Kuroshitsuji pertenece a Yana Toboso.
Vale, se que no tengo perdón de Dios ni del diablo por tanto retraso, pero al menos he acabado el curso así que tengo más tiempo para escribir. Mi musa sigue en huelga, pero ya la obligaré a volver. Disfruten el capitulo.
Cap 5: Cayendo (cuesta abajo y sin frenos).
Clayton no podía creer la suerte que había tenido encontrando aquel libro. Era demasiado bueno para ser verdad y no tardó demasiado en comprobarlo.
En cuanto abrió el volumen descubrió que le faltaban varias páginas. Páginas que resultaron ser las que contenían las contramaldiciones. Estaba buscando desesperadamente alguna que hubiera podido salvarse cuando encontró una nota escrita en tinta roja en mitad del libro. Decía lo siguiente:
¿Creías que sería tan fácil?
— ¿Q-Qué significa esto?— preguntó entre furioso, confundido y asustado.
—Probablemente la haya escrito quien sea que te esté gafando— comentó Phantomhive mirando la nota por encima del hombro de Clayton. Al ver la mirada de extrañeza de su compañero añadió: — .Tiene lógica ¿no? Quiere hacerte la vida imposible y probablemente encontró la maldición que está usando en ti en este libro…
—Y el muy desgraciado ha quitado las páginas que podrían ayudarme. Maldito bastardo…— murmuró entre dientes volviendo a revisar la nota.
Estaba escrita con una letra muy redondeada, como la de los libros de caligrafía. Claramente no era la verdadera letra del autor, y por lo tanto no le servía para nada. Suspiró resignadamente.
—Phantomhive, vámonos. Es casi la hora de la cena.
El dolor que sintió al incorporarse le recordó que Phantomhive y una enorme pila de libros habían caído sobre el apenas un rato antes. Casi no podía andar y Phantomhive tuvo que ayudarle a llegar al comedor. Mientras cenaba repasó lo que sabía en ese momento. Básicamente, que el culpable de sus problemas era un bastardo previsor con una caligrafía muy bonita. Pues vaya.
Mientras llegaba la hora de ir a dormir no pudo evitar fijarse en el libro. A pesar de que ya no le servía para encontrar una solución, al menos algo podría sacar de ahí ¿verdad? Con ese pensamiento lo abrió y empezó a leer.
A la mañana siguiente en el estudio de Bluer…
— Clayton, ¿te encuentras bien? ¡Clayton!
El aludido se incorporó inmediatamente al oír la voz de su prefecto, dejando caer la camisa y el botón que en teoría debía estar cosiendo en esos momentos.
— ¡Perdón, Bluer, perdón! ¿Qué estabas diciendo?
—Decía que fueses a buscar el correo— respondió el prefecto ya impaciente— ¿Qué te está pasando hoy? Nunca te había visto tan descuidado en el tiempo del sirviente.
—Lo siento—murmuró Clayton levantándose de la silla—. Es que anoche no dormí muy bien.
Era una verdad a medias. La mitad de la noche la había pasado leyendo el libro y la otra mitad preguntándose qué clase de mente enferma podía haber pensado esas monstruosidades. Y, peor aún, siendo consciente de que alguien estaba usándole de conejillo de indias para probarlas. Así que no había pegado ojo.
Bluer se limitó a asentir mientras Clayton salía de la habitación. En cuanto su sirviente cerró la puerta, el prefecto frunció el ceño con preocupación. Sabía que había algo más con la actitud de Clayton esos días y eso le preocupaba.
La puerta se abrió interrumpiendo sus pensamientos. Clayton estaba de vuelta.
—Gracias—dijo Bluer tomando las cartas y revisándolas. Una de sus padres, varias de sus hermanas, una de su abuela y…
Suspiró frustrado. Ya era la quinta vez en esa semana que recibía una de esas molestas cartas. Una dirección inventada (lo había comprobado), sin nombre ni firma alguno y llena de sinsentidos. En realidad ni sabía por qué la estaba abriendo en lugar de echarla a la chimenea.
— ¿¡Qué…!?
No podía ser. Tenía que estar de broma ¿Cómo había…?
— ¿Pasa algo? —preguntó Clayton mirándole con preocupación.
—No, nada— respondió el prefecto tratando de mantener una expresión neutral y actitud tranquila—. Por cierto, se está haciendo tarde. Deberías ir a clase ya.
Aquella respuesta no terminaba de convencer al sirviente. Aún así, se despidió de Bluer y se marchó a su aula.
Inmediatamente después Bluer se dejó caer en su asiento respirando aceleradamente, mirando de la carta a la foto que venía con ella. Se quedó observándola como si esperase verla desaparecer en cualquier momento. Y ojalá lo hiciera.
Se obligó a separar la vista de aquella nefasta instantánea y leer la carta. Decía lo siguiente:
Si no quieres que esta foto aparezca en el tablón de anuncios del colegio, ven al almacén en el primer descanso de la mañana.
Releyó la nota varias veces mientras se pasaba la mano por el pelo de manera frenética. En cuanto recuperó un poco la compostura rompió la foto en pedazos y la tiró al fuego; agarró sus libros y marchó a clase.
Llegó a su aula y se sentó en su pupitre casi echando humo por las orejas ¿Cómo se atrevía, quien fuera, a hurgar en sus objetos personales? ¿Quién se creía para chantajear a un prefecto? Iría a la cita, pero para hacerle pagar esa falta de respeto.
El profesor Michaelis empezó la clase y Bluer se obligó a hacer un lado sus pensamientos vengativos y empezar a tomar apuntes. Tan concentrado estaba en su tarea que no notó al maestro mirándole disimuladamente.
Tras lo que le parecieron interminables horas, la campana del primer descanso sonó al fin. Recogió apresuradamente sus cosas y se dirigió al almacén. Cruzó los jardines y los campos de deporte hasta llegar hasta la gran casa de piedra y madera donde se guardaban los trastos innecesarios.
Entró cerrando la chirriante puerta tras de sí y miró a su alrededor. Multitud de muebles viejos y objetos varios se almacenaban ahí sin orden ni concierto. Estaba muy oscuro y Bluer no se atrevía a avanzar demasiado.
— ¿Así que al final decidiste venir? Perfecto.
Bluer dio un respingo y miró en todas direcciones pero no vio a nadie. Quien fuera, sin duda se había escondido bien.
— ¿Quien eres? — preguntó el prefecto adoptando su aire más severo y profesional— .Sal de donde estés ahora mismo.
—Bluer, estoy escondiéndome y alterando mi voz, ¿en serio crees que te voy a decir mi nombre? —respondió la voz con una risita—.Y por supuesto tampoco voy a salir. Pero vamos a lo que importa: imagino que no quieres ver esa foto en el tablón de anuncios de la escuela ¿verdad?
—No. Y no lo voy a ver porque esa foto está ahora mismo hecha cenizas en mi chimenea—replicó Bluer con más seguridad en su voz de la que realmente sentía. Quien sabía si ese tipo tenía algo escondido en la manga.
—No hay problema con eso. Tengo muchas copias. Y para que veas que no te miento, he dejado una en esa mesa detrás de ti.
Bluer se dio la vuelta a toda prisa y miró la mesa. Sí, en ella había una foto idéntica. Apretó los puños y trató de hablar en el tono más tranquilo posible.
— ¿Qué pretendes con todo esto?
—Vamos, Bluer —dijo el otro con suficiencia—.Eres un Shappire Owl, debería ser obvio para ti a donde va todo esto. Todo lo que quiero es que me hagas un pequeño favor (o más) que de otra manera no me harías.
Bluer apretó los puños tratando de dominarse e inquirió:
— ¿Es esto un chantaje?
—Naturalmente ¿Alguna pregunta más?
Bluer frunció el ceño y se mordió los labios, apretando los puños con más fuerza y haciendo el máximo esfuerzo por controlarse.
— ¿En serio no tienes nada más que decir? —inquirió el otro—.¿Qué tal un "¿Qué quieres que haga?" o un "¡Por favor, haré lo que sea!"?
— ¡Silencio! —estalló el prefecto—.Te recuerdo que aún tengo tus otras cartas. Hablaré de esto con el director y te juro que se investigará.
Se ajustó las gafas cogió aire y siguió, intentando tranquilizarse.
—Pero si me das ahora mismo las fotos y me ofreces las debidas disculpas—siguió con el tono frio y formal que usaba cuando aplicaba las reglas—, todavía puedo reconsiderar mi posición y dejar este asunto zanjado aquí. Es tu última oportunidad.
—Bluer, me estoy divirtiendo como nunca en mi vida, pero déjalo—respondió su interlocutor, claramente esforzándose para no reír—. Sabes tan bien como yo que eso son amenazas vacías. He falsificado mi letra, así que eso no te ayudará; te he mandado las cartas desde el pueblo, por lo que puedo ser cualquier persona de Weston College. Ni siquiera sabes cómo he conseguido la foto y nadie me ha visto hacer las copias. Admítelo, no tienes nada para investigarme.
Bluer dejó caer los hombros en derrota. Tenía razón. El mismo había estado pensando, desde la primera carta, como descubrir al remitente y no había encontrado una manera. Además, ese sujeto tenía la foto, foto que podría hundir no sólo su reputación sino también la de su familia. No quedaba otra opción.
— ¿Qué es lo que quieres?—preguntó tratando de mantener la poca dignidad que le quedaba en esos momentos.
— ¿Ves? —comentó el otro con voz animada—.Todo puede arreglarse hablando. Como sea—prosiguió, su tono ahora más serio—, abre el primer cajón de esa cómoda a tu izquierda y coge el frasco que hay dentro.
Bluer obedeció y examinó el frasco con curiosidad. Estaba lleno de algo, aunque el almacén estaba tan oscuro que no podía distinguir que era.
— ¿Qué se supone que tengo que hacer con esto?
—Escucha atentamente.
Cuando aquel sujeto terminó de darle las instrucciones, Bluer pensó que había oído mal o que le estaba tomando el pelo.
—Pero, ¿para qué quieres que haga eso?
—Tú solo hazlo, como muy tarde antes de la cena. Piensa en tu reputación—fue toda la respuesta que recibió. Suspirando resignado, el prefecto salió del almacén.
A la mañana siguiente Clayton siguió su rutina habitual de golpes, caídas y tropiezos. Lo único distinto a los otros días es que Bluer parecía más ausente y distraído de lo habitual. No tuvo mucho tiempo de pensar en ello de todas formas. Era domingo, así que tenía que revisar las tareas de sirviente que Phantomhive había hecho esa semana (todas impecables) y asegurarse, como sirviente del prefecto que todo en el dormitorio estuviese en orden.
Una vez hecho eso, se dirigió a la misa de las doce. Se disponía a entrar en el templo cuando se cruzó con Violet.
—Todo está empeorando últimamente—comentó el prefecto púrpura mirando al techo distraídamente mientras ocupaba su lugar.
Clayton tragó saliva. Por favor, que Violet estuviera hablando de otra cosa. Del tiempo o de lo que fuera, pero que no tuviese que ver con su suerte. Podría parecer absurdo pero le estaba dando la impresión de que Violet sentía las fuerzas oscuras o algo.
Se pasó toda la misa rezando fervorosamente porque su suerte no empeorase, porque su enemigo (quien fuera) se apiadase de él y dejase de hacerle la vida imposible y porque aquello acabase pronto.
En cuanto acabó la misa se levantó y se dirigió a la salida viendo a Phantomhive y a sus amigos corretear delante de él. Ah, la juventud. Por más que tuviese que castigarles a menudo, a ratos se le hacían casi adorables.
Iba ensimismado en sus pensamientos cuando oyó un ruido a sus espaldas. Al girarse, vio la enorme cruz de mármol que adornaba el techo de la iglesia desprenderse y caer directa e inexorablemente hacía él.
Se que se estarán acordando de todos mis ancestros puestos en fila, pero me apetecía trolear. Hagan apuestas ¿sobrevivirá Clayton o tendrá que resolver el misterio desde el más allá? Respuesta en el próximo capítulo.
