Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.

Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.

Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.

Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.

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Silent Scream.

Capítulo veintisiete: Pasado y presente.

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– ¿Quién es ese?. –Imayoshi suelta la pelota, agarra a su hermano por el brazo y le lleva hasta la valla que separa el patio del instituto del parque contiguo.

– ¿De quien hablas?. – Makoto no entiende, hay como veinte personas en la dirección que él señala, y por mucha atención que ponga, no está muy seguro de conocerlas a todas.

– El del árbol. – señala con el dedo de punta. – ¿Le conoces?.

– Si te refieres al rubio creo que ..mmm Kise nosequé... es de primero... – Sacude la mano en el aire, quitándole importancia. – Las chicas le persiguen como a un perrito...

– Ese no, el que está a su lado. – Imayoshi insiste marcando la dirección.

Makoto frunce el ceño, mete los dedos en los agujeros de los alambres de la valla y acerca la cara todo lo que puede, como si de ese modo pudiera ver mucho mejor.

Es justo ahí cuando se fija de verdad.

Encogido a su lado, es casi invisible. El gorrito de lana le tapa la cabeza, aunque deja escapar unos mechones celestes por su sien y la nuca. Y esos ojos azules son como dos faros, imposibles de ignorar.

Tiene la cara metida en una tupida bufanda negra, y su cuerpo parece una perfecta pelota con cara.

Ladea la cabeza, escuchando atentamente como el chico rubio bromea con unas chicas. En un momento sale de la bufanda, y ríe.

Es una sonrisa tímida, casi inexistente, pero está ahí; y a Makoto le parece preciosa.

– Que guapo. –Mira a su hermano, divertido.

– Ni se te ocurra. – Le golpea en el hombro con el puño cerrado. – Papá te matará si se entera de que te gusta un chico... y no quiero ni pensar en lo que le hará a él.

– ¿Qué dices?. – Le saca la lengua, mirando la valla por todas partes, buscando un lugar por el que escalarla. – Papá ya te tiene a ti como heredero lacayo. Seguro que se mosqueará, pero no creo que se vuelva loco. ¡Ah, por aquí!.

Imayoshi le observa subir con problemas, y bajar por el otro lado de un salto. Sus compañeros siguen jugando, ajenos a ellos y a su escapada, por lo que puede estar mas tiempo mirándole sin que le regañen.

Makoto se acerca a él, le grita, le señala con el dedo, enfadado. Desde donde está no puede escucharle, aunque si ve la reacción del chico.

Se pone de pie, agita las manos por delante, disculpándose.

Imayoshi sonríe, al ver a su hermano haciendo el tonto. Y el chico rubio, riendo ruidosamente, mientras el del gorro le golpea en broma, quejándose de que se burlen de él.

El profesor le descubre, pero no se chiva de su hermano, prófugo de clase.

Se limita a seguirle dentro, mirando al suelo, con una sonrisita pequeña. Si Makoto hace bien su parte, no tardará mucho en conocer a ese chico, y sus preciosos ojos.

Solo tiene que esperar.

…..

Su plan era bueno, muy bueno, pero no contaba con que su hermano se enamorara de él. Cuando dijo que le gustaba, pensó que solo era una estúpida fase adolescente, y que se le pasaría en un par de citas o algo por el estilo.

Su padre se enteró, por supuesto. Makoto no lo ocultaba, ni le importa. En unos meses, no tenía reparo alguno en pasear con él de la mano delante de quien quisiera mirarlos. Las discusiones, amenazas y represalias por parte del cabeza de familia no se hicieron esperar. Fueron subiendo en frecuencia e intensidad con el tiempo, pero eso solo sirvió para que su hermano se enamorase mas profundamente de él.

Apenas si había cumplido la mayoría de edad y ya estaba en la calle, con las escasas pertenencias que su padre le había dejado arañar en mitad del griterío. Anuló sus tarjetas, sus contactos, todo.

Para su padre Makoto estaba mas que desheredado. Si quería volver, solo tenía que renunciar a Tetsu, y todo volvería a ser como antes.

No lo hizo.

Cada ataque le hacía mas fuerte, mas seguro, mas adulto.

El siguiente paso, vivir juntos, casarse, trabajar... no en ese orden, pero lo cumplieron, uno a uno.

Imayoshi siempre testigo privilegiado de esa vida juntos. Siempre ahí, mirando, viéndoles crecer, amarse...

Y ocurrió.

Sin que nadie lo esperase, se obró el milagro.

El abuelo empezó a ayudarles. Aunque de un modo indirecto, fue dándoles trabajos, invirtiendo su dinero sabiamente... a la vuelta de unos meses, ya tenían como para una casa, y poco después, la boda.

El padre, incapaz de hacer nada contra ellos, se limitó a ignorarlos, y ya está.

O eso creía él... para cuando ya estaba claro para el servicio que Makoto y su pareja eran apestados en la casa familiar, llegó un nuevo golpe al seno de la familia.

Kuroko estaba embarazado.

Nadie cuestionó que, por supuesto, fuera de Makoto, pero para el líder familiar era un desagravio...

Aunque el abuelo pensó lo contrario. Y fue ahí, durante una comida familiar donde se desató el infierno. Cuando el anciano comunicó que legaba toda su fortuna, al completo, al bebé que Tetsuya aún gestaba en su vientre.

…...

Algunas personas tienen una mente privilegiada.

Recordaban su primer beso, como algo maravilloso y novedoso.

O esa primera vez, tan romántica, adorable...

El recuerdo de Momoi, el mas vivido para ella distaba mucho de eso.

Recordaba con plena nitidez la primera vez que se acostó con alguien por dinero.

No solo el día, la hora, la duración... recordaba el aroma del sitio, un hotel de lujo en el centro, la mirada del recepcionista, el ruido de sus tacones en la mullida alfombra de los pasillos.

Recordaba el sonido del ascensor, subiendo. La leve campanita sonando en el piso adecuado.

El perfume que usó, el número de su barra de labios, el after shave que usó el cliente tras afeitarse...

Recordaba todo eso, al milímetro.

Pero no por que fuera digno de recordar, si no por que fue el inicio. Ella no veía sexo por dinero.

Momoi veía comida para su hijo, facturas pagadas, ropa y libros, un día en el parque con un par de monedas en el bolsillo con el que comprarle unas palomitas a su pequeño.

Veía zapatos para su uniforme de la guardería, una gorra para que en al excursión con sus compañeros no se quemara su carita con el sol.

Y no fue precisamente fácil.

No todos sus clientes eran amables con ella, ni siquiera agradables, pero todo por su hijo.

Soportar lo insoportable, sonreír cuando lo que quieres es llorar hasta quedar seca de lágrimas; levantarte cada mañana por él, acostarte cada noche por él. Vivir, respirar, sentir por él, única y exclusivamente por él.

Después de un tiempo se hizo de piedra. Ocurre, una mañana simplemente deja de importar. Cuando tus clientes son agradables, son personas mínimamente humanas, cuando eres consciente de tus encantos, de como explotarlos, de como disfrutar de un modo sano de ello... es sencillo, incluso llega a ser divertido.

Siempre que la meta sea clara, no hay problema.

Le ofrecieron unas cuantas veces trabajar en locales, exponerse como mercancía ante pervertidos de la peor calaña. Algunos de esos lugares eran aterradores, pero Momoi encontró su modo de hacer las cosas mas placentera y segura. Aunque en aquella época conoció gente muy interesante, y un lugar bueno, solo uno, donde las chicas de su profesión podían acudir si estaban en problemas.

Alex la ayudó, una vez. La rubia estaba en una situación similar a ella. Abandonada por un marido egoísta y con un niño pequeño, sin dinero ni estudios de los que presumir, hacer la calle se elevó como una idea de lo mas brillante.

Alex lo pasó mal, y juró que ayudaría a cualquiera que estuviera en su situación con problemas; no para siempre, pero si durante unas semanas o meses, lo que fuera preciso para levantar cabeza.

Momoi conoció ahí a Kuroko. Nunca supo de donde había salido, ni que hacía ahí, solo que el chico apareció en un callejón, sucio, hambriento, y con una bata de hospital. Incluso aún tenía puesta la vía en una de sus manos.

Alex cuidó de él, anónimamente. Ella y todas las chicas que pasaban por el sitio. La rubia tenía unas normas muy sencillas, nada de clientes mientras vivían bajo su techo, y tuna vez fuera, todas ellas eran desconocidas. Sencillo de cumplir.

Kuroko era el primer hombre al que Alex admitía bajo su techo, y aunque tardó en hablar con ella, no tuvo corazón para dejarle en la calle después de saber su historia.

Momoi acudió, un par de veces mas, solo para verle. Fué ella quien recomendó a Kuroko para la guardería, y quien buscó un apartamento que pudiera alquilar. Alex organizó una especie de rifa con el que reunir dinero para el primer mes de alquiler...y las chicas acabaron ayudando en la recaudación mucho mas que felices.

Un mes después, Kuroko devolvía el dinero prestado, alegando que con su sueldo tenía mas que suficiente, y Alex haría un mejor uso de los fondos para su causa.

Fue durante los primeros días de Kuroko con la rubia que conoció a Kagami.

El bombero apareció en su vida por causalidad. Escandaloso, despreocupado y libertino, le resultó de lo mas opuesto a lo que estaba acostumbrada.

Su doble vida, de clientes adinerados y estirados, siempre siendo correcta tanto en público como en privado, y su parte maternal, cada instante al cuidado de su pequeño, pasando por una madre cotidiana, sin adornos excesivos ni nada que llamara la atención.

Los viernes, siempre el mismo día, a las nueve, siempre a la misma hora, podía ser una auténtica gamberra en brazos del pelirrojo.

Reír hasta el delirio, decir tonterías, comportarse como una mujer, guapa, y con ganas de sonreír... Sin pretenderlo Kagami había sido mucho mas que un cliente, se había convertido en su punto de realidad, ese pequeño estadio en el que unir las piezas de su existencia y darles un buen sentido.

Y se alegraba de que Kuroko y él se hubieran encontrado. No sabía quien de los dos salía ganando, pero era una unión perfecta.

Y también gracias a él, había sacado el valor para lo que estaba a punto de hacer.

Se recolocó el escote en el vestíbulo del adinerado edificio de oficinas en el que trabajaba su exmarido.

Deslizó el bolso de mano bajo la axila, y las gafas de sol por el puente de la nariz en un gesto femenino y elegante.

– Vengo a ver al señor Katsunori, por favor. – La mujer desvía la mirada, pero Momoi no se mueve del sitio.

– Está reunido. – Miente, de un modo descarado. Saca un bloque de notas y un bolígafro. – Si me anota su mensaje se lo haré llegar.

– Vaya, que pena. – Su voz suena dulce, y conformista. Escribe algo que le tiende a la chica, sonriendo. – No tardaré mucho. ¿Al final del pasillo?.

– Ya le he dicho que no puede... – Lee la nota, arruga la nariz. – Llamaré a seguridad.

– Por favor, hazlo. – Extiende la mano. Se da la vuelta, y camina, segura hasta el despacho.

Abre despacio. Todos los presentes la miran, curiosos.

Una docena de hombres de negocios, algunos de ellos se le hacen conocidos, y al pie de la mesa su ex marido. Moreno, alto, hermoso, sexy, un auténtico cabrón con pintas. De esos que se creen que el dinero te da la razón en todo, y que no tiene inconveniente alguno en sacar de su vida de una patada a cualquiera que no comulgue con sus ideas.

– Perdón caballeros. – Momoi avanza junto a la mesa, pasos seguros, sus tacones resuenan con ella. Las sillas se van girando a su paso, atentos a la hermosa mujer que acaba de entrar. Cuando llega junto al hombre con el que se casó, se sienta en la mesa, cruza las piernas de un modo delicado y mira tras ellas. – Lamento mucho interrumpir su importante reunión, pero mi exmarido parece preferir su compañía a la de su hijo. – Le mira, hace un puchero fingido. – El niño es listo, entiende que su papá es alguien ocupado, pero … ya saben, necesita algo mas que la presencia paterna para vivir. – Saluda a uno de los hombres de la mesa, agitando los deditos divertida. –

– ¿Qué quieres Satsuki?. – Vos rasposa, acusadora.

– Lo que es justo, querido. – Ahora si, le mira directamente. Ni un atisbo de miedo en sus ojos, nada de la Satsuki que le suplicaba que no la dejase en la calle con un bebé. – Verán caballeros, mi ex marido es un hombre muy inteligente, pero tiene tantas cosas en la cabeza que olvida enviar el cheque mensual a su hijo. – Los presentes le miraban con cierto recelo. – De hecho lo ha olvidado los últimos dos años... La cuestión es que, bueno, los niños, ya saben, tienen esa fea costumbre de crecer constantemente, lo que hace que su ropa, no sirva de mucho... y ¿Que me dicen de la manía de comer todos los días?. – Les miró negando a todos ellos.

– Haré que te llegue el dinero. – Dispuesto a librarse de ella, o mas bien de que airease sus trapos sucios, la toma del brazo.

Momoi se limita a cambiar sus piernas cruzadas y tomar su corbata con la punta de dos dedos.

– Siento parecer grosera querido, pero no voy a moverme de aquí sin ese dinero. – Sacudió la mano con la que tocaba su corbata. – Y si vas a amenazarme con seguridad, la agradable señorita de recepción ya los ha llamado.

– ¿Puedes esperar que acabemos?... – Se sienta de nuevo en su sitio, coloca la documentación.

– Me encantaría, de verdad. Pero tu hijo, ¿Te acuerdas de él?. Tiene una obra de teatro con sus compañeros de clase, es una flor... y cosas de niños, pero quiere que su madre esté presente...– Abre el bolsito y saca una foto en la que el niño sale sonriendo. – Miren caballeros, mi orgullo mas grande.

– Está bien Satsuki, deja de avergonzarte y espera en mi despacho. – Ordena mas que pide.

– Lamento que tu oído no funcione, querido. La edad no perdona a nadie, pero no voy a ir a ningún sitio. Si me lo permites, seré yo quien te espere a ti. Y si no recuerdo mal, en tu despacho tienes una bonita caja fuerte, ve.

Sus dientes apretados tensan la mandíbula hasta el límite mientras sale de la sala de reuniones y acude a su despacho.

Con el sobre en la mano, se lo tiende, de un golpe seco, casi molesto.

– No eres mas que una puta, sal de mi despacho y no se te ocurra volver. – Se inclina, susurra contra su pelo sin ser oído por el resto.

– Y todo gracias a ti. – Le besa, pillándole desprevenido, delante de sus espectadores involuntarios. – No hay un solo día que no agradezca lo que soy. Y estoy orgullosa... no creo que con tu decente trabajo puedas decir lo mismo. Eres una persona lamentable y me das mucha pena.

Momoi deja la foto en la mesa, y la desliza hasta que su exmarido la coge.

– Mira lo que te estás perdiendo.. ¿No crees que es muy triste?. – Besa su mejilla, niega, y retoma su camino a la salida, despidiéndose de sus clientes con una discreta reverencia y dispuesta a ir a casa a cambiarse de ropa.

La Satsuki leona defensora de su cachorro, por la Momoi super mamá, dispuesta a grabar a su hermosa flor con el móvil...

Y no se arrepentía de nada, eso jamás.

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Los últimos tres días han sido un verdadero infierno.

Kagami no se había movido de su lado en la cama del hospital. Solo a su alrededor los sonidos de la vida artificial. El respirador con su silbido constante, y el pulso de Kuroko, sonando sin detenerse como un indicador involuntario de que sigue ahí, sigue viviendo.

Duerme a su lado, en la silla, con la frente apenas apoyada en el antebrazo del profesor. La incipiente barba ha crecido como para no pinchar, pero no le importa. Su aspecto nunca ha sido una de sus mas importantes prioridades.

Las enfermeras entran, cambian bolsas de suero, de desechos, pinchan la medicación, le llevan comida al pelirrojo, comida que apenas toca.

Permanece en estado inconsciente desde que le encontró, vivo, pero dormido.

Su estado es reservado, grave pero fuera de peligro. Pero eso no es suficiente como para que salga de ahí.

Midorima acude, abre la puerta con un cuidado extremo, y anota sin despertarle todos los datos de las máquinas.

Durante unos pocos segundos les observa, juntos. Las ojeras, el cansancio extremo en su semblante le hace ser consciente del agotamiento que estar ahí le produce. Parece haber envejecido por lo menos diez años.

Repasa sus notas antes de despertarle.

Teppei está en el pasillo, Hyuga también. Traen ropa, buenos deseos de sus compañeros y amigos.

– Kagami. – Le zarandea con cuidado del hombro. – Despierta, tengo que hablar contigo.

– ¿Qué pasa?. –de un salto se pone en pie, alerta. – ¿Tetsu está bien, no?. – Inclinado hacia delante le examina, manos nerviosas, ojos que miran todo al mismo tiempo y nada en especial.

– Sí, él está perfectamente dentro de la gravedad. El que me preocupa eres tu. Ya llevas tres días así. – Midorima le toma el pulso, mira sus ojos, incluso acaba metiéndole un palo en la boca, negando. – Vas a ducharte, y a afeitarte. Ahora. Tu jefe está fuera, con ropa y cosas para ti.

– Estoy bien. – Vuelve a la silla, toma su mano con cuidado de la vía, despacio.

– El médico de los dos soy yo, y digo que no estás bien. – Le mantiene la mirada, decidiendo si decírselo o no. – Akashi está en la habitación de Takao. – Kagami le enfoca, ahora si, interesado en el médico. – Aomine ha desaparecido. ¿Sabes algo?.

Kagami parece confuso, perdido. Busca su móvil en los bolsillos del pantalón. Revisa sus mensajes, los mails, nada.

– No, nada. – Revisa de nuevo. – Lo siento... Ah, tu hija es verdad... perdona... voy a verla en cuanto …

– Tranquilo... – Camina hasta el baño y señala tras abrir la puerta. – Ducha, afeitado, y ahora pido que traigan comida. – Abre la puerta de fuera, pide al matrimonio que entre con un gesto.

Teppei le guía dentro del baño, ignorando sus protestas balbuceadas sin sentido alguno. Junpei ocupa su sitio en la silla, espera que los dos se encierren en el baño, y un par de minutos mas, hasta que finalmente dejan de discutir y puede escuchar el agua caer y a su esposo salir para darle intimidad, antes de hacer la pregunta.

– ¿Cómo está?. – Le mira, incluso acaricia su cabeza y cuello con cariño.

– El instinto de supervivencia es maravilloso... – Sonríe un poquito. – Kuroko podría tener todos los huesos rotos, y aún así el bebé estaría a salvo. – Hyuuga suspira, dejando salir el aire de golpe. – No es el caso, apenas son unas costillas astilladas y unas contusiones, pero el bebé está perfecto.

– ¿Se lo has dicho?. – Teppei señala al baño. – ¿Lo sabe?.

– Le prometí a Kuroko que guardaría el secreto. Quiere decírselo él. – Midorima revisa por enésima vez los informes y pruebas médicos. – Me sorprende que aún no se haya dado cuenta, ya que mi clínica es solo para mamás... pero lo entiendo... ¿Sabéis algo de Aomine?

– La verdad, no. – Hyuuga se ajusta las gafas. – Su compañero no sabe nada, salvo que recibieron un aviso y que él se quedó en el coche mientras Aomine iba por la puerta trasera. Es una zona abandonada, y esas casas no están habitadas... Fuimos y pusimos el lugar patas arriba pero no encontramos nada, ni la policía tampoco.

– Seguro que está bien. – Kagami, ya vestido y aseado le pedía a Jun que le cediera el sitio. – Daiki es un cabrón con suerte.

La habitación se queda en silencio, todos los ojos puestos en él.

Un gesto, solo uno, quizá sin importancia, pero al mismo tiempo de una importancia extrema.

Kagami se sienta, despacio, toma su mano entre las dos suyas, la eleva lentamente, y posa sus labios en la palma.

– Es raro verte enamorado, para variar. – Teppei rompe el silencio. – Tómate el tiempo que necesites, y llámame si hay algún cambio. – Le tiende la mano a Midorima. – Doctor... gracias por todo. Tengo trabajo, volveré mañana.

– El raro eres tu, estás recién casado y el jefe parece enfadado con el mundo. – Junpei le regaña con la mirada. – Seguro que estás haciendo algo mal... En fin, gracias por venir, y por la ropa.

Solo cuando los dos bomberos salen, el médico le hace una última pregunta.

– ¿Mi grupo sanguíneo?. – Kagami le mira, divertido. – "A".

– Gracias. – Anota el dato. – Sigo con la ronda. No le quites la vista de encima, y ahora te pido algo de comer.

Sale sin esperar nada, dejándoles a solas.

Kagami se inclina de nuevo en la postura anterior, cierra los ojos, y se queda así.

Pone atención al pitido del pulso, un bip y otro mas. Sigue ahí, vivo, con él...

Gracias a Nigou... Le comprará un chuletón de dos kilos en cuanto regresen a casa, ese perro lo merece.

Justo ahí se da cuenta de que no ha llamado a nadie, sobre todo a Kise. Sabiendo que Akashi está en la habitación de Takao, supone que el abogado pasará en algún momento a verle, de hecho le extraña que no haya estado primero ahí antes de ir a ver a la bebé... sus razones debe tener, por supuesto.

Por un momento piensa en mandarle un mensaje al piloto, pero inmediatamente se le hace de lo mas frío. Le llama, aunque decide salir a la terraza de un lateral de la habitación, desde donde puede ver a Kuroko.

– Buenos días por la mañana, Kagami. – Su voz, siempre risueña le dibuja una sonrisa. – Sea lo que sea, dilo rápido, estoy a punto de subir a un avión y quedarme ahí las próximas quince horas.

– Hola Kise, buenos días. – Hace una pausa, pensando si decírselo o no. No es buena idea meterle una preocupación así, teniendo en cuenta su trabajo. – Solo quería disculparme por la pelea del otro día. – Improvisó deprisa.

– No pasa nada, te entiendo. Pásame a Kuroko, quiero que me mande un beso de buena suerte.

– Lo siento, pero no puede ponerse... si quieres uno mío. – Risas por parte del rubio.

– Estoy encantado con la idea de que me hagáis tío, pero no hace falta que te emplees tanto como para dejarlo tan mal que no puede ni hablar... – Escucha las voces del personal alejadas. – Tengo que dejarte, dale un beso de mi parte, con lengua si puede ser... ya me lo devolverás cuando vuelva.

La sonrisa se mantiene en su cara incluso después de colgar.

Mira la ciudad delante de él, disfruta del frescor solo un instante. Desde ahí puede ver a Kuroko en la cama, el respirador ocupando su boca y nariz, los tubos en su mano... la venda en sus costillas se nota bajo la prenda hospitalaria.

Lleva así tres días, no ha despertado... o al menos que él sepa.

Midorima no le da importancia, dice que el cuerpo desconecta no lo que no es necesario para la supervivencia mientras se recupera, y por eso Kuroko duerme.

Desea que Kuroko se recupere, eso por supuesto, pero eso no quita con que se muera de ganas por ver sus ojos de nuevo, que le hable, le grite, lo que sea, pero por favor, que despierte de una vez.

Regresa a su lado, quizá el único lugar del mundo en el que desea estar.

– De parte de Kise. – Besa su frente y sonríe. – Es con lengua pero no creo que quitarte esta cosa sea buena idea. – Roza la mascarilla del respirador. – Cuando puedas respirar por ti mismo, te lo daré... aunque no pienso compartirlo con tu amigo.

Eso es algo que está mas que claro.

…...

Un crujido.

Un zumbido llenando sus oídos, su cabeza.

El sabor metálico, acerado en sus labios.

Aomine sacude la cabeza levemente, solo para notar el dolor mucho mas punzante que al principio.

Está esposado a una especie de cañería y el sitio, una estancia cochambrosa y medio derruida se le hace desconocida.

Necesita despejarse, calmarse.

Mira alrededor, nada le parece familiar.

Examina los daños, tiene varios moratones, seguramente un par de dedos rotos, y las costillas... la nariz … Nota sonido acuoso y sensación tirante en uno de los oídos.

No está confuso, ni desorientado.

Respira profundamente, llena los pulmones y si, tiene las costillas rotas, al menos dos...

Por supuesto, las esposas son las suyas, y ni su radio ni su arma están en el cinto. Habría sido demasiado fácil que eso fuera así.

Quien haya sido tampoco es muy listo, ya que le ha esposado solo una mano. Se quita el cinturón y usa la hebilla para abrir las esposas.

Necestia un par de segundos antes de mantenerse de pie sin que el cuarto gire a su alrededor. Le han drogado, simplemente genial.

Pasa los siguientes minutos husmeando el sitio. Por un pequeño agujero mira fuera, una extensión indefinida de desierto ante él, al menos por ese lado. Espera que por el otro haya algo mas que arena, o estará perdido del todo.

Un coche, el sonido de una puerta cerrándose y de otra abriéndose.

Cadenas en el suelo, un chirrido.

Aomine contiene el aliento pegado a la pared, cerca de lo que cree es la entrada.

Espera que acceda dentro, un paso mas y …

Le sacude, con ganas. No quiere dejarle inconsciente, necesita respuestas, aunque no tiene mas opción que dejarle k.o. si quiere salir de allí.

Rebusca en sus bolsillos, toma las llaves del coche y le arrastra hasta meterle en el maletero.

Encuentra su propia arma en la guantera, su radio... que no funciona, su móvil sin batería.

Mira alrededor de pie junto al coche. Tal y como pensaba están en mitad de la nada, y la pala en la parte trasera del coche le dice, que el simpático aldeano venía a rematar el trabajo. Husmea un poco en los papeles que encuentra en la guantera, pero está un poco mareado aún y no puede concentrarse.

Akashi.

Necesita volver a él, ya.

Sentado en el asiento del conductor, apoya la frente en el volante. Mira su reflejo en el retrovisor, suspira.

Arranca a la primera y decide ir en la dirección contraria que marcan los surcos que han hecho las ruedas en la arena. Necesita un teléfono, y atención médica... aunque sería un detalle que el coche tuviera gasolina como para llevarle hasta casa.

No tiene de eso, pero si gps. Lo enciende y tarda unos segundos en cargar. Pulsa la tecla de volver al inicio y la dirección que aparece le deja frío. Tal y como pensaba, Imayoshi había movido ficha.

Estaba cabreado, dolorido, hambriento y con un matón en el maletero.

Las condiciones idóneas para una visita de cortesía al hotel de lujo en el que se hospedaba ese pedante estirado.

En la primera ciudad que le marcó el gps buscó un teléfono. Un par de monedas en el porta bebidas del coche hicieron el resto.

– Soy yo. – Akashi tuvo que sentarse al escucharle.

– ¿Estás bien?, ¿Dónde estás?. – Angustiado, y aliviado al mismo tiempo... una sensación nueva para él.

– Estoy vivo... y no tengo ni la mas remota idea. – Miró alrededor, buscando referencias. – Veo una gasolinera y un par de comercios desde aquí... – Aunque le explicó, Akashi no supo decirle donde estaba. – llamaré al capitán, quizá puedan encontrar el coche. Voy para casa, espérame allí, te quiero.

– No te muevas. – Escuchó el sonido de un arma al ser cargada puesta directamente en su nuca. – Me facilita el trabajo que te hayas despedido de tu putita.

– Y a mi que te hayas despertado y sepas abrir un maletero desde dentro. – Le miró de reojo, recibiendo un nuevo golpe de aviso con el cañón en la nuca. – Así cuando diga que fue en defensa propia, la científica me dará la razón.

Un giro, calculado, las dos manos en el arma, un tirón con el cuerpo entero y el asaltante estaba boca abajo contra el suelo y el arma en las manos del agente.

– ¿Donde estamos?. – Puso el seguro al arma y la guardó en el cinto. – Y quiero la verdad.

– Lo bastante lejos como para que el jefe cumpla su plan sin molestias. – Por lo visto la lealtad ya no era lo que premiaba entre los delincuentes si soltaban la lengua tan deprisa.

– ¿Qué plan?. – Le ayudó a ponerse en pie, y aunque estaba mareado, supo disimular muy bien. – ¿Tiene que ver con Tetsuya?...

– No me suena... el jefe no es muy hablador. – Se colocó la ropa. Parecía un tipo normal, vulgar. – Mi trabajo era llevarte lo mas lejos posible y matarte, antes de mañana.

– ¿Por qué sigo vivo?, ¿No te han pagado?. – No entendía nada.

– Iba a matarte, pero te has soltado. – Chasquea la lengua, molesto.

– ¿Y por qué no lo has hecho mientras estaba inconsciente?. – Señaló lo obvio.

– Eso le quita emoción a la caza, ¿No cree, señor agente?. – Un brillito sádico en su mirada le enseña que está mas que orgulloso con su buen hacer

– Tu conduces. – Le tira las llaves, y señala el coche. – Estoy tan pedo que no creo poder conducir hasta casa sin tener un accidente.

– ¿No vas a detenerme o algo así?... – Sentado frente al volante, simplemente le mira al tiempo que arranca.

– No eres tu quien me interesa. – Señala al frente y luego su arma en el cinto. – Llévame de vuelta, en el primer sitio conocido puedes dejarme y largarte. Si me juras que no volveré a verte no te pegaré un tiro. ¿Hay trato?.

– De acuerdo. – Extendió la mano y esperó que la tomara. – Solo espero llegar a tiempo para hacer realidad tu plan.

– Y yo, no te creas...

Frente a ellos un par de horas de carreteras secundarias, la radio con éxitos del pasado, y una sola cosa en mente.

Detener a Imayoshi y tirar la llave lo mas lejos posible.

Pero antes necesitaba pruebas, pruebas que presentarle a un fiscal, y ahora mismo, él contaba con la ventaja de la sorpresa.

Técnicamente debería estar muerto...¿No?.

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Yeihhhh que voy... que mega largos se me hacen jejeje

Gracias por leer, os adoro.

Mi reto, llegar a los 400 revis... me haría ilusión, de verdad.

Como sea, gracias por pasaros y comentar y espero que disfrutéis del cap.

Besitos y mordiskitos

Shiga san