«Como yo.» Al parecer, el destino lo había emparejado con una compañera perfecta para él.
¿Demasiado perfecta?
Ahuyentó sus dudas.
Porque Sesshomaru no sólo la quería. La necesitaba.
Y quería preguntarle por qué era tan cariñosa con él. ¿Lo hacía sólo porque quería que la protegiera? Al principio se había conformado con que quisiera estar con él porque era el más fuer
te que había conocido, pero ahora Sesshomaru quería algo más.
Siempre que se besaban y se acariciaban, conseguía acallar las voces del pasado, un pasado en soledad. Ella lo mantenía alerta —y excitado— en el presente.
El ahora familiar perfume del deseo de Kagome, la forma en que lo miraba cuando le deseaba, el modo en que se mordía el labio inferior siempre que pensaba en hacer cosas con él. «¿Seré capaz de mantener mi promesa una noche más?»
Sesshomaru necesitaba beber de Kagome. No porque tuviera sed de sangre, o porque quisiera saborearla, sino porque con cada hora que pasaba Kagome se iba distanciando más y más.
Amaba todo de ella el sonido de sus gemidos de placer cuando Sesshomaru le tocaba los pechos.
Kagome enloquecía cuando se los besaba, o cuando le lamía el sexo, y él la despertaba devorándola con la lengua.
En aquellos breves días, la miko le había dado más placer del que él había sentido en toda la vida. Uno solo de sus besos... lo hacía sentir cerca de ella, casi como cuando la había mordido. Por desgracia, Sesshomaru estaba muy acostumbrado a perder, pero sabía que si la perdía a ella jamás se recuperaría. ¿Qué haría si no podía cuidarla? Sólo de pensarlo se puso furioso.
Pero había dejado de insistir acerca de hacerle el amor. Ahora quería que cuando lo hicieran existiese una unión entre los dos, porque de todas las posibilidades que se abrían frente a ambos, había una que a Sesshomaru le daba terror: engendrar un hanyou.
Sesshomaru tenía intención de casarse con Kagome en cuanto le fuera posible.
Ella había empezado a desearlo todo de Sesshomaru, a fantasear con hacer el amor con él. Pero dos cosas la retenían: podía dejarla embarazada, y quizá le haría daño, además de que probablemente volvería a morderla.
El youkai había estado trabajando en su autocontrol, y había mejorado tanto que Kagome ya no se asustaba cuando se le ponían los ojos rojos. Ahora asociaba ese color con el deseo. «Rojo sangre con sensuales ribetes dorados.»
Pero ¿sería capaz de mantener la calma si hacían el amor?
Él descansó el mentón en la cabeza de Kagome y le cogió una mano para llevársela al corazón. Ella lo sintió latir bajo la palma.
«Late por mí.» Quizá el destino había hecho bien en juntarlos. Quizá entre los dos habían conseguido mitigar la rabia de su bestia. Kagome le había hecho feliz. «Al menos durante un tiempo.»
Después de medianoche, temía que Sesshomaru jamás volviera a estar calmado debia intentar volver a su epoca con su familia.
Se echó hacia atrás y lo miró. ¿Y si las cosas entre los dos pudiesen ser más sencillas, aunque sólo fuera durante unas horas? ¿Por qué no podían pasar una mañana juntos sin pensar en el futuro?
Sesshomaru sentía curiosidad por el sexo, y había sido tan paciente que ahora Kagome quería darle esa experiencia. Pero si se ofrecía a él, tenía que confiar en que no le haría daño.
«¿Confío en él? ¿Puedo confiar en él?» Tragó saliva.
—Sesshomaru, quiero que me hagas el amor.
Él se encogió de hombros.
—Sexo, youkai "ahora".
Sesshomaru tensó todo el cuerpo de golpe y asintió.
—¿Tendrás cuidado? ¿Serás capaz de no hacerme daño? —Ah, kami, ¿de verdad estaba haciendo aquello?
—Sí. —La levantó en brazos y la llevó hasta la cama—. No te haré daño.
La tumbó con cuidado y luego él hizo lo mismo a su lado. En
tonces se quedó mirándola preocupado, como si acabara de recordar algo. ¿Se lo estaba replanteando?
—Tú eres mía. Dilo.
En ese momento lo era.
—Soy tuya.
Igual que si hubiera llegado a un acuerdo, Sesshomaru se quitó la yukata y dejó al descubierto su palido y apetecible torso. Se acercó a Kagome. Ella se quedó mirando el ambar de sus ojos y todas sus dudas se desvanecieron.
«El youkai no me hará daño.»
Sesshomaru agachó la cabeza y cubrió la boca de ella con la suya. A Kagome le encantaba cómo besaba. Era agresivo y había aprendido a volverla loca. Su lengua era fiera y tierna y la encendía.
Cuando sus alientos se entremezclaron, repitió pegada a los labios de él:
—Tuya.
«Kagome quiere que la haga mía.» Sesshomaru sentía una presión en el pecho, y las imágenes de sí mismo dándole placer se amontonaban en su mente.
—Unidos para siempre —dijo ella.
Y, por todos los dioses, él quería creerla.
Entonces, ¿por qué seguía teniendo la sensación de que se le estaba escurriendo de entre los dedos?
Se inclinó y la importancia de lo que iban a hacer lo sacudió de golpe, igual que si lo hubieran golpeado con un martillo. Pero Sesshomaru carecía de las palabras necesarias para explicarle lo que ella estaba a punto de darle, cuánto tiempo había estado esperando ese momento.
Cuánto tiempo la había estado esperando.
No sabía cómo preguntarle por qué su corazón se detenía cada vez que la miraba. Ni tampoco sabía cómo decirle lo que significaba para él que le dejara entrar en su cuerpo; la confianza que estaría depositando en ella al entregarle su semen. «Podría engendrar un hijo esta misma noche.»
—miko.. —dijo con voz ronca. Le besó la palma de la mano y luego se la llevó al corazón, como si así Kagome pudiera notar el nudo que tenía en el pecho. Lo embargó un fuerte instinto posesivo. Con todos esos sentimientos hirviendo en su interior sin una vía de escape... reinó el desconcierto.
Kagome no podía entender que pasaba por su mente, y él no sabía qué tenía que hacer por donde empezar.
—Demonio —susurró ella algo incómoda—, tienes que ir con cuidado.
—Yo no... no quiero hacerte daño.
—Cuanto más te desee, menos me dolerá.
Él no iba a hacerle el amor hasta que ella se lo suplicara.
Se colocó entre sus piernas y le quitó la ropa, desnudándole así los pechos. «Jamás me cansaré de verlos.» Se agachó y los besó con ternura, consciente de que a Kagome le gustaba mucho que lo hiciera.
Pero cuando le rodeó un pezón con los labios, sus colmillos se extendieron. «Hazla tuya —le gritaba su instinto—, poséela de todos los modos que puedas.» Le recorrió el pecho con la lengua y sintió como si lo atravesara un rayo. Tenía una gota de sangre en la lengua.
Se incorporó y clavó los ojos en la línea roja que había justo encima del pezón de ella. Violeta sobre la pálida piel.
Él jamás se había sentido tan unido a su compañera como cuando la había mordido. Seguro que ella también lo sentiría así ahora que ya no le tenía miedo, ahora que le había pedido que le hiciera el amor.
«Tengo que hacerla mía.»
Kagome movió la cabeza de un lado a otro, tratando sin duda de decirle que no la mordiera, pero él la interrumpió y le dijo en demoníaco que no les negara eso.
«No nos niegues nunca esto.»
Ella siguió negando cuando Sesshomaru agachó la cabeza.
—Pero si eres mía — tienes que sentir esto. Esta conexión.
«¡Ábrete a mí, miko!» Con un grito, hundió los colmillos en uno de los pechos de Kagome.
Antes de beber, Sesshomaru cerró los ojos extasiado. Y en cuanto lamió el pezón al succionar, ella se tensó debajo de él y gritó.
Asustado, se obligó a abrir los ojos, pero entonces vio que su hembra tenía la cabeza hacia atrás, con los brazos a ambos lados de la cama y los labios entreabiertos.
Y cuando se dio cuenta de que estaba teniendo un orgasmo, succionó más fuerte y le acarició el otro pecho con la palma de la mano, pellizcándole el pezón.
El modo en que Kagome se movía mientras la mordía era... enloquecedor. Arqueó la espalda hacia atrás y gritó al alcanzar el clímax, consiguiendo que a él le sucediera lo mismo.
A Sesshomaru se le tensaron los testículos. «Hazla tuya.» El pene le creció hasta límites insospechados. «Termina dentro de ella.»
Sonrió sobre su pecho y con manos torpes trató de desabro
charse los pantalones. Demasiado tarde. Antes de que pudiera plantearse la posibilidad de penetrarla, llegó al orgasmo sin des
nudarse.
Le lamió el pezón mientras oleadas de placer lo sacudían por dentro; tan fuertes e intensas que tembló una y otra vez.
Tras el último gemido, se desplomó encima de Kagome y dejó de morderla.
—Ah, ahora, sí que lo sientes
—¡Eres un bastardo! —Kagome se llevó una mano al pecho y se avergonzó de su propia reacción—. ¡Me prometiste que no me morderías! ¿Acaso te importa lo más mínimo lo que yo quiero?
Él se la quedó mirando atónito.
—¡Deja que me levante! —Lo empujó para quitárselo de encima—. Confié en ti.
—Kagome, yo quería...
—Ya sé lo que querías. —Ella se le había ofrecido y él, en vez de hacerle el amor, había preferido morderla y beber su sangre.
Y eso era lo que más le dolía. Se sentía violada y rechazada al mismo tiempo.
—¡Apártate de mí! —Al ver que él no tenía intención de hacerlo, Kagome se puso furiosa y lo lanzó al otro extremo de la habita
ción. Lo que hizo que se preguntara: «¿Qué diablos ha sentido al morderme?».
Las rocas cayeron alrededor de Sesshomaru y levantaron una nube de polvo. ¿Había oído el ruido de un hueso al romperse?
El polvo se desvaneció y Kagome se quedó horrorizada. Había lanzado al youkai hacia la esquina en la que estaban los cuchi líos y las navajas. Tenía una docena de cortes en el cuerpo y esta
ba sangrando. Además, le había dislocado el hombro y el brazo derecho parecía roto.
Sintió lástima de él y se puso en pie para ayudarlo.
—Sesshomaru, yo... —Dejó la frase a medias al notar la sangre que le resbalaba por el pecho y caía al suelo. A pesar de que esta
ba herido, él tenía la mirada fija en su pezón, en cada una de sus gotas de sangre.
Kagome se tocó las dos punciones y dejó de tener remordi
mientos para empezar a estar furiosa y llena de dudas. «¿Sesshomaru prefiere morderme antes que hacerme el amor?»
—Yo... ¡vete de aquí!
Él la miró sintiéndose culpable, y en sus ojos azules brillaba el anhelo y la ansiedad. Pero por encima de todo, parecía decepcionado.
No importaba cómo se sintiera Sesshomaru.
—¡Vete!
Él gruñó frustrado y salió de la guarida cojeando. ¿Tanto daño le había hecho?
Después de que se fuera, ella se quedó mirando la salida. Aunque viviera mil años, jamás olvidaría la cara de Sesshomaru. La tristeza y la decepción que había visto en su mirada la devoraba por dentro.
Y por eso estaba tan confusa. Se limpió y se vistió, y empezó a pasear de un lado al otro de la cueva. Él le había hecho daño, así que lo más lógico era que ella quisiera hacerle daño a él. Pero Sesshomaru la tenía hecha un lío.
Kagome tenía el presentimiento de que esperaba que ella hiciera algo concreto, pero no tenía ni idea de qué podía ser. Lo único que sabía era que lo había decepcionado.
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Se complico la cosa no? Bueno para saciar sus dudas explicare algo xD
• En esta historia sessho se siente mejor cuando bebe de kagome ya que al tener de su sangre "reafirma su lazo con ella" ya sabemos que es posesivo xD por eso dice "no puedes negarnos eso esta hablando de el y su bestia".
• Lo ven un poco bruto porque en esta historia sesymaru fue criado en austeridad y batallas, no lo mandaron a clases de etiqueta, esta muy a "lo que quiero lo tomo" y ahí es donde entra en conflicto con kag que no soporta a los machos alfas.
•todavia falta el enfrentamiento con el feo que quiere neutralizar a sessho
Gracias por los rw positivos! Pues esto como dije es una muy retorcida adaptacion por eso el formato de narracion es bien raro porque describe mucho y tiene poco dialogo. Lamentablemente sigo enferma "gripe malvada" y por si fuera poco el lunes empiezo doble turno en el trabajo. Si puedo adelantare capis en el transcurso de la tarde. Sepan disculpar! Besos
