Hola a todos los lectore gracias por sus comentarios, esta es una adaptación de la saga muchos academy de la autora Jennifer Estep, los personajes de naruto no me pertenecen.
Investigando
El asesinato de Kin Umino era el tema de conversación de la Academia Konoha Gakuren al día siguiente. Pero no de la manera que esperaba. Todos los Profesores anunciaron las noticias en sus clases de primera hora. Mi encuentro con el cuerpo de Kin no fue mencionado. La historia oficial era que Kakashi había sido quien la descubrió en la biblioteca, entre la Urna destrozada y que alguien había robado el Cuenco de Lágrimas. Los Profesores asumieron como todos los estudiantes que Kin aparentemente había estado en el momento equivocado y en el lugar equivocado y como el Cuenco no estaba, quien fuera el que la había matado, probablemente iba a pasar mucho tiempo con él. Pero, para estar seguros, los estudiantes deberían estar en grupos y encontrar a un Profesor inmediatamente si veían algo sospechoso.
Después de eso, hubo un momento de silencio en todo el campus por Kin, para que todos nosotros pudiéramos rezar por su alma o lo que fuera que hacían en Konoha. Dos de las amigas Valquirias de Kin estaban en la primera clase de Inglés tranquilas, pensaba que pedirían ser excusadas, para volver a sus dormitorios para descansar el resto del día y procesar lo que había ocurrido a su amiga para sentirse tristes, sufrir y llorar por ella. Pero las dos chicas abrieron sus libros de texto, sacaron sus portátiles, y comenzaron a trabajar en el último ensayo crítico como el resto de nosotros. Como si todo fuera normal. Como si nada fuera de lo ordinario hubiera pasado. Si no hubiera sido por el débil dolor de cabeza que aún tenía, habría pensado que había imaginado todo lo que había ocurrido la pasada noche.
En el último año en mi vieja escuela, Haku Momochi, un popular jugador de fútbol, había estado preparando su trabajo de último año en una tienda abierta veinticuatro horas cuando le habían disparado a muerte durante un robo armado. Al día siguiente en la escuela, la gente había estado histérica. Llorando, desahogándose, gritando, preguntándose por qué le habían disparado a Haku, por qué él tenía que morir, que él nunca se mereció algo así, algo tan violento y horrible y siniestro. La escuela había llevado a consejeros para hablar a todos los amigos de Haku y a todos los demás quienes estuvieran sacudidos por su muerte.
Kin Umino había sido la chica más popular en mi clase de segundo año. Sí, no era la primera estudiante en Konoha para morir, de acuerdo con la Profesora Kurenai, pero la muerte de Kin había sido de lo más inesperada, la más sorprendente. Pero todo estaba muy tranquilo por eso.
Todo era espeluznante.
Y era lo mismo en todas partes que fuera. Oh, los chicos hablaban sobre Kin y su espantoso asesinato, pero no de la manera que esperaba.
—Así que, ¿quién crees que será la reina ahora que Kin se ha ido? —susurró la chica sentada delante de mí en mi cuarta clase de -Química—. Porque el baile es el viernes y ya hemos votado a todos los reyes y reinas la semana pasada.
La pequeña Amazona sentada enfrente de ella se encogió de hombros. —Oh, los Profesores sólo elegirán a la subcampeona, la cual tiene que ser Karin Heibi. Ella era la número dos de Kin. Además, sabes cómo es Karin. Estará más que feliz de llevar esa corona hortera, incluso si realmente no es suya desde el principio.
Las dos chicas rieron tontamente por sus malicias.
Entonces, la de delante de mí se inclinó más cerca de su amiga. —Hablando de algo más que no era de ella desde el principio, he oído que Karin Y Suigetsu estaban muy cariñosos a la hora del almuerzo hoy. Realmente cómodos el uno con el otro, si sabes a lo que me refiero.
Eso llamó el interés de la Amazona. —¿De verdad? Eso es un trabajo rápido, incluso para una total guarra como Karin. Dime más...
La charla fue lo mismo todo el día. Quién sería la reina, si Karin y Suigetsu estaban conectados, incluso quién iba a conseguir trasladarse al dormitorio de Kin cuando sus padres limpiaran sus cosas. Aparentemente, los Umino estaban de vacaciones en alguna isla remota de la costa de Grecia y Academia no había sido capaz de localizarlos aún para contarles lo de la muerte de su hija. Pero todos tenían un móvil esos días, incluso los padres. Eso me sonaba como si los Umino no quisieran ser molestados con el asesinato de Kin. Probablemente no querían cortar sus dulces vacaciones para venir a tratar con todo.
Finalmente, en clase de Historia de la Mitología, no pude quedarme por más tiempo. Di un toque a Shikamaru Nara en el hombro y lo pregunté sobre ello: —¿Qué está mal con la gente aquí? —murmuré—. Una chica fue asesinada. En la biblioteca, donde todos tenemos que ir prácticamente cada día. Y nadie siquiera habla de ello, excepto para preguntar quién será la estúpida reina de bienvenida ahora y qué Valquiria va a hundir sus garrar en Suigetsu a continuación. Nadie se preocupa. De ninguna manera por Kin o quién podría ser su asesino o el hecho de que quizás él aún esté aquí en el campus escondido en alguna parte.
Shikamaru me dio una mirada triste, como si él y todos los demás supieran un secreto que yo no. —¿Sabes cuántos chicos con los que he crecido han muerto, Sakura? Muchos de ellos. Tantos que he perdido la cuenta. Vamos a Konoha por una razón. Somos Guerreros, y los Guerreros mueren. Sólo es como son las cosas. Seguro, algunos de los chicos tienen accidentes de coches o se emborrachan en la playa y se ahogan y lo que sea. Y algunas veces, están en el momento equivocado y en el lugar equivocado y son hechos trizas por los Akatsukis. Algunas veces, incluso son Akatsukis, y tienes que matarlos antes de que te maten.
Nunca había pensado que un Holgazán como Shikamaru pudiera ser tan displicente sobre algo así. Que él pudiera hablar de chicos muertos y asesinar a otros chicos así estaba bien. Como si fuera la manera en la que las cosas se suponían que debían ser. Sólo lo miré. —¿Pero no te molesta? ¿Cómo lo qué le ocurrió a Kin? O al menos el hecho de que, ¿ha ocurrido aquí?
Él se encogió de hombros. —Seguro. Pero nadie nunca dijo que Konoha fuera cien por ciento seguro. Los chicos salen a hurtadillas pasando las Esfinges todo el tiempo. No es difícil pensar que un Akatsuki pudiera entrar a hurtadillas si él realmente quisiera hacerlo. Además, Kin no era exactamente la chica más guapa. Ella era del tipo arpía, si realmente quieres saberlo, siempre se refería a eso y menospreciaba a otras personas sólo por hacerla parecer genial. Pero nadie nunca dijo o hizo nada por eso porque sus padres están demasiado forrados y son demasiado poderosos.
—Pero... Shikamaru suspiró. —Mira, sé que eres nueva, Sakura, pero mucha gente aquí ha perdido a alguien que amaban, alguien que les importaba un montón más que una arpía consentida como Kin Umino. Había una dureza en su voz ahora, una tensión en su cara, y una veta de tristeza en sus ojos marrones que reconocí.
—¿Ha quién has perdido?
—A mi tío —dijo él—. Fue asesinado peleando contra un grupo de Akatsukis el año pasado. Estaba en una cena con su novia cuando ocurrió.
—Pero, ¿por qué? ¿Qué les hizo? ¿Tenía un Artefacto o algo que ellos querían? —pregunté pensando en el robo del Cuenco de Lágrimas.
—Nada —dijo Shikamaru con voz fría—. Él no tenía nada que quisieran. Pero lo vieron y lo mataron porque son Akatsukis y les gusta lastimar a las personas, especialmente a los Guerreros como nosotros. Nos asesinan antes de que podamos matarlos porque saben que somos una amenaza para ellos, que todos estamos aprendiendo cómo poder detenerlos a ellos y a Loki por y para siempre. Pero no todos van a vivir para cuando ese día llegue.
El crudo dolor en su rostro me hizo contraerme de dolor.
—Shikamaru, lo siento. No lo sabía.
—Ahora sí —dijo en voz baja y se dio la vuelta.
Shikamaru no me habló o me miró durante el resto de la clase. No podía culparlo. Había estado tratando de entender, de averiguar por qué las cosas eran tan diferentes aquí, y me gustaría ponerme el pie directamente en la boca.
Después de Historia de la Mitología caminé hacia la Biblioteca de Antigüedades, al cruzar el patio me di cuenta de que los otros chicos habían sentido algo del asesinato de Kin, después de todo. Pude verlo en la manera en que se amontonaban en grupos compactos, en la tensión de muchos de sus rostros, en la forma en que hablaban sólo un poco demasiado rápido y se reían sólo un poco demasiado alto. Sí, ellos sintieron la muerte de Kin tanto como yo y estaban tratando de lidiar con ella, aunque no de la manera que esperaba.
No sé si me hizo sentir mejor o peor.
Aparentemente, no era la única que tenía curiosidad, miedo o lo que fuera, porque había un grupo mucho más grande en la biblioteca de lo habitual. Casi todas las mesas estaban llenas y casi todos los estudiantes estaban viendo a hurtadillas el lugar dónde había encontrado el cuerpo de Kin.
No había nada para ver. La Urna rota y los cristales hechos añicos habían sido limpiados, junto con la sangre de Kin. Y por supuesto, su cuerpo se había ido también. Allí no había nada, ni siquiera flores, ositos de peluche o unas pocas velas encendidas para recordar la muerte de la Valquiria. Después del asesinato de Haku Momochi, la gente había convertido su armario en un santuario, con fotos, tarjetas y cosas. Pero no aquí en Konoha.
Eventualmente, la multitud se fue y encontré un lugar al final de una de las largas mesas de la biblioteca. Saqué mis libros e intenté estudiar, traté de enfocarme en el reporte que debía escribir para la Profesora Kurenai de la clase de Historia de la Mitología pero no pude concentrarme. Y no ayudó que todos los chicos a mi alrededor aún hablaran de Kin.
—… consiguió lo que se merecía, si me preguntan —susurró una de las chicas—. Kin siempre pensó que era mejor que todos los demás.
—Oh sí —dijo otro sujeto estando de acuerdo—. Es algo terrible, pero al menos ya no tendré que aguantarla en Lenguas Antiguas. Siempre se burlaba de mí.
—Yo también, pero lo que realmente me preocupa es el hecho de que hubo un Akatsuki en la biblioteca. —La chica se estremeció—. Se supone que ellos no son capaces incluso de llegar al campus, mucho menos de robar algo de la biblioteca. Eso me molesta mucho más de lo que nunca lo hizo Kin.
Sabía que otros chicos estaban lamentándose, desahogándose o lo que sea a su manera. Y sí quizá Kin era una perra desvirtuada, justo como Shikamaru dijo. Pero aún así a alguien debía preocuparle que estuviera muerta. Digo de verdad preocuparle. Alguien debía estar triste de que se hubiera ido.
Alguien debía querer saber qué le pasó exactamente y por qué. Alguien debía intentar asegurarse de que esto no le volviera a pasar a otros chicos.
El rostro de Fuka Momose cruzó mi mente y me recordó la manera en que me había mirado ese día. En sus ojos había… desesperación. En ese momento, en ese segundo antes de que tocará su cepillo para el cabello, parte de mí, una parte pequeña de mí había notado que Fuka escondía algo, algo grande, algo enorme. Y quería saber su secreto de la manera en que siempre lo hacía, así que tomé su cepillo. Nunca había imaginado lo verdaderamente terrible que era el secreto de Fuka.
Pensar tanto en Fuka me provocó un asalto de imágenes y sentimientos, y lo vi todo de nuevo en mi cabeza. El padrastro de Fuka cepillando su cabello y luego haciéndola acostarse en la cama para poder tocarla. Sentí todo de nuevo, también la vergüenza, el miedo y la impotencia de Fuka. Una vez que veo algo, una vez que aparece un objeto o una persona, los sentimientos, los recuerdos son parte de mí para siempre y siempre los recordaré, y siempre puedo verlos y sentirlos. Supongo que era una versión Gitana de memoria fotográfica. Podría llamar recuerdos específicos y concentrarme en ellos, examinar cada pequeña cosa que he visto, sentido o escuchado. Pero otras veces, sólo me golpean como el de Fuka ahora mismo, tanto si los quería o no. En cierto modo supuse que se trataba de un castigo por ser a veces, tan malditamente entrometida.
Me clavé las uñas en las palmas de las manos, dispuesta a alejar los recuerdos de Fuka antes de que empezará a gritar de nuevo. Los saqué con lentas y profundas respiraciones y me concentré en otra imagen —mi madre—. Recordé su rostro, su voz, su sonrisa, su risa, intenté sacar cada detalle en un súper definido enfoque. Un truco que me había enseñado para lidiar con los recuerdos no deseados.
Pienso en algo bueno y olvido lo malo tanto como puedo.
No siempre funciona pero esta vez sí. Los feos recuerdos de Fuka se desvanecieron y se cerraron en una oscuridad lejana, en un rincón distante de mi cerebro, justo al lado de todas las otras cosas que había visto y sentido a través de los años. Sin embargo, los destellos de
sentimientos me hicieron pensar en lo que había hecho para ayudar a Fuka.
Sí, quería saber su secreto, pero también le dije a mi mamá lo que estaba pasando. Y de alguna manera ayudé a que mi mamá detuviera al padrastro de Fuka de hacerle daño. Pensé en lo que había dicho la Profesora Kurenai la noche anterior, acerca de cuán orgullosa estaría mi madre porque me quedé a ayudar a Kin cuando la mayoría de las personas acabarían por salir corriendo.
Y en ese momento tomé mi decisión.
Quizás estaba loca. Tal vez fue esa sensación insistente de que había algo, de que hay algo más que todo esto y no sólo el robo de un Cuenco Mágico. Quizás era estúpido o tonto o simplemente erróneo.
Pero quería saber más sobre Kin.
Específicamente por qué había estado tan tarde en la biblioteca la noche anterior. Qué le había pasado realmente y quién era el responsable.
Tal vez… tal vez necesitaba hacer esto por mí, para saber qué pasó, para saber por qué el que había robado el Cuenco de Lágrimas había matado a Kin, pero me había dejado con vida. Quizás era algún modo extraño de culpar al sobreviviente o algo así. Pero de algún modo, de alguna manera encontraría las respuestas a mis preguntas.
Después de todo era Sakura Haruno, la chica Gitana que veía cosas. La chica que contratas para encontrar lo que sea que estuviera perdido. Era buena averiguando cosas. Descubrir la verdad sobre el asesinato de Kin no debería ser tan difícil.
Y por otro lado, era un secreto que estaba determinada a descubrir, no importa qué.
No podía concentrarme estando sentada en el piso de la biblioteca con todos los otros estudiantes que habían venido a curiosear, así que me trasladé a una mesa metida en una de las esquinas entre las pilas, la misma esquina que tenía la Urna con la espada extraña en ella.
Tiré mi bolsa de mensajero sobre la mesa, luego me acerqué y miré la espada. El arma tenía el mismo aspecto que tenía ayer por la noche. Metal plateado, una hoja larga con una escritura débil en ella, el rostro de un hombre tallado en la empuñadura.
Esperé un minuto, pero el ojo en la empuñadura no se abrió repentinamente y me miró de nuevo.
Bien.
Tal vez no me estaba volviendo loca después de todo.
Me senté en la mesa, jalé un cuaderno de mi bolso, y me puse a trabajar, escribiendo todo lo que sabía acerca de Kin Umino. Cuánto más supiera de ella, más fácil sería entender por qué había estado en la biblioteca la noche pasada y quién podría haberla matado.
No sabía mucho.
Kin era bonita, popular, y una chica totalmente mala. Una Valquiria que amaba la ropa de diseño y cuya familia tenía mucho, mucho dinero. Y… y… y eso era todo. Eso era todo lo que sabía acerca de ella. Que completaba la suma total de su existencia para mí. Ni siquiera sabía cuál era su otro poder, además de su inherente fuerza Valquiria. Por un momento, estaba deprimida.
Esta era una estupidez.
No era alguien, capaz de entender los misterios complejos con tan sólo unas cuantas pistas. Tal vez había sido un chico malo al azar quien había matado a Kin después de todo, Akatsuki, que andaba detrás del Cuenco de Lágrimas para poder hacer cosas malas, muy malas con él.
Pero entonces, pensé en mi mamá. Algo de esto se sentía mal para mí, y ella siempre me había dicho que confiara en mis instintos, que confiara en mi don Gitano.
Además, Tsunade Haruno no se rendiría tan fácilmente si estuviera investigando el asesinato de Kin, y tampoco yo.
Bien, entonces necesitaba más información sobre Kin, y sabía de al menos un lugar para ello… Internet.
Saqué la computadora portátil de mi bolso y la encendí.
La Academia Konoha Gakuren tenía lo mejor de todo, incluso Wi-Fi gratuito, en todo el campus, así que tuve la oportunidad de acceder a la página web de la escuela con unos pocos clics de mi mouse inalámbrico. Cada estudiante de Konoha se supone que debía tener su propia Página web de la Academia para compartir intereses, fotos y mucho más con sus compañeros. Algo así como una cuenta de Facebook que sólo fuera accesible a los otros chicos dentro de la Academia. Pero algunos de los chicos, incluyéndome a mí, no se molestaban con ello. No tenía ningún amigo en Konoha, para empezar, por lo que, ¿quién aquí querría leer mis divagaciones?
Pero, por supuesto, Kin tenía un blog y más de 200 amigos, de acuerdo con su perfil del campus. Me desplacé por la página, explorando su blog, pero no había nada allí. Sólo algunos comentarios maliciosos sobre quién llevaba qué, junto con varios mensajes soñadores sobre qué gran chico era Suigetsu Hozuki. La típica angustia de niña rica popular de escuela secundaria. O lo que pasaba por ella. También había varias fotos de Suigetsu en su diminuto traje de baño en diversos encuentros. El chico tenía totalmente unos abdominales de six pack.
Sí, miré esas fotos un poco más y un poco más de cerca que las demás.
Pero Kin no había publicado nada en su página que me dijera algo realmente profundo y significativo sobre ella, y mucho menos el por qué estaba en la biblioteca la noche anterior, lo que significaba que iba a tener que ir a otra fuente.
Como su ordenador portátil. Ahí es donde están las cosas buenas que de todos modos. Así era siempre. Incluso en mi vieja escuela, los chicos siempre habían estado frenéticos cuando habían perdido sus ordenadores portátiles, pensando en todas las cosas comprometedoras que alguien podría encontrar en ellos.
Como e-mails acerca de lo borrachos que los chicos habían llegado con sus amigos el fin de semana en que sus padres pensaban que iban al campamento de la banda.
Documentos que habían descargado y plagiado.
Porno.
Tamborileé ligeramente los dedos sobre la mesa, pensando en la última noche, llamando a mis recuerdos de la escena del crimen, y clasificando a través de ellos de la forma en que era capaz de hacer. De alguna manera, mi Magia Psicométrica era mejor que ver una película, porque tenía un color perfecto, imagen y sonido en cada momento.
No había visto un ordenador o cualquier tipo de bolsa en el suelo junto a Kin, sólo esa daga sin sangre con el rubí montado en la empuñadura. Así que Kin probablemente no había tenido su ordenador portátil con ella. Sabía que había uno, sin embargo, porque la había visto con él ayer en el patio. El lugar más probable para buscarlo sería en su dormitorio.
Volví a mirar a la página Web frente a mí.
De acuerdo con su perfil del campus, Kin vivía en la Residencia Kaze. Solté un bufido. Por supuesto que lo hacía. Ahí era donde todas las princesas Valquirias vivían, ya que era la más lujosa, la más elegante Residencia en Konoha.
De acuerdo a los rumores susurrados que había escuchado hoy, la habitación de Kin había sido cerrada hasta que sus padres pudieran venir a recoger sus cosas. No era un gran detective como mamá había sido, pero los rumores me dijeron dos cosas. Una, que la habitación del dormitorio debía estar vacía. Y dos, que si iba a irrumpir y tratar de arrebatarle su computadora portátil tenía que hacerlo ahora… como en este momento. Antes de que sus padres volaran de regreso de donde habían estado de vacaciones en Grecia o transportarse Mágicamente aquí o lo que sea.
Y sobre todo antes de perder los nervios.
Me senté un momento, preguntándome si esto era una locura. En realidad estaba pensando en irrumpir en el dormitorio de una chica muerta para robarle la computadora sólo para poder ver qué tipo de información tenía en ella. Sólo para poder averiguar por qué había estado en la biblioteca la noche anterior. Sólo para poder descubrir todos sus secretos.
Suspiré. Ahí estaba de nuevo, pensando en los secretos de otra chica y cómo podría saber todo acerca de ellos. Era tan completamente oscura y retorcida a veces.
A pesar de todo lo que había sucedido, todavía me gustaba mi don Gitano y cómo me hacía saber cosas sobre la gente, la forma en que me dejaba ver en ellos y tener una idea de sus verdaderos sentimientos, los que habían tratado tan duramente de ocultar. Como el flechazo masivo de Ino con Shikamaru. Mi Psicometría era la única clase de poder que tenía en Konoha, por pequeño que fuera.
Pero la verdad fría y dura que era mi sed de secretos, mi propia estúpida curiosidad, había matado a mamá. Tal vez si no hubiera querido saber el secreto de Paige tan mal, mamá no hubiera estado trabajando tan tarde esa noche y nunca habría sido golpeada por un conductor ebrio en su camino a casa.
Tal vez mi madre todavía estuviera viva.
Tal vez estaríamos cenando juntas en este momento.
Con barbacoa para llevar, tal vez, de Pork Pit, metidas en la acogedora cocina de nuestra antigua casa, de la forma en que lo hacíamos por lo menos una vez a la semana. Mamá me contaba acerca de su día, sus ojos verde esmeraldas un poco tristes, pero siempre había sido capaz de hacerla reír y desterrar las sombras que envolvían su rostro. Después de eso, me preguntaba por la escuela o del cómic que estaba leyendo, o incluso empezaba a hacerme bromas acerca de algún chico nuevo que me gustaba. Tal vez estaríamos haciendo todas esas cosas ahora mismo, en este mismo momento, si las cosas hubieran sido diferentes.
Por otro lado, tal vez Fuka seguiría siendo maltratada por su padrastro, también.
Quizá, quizá, quizá… El dolor y la culpa por la muerte de mi madre apuñalaron a través de mi corazón, y me froté el pecho dolorido.
A veces, no sabía ya lo que estaba bien y lo que estaba mal, o lo que se suponía incluso que debería hacer con mi don Gitano en primer lugar.
En el fondo, no pensaba que iba a seguir encontrando teléfonos celulares perdidos y sujetadores arrugados por el resto de mi vida.
Pero tampoco sabía si se suponía que debería husmear en los asuntos de otras personas. Era el dilema entero de Spider-Man acerca de que un gran poder viene con una gran responsabilidad. No es que pensara que mi Psicometría fuera el mejor poder en el mundo ni nada. No era tan vana o ilusa. No después de ver lo que algunos de los chicos en Konoha podían hacer.
Tal vez… tal vez debería olvidarme de mi plan de locos y dejar que la Profesora Kurenai hiciera lo que ella y los demás Profesores estuvieran haciendo para encontrar al asesino de Kin.
Pero entonces, otro recuerdo me vino a la mente, y me acordé de Kin en el piso de la biblioteca, mirando hacia el techo con sus ojos sin vida, la sangre a su alrededor.
Luciendo tan quieta y absolutamente muerta.
Pensé en todas las cosas malas que había oído decir a los demás estudiantes sobre ella hoy. Tal vez fuera cierto, pero alguien debía preocuparse de que Kin estuviera muerta. Y parecía que ese alguien era yo. Ahora, llegaba el momento de hacer algo al respecto de todo esto, si ni siquiera sabía a ciencia cierta si era lo correcto o incorrecto para hacer en primer lugar.
Pero era un punto de partida, al menos, y era mucho mejor que quedarse sentada en las pilas mohosas de libros meditando sobre mi don Gitano, la muerte de mi madre, y mirando fijamente una espada extraña por el rabillo de mi ojo, preguntándome si iba a mirar nuevamente hacia mí. Sí, escarbar en la muerte del Kin, sin importar lo equivocado que fuera, tenía mucho más atractivo que todo eso.
Empaqué mis cosas y salí de la biblioteca.
Había estado en la Biblioteca de Antigüedades más tiempo de lo que había pensado, porque el crepúsculo comenzaba a caer cuando salí. Miré el reloj. Pasadas las seis ya. Las clases habían terminado por el día, y con excepción de unos cuantos chicos yendo y viniendo de la biblioteca, la acera estaba desierta. En este momento, la mayoría de los estudiantes estaban muy ocupados con las reuniones del club, la práctica de deportes, o consiguiendo algo de cenar en el comedor antes de regresar a sus habitaciones para terminar sus tareas. Pero no me importaba el crepúsculo gris o el patio vacío. La silenciosa oscuridad estaba hecha para esconderse mejor.
Me apresuré pasando los cinco edificios principales de la Academia, bajando en mi recorrido por uno de los caminos de adoquines hasta que alcancé la Residencia Kaze. El dormitorio de las chicas era una estructura de piedra gris de tres plantas, cubierta de tupidas enredaderas de hiedra al igual que todos los demás edificios. De acuerdo al perfil de su Web, la habitación de Kin estaba en la segunda planta, lo que significaba que no podía sólo arrastrarme a través de una ventana abierta o algo. Naturalmente, las cosas simplemente no podían ser tan fáciles para mí.
No me molesté en ir a la parte trasera del dormitorio e intentar entrar de esa forma. Sabía de vivir en la Residencia Ryu que ahí era donde a los fumadores les gustaba pasar el rato, fumando cigarrillos y ocasionalmente algo de marihuana. En Ryu, tenías que pasar con dificultad a través de las nubes de humo para entrar y luego apestabas tanto a tabaco hasta que podías tomar una ducha. Así que no valía la pena.
Pero todas las puertas en todos los dormitorios tenían una máquina en la que tenías que pasar tu tarjeta de identificación para entrar. Por razones de seguridad y para intentar mantener a los chicos, las chicas y sus diversas conexiones al mínimo, tu tarjeta de identificación sólo te permitía entrar en tu dormitorio asignado, lo que significaba que mi identificación sólo funcionaba en la Residencia Ryu y no aquí en Kaze. La frustración me inundó. Me había olvidado acerca de ese pertinente detalle en mi prisa por llegar hasta aquí. Los chicos podían llamar a otros chicos en el dormitorio a través de un sistema de intercomunicación fuera, pero por supuesto no tenía ninguna amiga que se alojara en este dormitorio que pudiera permitirme entrar. No tenía ningún amigo en absoluto.
Pero no estaba dispuesta a renunciar por el momento. Mis ojos exploraron los caminos que conducían a los dormitorios. Después de unos diez segundos, reconocí una cara familiar —una pequeña chica Valquiria que estaba en mi clase de Literatura Inglesa. Una chica que probablemente nunca me había notado antes y no tenía absolutamente ni idea de quién era yo— y, lo que era más importante, que no pertenecía aquí exactamente. Valía la pena intentarlo.
Subí los escalones de la puerta frontal del dormitorio y empecé a hurgar en mi bolso, como si estuviera buscando mi tarjeta de identificación. Unos segundos más tarde, la Valquiria trepó los escalones. Me volví para hacerle frente y me alejé a un lado.
—Olvidé mi tarjeta de identificación otra vez —dije con voz alegre, y sonreí—. ¿Puedes escanear la tuya por mí, por favor?
La otra chica me dio una mirada extraña, pero deslizó su tarjeta a través de la máquina, abrió la puerta y caminó adentro. Eso en cuanto a la estelar seguridad de la que la Profesora Kurenai había estado hablando anoche. Seguí a la Valquiria al interior.
El interior de la Residencia Kaze se parecía bastante a mi dormitorio. La primera planta era una serie de áreas comunes unidas entre sí, incluyendo la sala de estar en la que estaba parada ahora mismo, aunque era mucho mejor que la de la Residencia Ryu, con mobiliario de lujo aparentemente caro. Varios sofás y sillones reclinables rodeaban tres enormes televisores. Uno de ellos estaba sintonizado en algún cursi programa de reality, aunque la chica sentada frente a él estaba más interesada en los mensajes de texto de su teléfono que en ver el programa.
No malgasté tiempo embobándome, sino que en su lugar me apresuré escaleras arriba a la segunda planta. Tuve suerte y no me tropecé con más Valquirias. Casi todo el mundo estaba aún en el campus haciendo sus cosas, y el dormitorio estaba tranquilo y silencioso.
Rápidamente hice mi recorrido a la 21V, que era la habitación de Kin, según su perfil online. La puerta estaba cerrada, pero aparte de eso, no había nada que indicase que esta era la habitación de la chica que había sido asesinada. No había cinta amarilla de escena del crimen colgada ni nada. No es que me quejase, pero era algo raro, como todo lo demás en Konoha.
Me paré ahí un momento, mirando la puerta, preguntándome si esto era realmente lo correcto. Y sí, tenía un poco de curiosidad acerca de cómo sería la habitación de Kin. Todo el mundo había estado hablando acerca de lo magnífica que era. Demándame por preguntármelo. Además, ya había hecho la mayoría de la irrupción, podría hacer además el allanamiento y el robo, también. Así que respiré, alcancé el pomo de la puerta, y lo agité.
Cerrado.
Mierda.
Sí, había esperado que la puerta estuviese cerrada, pero parte de mí había tenido también la esperanza de que las Potencias podían haberse equivocado y dejarla abierta.
Me incliné y miré la puerta. Como las puertas en mi dormitorio, no era tan lujosa y robusta como podría haber sido y había un pequeño hueco entre la puerta y el marco. Así que puse la mano en uno de los bolsillos laterales de mi bolso y busqué hasta que apareció mi licencia de conducir.
Había estado emocionada cuando había obtenido mi licencia el año anterior, e incluso había estado ahorrando dinero de mis trabajos casuales para comprar un auto. Pero no había conducido desde que estaba en la Academia, principalmente porque podía caminar adonde fuera que necesitara ir en el campus y el autobús de Konoha bajaba a casa de la Abuela Chiyo todos los días. Y cuando tu mamá muere en un accidente de auto se lleva la diversión de conducir de todos modos. Pero mi licencia tenía otros usos, incluyendo uno que mamá me enseñó.
Deslicé la tarjeta plastificada entre la puerta y el marco, guiándola suavemente hacia abajo a la cerradura. Llevó algunos movimientos, pero me las arreglé para deslizar mi licencia entre la cerradura y el marco, haciéndola saltar abierta.
La puerta osciló hacia adentro.
Antes de que pudiera pensar mucho acerca de lo que estaba haciendo y de lo incorrecto que era, entré y cerré la puerta tras de mí. Para mi sorpresa, había luz dentro, gracias al suave resplandor de una lámpara Tiffany con vidrieras de colores sobre el escritorio. Me paré allí y miré alrededor de la habitación, intentando hacerme una idea de la clase de chica que Kin Umino había sido, y quién habría querido matarla.
Tenía la apariencia que más o menos había esperado. Kin tenía todo el espacio para ella, por supuesto, y era más como un apartamento de lujo que una habitación de dormitorio. La cama estaba oculta en una esquina, cubierta con un edredón azul de Ralph Lauren, un montón de almohadas a juego y peluches. En su mayoría gatos, leones, tigres, y panteras, por lo que podía ver.
Un gran y caro tocador blanco ocupaba la esquina opuesta. Un banco acolchado se situaba en frente de una mesa con cubierta de cristal, mientras que luces rodeaban el espejo por encima de ella. Maquillaje, cepillos para el pelo, frascos de perfume, y más atestaban el cristal, en tanto que fotografías se sujetaban en los bordes del dorado marco alrededor del espejo. Eché un vistazo a las fotos, la mayoría de las cuales parecían ser de Kin, más que de sus amigos o su familia. A alguien le había gustado mirarse a sí misma. Yo hubiera podido, también, si hubiera sido tan bonita como Kin lo había sido.
Una puerta en la pared se abría en un vestidor repleto de ropa de diseño, zapatos, y bolsos, todo cuidadosamente organizado, mientras la otra puerta conducía al baño. Miré en la bañera y abrí la vitrina sobre el lavabo, pero no había nada interesante. Sólo caros champús y lociones. Sin condones ni píldoras anticonceptivas.
Tal vez los rumores eran ciertos acerca de que Kin seguía siendo virgen y no quería sacar provecho de su Carnet de socio V con Suigetsu Hozuki por el momento. Me pregunté cómo se sentiría Suigetsu acerca de eso. Ciertamente parecía bastante feliz frotando sus hombros en el patio el otro día. Kinprobablemente había tenido al Vikingo a su merced, deseando hacer cualquier cosa que ella quisiera, incluso esperar para tener sexo.
Una vez que mi inspección por la habitación fue completada, me acerqué al pesado escritorio de madera que se encontraba junto a una gran y cara televisión y un par de muebles para libros. El escritorio era casi siempre donde estaban las cosas buenas. Libros, papeles, bolígrafos, revistas de moda. Todo el desorden habitual cubría la superficie, junto con el ordenador portátil de Kin, medio enterrado debajo de un montón de cuadernos. El premio.
Tiré de la manga de mi sudadera con capucha hacia abajo para cubrir mi mano, cogí el ordenador portátil, y lo deslicé en mi bolso bandolera. No quería tocar el ordenador por ahora. No aquí. No sabía lo que podría ver con mi Magia psicométrica, y no quería hacer algo estúpido —como empezar a gritar si había malas vibraciones ligadas al ordenador—. Haría eso más tarde, cuando volviera a la habitación de mi propio dormitorio. Además, había estado aquí varios minutos ya, y cada minuto de más que me quedaba se añadía al riesgo de que alguien me descubriera.
Cuando esto estuvo hecho, revolví los cajones del escritorio, aún teniendo cuidado de no tocar nada con mis manos desnudas. Pero no había nada en el escritorio que no debiera estar ahí y nada de lo que pensara que podía recibir un verdadero flash o una vibración.
Así que seguí adelante y examiné las estanterías de libros que ocupaban parte de una pared. Para mi sorpresa, había muchos libros ahí, un montón de libros.
Kin no me había dado la impresión de ser el tipo de chica a la que le gustaba leer. Lo realmente extraño era que todos los libros eran de algún modo… aburridos. Libros de texto o enciclopedias con títulos como:
Los Poderes Comunes de una Valquiria y Dominando Tu Magia.
Quizá, no era tan extraño que Kin tuviera esta clase de libros. Tal vez había tenido un poder además de su inherente fuerza de Valquiria —Magia que le permitiera hacer descender rayos desde el cielo o transformar a la gente en hielo con sus ojos—. De acuerdo, demasiadas chicas malas tenían este último poder, de todos modos, pero aquí en Konoha unos pocos estudiantes en realidad tenían la habilidad de congelar cualquier cosa o a cualquier persona que quisieran. Hice memoria, pero no recordaba haber oído nada acerca de que Kin tuviera ninguna clase de poder especial, y nunca la había visto haciendo ningún tipo de Magia, como hacer que nubes de tormenta se acumularan sobre su cabeza o que la niebla de repente se moviera por el patio. Sin embargo, ninguno de los libros parecían como si fueran divertidos de leer. Quizás estaban sólo para exhibirlos y nada más. Solamente no podía ver a Kin pasando su tiempo estudiando hechizos, investigando la Magia, o aprendiendo acerca de cualquier clase de poder de Valquiria que pudiera haber tenido.
Estaba a punto de alejarme de los libros cuando un título me llamó la atención:
La Historia de los Grandes Artefactos.
Una memoria hizo clic en mi mente. Espera un minuto. La noche anterior, el Entrenador Asuma había llamado al Cuenco de Lágrimas un Artefacto con una A mayúscula y uno de los trece, o lo que fuera que significara.
Curioso, usando la manga de mi sudadera con capucha saqué el libro de la estantería. Un trozo de papel azul estaba pegado en la parte superior, como si fuera un marcador. Puse el pesado libro sobre la mesa y lo abrí en esa sección, y fui recompensada con una foto del Cuenco de Lágrimas, junto con un par de páginas contando todo acerca de su historia, su supuesta Magia y poderes Mitológicos.
Mis ojos se entrecerraron. Tal vez Kin no había sido la víctima inocente como hacía suponer todo esto. Tal vez... tal vez en realidad había ayudado a alguien a robar el Cuenco de Lágrimas antes de ser asesinada. La Profesora Kurenai me había dicho que antes, algunos estudiantes de Konoha trabajaron para los Akatsukis. ¿Por qué otra razón Kin tenía este libro con esta página marcada en particular acerca del Cuenco de Lágrimas, si ella no estaba involucrada en el robo de alguna manera?
Deslicé el libro en mi bolso, justo al lado de la computadora portátil.
Entonces, me acerqué a la última parte de la habitación que quería ver, el bote de basura bajo el escritorio.
Mamá siempre me había dicho que la gente dejaba un montón de cosas interesantes en la basura. Cosas que no podrías creer que la gente no se molestara en ocultar si fueras un detective buscando en un casa pruebas de todas las cosas malas que habían hecho. Mi madre siempre había dicho que las personas ponen cosas en los botes de basura y luego se olvidan de ellas, como si tirarlas a la basura fuera lo mismo que tirarlas en un basurero y enterrarlas para siempre.
Así que saqué el bote debajo de la mesa de trabajo y busqué a través de los contenidos, aún usando la manga de mi sudadera para evitar tocar algo.
La mayor parte era basura normal, aburrida. Un tubo de brillo para labios usado por la mitad. Algunos pañuelos arrugados. Una bolsa vacía de papas fritas. Pero había una cosa interesante, una foto en la parte inferior.
La foto había sido partida en dos, y recogí ambas piezas, les di vuelta y las puse juntas. Para mi sorpresa, la foto no era de Kin.
En cambio, Karin y Suigetsu me sonreían. Ellos tenían sus brazos alrededor del otro y sonreían a la cámara. La foto parecía que se había tomado algún día de la primavera en el patio, porque el árbol detrás de ellos era de color verde con hojas nuevas.
Fruncí el ceño. ¿Por qué Kin rompería esta foto en particular en dos? ¿Había algo entre Karin y Suigetsu? De acuerdo a los rumores que había oído, Karin le había echado a éste último, ahora que Kin había muerto. Sin embargo, esta foto tuvo que haber sido destruida ayer por la noche, cuando ella había sido asesinada.
Nada tenía sentido. En este momento, tenía más preguntas que respuestas, y un montón de problemas en los que me metería si alguien me encontrara espiando aquí.
Puse la foto rota en mi mochila con el resto de las cosas que había recogido. Entonces, me arrastré hacia la puerta, intentando escuchar voces o pisadas fuera. No oí nada, así que abrí la puerta y salí al pasillo.
Salí de la misma manera que entré, corriendo por las escaleras y caminando a través de la sala común. Algunas chicas habían llegado al dormitorio, pero ninguna de ellas me miró, mientras pasaba. Por suerte, no tuve que deslizar la tarjeta de identificación para salir del dormitorio, así que fui capaz de empujar la puerta principal, escabullirme por las escaleras y estar de vuelta en la calzada de adoquines.
Eché un vistazo alrededor para asegurarme de que nadie me miraba, luego me dirigí por el lado del edificio de piedra para poder cortar a través de uno de los pequeños patios y caminar de regreso a mi propio dormitorio.
Estaba casi lo bastante lejos de la Residencia Kaze cuando una ventana del segundo piso se abrió y salió una mochila, desplomándose en el suelo delante de mí. De alguna manera, ahogué el grito de sorpresa en mi garganta. Especialmente cuando la mochila fue seguida un minuto más tarde por un hombre que aterrizó, perfectamente en cuclillas. Se puso de pie con facilidad, como si la caída no hubiera sido nada, y vi que era él.
Sasuke, el maldito, Uchiha.
Estaba más oscuro que antes, y el Espartano parecía aún más peligroso en el ennegrecimiento de las sombras. La pálida y lechosa luna trajo reflejos azules en su oscuro, grueso y ondulado pelo. Sasuke sacudió unas cuantas hojas de su vaquero de diseñador, levantó la mirada para encontrar que le miraba fijamente. Sus ojos se entrecerraron en su bien definido rostro.
—Bueno, bueno, si no es mas que la mismísima chica Gitana aquí en la oscuridad. —Su voz sonó profunda y ominosa—. ¿Qué estás haciendo?
Aferré mi mochila contra el pecho, como si eso fuera de alguna manera a protegerme del Espartano y el hecho de que pudiera matarme con su dedo meñique. —No saliendo a escondidas de la habitación de una pobre chica, como tú, evidentemente lo estás haciendo.
Se movió cerca de mí, pero me quedé en mi lugar y no di un paso atrás. Los labios de Sasuke se arquearon en una divertida sonrisa, una vez más. Él debía de haberse dado cuenta del miedo que le tenía, a pesar de mis ácidas palabras.
Pero sólo estoy un poquito asustada de él, me dije.
Y sólo porque Kin había sido asesinada y yo era la que había encontrado su cuerpo. Y, bueno tal vez porque acababa de allanar y registrar su dormitorio y tenía su portátil en mi mochila. Muy bien, así que tal vez había varias buenas razones para estar nerviosa, además de el hecho que estaba aquí sola en la oscuridad con Sasuke Uchiha. El muy sensual y peligroso Sasuke Uchiha.
—Tienes razón —dijo—. Tenía una cita. ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo aquí?
Aferré aún más fuerte mi mochila con el equipo robado. —Nada. En realidad estaba en camino de regreso a mi dormitorio. Nada, de veras.
Nos miramos el uno al otro. Sus ojos era tan pálidos como la luz de la luna en su cara, más plateados que negros, mientras su piel se parecía al mármol de las estatuas que se encontraban por todos los edificios de la Academia. Frío. Remoto. Duro. Perfecto.
—Bueno, creo que voy a hacer nada en otro lugar. —Sasuke Uchiha arrastró las palabras—. Tal vez vuelva a mi dormitorio.
¿Quieres unirte?
No podía dejar que mi boca callera abierta. ¿Había el infame Sasuke Uchiha pedido que regresara a su habitación con él? Rebobiné los últimos segundos en mi mente. Sí, sí, había… dos minutos enteros después de que acabara de saltar fuera de la ventana de alguna otra chica.
El disgusto me llenó. Cerdo egoísta. ¿Pensaba que era así de fácil? ¿Qué me acostaría con él sólo porque lo pidió? ¿Qué estaba sola y desesperada? ¿Qué era tan sexy que ninguna chica podía resistírsele? Mis ojos se dirigieron a su musculoso cuerpo otra vez. Bueno, tal vez tenía derecho a estar bastante seguro de eso.
Pero incluso si fuera una puta rabiosa como Karin, que había dado su virginidad sólo por diversión, todavía estaba el problema de mi pequeña habilidad Gitana. Sólo tocar un cepillo para el pelo me hizo gritar tan fuerte y tanto tiempo que acabé en el hospital.
Tener sexo con alguien como Sasuke Uchiha, seguramente freiría mi cerebro para siempre. No había besado a un hombre en meses, desde que había roto con Kiba, mi primer y único novio, por un corto tiempo. La última vez que lo besé, había sentido que estaba fingiendo que era Fuka Momose. Lo dejé en ese mismo instante y momento.
—Entonces, ¿qué me dices chica Gitana? —preguntó Sasuke en voz baja—. ¿Quieres volver conmigo a mi habitación y hacer nada juntos?
—Lo siento —le espeté—. Creo que voy a llamar a mi Abuela.
Él levantó una ceja. —¿La Abuela que puede hacer que el pene de un hombre se pudra?
Le di una sonrisa brillante, aunque me preguntaba si podía verme en esta oscuridad. —La única y misma. Me aseguraré de decirle todo sobre ti. Tengo que correr. Hasta luego.
Lo bordeé y me apresuré, esta vez sin ningún cuidado de qué tipo de loca creería que era.
Pero antes de irme de alrededor del edificio miré por encima de mi hombro.
Sasuke Uchiha estaba de pie debajo de la ventana de la chica. Sin dejar de mirarme. Todavía me estaba mirando.
Podría haber sido sólo mi imaginación, pero juro que pensé que lo vi sonreír de nuevo antes de rodear el dormitorio y él desapareciera de la vista.
Espero que les haya gustado el capi, review?.
