Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo Final: El final, al final... un final.
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Esa noche, era la noche.
Takao lo sabía, lo sentía dentro. Un mes con Musa en casa, habituados a sus rutinas, sus lloros, sus cambios. Los turnos de Midorima, sus paseos, todo milimetrado para ese día.
Y tres horas para ellos, a solas.
Tarde, el médico estaría cansado, pero ya se ocuparía él de recordarle donde tenía sus energías guardadas.
– ¿Ya te vas?. – Murmuró a la mujer, que sonriendo daba los últimos toques a la cena.
– Si cariño. – Besa su frente y luego la de la niña. Contempla la escena un poco mas, antes de seguir hablando. Takao le da un biberón a la pequeña, que casi está vacío. – Tienes la carne en el horno, lo acabo de apagar, aún así, ponlo un rato antes para que esté caliente. Cuando llegue el doctor será un buen momento.
– Gracias, no sé que haría sin ti. – Aunque le encantaría seguir la conversación con la mujer, toda su atención está mas que puesta en su pequeña, en dada uno de sus gestos.
– Hasta mañana. – Se despide, todo limpio y recogido, una sonrisa en su boca.
Takao le hace un gesto con la mano, al tiempo que coloca la toalla en su hombro, y justo después a Musa, con el estómago lleno lista para expulsar el aire.
La acción, ya mecánica y repetitiva, no está regañada con lo cómico. Aún se sorprende de que de un cuerpecito tan diminuto pueda salir semejante sonido tan bestia. Musa tenía unos eructos dignos del libro de los récords.
Limpia, relajada y alimentada, no tardó mucho en quedarse dormida.
Takao adoraba mirarla dormir, pero necesitaba todos los minutos libres para prepararse. Notaba un nudo en el estómago, uno apretado y angustioso.
Lo cierto es que los acercamientos del doctor en materia íntima daban vergüenza ajena. Era tan considerado, tanto, que Takao sentía que le estaba obligando a hacer algo obsceno solo con robarle un beso.
Ambos necesitaban cruzar esa línea, y hacerlo ya.
Sobre la cama, ropa interior sexy... escueta, muy escueta, una camiseta holgada en color negro, un pantalón de lino azul, de los que se abrochan con un simple cordón... como un regalo al que hay que quitarle el lazo.
Recién duchado y con la ropa nueva, coloca la mesa para la cena. Quiere que todo esté perfecto para cuando llegue. Incluso prepara ropa para él, y toallas limpias para que se de un buen baño al llegar.
Sonríe ante la mesa, una obra mas o menos de arte. Le gusta como queda y se sienta a ojear los últimos preparativos de la boda. Y están en puertas, ese mismo fin de semana, y contrariamente a lo que debería ser, no está para nada nervioso.
Pasa la mano por su pelo. Justo después de que Shintaro saliera para la clínica se había escapado un momento a la peluquería, donde le habían cortado el pelo tal y como lo llevaba en el instituto.
Era una tontería soberana, pero le hacía ilusión desde que el médico le había confesado que le gustaba de ese modo. Un pequeño capricho para alguien que no tiene por costumbre pedir nada.
Diez y media... pasadas.
Le esperaba para las nueve y poco, pero con su trabajo tan sorpresivo, estaba acostumbrado a que la vida se abriera paso a cualquier hora o situación.
Por fin, poco antes de las once, la puerta se abre. Midorima entra, pies arrastras, mirando al suelo.
Takao no puede evitar una risita divertida. La corbata está fuera de su sitio, la camisa asoma por un lado, la chaqueta arrugada y sucia por un costado.
– Siento llegar tarde. – Deja su maletín caer al suelo, sin cuidado, la chaqueta y la corbata van al mismo sitio y con la misma consideración. – Ven...
Takao le abraza, de pie en la entrada. Le guía hasta el sofá, acunando su cabeza en el regazo una vez que están sentados.
– Que bien hueles. – Acaricia sus muslos con la mejilla. – ¿Qué tal tu día?.
– Me acabo de duchar... – Hunde los dedos en su pelo, un beso. – Mi día, estupendo, como todos desde que llegó mi pequeña Musa... ¿Y tu?.
– Debe ser por la luna o algo cósmico... tres mamás histéricas, un parto horroroso y largo, y cuando por fin salgo, otro parto en el parking... ahí, en el suelo. Y horroroso... y largo... y estoy tan cansando que no me salen sinónimos.
Sus brazos se enroscan en las caderas del cantante, que se limita a mirarle sonriendo.
– ¿Quieres darte un baño?. – Peina sus cabellos una y otra vez. Midorima asiente en mitad de un bostezo. – Venga te ayudo a llegar.
Aunque la idea original es llegar al baño, el doctor se da cuenta de la mesa preparada y en el cansancio de su cuerpo y mente, logra comprender …
Entra al cuarto de Musa, la mira dormir un rato. Es tan bonita, tanto... está tan orgulloso de ser su padre que no es posible ser mas feliz.
Solo cuando mira a un lado, Takao inclinado sobre la niña, besándola con tanto amor que no se puede medir, se da cuenta de que si puede ser mas feliz.
– Báñate conmigo. – Una sonrisa se dibuja en sus labios al ver su cara de sorpresa a la petición. – Por favor...
– No sé doctor... no parece muy decente. – Besa su nuca, divertido. – Me caso este fin de semana...
– … vaya, que casualidad. – De frente a él, le pega mas a su cuerpo. – También me caso este fin de semana... –Un beso dulce en lo labios, pequeños pasos les sacan del cuarto aún abrazados, directos al baño.
De algún modo el mundo se pierde vista, solo están ellos dos, nadie mas.
La bañera se transforma en el lecho mas cómodo y agradable en el que hayan yacido jamás, sin ser conscientes de que no es el lugar, si no la compañía lo que lo hace perfecto para ellos dos.
El traje en el suelo, arrugado. Sus ropas enredadas juntas y el baño llenándose de vaho, no se sabe si por el agua o por ellos mismos.
De algún modo Takao se acomoda entre sus piernas, espalda en su pecho, manos contrarias en su vientre.
Paz.
Paz rota por un bostezo, otro mas.
Rota desde sus caderas. Queda entre sus piernas, sobre su estómago.
– Lo siento... te has esforzado tanto... la cena, tu cabello... – Bostezo.
Takao le mira, solo eso.
No es una simple mirada, es mucho mas que eso.
– Perdóname tu a mi. – Se alza un poco mas.
El agua se mueve con ellos, haciendo eco en la estancia.
– ¿Por qué me pides perdón?. – Está mas que a gusto en la postura, aunque el agua a esas alturas ya no esté tan cálida como al principio.
– Por que no voy a dejar que duermas... hasta dentro de un largo rato.
– Estás perdonado. – Sale del agua, le ayuda a ponerse en pie y acompañarlo.
La teoría es buena, pero en la práctica se queda inmediatamente dormido en cuanto toca el colchón con el trasero.
Takao sonríe, frustrado pero enamorado. Los suaves ronquidos con los que llena sus oídos le suenan a música. Está cansado, mucho, o no sería tan desconsiderado con él. No ha cenado, ni parece haber comido nada decente en todo el día.
Le seca el pelo como puede y lo mete bajo las sábanas.
Musa sigue dormida y él solo quiere estar así, a su lado.
Ya habrá tiempo para lo demás.
…
Siente un zarandeo, calor, humedad... un suave, muy suave y delicado toque.
Jadea, entre dientes.
La sensación es cálida, maravillosa.
De algún modo se siente excitado, no tiene nada que ver con el involuntario acto mañanero.
Siente caricias, calor, humedad, movimiento que no proviene de él.
– ¿Shin chan?- Murmura, somnoliento. – Huele a fresas.
No hay respuesta, solo besos, en su vientre, un poco mas abajo. Le falta el aire, la mente en blanco.
Aroma a fresas de nuevo. Huele bien, muy bien.
Se mueve con sus besos, le gusta, la música que imprime con sus labios en la piel. El ardor es insostenible, no puede ni quiere contenerse.
Luces, como las del escenario tras sus párpados, dulzura, paz.
No hay miedo, ni ansiedad, ni siquiera vergüenza de estar desnudo, no para una consulta si no desnudo mucho mas allá del cuerpo, íntimamente desnudo para él.
Abierto, sonriente, descansado... su sonrisa surge por el límite de las sábanas, un brillo conocido en sus labios, su propio desahogo en esa boca, que ahora le parece de lo mas lujuriosa.
– ¿Estás bien?. – Ojos verdes, preocupados, aunque su semblante es mas que satisfecho. – ¿Te sientes bien?.
– No es justo. – Morritos, se acomoda sobre él, descubre que aún viste su ropa interior. – Se supone que tenía que seducirte yo, volverte loco...
– Ya me vuelves loco... solo con respirar te llevas mi cordura contigo. – Toma su cara en las manos, le besa.
Takao expulsa el aire de golpe. Sonríe.
Para ser una "primera vez" no ha estado mal... aunque...
Musa llora, reclama, alimento, atención, limpieza, palabras dulces, caricias cotidianas...
Los dos ríen, tienen tiempo, mucho tiempo... en realidad todo el del mundo.
…...
La playa ante ellos no puede verse mas bonita, mas grande, mas brillante, y hermosa.
Es imposible que una pequeña parcela de tierra les pueda hacer tan inmensamente felices, pero es así.
Nigou corre hasta quedar sin aliento, Tetsu chan ríe, alto y claro, hasta caer de culo.
Le encanta el perro, es enorme, y le gusta. Nunca ha tenido una mascota, y el perro está acostumbrado a jugar con niños, sabe hasta donde llegar y como comportarse con niños.
Kuroko les mira, solo eso.
Aunque la acción es un todo. Es tan vivo, tan hermoso. Tan él.
Tetsu chan es una personita increíble, adorable, y muy espabilado. Es muy curioso, ha pasado mas de una hora preguntándole de todo con su lenguita de trapo.
Y lo mejor de todo es que se había convertido en un compañero de fechorías de Kagami en menos de diez minutos.
– Es extraño. – Makoto a su lado, sentándose en la tumbona junto a la suya, mirando al niño corretear con el perro y a Kagami en la orilla, riendo con él. –Estar así, contigo...
– Se a que te refieres. – Kuroko le mira, sonríe. – Has hecho un gran trabajo, es un niño perfecto.
– No es cierto. – Sacude la mano, divertido. – Cuando se lo propone tiene su genio, no te creas...
Silencio, entre ellos, solo mirando a su hijo jugar, caer tumbado en la arena, incapaz de parar de reír.
– Sé que Kagami y tu apenas habéis empezado vuestra relación, y que bueno, con el bebé nuevo estarás muy ocupado.. – Le mira, toma su mano, una sonrisa. – Pero me gustaría que Tetsu estuviera contigo, no solo de visita, es tu hijo, tiene que estar contigo...
– Ha vivido contigo todo este tiempo, cambiar su rutina... – Las carcajadas de los dos en la orilla detiene su conversación. – Lo iremos viendo con el tiempo, ¿De acuerdo?... Ahora solo quiero escucharle reír, recuperar el tiempo perdido con él, y vivir mi felicidad, sabiendo que estás vivo, bien, sano... aquí.
Makoto lamenta, que una persona tan buena como él haya tenido que sufrir tanto por culpa de su familia, de su egoísmo.
Si puede traerle un poco de felicidad, aunque sea mínimamente, lo hará.
– Podéis quedaros. – Makoto señala a Kagami y luego a Tetsu. – Tengo que volver... han detenido a Shoichi, y por muy mala persona que sea, sigue siendo mi hermano. Me voy sabiendo que estáis a salvo, mas tranquilo.
– ¿Pero... no podemos quedarnos, es tu casa y …?. – Hanamiya le tapa la boca con un dedo. Su sonrisa ladeada le dice que la respuesta le hará sonreír completamente.
– Digamos que es vuestra. – Señala la casa con el pulgar. – El abuelo nos la regaló, pero yo he puesto a Kagami en la escritura, a si que, técnicamente es tuya y de él; considéralo mi regalo de bodas, para cuando decidáis casaros. – Se inclina, besa su frente, apunto de soltar una risita por la cara de Kuroko. – Tengo que irme, cuida de mi hijo... de nuestro hijo.
– Llámame en cuanto llegues... y si necesitas … – Kagami había llegado hasta ellos con Tetsu en los brazos, con una emergencia sanitaria.
– Piiiiiiissssssssss. – Se revolvió en sus brazos, hasta que le dejó en el suelo y salió corriendo al baño.
– Ponle al día en cuanto me vaya. – Le estrecha la mano a Kagami y va al baño, para ayudar al niño y de paso despedirse.
Ese momento es un bueno momento para comenzar de nuevo, con todo o casi todo en orden.
….
Kuroko cerró la puerta en cuanto el niño se metió en la cama y le leyó el cuento que él quiso.
Pasó por delante de Kagami, que veía en las noticias todo lo relacionado con la detención de Shoichi y salió al porche, desde el que veía el mar en toda su extensión.
Las estrellas llenaban el cielo al completo, y el murmullo de las olas se hacía presente en la oscuridad total de la noche.
Apoyó los antebrazos en la barandilla de madera y se quedó ahí, hasta que Kagami se puso a su espalda, abrazándole con el mismo cariño que lo hacía siempre.
– ¿Estás bien?. – Beso en su nuca, dulce. – Ha sido un día largo, y raro, y lleno de emociones. Deberías estar metido en la cama... aún te estás recuperando, ¿Recuerdas?.
– Para ser un sexy bombero empiezas a parecer una mamá gallina. – Se giró en el sitio, de puntillas para besarle. – Estoy tan contento que no voy a poder dormir en semanas.
– No te dejaré estar despierto. – Un abrazo mas fuerte, lo arrastra hasta dentro, cierra la puerta con el pie. – Tienes que dormir, y lo harás aunque tenga que atarte a la cama para ello.
Nigou los mira pasar desde su camita, hecho un ovillo. Les ignora; sus amos son así, ya está acostumbrado.
….
Akashi abre lentamente los ojos. A su lado Aomine, pendiente de la preciada criatura que duerme en su cunita transparente. Aún con su uniforme de policía, y las heridas de su secuestro marcando su cara, y su gesto.
– ¿Cómo estás?. – Por un solo momento, un segundo, la mamá copa su atención, pero no tarda mucho en volver al pequeño en la cunita. – Duerme mucho, es un dormilón.
– Un poco cansado. – Trata de sentarse, pero Aomine no le deja, tirando de la almohada hasta sacarla del sitio. Al final se apiada un poco de él y es él mismo quien le ayuda a sentarse, y acerca la cuna en sus ruedas para dejar al pequeño al alcance de su mano. – Me siento como si acabara de sacar algo del tamaño de un melón por una abertura del tamaño de una cereza. ¿Y Atsushi?.
Aomine sonríe a sus palabras y señala tras él, al sofá al fondo de la habitación, donde el gigante está durmiendo a pierna suelta como si nada. Himuro a su lado, encogido en una extraña compostura.
– ¿Necesitas algo?. – Se inclina un poco, le besa, en la frente, la cara, finalmente los labios. – ¿Tienes hambre, sed?.
– ¿Está detenido?. – Aomine asiente, aunque aún no ha ido a preguntar por los detalles. – ¿Tetsu y Taiga, están a salvo?.
– Si, todo perfecto, no te preocupes por eso. – Se sienta en el borde del colchón, los dos mirando al bebé dormido. – Solo piensa en recuperarte para irnos a casa... por favor.
– Eso te lo concedo, pero solo por que eres muy guapo. – Le agarra de la camisa convertida su mano en un puño y le roba un beso impresionante, de los que te dejan sin aliento y sin conciencia. – Y por que tu idea de esposarlo a una farola empieza a parecerme buena. – Señala el suero que pende a su lado del soporte y lo conecta en la aguja de su brazo. – Debe ser algo que hay ahí dentro, por que normalmente me parece una locura.
Aomine le empuja dulcemente contra el colchón, para que vuelva a dormirse.
Sinceramente él también necesita descansar, y un buen baño. Aunque esperará hasta que pueda llevarse a su familia a casa para concederse unos minutos de calma. Ahora, con Murasakibara en el mismo cuarto, sus instintos están mucho mas que de punta... y no podría dormir ni aunque lo drogaran en serio.
…...
El destino va mostrando sus cartas, sus jugadas, sus actos curiosos.
Sentado en el bar del juzgado Makoto suspira.
Pide una copa, la necesita.
El juicio contra Imayoshi se está alargando demasiado para su gusto. Las pruebas son contundentes y su hermano no ha sido precisamente una hermanita de la caridad. Lo bueno, o malo según se mire, es que los actos de su padre no repercutirán sobre su juicio.
Solo tendrán en cuenta los actos de los últimos tres años, aunque los cargos son bastante demostrables, no deja de fastidiarle su forma de ser.
Si quería dinero solo tenía que tomarlo, no hacía falta que Tetsuya viviera ese infierno. Aunque sospechaba que había algo mas, no quiso oírselo decir en voz alta.
Las declaraciones se suceden, gente a la que ha sobornado, extorsionado, pagado por documentación... la verdad es que la fiscalía ha hecho un buen trabajo... y la investigación de Aomine y su comisaría es impecable.
– Es un modo extraño y cruel de morir. – Su voz, suena demasiado cerca, tanto que Makoto da un respingo en la banqueta que ocupa en la barra. – Una botella de agua, por favor. – Sonríe, señala la banqueta a su lado. – ¿Puedo?.
Le conoce, es el forense del estado. Ha declarado una docena de veces para este caso. Makoto asiente, desconcertado por su primera frase.
– El alcohol que tomas... tiene al menos un centenar de sustancias nocivas... mata, lentamente, pero lo hace. – Hay algo en la forma en la que lo dice que es casi hipnótico.
– El plástico con el que hacen esas botellas tampoco es muy natural. – Contraataca de un modo muy poco adulto. Sakurai sonríe de lado.
– No voy a tomarla. – Empuja la botella con la punta del dedo a un lado, para usar el espacio con su codo, posando su mano en la cara. – Necesitaba una excusa para sentarme a tu lado.
– Estás condenando a mi hermano, no me parece ético ser amigo tuyo... ni siquiera comenzar una conversación. – Makoto de un sorbo, cortito, aunque su cuerpo le pide que apure la copa hasta el final y pida otra; no lo hace.
– Si esa es la impresión que te causo me disculpo. – Hace una pequeña reverencia con la cabeza. – No soy responsable de los actos del señor Imayoshi, me limito a exponer mis investigaciones sin emitir juicios de valor, ese es mi trabajo. No formarme opiniones sobre nadie... – Desvía la mirada, pone un billete en la barra y se baja de la banqueta con la intención de irse. – Por norma general no me gustan los vivos... salvo pequeñas excepciones que tolero, no disfruto de la compañía de personas...lamento mucho haber interrumpido tu lento suicidio. Buenos días, señor Hanamiya.
Makoto le observa caminar hasta la salida, pasos elegantes, lentos y decididos. En su cabeza aún resuenan sus palabras, su voz es preciosa, el modo en el que habla, mueve sus manos... le atrae.
Sale tras él, y le alcanza en la puerta. Ante ellos el largo pasillo que conecta la entrada a todas las salas de juicio.
– Perdón. – Le toca con la botella aún cerrada en el hombro. – Me disculpo. He pagado mi frustración contigo de un modo muy irracional. –Ojos entornados como respuesta. – Aunque si no te gustan los vivos, no comprendo por que tenías necesidad de buscar una excusa para hablar conmigo.
– Ya te lo he dicho... a veces hago excepciones... digamos que entras en el pequeño y exclusivo círculo de personas que estoy dispuesto a tolerar. – Makoto frunce el ceño, confuso. – Supongo que eres lo bastante adulto como para saber discernir cuando otra persona trata de seducirte, ¿Me equivoco?.
Eso si que no se lo esperaba, ni en un millón de años.
La verdad es que ya había renunciado a cualquier posibilidad de una pareja, estable o no, conforme con la felicidad de Kuroko y Kagami.
Salvo el tema jurídico de su hermano, no había nada mas que le preocupase en el horizonte.
– A si que, estás dispuesto a tolerar mi existencia para acostarte conmigo... me parece demasiado vulgar para alguien tan elegante como tu. – Sus ojos pedían guerra, aunque su cuerpo parecía a la defensiva.
– No deseo intimar a tal nivel y si, tienes razón en que es demasiado vulgar. – Sakurai se detiene, da un paso lateral y le enfrenta, a un lado de las puertas del juzgado. – Pero ya te he advertido que mi capacidad para interactuar con los vivos es totalmente nula, o se acerca bastante a esa palabra. Para empezar me gustaría invitarte a una copa, salir, cenar... lo normal... y a partir de ahí, podemos ver si realmente es necesario un contacto mas íntimo y privado o no.
– Makoto. – Le tiende la mano abierta, totalmente impresionado. – Me encantará salir contigo, cuando quieras.
– Ryo. – Toma su mano, despacio, suave. – Esta noche no tengo nada que hacer. – Hunde la mano contraria en el bolsillo interior de su chaqueta y extrae una tarjeta. – A las ocho sería fantástico. Conozco un sitio que quizá te agrade, para cenar cómodamente.
– A las ocho me parece bien. – Se pierde mirando los datos de la tarjeta, ensimismado. – Te llamaré, para quedar mas concretamente o paso a recogerte.
Makoto le da su propia tarjeta y ve como se aleja, dentro de un coche funerario del siglo pasado.
Sonríe, al darse cuenta de que el forense tiene unos gustos muy peculiares... en los que, de repente, está terriblemente interesado.
…...
El estadio se mantiene en silencio al final de la canción. Los focos se apagan para una pausa, y los aplausos y silbidos llenan por completo todo el recinto.
Una manita saluda desde el público, primerísima fila. Aunque hay una zona habilitada para familiares y amigos de los músicos, a ella le gusta estar ahí.
El responsable de seguridad sonríe a la niña, un enorme señor de mas de dos metros, y unos brazos capaces de levantar el escenario con una sola de sus manos, le ofrece los dos brazos y la alza por encima de la valla sin esfuerzo alguno. Acto seguido aparta los metales para dejar pasar a Midorima.
El público de la primera fila se queja, gruñe y protesta, pero la mirada de ese seguridad no da opción alguna para una réplica.
Corretea sin esfuerzo, entre cables y cajas de luces y sonido. Va tras el escenario, saluda a todo el mundo por sus nombres.
Parada en la puerta del grupo, Musa frunce el ceño.
Sigue siendo demasiado pequeñita como para forzar el tirador, lo que la obliga a esperar a su padre.
Midorima besa su pelo antes de abrir sin llamar.
– Mamááááááááááááááaá. – Grita, con todas sus ganas.
El camerino huele a tabaco, a cosméticos, a sudor … y a otras cosas que no puede definir.
Takao está al fondo, limpiando el sudor de su cuerpo con la camiseta sujeta por los dientes de un modo cómico.
Aunque ve a la niña, no se mueve, y eso le arranca una risita a Midorima.
Miyaji la intercepta en su carrera, abrazada con los dos brazos contra él, la besuquea sonoramente haciendo que todos pongan su atención en ellos.
– Una fannnn... Y una muy guapa. – Besos y mas besos que hacen a la niña romper a carcajadas sin aguantarse. – Necesito una novia... ¿Cuándo vas a crecer, eh?.
– No puedo ser tu novia, tonto. – Musa le empuja, aún con lagrimitas en sus pestañas de tanto reír. – Cuando sea mayor me casaré con papá...
– No puedes. – Taisuke habló, tomando a la niña en sus brazos y levantándola por encima de su cabeza para mirarla un rato. – Tu papá ya está casado con tu mamá...
– Mmm... – se queda pensativa un momento. – Entonces me casaré con Tetsu kun. Ahora bájame, quiero darle un beso a mamá.
– Me parece que se te han adelantado.
El grupo está en silencio, mirándoles.
Están tan dentro de su mundo, perdidos en sus besos, que cuando se dan cuenta que todos los miran, los dos se sonrojan cómicamente.
– Ven. – Midorima parece darle permiso para acercarse y la pequeña no tarda mucho en abrazarse a su madre y quedarse ahí un rato entre sus brazos.
– Así que el doctor se ha pasado al lado oscuro. – Miyaji levanta la manga su camiseta mostrando el tatuaje, aún rojo que luce en la piel.
– No sé como me he dejado convencer. – Niega, aunque su preciosa sonrisa le dice al músico que está mas que encantado.
– Soy yo, mira mira. – Musa corre hasta su padre, se pone junto a su brazo, en la misma postura que en el tatuaje. – ¿Ves?... papá chistaba, duele, duele jajaja
– Cinco minutos. – El responsable de sonido les marcaba el tiempo, poco para el que les gustaría.
– Venga papá. – Toma su mano, tira de él a la salida, aunque el doctor tira de ella en dirección contraria hasta Takao, al que besa profundamente sin soltar a la niña. – Papppppaaaaaa...
– Venga chicos, no descentréis a nuestro cantante. – hace el gesto con las manos para que salgan. – Te dedicaremos la siguiente, preciosa.
Musa recibe el beso de todos antes de salir, contenta.
No podía existir una persona mas feliz que ella en todo el planeta.
Retoman su lugar, miradas curiosas puestas en ellos. Algunos llegan a reconocerlos, aunque nadie lo comenta.
Las luces vuelven a mostrar el escenario. La batería resuena, el público vitorea sus nombres, al tiempo que van saliendo.
Un brillo orgulloso en su mirada, al verle tomar el micrófono entre sus dedos, susurrar su nombre ante miles de espectadores, mandarles un beso, y entonces, solo entonces, las primeras notas surgen de la guitarra que cuelga de su hombro.
La misma canción que tocó mil veces a su pequeña Musa en la cunita. La que tarareó para que se durmiera, la que murmuró en la cama con su esposo, la que se había convertido en la banda sonora de su vida.
La canción que había escrito para su familia.
Y aunque sonaba para el recinto al completo, solo ellos tres sabían que era suya, y de nadie mas.
…...
Docenas de caritas en la ventana.
Esperan, nerviosos.
Por fin, el enorme camión llega, revolucionando las aulas y sus pequeños estudiantes.
– Bien. – Kuroko les mira, tranquilo. – Que todo el mundo recoja sus cosas y se ponga en fila para salir al patio. – Están ansiosos, casi ni pueden contenerse. – En silencio, por favor.
Medio minuto hace falta para que los veinte niños estén dispuestos en una fila frente a la salida. No se les escucha ni respirar.
Las clases empiezan a salir, una maraña de niños histéricos gritando y corriendo sin orden por todo el patio, alrededor del camión de bomberos, de Kagami que responde sus preguntas con una sonrisa enorme y de Teppei que mas acostumbrado, dejaba salir pequeños chorritos con los que les mojaba entre risas.
Aunque debería estar colocando todo, Kagami trotó hasta Kuroko en cuanto le vio salir al patio.
– Kise me ha mandado cincuenta mensajes... cada vez que la niña hace algo, me lo cuenta, aunque sea tirarse un pedo. – Le besa en la frente, Kuroko sonríe. – No sé si es buena idea dejarle de niñero de nuestra hija, no está bien de la cabeza.
– Sabes que no es verdad. – Le pellizca en el costado, a modo de regaño. – Tetsu chan lo adora, y ama a Yukio... y Misha lo amará igual...cuando sea un poquito mas grande.
– Y hablando de Tetsu... – Mira alrededor, y le ve por fin, saliendo del edificio de al lado.
– Mamáaaaa. – Corre hasta Kuroko y se abraza a su pierna. – Hola Taiga.
– Hola campeón. – Le ofrece los brazos, y le sube hasta sentarle en sus hombros. – ¿Quieres abrir el grifo de la espuma?.
– Siiiiiiiiiiiiiiiiii.
– ¡Ah! Makoto ha dejado un vídeo en el correo. Ha llamado a casa y como no estábamos... creo que se ha hecho un lío con los horarios y eso. – Kuroko asiente, feliz por él. – Están en Italia, creo, visitando cementerios antiguos... ya sabes... en fin, vaya luna de miel mas rara...
los gritos de los pequeños suben de volumen en cuanto Teppei empieza a dejar salir la primera porción de espuma. Taiga corre a su lado, con el niño encima, y acaba ayudándole a sujetar la manguera para que apunte a un sitio en concreto sin caerse de culo.
Kuroko les contempla juntos, es feliz... aunque su niña no pueda verlo, sabe que no hay mejor lugar que bajo el cuidado de Kise y su esposo.
También se alegra por el piloto, y por que finalmente y después de muchos altibajos, logró encontrar el verdadero amor... o al menos algo que se le parece mucho.
…...
Aún le queda algo que hacer, un cabo que atar para que su vida sea completamente placentera.
Kuroko deja sus pertenencias donde le dicen y entra en la sala, toma asiento en una mesa numerada y espera.
Tetsu chan mira a todas partes y a ninguna. Asustado, pero solo un poco.
La abuela ahí, con él es un salvavidas muy importante.
Imayoshi entra, custodiado por dos agentes, esposado.
Solo le liberan una vez que ha entrado en la misma sala.
Muestra su enfado al ver a Kuroko, aunque la presencia del niño y de su madre es lo que le resulta mas confuso.
– ¿Ya estás contento?. – Su odio va dirigido al profesor, eso está claro. – Saldré de aquí en un par de años, menos si me porto bien en el recreo.
– Me alegro mucho por ti. – El tono en su voz le indica que dice la verdad, que es sincero. – Y no, no me pone contento saber que estás aquí.
– Retira los cargos, y estaré fuera en unos días. – Se inclina en la mesa, toma sus manos, le mira directamente. – Por favor... aunque sea por el niño, cuidé de él, le traté como a mi propio hijo... me lo debes. – Kuroko solo le mira, sin decir nada. – Te compensaré, te daré dinero, lo que quieras.
– No es Tetsuya quien te acusa. – La mujer interviene. – Los cargos los han hecho desde la fiscalía, delitos monetarios, y desde la comisaría. Mucho antes de que... – Miró al pequeño midiendo sus palabras. – .. hicieras lo que hiciste, ya estabas siendo investigado.
– ¿Tio Sho?. – bajó del regazo de su madre para ir con él. El agente se acercó pero finalmente le dio permiso...
– Lo siento enano... he sido malo y estoy castigado. – Besa su frente, casi disfrutando del contacto. Como lo echaba de menos... ciertamente para él era como un hijo propio. – Pero saldré de aquí antes de que te des cuenta.
– Vale. – Extiende el meñique. – Promesa.
– Claro. – enreda los dos dedos, le abraza un poco mas, solo un poco. Mira a Kuroko.
– ¿Puedes traerle otro día?. – pregunta, en serio.
– Por supuesto. – Es una promesa fácil de cumplir. – Y cuando salgas tienes un sitio en mi familia, si lo quieres ocupar.
La mujer es quien copa su atención, toma sus manos, sonríe.
– ¿Makoto sigue enfadado?. – Avergonzado en serio desvía la mirada.
– Se le pasará, es pronto aún. – Le acaricia el moflete. – Se lo que pretendías, aunque no lo comparta contigo. Ahora tienes la oportunidad de comenzar de nuevo, no muchas personas pueden disfrutar de tal honor.
– Gracias mamá. – Se queda en silencio, pensando en las palabras de su madre.
– Señora, el tiempo ha terminado. – El policía les corta, mostrando las esposas al reo.
– Vendremos de nuevo. – Besa a su hijo, y luego Kuroko levanta al niño para que le de un beso también. – Los tres.
– Estaré esperando. – Deja que le guíen hasta la puerta inicial y se gira un momento, para verles salir.
Ciertamente una segunda oportunidad suena muy bien, aunque no la merezca, piensa aprovecharla.
Por ese niño, y por Tetsuya... del que aún sigue enamorado.
Fin.
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Bueno, terminé.
Uno de mis famosos finales abiertos, que puede ser fácil de imaginar con múltiples caminos.
Gracias por llegar hasta aquí, por esas palabras de aliento, por estar ahí, o por simplemente leer sin emitir juicio alguno.
He disfrutado cada capítulo, muy en serio.
Queda un último mordisco, un final "alternativo" que tengo en la cabeza y me muero por escribir. La escena la retomaré desde que Tetsu y Makoto quedan para verse en el hotel y seguiré a partir de ahí con el nuevo finalizado
Si no te gusta la pareja, este es tu último cap.
Se queda con Kagami, tienen un montón de bebés y se quieren mucho.
No hay mas.
Si te apetece leer una posibilidad real, en que regresa con su esposo, te espero en el siguiente.
Sea como fuere, muchísimas gracias por leer, por estar ahí y por darme con vuestros comentarios el empujoncito para seguir haciendo esto.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
