Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.

Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.

Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.

Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.

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Silent Scream.

Capítulo veintiséis: Silencio culpable.

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Sigue ahí, aunque el cuerpo no parece pertenecerle. Es esa sensación, un solo pensamiento, que termine.

Que acabe de una vez.

Solo quiere que esa insensibilidad del cuerpo pase a su mente, y que también deje de doler el corazón, que el alma se vaya y todo, absolutamente todo deje de importar.

Uno tras otro, los golpes se suceden, con mas saña, con mas rabia...

Se detiene, quien quiera que sea saca el teléfono, le escucha hablar con alguien.

Reconoce su voz, en la primera sílaba sabe quien es... y lo peor de todo, sabe quien lo manda.

Y Kuroko tiene una certeza mas, va a morir. Sin mas.

Y lo único que le duele, lo único que está en su mente, es que lo último que ha hecho ha sido abofetarle y decirle algo horrible, producto de la ira,de que sus amigos lo acorralaran, no atendieran a razones, sus razones...

Kagami ocupa su mente al completo. Nada mas.

Kuroko esboza una tenue sonrisa. Si va a morir, que mejor que su imagen como la última cosa que desea paladear antes de que todo termine.

Solo lamenta lo ocurrido. Tenía que haber entrado en esa ducha, alejar sus miedos e inseguridades, hacerle ver de un modo claro que es lo único para él en todo el mundo. Hacer el amor, por que no, de pie, bajo el agua, y luego otra vez, en la cama quizá... y otra, y otra y otra...

Se lamenta de tantas cosas. Debió lanzarse a sus brazos el primer día, en el baño de la guardería, con sus pantalones orinados, y esa sonrisa tímida que evitaba hacerle sentir mal.

En ese punto del pensamiento se da cuenta de algo. Solo puede pensar en él. Ni Makoto, ni su pequeño hijo, ni sus amigos, ni Nigou, ni sus alumnos, ni compañeros profesores, ni los vecinos, comerciantes... nadie.

Solo él.

Que curioso.

Su verdugo termina la llamada, y siente mas que ve, sus ojos clavados en él.

Parece estar decidiendo algo, pero ese tiempo, corto o largo no lo sabe, se le hace eterno.

Escucha un crujido, inmenso, dentro de su cabeza y luego un dolor, sordo y lacerante, recorriendo su cuerpo al completo hasta arrancarle un grito interminable, que solo se detiene cuando ya no tiene mas aire en los pulmones.

Y todo se volvió completamente negro para él... sin mas.

…...

Tiene que esperar a Aomine, Momoi lo ha llamado mientras se vestía y lo hace. Vestido en la entrada de su casa, sigue de pie, tratando de que Nigou se le acerque. Esperando.

Solo eso.

Es imposible.

El perro sigue fuera, caminando apenas un par de pasos para acercarse a él y marcar el camino a seguir.

Ladra, con todas su ganas, furioso como nunca le ha visto el pelirrojo.

Si Kuroko se ha caído en algún bajante y está herido, sería bueno que fuera. Está preparado para un rescate de ese tipo. Demonios, lo ha hecho casi un centenar de veces.

Pero está alterado, demasiado. Debe guardar la calma, estudiar la situación.

Nada bueno pasa por su mente.

¿Si lo han secuestrado?... ¿Y si mientras está ahí lo están agrediendo, o algo peor?.

Eso no es posible, Nigou no le habría dejado solo... a no ser...

– Espera aquí. – Deja a Satsuki en la puerta, igual de preocupada que él. – llámame cuando llegue Aomine y te doy mi posición. Te compensaré por todo.

No espera la respuesta, simplemente se acerca al perro y consigue quitar la correa del collar y acariciarle un poco. Lejos de calmarse, al verse libre ladra con mas ganas, mas rápido... regañándole a su manera.

– Llévame hasta Tetsu, muchacho. – El nerviosismo en su voz está presente.

Al igual que esa sensación, de terror, que le inunda el cuerpo entero y dispara sus sentidos hasta ponerlo de punta... como cuando se enfrenta a una catástrofe en su trabajo.

Esa sensación que te dice que te apartes de algo que está a punto de caerle encima, o de tomar un camino secundario en lugar del principal. El pálpito, la intuición...

Si tiene que pensar en una similitud, es esa.

Aprieta la mandíbula, con fuerza, lo suficiente como para notar la bofetada en su cara aún presente.

No debió decirle eso, no sabiendo como sabía que Kuroko jamás le mentiría, y mucho menos en algo como eso.

No había sido justo, pero estaba enfadado, molesto, por el modo en que defendía a ese hombre del que no había sabido nada en todo ese tiempo.

No iba a esperar al policía, sentía en su interior que no había tiempo. No sabía porqué, pero necesitaba salir en su busca; toda la lógica del momento inservible.

Sale a la carrera, sin mirar atrás, ni ser consciente de nada mas salvo de encontrarle, a como de lugar.

Nigou corre delante suya, tenso, fiero como jamás lo ha contemplado.

Ni el tráfico, ni los transeúntes suponen obstáculos para ellos, ni los altibajos del terreno bajo sus pies, cuando entran en la zona boscosa del parque.

El animal no necesita luz, ni guía, va directamente, sin dudar ni un instante.

Y Kagami decide hacer lo mismo. Dejar de dudar, y confiar en él...

ooooooooooooooooooo

Está tumbado de costado, teniendo muchísimo cuidado con la guía en su mano, la que le suministra medicación y suero.

La pequeña a su lado, la acuna, acaricia infinitamente su cabecita, su mano cerrada, su cuerpecito encogido, aún en la posición que tenía dentro, sin ser consciente en su tierna mente que su espacio se ha expandido muchisísmo.

Suspira, sonríe a cada pequeño gesto, cada inhalación, cada vez que sus deditos aprietan con mas fuerza su índice.

Una voz en su oreja le sobresalta.

– Tienes que dormir. Necesitas reponerte. – Midorima se sienta a su lado, apartando la cuna vacía con el pie, teniendo sumo cuidado de no molestar a la pequeña en su sueño.

– Estoy en la cama. – Protesta, en su susurro muy, pero que muy bajito. Su excusa apesta, y lo sabe.

– No me obligues a ser malo. – Un beso en su mano, justo despues de comprobar la guía y amenazar, sin hacerlo, mirando de reojo a la bandeja con meidacmentos y utensilios para las curas que ha traído con él.

– No necesitas una excusa para ser malo. – Una sonrisa llena su cara, y sus ojos, de un azul mas que brillante, pasan del médico a su niña en un par de segundos. – Mírala es preciosa.

– Tu mamá está siendo travieso y desobediente... vamos a tener que castigarlo. – Midorima posa el índice entre las cejas de la pequeña, bajando un poco haciéndola parecer enfadada. – Tienes que dormir... las enfermeras han anotado que no has dejado que se lleven a la nena al nido con el resto. Sé que es una monada, pero de verdad, acabarás mucho peor si sigues sin dormir; estará cuidada, te lo juro.

– No tengo sueño. – No le mira. De repente se siente acorralado. Va a decirlo pero Midorima se le adelanta.

– No se acercará a ti, ni a mi hija. – Suena tan contundente que el ex cantante se queda de piedra. – No es por presumir, pero da la casualidad de que en esta clínica hay un famoso... y bueno, tenemos un equipo de seguridad de lo mas eficiente... que ha sido reforzado hace poco..

– Mmm... alguien famoso... ¿Quién será?... – Le mira, solo un segundo por que la niña, se revuelve en sueños, como para estirarse y cambiar levemente de postura antes de seguir durmiendo...

– No te lo puedo decir, ya sabes... la reputación de la clínica.. – Acaricia a la pequeña con infinito amor y extiende la caricia hasta Takao, al que acuna el rostro con la mano abierta.

Se pierde en sus ojos mas tiempo del que estaría dispuesto a admitir, pero es cierto que son mas vivos y mas azules que nunca.

Quizá es por esa sonrisa amorosa que llena su rostro, que lo ilumina todo dulcemente sin darse cuenta de ello.

– No se lo que has hecho, pero gracias. – Se alza sobre uno de los codos lo bastante como para llegar a sus labios en un beso.

– Hago lo que cualquier padre preocupado; cuidar de mi familia. Y vosotros dos sois mi universo, no dejaré que nada ni nadie impida a esta mamá traviesa dormir como le ha ordenado su médico.

– Está bien, está bien... mata sanos chantajista. – Mira a la nena y la susurra. – Tu papá es un malo malote... pero ya nos vengaremos, ya... tu solo espera...

– Me gusta oírte decir eso de mi. – Rodea la cama y toma a la pequeña con sumo cuidado antes de dejarla en su cunita y arroparla.

– ¿Mata sanos?. – Sonríe, sabiendo que no se refiere a eso. – Eres su papá, te guste o no.

– ¿Y quien te ha dicho que no me gusta?. – Un nuevo beso, con un extraño sabor dulce. Takao le mira confuso. – Necesitas dormir, ya. Yo cuidaré de ella, prometido. Cuando despiertes estaremos aquí los dos.

– Tramposo... – pestañea, comprendiendo que le ha deslizado algo durante el beso... – Solo voy a cerrar los ojos un momento... un par de minutos... pero cuando tenga hambre me despier …

Takao bosteza, al límite de lo permitido. Su cuerpo toca el límite de lo normal, y le obliga a dormir. El esfuerzo es sobre humano y lo necesita... aunque el medicamento haya ayudado un poco a adormecerle lo suficiente como para que él solito hiciera el resto.

Apenas si se ha dormido cuando una enfermera asoma con un pequeño biberón en su mano.

Midorima sonríe.

No va a cumplir su promesa de despertarle.

Este es un preciado momento padre/hija que piensa disfrutar.

Al fin y al cabo, es la primera vez para él que lo de ser padre no es algo ajeno y exclusivo de Takao.

La princesa está ahí, en sus brazos, buscando su comida aún con los ojos mas que cerrados.

Aún no le ha contado nada de su "conversación" con Masaaki, ni de lo que le ha hecho firmar.

Eso lo deja para cuando Kazunari esté tranquilo y recuperado, en la calidez de su hogar.

O para cuando ya estén casados...

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Akashi aprieta un poco mas el tornillo, hasta el límite de sus fuerzas, y deja la llave en el suelo del cuarto.

Se muerde el labio al ser consciente de que acaba de atraparse a si mismo de un modo muy tonto.

Suspira.

Toca su vientre. Chasquea la lengua. Se agacha de un modo cómico, buscando la llave de nuevo. Escucha las llaves en la puerta... Genial.

– No te quejes, por lo menos parece una cuna. – Trata de quitarle importancia al hecho de que ha montado los barrotes con él dentro y no puede saltarlos. Está atrapado. – La instrucciones de esta cosa están en un idioma que ni siquiera es humano... por un momento creí que habíamos comprado una estantería...

– No he dicho nada... – Aprieta los labios, trata de contener las risas que arañan su garganta con ganas.

Aomine camina hasta él, busca en un lateral una pequeña llave y la gira, bajando una sección de los barrotes, cómodamente diseñados para acceder al bebé sin colgarse de la cuna por la cintura. Le ofrece la mano, aunque en lugar de ayudarle a salir, da un paso adelante para interponerse entre Akashi y su libertad.

– Creo que eres el preso mas guapo que he visto nunca. – Le besa, divertido, cortándole el paso cada vez que el pelirrojo intenta pasar. – ¿Te han leído tus derechos?.

Bromea, intentando cambiar el humor de la mamá. Sabe que toda la discusión con su amigo le ha puesto nervioso, y por esa razón le ha dejado solo.

Con el tiempo ha ido leyendo entre líneas sus palabras, gestos y silencios. Sabe que Akashi es una persona racional, no muy dada a perder los estribos, pero cuando lo hace, precisa de un tiempo para sí mismo, un tiempo de reflexión que siempre utiliza volcando su atención en algo.

La cuna, que habían quedado era demasiado temprano para armarla, se había convertido en su objetivo. Y su preocupación debía ser genuina cuando había olvidado montar el mueble con él fuera.

– ¿Qué es lo que sabes?. – Sus ojos desiguales le enfocan directamente.

El policía sabe perfectamente a que se refiere. Su comentario desafortunado durante el griterío no ha pasado desapercibido para su pareja, y ahora le reclama saber.

– Lo mismo que tu; están vivos, y el culpable de la trama de desaparición está muerto, recientemente. – Akashi no parece muy conforme, sabe que hay algo mas, algo que Daiki prefiere dejar para él mismo. – Quizá un par de datos mas...

– Entiendo. – Suspira, alargando el duelo de miradas un poco mas. – Solo dime que no debo preocuparme por Tetsu y me harás feliz...

– No puedo hacer eso. – Niega, serio. – Lo lamento, pero tu amigo está en el punto de mira de alguien muy peligroso, y ni siquiera teniéndole encerrado en el lugar mas vigilado del mundo estaría a salvo... aunque no creo que sea tan estúpido como para... – Los dedos de Akashi se cierran en su brazo. – No le hará nada al niño... es su póliza de seguros... Y Taiga es ...de fiar... solo tienes que ver como le mira... tienes que haberte dado cuenta.. a pesar de ser tan él...

Empieza a quedarse sin salida, a si que opta por abrazarlo, fuerte, y levantarlo lo suficiente como para pasar su cuerpo por encima de los barrotes en el suelo y llevarlo con él.

Es lo único que puede hacer en ese momento. No quiere darle falsas esperanzas, ni hacer promesas que no podrá cumplir.

Su teléfono suena, es Satsuki. Por un momento está tentado a no cogerlo, y simplemente ir con su chico al cuarto y dedicarle unas cuantas horas de caricias.

Pero luego decide que eso puede hacerlo incluso perdiendo un par de minutos hablando con ella. Conviene que algo debe pasarle como para llamarle directamente, y sobre todo encontrar a alguien que le haya dado su número privado.

Escucha en silencio, sus peores temores hechos realidad tras una voz dulce.

– Voy para allá, tranquilízate. – Cuelga y le lanza el teléfono a Akashi. – Llama a comisaría, que manden una patrulla a casa de Tetsuya, luego te lo explico. – Le besa en la frente, su cara de angustia ahora es real. – Dales mi número de placa, es importante. – Un nuevo beso, una mirada que dice muchas mas cosas de las que pretende. – Te quiero... Te llamaré, lo juro. Solo descansa.

Un beso, una promesa... la puerta se cierra y él regresa al cuarto, a terminar la cuna.

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Cálido, cómodo, confortable... a gusto.

Yukio remolonea en la cama. Tiene que levantarse, debe hacerlo... pero sencillamente no quiere.

Estira el brazo, bajo las sábanas, notando la frialdad del tejido en sus dedos según va ganando terreno, y algo mas.

Al contrario de lo que pueda parecer, la frescura es agradable, le gusta.

Se gira, aspira el aroma, estira brazos y piernas hasta el límite de sus músculos. Está solo en la cama.

Algo de lo mas habitual para él, de repente instala una extraña desazón en su estómago.

Sin querer abrir los ojos, busca en su mente adormilada el motivo de su malestar.

Está lleno... descansado... solo.

Abre los ojos de un golpe, eso es.

Kise no está.

Sentado en la cama se frota los ojos, aleja la morriña, mira alrededor.

La casa se le hace extraña, aunque no tarda mucho en recordar que no es la suya.

La luz entra por la ventana, y se toma un momento para mirar con mas atención el cuarto.

Le gusta, todo. Es una gran idea que no haya paredes de ningún tipo. Desde la cama puede verlo todo, y le dibuja una preciosa sonrisa.

Solo entonces lo nota. Una bandeja, con una tapa redonda cubriendo un plato, cubiertos, una rosa roja, una nota.

Aunque la curiosidad por la nota es tentadora, la comida llama su atención en cuanto la descubre.

Hay un par de piezas de bollería, adornadas con un enorme corazón de sirope.

"No me eches de menos."

No es que sea una nota romántica, pero a él le parece una declaración de amor de lo mas amorosa.

Solo cuando las necesidades fisiológicas le obligan a levantarse, su desnudez, de la que no había sido consciente hasta ese instante, le hace recordar.

Madre mía.

Kise es una especie de dios supremo del sexo. Nunca le habían tocado, besado, succionado, acariciado, ni nada por el estilo como en las horas pasadas; y estaba seguro de que no lo olvidaría jamás. Ni su calidez, ni sus aromas, ni sus besos, ni el tacto de su piel, su pelo, su interior...

Rebusca en su maleta ropa que ponerse, y va a la ducha. En el suelo los restos del día anterior... o días. No lo tiene muy claro.

El tiempo a su lado parece discurrir de un modo diferente, lento, casi casi a desgana, sin fuerza.

Siente la pesadez en los miembros, el pulso de una intensa sesión de ejercicio, recordándole todo.

El agua de la ducha no hace mas que traerle los recuerdos uno a uno, mas vividos y nítidos que en el momento de vivirlos.

La verdad, es que estaba impresionado.

Había tenido sexo con otras personas, por supuesto, era un joven sano y lleno de vitalidad, pero lo del piloto había sido toda una experiencia.

Madre mía.

Solo de recordarlo ya estaba empezando a tener calores. Y la simple ilusión, de repetir, en cualquiera de las posturas que hicieron, que fueron de lo mas variadas, le aceleraba el pulso como una adolescente enamoradiza de instituto.

Era un adulto, serio... Por dios...

Solo habían pasado una noche juntos, ¿Qué demonios le había hecho ese hombre?.

Ya vestido, con una leve humedad en el pelo, se decidió por terminar la comida.

Pensó si debía llamarle, o buscar una manera para matar el tiempo.

Recogió los envoltorios vacíos, un nuevo sonrojo al comprobar que habían gastado una caja entera... y dos botes de sabores... Y metió las sábanas, impregnadas de fluidos de los dos, en la lavadora. Supuso que estaría bien poner unas sábanas limpias, aunque le pareció muy descortés ponerse a husmear por los muebles en su búsqueda.

Solo cuando escuchó las llaves una bola de emociones le asaltó al mismo tiempo.

Vergüenza por la situación, por estar tan cómodamente en una casa que no era la suya, por lo que habían hecho... si quizá eso era lo que mas le incomodaba. Y a la vez una extraña mezcla entre orgullo y enamoramiento, que llenaba por todas partes su existencia.

Yukio esbozó una sonrisa al verle dejar las llaves en un ganchito junto a la puerta y el móvil sobre la banqueta, y tirar la chaqueta directamente al suelo.

– Lo siento... una emergencia amiguil. – Se acerca, pasos largos, un abrazo apretado, una docena de besos sin orden. – ¿Estás bien?... Ayer me pasé un poco...

Yukio parece desconcertado, lo que le hace mas feliz si cabe. Mira su cama, pelada, y que todo está mas o menos en orden. Ha limpiado la basura del día anterior, que ni se preocupó en donde caía ni como. Ese gesto le parece de lo mas adorable.

– No tienes que hacer eso, tengo alguien que se ocupa de la limpieza. – Un nuevo beso, casi entre risas. – Ahora en serio, ¿Te encuentras bien?... – Yukio asiente.

– Gracias, por el desayuno. – Se deja arrastrar de la mano hasta el sofá, y deja que le siente en sus piernas, sin oponer resistencia.

Kise suspira, abrazado a su torso, perdido en su pecho, casi casi escondiéndose.

Kasamatsu nota la vibración por el cuerpo, no sabe si ríe o por el contrario llora, solo que se convulsiona contra él, oculto hábilmente entre su flequillo rubio y la camiseta...

Simplemente lo acuna, sin mas.

A veces solo hace falta eso, un abrazo.

– ¿Kuroko kun está bien?. – Susurra contra su pelo, sabe que es por él la preocupación sin necesidad de decírselo.

Kise mantiene silencio, y el abrazo en la misma posición.

Sus labios escalan sin vergüenza hasta el cuello del moreno.

Se desliza, un par de veces, usando la punta de la nariz como guía por la piel, marcando el terreno conquistado con los labios, uno cada vez.

– ¿Estás bien?. – Captura sus labios, en un beso con toda la intención.

Sus manos abiertas aprietan los glúteos con ganas, pegándole tanto que su erección pasa de un simple roce a presión real.

– Ya te he dicho que sí. – Kasamatsu cierra sus brazos en torno a la cabeza rubia. – Deja de preguntarlo tanto.

– Quiero hacerte el amor. – Sus manos suben por el trasero hasta las caderas, levantando la camiseta recién puesta hasta dejar sus encantos al descubierto. Se muerde el labio, apenas asoma la lengua entre sus labios, solo un poquito.

Lame sus botoncitos, de un hermoso color cereza sin dejar de mirarle. Ojos dorados clavados en el cielo de los suyos, amando cada una de sus reacciones al gesto.

– La cama está sin sábanas. – Saca la camiseta por la cabeza y por un momento está tentado de ponerse a doblarla.

Pero solo por un momento.

– Si esa es una excusa para no hacerlo es bastante mala. – Chasquea la lengua moviendo el índice de un lado a otro mostrando una negación divertida.

– ¿Y que te hace pensar que no quiero hacerlo?. – Solo se inclina, mueve el culo, un poco, solo lo suficiente para que el rubio sepa como le tiene. – Solo te informo de que lo haremos aquí, si no te importa... – Se ladea, hurga en su maleta, aún abierta, junto a ellos. – Tengo un par de cajas mas... lo que no hay es loción...

Kise sonríe ante la expectativa de un nuevo comienzo con Yukio.

Por que para él, cada oportunidad es la primera, y la última. Así podrá sentirse enamorado todas las veces, todos los días, todos los besos que Kasamatsu quiera darle.

Su principio y su final. Desde ese día, hasta el siguiente, y el siguiente... y otro mas...

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Hyuuga la miró, sin comprender la pregunta del todo.

– ¿Perdón?. – Sirvió el zumo para los dos. Kiyoshi había salido a correr y la niña pasaba el fin de semana con ellos.

– Es que no sé como debo llamarte. Lo digo por que si digo papá, contestaréis los dos... y papi me parece muy ñoño... ya soy mayor para decir eso. – Lo decía en serio. –

– Mmm... Tienes razón. – Una sonrisa tímida se le escapa cuando la niña le mira directamente a los ojos. Le pone un poco nervioso, por que no decirlo, que se parezca tantísimo a su padre... sus ojos, idénticos. Saber que aunque son una familia... él siempre será una especie de nota discordante. – ¿Qué te parece Jun?.

– ¿Solo Jun?... sin formalismos ni nada de eso. – Van hasta la mesa, ordenando el desayuno para los tres, aunque no esté aún, saben que llegará a tiempo para desayunar con ellos, lo hacen siempre. – Me gusta... ¿Papá no se enfadará, verdad?.

– No creo. – Pone los últimos cubiertos, y las servilletas. – Al contrario, querrá también llamarme así...

– Papá puede ser muy niño a veces... – Negó, divertida. Le escucharon llegar, y los dos se sentaron casi al tiempo, sonriendo cómplices. – Con lo grande que es...

– Buenos días mis amores. – Se acercó con la intención de darles los buenos días, aunque los dos hicieron el mismo gesto de apartarse sutilmente de él. – Mejor me ducho, no empecéis sin mi; cinco minutos.

– Gracias papá. – Sacudió la mano para "echarle", aunque eso no impidió al bombero saltarse la indicación de ambos y darles los buenos días, tal y como pretendía desde que entró por la puerta.

A su hija, un beso en lo alto de la cabeza. A su esposo, en todos los morros...

Justo antes de salir corriendo y atrincherarse en la ducha para no escuchar sus quejas.

– ¿Ves lo que te decía, Jun?... Mi padre es un niño...

– Aún así, le queremos. – Una sonrisa compartida. Sus mejilla aún ligeramente coloreadas.

– Con toda el alma. – Le ofreció uno de los vasos con zumo y él bebió del otro. – Pero no pienso esperarle... en venganza.

– Estoy de acuerdo. – Chocaron los vasos, como una alianza secreta entre ellos.

Teppei sonreía desde el baño, feliz. Eran una familia, perfecta y llena de amor.

Aunque no le gustaba mucho que esos dos se llevaran tan bien. Como su nena empezara a sacar la mala leche materna al exterior, aliado con Hyuuga, serían un par de enemigos terribles de vencer...

Al menos solo con besos...

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Recuerda los primeros días con él, a su lado.

Tan pequeño, tan indefenso, tan poquita cosa.

No sabía que hacer, que decir, como comportarse.

Un bebé recién nacido era un absoluto mundo desconocido para él.

Esperaba que su hermano regresara de algún modo a ser él mismo, a pesar del duro golpe.

Necesario en ese instante.

Lo que no se esperaba era que el pequeño pasara a ser una responsabilidad suya casi en exclusiva.

Tetsu chan solo se calmaba con él. Nunca supo por qué, pero él único modo de que estuviera sin llorar era en sus brazos. No importaba las nanas que contrataran, o que su madre pasara tiempo con el niño, haciendo lo que con él había funcionado tan bien.

Nada servía.

Solo Imayoshi, le sostenía contra su pecho, y el silencio lo llenaba todo.

Un mes, dos, no lo supo, pero ese pequeño se le hizo imprescindible en su vida. Sintió celos, cuando su hermano, por fín, regresó del pozo en el que él solito se había metido a enjuagar su dolor y renegar del mundo.

Por muy hundido y derrotado que estuviera, tenía una pequeña personita que dependía de él completamente. No era justo que Imayoshi ejerciera de padre, cuando no lo era.

A nadie le importó su opinión, simplemente se lo arrebataron de los brazos, de su vida, sin mas... … del mismo modo que su padre se lo había arrebatado a Kuroko de las entrañas.

Sin ninguna consideración, sin escrúpulos, ni alma.

Ese bebé era mas suyo que de nadie mas.

Suspiró, acariciándole el pelo, dormidito y aferrado al feo peluche azul y amarillo que no se sabía muy bien que era.

Tenía una pequeña maleta preparada, ropa y cosas para el niño, aunque decidió en el último momento que no necesitaban cargar con nada, simplemente lo compraría y listo.

En el bolsillo de su chaqueta el pasaporte del niño, el suyo. Todo listo.

Para cuando quisieran darse cuenta estaría muy lejos, mucho.

El teléfono vibró en su chaqueta. Iba a ignorarlo, pero al final, y mas por la insistencia que por otra cosa, salió del cuarto del niño para atender la llamada en el despacho.

Descolgó, sin emitir sonido, se limitó a escuchar la voz del otro lado.

– Arréglalo. – Escuchó un poco mas. – No dejes que ese policía siga metiendo las narices. – Silencio, para poner atención. – No hay problema, haz lo que consideres necesario.

Haría lo que fuera por el pequeño...

Tenía que volver con él, pero en el pasillo, se encontró a su madre.

No lo esperaba, ni en sueños.

– Tetsu chan ha estado un poco apagado, quiero comprobar que no tenga fiebre o algo parecido.

Imayoshi no le dijo nada. Se limitó a seguirla hasta dentro del cuarto, y observarla en silencio.

Tocó su frente, su cuello y la tripa por debajo de la ropa. Tetsu chan ni se inmutó, abrazado a su muñeco como si no hubiera mañana.

– No parece muy alta, pero tiene algo de fiebre. – Imayoshi sabía que su madre lo decía en serio, las madres tienen esas cosas casi mágicas que les dicen cuando están malos los niños o cuando simplemente fingen para salirse con la suya. – Voy a traerle un poco de leche con miel en el biberón, a ver si se asienta y por la mañana está mas animado.

– Seguro que no es nada, mamá. – En los ojos de su madre había algo mas, un brillo perspicaz que no se le escapó, aunque fingió ignorarlo.

– Seguro que no. – Posó la mano abierta en su cara, un segundo. – Tienes una reunión, el chófer lleva un rato esperándote en la entrada. Yo cuidaré de Tetsu chan. – Besó su mejilla antes de salir en dirección a la cocina.

¿Reunión?...

Revisó su agenda en el móvil... ciertamente, tenía una reunión con unos inversores...

Ahora que su padre no estaba, salían de debajo de las piedras personas para ofrecer su capital, sus negocios, ideas... y otras cosas no tan lícitas como para comentarlas en público.

Aún así le escamaba que su madre supiera de esa reunión... aunque era posible que el chófer se lo comentara...

Suspiró, cabreado. Ahora tenía que post-poner sus planes hasta hablar con esos idiotas.

Recogió su cartera del despacho y se reencontró con su madre en el mismo punto. Un biberón de leche templada y miel en su mano, envuelto con ternura en una servilleta.

– Shoichi... te quiero, ya lo sabes. – Una tierna mirada a su hijo. – No te conviertas en tu padre...por lo que mas quieras.

– No sé por qué dices eso mamá. – Apretó la mandíbula, molesto. – Nunca seré como ese cabrón...

– Tienes razón, tu padre era un cabrón. – Abrió mucho los ojos, sorprendido de que la mujer usara esa palabra con tanta rabia. – Pero... cuidaba de su familia, de nosotros, que no nos faltara de nada... a su manera, nos quería. No sigas sus pasos, busca tu propia familia.

Imayoshi no respondió, se limitó a verla entrar en el cuarto del niño, encender la lamparita de la mesilla, y sentarse sobre las sábanas para ofrecerle el biberón aún dormido como estaba.

"...busca tu propia familia". Resonó en su cabeza, un par de veces.

Llamó al interlocutor de la última llamada, con la intención de detener la orden que había dado... pero ya era demasiado tarde.

Su subordinado era eficiente cumpliendo sus órdenes, y muy rápido.

Fuera como fuese, el objetivo estaría muerto tarde o temprano.

El policía sería abatido en menos de veinticuatro horas.

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Bueno otro cap...

Lamento la espera, pero con la actualización de mi pc he perdido mis carpetas personales, incluidos mis textos.

He escrito este cap en dos días, cuando normalmente me lleva tres, y a ciegas, lo que es una experiencia nueva para mi, pero ya lo tenía casi escrito, me he limitado a reproducir, mas o menos, lo que he ido recordando...

Me disculpo, por la tardanza, y espero que disfrutéis del cap.

Besitos y mordiskitos

Shiga san