Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo veinticinco: Traición.
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– ¿Qué has qué?. – Himuro le pregunta sorprendido. Detiene el batir de la crema y le mira directamente.
– Hacer lo que me dijiste. No quiero que mi bebé esté con ese chocolate amargo. – Se para en la puerta del obrador.
– No te dije que lo denunciaras, y menos para quitarle su bebé. – Himuro rodea la mesa, queda frente a él, le agarra la mano. – Te dije que te ocuparas del niño, es tu hijo, tu responsabilidad... Por dios Atsushi, ¿En que demonios estabas pensando?.
– Hacerme cargo. – Evita mirarle, sabe que ha metido la pata, o lo intuye por su tono de voz. – ¿Y si no me deja verlo?...
– ¿Te lo ha dicho él?. – Cuestiona, bufando.
– Dijo que él se ocupaba de todo. – Le mira, molesto. – Es mío, lo quiero. Fresas... confitadas y lo sabes... Fue él quien me dejó...y se lo llevó con él, no es justo...
Himuro toma sus manos, las dos, las observa y le mira después. Cuenta mentalmente hasta diez, antes de ponerse a hablar y decir una grosería que empeore las cosas mas de lo que ya están.
– Aunque fuera verdad... el bebé no tiene la culpa, ¿Lo entiendes?. – Atsushi asiente, alza los hombros, mira a otra parte que no sea Himuro. – Tienes que hacerte cargo, pero sin dañarle... Por muy malo que sea, o haya sido, en algún momento te ha querido... y tu a él.. solo por eso, tienes que comportarte.
Sus morros apretados le indican que no está muy conforme, pero que sabe que el moreno tiene razón.
– Tengo que irme. –Consulta el reloj.
La presión en sus manos aumenta, impidiendo que se mueva.
Tironea hacia abajo, obligándole a compensar la diferencia de estatura entre ellos. Un beso.
Solo uno.
– Por favor... no hagas nada de lo que puedas arrepentirte después. – Le aconseja, sabiamente.
– ¿Cómo tus galletas?. – Entiende o casi lo que quiere decirle. Se queda estático, un nuevo beso, esta vez es él quien lo inicia.
Y el otro quien lo termina, súbitamente.
Himuro suspira, preocupado, cuando finalmente se encuentra solo entre sus pasteles.
Solo espera, de verdad, que no meta mas la pata...
Busca la harina, para iniciar la crema de nuevo. Es un pedido para la tarde, pero prefiere terminarlo antes y dejarlo listo.
Escucha un ruido en la tienda, aunque es habitual así que no le hace mucho caso y sigue a lo suyo.
Un beso en su cuello manda su concentración al pairo.
Murasakibara ha salido por la puerta del obrador, pero ha vuelto por la de la tienda, cerrando tras de sí, brindándoles intimidad tan necesaria para lo que tiene pensado.
– Si no voy al juzgado, Akashi no tendrá problemas, ¿No?. – Las enormes manos en su cintura, le gira sobre la encimera metálica, le alza para sentarle en ella, un nuevo beso, en sus labios.
– Sería un bonito primer paso. – Enreda los dedos en sus largos cabellos, tras la oreja. – Y deberías hacer un enorme pastel, para disculparte... tienes unas hermosas manos, perfectas para hacer cosas dulces... tu bebé debería probar esas cosas desde ahora... dentro de su mamá.
– ¿Tu no vas a irte?. – Himuro niega, sin comprender muy bien a que viene la pregunta. Aún se le escapa la extraña lógica con la que Murasakibara ve el mundo, aunque empieza a entenderlo, mas o menos.
– No, no voy a irme. – Una sonrisa, sus labios curvados sin remedio.
Atsushi quita sus botones, uno a uno. La chaqueta cae al suelo, y el uniforme blanco del pastelero también acaba en el mismo sitio.
– Si meto un bebé aquí... – Roza su vientre, ojos entornados. – No te lo llevarás... ¿Verdad?.
Himuro palidece de repente. Esa idea no la había tenido, no se le había ocurrido ni que al mas alto le viniera a la mente semejante cosa.
No llevaban tanto tiempo como para plantearse tener un hijo, de hecho ni siquiera estaba aún muy conforme con intimar tan "cotidianamente" como lo estaban haciendo...
Por un instante el recuerdo del pelirrojo en la tienda, días atrás, tan perdido y derrotado, cruza su mente. Ese recuerdo de alguien tan desamparado, como estaba cuando iban en el coche... su silencio...
Por ese bebé que ya estaba en camino, esa era una buena razón...
– No, no me lo llevaré. – Enrosca las piernas en torno a su cintura, le atrae.
Le atrapa en un beso ardiente, en un abrazo infinito.
El aroma a bollería, a dulzor y ácidos de las frutas llena todo a su alrededor, el frío de la encimera le traspasa la tela, pero nada como el calor del horno donde se cocina la base para el pastel...
– ¡El pastel!. – Vaya momento para acordarse.
Tironea, trata de quitarse al gigante de encima, sin mucho éxito. Murasakibara tiene otros planes mucho mas atractivos para él y sus pantalones, ya en el suelo junto a la chaqueta.
El bizcocho va a quemarse... es una pena por que tendrá que volver a hacerlo... hacerlo... uuummmm eso que hace con las manos en su espalda es tan …
–¡Quita, quita!.. Se va a … – Desde el sitio, Atsushi alarga el brazo y apaga el horno, abriendo un poco la puerta para que salga el calor y no se queme dentro. – Gracias.
– Sería una pena que tuvieras que volver a hacerlo por mi culpa. – La mano en alto se posa en mitad del pecho, y baja, lentamente.
Una sonrisa, al salirse con la suya.
Murasakibara no va al juicio, y su tarta no acabará fastidiada.
Un par de buenas noticias... y que van a hacerlo en ese mismo momento... eso también es una muy buena noticia.
Sobre la fría encimera su cuerpo se contonea. El gigante sobre él parece cubrirle por todas partes, por todas.
Los besos se gastan mucho antes de que ninguno de los dos alcance el punto mas alto del placer. No es suficiente, no basta.
Murasakibara hunde los dedos en la mantequilla sobre la superficie, cerca de la cabeza de Himuro y los guía directamente a su interior. Nada mejor ni mas resbaladizo que lo que tienen a mano... ni mas tibio.
Su cuerpo se encarga de fundir la amarillenta grasa. Sus dedos se pierden, codiciosos, absorbidos por el cuerpo contrario, deseoso de alcanzar el placer mas alto solo con esos largos dedos.
Cuan equivocado se siente cuando esos dígitos son cambiados por su sexo, tan grande y proporcionado como el resto de su cuerpo.
La primera embestida, certera, brutal, le arranca un gemido largo y exténue. Siempre le ocurre eso, desde la primera vez. Atshusi no tiene paciencia para esperar, y su cuerpo no tiene paciencia para los juegos previos. Quiere y desea que vaya rápido, fuerte, profundo.
Mas y mas, cada segundo no es mas que un millar de deseos de prisa, de gritos pidiendo mas intensidad, de sonidos reconocibles en su mente.
Un estallido en su vientre, sus miembros tensos, solo un segundo, cayendo mortecinos sobre la metálica encimera.
Los gruñidos sobre él no se detienen, su cuerpo es violentado una y otra vez, y otra, y otra mas.
Insensible por el primer orgasmo, no tiene a mal el trato, incluso se le hace musical el sonido de su cabeza topando contra la superficie...
...sonríe, cuando los largos brazos lo aprietan, hasta hacerle consciente de nuevo de sus costillas, de su propio latido sonando al compás de las caderas que se aprietan contra su cuerpo con un temblor imparable.
Murasakibara cae sobre él, jadeante, inerte, con el cielo tras sus ojos cerrados, derramándose sin piedad dentro del moreno...
y una sonrisa... con sabor a melocotón en almíbar...
Seguro que a su bebé le gustan los melocotones...
– No te lo lleves tu también. – Murmura, un beso, otro, sin moverse...
– Prometido...
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Esperó hasta que el helicóptero paró del todo antes de salir a su encuentro.
Makoto siguió sentado dentro incluso minutos después de que el piloto y su escolta hubieran salido del aparato.
Cuando se decidió a entrar su mente era un caso absoluto.
Se dirigió directamente al cuarto del niño, aunque no entró.
Imayoshi dormía junto al niño, sobre las sábanas. Aún con el traje puesto, y las gafas.
Parecía que llevaba horas en ese cuarto, solo iluminado por la lamparita redonda que llenaba todo de estrellas.
Solo la mano de su madre en el antebrazo le sacó del sopor en el que se había sumido sin pretenderlo.
La siguió, después de entornar la puerta del cuarto, hasta la biblioteca.
– Quiere verlo. – Murmuró, como si fuera algo inesperado.
– Es su hijo, ¿Porqué te extrañas?. – Algo en el tono de su voz le hizo darse cuenta de que Makoto no se lo esperaba, a pesar de que era evidente, y que él mismo lo había dicho, parecía desconcertado con el hecho de que Kuroko quisiera ver al niño.
– Me apartó. – Sus cejas unidas, confuso. – Le besé... y me apartó.
La mujer suspiró, comprensiva.
– Cariño, tienes que tener un poco mas de … paciencia. – Le obligó a mirarla, mientras sacaba su chaqueta y la corbata con desdén. – Lleva a Tetsu chan con su mamá... dale espacio, que tome la decisión de verte por si mismo... No te impongas o lo perderás del todo. Ahora mismo tiene que estar tan confuso y perdido como tu... ha descubierto que su familia está viva, y eso es un gran impacto para alguien que lo ha perdido todo.
– Me pides que espere, que tenga paciencia. – Aprieta la mandíbula, frustrado. – Después de verlo, de hablar con él, de ver como mira a nuestro hijo, como sonríe a su imagen...
– Te pido que seas juicioso, nada extraordinario, ¿Cierto?. – Le besa en la mejilla, maternal. – Tu hermano le ha transferido el dinero, si no le da un infarto al descubrirlo, deberías ofrecerle un encuentro con Tetsu chan. – Alza la mano, antes de que hable. – Dile que es un amigo tuyo, que quiere conocerlo, jugar. Es un niño listo, entenderá.
Makoto se aleja, sin responder.
Tumbado en la cama, se le hace mas inmensa y fría que nunca. Levanta la mano, mira sus dedos, esos mismos dedos con los que le ha rozado.
– Así que para ti estoy muerto... – Lo susurra entre dientes. En su mente Kuroko, el que ha visto esa tarde, no el que tenía idealizado en su recuerdo, fotos, memorias... el real...
No va a recuperarle, lo sabe, lo ha visto en el modo en el que le ha apartado del beso, en como su mirada, desafiante, le mostraba que todo el dolor sufrido seguía ahí, en una marca imborrable y profunda que Tetsuya se empeñaba en ignorar en nombre del amor, del amor a Kagami y no a él.
Aún así jugaría una última carta. Aún tenía algo que Kuroko anhelaba con todas sus fuerzas, y pensaba utilizarlo en beneficio propio... Su hijo les uniría; o al menos eso esperaba.
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Akashi mira confuso y preocupado la parte del juzgado que debería ocupar su expareja.
El banco está vacío y la juez, una mujer de mediana edad y pelo recogido en un tirante moño, empieza a perder la paciencia.
El bolígrafo que sostiene entre sus dedos rebota una y otra vez contra la mesa, cada vez mas rápido y fuerte
– Creo que ya hemos esperado suficiente. – Hace un gesto al agente junto a su mesa y otro al abogado, para que se acerque al estrado y hablar con él íntimamente. – No conocerá usted la razón por la que la otra parte no se ha personado, ¿Cierto?.
– Lo lamento señoría. Puedo llamarle si me concede un momento, es posible que lo haya olvidado. – Akashi se disculpa y saca su teléfono. – Con la venía.
– Proceda letrado. – Anota algo en la hoja y se la pasa al policía para iniciar el siguiente juicio. – Pero comuníquele al señor Murasakibara que será sancionado duramente por su afrenta a este tribunal.
– Por supuesto señoría. – "cógelo, cógelo maldita sea Atsushi". Los tonos de llamada se suceden sin respuesta. Prueba a llamarle a la pastelería, con el mismo resultado. – Satisfaré cualquier sanción que esté a bien imponer.
La mujer suspira, su semblante se dulcifica al mirar al pelirrojo, a su fría actitud mutada en una de preocupación al no obtener respuesta alguna al otro lado del teléfono. Sin pretenderlo, sus ojos siguen el gesto con el que se acaricia el vientre levemente hinchado con nerviosismo.
– Teniendo en cuenta los términos de la demanda, la causa queda cerrada sin consecuencias. – Sonríe de lado, asiente. Golpea una vez con el mazo y entrega el dossier del caso al policía de la sala para que lo archive. – Una cosa mas. – Akashi la mira al tiempo que recoge la documentación en su maletín. – Bienvenido de nuevo, me alegra volver a verle en activo.
– Muchas gracias señoría. – Mira a la puerta, donde Aomine le espera en un discreto segundo plano. – A mi también me alegra mucho estar de vuelta.
– Cuídese. – señala con el boli su evidente estado y ordena el siguiente caso.
Akashi suspira aliviado en la puerta, y mas aliviado si cabe al sentir los dedos de Daiki en su pelo, y en su hombro, atrayéndole a sus brazos con dulzura.
Ahora si, ya estaba en el lugar adecuado.
No sabía cuanto había echado de menos los juzgados hasta que entró en ellos y el ambiente, el aroma, el insistente murmullo se apoderó de todos sus sentidos.
– ¿Deberíamos ir a ver si está bien?. – El policía entrelaza sus dedos y comienza la marcha a su lado.
– Dime que no le has esposado a una farola y seré feliz. – Le mira, inquisidor.
– No te quiero tanto como para perder mi placa. – Le saca la lengua en broma.
– No se si eso me alegra o me ofende. – Le pellizca el costado, pillando la camisa del uniforme con el gesto. – Aunque me gusta tu sentido del deber. ¿Lo has hecho?.
– No, aunque ganas no me han faltado. – Gira sobre un talón y le intercepta en un abrazo en mitad del parking. Se acerca lentamente y le besa, guiándole hasta el coche patrulla donde su compañero espera sentado al volante. Les ignora ya acostumbrado a sus demostraciones de cariño en público.
Wakamatsu se limita a saludarle con la mano en alto.
– Por que no hacemos esto. – Abre la puerta y se sienta, atrayendo a Akashi a sus muslos. – Nosotros nos pasamos por la pastelería y vemos si ocurre algo y tu te adelantas al local y esperas que lleguen los muebles de tu despacho. – Acaricia su nuca con dulzura. – Cuando acabe el turno estaremos allí para ayudarte con las cajas.
– Suena estupendo... pero prometedme que no vais a detenerle o algo parecido. – Mira al rubio, que esquiva su mirada divertido.
– Palabra de poli. – Levanta la mano en un juramento. – Solo mirar, nada de tocar. – Mira a su compañero hasta que asiente.
– Te veo luego. – Enmarca su cara con las manos y le besa, despacio, hasta que una carraspera les indica que no están solos en el coche. – Y tu, no dejes que se meta en líos. Devuélvemelo entero, ¿Me has oído?.
– A sus órdenes, letrado. – El rubio le saluda haciendo visera con la mano. Un aviso entra por radio lo que manda al buen ambiente a otra parte lejos de ahí.
– Te quiero. – Aomine lo dice con la ventanilla bajada, Akashi de pie junto al coche.
Solo cuando han llegado al final de la calle se da cuenta de que lo ha dicho en voz alta, y que las risitas de Wakamatsu suenan groseras.
– El doctor muerte quiere hablar contigo. – Se soba el hombro donde el moreno le ha dado un puñetazo. – Y no me pegues, que voy conduciendo.
– No le llames así. – Intenta disimular, pero sigue un poco avergonzado por la confesión. – No digas tonterías y no tendré que zurrarte.
– Vale, pues el enano siniestro. – Hizo como si tuviera escalofríos. – Ha dicho que es importante, está en el canal cinco. – Señala la radio. – Nos queda un rato para llegar al aviso, y parecía importante.
– ¿Sakurai?. – Espera la respuesta. – ¿Qué ocurre?
– He estado haciendo preguntas, y tengo algo que te va a gustar. – Incluso por la radio suena de lo mas oscuro. – Pero me vas a tener que invitar a otra comida si quieres que suelte prenda.
– Eres bienvenido siempre que quieras, no necesitas que te invite. – El rubio a su lado se señala, auto-invitándose también a la fiesta o lo que haga falta.
– Según el registro del ayuntamiento, la tumba es una marca blanca. – Esperó la pregunta lógica del policía. – Que está vacía, no ha habido enterramiento alguno. Son las que se usan cuando no hay cuerpo que enterrar , ¿Entiendes?. Aún así, pide esa orden, no viene de mas asegurarse del todo. Te mando los papeles a la comisaría.
– Gracias por todo. – Cortó quedándose en silencio.
Habían llegado y tenían una disputa doméstica que resolver...
…...
Pasa un rato inmóvil, mirando el lugar por el que el vehículo se ha ido, luces azules y rojas puestas, junto a la sirena.
Cuando por fin vuelve a tener el alma en el cuerpo se da cuenta de que ha tenido la boca abierta todo el tiempo.
– Yo también... – La certeza de esas dos palabras susurradas para sí mismo le hace romper en carcajadas sin pretenderlo. – Yo también te quiero...
El mundo se hace presente a su alrededor. Un conductor le pita, están en mitad del camino de aparcamientos, pero no le importa ni un poco.
Tiene que ir al local nuevo, la empresa de mudanzas tiene que traer el contenido de su despacho antiguo al nuevo, y tiene que estar delante, para evitar que se carguen algo.
No está muy lejos, a un par de manzanas, a si que comienza a caminar despacio, sin prisa alguna.
Su móvil suena y lo que escucha al otro lado le hace detenerse en seco, fruncir el ceño y gritar, sin darse cuenta, al interlocutor del otro lado.
– ¿Qué Kuroko ha hecho qué?. – Incrédulo espera que Kise hable, pero va tan deprisa que se pierde en las divagaciones del rubio. – Estoy junto al juzgado, voy a su casa en un par de horas, y tu ve allí también.
La noticia le deja helado, y por un momento cree que Kise le toma el pelo, pero luego se da cuenta de que es demasiado retorcido para ser una broma.
Llama a Aomine, aún sin saber si es verdad o no, pero siente que debe saberlo.
La familia de Kuroko sigue viva, y el policía tiene un caso que despejar...
Se sorprende cuando le dice que ya lo sabe... aunque se guarda de comentarle el resto.
Ahora está preocupado.
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Se estira, sin abrir los ojos.
El aroma a sexo aún perdura en las sábanas, a su alrededor, en la almohada, en su cuerpo...
Yukio yace dormido, profundamente dormido a su lado, pero él ya ha tenido bastante cama por hoy.
Kise abandona la calidez del lecho y se estira de pie, completamente desnudo. Camina hasta la cafetera, a rebosar de café recién hecho y se sirve una taza.
Sentado en la banqueta de la cocina, con el café humeante en su mano, se gira para mirarle.
Sus maletas aún sobre el sofá, abiertas pero sin deshacer, o al menos no mas que cualquier otro viaje.
Está tan acostumbrado a eso, a no tener un sitio en el que sentirse en casa, que su propio hogar se le hace frío, ajeno. Solo un espacio en el que adecentarse y dormir entre un vuelo y el siguiente.
Kasamatsu no se mueve, salvo las pequeñas oscilaciones propias del respirar, no hace mas movimientos.
Traga el sorbo de café ardiente con sus ojos azules clavados en la mente, como un par de puñales afilados.
Kise ha tenido entre sus brazos, y piernas, a las mas exquisitas criaturas. Bellezas exóticas, hermosos hombres que no han dudado en yacer con él, ni en seguir sus proposiciones al pie de la letra. Había hecho cosas que sonrojarían al mas crápula de los humanos, cosas que seguramente eran pecado en la mayoría de las religiones y credos, sin dejarle una sola huella.
Se había acostado con gente de la que ni recordaba su nombre... Teppei había sido distinto. Su relación era conveniente, para ambos. Kise podía estar cerca del objeto de su amor "perdido" y Teppei podía vengarse de su indecisa pareja. Todo eran ventajas y ganancias para ambos.
Cerró su corazón años atrás, cuando la persona de la que se había enamorado, se le escapó entre los dedos. Se juró que jamás, dejaría que el amor lo invadiera... y luego estaba él.
Siendo sinceros, Yukio era de lo mas normalito. Estaba bien para su edad, cuerpo marcado, rostro bonito... en cualquier otro lugar del mundo ni se habría fijado en él mas que un par de segundos, por el azul de sus ojos...
Kise suspiró; otro sorbo.
Lo sabía, esas cosas se saben, sin mas. Nadie te lo dice, ni te avisa...
A pesar del café, aún sentía en sus labios la calidez de su piel, el sabor de sus besos, de su sexo, la calidez de su semilla siendo derramada directamente en su garganta, en sus entrañas, entre sus vientres, en las sábanas... En algún momento se terminaron los preservativos, y siguieron, hasta desfallecer.
Nunca le había pasado eso, querer continuar hasta decir basta; con nadie.
Y no es que fuera un amante excepcional, ni que tuviera una técnica increíble... era otra cosa.
Su voz, suplicando un poco mas despacio, mas profundo, mas fuerte... mas de lo que sea, pero mas.
Sus labios entreabiertos, gemidos, jadeos, sílabas sueltas, inconexas sin sentido, con toda la intención.
Con Yukio sentía una extraña presión, una necesidad de contenerse, que moderar el juego de la conquista dotándole de una dulzura inusual para alguien como él.
Kise estaba acostumbrado a enfrentar la vida de frente, las cosas claras y a seguir con su existencia sin arrepentimiento, pero con Kasamatsu podía notar sus pensamientos calmados, sus miles de vueltas antes de decir nada...
Y la sesión de sexo que habían tenido había sido brutal, en todos los sentidos. Sentía el cansancio en todo su cuerpo, cada músculo le reclamaba por el gasto de energía. La sequedad de su garganta no satisfecha con el café, el hormigueo de sus dedos no conformes con la piel tocada, con el interior horadado, con los labios que había violentado una docena de veces... esos dedos obscenos con los que le había penetrado, y acariciado...
La pantalla de su móvil se encendió, anunciando una llamada, y caminó lento hasta el aparato.
Por un segundo estuvo tentando a darle la vuelta e ignorarlo, incluso después de conocer al interlocutor del otro lado. Ni siquiera por Kuroko estaba dispuesto a romper el silencio de su casa...
– Makoto está vivo. – Su voz, susurrante, diciendo una mentira tan temprano. – Y mi bebé... Kise, mi pequeño está vivo... lo he visto, los he visto a los dos... al niño en foto y vídeos, pero a Makoto, en persona
Silencio.
Kise necesita sentarse. No puede ser verdad. Simplemente no es posible. No después de...
– ¿Dónde lo has visto?. – Incrédulo pregunta.
– En el hotel donde tuvimos la primera cita. – Suspiró. – Hemos hablado un buen rato, de muchas cosas... yo …
– Vete a casa, voy para allá y me lo cuentas... ¿O estás en tu casa?. – Rebusca su ropa al tiempo que sostiene el aparato en el hombro haciendo presión con la mejilla.
– No, estoy sacando a Nigou... pero vale, voy a casa. – Confuso, baja la intensidad de su voz hasta hacerla desaparecer.
– Hasta ahora. –Y simplemente le cuelga.
Mira la hora, ahora si. Es mas de medio día. Llama a Akashi... si es verdad, tiene que saberlo y por supuesto, tiene mil cosas que decir.
Aunque le duela tener que dejar a Yukio en su cama, Kuroko necesita una intervención... urgente.
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– ¿Se puede saber en que demonios estabas pensando?. – Kise grita, con ganas.
Kuroko se limita a mirarle sentado en el sofá. Akashi a su lado, asiente al rubio. Midorima también presente, de pie.
Kagami, que se ha despertado con los gritos después de un agotador turno de noche, sigue la trifulca moviendo la cabeza a un lado y a otro.
– No puedes volver a verlo. – Akashi parece el mas tajante del grupo. – No puedes fiarte, no después de todo … Tetsu...
– No ha sido culpa suya. – Trata de sonar calmado, sin mucho éxito.
– Eso no lo sabes. – Midorima interviene. – Mentiras, mas mentiras. Kise tiene razón, no vuelvas a quedar con él, y menos tu solo.
– ¿Cómo podéis juzgarlo sin saber?. – Kuroko se encara, Kagami aprieta la mandíbula, tragándose lo que quiere decir, empujándolo al fondo de su estómago.
– ¿Cómo te atreves a defenderlo?. – Akashi bufa, molesto. – No entiendo... si tanto quería verte, ¿Por qué no ha traído al niño con él?, ¿Y dónde ha estado todos estos meses?.
– Reconoce que a solas contigo, en un hotel suena un poco sospechoso... – Kise se da cuenta inmediatamente después de decirlo que Kagami está ahí, aunque no por ello se calla lo que quiere decirle. – Desde que entró en tu vida solo ha traído desgracias. Tienes que alejarte de él, de su familia... y lo digo en serio.
– Ya hemos visto de lo que son capaces. – El policía, que ha permanecido en un discreto silencio interviene. – Y no sabes ni la mitad de lo que yo sé.
– No tenéis derecho, ninguno de vosotros. – Kuroko les enfrenta; uno a uno les planta cara. – Tiene a mi hijo, quiero verlo, y lo haré con vuestra ayuda o sin ella.
Está enfadado, confuso. El pequeño en su teléfono le grita desde el bolsillo. Ninguno entiende esa sensación. Siente que el mundo le pertenece, que su vida, ha vuelto.
Todo el dolor, la pérdida, los meses de soledad, de desamparo, quedan enterrados en lo mas oscuro de la mente, no es importante, no lo quiere en su vida, ya no.
– Vuelve, con tu marido muerto. – Kagami pasa por su lado, mirada totalmente seria. – No dudes, solo hazlo. ¿Porqué no?, ¿ A quien coño le importa que estemos preocupados por ti?.
Camina frente al resto y entra al baño. En el silencio del cuarto escuchan el agua de la ducha.
Kuroko necesita salir de ahí, no quiere verles, a ninguno de ellos. Todos tienen razón, lo sabe, y sabe que su actitud les está dañando, mucho.
Cada uno tiene su parte en la historia, sus propias heridas causadas por las desgracias de su vida. No les pidió ayuda, aunque han estado ahí cuando quiso contar con ellos.
Entra al baño, dejando la puerta abierta. Solo un par de segundos, para pensar que hacer.
Retira la cortina y le obliga a mirarle.
Grita, para hacerse oír por encima del torrente de agua.
– No pasó nada, en el hotel. – Agarra su muñeca, tira hasta que le acerca a él. – Sabe que te amo, y que no hay nada que recuperar. Para mí está muerto, y no hay mas que hablar... pero quiero que …
– Donde hubo fuego... – Suelta el agarre de un tirón. – El fuego es mi elemento, ¿Recuerdas?... y no te estoy diciendo nada, haz lo que quieras. – Está dolido, molesto, siente la traición como algo real sin serlo. – Tu vida de ensueño está esperando, lárgate... ¡Ah, no,espera, que es tu casa!.
Kuroko le arrea, con la mano abierta, con todas sus ganas.
– Si esa es toda la confianza que me tienes, quizá deba hacerlo. – Kagami no puede aguantarle la mirada mucho tiempo. – Volver con mi marido muerto y nuestro hijo...
No espera que le conteste, la verdad es que en ese momento está tan cegado por la ira, que simplemente toma la correa de Nigou y se marcha.
Los demás se sienten culpables, pero realizados.
Salen de la casa, cada uno a su propio hogar. Entienden que los dos necesitan tiempo para reflexionar, pensar que hacer.
Solo Aomine siente un escalofrío recorrer su columna, algo malo está a punto de pasar, lo nota en cada poro de su cuerpo.
Kagami siempre ha sido apasionado e irracional, pero está seguro de que cuando se serene se dará cuenta de su error, se disculpará... o lo intentará torpemente... Pero Kuroko se le escapa...
…..
No lleva rumbo, simplemente va caminando todo lo rápido que le dan las piernas.
Nigou a su lado le sigue el ritmo sin juguetear ni cruzarse. Entiende el humor de su amo y lo nota como algo malo, aunque en su mente animal con sepa la razón.
Se interna en el parque, de sobra conocido, y hace una parada en la fuente, para que el perro beba directamente del chorro.
El animal, lejos de obedecerle, se alza en sus patas traseras para lamerle la cara, gimoteando.
– Ha sido mala idea largarme así, ¿Eh?. – Le acaricia entre las orejas, hasta que el animal vuelve al suelo, juguetón. – Lo siento amiguito, necesito unos minutos mas, luego volvemos...
Se decide por uno de los senderos de la zona semi boscosa que rodea el parque. Las parejas pasean silenciosas, al amparo de la noche que se acerca, en un silente bullicio que forma una especie de burbuja temporal entre la naturaleza.
La ciudad, tan cercana y al tiempo tan lejana, parece enmudecer en aquel espacio, donde solo los pasos y el ulular de las hojas llena el silencio sin vergüenza alguna.
No es consciente de que le siguen, aunque si nota que el perro se va pegando a él según siguen avanzando.
El animal hace pesados sus pasos, orejas enfocadas tras ellos, esperando una orden, algo que le permita saltar libremente, pero Tetsuya no ve el peligro, no lo siente tan cercano como el animal.
Nigou se detiene en seco en un claro, una especie de cruce de caminos natural en mitad de la nada.
Ladra, con todas sus ganas, su cuerpo pegado a la pierna del maestro, que tira de su correa intentando calmarlo.
Kuroko solo ve a una persona acercarse a él, impidiendo que el perro le salte encima está poniéndose en peligro él mismo.
Nigou hace algo que nunca había hecho, re revuelve, amenaza con morderlo fuera de sí.
Y es entonces cuando siente el primer golpe en su rostro, que le hace trastabillar y caer de rodillas. Una patada en las costillas, otra mas, en el brazo, en el torso... cae de costado, protegiendo al perro con su cuerpo.
Entre los golpes, que se suceden uno tras otro, consigue soltar la correa del collar, y murmurar un "Ve a casa, corre", antes de desvanecerse en la mas absoluta oscuridad...
…...
Sale de la ducha. Sigue enfadado, frustrado, nervioso.
Una cerveza, un suspiro... las gotas de agua mojan sus hombros cayendo desde el pelo, no le importa.
Suena el timbre. Por un instante piensa en dejar que llame, seguro que es Tetsu y se ha dejado las llaves al salir.
A la segunda tanda se decide a abrir. Sea lo que sea lo que decida, ahora es un buen momento para dejarlo en claro. Kagami tenía claro que no iba a ser segundo plato de nadie.
– Buenas noches encanto. – La sutil voz femenina le arranca una sonrisa nerviosa. – No me llamas, no me escribes... voy a pensar que no quieres verme...
– Satsuki... – Kagami se inclina, besa su mejilla, pero ella es rápida, y toma su nuca de rehen con los dedos y le roba un segundo beso en los labios. – No es un buen momento, de verdad...
– Siempre es un buen momento para divertirse. – Se recrea en el torso desnudo y en la escueta toalla anudada a sus caderas; sonríe complacida con las vistas. – Es viernes, y hace muchos viernes que no nos vemos... ¿Qué tal si rememoramos los viejos tiempos?...
– La verdad es que ahora mismo no me vendría mal un poco de comprensión. – Cierra la puerta tras dejarla pasar. – Solo por curiosidad, ¿Podría quedarme en tu casa unos días?... no es que tenga que irme, pero solo por saberlo..
– Puedes quedarte toda la vida, querido. – Se quita los zapatos y los deja a un lado, donde no molesten.
Los dos vuelven la cara a la puerta, donde se escucha el ladrido de Nigou, unido a un aullido y un arañar nervioso en la puerta.
Extrañado abre, pero el animal no entra, en su lugar da dos pasos, y vuelve de nuevo, indicándole a Kagami que le siga...
Nunca se ha comportado así, aún así no se mueve del interior. En su lugar se asoma fuera, mira a ambos lados, se agacha... y es ahí, cuando puede ver la sangre manchando su pelo.
Su primer impulso es salir corriendo, pero está desnudo, o casi, por lo que entra a vestirse.
– Llama a Aomine, está el primero de mi agenda, que venga, deprisa. – Le tiende su teléfono a Satsuki y se da prisa, mucha prisa...
…...
– ¿Si?... bien, no le mates, ¿Entendido?. – Un suspiro, un par de palabras mas y cuelga pulsando el botón rojo.
– ¿Tío Sho?. – Se revuelve al darse cuenta que los brazos que lo cobijaban han desaparecido de su camita. – ¿Tenes pis?.
– No cariño. – deja el teléfono en la mesilla y vuelve a tumbarse junto al niño. – Vuelve a dormirte, todo está bien... el tío Sho cuidará de ti... duerme tranquilo... mi pequeño Tetsu.
Y la calidez de esos brazos de sobra conocidos, le devuelven sin remedio al mundo de los sueños, donde nada puede dañarle...
… nada ni nadie... Su tío Sho no lo permitiría, por nada del mundo...
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Alehop, terminé.
¿Quién mienteeee? mua ajajajajaj
Espero que no me matéis jejeje
Besitos y mordiskitos
shiga san.
