Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo veintitrés:
Eso que vive en el corazón...
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Se extrañó, de escuchar sus risas desde temprano.
Era inusual que Akashi se riera de ese modo, tanto y tan raro, que Aomine dejó el afeitado a medias solo para ver cual era la causa de sus carcajadas .
Sostenía unos papeles en una de sus manos, mientras con la otra se apretaba el vientre vencido hacia delante, sin parar de reír ni un segundo.
La puerta abierta, dos agentes de policía, de su comisaría, le miraban confusos, sin saber muy bien como actuar o la razón de esa reacción tan extraña.
– ¿Qué ocurre?. – Limpió los restos de la espuma de afeitar con el dorso de la mano, y después en la pernera del pantalón del pijama.
– No lo sabemos muy bien... Traemos una citación judicial y por lo visto, es muy graciosa. – Los dos policías se miraron, sonriendo. – Que tengan un buen día.
– Gracias. – Cerró la puerta y se volvió.
En todo el tiempo no había parado de reír, bajaba y subía en la intensidad de las risas, pero sin dejar de hacerlo.
– Bueno, cuéntame que es tan gracioso. – Aomine tomó los papeles y los leyó. – Voy a esposarle a una farola... será hijo de …
– ¿Te lo puedes creer?. Es que no puedo parar... Me ha demandado... por la custodia... – Otra tanda de carcajadas le llevó hasta el sofá, o acabaría en el suelo sin remedio. – Y lo mejor es que la vista por la custodia es dentro de dos semanas...
– Le mandaré una inspección de sanidad... pero antes lo esposo a una farola, y le dejo toda la noche. – Puede que sonase gracioso, pero lo decía totalmente en serio. Y lo peor es que Akashi sabía que sería capaz de hacerlo.
– ¿Y esas esposas...?.¿Las tienes aquí?. – Sonrisita pervertida en sus labios. Le hace un gesto con la mano, para que se acerque.
Sumiso y vencido, Aomine obedece. A su lado, acuna al bebé dentro de Akashi con las dos manos, le besa en lo mas alto del vientre ligeramente hinchado, en el espacio entre su pecho y el cuello, en la barbilla y en los jugosos y llenos labios.
Una sonrisa resignada.
– Así que, ¿Así van a ser las cosas?. – Akashi desvía la mirada, sonriendo.
– No se lo tengas en cuenta. – Intenta besarle, pero el policía le esquiva para que no lo haga. Al final se sale con la suya a la fuerza, tironeando de su ropa hasta obligarle a inclinarse hacia delante para conseguir su beso. – A este juego podemos jugar los dos.
– ¿Qué quieres decir?. – Aomine le sube a sus muslos, sentado en el sofá. Besa su hombro, el brazo y acaricia su cabello, por la nuca.
– Que yo también puedo demandarle a él... soy abogado, conozco ciertos trucos del oficio... – Miró la hora. Era temprano, pero tenía muchas cosas que hacer. – No te preocupes... y ahora, vete al trabajo, tienes turno y yo que hacer la compra y la comida para tu amigo Sakurai. – Beso, otro beso, caricia llena de amor. – Y quiero esas esposas en casa... para esta noche.
…...
Aunque faltaba una hora para la cita, la mesa ya estaba puesta, y todo colocado con cariño.
Akashi se sentó en su sitio, moviendo con el dedo el centro con flores que había colocado para adornar. No sabía que esperar de Sakurai, pero Daiki lo había pintado tan negro que casi tenía miedo, un poquito, la verdad.
Seguramente habría exagerado en sus advertencias, aunque el polícia no era de los que tenía tendencia a adornar las cosas innecesariamente.
De repente echó de menos a Nigou. Podían tener su propio perro, aunque con el bebé para dentro de unos meses, no sabía si sería tan buena idea como pintaba.
Llamó a Kuroko, para matar el tiempo. Se preocupó por saber que tal su día en la guardería, y la verdad, le dejó con la boca abierta saber que Shoichi había vuelto de nuevo. Eso era totalmente inesperado.
Se calló la parte en la que Aomine seguía investigando lo que le pasó, y por supuesto no le comentó la posibilidad de que el juez le concediera una orden para exhumar la tumba de Makoto y su bebé.
Aunque si le contó la demanda que le había puesto Atsushi, lo que les arrancó una docena de risas a los dos.
No se lo podía creer, aunque conociendo un poco a Murasakibara, ese tipo de reacciones sin sentido era muy suyas.
Las llaves al otro lado de la puerta centraron su atención en los recién llegados. Guardó el móvil en el bolsillo y su conversación con Kuroko en lo mas profundo de su memoria para comentarlo mas adelante con su pareja.
Aomine iba con el ceño fruncido, a la defensiva.
El muchacho tras él, de apariencia juvenil y mirada dulce no ofrecía ningún peligro al abogado.
La verdad, es que tanta advertencia del policía, esperaba una especie de enterrador siniestro de voz tétrica y aspecto ajado, y no un veinteañero con unos vaqueros azules de lo mas corriente y una camiseta rosa y blanca del gato sin boca*.
– Hola, tu debes ser Akashi. – Alargó la mano en su dirección, tomando sus dedos con la palma en un gesto conciliador. – Soy Sakurai, pero puedes llamarme Ryo.
– Hola... encantado de conocerte. – Ya había pasado el tiempo de cortesía, y el castaño seguía aferrando sus dedos con suavidad.
Le acarició la muñeca con el pulgar, y subió con la mano hasta el codo, alargando las dos manos al vientre de Akashi, a sus caderas.
– ¿Sabías que los órganos internos se desplazan para dejar espacio al bebé?. Es fascinante ver como cada uno de ellos se junta y aprisiona de un modo perfecto para que el pequeño crezca y …
– Ryo... lo prometiste. – Aomine le "regaña", tratando de parecer ajeno a lo que está haciendo.
Lejos de obedecer, el toque se prolonga mas allá, pasando sus manos, las dos, por la curvatura del bajo vientre y costados sin pena alguna.
– Es fascinante, un auténtico milagro. – Murmuraba en voz baja. Alzó la vista, al darse cuenta de que estaba incomodando a Akashi y sus cejas se juntaron en el centro justo con una pequeña arruga. – Heterocromía parcial... – Sus manos fueron solas, guiadas por una fuerza invisible a su rostro, sus dedos de punta, dispuestos a examinar esos dos ojos con mas atención.
– Ryo. – Ahora si, Aomine sonaba enfadado.
– Perdona. – Se apartó, desconcertado y avergonzado a partes iguales. – Eso ha sido muy grosero por mi parte. Lo siento, es la primera vez que puedo verlo tan cerca y en alguien vi … – Desvió la mirada, buscando que decir para no parecer del todo un maleducado. – perdóname, no lo he hecho con mala intención.
– No pasa nada. – Akashi sonrió, casi se sintió venerado como una especie de santo. – Puedes mirar lo que quieras... siempre que no me pidas que te deje pincharme o una muestra del ojo...
– ¿Ves bien? Es igual con el otro ojo o notas alguna diferencia ¿Eh?... es fascinante... muy interesante. – Mas cerca de lo que le permitiría a otra persona, Akashi podía sentir el calor del otro cuerpo llegar a él de un modo sencillo.
Aomine se rindió, y fue a mirar como iba la comida y a ordenar la bebida y el pan para comenzar a comer cuanto antes.
– Es igual, no sé. – Se encogió de hombros. Sakurai bajó la mirada al bebé. – Nunca he notado nada en ninguno de los ojos por el color.
Sin pretenderlo, Sakurai parecía hipnotizado con el hecho de que Akashi estuviera embarazado.
Para alguien como él, familiarizado con la muerte, el simple proceso de creación de vida, tan cercano, le tenía completamente pendiente del pelirrojo.
Su estómago rugió, pidiendo alimento.
Se disculpó, aunque no tenía por qué, pero le pareció de lo mas grosero.
– No pasa nada, es tu casa y tienes hambre, lo comprendo. – Era tan extraño que le cediera el asiento en su propia casa que Aomine soltó una risita desde el pasillo al verles juntos.
Sentados a la mesa, la conversación se derivó por otros derroteros.
– ¿Hablaste con el capitán?. – Alargó la mano por un trozo de pan, hasta en ese simple gesto parecía haber una ceremonia detrás, por el modo en el que estiraba los dedos para tomarlo. – Husmeé un poco por mi cuenta.
– Si, cree que hay algo, pero no suficiente como para mover a la fiscalía. Quiere que siga por mi cuenta un poco mas. – Llenó el vaso de Akashi con agua fresca antes que el suyo. – ¿Y que has descubierto?.
Sacó una hoja doblada en cuatro del bolsillo trasero de los vaqueros y la desdobló antes de pasársela por encima de la comida.
Aomine arrugó la nariz sin entender nada de lo que estaba leyendo, salvo la última parte, direcciones y nombres concretos.
– El veneno, es la fórmula y los sitios donde podías conseguirlo hace un par de años. – Aomine prestó atención a las cifras y palabras desconocidas. – ¿Sabías que la diferencia entre remedio y veneno es la dosis?, los ingredientes son los mismos para las dos cosas...
– ¿Alguna idea de por qué?. – Akashi seguía la conversación entre ellos en silencio, aunque atento a todo lo que decían.
– Pues a no ser que siguieran algún tratamiento natural, o alguna dieta vegetal, no se me ocurre una razón por la que los dos mostraran trazas de esos componentes. La analítica del bebé, ni la tengo en cuenta, es una montaña de datos falsos e incoherentes.
– Nada vegetariano, ninguno de ellos. Kuroko comía como un equipo entero de sumo, y Makoto, solía acompañarle con gusto. – Akashi puntualizó, acaparando la atención de los dos en él.
Sakurai parecía pensar si seguir con la conversación o cambiar de tema.
– El veneno... en esa dosis... – Miró al pelirrojo, y a Aomine, soltando el aire por la nariz, despacio. – No se habría puesto de parto... el proceso no se inicia por …. – Apretó los labios, vencido. – Habrían muerto, los dos. El padre se habría salvado, con alguna secuela, pero habría sobrevivido.¿Entiendes lo que quiero decir?.
– Creo que si. – Daiki se pasó la mano por el pelo, pensativo. – Que tengo que mirar dentro de esas tumbas.
Akashi le mantuvo la mirada, esperando, dudando entre su lealtad al amor de su vida actual, o a la amistad pasada que le unía a la pareja y su difunto bebé.
– Haz lo que debas. – Finalmente se decidió por la verdad. Ni por uno ni por el otro. – Averigua la verdad, que termine de una vez.
– Lo siento... – Sus disculpas sonaron sinceras y afectadas. – Intentaré no decirle nada a Kuroko, mantenerle al margen todo lo posible. – Se levantó, tomando los platos sucios para llevarlos a la cocina. – Voy por el postre.
– ¿No es el padre, cierto?. –Señaló a la cocina, con el dedo de punta y luego a su vientre.
– ¿Cómo lo sabes?. – Akashi le miró, admiración en sus ojos.
– Daiki mide sus gestos, el modo en el que te mira, habla, incluso cuando se acerca … es un comportamiento inconsciente, pero denota cierta distancia con el pequeño. – Ladeó la cabeza, como para dar fuerza a su teoría.
– Creí que tu especialidad eran los muertos. – Una pequeña sonrisa, cómoda.
– Hay que entender a los vivos para interpretar a los muertos. – Rodeó la mesa para acabar a su lado, pidiendo permiso con sus gestos para tocarle de nuevo. El modo en el que le acariciaba el vientre, las caderas y el ombligo era extraño, sinuoso y delicado. – Es fascinante... se forma, despacio, un cerebro, un corazón diminuto bombeando la sangre, finas venas... poco a poco, un cuerpo que no es nada, solo células sin forma se unen, multiplican, ondulan... y ¡oh, vaya! una mezcla perfecta de genes, impulsos eléctricos, proteínas...
– Ryo... – Aomine volvía con el postre, un poco intrigado por encontrar a su pareja siendo "tocado" por el forense. – Me voy a enfadar si sigues tocando a mi novio así.
– Puedes detenerme si quieres, aunque me parece que no es delito. – Pidió el postre con la mano en alto. – Estoy siendo bueno. Nada siniestro ni desagradable, ropa de persona y sonrisa de vendedor de coches. Me he ganado esa tarta de chocolate.
– Voy a hacer una llamada. – Se acercó para besar a Akashi en lo alto de la cabeza. – Nada de conspirar para dominar el mundo... y no le dejes hacer, o acabarás en una camilla con cien cámaras grabando cada segundo de embarazo.
– Siempre puedo demandarle. – Se levantó lo suficiente como para seguir sentado pero alcanzar sus labios en un beso rápido.
Sakurai volvió sus manos al vientre, pequeño y apenas curvo del pelirrojo, disfrutando de un modo totalmente médico del privilegio del acto en sí.
Sentir una vida entre sus manos desnudas no era algo que hiciera a diario.
Y pensaba disfrutar de ello.
…...
Dejó el maletín en la entrada, las llaves en el cuenco y la chaqueta del traje sobre el espaldar de la silla.
El silencio en su casa se le hizo habitual, una vuelta al pasado. Al acceder al comedor vio la puerta del cuarto de la bebé entreabierta.
Sonrió, delicadamente, y caminó sigiloso con la intención de mirar a hurtadillas dentro.
Takao se había dormido en la mecedora, con la guitarra sobre los muslos, los auriculares puestos y un cuarderno lleno de notas musicales y partituras parciales de varias melodías.
El portátil en el suelo, con una canción en el reproductor y el micro sobre el teclado. La reproducción aparecía parada, escuchada hasta el final una docena de veces.
Apartó cosas, soltó la guitarra de la cinta que la mantenía en su hombro, y la dejó en el suelo, junto al cuaderno, el boli y deslizó los cascos por su cabeza hasta sacarlos.
Apoyó la mejilla en el vientre hinchado, y posó sus brazos a los lados de la mecedora, evitando poner su peso sobre él.
Los dedos del cantante en su pelo, iniciaron una caricia interminable.
– Bienvenido. – Voz pesada, aún dormida. –Me he quedado dormido. – Pestañeo furioso, bostezo... siempre cuidando de no moverse para que Midorima siguiera sobre la niña . – Estaba escribiendo... tenía la melodía en la cabeza desde... ¿Qué tal el día?.
– He pasado consulta hasta el medio día y por la tarde me ha tocado urgencias... he traído seis bebés al mundo... y una de las madres me ha dado una patada en las costillas... la próxima vez me aseguraré de que las correas están bien cerradas. – Abre los ojos, de lado, sonríe. – ¿Terminaste la canción? Quiero oírla.
No hay respuesta, tampoco la espera. Es demasiado tarde y los dos están mucho mas que cansados.
Midorima aprovecha un poco mas la postura, solo estando ahí, sobre la curva blandita.
La mano que acariciaba sus cabellos yace posada, sin movimiento. La leve respiración de la mamá le indica que ha vuelto a dormirse.
Se levanta, con pena y le acomoda en sus brazos con cautela, depositándole sobre la cama, apartando las sábanas con cuidado de no despertarle.
Se tumba a su lado, vestido y con los zapatos puestos. Los siguientes minutos se limita a mirarle dormir. Aparta su pelo con la punta de los dedos, con esos mismos dedos le acaricia los labios, y se queda ahí, solo mirándole.
Se quita las gafas, aunque las deja en su mano. Masajea el puente de la nariz y las sienes solo con una mano. Está cansado, mucho.
Unos minutos con Takao, en la cama, solo eso. La tripa ha bajado, poco pero lo ha hecho. Y duerme mucho mas, aunque no se haya dado cuenta. Intenta por todos los medios que esté tranquilo, alimentado y feliz, y odia tener que ir al trabajo y dejarle a solas con la doncella, aunque sabe que esa mujer no dejará que le ocurra nada malo.
Mira el reloj del despertador. Son casi las dos de la mañana, ha dormido a su lado una hora y poco mas. El busca en su pantalón es lo que le despierta.
Busca sus gafas, sobre la almohada, mira la pantallita. Una urgencia.
Takao se ha acomodado de costado, una pierna sobre su muslo. Tiene que moverse, salir de la cama, de la casa. Un bebé le necesita.
Sentado en la cama se pasa la mano por la cara, intentando espabilarse. Tiene prisa, aunque se concede perder unos pocos segundos en mirarle dormir un poco mas.
Unos ojos azules le sorprenden, una preciosa sonrisa.
– ¿Por qué no quieres dormir conmigo?. – La pregunta surge entre sus labios, adormilado. No es un reproche, ni una acusación, solo una duda real. El doctor comprende que no se refiere a dormir exactamente. – ¿Es por que estoy gordo?.
Midorima sonríe. Si supiera...
– No quiero hacerte daño. – La verdad surge en el mismo tono susurrado en el que ha sido hecha la pregunta. – No es por tu aspecto, eres hermoso. Es que no … nunca he hecho esto con nadie... no quiero dañarte, nada mas.
– Nunca me harías daño. – Alarga su mano, le roza la mejilla. – Mira como me tratas siempre... estoy seguro de que incluso ahí, serás meticuloso hasta el delirio. – Bosteza, se acomoda de costado, mas tranquilo, con la sensación de haberse quitado una duda enorme de la espalda.
– Tengo que irme. – Se inclina, le besa en la frente, la mejilla, la comisura del labio. – Volveré lo mas rápido que pueda, pero no me esperes. Descansa.
– Ten cuidad... – Se duerme sin pronunciar la última palabra.
– Lo tendré. – Un último beso, y una visita al baño, antes de hacer su trabajo.
Trabajo que adora realizar.
De camino piensa en Takao, en como será todo para él, y espera que no le pille fuera, aunque anota mentalmente reunir a todo el mundo para que esté pendiente en todo momento.
Apenas si quedan unas pocas semanas para el alumbramiento, y no quiere dejar nada en manos del azar.
…...
Kagami bosteza, estira las manos por encima de su cabeza y busca las llaves del apartamento en el bolsillo trasero.
Kuroko está dormido en el sillón, una pequeña mancha de saliva bajo su boca le indica que se ha dormido esperándole, y eso que le dijo que hoy tenía guardia por la noche.
Nigou gime, haciendo patente que se ha despertado, y que le dice hola, pero sin despertar a su amito dormido.
Kagami sonríe, acariciando al perro con delicadeza. Deja las cosas sobre la mesa y rebusca una llave, que guarda en el bolsillo trasero.
No quiere despertarle, no aún, así que acomoda la pequeña manta del sofá a su alrededor y le toma en brazos despacito.
Recorre el camino hasta la azotea del bloque de apartamentos y usa la llave en la cancela que mantiene la zona cerrada a intrusos.
Kuroko sigue dormido, madruga todos los días, y la calidez de la manta hace el resto.
Abre una de las tumbonas con la punta del pie y se sienta, echándose todo lo atrás que puede, piernas separadas, acomodando con ternura al maestro en el hueco entre sus piernas.
Le abraza con cierta fuerza, suspira, sabiéndose afortunado solo por tenerle así, entre sus brazos.
El negro del cielo empieza a clarear. Es sutil pero lo nota. Ha pasado toda la noche en pie, está cansado, sudado y hambriento, pero quiere vivir ese instante con él.
– Tetsu, despierta. – Le zarandea con cariño, un par de veces.
Kuroko pestañea confuso, tarda un poco en ubicarse, en darse cuenta que no está en el sofá, ni siquiera está en el apartamento. Sigue en pijama, pero calentito envuelto en la manta, y en sus brazos.
Restriega la mejilla en su pecho, y le roba un pequeño beso.
– ¿Por qué estamos fuera?. – Sonríe, bosteza y le pica con el dedo de punta.
– Mira. – Señala delante de ellos.
Tetsu tarda un rato en darse cuenta.
Está amaneciendo. Es lento, los colores mutan ante sus ojos, la oscuridad se clarea muy despacio. Los tonos fríos se suceden, hasta el hermoso azul claro, tan vivo y limpio como sus ojos.
El enorme y musculoso cuerpo a su espalda, su calidez, tranquilidad, manteniéndole caliente, a salvo. No es que huela estupendamente, pero se lo perdona... solo por ese día.
La ciudad parece detenida ante sus ojos, incluso los pájaros pían tímidamente, como no queriendo romper el momento.
– ¿Te has dormido?. – El silencio del profesor y del entorno le hace pensar que se ha dormido de nuevo, pero la visión que contempla le confunde mucho mas.
Tetsuya está llorando, mira al frente con las mejillas mojadas. No solloza, ni se convulsiona, solo deja caer las lágrimas sin impedimento alguno, sin limpiarlas.
No le importa, son de felicidad.
– Vamos dentro. – Kagami hace ademán de levantarse, pero Tetsu aprieta su antebrazo con una de sus manos.
– Solo un poco mas, por favor. – Murmura, sin mirarle.
– Vale, pero tu haces el café. – Besa en lo alto de su cabeza, aprieta un poco mas el cuerpo entre sus brazos y dirige su mirada al horizonte, donde la ciudad ante ellos se difumina en un borrón lejano, donde el sol comienza a alzarse, poquito a poquito, iluminando un nuevo día.
Pero él solo quiere pensar en ese instante, nada mas.
…...
– No cuento... – Su pequeño ceño fruncido, batallando con su padre con uñas y dientes. No quiere dormir, y hará todo lo que esté en su mano para hacérselo saber.
Makoto suspira, derrotado.
– Bien, este cuento no... – Frente a la estantería de juguete, se agacha, mira los cuentos infantiles uno a uno, decidiendo cual le puede convencer.
Tetsu chan gatea fuera de las sábanas, hasta el borde del colchón.
Se sienta doblando las piernas y ladea la cabeza, exigente.
Makoto le mira por el rabillo del ojo. Bosteza con su pequeña boca, y hace un puchero.
Su plan maestro para estar despierto hasta que el tio Sho volviera empieza a fallar.
– Te despertaré cuando llegue. – Hace una cruz en su pecho, pero el niño le mira sin expresión. Sabe que su papá es muy propenso a hacer promesas que no cumple; no se fía de él ni un poco.
– ¿Pometes?. – Estrecha la mirada, sin fiarse. – Tu ice pompa malón, y logo olvida... tu nadiz llega al techo, como Nocho... Tidoso...
– Está bien, papá es un mentiroso... y es verdad, olvidé lo del balón. – Se sienta a su lado, aparta las sábanas y le ayuda a meterse dentro de nuevo. – Pero de verdad de la buena, te despertaré cuando llegue.
Besa su pequeña frente, una sonrisa tímida en sus labios.
El niño sigue sin fiarse, pero es pequeño, y el sueño un contrincante al que no podrá vencer.
Bosteza y está a punto de sucumbir, cuando el sonido del helicóptero de la familia aterrizando en la parte posterior le desvela del todo.
Hanamiya se levanta casi más rápido que el niño, le toma en brazos y sale al encuentro de su hermano al trote.
– ¿Qué te ha dicho?. – Tetsu chan echa sus bracitos nada mas verle, y cambia de unos a otros en apenas unos pocos segundos.
– ¿Qué hace este señorito levantado tan tarde?. – Sus ojos tras el cristal de las gafas le dicen que tendrá sus respuestas, mas tarde. – Eso está muy mal.
– Papá cuenta cuento prfff... yo beso nas noches de tio Sho. – Cabezea, tratando de mantener los ojos abiertos.
Makoto está demasiado alterado como para guardar las formas y decide dejar al niño con su hermano y esperarle en el despacho.
Los minutos que pasa ahí se le hacen terriblemente eternos, ajenos. Siente que aire no se mueve, que pesa mas de una tonelada, que la tierra no gira o algo cósmico que ha detenido hasta que vuelva de una vez.
– ¿Le has visto?, ¿Cómo está?, ¿Qué te ha dicho?. – Le zarandea sin delicadeza entre cada palabra, nervioso.
– Tranquilízate. – Imayoshi le agarra de los hombros, apartándole con cuidado. – Si, le he visto, está bien. Hemos hablado un buen rato. – Le dirige hacia atrás, hasta la silla del despacho. – No me ha creído.
– Tenía que haber ido yo. – Le reprocha, mosqueado. – Mamá y tu no teníais razón... ¿Le hablaste del niño?...
– Por supuesto, pero tiene sus razones para desconfiar, ¿No crees?, y mas cuando soy yo, precisamente yo, quien se lo está diciendo.
Makoto aprieta la mandíbula, mira a su hermano, en silencio.
– Y ahora... ¿Qué hago? Le he perdido y ya está, ¿así de simple?. – Gruñe, en voz baja.
– No hagas que me arrepienta. Por favor. Lo ha pasado muy mal, merece ser feliz. – Pone un papel sobre la mesa, lo desliza con dos dedos hasta ponerlo al alcance de su hermano. – Me debes una, una muy gorda. No la fastidies.
Solo cuando Imayoshi sale mira el papel.
Una línea de números, nada mas.
Tarda un rato en darse cuenta de que es un teléfono, su teléfono.
Y no pierde tiempo en mandar un mensaje.
No espera que le conteste, pero quiere dejar claro, desde el principio, que está ahí, para lo que necesite. Está vivo, sano, y le echa dolorosamente de menos.
"Quiero verte, sin obligaciones, solo para hablar"
Durante unos pocos segundos, la pantalla del teléfono se convierte en el centro de su mundo; no hay nada mas en todo el planeta salvo ese cuadradito de color claro que le indica que el mensaje ha sido entregado.
"Hotel Emperador, viernes a las 8".
Se sorprendió tanto de recibir la respuesta tan rápido que si no llega a estar sentado, estaría en el suelo sin remedio.
"no la cagues Makoto, es una segunda oportunidad"
…...
Suspiró, guardando el móvil en el bolsillo trasero. Nigou le miraba sin entender por qué se habían parado tan de golpe, ni la razón por la que su dueño estaba tan raro desde hacía un rato.
Se sentó, en un banco cercano. Necesitaba recuperar el aire que parecía haber abandonado su cuerpo sin permiso.
Era una locura, una tontería, pero si de verdad era él, estaba vivo , necesitaba verle.
Y necesitaba que su encuentro fuera secreto, hasta que se sintiera con fuerzas para contárselo a Taiga.
…...
– Pasa por favor, siéntete como en tu casa. – Kise abre un poco mas la puerta, la maleta de ruedas en sus talones, la chaqueta del uniforme sobre ella, doblada por la mitad.
Yukio le sigue, cohibido, la verdad.
Su propia maleta emite un sonidito que le suena a estruendo, a pesar de no ser mas que el rodar de las pequeñas ruedas.
Cierra la puerta tras el y se detiene a unos pasos, mirando alrededor.
Kise sube la maleta al sofá, y va sacando la ropa sucia, y las cosas que tiene que reponer, loción de afeitar, jabón de ducha... esas cosas tan necesarias cuando uno viaja tanto como él.
Kasamatsu puso su propia maleta al lado, aunque no la abrió. Giró sobre si mismo para mirar el apartamento del rubio.
Un espacio abierto, sin puertas ni paredes. La bañera adornaba el rincón mas alejado, cerámica blanca con patas de bronce, estilo antiguo y elegante.
A unos metros, un futón mullido, en el suelo. Cubierto con una colcha negra, flores doradas y delicadas.
En la misma zona había un sofá de cuero, y una estantería llena de libros.
Donde estaban, aparte del sofá y una mesa, solo estaba a la vista un equipo de música, bastante viejo y usado.
En el centro un espacio libre, separando las áreas unas de otras con vacíos, pero siempre a la vista.
La cocina, completa y funcional ocupaba el lado contrario.
Aunque lo mas sorprendente del sitio era el techo, que era una enorme cristalera que dejaba el cielo a la vista.
Pensó en que ver la lluvia desde el futón tenía que ser una experiencia maravillosa.
– Si tienes ropa sucia, puedes sacarla. Voy a poner una lavadora. – Kise volcó la maleta y metió dentro casi todo lo que había sacado y que necesitaría para mas adelante. – Yukio...
– ¡Ah, si, claro!, espera un momento. – Sacó unos pantalones de lino y una camiseta demasiado grande para ser suya y amontonó el resto de la ropa sobre las del piloto.
Miró alrededor con las prendas en su antebrazo.
– ¿Dónde me cambio?. – Señaló su propio uniforme, para hacerle entender que necesitaba ser lavado también.
Kise le miró, sonrisita divertida, al mismo tiempo que se libraba de su camisa delante de él sin vergüenza alguna.
– No tienes nada que no haya visto ya. – Le agarró por la muñeca, para sentarle en el sofá con él.
– Lo que yo tengo no lo has visto en tu vida, ¿Qué te has creído?. – Alzó el mentón, haciéndose el ofendido. Se acomodó en el sofá, a su lado, mirando alrededor confuso. – ¿No tienes tele?.
– ¿Quiéres ver la tele?. – Eso le arrancó una carcajada. – Está ahí delante.
Señaló a la pared, blanca frente a ellos, y luego a un lado, en el que se podía ver un proyector.
– Vaya, me da miedo preguntar donde está el mando... – Murmuró mientras le miraba cargar la lavadora con la ropa de los dos en la cocina.
– ¿Quiéres tomar algo?, ¿Tienes hambre?. – Miró dentro de la nevera, solo para comprobar que estaba vacía. – Mejor pido algo.
Con el teléfono en la mano, primero llamó a Kuroko.
Yukio le escuchó hablar con él. Sentía cierta molestia de celillos cuando le miraba hacerlo. No sabía por qué, su forma de comportarse cambiaba al estar cerca, o simplemente hablando con el maestro.
Mientras esperaban la comida, se atrevió a preguntarle.
– Tetsuya solo es un amigo, bueno no solo eso, es un hermano. – Sacudió la mano, quitándole importancia a lo dicho.
– ¿Tu y él... – La duda surgió, aunque quiso que no pareciera nada, el tono de su voz denotaba otra cosa.
– Quiero que sepas, que no tengo por qué darte explicaciones sobre lo que tenga o deje de tener con Tetsuya, pero ya que parece importante para ti, te lo contaré. – Yukio abrió los ojos, consciente de que esa confesión era mucho mas que simples palabras. –
Tenía doce años cuando mi padre lo trajo a casa. Sus padres habían muerto en un accidente y se había quedado mucho mas que solo... – Suspiró, pasando un brazo por el hombro, atrayéndole a su pecho. – Mis hermanas y yo lo veíamos como un enemigo, y bueno, no fuimos la mejor de las compañías...
Siempre que mi padre se iba a trabajar, le hacíamos la vida imposible. Trastadas infantiles, ya sabes, esconderle la ropa, pimienta en su comida... Nunca se quejaba, ni se vengaba de nosotros... jamás dijo nada a mis padres.
En navidad, mi hermana quiso ir mas allá, y le dejó en la calle. No pensaba hacerlo mucho rato, pero se le olvidó que Tetsu estaba fuera, y se acostó sin mas. Él no llamó, para no delatar a mi hermana, a si que, pasó la noche en porche, en pijama y sin nada cálido.
Cuando mi madre le encontró, imagínate, se volvió loca. Estuvo tan enfermo, que deliraba de fiebre... te juro que pensé que moriría... siempre ha sido así de flaquito y poca cosa, pero no dijo nada. Ni una sola palabra.
Mi padre no volvió, la nevada había sido tan enorme que las carreteras estaban cortadas. Mi madre pasó varios días a su lado, dia y noche, sin moverse salvo para cambiar su ropa y darle de comer.
Le preguntaba cada día, siempre que estaba despierto, y él no decía nada.
A la semana estaba mejor, a si que, pensamos que se chivaría.
Iba a hablar con él, que dijera que había sido yo, pero no estaba en su cuarto. Era de noche, mi madre y mis hermanas estaban durmiendo ya, y pensé que estaba en el baño, a si que, fuí a la cocina por comida y mi hermana mayor estaba en la puerta trasera, mirando fuera.
Tetsu estaba durmiendo fuera, en el suelo del porche trasero, como aquel día, con el mismo pijama y encogido en si mismo.
Entonces lo comprendí. Le habíamos dicho tantas veces que no era nuestra familia, que se largara de nuestra casa, que simplemente lo hizo para contentarnos, sin temer por lo que podía pasarle.
– ¿Qué hiciste?. – Yukio le interrumpió, horrorizado por lo que le estaba contando.
– Salí y me acurruqué con él entre mis brazos. – Sonrió tristemente. – Yo tampoco merecía estar dentro y calentito, y él seguía estando enfermo...Mi hermana salió también, con la manta del sofá, y se tumbó con nosotros...
Puede que para ti sea una tontería de críos, pero para nosotros fue un punto de inicio. Te puedes imaginar la que nos cayó cuando mi padre llegó y confesamos... estuvimos un año entero sin ver la calle... pero incluso ese día, con mis hermanas y yo de pie frente a mi padre mirando nuestros pies, no dijo nada, ni una sola palabra acusándonos... Tetsu es así, mucho mas fuerte de lo que parece, un superviviente de los mas nobles...
– Creo que lo entiendo... le quieres...
– Por supuesto, mas que a nada en el mundo, y si hay alguien que merece ser feliz, por encima de todo, es él. Y haré cualquier cosa por que sonría, por que esté en paz. No estoy haciendo nada malo.
Kasamatsu le miró, con admiración. Tomo su rostro, con las dos manos, y le besó, despacio, casi torpe y despistado, pero un beso.
Un primer paso de un camino, que esperaba andar a su lado...
– ¿Al final no vamos a ver la tele?. – Divertido, le agarró por la cintura para sentarle encima suya.
– Los dos sabemos que no he venido aquí para eso. – Un nuevo beso, mas candente y demandante que el anterior.
El timbre rompió la magia... podía haber tardado mas, pero la comida que habían pedido, por una vez en la historia del mundo, había llegado en los treinta minutos que le había prometido el telefonista que había anotado el pedido...
Y en mitad de aquella escena, Kise pagando la comida, recordó, que efectivamente, tenía hambre...
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* Me refiero a Hello Kitty.
Bueno, fin del cap. Lo he reescrito entero dos veces, por que no me terminaba de convencer, ya ahora si, he contando todo lo que os quería mostrar.
Espero que lo disfrutéis y nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
