¡Hola a todos! Juro que decidí actualizar mis otras historias, pero bueno, la inspiración llegó y no pude hacer mas que aprovecharla jajajaja. Un gran "Gracias a todos los que disfrutan la historia y dejan el comentario que me hace sonrojar y me motiva a escribir mas. Ahora, solo diré que este bebe se vuelve a cada momento mas dramático, hasta podría decir que parece novela de Crepúsculo o algo así, aunque espero que no llegue a tal grado. Pero en mi defensa, debo decir que amo el drama, no se, es simplemente... hermoso.
Ahora si, espero disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo. Recomiendo escuchar una melodía nostálgica durante toda la lectura.
Disclaimer: Yo no soy dueño de MLP, pero algunos personajes son de mi pertenencia. Sugerencias y criticas serán bien recidivas.
Summary: Porque ambos eran imperfectos, llenos de virtudes y sobretodo de defectos, que mostraban y ocultaban por igual. Pero al mismo tiempo, eran similares; unos perfectos incompatibles.
Perfectos incompatibles
Confiamos en que el dolor nos hará mas fuertes, sin embargo yo te pregunto, ¿cuantas veces tendrás que morir hasta alcanzar tu deseo?
5.- Perfecto corazón herido
Había salido de su casa con la simple intención de escapar de su hermana; sin embargo la caída desde el segundo piso así como el impacto sobre un pobre arbusto en el suelo le hicieron un fiel recordatorio sobre las leyes de gravedad, sin contar el hecho de que fue su hermana quien le enseñara lo obstinado y terco que puede ser alguien perteneciente a la familia Apple.
Por eso mismo y ante la gran insistencia de la rubia, ahora caminaba justo a su lado a través de las calles semivacías de la ciudad. Observó a su lado y la pudo encontrar sonriendo, tarareando suavemente alguna canción que el desconocía. Desde la plática de unos días atrás Applejack había sido un poco más insistente en su trato para con él, suponía era por lo dicho anteriormente que su hermana menor ahora se esforzaba por recuperar el tiempo perdido con él.
No es que el nuevo interés en su persona le desagradara, sin embargo su vida siempre había transcurrido alejada de los otros es más, él podría decir que su vida transcurría como una línea paralela a la vida de la familia y sus congéneres. Así nadie se inmiscuía en su vida ni el en las suyas y si alguien en algún momento requiriera su ayuda el saltaría de su línea paralela a la vida adyacente a la suya. En realidad solo era cuestión de perspectiva.
Y ahora, ser consciente de que Applejack quisiera entablar todo tipo de conversaciones con su persona o que pidiera su opinión para cualquier tópico que ella ideara le parecía extraño. Desde pequeño fue alguien cerrado; así nació y así fue educado. Su responsabilidad era ayudar a sus padres con la granja, y posteriormente, cuando los ingresos de la familia aumentaron sus padres decidieron que lo mejor era enviarlo a la escuela y fue gracias a su gran capacidad de comprensión que adelantó cursos en el colegio. Después llego el segundo embarazo de su madre y el nacimiento de Applejack y el momento donde él se convirtió en su guardián y protector. Como hermano mayor que era, se le fue dada la tarea de protegerla así como de cuidar a la familia, como el hombrecito que era y esa tarea la llevaba a cuestas con orgullo, como cualquier niño la llevaría.
Las cosas seguían igual, felices para él y su familia, sin embargo aquella felicidad no perduró. Con el tercer embarazo de su madre, su salud decayó en gran medida. Las náuseas, vómitos y dolores de cabeza características de cualquier embarazo se hicieron más frecuentes; el cansancio y debilidad que la agobiaban se hicieron tan grandes que su madre pasaba gran parte del día postrada en cama, con cuidados extremos para no perder a quien sería su futura hermanita, siempre con los ojos cerrados y sumida en una sopor nada normal.
Poco a poco su salud disminuyó y los médicos no encontraron ninguna explicación para el empeoramiento de su estado de salud. Su padre, aun apoyado por la abuela se sumió en la desesperación, siempre se encontraba frustrado, enojado con cualquiera que se acercara; su padre al igual que el presentían lo que iba a suceder y aunque no lo aceptaran, él pudo reconocer su pesar; el inhumano dolor que su padre sentía. Así, resignado a tomar el papel que le fue puesto desde pequeño aceptó la perdida antes de que nadie, se abandonó a la idea, lloró, gritó, maldijo a su destino y a todo el mundo; a los doctores por no poder hacer nada, a su padre por abandonarlos estando físicamente allí con ellos, a la debilidad de su madre y a su pequeña hermana que aún no nacía.
Odió todo y a todos, pero cumplió su promesa. Sacó todo dolor que no quería volver a mostrar, toda debilidad que no podía existir en alguien como él y pidiendo una disculpa silenciosa a su padre, a su madre y a su hermana, se convirtió en el pilar que debía ser.
Día a día, la muerte cubría con su velo la vida de su madre y todo el mundo a su alrededor caía a pedazos. Su padre, quien debía ser el pilar que los mantuviera con alguna vana esperanza se había roto y hasta cierto punto no lo culpaba, él se había sentido igual después de todo. Por eso mismo deseó ayudarlo, tragándose su dolor y lágrimas para cuidar a su hermana pequeña, para seguir arando el campo que se hallaba descuidado después de varios meses de no trabajarlo. Lo había entendido, tanto que el mismo decidió sacrificarse para aligerar la carga que su padre llevaba en su espalda.
Pero no fue suficiente, para nada en realidad. Todo fue absoluta y llanamente en vano.
Cuando su madre murió, su padre, sumido en la depresión y falto de esperanza, los abandonó, dejando a la abuela y a él como jefes de familia; y ahora con dos hermanas pequeñas y una anciana abuela, pronto se vio cubierto de responsabilidades que ni siquiera llegaba comprender. Afortunadamente Applejack era muy pequeña para recordar; fue fácil disfrazar la verdadera razón de la ausencia de sus padres con historias inocentes y falsas sobre amor incondicional, y pese a que la abuela Smith había optado por decirle la verdad, él no quiso hacerlo; alimentado por el odio hacia su progenitor suplicó por ocultar la verdad, no queriendo que aquel que una vez llamó padre volviera a lastimar a alguien más.
Así se hizo cargo de Applejack y Apple Bloom con la ayuda incondicional de su abuela. Su abuela las cuidaba en las mañanas cuando el araba el campo, por las tardes iba a la escuela y cuando regresaba a su casa le ayudaba a cuidarlas, aunque fuera por algunos momentos. Fue así que su abuela decidió vender algunas partes de los terrenos de la familia, eso los ayudo a solventar los gastos y le permitió alivianar un poco la carga de trabajo, sin embargo aún tenía que trabajar en la granja ya que tarde o temprano ese dinero se acabaría.
Y aunque en el fondo envidiaba la vida de otros jóvenes, sabía que no podía darse el lujo de pensar en tales trivialidades, porque ahora dos personas dependían de su fuerza y temple; sus hermanas lo necesitaban firme para poder vivir sus vidas en paz y tranquilidad. Y él bien podía soportar cualquier cosa por su familia, así fuera ignorar cualquier queja de su mente o tragarse el cansancio de su cuerpo.
Y así, acostumbrado a siempre verlas desde lejos, alejado en los campos o verlas dormir después de llegar a su casa, como si de su padre se tratara, se le hacía tan extraño que, de un día para otro, su hermana se interesara tanto en él, aunque comprendía sus razones porque él, a diferencia de ella, la conocía como cada parte de la granja; Applejack se sentía culpable y pese a que ya le había dicho que estaba bien y que no se debía preocupar por cosas así, ella era obstinada y ahora tenía la idea de no dejarlo solo.
Por eso desde el momento en que el saltó por la ventana, ella abrió la puerta de su habitación y saltó tras él. En otro momento la habría reprendido por tal idiotez, sin embargo y para su mala suerte fue él quien saltara primero dándole el ejemplo. Además, sabía tan bien como ella que no existía nada que pudiera hacer para alejarla; si Applejack decidía acompañarlo, así seria.
—¿Big Mac? —preguntó mirándolo y el asintió esperando su pregunta. —¿Por qué saltaste por la ventana?
El únicamente suspiró, su pequeña hermana era así, directa al grano con las preguntas cuya respuesta desconocía. Y podía admitir que ella intuía la respuesta; ella sabía muy bien el por qué rehuía de ella, porque la evitaba y si se ponía a pensar, era simple y lógico. No quería decirle la verdad y ella odiaba eso.
—Applejack…
—No te atrevas a mentirme Big Mac, porque me daré cuenta —advirtió von la vista al frente, sin mirarlo.
Big Mac a su lado sonrió. Su hermana era muy lista y perceptiva con los demás, en especial con aquellos que conocía, sin embargo y para la desgracia de la rubia, él era el hermano mayor y la conocía más de lo que ella creía conocerlo; además, él era igual o más astuto que su hermana.
—Nunca te mentiría hermanita —respondió el, colocando su gran mano en la cabellera rubia para despeinarla.
Applejack lo miró con los ojos entrecerrados, sin saber si decía o no la verdad. —Bien, te daré el beneficio de la duda hermano —aceptó. —Entonces, ¿dónde nos quedamos? A si, querías que te ayudara con algo, ¿qué era?
—La abuela Smith ya te contó, no necesitas preguntar.
—Entonces era cierto —respondió ella decidiendo ignorar el tono cortante en la voz de su hermano. —Te gusta una chica.
Big Mac suspiró; era el momento idóneo para terminar con aquella incomoda charla. Sin embargo sólo existían dos razones por las cuales Applejack dejaría de incordiarlo. Las respuestas bordes y esquivas, así como los comentarios hirientes eran de las mejores herramientas para alejarla, sin embargo tampoco quería lastimarla. Su hermana a veces podía ser algo molesta, pero aun así la amaba demasiado para verla herida.
La otra opción era apelar a su propio orgullo. Applejack amaba tener la razón y constantemente sacaba conclusiones apresuradas de los sucesos en los que se veía inmiscuida. Darle respuestas vagas y que ella creara sus propias teorías era la mejor opción para estos casos. Era difícil mentirle a su pequeña hermanita y aunque el pudiera hacerlo sin que ella siquiera sospechara, prefería dejarla creer lo que deseara; el sentimiento de culpa era menor después de todo.
—No veo nada de raro en que me guste una chica.
Applejack estrujó la parte inferior de su blusa al sentirse nerviosa de repente. La situación era nueva para ella. Las charlas con su hermano eran cortas y esporádicas, eran simples, sin temas profundos de por medio; por lo que verse ahora, descubriendo cosas que para ella eran un misterio, le sorprendía demasiado.
—Sí, lo sé —respondió ella rápidamente avergonzada. —Pero me sorprendió un poco digo, es la primera vez Big Mac.
—No es la primera vez —aseveró el mayor con voz monótona.
—¿Qué? —cuestionó ella sorprendida. —Pero yo no sabía nada, ni siquiera la abuela Smith dijo algo.
—Simple —interrumpió el. —No había necesidad que supieran.
Applejack lo observó dolida. ¿Hasta qué punto desconocía a su hermano? ¿Qué otras cosas no sabía de él? Nunca había notado ese hecho antes y hasta cierto punto se sentía traicionada; él la conocía como un libro abierto y apostaba su brazo derecho a que la conocía más que su tonto novio. Big Macintosh reconocía cuando estaba feliz, triste, enojada, cuando esta frustrada o tenia algún problema, pero todo eso era porque ella confiaba en el ciegamente, porque compartía todo con su hermano pero ¿y él? ¿Acaso no confiaba en ella? ¿Es que no era de confianza?
—¿Por qué dices eso? —preguntó ella sintiendo a su hermano como un completo desconocido, como si la imagen de él fuera borrándose poco a poco, dejando a alguien irreconocible para ella. Detuvo su marcha y colocando un dedo acusador en su pecho lo encaró. —¿Acaso yo o Apple Bloom no te contamos todo? ¡Confiamos plenamente en ti! ¿Es que no nos tienes confianza? ¡¿Por qué corrales nos ocultas todo?!
—Porque mis problemas no importan —respondió él, simplemente. —Son nimiedades a quien nadie debería preocupar.
Applejack lo observó. Ahí frente a ella se hallaba su hermano, tan igual físicamente a su modelo a seguir, pero a la vez tan diferente… tan… imbécil.
—Big Macintosh Apple, ¡¿de qué corrales estás hablando?! —volvió a preguntar más dolida que enojada. Esta vez golpeó con su dedo el pecho de su hermano. —¡Somos una jodida familia! Las alegrías de uno son las alegrías de todos, los problemas de uno son los de todos.
Applejack hizo una pausa, intentando encontrar las palabras necesarias para hacerlo entrar en razón. —Compartimos todo, no puedes guardarte todo…
—Sí, lo se Applejack —interrumpió el volviendo a colocar su mano sobre el cabello rubio de su hermana. —Discúlpame, a veces es difícil compartirlo todo, pero prometo hacer el intento.
Por un momento Applejack temió su respuesta. Parecía que iba a negar su respuesta y, enojado, la mandaría de regreso a casa, pero le había respondido con total naturalidad, como si de un momento para otro, aquel Big Mac que rehuía de ella no fuera más que un producto de su imaginación.
Para Big Macintosh era diferente; dolía mentirle a su hermana, pero lo volvería a hacer. Sus problemas eran de él y de nadie más, esa era una característica tan arraigada a su persona que era imposible quitarla. Desde pequeño había aprendido a lidiar con todo solo, a guardar sus emociones para no preocupar a los demás y a enfrentar sus propios problemas por el mismo. Lamentaba engañarla de forma tan descarada, pero no había otra manera en la que lo dejara en paz.
Applejack lo observó con cierta duda. Sus palabras parecían reales, pero algo dentro de ella le decia que Big Mac no estaba siendo del todo sincero. Desechó esa idea tan rápido como llegó; su hermano no era perfecto, pero jamás le mentiría.
—Bien, es un comienzo —respondió un poco satisfecha, dando la vuelta y comenzando a caminar de nueva cuenta. —Por cierto, ¿quién fue la chica que robo tu corazón la primera vez? Me hubiera gustado conocerla, ¿sabes?
—No fue la gran cosa; un tonto enamoramiento adolescente —contestó sonriendo. Al menos en esa parte no mentía; su primer amor había sido la subdirectora Luna, pero como era obvio, al final entendió que era algo imposible.
—Oh vamos —insistió la rubia. —Dímelo, tengo curiosidad.
Big Mac sonrió. Seguirle la corriente, darle información que la distrajera de lo verdaderamente importante y dejar que ella misma creyera sus propias conjeturas era la mejor forma de engañar a su honesta hermana; después de todo, si él no lo decía, no era mentira.
—La subdirectora Luna —respondió, rascándose la mejilla avergonzado.
—¡¿En serio?! ¿De verdad la subdirectora Luna llamo tu atención? No sabía que te gustaban las mayorcitas, hermano.
—Eeyup, fue un tonto enamoramiento.
—¿Y cómo termino todo? —preguntó la rubia, y ante la mirada de su hermano no pudo evitar reír divertida. —Lo siento —dijo entre risas. —Es obvio que no están saliendo pero quiero saber cómo te diste cuenta que fue un enamoramiento.
Big Mac recordó aquellos bochornosos momentos. Lo había mantenido en secreto no sólo porque no gustaba compartir las cosas que le sucedían sino también por la increíble vergüenza que sentía al recordar aquellos sueños nada inocentes donde el y la bella subdirectora eran los protagonistas. Aun recordaba los sonrojos que le invadían al verla en el colegio e imaginarla jadeando entre sus brazos, suspirando su nombre con una pasión que, de acuerdo a su educación, no debía ser normal para alguien de su edad.
—No te le habrás confesado, ¿verdad? —indagó ella al ver el mutismo en el que se sumió el rubio.
El sonrió ante la idea. Habría hecho el ridículo de una manera descomunal. ¿Confesar su atracción a una mujer que fácilmente le doblaba la edad? Era simplemente ridículo…
—…Le envié una carta anónima…
Applejack lo miró sorprendida para luego soltar una enorme carcajada que resonó a través de la calle y llamó la atención de los peatones a su alrededor. La imagen de un serio Big Macintosh escondiendo una carta de amor en la bolsa de la subdirectora era hilarante.
—No fue la mejor decisión que eh tomado —dijo el, dando por finalizado aquel vergonzoso tema.
—Oh vamos —dijo ella limpiando algunas lágrimas remanentes. —Todos hacemos tonterías en situaciones como esa.
—¿Como aquella vez que intentaste huir a otra ciudad luego de confesarte? —preguntó el divertido.
—… ¡yo no quise huir! —respondió esquivando su mirada y con un leve sonrojo en las mejillas. —Como sea, ahora si me dirás ¿quién es la chica que te gusta?
Era aquí donde entraba en acción su plan. Sólo debía hacerla hablar, divagar en otras palabras para que ella misma guiara su propia deducción hacia una chica que simplemente no conociera, alguien imposible para que ella no intentara hacer algo estúpido como "ayudarlo".
—¿Quién crees que me gusta?
—Vaya, eso es difícil hermano —contestó llevando su mano a la barbilla. No tenía ni la más remota idea, debía admitir, después de todo no conocía sus gustos en las chicas, emitiendo por ese fetiche de las mujeres maduras. —No será la directora Celestia, ¿o sí?
—Nop.
—Al menos dame una pista ¿no?
Big Mac lo pensó. Podría simplemente inventar el nombre y personalidad de una chica o podría utilizar a alguien a quien su hermana no conociera. Pero debía ser cuidadoso, podía desconfiar y todo el plan se iría al traste.
—Es hermosa —respondió sin pensar demasiado. —Fuerte y orgullosa, no teme hablar cuando así lo desea.
Listo, no estaba mintiendo y a la vez existían muchas chicas con esas características en el colegio. Su pequeña hermana la tendría difícil para adivinar.
—Se nota que estás enamorado casanova —dijo ella feliz al ver el brillo en los ojos de su hermano. —Linda, fuerte y orgullosa…
Big Macintosh casi podía ver los engranajes rodando en la cabeza de la rubia. Se estaba tomando en serio la tarea y eso, hasta cierto punto le hacía sentirse algo mal, pero no quería que ella se inmiscuyera en sus asuntos, al menos no directamente.
—¡Rainbow Dash! —soltó ella de repente y el casi se ahogó con la saliva que estaba pasando por su garganta.
—¿Qué? —preguntó el alarmado. Era imposible, al menos podía imaginar a diez chicas con las mismas características. —¡Claro que no!
Applejack a su lado negó con la cabeza y apuntó al otro lado de la calle. Big Macintosh dirigió su mirada hacia donde su hermana señalaba y cuando vio a aquellas dos personas compartir bebidas en una cafetería se sintió morir.
De repente todo pensamiento abandonó su mente y la imagen donde Rainbow Dash y Soarin tenían lo que parecía una cita se quedó grabada hasta lo más profundo de su subconsciente. Toda persona alrededor dejo de moverse, todo sonido cesó, lo único que importaba para el en aquellos momentos era la enorme sonrisa que ambos chicos compartían.
Supuso que algo así sucedería tarde o temprano, que todo acabaría como siempre terminaba. Ella encontraría a alguien de quien se enamoraría y el ya habría podido dominar sus emociones para simplemente guardarlas y dejarlas en el olvido. Todo para evitar el enorme dolor que apretaba su corazón y muy dentro de él, lo destruía a pedazos.
Applejack a su lado, no se dio cuenta del torrente de emociones que recorrían la mirada jade de su hermano mayor. Su atención, al igual que la de él y por diferentes razones, estaba atrapada en aquella pareja que parecía divertirse como nunca.
—No lo puedo creer —susurró sin abandonar la sorpresa. —Sabía que entre los dos había algo, pero no creí que sería tan rápido.
Big Mac asintió en respuesta. Aunque lo hubiera deseado ignorar, lo había sabido tan bien como todo el mundo, desde que los vio a ambos por primera vez. Rainbow y Soarin estaban hechos el uno para el otro y el, ingenua y estúpidamente creo la ínfima chispa de esperanza… una donde ellos no eran almas gemelas, donde él podía ser su contraparte, donde ella y el podrían reír justo como ahora ellos lo hacían.
—Applejack… —llamó el, queriendo convertir todo el dolor que sentía en alguna otra emoción diferente; alguna otra que no le hiciera temblar la voz como ahora. —Tengo que irme, acabo de recordar algo.
Dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso. Quería alejarse de ahí, de todo y de todos, quería estar solo para pensar, para tragarse el dolor como siempre lo había hecho y como aparentemente, siempre lo haría. Aunque doliera horrores y se sintiera tan débil y derrotado, lo superaría, porque él era alguien fuerte, el pilar en el que todos se podían apoyar; alguien que no podía darse el lujo de romperse.
—¡Hey Big Mac! —llamó ella justo detrás de él. —Me quedare un rato más, quiero hablar con Rainbow.
El aludido asintió sin siquiera voltear la mirada. Temía que ahora ella pudiera ver la verdad en sus ojos.
—Al menos dime quien te gusta, ¡ya caminamos hasta aquí! —gritó ella cada vez más lejos.
El sólo gruño. Ahora no tenía ánimos ni siquiera de detenerse, no quería ni pensar en el estúpido plan que había creado.
"Al carajo" pensó al elevar la mirada y ver el atardecer. Dijera lo que dijera, nombrara a quien nombrara, no importaba ya.
—¡Es Sunset Shimmer!
~CONTINUARA~
¿Y bien? ¿Qué les pareció? En lo personal me gustó el giro que ya muchos (si no es que todos) ya imaginaban, aunque no se esperaban el nombre de esa chica, ¿verdad? Ahora, ¿como resultara todo? ¿En que problemas se meterá Big Mac al decir el primer nombre que se le vino a la mente? ¿Applejack lo ayudara a conquistar a la pelirroja?
Un abrazo y enorme gracias a aquellos que dejan review y a los que agregan a favoritos y siguen la historia y también a los que sólo se pasan a leer. Muchas gracias chicos y chicas, sois los mejores.
alicornio Angelical Love no habrá mucho del SoarinDash (creo que tu entraste a leer por esa pareja), aunque era algo necesario para poner en aprietos al vaquero, igualmente espero te agrade la historia. Filomental, tu siempre leyendo gracias por tus palabras, pero dime, ¿te sorprendi? Sunny! gracias por comentar, igual soy fan de tu historia, que por cierto no has continuado; espero ver mas del WhoovesShimmer (por que es tu culpa que no pueda sacarlo de mi cabeza) tus preguntas no tienen una respuesta segura por ahora, por cierto jajajaja. Y por ultimo y no menos importante, Angelus-Y gracias por los elogios amigo, es increíble que digas algo así cuando tu historia sobrepasa con creces a esta; pronto leer los otros dos capítulos, aunque espero que cuando llegue al tercer capitulo ya halla algunas mas jajaja.
Ahora si, cuidence mucho, ¿vale? Nos leeremos.
Atte. Aspros
