«¡Oh, sí, beso!»

El youkai se había arrodillado en el agua delante de ella, como si fuera una especie de dios de la virilidad. Todo su cuerpo parecía más grande, con músculos flexionándose por todas partes.

Su protector, su valiente youkai,era el pecado en persona.

Y estaba embobado mirándola entre las piernas.

—Sesshomaru, bésame.

Él se lamió los labios de un modo tan sexual que Kagome se estremeció. A pesar de que estaba segura de que Sesshomaru nunca había dado placer a una hembra con la boca, parecía estar impaciente por hacerlo. Sintió su aliento contra la piel, y sus labios fueron lo siguiente que la tocó.

Él lamió una vez, inseguro, y ella se quedó sin aliento. Definitivamente, era la primera vez que lo hacía. ¿Le gustaría...?

—¡Kagome! —gimió él moviendo las caderas frenético en el agua. Y, acto seguido, le besó el sexo lamiéndola de arriba abajo, gimiendo en su interior.

—¡Sí, Sesshomaru! Más... —Sesshomaru retomó lo que estaba haciendo, y cuando le pasó la lengua por el clítoris, Kagome gritó y él se detuvo en seco.

—¡No, más, más, no pares!

Sesshomaru volvió a lamerla y ella echó la cabeza hacia atrás. Otra pasada con la lengua, y otra, y otra.

—¡Sí! —gritó, rindiéndose por completo, moviendo las caderas con descaro al ritmo de su boca.

Cuando añadió un dedo a la caricia que le estaba haciendo con la lengua, Kagome murmuró:

—Mi youkai. Me gusta... me gusta mu... —Echó la cabeza hacia atrás. La presión fue en aumento, y aumentó todavía más, estaba al límite.

Podía sentir el dedo de él explorándola, lo asombrado que estaba, lo fuerte que tenía la lengua.

quiero que te vengas —le dijo pegado a ella. «Ven, compañera.» Pero esta vez la frase tenía otro significado. Quería que ella se le entregara. Una orden muy peligrosa pronunciada por un ser muy peligroso que esperaba que lo obedeciera.

Sesshomaru había planeado besarla entre las piernas hasta que Kagome estuviera a punto de alcanzar el orgasmo.

Estaba a punto, la veía mover las caderas al ritmo de su dedo y de su lengua, aniquilando el poco control que a él le quedaba.

«¡Aguanta, Sesshomaru!» Tenía miedo de ponerse en ridículo delante de ella.

El botón que sobresalía en el vértice de su entrepierna era muy sensible, y Sesshomaru lo lamió y lamió, y Kagome se acarició los pechos con más urgencia, gimió más alto. Así que él decidió intensificar los besos y levantó la vista para mirarla.

Ella entreabrió sus ojos brillantes y también lo miró. Tenía la respiración entrecortada y Sesshomaru no dejaba de mover el dedo en su interior.

Entre beso y beso, dijo:

¡vente, Kagome!

«Veré a una hembra tener un orgasmo, a mi compañera... Podré saborearlo.»

Ella se tensó de repente y su cuerpo se estremeció encima de la lengua de él.

—¡Sesshomaru! —gritó.

Él gimió desesperado cuando notó que su sexo le apretaba el dedo una y otra vez, como si estuviera devorándolo. Saboreó el orgasmo de Kagome y la besó extasiado, henchido de orgullo y de placer.

—¡Ah, sí, youkai!

«He sido yo. Yo he hecho que se sintiera así.» Estaba tan preciosa en ese momento, su cuerpo lo tenía fascinado. «La hicieron sólo para mí.»

Kagome dejó de temblar y apartó la cabeza de Sesshomaru de entre sus piernas, a pesar de que él seguía lamiéndola. En contra de su voluntad, el youkai se apartó de su tesoro.

Se puso en pie y la atrapó entre su torso y la pared de roca, su erección firme entre los dos. Nunca antes había sentido un dolor como aquél.

—¡dejame entrar en ti, quiero llenarte de mi! —El agua le caía por la piel, excitándolo todavía más.

—N... no, Sesshomaru —dijo ella con la respiración entrecortada.

«¿Por qué no puedo poseerla?» Le había dado mucho placer. Quería tocarle los pechos desde atrás, retenerla allí y deslizar su sexo hacia aquel interior que había adorado con sus labios...

Kagome le dio un beso en el torso y con la lengua le acarició el pezón.

Él abrió los ojos, atónito. ¿Ella iba a corresponderle? Sus labios descendieron hacia abajo y a Sesshomaru le latió tan fuerte el corazón que estaba convencido de que Kagome podía oírlo.

¡Por fin! Por fin sabría qué se sentía...

Cambió de postura para apoyarse en la pared.

Kagome le besó el vello que tenía justo debajo del ombligo.

—Dame este placer —le dijo él entonces en demoníaco. Y guió su erección hacia su boca—. Acéptame entre tus dulces labios.

Sin dejar de mirarlo para poder ver su reacción, Kagome sacó la lengua y lamió la punta.

Sesshomaru movió las caderas desesperado y estuvo a punto de eyacular. Cuando consiguió dejar de moverse, respiró hondo para recobrar algo de control, y ella volvió a lamerlo.

Su miembro tembló y apareció una gota en la punta. Cuando Kagome capturó esa gota con la lengua, él se mordió los labios para no gemir.

—Querré que me hagas esto cada día —dijo con voz ronca—. Cada día, cada noche. —No podía dejar de mirar sus encantadores ojos chocolate.

Era tan extrañamente bella. Era un regalo, un tesoro.

—Me perteneces. —«Jamás me separaré de ella.»

Hundió los dedos en el pelo de Kagome y ésta le sujetó la erección con una mano para acercársela a los labios. Sesshomaru gritó cuando ella succionó el extremo con su boca ardiente.

Por todos los dioses, quería saborear el momento, pero además de recorrerlo con la lengua, Kagome había empezado a masturbarlo con la mano.

Con el agua cayéndole encima y la lengua y la mano de ella acariciándole el pene, Sesshomaru echó la cabeza hacia atrás, incapaz de seguir sosteniéndola.

«No puedo... no puedo aguantar más...»

Sesshomaru se había sentido tan orgulloso por haberle dado placer que la satisfacción se palpaba en el aire. El orgullo emanaba de él casi con la misma intensidad que el asombro.

Pero en medio de aquellas maravillosas sensaciones, Kagome también había podido detectar la agonía. Su pobre youkai estaba a punto de explotar; podía notar los temblores del pene encima de su lengua.

Y, sin embargo, no pudo resistir la tentación de atormentarlo un poco más. Quería asegurarse de que su primera vez fuera inolvidable. A juzgar por cómo había reaccionado, estaba convencida de que tampoco nadie lo había besado de ese modo.

Así que se apartó un poco y dejó que las gotas de agua cayeran sobre su miembro. Su expresión de angustia fue única, y le colocó la mano en la nuca para guiarla de nuevo hacia su sexo.

—Más. Sé... buena,companera—

¿Estaba tratando de decirle que no siguiera torturándolo?

—Seré buena, Sesshomaru —le prometió, y volvió a cogerle el pene con la mano. Él arqueó las caderas hacia adelante y se movió entre sus dedos. «Va a eyacular en mi mano, va a...»

Kagome atrapó la punta de su miembro con la boca y a Sesshomaru le temblaron las piernas. Frunció el cejo como si le doliera. Derrotado por los labios y la mano de ella, aquel poderoso guerrero se rindió y alcanzó el orgasmo.

Los espasmos se apoderaron de su cuerpo, que se estremeció de pies a cabeza.

—¡Más, Kagome! —gritó con todas sus fuerzas. Sus músculos se contrajeron formando una imagen impresionante.

¿El youkai quería más? Ella no le dio tregua. Lo masturbó... lo lamió... lo besó...

Él gritó hasta quedarse sin voz. Hasta que se desplomó contra la pared y la apartó de su sexo.

Después del orgasmo, estaba eufórico, y colocó la cabeza de ella contra su muslo, acariciándola posesivo mientras Kagome seguía fascinada recorriéndole el pene con los dedos.

Pero entonces él bajó ambas manos para acariciarle las mejillas y acunarle el rostro, y ella pudo detectar otra emoción: furia en estado puro.

Sesshomaru la miró no como alguien que se siente feliz con su destino, sino como quien estaría dispuesto a matar a cualquiera que intentase arrebatárselo...

Esa misma noche, mientras Kagome dormía entre sus brazos, Sesshomaru juró de nuevo que jamás, jamás, se separaría de ella. «No mientras me quede un hálito de vida en el cuerpo.»

¿De verdad se había preguntado para qué servía tener una compañera? Kagome le había hecho sentir un placer inimaginable. Lo había llevado al orgasmo tantas veces que hasta había tenido miedo de desmayarse.

Y, a cambio, él le había proporcionado un clímax tan intenso que ella había echado la cabeza hacia atrás para gritar.

Quería creer que su compañera estaba tan sorprendida como él por haber sentido tanto placer. Si se sentía sólo la mitad de agradecida...

A pesar de que seguía estando excitado, ella le había pedido que descansasen un rato. Después de haberse pasado la noche anterior sin dormir, y teniendo en cuenta cómo había pasado el día, probablemente Sesshomaru también debería descansar.

Pero sabía que si cerraba los ojos lo asaltarían las pesadillas. Y tenía miedo de que Kagome no estuviera cuando volviera a abrirlos.

Así que decidió pasarse la noche recordando lo que había sucedido entre los dos: el modo en que su compañera había temblado entre sus brazos, su aliento contra su piel, la lengua y los labios de ella.

Se moría por volver a besarla, tanto en los labios como entre las piernas. «Dioses, esa parte de ella es increíble.» Si antes había estado obsesionado con sus pechos, ahora su obsesión se dividía a partes iguales. El sexo de Kagome le había devorado el dedo. Y dentro de cinco días le devoraría...mucho mas que eso. El miedo le revolvía el estómago y, asustado, miró a Kagome. Tenía los labios entreabiertos, sus pestañas negras proyectaban su sombra sobre sus mejillas sonrosadas. Era tan preciosa que dolía mirarla.

«Estar con ella es demasiado bonito.»

Sesshomaru ni siquiera sabía qué era Kagome, y no tenía ni idea de por qué estaba en sus tierras.

Estaba hecho un lío. Parte de él creía que su llegada era muy sospechosa. Quizá su compañera había ido allí a propósito.

O tal vez se la había enviado el destino en persona.

Sí, el destino. Porque otra parte de él creía que Kagome era el regalo que le hacía la vida para compensarlo por todo lo que le había sucedido hasta entonces. «Toma y recibe.»

Se lo debían. Y haría lo que fuera para quedársela. Esa noche, su compañera se había quedado dormida en sus brazos porque confiaba en él, porque Sesshomaru le había demostrado que podía hacerlo.

Esa noche había descubierto algunas cosas. ¿Cómo cuáles? Kagome no era virgen. Estaba muy segura de sí misma y era muy atrevida como para serlo. Era cierto que él no tenía demasiada experiencia, pero jamás había oído decir que una virgen diera instrucciones a su amante acerca de cómo quería que le tocase el sexo.

Y cuando se las había dado... Al recordarlo, Sesshomaru se mordió la lengua para no gemir, y volvió a desear estar dentro de ella.

»« »« »«»« »« »«»« »« »«»« »« »«»« »« »«

Hasta aqui llego por hoy estoy cansadita tuve mala tarde, estoy enfermita! Asi que sera hasta manana. Gracias por los reviews! Un abrazo