«Cuando salgamos de ésta le daré una tunda en el trasero.»

¿Cómo diablos había conseguido atravesar el bosque? Sesshomaru estaba convencido de que había conseguido mantener a Kagome alejada de sus enemigos.

Estaba convencido de que jamás volvería a verla, se había incluso resignado. Daba por hecho que ella regresaría a su hogar.

Y de repente volvió a olerla...

¡Miko idiota! Se mordió la lengua para no ceder a la tentación de gritarle que se fuera de allí corriendo; tenía que actuar como si ella no significara nada para él. No podía darle a Hoshi esa ventaja.

De lo contrario, el Taiyoukai le haría daño a Kagome para castigarlo a él, y Sesshomaru no podía imaginar una tortura más efectiva.

En el mejor de los casos, la convertirían en una esclava. Cualquiera pagaría una fortuna para poseerla.

«Maldita sea. ¿Por qué ha venido?» Sesshomaru movió la cabeza para verla mejor. El grillete le segó el cuello, pero no le importó.

Llevaba una capa que le ocultaba el cuerpo y el pelo, y parecía flotar por encima de la multitud, que se abría para dejarle paso.

Se movía de un modo muy raro, elegante y agresivo al mismo tiempo. Sesshomaru tragó saliva al ver que se acercaba. Sus botas brillantes... Parecía que no tocaban el suelo.

En cuanto flotó por encima de los escalones para dirigirse a él, Sesshomaru le dijo:

—Kagome, vete de aquí. —Tenía la boca tan seca que le costaba hablar.

Ella no le hizo caso y se colocó a su lado. Cuando se quitó la capa, la multitud se quedó en silencio. Él se quedó mudo.

Llevaba un vestido digno de una emperatriz, corona incluida. A pesar de que estaba cegado por el sol, no podía apartar la vista. La luz se reflejaba en su pelo negro. Su piel resplandecía en medio de la suciedad de aquel lugar.

Sus ojos marrones brillaban amenazantes. Estaba preciosa, pero al mismo tiempo se la veía letal.

Sesshomaru estaba atemorizado.

—¿Qué te da derecho a hacer esto? —la oyó preguntarle a Hoshi en demoníaco.

¿Ahora hablaba su idioma? ¿O era otro hechizo? La voz de Kagome sonaba algo alterada, las palabras le salían muy despacio, como si llevara un filtro en la boca.

Y Taiyoukai cerró la boca que se le había quedado abierta, y luego respondió:

—¿Y a ti qué te importa, extranjera? Así es como castigamos a los criminales en la Ciudad de las Cenizas. En especial a uno como él.

—¿Uno como él, Hoshi?

Al Taiyoukai le sorprendió que utilizara su nombre de pila, y Sesshomaru empezó a preguntarse si Kagome conocería de antes al demonio.

Hoshi se recuperó al instante y dijo:

—Su muerte nos compensará por el crimen que ha cometido.

La vergüenza quemó a Sesshomaru por dentro con una intensidad que nunca se habría imaginado. Kagome lo odiaría—. Y entonces todo habrá terminado. Y yo me resignaré.»

—Tiene que responder por un asesinato

—¿Un asesinato? —preguntó ella, interrumpiéndole.

Hoshi estuvo encantado de contestar.

— Mató a su propia madre.

Kagome levantó las cejas y miró a Sesshomaru, pero él no podía negar aquella afirmacion.Tiempo atrás al asumir el trono del oeste había ido a buscar a Irasue. Quería verla y enseñarle en qué se había convertido. «Quería que se arrepintiera de haberme abandonado.» En vez de eso, ella trató de envenenarlo.

¿Cómo reaccionaría Kagome?

koishi —susurró él.

Kagome ladeó la cabeza como si estuviera tratando de tomar una decisión sobre él.

—Y se le acusa de más crímenes —prosiguió Hoshi. «Su mayor crimen era amenazar las ambiciones del propio Hoshi»

Justo cuando el Taiyoukai respiró hondo para empezar a recitar la lista, Kagome levantó la vista. «¿Había tomado una decisión?» Miró a Hoshi de arriba abajo.

—Me estás haciendo perder el tiempo. Suéltalo ahora mismo.

—¿Que lo suelte? —El Taiyoukai pensó que era un chiste—. ¿Por qué no me dices tu nombre, o acaso quieres ir a hacerle compañía?

—Soy Kagome Taisho, de las Mikos ancestrales herederas de Midoriko —La multitud se agitó al ver que había una Miko presente—. Y quiero que liberéis a Sesshomaru Taisho de inmediato. Si de verdad mató a esa mujer, seguro que tenía un buen motivo para hacerlo.

Ahora le tocó el turno a Sesshomaru de quedarse boquiabierto. Kagome tenía sus pequeños hombros echados hacia atrás y lo estaba defendiendo. Estaba dando la cara por él. Sesshomaru nunca había tenido a nadie de su parte, nunca lo había defendido nadie.

—Quitadle las cadenas. Ahora mismo —ordenó con voz autoritaria. Mientras Hoshi trataba de calmar a la multitud, ella se dio media vuelta y buscó la mirada de Sesshomaru, para a continuación guiñarle un ojo.

Él se sorprendió tanto que sacudió las cadenas. Aunque su cuerpo era un mapa de heridas, empezó a tirar de los grilletes. Ahora que ella estaba a su lado...

«Esto no acaba aquí. No acabará hasta que nosotros lo digamos.»

—¿Y qué relación tienes con él? —quiso saber Hoshi.

—Me pertenece.

«¿Soy suyo?» ¡Lo había dicho delante de todo el mundo! La multitud empezó a cuchichear. Estaban sorprendidos de que hubiera dicho en público que se pertenecían. «Están tan sorprendidos como yo.» Si Sesshomaru conseguía decir lo mismo respecto a ella delante de toda aquella gente...

Luchó con las cadenas y éstas empezaron a aflojarse.

Hoshi lo miró.

—Siento tu esencia emanar de ella. —Y acto seguido se dirigió a Kagome—. ¿Así que tú eres la puta que fue marcada como su hembra y te crees con derecho sobre su vida?

Las manos de ella empezaron a brillar y su expresión se volvió letal. Y con una voz fría como el hielo, le dijo:

—¿Y tú eres el cerdo que pretendía ponerle fin? —Un rayo blanco salió disparado de su mano en dirección al cuello de Hoshi.

Acertó y el cuerpo del demonio cayó sobre la multitud.

En cuanto se dio cuenta de que Hoshi jamás lo soltaría, y de que ella y Sesshomaru no podrían irse de allí como si nada, la diplomacia de Kagome se fue por el desagüe.

Y disparó a matar.

De todos modos, se les estaba acabando el tiempo. Por culpa de sus heridas, Sesshomaru se iba debilitando por momentos, y no paraba de sangrar.

La muchedumbre empezó a subir al patíbulo; pedían a gritos la cabeza de ella, y que prendieran fuego a Sesshomaru para iniciar el sacrificio.

Con una sola mano, Kagome echó hacia atrás a los demonios, y con la otra empezó a anular el refuerzo mágico de las cadenas que retenían a Sesshomaru.

—Suéltame —le dijo él entre dientes.

—Lo estoy intentando. —«Sin mirar.»

—Yo te protegeré.

—Estoy un poquito ocupada, amor —dijo ella mientras trataba de mantener a raya a una multitud de demonios con sed de sangre y aflojar unos nudos místicos al mismo tiempo.

En circunstancias normales, Kagome se habría ido para trazar un plan, pero ni loca iba a dejar a Sesshomaru allí solo sin protección. Aquellos demonios parecían dispuestos a arrancarle la cabeza y las cuatro extremidades.

—¿Qué les has hecho a esta gente?

—No dejar que invadan mis tierras para que ataquen las aldeas —soltó él—. Se están muriendo de hambre por no poder cazar ningen y hanyous en el oeste..

—Oooh..

Mientras terminaba de aflojar las cadenas, se dio cuenta de que ella sola no podía enfrentarse a todos aquellos demonios. Y Sesshomaru tampoco.

Había llegado el momento de asustarlos. Entonces empezó a recitar un hechizo que convertía el día en noche. La luna se vislumbraba roja como la sangre.Se hizo oscuro de repente y todos se quedaron petrificados. Se oyeron gritos entre la muchedumbre.

—¡Soltadle! ¡Vamos a morir todos! ¡Dejad que se vaya!

¡koishi, detrás de ti! —gritó Sesshomaru.

Unos guardias con ojos de locos estaban acercándose por la espalda. Kagome los lanzó al suelo con uno de sus rayos mágicos, les agujereó el pecho uno detrás del otro.

Seguía trabajando en las cadenas.

—Casi lo tengo...

—¡Kagome, a tu izquierda!

Se volvió demasiado tarde. «Me han dado.» Los pulmones se le quedaron sin aire y con el cuerpo golpeó uno de los ídolos de piedra. Incrédula, bajó la vista y vio que tenía una lanza clavada en el costado.

La lanza de Hoshi.

Este habia levitado al entarimado; su armadura todavía humeaba del rayo con que le había atacado. El metal que llevaba alrededor del cuello le había salvado la vida.

—¡Estáis hechos el uno para el otro, perra! Arderéis en el mismo infierno.

La herida le dolía muchísimo. Y a la sorpresa inicial se sumó la rabia.

—¡Eres un hijo de puta!

Sesshomaru se puso como loco y gritó furioso. Tenía los colmillos completamente extendidos, listos para matar. Tiró de las cadenas con todas sus fuerzas y casi las rompió.

—Sesshomaru, estaré bien.

—¡Pues entonces libérame, Kagome! Necesito hacer esto.

Sólo quedaba un candado, el único que mantenía juntas las cadenas.

—Házselo pagar, amor —dijo ella entre dientes al arrancarse la lanza. Y con un movimiento de muñeca eliminó el último candado.

Sesshomaru rompió las cadenas y fue a por Hoshi.

—¡Morirás por haberle hecho daño!

El Taiyoukai rastreó (se desplazó) hacia el otro lado, pero él había anticipado el movimiento, y cuando Hoshi se materializó, Sesshomaru lo atrapó.

Él trató de defenderse, pero incluso herido, Sesshomaru era mucho más rápido. Y estaba furioso. Lo atrapó bajo su cuerpo y le golpeó la cabeza contra el suelo.

—Y por lo que le hiciste a mi hembra vas a sufrir una agonía. ¡Basura como tu no merece vivir después de derramar su sangre!

Aparecieron más guardias dispuestos a salvar a su líder, pero con sus últimas fuerzas, Kagome los mantuvo alejados.

Cuando Hoshi trató de hablar y le susurró algo a Sesshomaru, éste se detuvo. Sin embargo, fuera lo que fuese lo que le había dicho, Sesshomaru gritó:

—¡Jamás! —Y con el puño le atravesó la armadura.

Hoshi gritó de dolor y la sangre salió a borbotones de la herida, igual que una fuente. Sesshomaru retorció el brazo y le arrancó el corazón que todavía latía, enseñándoselo a Hoshi. Luego lo apretó entre sus dedos ante la mirada horrorizada del otro.

A Kagome le temblaron las piernas y se cayó de rodillas al suelo. Ya no le quedaban fuerzas para curarse. Y a pesar de que, como a toda mujer que se preciase, le encantaba presenciar una buena venganza, tenían que darse prisa.

—Sesshomaru, por favor...

Sin dudarlo siquiera, él separó la cabeza de Hoshi del resto del cuerpo y la lanzó sin mirarla a la anonadada multitud. Acto seguido, corrió a buscarla a ella. «Le importo más yo que su trofeo.»

—Kagome, dime qué puedo hacer para ayudarte.

—Me curaré sola, pero se nos está acabando el tiempo. —Estaba perdiendo sangre, y empezaba a marearse y a tener frío. Sólo tenían unas pocas horas. Con todo lo que había sucedido, ¿podría Sesshomaru llevarlos por el bosque?

Debemos irnos.Él asintió y la cogió en brazos.

Pero antes de abandonar aquel lugar, se puso en pie delante de aquellos demonios que seguían alucinados.

—Ella es mi compañera. Mía —dijo con voz sorprendentemente clara y fuerte—. Y así lo declaro delante de todos vosotros.

Se oyeron más gritos de sorpresa.

Exasperada, Kagome le preguntó:

—¿Es completamente necesario que hagas esto ahora? —sonaba débil y cansada.

—Completamente. —La miró—. Esposa.

Ella frunció el cejo. ¿Acababa de llamarla esposa? A pesar de que estaba a punto de desmayarse, tuvo la sensación de que Sesshomaru formaba parte de su futuro. Era algo que iban a compartir.

—Demonio, por... por favor, llévame a casa. —. Él la abrazó contra su pecho, y pegada al cuello de él, ella murmuró—: ¿Puedes llevarnos a casa?

Justo antes de que a Kagome se le cerrasen los párpados, Sesshomaru masculló:

—Ahora mismo puedo hacer cualquier cosa.

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Espero que os quedeis conforme les deje tres capítulos de lo que seria la primer temporada? Me hacen reír muchísimo sus comentarios las adoro chicas. Yo volando de fiebre y tengo que volver al trabajo el lunes!

Que les pareció? Quiero muchos reviews y que me cuenten como vieron el capitulo de hoy!

Les dejo mi face para las que tengan alguna duda jeje Laurita Muñoz Berdn

Hasta pronto