por ella?
La piscina empezó a humear y captó la atención de kagome. Tocó el agua con los dedos y descubrió que estaba a una temperatura ideal.
—Gracias, sessho. Pero ahora necesito cierta intimidad. —Le pidió que se fuera—. Puedes volver cuando sea tu turno.
A modo de respuesta, él se limitó a gruñir y a cruzarse de brazos.
—No piensas irte a ninguna parte, ¿es eso? Está bien. —Ella no era tímida. Sabía a ciencia cierta que ocho mil personas la habían visto desnuda, y que el vídeo seguía descargándose en YouTube definitivamente que tu primer despedida de soltera con amigas pasada de copas te haga bailar en interiores en el patio vecino a la casa de Hojo no siempre es un buen ejemplo de cuan timida puedes llegar a parecer. Vestida sólo con el top, el sujetador y la tanga, se metió en el agua.
Cuando volvió a mirarlo, sessho estaba atónito y no paraba de pasarse las manos por la boca.
Y cuando kagome le sonrió y le hizo un gesto para que se acercara, el demonio miró hacia atrás para asegurarse de que se esta
ba dirigiendo a él. Y luego se señaló a sí mismo con el pulgar al tiempo que mantenía la cabeza bien alta.
Y ella pensó: «Creo que empieza a gustarme».
«Pov Sesy-maru»
Por todos los dioses, Kagome tenía unos pechos preciosos, pálidos y redondos, coronados por unos pezones rosados que se estaban excitando delante de sus ojos. Abrió y cerró los puños en un intento de controlar las ganas que tenía de tocárselos, de sentirlos entre los dedos.
Le dolía el pene de lo tenso que lo tenía al acercarse. Y cuando se detuvo delante de ella, levantó la mirada hasta encontrar la suya. Kagome tenía los ojos entrecerrados, y sus iris brillaban como estrellas.
Ella estaba sintiendo deseo, lo que significaba que tenía ciertas expectativas respecto a él. Expectativas que Sesshomaru no iba a poder cumplir.
«No tengo ni idea de qué tengo que hacer.» ¿Quería que la besara?.
Seguro que Kagome creía que tenía mucha experiencia sexual, como casi todos los demonios de su edad. Seguro que creía que era un buen amante que sabía dar placer a aquellas con las que se acostaba.
«No tengo ninguna experiencia y apenas sé nada acerca del cuerpo femenino.» Pero cuando una gota de agua se deslizó por encima de uno de los pechos de Kagome, dejó de tener miedo. «Tengo que tocarla...»
Fue a hacerlo y ella se apartó y negó con la cabeza.
—Sesshomaru, por favor.
Él la miró inseguro. «Tú has tenido tu oportunidad, ahora le toca a ella.» Al final, asintió y permitió que lo guiara hasta una cascada. Incluso se arrodilló cuando Kagome se lo pidió, y el agua le cubrió hasta la cintura.
Se puso tenso al ver que ella se colocaba a su espalda y empezaba a pasarle un paño por el cuello y los hombros con movimientos deliberadamente lentos. Los brazos fueron lo siguiente, y se los enjabonó hasta los dedos y las garras. Seguía estando nervioso, pero su mente estaba a rebosar de imágenes de ella. No podía dejar de preguntarse dónde lo tocaría, cómo lo tocaría.
Cuando Kagome lo rodeó desde atrás para poder enjabonarle el torso, le pegó los pechos a la espalda y él se mareó de placer. Sentir sus pezones rosados sobre la piel hizo que se excitara hasta tal punto, que estuvo tentado de masturbarse debajo del agua para ver si así se calmaba un poco.
Ella le acarició el pectoral con un dedo.
—Ah, Kagome... —-Justo cuando iba a cogerla en brazos, ella se puso en pie y le enjabonó el pelo, masajeándole el cráneo con las uñas.
Por algún extraño motivo, ese masaje lo relajó, hasta tal punto que apenas podía mantener la cabeza erguida. Pero cuando Kagome le lavó las orejas, su erección creció hasta límites imposibles.
¿Cuánto tiempo más podría soportar aquella presión? Si no hubiera tenido un orgasmo antes, a aquellas alturas ya habría perdido el control.
Si la tocaba, podría hacerle daño, y justificaría el miedo que ella tenía de estar con él. Y si eso sucedía, Sesshomaru jamás volvería a sentir que le interesaba a alguien, que sentían cariño por él.
No sabría lo que querría hacerle Kagome después de bañarlo.
Y con eso en mente, dejó que ella lo ayudara a ponerse en pie, y levantó los brazos cuando se lo insinuó. Colocó las palmas en la pared de roca para que el agua le cayera sobre la cabeza. Kagome se arrodilló detrás de él y cogió el trozo de tela que había dejado a sus pies. Empezó enjabonándole los tobillos y subió hacia arriba, dejando claro cuál era su destino final. ¿Le tocaría el pene? ¿Lo acariciaría con sus cálidas manos cubiertas de jabón? En cuanto los pechos de ella le rozaron la pierna, Sesshomaru clavó las garras en la roca que había junto a su cabeza.
Con cada caricia de Kagome, Sesshomaru se excitaba hasta límites cercanos al dolor, cada mirada de ella le dolía más que un mordisco o un azote.
Estaba a punto de eyacular, estaba convencido de que terminaría en contra de su voluntad. Y al pensar en ello, sus instintos demoníacos salieron a la superficie. No podía quitarse de la cabeza la imagen de sí mismo lanzando a su compañera al suelo para poseerla. O la de él levantándole las manos por encima de la cabeza mientras se perdía entre sus piernas. Se imaginó a sí mismo atándole las muñecas a la espalda y besándole el sexo igual que un animal saciando su sed...
Cuando las manos de Kagome llegaron a sus rodillas, Sesshomaru apretó los dientes y clavó sus garras en la roca. El dolor atenuó el placer y le dio unos valiosísimos segundos de margen.
Si una semana atrás alguien le hubiese dicho a Kagome que besaría a un demonio desnudo, arrodillada delante de él, se habría echado a reír.
Pero eso era exactamente lo que estaba haciendo, y estaba fascinada con cada centímetro del cuerpo de Sesshomaru.
Al principio había sido bastante metódica. Pero poco a poco fue aminorando la velocidad para poder apreciar mejor los detalles de aquella obra de arte; los hoyuelos que tenía en las nalgas, sus músculos duros como el acero, el subir y bajar de aquellos abdominales tan bien esculpidos. Unos pectorales hechos para clavarle las uñas en ellos.
Sesshomaru tenía la piel palida y el torso, los brazos y las piernas salpicados de vello rubio. Un sendero del mismo color descendía a partir del ombligo y se iba oscureciendo al llegar a la entrepierna.
Su erección se levantaba orgullosa entre las piernas, con unos testículos hechos para ser acariciados.
Kagome era incapaz de recordar alguna otra ocasión en que hubiese estado tan excitada. El demonio era rudo, incivilizado y la estaba derritiendo.
Cuando llegó a los muslos, todo él temblaba, incluso contenía la respiración. En vez de seguir tocándolo más arriba, Kagome se puso en pie y empezó a enjabonarle la parte inferior de la espalda y las nalgas, y Sesshomaru tensó los músculos al notar sus dedos. Suspiró decepcionado.
Ella se mordió el labio y deslizó las manos hacia el torso de él para enjabonarle esa zona. Él encogió el estómago y se flexionó, y Kagome le pasó el paño húmedo por el sendero de pelo dorado. Cuando volvió a llegar a la erección, se detuvo otra vez.
«Estás jugando a un juego muy peligroso.» Los gemidos de Sesshomaru se iban intensificando y la miró por encima del hombro. Volvía a tener los ojos rojos y brillantes como el fuego.
Estaba a punto de alcanzar el orgasmo. Si él perdía el control, quizá volvería a hacerle daño, aunque a ella le bastaría con un par de movimientos de muñeca para llevarlo hasta el final.
«Este demonio hace que pierda la sensatez y lo peor de todo es que me gusta!»
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Continuara!
Bueno hermosuras las dejo tengo que dormir aqui son mas de las doce y toca trabajar en unas 7 horas! Besos!
