Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.

Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.

Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.

Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.

Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.

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Silent Scream.

Capítulo Final:...todos los días de mi vida.

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Parado en la puerta del hotel, Kuroko duda.

Camina un poco más, aún hay tiempo, demasiado.

Debería estar en el hospital, apoyando a Takao y a Midorima. Pero …

Había tratado de darle sentido al encuentro. Verle de nuevo, era como … la verdad no sabía que pensar sobre ello, que idea hacerse de la situación.

Si hubiera aparecido antes de la visita de los bomberos a la guardería, ni se lo habría pensado.

Pero ahora, todo era diferente, él era diferente. Amaba a Kagami, casi desde el primer día, y no tenía intención de cambiar eso.

Aún así, quería verle, físicamente y no en la pantalla del teléfono, pequeño e irreal.

Había elegido el hotel, por una razón. Fue el lugar de su primera cita, cita seria.

Si Makoto no lo sabía, entendería que era una jugada de la familia, para hacerle mas daño si todavía no se sentían satisfechos con el dolor que le habían causado ya.

Miró alrededor, una última vez, como una extraña necesidad de recordar el paisaje tras él.

Se decidió por la cafetería a un lado, buscó un asiento junto a la ventana, lo suficientemente íntimo como para tener todo a la vista pero como para no destacar.

Pidió un café y miró el reloj en la pantalla del móvil. Era pronto, menos que al principio pero demasiado para la hora.

A su alrededor, el resto de clientes parecían ajenos a sus dilemas, metidos en sus propias conversaciones, disfrutes y esperas.

Suspiró.

¿Qué demonios estaba haciendo ahí?...

Con el teléfono en las manos abrió la agenda. Taiga arriba, el primero, como contacto en casa de emergencia. Apretó su nombre, y miró, con cierta distancia el devenir de iconos rodeando su nombre. Debería llamarle, o mandarle un mensaje... estaba en mitad del turno, pero aún así, sentía que le estaba engañando solo por estar ahí sin decirle nada.

Alzó la vista, mientras decidía que hacer. Un coche negro, lunas tintadas, los cromados plateados resplandecientes como diamantes se detuvo en la acera.

Makoto surgió el asiento trasero, y se quitó las gafas de sol en un gesto lento.

Sus ojos miraban fijamente la fachada del hotel, recorriendo la acera y los alrededores, buscando una cabeza de cabello celeste. Supuso que llegar temprano le daba la ventaja de verle llegar, tener un poco de tiempo para hacerse fuerte y afrontar de un modo adulto lo que significaba todo.

Kuroko se levantó despacio, mirándole sin poder creerlo aún. El cristal de la ventana le pareció un muro infranqueable, le hizo dudar de la razón por la que estaba ahí.

El niño. Su hijo, su pequeño ángel.

Cuando Imayoshi se lo dijo, no le creyó.

Él lo supo, no le escuchó llorar... nadie podía habérselo llevado sin mas. Kise estaba en los pasillos, no era posible.

Hanamiya giró sobre sus talones, le dijo algo al conductor del coche y caminó despacio hasta la puerta del hotel.

Miró su teléfono, como esperando un mensaje de Kuroko, y sus cejas se juntaron al ver que no era así.

No sabía por qué había elegido un traje negro para la cita. Ahora sentía que le sobraban capas, que no podía moverse bien.

Tras la puerta oteó el hall del hotel. Le vió, en la entrada de la cafetería. Unos vaqueros, una camiseta blanca.

Mas delgado, con el pelo mas largo de lo que recordaba, mas pálido... pero él.

Igual de hermoso que la primera vez que lo vió. Incluso esa cara de sorpresa era preciosa.

Acortó la distancia entre ellos corriendo, echando por la borda todos los años de estrictas enseñanzas de protocolo y buenas maneras.

Cuando llegó hasta él simplemente le abrazó, con fuerza.

– Dios... Tetsu... – Aspiró su aroma, cambió los brazos de sitio, se apartó.

Estuvo a punto de besarle, a punto. Pero el profesor parecía rígido, incrédulo, asustado.

– E-eres tu... – Murmuró, tan bajito que sonó mas a aire expulsado que a una frase. – Mak- Makoto me estás apretando...

Una carraspera a su espalda les indicó que estaban llamando la atención. Pasaron al restaruante, a la mesa que había ocupado Tetsuya.

Silencio. Tenían tanto que decirse, tanto que preguntar, que contar, que ninguno de los dos sabía por donde empezar.

Se limitaban a mirarse, de arriba a abajo. Tetsuya le recorrió, mil sensaciones en su mente luchando por salir. Era él, de eso se dió cuenta en el abrazo, había cambiado, se le veía mas mayor, mas serio, pero era él, indudablemente Makoto.

Incluso llevaba el anillo de boda, lo bastante mate como para demostrar que era el suyo.

Tetsuya bajó su propia mano bajo la mesa, la apoyó en su muslo. De repente se sintió como un traidor.

– Tus cosas... las tengo en un almacén... los muebles, todo... nuestras fotos.. – Alargó la mano por encima de la mesa, tomando los dedos del maestro entre los suyos. – Tu... lo siento. Se que no es mucho, pero no sabía nada... mi padre lo hizo todo...

– Shoichi me lo contó. – No apartó la mano, su tacto era real, conocido. – Siento todo lo que has pasado...

– ¿Porqué te disculpas?... no tienes por qué... yo he tenido todo y tu... – Sacó el teléfono. Se lo iba a pasar pero se decantó por arrastrar la silla y ponerla a su lado.

La primera imagen de su hijo, llenó la pantalla al completo.

– Aquí tenía un mes... – Le obligó a posar el aparato en la mesa, por que con el temblor instalado en sus manos, no podía ver bien la imagen. – Fue la primera vez que pude mirarle como un padre... me avergüenza decir esto pero Shoichi se ocupó de todo hasta que... – Desvió la mirada... – Creí que estabas muerto yo... no podía mirarle sin sentir que me rompía el alma.

– Que guapo. – Miró al que era su esposo, aguantando las lágrimas, solo por ver a su niño. – Mira, como se ríe.

Makoto le miró, mientras veía los dos años de su hijo en la pantalla del móvil.

Le vio reír, con la foto del primer año, sus manos metidas en la tarta, una sonrisa enorme. Dos dientecitos asomando abajo.

Otra sonrisa, en la que le habían vestido de reno, en navidad. Su pequeño ceño fruncido, no muy contento con la ropa.

En la piscina de la casa, un bañador de pingüino, un flotador. Shoichi a su lado, los dos sonriendo.

– No es lo mismo, pero... hay algunos vídeos. – Buscó en el archivo y pulsó play en el primero.

– Papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... – Tetsu dio un respingo al escucharle, esa vocecita punzante. – Papá... men corre...tio Sho pompado un ninosaudio...midaaa.

– Quiero verle. – Le miró, serio. La sonrisa en la cara de Makoto se desvaneció. – ¿Sabe que estoy bien?.

– Es muy pequeño para entenderlo. – Desvió la mirada un segundo para volver a mirarle. – No se como decírselo...

Tetsuya fijó la mirada en el vídeo que se reproducía. El niño no sabía nada de él, no sabía que su madre estaba bien. Había vivido con ellos, con su abuela, sin tener ninguna preocupación, sin faltarle nada. En todas las fotos y videos salía sonriendo, feliz, regordete...

– Aún así, quiero verlo. – Sonó a súplica, una sonrisa triste. – ¿Me pasas las fotos?... me gustaría verlo mas tranquilamente...

– Claro. – Alzó la mano, pasándolo en su cara, por fin. – Llevo todo el rato queriendo hacer esto. – Tetsuya cerró los ojos, paladeando el tacto en su rostro... – ¿Qué va a pasar con nosotros, con lo nuestro?.

Apartó su mano, lentamente, pasándola de la cara a la mesa.

– No hay... tu, estabas muerto... ¿Entiendes?... He estado dos años, yendo cada día a hablar con … – sacudió la cabeza, negando.

– Yo te quiero, Tetsu... No puedes imaginarte lo que ha sido para mí todo este tiempo sin ti...

– Makoto... escucha... Yo. – No quería hacerle daño, pero tenía que dejarle las cosas claras cuanto antes mejor. – Ya no somos los mismos... yo también te quiero, no he dejado de hacerlo en todo el tiempo... pero … – Ahora era él quien tocaba a Makoto en su rostro.

– Siempre hay un pero... – Posó la mano sobre la de Tetsu, había tanto amor en sus ojos, tanto...

– Te amo... pero no a tí... Amo al Makoto de hace dos años... con el que me casé. – Deslizó la mano hasta sus labios, un pequeño beso en la palma. – Ya no somos los mismos. Tu y yo. Mi amor por tí murió contigo... suena raro, lo sé. Estás aquí, a mi lado, puedo tocarte pero ya no estabas... hablaba a un muerto …

– ¿Le quieres?. – Hanamiya le cortó en mitad de la frase.

– Solo quería darme una oportunidad... a mi mismo. – Le vió apretar las mandíbulas, fuerte. – Por primera vez en dos años... he vuelto a sentirme vivo de nuevo, a sonreír...he vuelto a creer que la vida merece la pena...

– No has contestado mi pregunta. – Serio, tomó sus dos manos entre las suyas. – ¿Le quieres, como me quieres a mi, como querías al que era antes?

Tetsu hizo una pausa, suspiró.

– Creo que si. – Makoto dibujó una sonrisa ante esa respuesta.

– A mi me vale con eso. – Tiró de sus manos hacia abajo y acortó la distancia entre ellos. – Ya te enamoré una vez, puedo volver a hacerlo...

Y le besó, cubriendo sus labios con los suyos.

Un beso dulce, sereno, con tanto amor contenido, tanto dolor, tanto anhelo...

Un beso que decía tanto...

Que Tetsuya cerró sus ojos... y le correspondió, con la misma entrega...

…...

No sabía que esperar, que pensar o hacer.

¿Debía decirle a Kagami que había quedado con Makoto?, ¿A solas?, ¿En una habitación de hotel?... Bueno quizá lo último no era necesario.

Mira a los lados, suspira. Últimamente lo hace mucho, suspirar.

Kagami se lo ha pegado,es como una especie de mantra constante con el que ordena sus pensamientos.

Su encuentro ha sido extraño, ajeno y al tiempo familiar, cotidiano.

Es como volver a ver a un viejo amigo después de muchos años.

Te conoce, quizá conoce cosas de tu persona que ya ni recuerdas, o que no has repetido desde que no le ves; Kuroko se sentía igual.

Era como haber llorado el recuerdo de alguien que no lo necesitaba.

¿Cuántas veces había revivido en su mente los últimos días juntos? Sus miradas, sus sonrisas... todo eso que el tiempo y el dolor había borrado de su mente y que ahora le devolvía de golpe.

Amaba a Kagami, por supuesto. Con todo su corazón, eso no lo ponía en duda.

Amaba a Makoto... claro, ¿Cómo no hacerlo?... en realidad jamás había dejado de hacerlo.

Lo había querido hasta el delirio. Habían compartido tanto, tantísimo, que su regreso solo conseguía liar mucho mas su tranquilo y ordenado mundo.

Quizá la parte mas horrible de todo es que, había tardado dos años en hacerle de menos, en dar prioridad a su existencia, en permitirse ser feliz, volver a sentir algo, enamorarse...

Y ahora volvía, siendo igual de encantador, igual de atento... el mismo Makoto del que se enamoró al principio...

– Tetsu... – Kagami le besa, en el cuello, a su espalda en la cocina. – Estás en las nubes.

Abre la boca, va a decírselo, en serio, va ha hacerlo... pero no hay sonido saliendo de sus labios.

– Perdona... ya casi tengo la cena lista... – Desvía la mirada.

De repente se siente como un esposo infiel y eso que no ha pasado nada...

Todavía.

…...

Recreo.

Tetsuya en las nubes.

Un mensajero trae rosas. Un hermoso y enorme centro de rosas. Rojas.

En las tarjeta que las acompaña solo un mensaje: "Tras tus pasos, siempre".

Solo el profesor comprende esas palabras, y contrariamente a lo que pueda parecer, le gusta y le hace sonreír saberse tan cuidado y querido de repente.

En cierto modo era un poco extraño, después de tanto abandono auto-impuesto, que ahora los dos se deshicieran en hacerle cumplidos y regalos...

…...

La noticia es mala... en si es buena, pero mala...

Kagami fuera dos semanas, es bueno para él, para su profesión, para conservar su vida en ese trabajo tan peligroso... pero solo dos semanas fuera lo cambia todo.

Un curso de supervivencia, para afilar sus aptitudes, su tiempo de respuesta, sus bases físicas.

Todos los bomberos tienen que hacerlo, obligatoriamente.

La noche antes de irse, hacen el amor, como si no hubiera un mañana...

Y solo por la mañan es consciente de ello; lo ama.

Y se siente mucho mas traidor que nunca.

…..

– Pato. – Grita, imponiendo sus deseos.

– Tetsu... escucha, puedes ir de pato otro día. Vamos a ver a mamá, quiero que estés guapo. – la corbata mini en su mano, el intento frustrado una y otra vez.

– Pato, no ropa. – Ceño fruncido, enfado real.

– Venga anda, déjale que se ponga la camiseta con el pato, solo por esta vez. – La abuela acude al rescate. Está claro que Makoto necesita ayuda, urgente. – Si sigues así vais a llegar tarde.

– Es que no quiere la camiseta del pato... quiere el disfraz de Halloween. – Señala la prenda en el suelo, y al niño, metiendo los pies en cada pernera, dispuesto a ir de pato quiera su padre o no.

– Pato... – Extiende sus manitas a la mujer, la única que parece estar de su lado en ese momento. – Yo guapo de pato.

Makoto suspira, vencido.

…...

Tetsu mira alrededor, impaciente como nunca en su vida.

Solo cuando Makoto baja del coche se permite una sonrisa, un gesto que no puede borrar de sus labios cuando ve al niño.

– Lo siento, hemos tenido una pequeña emergencia. – Se disculpa, de pie a su lado. – Tetsu chan no ha podido venir, pero he traído un pato.

Kuroko mira tras él, al pequeño patito de peluche que camina de un modo gracioso tras su padre.

– Vaya que pena. – El maestro sonríe a Makoto. – Yo que tenía un regalo para Tetsu chan..

– Toi aquí. – Rodea a su padre, se planta todo lo chulo que es entre los dos. Levanta sus dos alitas en la dirección del peliceleste. – No soy un pato... soy Tetsu. – Mueve el gorro de peluche con pico, descubriendo su cara del todo.

Kuroko aprieta los labios, conteniendo una admiración que clama por salir de sus labios, pero que sin embargo se queda ahí.

– Me parece que mamá necesita sentarse un momento. – Makoto se agacha frente a él, al ver la inactividad del profesor. Supone que para él es mucho mas que un encuentro.

Es la primera vez que puede ver a su hijo de cerca. Que no es un recuerdo en una lápida, sin nombre, solo una fecha que le indica su pérdida, su terrible y dolorosa pérdida.

Que no es una pequeña, diminuta carita en la pantalla del móvil. Esos vídeos, fotos, que ha visto hasta agotar la batería una docena de veces. Está ahí, puede tocarlo, es real, completamente real.

– Mami, ¿Tas mien?. – Toma su mano... por dios, esas manitas, son tan suaves, cálidas... reales.

– ¡Oh, por dios!. – Tetsuya, sentado en la misma silla en la que los esperaba. – Eres precioso, y muy guapo. – Pone una extraña expresión entre sonrisa y llanto contenido. – Estoy estupendamente, y me gusta mucho tu disfraz... me gustan los patos.

– Tamien eres muy guapo. – Palmea sus manitas, una hermosa y limpia sonrisa. – Tienes el pelo como yo... mira, mira.

Consigue subirle en sus muslos, para mirar su pelo, idéntico tono, casi los mismos ojos, la inconfundible semilla de Makoto en el niño. El modo en el que habla, se mueve, pestañea, respira, todo de su padre.

Hasta esos dientecitos de leche que asoman vienen de él.

Con el niño en sus brazos le mira, mira al que una vez fue su esposo, al que amó como nunca en su vida. Sonríe.

Si eso no es la felicidad, se acerca demasiado.

Le deja en el suelo, para que juegue.

Recoge hojas, que ordena con precisión, cerca de ellos.

Los dos le miran, sentados en el césped.

La visión de ambos es curiosa, chocante. El profesor en chandal, ropa cómoda. Makoto en traje negro, corbata, brillantes zapatos... y un pequeño patito que de vez en cuando se acerca a ellos, les enseña palos, piedras, hojas...

– Es increíble que solo tenga dos años. – No puede dejar de mirarle cada poco.

– Y hoy le pillas de buen humor. – Bromea, una sonrisa en la comisura de sus labios. – Cuando se enfada es un pequeño tirano mandón... creo que pasa demasiado tiempo con Shoichi.

Puede que sea cierto, pero incluso siente que ama todas sus facetas.

Es su niño, su bebé, su pequeño milagro.

La tarde pasa, rápido, demasiado cuando lo estás pasando bien. Solo cuando empieza a anochecer se da cuenta de que tienen que separarse, y es como si le arrancaran el corazón del pecho una nueva vez.

El niño está agotado, acaba dormido en los brazos de su padre, su cabeza cómodamente en el hombro, los brazos colgando inertes.

De algún modo uno de los escoltas va por él, acomodándolo en el coche, donde sigue durmiendo como si la cosa no fuera con él.

….

Su casa le pareció mas grande y silenciosa que nunca. Incluso Nigou seguía dormido cuando entró y cruzó frente a él para ir al baño.

Una ducha, cena ligera y primer día sin él.

Tardó muchísimo en poder conciliar el sueño. En su mente una y otra vez las mismas escenas de la tarde. El pequeño patito, que se acerca, le va dando cosas que encuentra; esa sonrisa, tan bonita.

Está tan ensimismado en si mismo, que hasta que no suena el teléfono no se da cuenta de lo tarde que es, y de que no ha llamado a nadie para nada.

Debería haberle llamado él, contarle su tarde con el pequeño patito.

En su lugar le escucha relatar el viaje. Le duele el trasero, el equipo pesa una tonelada, Teppei es idiota y no es justo que el jefe vaya con ellos y Tetsu haya tenido que quedarse en casa.

Risas, disculpas, besos en la lejanía.

Hasta mañana.

Nada del niño, ni de Makoto...

Mañana se lo dirá, si, es importante que lo sepa... aunque a lo mejor no es bueno que lo haga en mitad del entrenamiento.

Su trabajo es importante, lo último que quiere es importunarlo.

Mejor a la vuelta, si... no olvidará decirle todo en cuanto regrese.

…..

Otro día en la guardería. Extrañamente está mucho mas animado que nunca. Incluso que cuando estaban juntos... y eso que ahí si que eran completamente felices.

Terminada la jornada, le espera fuera.

Está guapísimo con los vaqueros y la camiseta roja.

Tienen que hablar, de muchas cosas. Dos años sin verse da para mucho que contar. Esa tarde es para ellos dos. El pequeño está al cuidado de su abuela, lo que les deja la tarde para ellos solos...

Entre tanta explicación, la pregunta surge, sin malicia.

Tetsu no contesta, aún no está muy seguro de que quiera oírse diciendo que lo ama, que lo ama como el primer día.

Que se siente como un traidor asqueroso solo por amarlo. Que no se puede creer que esté ahí, con él... que esto es un maldito sueño del que despertará de golpe y volverá a su realidad... donde Kagami lo adora y su esposo y su hijo están muertos... sin mas.

Makoto le observa. Casi puede escuchar el bullir de su mente, su batalla interna.

En algún momento Tetsuya ha dejado de luchar, no por él, si no por si mismo.

– Tengo una idea, pero vas a tener que confíar en mi. – Makoto saca el pañuelo del bolsillo de su traje.

Es lo bastante grande como para tapar los ojos del maestro.

A ciegas, Kuroko deja que le guíe por la ciudad. Caminan semi abrazados, unos minutos. Por alguna razón, el ambiente se le hace familiar.

El aroma, los murmullos de la gente, los sonidos de la vida, le retraen a una época pasada.

Solo cuando se detienen se atreve a deslizar tímidamente la tela que oculta sus ojos, pestañea, mira alrededor, sonríe.

– Aún tengo la llave. – Makoto zarandea el manojo con sus llaves personales frente a la cara de Kuroko. – ¿Probamos a ver si funciona?

– ¿Estás seguro?... podemos meternos en un lío. –Kuroko protesta, pero Hanamiya le agarra por la muñeca, tira de él en una dirección de sobra conocida por los dos.

Están en su primer apartamento. El barrio sigue igual, la gente a sus asuntos, ignorándoles.

En su bloque de apartamentos pueden ver a las vecinas en las ventanas, sus ojitos escrutadores estudiándoles hasta el último rincón.

Las escaleras de metal, oxidadas, crujen con su peso, los dos subiendo al mismo tiempo.

Casi pueden escuchar las respiraciones de las vecinas cada vez que pasan frente a una de las puertas del pasillo.

Kuroko le detiene cuando está a punto de meter la llave. Llama al timbre, a la puerta, por si acaso está habitado; menudo susto para los inquilinos si así fuera y entraran por las buenas.

Silencio.

La llave funciona, entran sin problemas.

Es extraño estar ahí, es como si hubieran pasado diez años para ellos, y sin embargo, todo parece estar igual.

Era como el primer día que entraron.

Todo vacío, sin muebles, sin cortinas, sin nada en el apartamento salvo las cuatro paredes y las puertas.

Kuroko camina despacio, casi contando los pasos.

No puede evitar una sonrisa, pequeñita.

Tantos recuerdos...

Entra al cuarto, también vacío.

– ¿Recuerdas cuando se rompió la cama?. – Makoto pasa la mano por la pared contraria, donde una vez estuvo el cabecero.

– No se rompió por nuestra culpa... había termitas. – Va hasta la ventana, mira tras el cristal por los pequeños huecos entre los espacios de la persiana. – Es raro, no hay ni polvo...

– Culpable. – Levanta la mano, palma hacia delante. – Lo compré hace un par de semanas.

– ¿Para qué?. – Se detiene, frente a él, le mira.

– Nostalgia, supongo. – La mirada entre ellos se alarga mucho mas de lo que estaba previsto. – Una vez...

– ¿...una vez?. –Kuroko le mira, no entiende.

– Por lo que una vez tuvimos... – Su voz baja de volumen hasta dejar la frase sin final. – Te quiero...

– No lo digas. – Kuroko posa el dedo en sus labios, no quiere escucharlo, no cuando se siente tan vulnerable y solo como en ese momento. – No está bien... no aquí...

– ¿Por qué no?. – Acorta la distancia, sigue su brazo con la punta de los dedos hasta sus manos, enlazando los dedos en las dos. – Este es nuestro sitio, aquí empezó todo.

Se inclina, lento, despacio. Va a besarle, lo sabe y puede evitarlo, pero aún así, no sabe por qué, corresponde el beso nuevamente.

Es por el sitio, por que son ellos, una vuelta al pasado mas cercano, y a la vez tan lejano, tanto.

Su tacto se le hace tan familiar, cotidiano, necesario.

La suavidad de su beso se extiende, al resto de su persona.

Sus brazos le rodean, sus manos buscan, tímidas sobre la ropas.

No es buena idea, debe parar esta locura... él lo ama, si, pero...

No hay peros... un jadeo, pequeñito, casi susurrado lleva su conciencia a dar un paseo, lejos de ese cuarto que una vez compartieron totalmente enamorados como un par de adolescentes ignorantes del mundo.

Dos años después, innumerable dolor, profundas heridas, pero ellos de nuevo, ahí, mas viejos, mas experimentados, mas sabios...

...igual de enamorados... quizá mas, ya que ahora comparten una pequeña parte de si mismos mezclada, en una dulce y hermosa personita, un reflejo de ambos.

No importa que no haya cama, ni un mueble en el que tenderse... ni siquiera es un dato relevante que no haya luz, ni que la escolta de Makoto esté en la calle, esperándoles, por supuesto siendo conscientes de lo que van a hacer mucho antes de que lo hagan.

Nada importa salvo ellos dos... y sus besos.

No puede evitar una sonrisa, tendido sobre el maestro, en el suelo.

La primera vez en ese apartamento tampoco esperaron mucho.

Ese suelo, ese mismo punto se convirtió en un lecho de lo mas cómodo y cálido.

– Una vez... solo esta... – Es Kuroko quien murmura, entre besos.

Le busca, y al mismo tiempo se deja llevar a un camino que conoce de sobra.

Algo en su mente le dice que está mal, que no debe seguir, que tiene que parar...

Su anillo no está, en el dedo... y eso le recuerda que lo había quitado, por alguna razón...

Otro jadeo, y otro mas.

Busca y rebusca el contacto, nada le detiene, no quiere hacerlo.

Es el sitio, es él, la compañía, esos besos conocidos, anhelados... el tiempo, el destino, la soledad... lo que sea, cualquier cosa; una excusa, no le importa cual, solo quiere ser amado, y punto.

Ni siquiera es consciente de la ropa apartada, que no quitada, hasta que la calidez de la piel contraria se hace completamente real.

La presión, invasión, fuerza... un grito ahogado en un beso, la prisa, y el miedo.

Espera, debería doler, un poco al menos, pero no así, no ocurre.

Un suspiro; es por que hay amor... o eso quiere creer.

Él, es él, está ahí, con él, dentro de él...

¡No!... Taiga...

No sabe porqué tiene que acordarse de él ahora. Pero ya no hay marcha atrás, tampoco quiere darla. Es lo que tenía que pasar, ni mas ni menos.

Se deja arrastrar por la sensación, sigue sus movimientos, gime a su lado, en consonancia con sus besos, sus hermosos susurros, promesas eternas de sumisión, de amor incondicional, de paternidad compartida.

Besos que se pierden en "te quieros", no sabe si por que realmente lo ama o por que no necesita mas pensamientos que ese.

Un último empuje, un grito, un final que no es tal.

Makoto se desploma sobre él, no sale, no se mueve, solo se acomoda sobre su cuerpo.

Sin mas.

No quiere moverse, por miedo a que, realmente, sea una última vez. Que sus encuentros sean solo por el niño... no lo ama tanto como para verle feliz con otra persona; le ama lo bastante como para tenerle a su lado, en exclusiva... solo para él, hasta el fin de sus días.

Si una vez le amó, puede volver a hacerlo... y eso le da mas fuerzas para seguir intentándolo.

…...

Tiene mucho que pensar, mucho.

Decidir, que está bien, que está mal.

¿Pero quien decide eso?, ¿Quién puede saber lo que está bien o mal, sin conocer la situación, las personas, los hechos, los anhelos, sueños y propósitos?

Nigou se restriega en su pierna, mientras él mira por la terraza la ciudad.

Kagami duerme, en el sofá, desde hace al menos una hora.

El curso fue bien, está mas fuerte y mas preparado que antes.

Aunque también está mas esquivo, mas raro que de costumbre.

Se pregunta si sabe algo, si puede notar de algún modo que esas dos semanas fuera las ha pasado en los brazos de Makoto, en su cama, y lo que es mas sangrante, en su corazón.

Le mira dormir, girado en la terraza, el culo en la valla.

Suspira.

No es el único con un secreto. Y en cierto modo le molesta.

O debería, aunque no es el caso. Todo el mundo tiene derecho a un par de secretos o tres, es lo que hace mas interesante la convivencia. Pero de repente ese hecho le molestaba, y mucho.

Él se había abierto en canal a Taiga, le había contado todos su miedos y trapos sucios, y siente que le miente cada vez que le esquiva.

Y no es el único. Aomine finge ignorarle, muy mal por cierto. Su comportamiento es mas infantil que el de los niños de su clase, y de eso si que sabe, y muy bien, por cierto.

Akashi cumple su función de amigo incondicional, aunque cuando sale el tema de Makoto encuentra el modo de salir airoso sin pronunciarse al respecto.

Sea lo que sea, a Akashi no parece gustarle mucho Imayoshi, ni nada de lo que tenga que ver con él o su familia.

El móvil de Taiga vibra sobre la mesa, se ilumina pero no suena, y eso llama su atención.

No está bien, aún así lo toma, desbloquea y lee el mensaje que acaba de entrar.

¡Oh, vaya! eso es inesperado.

Satsuki le agradece las noches juntos...

No debería importarle, sabe que estaban juntos antes de todo lo suyo, pero eso no quiere decir que no le moleste que se lo recuerde ahora.

Una foto, adjunta al mensaje.

La camiseta de Kagami le hace sospechar. Esa precisamente, la compraron antes de irse al curso.

No es una foto pasada, es actual... han estado juntos esas dos semanas.

Otro mensaje; "A las 10, donde siempre"

No, no puede ser verdad. Es tan tópico que casi es gracioso.

Deja el teléfono, mira la hora. Mejor hacer la cena.

Nueve y treinta y ocho. Kagami sale del baño, arreglado, afeitado, ropa nueva.

Kuroko pestañea, con la cena en las manos. Deja la cacerola en el centro de la mesa, sobre el protector para que no se queme la madera. Recibe su beso, una sonrisa.

"tiene trabajo, de última hora"...

Traición por traición, que conveniente.

Espera un poco, le sigue.

Debe ser un trabajo de lo mas especial, cuando va al mismo hotel en el que quedó con Makoto... y por supuesto, que Satsuki le espere en el bar, le bese en la mejilla con una sonrisa debe ser parte del trabajo.

Si fuera un poco listo entraría, gritando y reclamando, pero alguien como él, tan acostumbrado al dolor se limita a mirar, solo eso.

Espera no sabe cuanto, hasta que apuran media docena de copas, hasta que ambos, de la mano, se internan en el ascensor que sube a las plantas superiores.

En ese momento todo es confuso, y al tiempo tiene sentido.

Y solo se le ocurre una cosa que hacer.

…...

– Vale, y en príncipe se casó con ella y comienron perdices y fin. – Makoto cerró el cuento con cuidado.

Tetsu llevaba dormido al menos un par de minutos, pero ese crío parecía ser un detector de movimiento, por que en el momento en que hacía el gesto de levantarse de la silla, se sentaba espabilado del todo, y tenía que volver a empezar.

Ya era mas de media noche, y estaba cansado.

Como pudo se deslizó fuera del cuarto, a cámara super lenta, tanto que llegar al pasillo le pareció una proeza de lo mas heroica, pero lo consiguió.

Un último vistazo desde el pasillo y una sonrisa al lograr su objetivo.

Entró a la biblioteca, al fondo del pasillo, Shoichi con una copa fría, esperándole.

– Ese enano te puede. – Agitó el vaso frente a él y se lo dio. – Dime que no...

– ¿Qué no qué?. – Un sorbo, se sienta pesadamente en el sofá individual junto a la ventana.

– Qué no te estás acostando con Tetsuya sin protección, dime que no eres tan tonto. – Mirada inquisitiva desde el otro lado.

– No es asunto tuyo. – Saca un hielo con los dedos y se lo tira.

– Si voy a tener que criar a otro mocoso tuyo si, es asunto mío. – Atrapa el hielo y se lo devuelve.

– Ya te dije que haría lo que fuera para recuperarlo. – Sonríe de lado. – Y si eso incluye darle un hermano a ese pequeño monstruito, haré el terrible esfuerzo de concebir ese bebé.

– Cuanto sacrificio...

Unos golpes en la puerta interrumpe la conversación de ambos.

– Perdón, el señor Kuroko está fuera de la propiedad... solicita permiso para verle. – Uno de los miembros de la seguridad de la casa, entra a medias. – Es muy tarde y sé cuanto le molesta, pero usted dijo...

– Abrid, dejadle pasar. – Makoto deja la copa y sale a la carrera.

Conoce a Kuroko lo suficiente como para saber que no estaría ahí por las buenas, y menos a esas horas.

La casa no está cerca y es un auténtico fortín.

Suerte que la mayoría de los guardias le conocen...

Nigou se queda fuera, en el inmenso jardín. Los perros de la propiedad enseguida hacen migas con él, y juegan como si perteneciera a ese lugar desde siempre.

– ¿Puedo quedarme unos días?. – La pregunta surge mucho antes de que Makoto abra la boca.

– Claro, por supuesto. – hace un gesto con la mano, para que los guardias vuelvan a su puesto. – ¿Quieres cenar algo?.

Kuroko le mira extrañado, confuso por la pregunta, hasta que se da cuenta de que tiene la mano apoyada en la tripa, y está blanco, mucho mas que pálido.

– No tengo hambre...

El mundo se desvanece tras sus ojos y pierde el conocimiento.

…...

Tres y media de la madrugada.

Suena su teléfono. Lo ignora deliberadamente.

Frunce el ceño y lo tira al suelo, sin abrir los ojos.

Silencio.

Suena el de Akashi, mismo procedimiento, aunque ahora si se sienta para comprobar que su chico sigue dormido.

Ni su trabajo y el del abogado, nada mientras estén en la cama, punto.

Aprieta la mandíbula cuando suena el fijo en el salón.

– ¿Está Tetsuya con vosotros?. – Suena nervioso, y un poco ¿Borracho?...

– No, aquí no está. – Aomine bosteza, sacude la cabeza. Está molesto por ser despertado tan vilmente por su amigo, pero pronto su parte policial toma el control diciéndole que hay algo mas. – Se supone que es tu día libre, ¿dónde coño estabas a las tres de la mañana?

– He salido, ¿vale?. – Se queja.

– ¿Tu solo?. – le pincha. – Mira, tu sabrás donde has estado y con quien, pero si has hecho algo que no debías y te han pillado...

– Tetsuya no está en casa, y el perro tampoco...

– Es mayor de edad, no puedo intervenir a no ser que pasen 24 horas. – Bufa por la nariz. – Mantén la polla dentro de los pantalones, y no me llames cuando estoy en casa. Duerme la mona, iré a tu casa por la mañana... y mas vale que tengas una buena explicación o serás tu quien acabe en el calabozo, aunque no estoy seguro si ser gilipollas es delito... mientras lo miro te meto un par de días...

– ¿Cómo sabes que...?. – No termina, le ha colgado... y está cabreado...

…...

–... mamá... –Un dulce susurro que ya conoce del todo.

– Mmm... – Abre los ojos, despacio. Una sonrisa en sus labios. Un sabor a medicina en su boca. – Hola precioso.

– Deja a mi mamá, ya. – Manotea al otro adulto que en ese momento comprueba sus constantes encima de la ropa esquivando al niño con naturalidad.

– Ya vale, mini cosa. – Posa la mano en su cara, mientras Tetsu chan manotea enfadado. – Soy médico, tranquilo.

– ...no mini cosa. – Sigue empeñado en pegarle. – Tu no pincha a mi mamá...

– Lo siento, no ha habido manera humana de sacarle de aquí. – Makoto se sienta a su lado, cerca de la cabeza. – ¿Estás bien?, anoche me diste un susto de muerte.

– Tengo hambre. – Mira al médico y luego atrae al niño entre sus brazos. – Estoy bien, de verdad. No me duele nada, ni un poquito.

Tetsu deja de pegar al médico, y se baja de la cama, no sin antes dirigirle una mirada asesina de las suyas.

– Tu queda aquí, yo taigo bocadillo y tu come.

Solo cuando los pequeños pasitos dejan de oírse vuelve a hablar.

– No quiero verle, ni hablar con él. – Makoto sabe muy bien a quien se refiere.

– Reposo absoluto, órdenes de tu médico. – Una sonrisa conciliadora. – Y mas vale que te comas ese bocadillo. Ahora tienes que comer por dos.

– Parece que hemos vuelto a hacerlo. – Besa su sien, sin poder evitar una risita. – Creo que se nos fue la mano en el apartamento...

– Yo creo que no fue la mano precisamente. – Shoichi entra con una bandeja y comida en ella. – Enhorabuena, supongo. – Se aparta un poco para que el niño entre de nuevo, su sitio en la cama sigue libre. – Y sería una hazaña que solo fuera por esa vez... Mi hermano no tiene tanta puntería

– Es posible que fuera las otras diez o doce veces. – Kuroko sonríe, avergonzado.

– Vale, no quiero escucharlo. –Deja la comida a su alcance y se lleva al enano, colgado de su brazo.

…...

– Eres idiota. – Aomine se pasa la mano por el pelo, y acto seguido vuelve a ponerse la gorra del uniforme. – No me extraña que se haya largado. ¿Qué te pasa?.

– Es por todo el rollo con su marido; el muerto. – Desvía la mirada. – Tenía miedo... y bueno, Satsuki estaba ahí, por los viejos tiempos...

– Eres idiota. – Repitió, manteniendo su mirada, dura mirada. – Para tu tranquilidad, está bien, a salvo y tal y como estás pensando, está con su maridito muerto... es curioso que de toda la gente a la que podía acudir, fuera preciamente con él...

– Joder. – Suspiró frustrado. – ¿Y ahora que hago?.

– Pues tienes dos opciones... o te arrastras y suplicas... o le dejas vivir su vida. Supongo que depende de lo egoísta que seas. – Aomine se levanta y le tiende la mano. – Soy tu amigo, te apoyaré en lo que decidas... aunque me gustaría pegarte un tiro... y puedo hacer que parezca fortuíto...

– Lo del curso era verdad. – Eso hizo que Aomine se parase en seco. – Me ofrecieron un traslado... hay un buen equipo al norte...grandes catástrofes, ya sabes de que va, podría …

– Acepta, dale espacio... enfría tu cabeza, y tenme informado de lo que decidas, ¿de acuerdo?.

…...

– Tetsu, no hagas que mamá corra. – Shoichi le grita, el niño le ignora.

Otro día mas en sus vidas.

Kuroko le sigue, mas despacio.

El volumen de su vientre es tan grande que, el simple hecho de ponerse los calcetines ya es toda una hazaña.

Y correr, ni en broma.

Hay una especie de silencio, Imayoshi entiende. Se agacha, le susurra algo al pequeño que sale disparado dentro de la casa.

Corretea por los largos pasillos, hasta el despacho, esquivando al personal del servicio con gracia.

– Papá. El tío Sho dice que mamá se ha hecho pis y que el hermano va a salir por el ombligo ya.

Makoto deja todo a medias y sale tras el niño.

Deja al pequeño con su abuela y prepara todo en el cuarto. El médico es llamado y toda la casa parece estar en una tensión brutal.

Tetsu chan no entiende que pasa, solo que no puede jugar con nadie y que mamá grita, y llora... y que el médico malo le pincha cosas.

Está dormidito cuando su papá va a buscarle. Es por la tarde, muy tarde ya.

Todo está en silencio, la gente ríe, y su papá está muy contento.

Solo cuando por fin entra al cuarto, ve a su mamá... y la cuna llena con un bebé pequeñito, muy pequeñito.

– Pues vaya. – Mira a su papá de reojo. – Tanto grito para esto tan enano. – Suspira, frustrado. – No voy a poder jugar a nada... vaya hermano mas chiquitito... lo quería mas grande...

– Bueno, eres un hermano mayor. – Shoichi le revuelve el pelo. – Créeme, esta cosa enana hará de tu vida un infierno, lo sé por experiencia.

Makoto estrecha la mirada, acusador.

– No le metas ideas raras en la cabeza. – Le regaña. – Tienes que cuidarle, ¿Entendido?

Tetsu asiente, toma su manita entre la suya, sonríe.

Ahora es su hermano mayor, y si cuida bien de él, su mamá estará mas contento...

– Vas a tener que casarte conmigo... otra vez. – Kuroko murmura, solo para Makoto.

– Solo si tu amigo no me obliga a divorciarme de ti. – Una risita.

– No creo que pase eso. – Le besa, un poquito, aún en la bruma del cansancio. – Necesito saber que somos una familia, una de verdad.

– Ese es un deseo fácil de cumplir que estaré encantado de hacer realidad cuando quieras.

Kuroko abre los brazos, espera que el niño se acomode a su costado, besa su cabeza, sus ojos puestos en el recién nacido... y una vida juntos, por delante.

Y el resto, es historia.

Fin.

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Esto si que es mi final soñado.

Ahora me odiaréis mucho mucho, pero tenía que escribirlo, de verdad, era una especie de espinita que deseaba sacarme y ya está aquí.

De nuevo gracias, por leer, y si te ha gustado, me doy por satisfecha.

Nos leemos en el siguiente

Besitos y mordiskitos

Shigas san