Kuroshitsuji pertenece a Yana Toboso.

Mil disculpas por el retraso. Culpa de los exámenes, cierta falta de inspiración y pereza crónica.


Saber que la causa de su mala suerte tenía nombre y apellido había devuelto a Clayton el valor y la confianza que creía perdidos. En cuanto su aparato digestivo volvió a funcionar con normalidad comenzó las pesquisas.

Sabía por experiencia (todas las novelas de detectives de la biblioteca) que el criminal solía ser alguien del entorno cercano. Se puso a pensar en quien, de entre sus conocidos, haría tal cosa.

Panthomhive estaba descartado. Después de todo, le había preparado ese asqueroso mejunje para la mala suerte de manera desinteresada ¿Cómo iba a ser él?

Bluer no le haría algo así a quien había sido su sirviente por años. Además ni siquiera creía en el ocultismo ni esas memeces.

¿Los de la casa verde? No. Esos tenían la sutileza, la astucia y el disimulo de un elefante en una cristalería. Todos descartados.

¿Los de la casa roja? Redmond se tomaba todo a la ligera, así que no le veía guardando rencores. A Cole le habían expulsado. Y Harcourth era un santo, incapaz de odiar ¡si hasta sintió pena por Cole cuando le expulsaron!

¿Los de la casa violeta?... Bien, que pareciesen recién salidos de una secta satánica no significaba que se dedicasen a gafar a quien no les gustaba ¿o sí? Al menos Violet, porque Cheslock era un reverendo cabrón ¿Su motivo? Pudo hacerlo por diversión, no sería raro en el. Pero no había pruebas.

Siguió reflexionando. Tenía que saber cómo le habían maldecido y así sacaría pistas sobre el criminal (por no llamarle algo peor). Pero, siempre había un "pero", el no sabía nada sobre maldiciones.

Por un momento se imaginó preguntando al bibliotecario por un libro sobre brujería. Probablemente le despellejaría a correazos, eso antes llevarle ante el director por el cuello ante el director acusándole de satánico. Y el director le retiraría el derecho a asistir a las reuniones a medianoche, un privilegio que le había costado cuatro años y un pelotazo en la cara conseguir. No se iba a arriesgar.

Tan concentrado estaba en sus reflexiones que no se dio cuenta de que estaba haciendo algo que, con la suerte que tenía, era un deporte de riesgo: caminar sin fijarse por donde iba. Y justo iba hacia una escalera que no vio hasta que bajó por ella de la misma forma que el subdirector: rodando.

Al menos tuvo la "suerte" de aterrizar en algo blando, que, para más humillación, resultó ser Harcourt.

-¿¡Estás bien!?- gritó quitándose rápidamente de encima y ayudando al menor a levantarse.

-S-Si- respondió Harcourt. Pero en cuanto se puso de pie, Clayton tuvo que sujetarle para que no volviese a caer.

-Lo siento, ¿te has hecho daño?-

-Me he torcido el tobillo-respondió con una mueca de dolor.- ¿Podrías ayudarme a llegar a la enfermería?-

-Claro-

Caminaron en silencio por los pasillos durante un rato hasta que Harcourt volvió a hablar.

-Por cierto, Clayton ¿estás bien? Estos días te está pasando de todo.- preguntó mirando a su compañero con preocupación.

-Lo llevo lo mejor posible. Y he descubierto que algún desgraciado me ha echado un mal de ojo- respondió Clayton, frunciendo el ceño al recordar al anónimo causante de sus problemas.

Harcourt le miró con los ojos como platos.

-¿En serio? P-Pero ¿Quién haría algo tan horrible?-

-No lo sé. Estoy tratando de averiguar al menos como lo hizo, pero no sé dónde encontrar información-dijo Clayton con un suspiro.- Ah, ya hemos llegado-comentó mientras abría la puerta de la enfermería con una mano y sostenía a Harcourt con la otra.

Harcourt se sentó en una de las camas con ayuda de Clayton, y se le quedó mirando pensativo.

-¿Has probado a mirar en el área vieja de la biblioteca?-

Se refería a la sala que había sido biblioteca en los principios de la escuela y que ya no se usaba más que como almacén. Clayotn se le quedó mirando sin comprender.

-¿Por qué allí? Sé que aun hay libros dentro, pero ¿Cómo va a haber… sobre esto?-

-Bien…-dijo Harcourt ruborizándose- En las novelas de suspense la clave para resolver el misterio esta en ese tipo de lugares. Viejos, polvorientos, abandonados, ya sabes.

-Sí, pero eso es solo en las novelas… aunque esto parece una novela de suspense particularmente mala-comentó Clayton. Al final se decidió. Lo haría. Total ¿Qué podía perder?

-Creo que lo haré. Gracias por el consejo- dijo con una sonrisa, mientras se disponía a salir.

-De nada- respondió Harcourt igualmente sonriendo mientras el doctor se acercaba a examinar su tobillo.

Clayton corrió por los pasillos hasta que por fin encontró a Phantomhive en la sala de estudio con sus amigos.

-¡Phamtomhive! ¡Tengo que pedirte algo!-

-Voy. Hasta luego.-dijo Ciel despidiéndose de sus amigos y corriendo hacia Clayton.- ¿Qué es lo que ocurre?-

-Vamos al área vieja de la biblioteca- respondió Clayton con una sonrisa de triunfo-. Ahí tiene que haber un libro sobre maldiciones y males de ojo, esperemos.-

Ciel se quedó un momento en silencio, sopesando si debía decirle quien era el culpable y como lo había hecho o quedarse callado. La primera evitaría que tuviese que entrar en un sitio lleno de mugre y polvo, de los que ya estaba harto de frecuentar debido a sus misiones. Sin embargo, la segunda le obligaría a dar incomodas explicaciones. Al final se resigno.

-Está bien-.

En cuanto llegaron al área vieja de la biblioteca, se hizo evidente que nadie había entrado allí en los últimos cincuenta años, al menos. Casi asfixiándose por el polvo y la humedad, empezaron a mirar en las estanterías. Cuando estaban mirando en las más bajas, Clayton se detuvo repentinamente.

-Phantomhive, creo que lo mejor será mirar en las de arriba del todo primero- dijo Clayton con firmeza. Después de todo, el también se había leído alguna de esas novelas y sabia que, por alguna extraña razón que no sabían ni los autores, los libros sobre ocultismo SIEMPRE tenían que estar en los sitios más inaccesibles. Para dar intriga o para fastidiar a los protagonistas, más probablemente eso ultimo.

-De acuerdo- respondió Ciel trayendo la desvencijada escalera.

-Será mejor que subas tú- ordeno Clayton con desconfianza. Bastantes caídas tenía ya como para arriesgarse a subir.

Ciel subió a la escalera suspirando con resignación y empezó a revisar la estantería, hasta que se detuvo en un grueso volumen en el medio de la fila. Girando la cabeza, leyó el titulo que figuraba en el lomo.

-"Maldiciones del mundo y sus contra maldiciones". Creo que este puede servir-.

-Perfecto- sonrió Clayton; aunque no podía dejar de pensar como cuernos había acabado semejante libro en la biblioteca de su escuela.

Ciel intentó sacar el libro, pero tiró con tanta fuerza que tropezó y cayó justo encima de Clayton, quien no pudo evitar que Ciel aterrizara justo encima de su estomago y la mitad de los libros del estante sobre su cabeza. Maldita mala suerte.