Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.

Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.

Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.

Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.

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Silent Scream.

Capítulo veintinueve: Acunar vida en la casa de la muerte.

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– Desnúdate. – Ryo señala la mesa de autopsias con entusiasmo.

– ¿Vas a hacérmelo ahí?. – Aomine le mira, un paso atrás, hasta toparse con Akashi, que no deja que avance mas.

– Está limpia, todo en mi zona de trabajo es esterilizado de modo meticuloso... y la muerte no es contagiosa. – Casi con un ápice de diversión, del forense tomó un rollo de fino papel que deslizó por toda la superficie de la mesa tal y como haría un médico en su consulta sobre la camilla al entrar un nuevo paciente. – ¿Así mejor?.

– No mucho. – Aprieta la boca. – Ahí es donde destripas gente...

– Eso es muy desconsiderado por tu parte. Mi trabajo es excelente, y por supuesto, no me dedico a esos menesteres. – Palmea sobre la mesa cubierta con el fino papel. – Desnudo, aquí.

– Eso ya lo sé, pero en serio, este sitio me da escalofríos. – Daiki sabe que no podrá huir de ahí hasta que el Doctor muerte tenga una veintena de muestras y fotos de sus lesiones, y de cualquier parte de su anatomía que encuentre digna para un estudio.

Akashi toma asiento en un lado. Agradece que Sakurai le permita quedarse, cuando fácilmente podría echarle, de hecho no tendría que estar ahí. Pero también es sabido que el abogado no se moverá de ahí por nada del mundo.

– ¿Tengo que quitarme todo?. – Las ajadas prendas con las que ha vuelto de su secuestro van cayendo dentro de una gran bolsa que Ryo había preparado de antemano para examinarlas bien.

– Bueno, el concepto de desnudo implica que debes eliminar cualquier obstáculo que impida ver tu piel al completo, a si que, por favor, toda tu ropa a la bolsa y tu aquí. – Volvió a palmear la mesa.

Akashi percibió con una mezcla entre admiración y fascinación siniestra, el modo en que el joven médico había ordenado el instrumental que iba a usar con el policía. Cada cosa, a una distancia y un orden específico.

Los siguientes minutos le fotografió de un modo tan detallado que algunas veces sintió vergüenza y todo.

Cada foto era comentada en voz alta y por escrito, etiquetada y marcada.

Cepilló, pelo y piel por áreas. Usó adhesivos en todas partes, midió cada lesión con la precisión de un cirujano y solo cuando estuvo satisfecho le permitió sentarse en la mesa.

Repasó durante varios minutos todo lo que tenía ante si, comparando sus textos y fotos con la realidad.

Una sonrisa, ojos entornados, y Aomine con el ceño fruncido.

– No te muevas por favor. – un pequeña risita escapó sus labios casi cerrados. – Tienes un cuerpo fascinante.

– Gracias supongo. – Seguía incómodo, mas que nada por el escrutinio tan exhaustivo al que le estaba sometiendo delante de su pareja.

Akashi seguía sus avances con seriedad, preocupación en su semblante. Se podía ver por el modo en el que estaba sentado, mas en el borde de la silla de lo que estaría bien para alguien con su barriga redonda.

– ¿Está bien?. – Murmura en el silencio de la estancia mientras le saca sangre del brazo. – ¿Tiene alguna lesión interna?.

Ryo niega, una sonrisa. Las radiografías no muestran nada, y el examen no revela mas que restos de narcóticos en su organismo y diversos hematomas. Un par de desgarrones en la piel y algún cerco por abrasión, seguro que de algún arrastre mientras estaba inconsciente.

Aparte de eso, y de la falta de nutrientes y líquidos en su organismo por dos días, no ve nada mas digno de mención, aunque encuentra sumamente divertido dejarle un poco mas así en su territorio.

Sakurai acude a su armario en el despacho personal y saca un par de prendas.

– No creo que te queden bien, pero serán mejor que ir desnudo por el mundo.

– Puedo acercarme a casa un momento y traer algo. – Akashi se levanta, dispuesto a salir y cumplir el mandado, pero la carita del forense le hace detenerse en seco. – No seas malo, doctor. Quiero de regreso a mi semental, de una pieza.

Aomine estalla en carcajadas, solo cuando su pelirrojo abandona la sala en busca de su ropa.

Ooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Las flores se amontonan en el salón, docenas de tarjetas con pequeñas cigüeñas, ositos sonrientes y globos con mensajes felices.

El siempre serio hogar del doctor Midorima está lleno de infinidad de pequeños detalles de vida para su hija, que la mujer coloca por todas partes de modo que no molesten.

Mira alrededor, sonríe.

Meses atrás no podía ni soñar con algo así, ya se había resignado de algún modo a ser soltero para siempre, dedicar su vida a la medicina y sus diminutos pacientes.

Desde el sofá puede ver a Takao, recostado en la cómoda mecedora, dándose impulso con la punta de los dedos, creando así un leve vaivén mientras sus ojos están fijos, casi sin parpadeo en su pequeña hija.

Le hace gracia como se inclina hacia delante para verla mas cerca, como pasa minutos enteros solo mirándola, una pequeña sonrisa a cada pequeña mueca que la niña hace.

Es como si realmente no pudiera creerse que ya estuviera ahí y no dentro de su tripa.

Los catálogos de artículos para su boda salpican la mesa, y un par de ellos en el sofá, lo últimos que han estado consultando.

La verdad es que Takao no quiere nada llamativo, y en eso coinciden los dos.

Ya casi está todo listo y ordenado, no quedan apenas mas que unos pocos detalles para tener la ceremonia a punto. Y con la llegada de la niña se había puesto nervioso, pero no había sido nada.

Takao salió del cuarto, de puntillas, entornando la puerta sin cerrarla del todo, caminando despacio, muy lentamente hasta Midorima, que sentado en el sofá, fingía leer uno de los catálogos para no ser sorprendido mirándole totalmente enamorado.

– ¿Se ha dormido?. – La pregunta sobra, lo sabe, aún así siente que tiene que hacerla, necesita escuchar la respuesta, inmediatamente.

– Como un tronco. – Takao sonríe, mirando en su dirección.

Solo un segundo, sus ojos se desvían, de nuevo al cuarto de la pequeña.

– ¿Estás bien?. – Preocupación real en sus palabras.

Takao hace un gesto que le pilla con la guardía baja; posa la mano en su desinflado vientre, suspira.

– Es como raro... echo de menos... – Le mira, resignado con la certeza de lo que es real en ese instante, de que la niña está fuera.

– Es normal. Ha estado ahí meses, tardarás unos días en volver a sentirte dentro de tu cuerpo. – Se ajusta las gafas sobre el puente de la nariz, siempre lo hace cuando le preocupa algo; Takao a aprendido a leer esos gestos mudos en el médico con suma maestría. – No te preocupes por eso.

Silencio.

Sentados juntos en el enorme sofá, solo silencio a su alrededor.

Midorima se pierde en las líneas de tinta de su brazo, sube por el hombro, la porción que está a la vista gracias al corte en uve del cuello de la camiseta que lleva puesta; le queda bien el tono melocotón de la prenda.

– ¿Duele?. – Toca el hombro, con la punta de los dedos, un roce.

– No tanto como parece. – Señala a la habitación con el dedo. – Eso si que ha dolido... y eso que iba de drogas hasta las cejas... tatuarse no es nada en comparación.

– Ah... – Otro silencio, le mira intrigado.

Takao suspira.

– No tienes que hacerlo. – Midorima une sus cejas en el centro de la frente, no comprende. – Venir en cada descanso, no es necesario que lo hagas todo el tiempo. Estaremos bien si no pasas hasta terminar tu turno, de verdad. – En su mirada se puede adivinar un pequeño regaño, uno muy dulce. – Tranquilo, puedo manejarla... no dejaré que me convenza de hacer nada ilegal, por muy mona que sea.

– No es por eso. – Pillado en su mentira trata de darle un poco de sentido a su presencia en la vivienda, cuando claramente aún debería estar en el trabajo. – Sé que eres una mamá estupenda, no lo pongo en duda. – Le mira por encima del límite de las gafas, sonríe. – No puedo concentrarme si no te veo al menos una vez cada dos o tres horas...

– Mira, como un tratamiento. – Le pellizca. – Tienes que dejarme intentarlo al menos, no voy a quitarte el mérito, pero de verdad, puedo estar sin tí las horas que estás en la clínica... así el reencuentro será de lo mas emocionante...Me gustaría poder echarte de menos, un poco...

– Lo siento, culpa mía. – Mira el reloj, ya tiene que irse y ese descubrimiento el que ensombrece su gesto y no las palabras de Kazunari. – Empiezo a convertirme en un mal padre...

– Eso no es verdad. – Le sigue hasta la entrada, donde va recogiendo sus llaves y su teléfono, los papeles y demás objetos que debe llevar consigo cuando sale. – Ya eres un papá estupendo... Miyaji me llamó un poco antes de que llegaras... me contó lo que hiciste...

– ¿Qué te ha contado?. – No es que le importara que lo supiera, no era un secreto de todos modos, aunque si temía que a Takao no le hiciera mucha gracia... al menos los métodos utilizados por él.

– Que te presentaste en la grabación del single, con un chico pelirrojo embarazado y un policía con pinta de odiar el mundo y entraste al despacho de Masaaki como un elefante en una cacharrería. – Midorima hace ademán de decir algo pero Takao le silencia con el dedo en punta. – El resto es secreto a puerta cerrada, aunque cuentan por ahí, que cuando te marchaste, Masa estaba mas que blanco y no dijo ni una palabra al respecto, a nadie.

– Solo quería formalizar un pequeño cabo suelto, evitar futuros problemas. – Besa su frente tras apartar el flequillo a un lado. – Te lo prometí, cuidaría de ti, de nuestra hija, y lo hago...

– Y solo por eso te amo... ¿Es que aún no te has dado cuenta?. – Un pellizco en el costado, una enorme sonrisa satisfecha del todo.

– Claro que lo he notado... es que me encanta oírtelo decir todo el tiempo. – Un último beso, fugaz, casi con prisa. – Volveré, cuando... – Unos ojos azules, serveros. – Bien, al cambio de turno.

Solo cuando la puerta se cierra y se queda de nuevo a solas consigo mismo, un furioso sonrojo cubre su rostro y la punta de sus orejas sin que pueda detenerlo de algún modo.

Se sienta en el sofá, cubriendo la cara con las dos manos, inclinado en el asiento hacia delante, colando la cara en el espacio entre sus rodillas.

De reojo, al apartar las manos, uno de los catálogos le llama la atención.

Pasa las páginas, deprisa, hasta el artículo casi al final. Ya solo el título le hace esbozar una pequeña sonrisa. Una pequeña lista de recomendaciones para la noche de bodas.

Takao siente que está preparado, que es el momento de dejar el pasado atrás, de intentar alejar el miedo de si mismo, y de abandonarse al inmenso cariño del doctor.

Musa se mueve en sus sueños, ajena al mundo que la rodea mucho mas alejado de su cuna de lo que parece, pero solo su mamá la contempla.

Por ella, por su amor, y por que de algún modo no tiene que dejar que el pasado forme parte de su presente.

Por supuesto que aún le aterra la posibilidad de intimar, pero … hablará con él cuando vuelva.

Entre los dos encontrarán un modo de seguir adelante, de eso si que está mas que seguro.

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El pequeño avión privado llevaba al menos una hora detenido en la zona de aterrizaje, y aunque todo el personal se había bajado, los dos pasajeros permanecían en su interior.

Makoto no tenía ninguna prisa por ir a ningún sitio. Tetsu chan dormía, estirado de brazos y piernas en una zona para dos pasajeros. Su pequeño cuerpecito no había aguantado el aburrimiento que se extiende dentro de un avión y finalmente, al cabo de pocos minutos, había acabado por sucumbir al sueño.

Repasaba la documentación que le había pasado su madre antes de salir, junto a los pasaportes de los dos y el dinero. Todo eso era demasiado.

Tetsu chan era el heredero legítimo de toda la fortuna familiar. Tanto su abuelo como su padre así lo habían dispuesto en sus testamentos, lo que le convertía tanto a él como a Kuroko en albaceas del legado, hasta que su hijo cumpliera la mayoría de edad.

Solo mientras ambos siguieran vivos, o no se designase a su efecto un tutor legal del menor.

Makoto no podía creerse que todo lo que había pasado se resumía a eso: Maldito dinero.

Era una lacra, pudría y corrompía todo lo que tocaba, todo aquello a lo que se acercaba lo destrozaba. Makoto lo sabía, había vivido en los dos lados, en el del lujo desmedido, las peticiones obscenas de cosas innecesarias... y en la mas absoluta pobreza.

Días enteros sin comida, con la luz cortada, con apenas unas pocas prendas en el armario, dejándose los pies recorriendo la ciudad por un trabajo, el que fuera.

Makoto había vivido en la riqueza, teniéndolo todo, pero sin sentimiento alguno, vacío por dentro, sin metas ni pretensiones.

En la pobreza, con una ilusión por cada día que parecía irreal. Dando gracias por una manzana, o por un trozo de bizcocho que una vecina les había regalado al verlos en la escalera, abrazados, sonrientes...

El mismo día en que Kuroko le hizo partícipe de la existencia del pequeño Tetsu, justo después de que el casero les echara, por cuarta vez esa semana, de la habitación que al principio compartían, como un par de estudiantes sin experiencia en la vida que huían de unos padres que no consentían su relación.

En cierto modo era así, pero a él no le había importado.

Y ahora esto.

Shoichi podía ser un auténtico cabrón despiadado, sobre todo cuando quería algo de verdad. Si las sospechas de su madre no iban desencaminadas, su intención era matar a Kuroko... y el siguiente sería él, aunque supuso que se conformaría con obligarle o engañarle para que firmara la cesión de la custodia del pequeño y listo.

Siendo su tutor legal podría disponer de todo a su antojo.

Hizo unos morritos en mitad del sueño, muy graciosos.

Guardó todos los papeles en el maletín de piel a su lado, y se agachó junto al pequeño.

– Vamos dormilón, hemos llegado. – Le acarició la sien, y el moflete lleno y blandito antes de ponerse serio. Ese pequeñajo tenía problemas para despegar los párpados casi desde que nació.

– ¿Playa?. – Un ojito azul asoma, le enfoca, aunque aún quiere seguir durmiendo y se nota por como le cuesta mantener los ojos abiertos. – ¿Mos llegao?.

– Sí campeón, hemos llegado. –Le toma por las axilas para sentarle.

Le mira restregarse los ojos con los puños, intentando despertar del todo. Un bostezo abre su boca al límite, una sonrisa de su padre.

– ¿Teno mañador?. – Abre y cierra su manita, pidiendo su mochila con las cosas. – Vamo a nadá, papá.

– Pero primero tenemos que ir a la casa. – Señala a su alrededor. – Seguimos en el avión.

– ¡Ahhhh!. – Le manotea divertido en la cabeza. – ¿y poqué no dice tu?. – Airado baja del asiento y toma su diminuta mochila sobre un hombro. – Menga, no te quedes ahí padao... mamos...

– Sí señor, como usted ordene. – Cuelga su mochila sobre un hombro imitando al niño y toma el maletín en la mano.

Una vez fuera del avión, los dos escoltas que siempre los acompañan aparecen, como surgidos de la nada, solo con la intención de hacerse presente para él.

El niño los saluda, para él es algo cotidiano. Makoto se da cuenta de que su hijo está muy alejado de la vida que habría llevado si ...aún siguieran siendo una familia completa ellos tres.

De la mano, caminan juntos por la playa. Es un buen momento para hacerle entender lo que ocurre al pequeño.

– ¿Te acuerdas que el otro día te dije que iba a merendar con alguien muy, pero que muy importante?. – Makoto elige muy bien las palabras.

– Si, en lotel... yaya dice. Papá sale a ver migo. – Posa el índice en la barbilla. – Tu solo dice que sale y pone cara tonto como así. – Hace el gesto de juntar los ojos en el medio y deja la boca abierta hasta que se desliza un pequeño hilo de saliva por el.

– Bueno, mira. – Saca su móvil, rebusca entre las imágenes la de Tetsuya, una que le sacó medio a escondidas en el restaurante. – Esta es la persona que fui a ver.

Tetsu chan se sienta en la arena, ladea la cabeza.

– ¿Mamá?. – Le mira directamente. – Mamá ta en el cielo...

– No, cariño. – Se sienta a su lado. – Mamá está bien... es solo que no podíamos verle.

– ¿No le gusto?. – Como todo niño sabe usar muy bien la tecnología a pesar de su tierna edad, aumenta la foto, la mueve para verle por todas las partes posibles. – ¿Mamá ta fadado conmigo?. – Puchero genuino.

– No es eso. Está deseando verte. – Le revuelve el pelo, adora hacerlo. – Mamá no sabía donde estabas, pero papá ya le ha dicho todo.

Se queda pensativo, mirando la foto un poco mas.

Se levanta, sacude la arena de su pantalón con sus manitas regordetas y le ofrece la mano a su papá.

– Tonces nos mamos. Menga... a ver a mamá. Tamien quiero verlo y dar misitos, no tu solo.

Es sorprendente, parece realmente enfadado, y eso que apenas si levanta un palmo del suelo.

– Todavía no podemos, mamá está malito, pero cuando se ponga bueno, seremos los primeros en verle, ¿De acuerdo?. – El niño se limita a estrechar la mirada, no muy conforme con la excusa. – ¿Quieres que lo llamemos?, puedes hablar con él, verle en la pantalla...

Tetsu chan mira el móvil, frunce el ceño y se lo da a su padre, exigiendo en su mirada la acción, pero ya.

Hace la llamada, espera. Es la voz de Kagami quien le contesta.

– Lamento molestar, pero ¿Puede ponerse Tetsu... digo, Kuroko?.

– No molestas, tranquilo. – Kagami suena aliviado. – Se pondrá feliz de oírte.

– ¿Lo puedes pasar a vídeo llamada?, aquí hay alguien que desea verle.

– Por supuesto que si.

La imagen surge nítida en pocos segundos. Tetsuya sale en la pantalla, la venda en su cuello es visible, aunque la sonrisa en sus labios es tan completa que casi llena el espacio que queda libre a los lados.

Se sorprende de ver la pequeña figura de su mini copia en su propio móvil, y su sonrisa, moviendo sus llenos carrillos a los lados; preciosa en todas sus letras.

– ¿Mami?. – Hace un puchero que mueve su labio inferior un poco.

– Hola cariño, mi bebé. – Kagami le sostiene, su mano en el centro de la espalda, aliviando en cierto modo la carga emocional del momento.

– No bebé, mamá... yo gande... teno todos estos años. – levanta la mano, sube y baja dedos sin orden alguno. – ¿Tu? Tantos años tenes ya...

– Es verdad, perdona. – Kuroko está aguantando estoicamente las ganas de sollozar. – Eres un niño grande, uno muy listo.

– ¿Mienes a la playa?. – La imagen se tambalea un poco, ve sus zapatillas, pequeños y rápidos pasitos, y luego la imagen de la playa, el océano y de nuevo al niño. – ¿Mienes?.

Kuroko mira a Kagami antes de responder. Es su sonrisa lo que finalmente le hacer llorar.

– Si me dices donde estás, voy... ¿Me pasas a papá?. – Ahora ve al adulto en primer plano. – ¿No te importa?.

Makoto entiende su pregunta, y que por supuesto, Kuroko no acudirá solo.

Tras ellos ve cosas típicas de hospital, por lo que deduce que aún están ahí, aunque la ropa del profesor le indica que le han dado el alta y está esperando algo para poder marcharse a casa.

– Os enviaré el avión a la clínica. Llamaré a Midorima para pedirle permiso y haré las comprobaciones necesarias. – Kuroko asiente. – Tardará un par de horas en llegar... una cosa mas, llama a Aomine, dile que vais a estar conmigo; es importante que lo sepa... y no le digáis a nadie mas donde vais a estar, por favor.

Cuando la llamada se corta el profesor se sorprende a si mismo soltando el aire de golpe.

Los brazos de Kagami a su alrededor, fuertes, sosteniéndole con firmeza.

No es solo un abrazo, es una declaración del amor mas puro y sentido del mundo. Es un "estaré aquí, pase lo que pase", de esos gestos que no precisan ser dichos para ser entendidos.

– Tengo que ir a casa a por nuestros pasaportes, y alguna que otra cosa. – Sonríe, besa su frente. – Nigou también viene, y necesita sus cosas.

Kuroko se sobresalta de repente; había olvidado el perro...

La puerta abriéndose les hace dirigir su mirada a ese punto.

Takao les sonríe, una pequeñísima criatura en sus brazos, que ya ocupa su mundo sin ser consciente de ello.

Acostumbrada como está a pasar de unos brazos a los siguientes, no se inmuta cuando Kagami la toma del cómodo lecho de su madre para acunarla en sus propios brazos, con tanto cuidado y ternura, que Tetsuya no puede evitar sonreír, de nuevo.

Las heridas siguen doliendo, los puntos tiran, los hematomas se marcan y cambian de color con el paso de los días, pero él solo puede ver ese momento, ese instante concreto en el que Taiga besa la diminuta cabecita con una delicadeza que no se intuye solo mirándole.

Kuroko llama a Aomine, le cuenta lo que pasa, mientras los mira, juntos.

Y espera, solo eso, que su hijo pueda disfrutar del mismo modo del pelirrojo del mismo modo que lo hace la hija de Takao. Ni mas ni menos.

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– ¿Estás seguro de que quieres estar aquí?, sigues de baja. – El capitán emite la pregunta por la radio operativa. – Puedes negarte, muchacho, lo detendremos de igual modo.

Van a detener a Imayoshi, y están todos los agentes disponibles en la operación, incluidos los mejores equipos de otras ramas policiales. Las oficinas y sus numerosas propiedades están siendo registradas en esos momentos.

Solo esperan que él salga de un almacén en el que reposan sus coches, para detenerlo.

La lista de cargos en su contra es tan enorme que es casi imposible que se libre de todo, aunque con dinero la justicia no es igual que para el resto.

Aún así Aomine ha recopilado documentación como para meterle entre rejas un par de años, aunque logre librarse de los cargos mas gordos.

La verdad es que la operación había sido muy rápida, y mucho mas desde el ataque a Kuroko.

Gracias a que el maestro había identificado al agresor, la detención apenas se había hecho un par de horas después de que "despertara". La idea de usar a los medios para que anunciasen el hallazgo de un cadáver en el parque había funcionado a la perfección, y Shoichi no había sospechado ni un poco que todo era una mentira orquestada con el único fin de atraparlo.

Y que Kuroko y Kagami estuvieran en la isla, fuera de circulación aceleró las cosas para hacer creíble el engaño de su supuesta muerta... y de eso habían pasado ya varias semanas...

Sus mentiras se extendían en el tiempo hasta un poco antes de que Tetsu diera a luz. Fué él quien orquestó el secuestro, junto a su padre. Engañar, extorsionar, mentir, defraudar, eran prácticas tan habituales para él como respirar.

Desde que había entrado al almacén ya había pasado una hora, o mas. Sospechaban que el grueso de sus operaciones, documentos, contactos y negocios mas turbios se encontraban en ese lugar.

Usar los coches como excusa alejaba la atención de cualquier curioso. También habían descubierto varios almacenes a las afueras, uno de ellos con todas las cosas que Kuroko y su esposo poseían, cerrado a cal y canto.

Aunque aún seguía de baja, Aomine había sido casi empujado a la detención. Tanto su capitán como sus compañeros de la comisaría, se aseguraron de que estuviera presente, aunque limitarían su acción a la mínima expresión con el fin de no empeorar su recuperación.

El portón principal se abre, salen sus escoltas. Nueve hombres armados, preparados para cualquier eventualidad y listos para presentar batalla de un modo fiero y eficiente.

No tendrían miramientos ni aunque los atacantes fueran policías.

Imayoshi entra en el coche blindado del exterior y sus escoltas van a sus respectivos vehículos, a excepción de un par, los que siempre están con el moreno.

El capitán da la orden pertinente por radio, y todos se mueven en su dirección.

No pasan ni treinta segundos cuando los tres coches son rodeados. No oponen resistencia, al contrario, todos ellos bajan de los coches con las manos en alto.

Solo Imayoshi se queda sentado dentro, sin intención alguna de moverse.

Se ajusta las gafas, mira fuera. Lo primero que ve es el cañon de un arma apuntando a su cara, lo segundo, unos ojos acerados con un brillo triunfal... lo siguiente una sonrisa ladina, de ganador.

– Estás detenido, sal de vehículo. – Aomine no deja de sonreír ni siquiera mientras habla.

– ¿Y si me niego?. – Desafiante, no se mueve, nada.

– ¡Oh, sería un placer tan intenso!. – Shoichi no entiende, pero parece que Aomine disfruta mas de la cuenta con su pequeña hostilidad. – Por favor, resístete, dame ese gusto.

– ¿Sigues enfadado por lo de Kuroko?... solo era una pequeña putita sin valor. – Espera que Aomine salte, pero no ocurre lo que el espera.

– Llevo esperando este momento mucho tiempo. – Toma su muñeca, le saca del coche con cuidado. Lo único que le faltaba era que alegara una agresión por parte de la policía durante la detención para invalidarla. – Tetsuya está vivo, sano... y con su hijo. – Susurró tan cerca de su oreja que prácticamente lo escuchó dentro de su cabeza. – Si no me crees, llama a tu hermanito... pregúntale a él...

Aomine le ha estado cacheando durante la conversación. Sobre el techo del coche su cartera, las llaves, y el teléfono. Un agente saca su maletín por la otra puerta. Mira a los lados para ver como sus escoltas son detenidos uno tras otro.

El policía empuja el móvil hasta su mano, para que haga esa llamada.

Saca sus esposas, espera.

Guarda el arma... por un momento está tentado a acercarse mas, para escuchar bien, pero solo por la cara que está poniendo no necesita saber lo que le dicen, no es preciso.

Solo cuando termina, le empuja de nuevo contra la puerta del coche, obligándole a girarse para esposarlo.

– Estaré fuera en menos de una hora... – Seguro de si mismo se burla del policía.

Aomine va a seguir con la detención pero entra un aviso por el canal de radio que le hace prestar atención.

– ¿Cómo que vaya a la morgue?... Central, ¿Qué ocurre?. – Sin descolgar la radio de su hombro se limita a contestar tirando de el aparato hasta sus labios.

– Acaba de saltar un llamamiento en tu nombre desde allí, es urgente vayas. – La voz femenina de la central le apremia. – Al parecer su esposo le necesita.

Aomine mira alrededor, señala a uno de sus compañeros. – Por favor, léele sus derechos, no te olvides de ninguno, y sigue el plan hasta el final. – El agente le saluda mano en la frente y ocupa su lugar.

Aomine va hasta el capitán y le pide permiso para abandonar la operación. Técnicamente lo mas gordo está hecho, y solo queda la parte de la científica y de comprobación de los documentos. Las detenciones están hechas y no hace falta que esté allí.

– Puedes retirarte, de hecho, no deberías estar aquí. – El hombre le sonríe. – Ve... antes de que Ryo le haga alguna prueba de las suyas. Llévate mi coche.

….

Entra en la morgue, a la carrera.

Normalmente ese pasillo lleno de esqueletos de todo tipo y de animales en formol le pone los pelos de la nuca de punta, pero hoy no.

Cuando empuja las puertas batientes de la sala de autopsias se para en seco.

No puede creer lo que está viendo.

Murasakibara balbucea recetas de bizcocho sin parar, a su lado, ropa de pastelero que deja ver que le ha pillado en mitad del trabajo.

Akashi está sobre la misma mesa en la que él mismo había sido "reconocido" por el doctor muerte.

Hay sangre, en el suelo, en los pantalones de Akashi... Ryo sonríe, tétricamente.

– ¿Qué haces aquí?, ¿Qué hace él aquí?, ¿Qué demonios estás haciendo, Sakurai?. – No sabe a quien preguntar primero, solo que sea lo que sea que está pasando es irreal.

– Tenía que hacerle una consulta y … ughh. – Contiene un lamento, agarrando su vientre con la mano. – Creo que ya...

– Vamos al hospital. – Hace el gesto para bajarle de la mesa, pero Ryo se lo impide y le empuja a su lado por un lateral.

– No hay tiempo. – Señala la sangre. – O le ayudamos ya o el bebé estará en problemas, y para eso no tengo equipo. – Sigue sonriendo y eso da mucha grima en su persona.

– Si le pasa algo a él o a mi bebé te pego un tiro. – Le pasa el brazo a Akashi por la espalda, para sostenerlo medio sentado.

– Es mi bebé, no tuyo. – Atsushi se coloca al otro lado, frunce el ceño, molesto.

– Vete a la mierda, Murasakibara. – El policia no está para bromas.

– iros a la mierda los dos. – Akashi pone paz, a su manera. – Esto duele, mucho... Atsushi, a tus pasteles, y tu, deja eso para luego...

– Traigo toallas, y sábanas. – Himuro aparece a la carrera desde el cuarto de material. – Ya he llamado a Midorima, está en camino.

– No va a llegar a tiempo. – Sakurai alarga el brazo y toma un par de guantes de la estantería. – Lamento que no sean las condiciones mas idóneas para esto, pero seré todo lo diligente que pueda.

Retira su ropa, y va pidiendo Himuro, el único que no parece tener problemas mentales del cuarto, las cosas que necesita.

El instrumental que tiene para su trabajo le basta y le sobra para practicar una cesárea si fuera necesario, aún así quiere tratar de que el alumbramiento se suceda de un modo natural.

Había ocurrido sin mas, estaban comentando algo sin importancia y Sei se había puesto pálido de repente.

Sakurai comprendió de inmediato lo que sucedía, aunque debe reconocer, que la sangre le había pillado desprevenido.

– Bien... veo la cabeza, está asomando. – No es que sea su trabajo habitual, pero es un cambio agradable para variar, y le gusta cada segundo de la experiencia. – Pásame el bote con el líquido rosa.

Himuro obedece, en silencio. No sabe quien de los presentes está mas nervioso, lo que si tiene claro es que el doctor está pletórico.

Le observa volcar la totalidad del antiséptico directamente, sin ayudarse de gasas ni algodones y se pierde en el desagüe bajo la mesa, preparado para tal propósito.

– Esto es fascinante, maravilloso. – Tantea con la punta de sus dedos enguantados, despacio. En su mente anota la frecuencia de las contracciones, la intensidad, el tiempo que Akashi puede aguantarlo antes de emitir sonido que alerta del dolor. – Empuja, venga. – Mira a los otros dos. – Ayudadle a sentarse en cada pujo, dejad esa expresión de asombro para después.

Akashi quiere hablar, decirles que el dolor es insoportable, que no va a poder, pero incluso aunque quiera, su garganta apenas si emite pequeños gemidos lastimeros al final de la última contracción.

Tras ella cae derrotado sobre el frío metal.

– Venga Sei, una mas. – Ryo se hace cómplice del acto con su mirada, con el tacto de sus manos en el interior de sus muslos, suave, despacio. – Ahora...

Aprieta los dientes, sorbe el aire y se incorpora, alargando el esfuerzo hasta que no puede mas y se rinde aferrado al cuello de Daiki con un brazo.

El llanto, al fin, se escucha tan claramente que en ese momento el tiempo parece suspendido en todo la estancia para ellos.

Sakurai no espera, simplemente lo deja sobre el pecho de la mamá, sigue con el alumbramiento ajeno a los padres, o mas concretamente al bebé.

Si llora está bien, pero Akashi aún necesita terminar el proceso y él quiere verlo y ocuparse de todo antes de que llegue Midorima y se lo lleve.

La bolsa y los últimos restos caen directamente al receptáculo que ha preparado, y por un momento siente el impulso laboral de hacerle fotos y etiquetarlo.

Pero es solo eso.

El llanto se intensifica. Tiene hambre, frío, y miedo, y es totalmente normal.

Akashi lo mira, sin poder evitar tocarle con delicadeza extrema.

Es tan pequeñito, tan indefenso... tan gritón como su padre... que ahora está relatando recetas de milhojas como un robot . Himuro trata de parecer calmado, pero su cara dice que se va a caer de culo de un momento a otro.

– Es precioso, Sei, mira que monada. – Daiki le besa, lleva haciéndolo un largo rato. – Ha salido a ti, y es precioso... por dios, mira que hermosura...

Akashi sonríe, pide permiso para desmayarse, y lo hace.

Y de repente los dos padres inician una guerra de miradas por ver quien toma al pequeño llorón del pecho de su mamá...

Hay que limpiarlo, vestirle y tomar sus primeras huellas y datos... y gracias al cielo que ha llegado Midorima... y los ha echado a todos de allí.

Los dos médicos se miran, y se apiadan de esa pequeña criatura, y de la que le espera con esa familia en la que ha llegado al mundo...

… lo bueno es que al menos, su vida estará llena de emoción, de eso si que no le va a faltar.

Ni dulces tampoco, tendrá siempre mas de los que podrá comer en toda su vida.

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Bueno, penúltimo cap ( pucherooooooo)

El siguiente será el final, aunque no el fin.

Después llegará un "final alternativo" donde la historia dará un giro para que Kuroko vuelva con su esposo, pero eso ya lo dejo a la elección de quien quiera leerlo.

Nos leemos en el siguiente

Besitos y mordiskitos

Shiga san