Hola a todos los lectores gracias por sus comentarios, me alegro muchismo de que les guste la historia, esta es una adaptación de la saga mythos academy de la autora Jennifer Estep, los personajes de naruto no me pertenecen.


Buscando Ayuda

Mi encuentro con Sasuke Uchiha me asustó tanto que prácticamente corrí todo el camino de vuelta a la Residencia Ryu. Eran casi las ocho en punto, y la oscuridad había caído completamente en la Academia. El brillo dorado de las farolas de la calle que enfilaban las aceras y se amontonaban cerca de los edificios hacía poco para desterrar las negras sombras. O quizá sólo era porque yo había robado una portátil y otra cosa personal de la habitación de una chica muerta y ahora estaba sintiendo toda la culpa por ello.

Golpeé mi tarjeta ID a través del escáner y entré en el dormitorio. Unas pocas chicas, Amazonas en su mayoría, colgaban del área común escaleras abajo, mandando mensajes en sus teléfonos, viendo la TV, o ambos. Una y otra vez, nadie me puso ninguna atención cuando subí las escaleras. Dudé de que se dieran cuenta de que vivía aquí después de todo.

Mi dormitorio era el único en el tercer piso, pegado a una pequeña torrecilla redonda que había sido añadida al edificio por alguna razón. Las paredes estaban rectas, aunque el tejado se alzaba como una pirámide sobre mi cabeza. Una par de grandes ventanas cuadradas estaban en la torrecilla, incluyendo una ventana con un asiento acolchado que tenía una vista impresionante del campus y las Montañas que se alzaban sobre este.

Mi habitación tenía las mismas cosas que la de Kin —una cama, un escritorio, algunas estanterías, una diminuta TV— aunque la mía no era ni de cerca tan bonita o cara como la suya. Aún así, me gustaba. La Abuela Chiyo me había ayudado a decorarla con todas mis cosas de casa, como mis posters de "La Mujer Maravilla", "Chica Karma", y "The Killers". Mi súper espeso, morado y gris edredón escocés cubría mi cama, junto con las grandes y esponjosas almohadas que me gustaban, mientras varios ornamentos de cristales de Flores con forma de cerezos colgaban en las ventanas.

Las flores eran una broma interna entre nosotras. Con un apellido como Haruno que significa (primavera), era algo inevitable. No podía ni recordar cuándo había comenzado, pero cada año por Navidad, la Abuela me daba algo con una flor en él y yo hacía lo mismo para ella. El último año, le había comprado un pañuelo con un patrón de flores y ella me había dado los cristales de Flor con forma de cerezos.

Eran mis cosas favoritas en el dormitorio, entre el cuadro de mi madre que estaba en mi escritorio, justo al lado de los últimos comics que estaba í la pequeña nevera metida a los pies de mi cama y agarré un cartón de leche y algunas piezas del pastel de chocolate que la Abuela Chiyo me había enviado a la Academia. Entonces, saqué el portátil de Kin de mi mochila, agarré el libro y la foto que había tomado de su habitación, y puse todo en mi escritorio de madera marcada. Mientras me tomaba la leche y el pastelde chocolate, enchufé el portátil a la pared y esperé a que se encendiera.

Se tomó una "eternidad", o quizá solo parecía de esa manera porque estaba apurada por comenzar a navegar a través de las carpetas de Kin. Finalmente, la pantalla de bienvenida saltó… y me preguntó una contraseña. Acabé mi leche y crují mis nudillos. Entonces, flexioné los dedos y puse mis manos en el teclado, esperando las vibraciones y destellos para golpearme, llenando mi mente de la manera que siempre hacían.

No ocurrió nada.

Fruncí el ceño. No, eso no era bastante cierto. Ocurrió. Un par de imágenes de Kin sentada en su escritorio descargando música y comprando online destelló ante mis ojos. Y sentí... satisfacción, satisfacción de suficiencia que venía de conseguir exactamente lo que quieres sin importar cuán caro fuera. Kin realmente debía haber estado codiciando esas bonitas botas negras stiletto que había comprado la semana problema era que no conseguí el gran revés que normalmente tenía cuando tocaba las cosas de alguien. Quizá debería haberlo esperado. Los ordenadores eran una de las cuestiones diarias que podía tocar sin conseguir más de una vibración, especialmente las de la biblioteca que eran usadas por toneladas de chicos. Quizá Kin no había usado su portátil lo suficiente como para dejar más de una impresión de ella misma detrás. Quizá no había nada interesante aquí. Quizás ella no tenía ningún secreto oscuro y profundo. Quizá sólo había entrado en el dormitorio de la chica para nada.

Cerré los ojos, buscando mi don Gitano una vez más, presionando para ver algo, para sentir algo, cualquier cosa que me pudiera dar una prueba como quién había asesinado a Kin. O al menos cuál era su contraseña para poder desbloquear su estúpido ordenador.

Conseguí un par de imágenes más de Kin pidiendo cosas online: algo que parecía un elaborado cuchillo o un abre cartas, entre una túnica escarlata incrustada con joyas. Conseguí ese mismo sentimiento petulante de satisfacción, pero eso fue todo. Nada má había nada en las imágenes que me dijeran su contraseña, lo cual era lo que realmente necesitaba ahora mismo. Podría ser lo bastante espabilada para abrir una puerta cerrara, pero no estaba lo bastante instruida en ordenadores para saber cómo romper el sistema de alguien. Necesitaría ayuda con esto, lo que era un problema mayor, mucho mayor. No era como si tuviera un amigo aquí en Konoha al que pudiera llamar y pedirle un favor.

No era como si tuviera algún amigo aquí después de todo.

Pero había llegado lejos. No iba a dejar que una estúpida contraseña me detuviera. Así que encendí mi propio portátil y lo usé para entrar en la Web de la Academia, pulsando a través de varias páginas y links hasta que encontré lo que quería: una lista de todos los chicos en el club de tecnología. Konoha podría ser un lugar de Magia, pero también estaba habitada por adolescentes, algunos de cuyos padres eran propietarios de compañías de ordenadores y algunos que eran hackers en ciernes. Para toda la jerga Mágica pasada de moda, las Potencias en la Academia se habían dado cuenta que la tecnología no se quedaría atrás y había llegado con el tiempo. Por lo tanto establecieron el club de tecnología.

Así que todo lo que tenía que hacer era encontrar a alguien de acuerdo en ayudarme en romper el ordenador de Kin y mantenerse callado sobre eso después del suceso…

Mis ojos espiaron un nombre cerca de la parte superior de la lista por orden alfabético. Parpadeé, asegurándome que estaba viendo bien. ¿"Ella" estaba en el club de tecnología? Sí, lo estaba, lo cual significaba que todo esto podría actualmente ser más fácil de lo que había pensado. Miré el nombre y me senté allí durante un minuto, pensando en ello.

Entonces, sonreí.

Oh sí.

Esto iba a ser divertido.


Estaba de pie en la parte de atrás del comedor al día siguiente para almorzar, mirándola. Como todo lo demás en la Academia, el comedor era totalmente pretencioso. En lugar de las largas mesas de plástico naranja de mi antigua escuela, en la cafetería de Konoha destacaban las mesas redondas cubiertas con hilos blancos cremosos, porcelana, y vasos de cristal llenos de narcisos frescos. Las mesas estaba dispuestas alrededor de un gran jardín circular abierto al aire que destacaba mezclando vides, entre naranjas, olivas, y almendros. Las estatuas de mármol de Dioses y Diosas como Dionisio y Deméter miraban fijamente a través del follaje, observando a los estudiantes comer. Trajes de pulida armadura estaban alineados en las paredes, entre más cuadros mostrando varios banquetes Mitológicos. Alguien realmente se preocupaba por el ambiente aquí, aunque no sabía por qué. Era como comer el almuerzo en un museo.

¿Y la comida?

Era justo tan elaborada y chic como todo lo demás. Estamos hablando de ternera e hígado y caracol y otras cosas que ni siquiera reconocía. ¿Quién quería viscosos caracoles para el almuerzo? Yo no. Las ensaladas eran lo único en el menú que comería, y sólo porque realmente era difícil masticar verduras crudas. Aún así, los cocineros en Konoha lo intentaban, siempre tallando las zanahorias en elaboradas florituras y creando los tomates en lo más elaborado eran los postres. Casi cada uno de ellos venía en su propio cuenco especial, era ridículamente pequeño, y era servido flambeado. En serio. Un cocinero sale y deja tu suflé tamaño pulgar de chocolate con cereza en llamas, así es como él pensaba que debía ser servido. De todas formas. Prefería tener una tartera de galletas de la Abuela Chiyo de avena recién horneada con pasas cualquier día. Al menos entonces no tenía que preocuparme por conseguir que mis cejas cantaran porque necesitaba una mezcla de azúcar.

Había terminado de comer mi habitual ensalada de pollo gratinado hacía cinco minutos, y ahora estaba mirando a la persona quien iba a ayudarme a entrar en el portátil de Kin, incluso si ella no lo sabía aú llevó otros dos minutos escanear la multitud antes de verla sentada en el lado más alejado del comedor, un libro en la mesa delante de ella, incluso aunque sus ojos azules estaban fijos en el Holgazán cerca de ella. Hice mi camino a través de las mesas, dirigiéndome hacia ellos.

—...y así que ya ves, hay muchos simbolismos en "La Ilíada" —decía Shikamaru Nara en una paciente voz—. Todo lo que tienes que hacer es elegir a tu Dios favorito o héroe y estoy seguro que puedo ayudarte a escribir tu ensayo de Inglés. Ino Yamanaka dio al objeto de su afecto una deslumbrante sonrisa que la volvió de meramente bonita a descarada divina. —Eres tan inteligente, Shikamaru. Todo esto para mí es un galimatías.

Ino se acercó un poco más al Holgazán y puso su mano en su brazo. Los ojos marrones de Shikamaru se abrieron de par en par y parpadeó varias veces. Los dos estaban perdidos en su propio aclaré la garganta.

—Lamento interrumpir.

Al sonido de mi voz, ellos despertaron y se sobresaltaron mutuamente, como si hubieran estado haciendo algo que no deberían. La cabeza de Ino se giró bruscamente hacia mí, incluso aunque Shikamaru seguía mirándola.

—¿Entonces por qué estás aquí? —preguntó Ino en una voz baja y fea.

Ella daba golpecitos con una uña a su libro, y las chispas rosas parpadearon en el aire. La Valquiria estaba enfadada conmigo por interrumpir su pseudo-cita con su enamorado.

Le sonreí. —Porque necesito hablar contigo, Ino. Sobre ese proyecto especial que tenemos asignado para la clase de Historia de la Mitología.

Ella frunció el ceño. —¿Qué proyecto? Ni siquiera estás en mi clase de Historia de la Mitología.…

—Ya sabes. El que hablamos en el cuarto de baño de las chicas el otro día. Fue justo después de hablarte sobre ese brazalete encantador que encontré para Shikamaru. —Miré al Holgazán—. ¿Cómo resultó para ti, Shikamaru? ¿Tú y Temari?

A pesar de su piel oscura, el Holgazán aún se sonrojaba en una forma interesante de rojo morado. —Um, bueno, actualmente no, ah, hice nada sobre eso aún,Sakura.

—Bueno, mejor te das prisa —dije—. El baile de bienvenida es el viernes por la noche. No querrás ir sin cita, ahora ¿verdad? Los ojos de Ino se estrecharon, y su brillo de labios rosa se presionó en una línea que era tan dura y delgada que ya ni siquiera podía verlos en su cara.

—Shikamaru —dijo Ino en una voz simplemente dulce—. Realmente tengo que hablar con Sakura. Quizá ¿podamos vernos más tarde? ¿Antes de la última clase y hablar sobre mi ensayo algo más?

—Seguro —dijo Shikamaru.

Ino y yo seguimos mirándonos mutuamente. La cabeza de Ino giraba una y otra vez entre nosotras, sin estar seguro de lo que estaba pasando. Finalmente, después de treinta segundos de absoluto silencio, él tuvo la idea de que debería irse.

—De acuerdo, entonces, me... voy —dijo él.

Shikamaru se puso de pie y empezó a meter los libros y papeles en su mochila, antes de colocar la correa sobre su hombro. Me dio otra mirada antes de mirar a Ino. La Valquiria estaba demasiado ocupada mirándome para notarlo, pero una triste, y bastante nostálgica mirada creció en el Holgazán cuando la miró. Dulce, pero no tenía tiempo para el drama Romeo y Julieta ahora mismo.

—Adiós, Shikamaru —dije en una voz firme, insistiéndole en su camino. Shikamaru salió de golpe de su silencioso culto hacia la Valquiria. —Um, adiós, Sakura.

Shikamaru le dio a Ino una larga mirada más, luego se perdió a través de las mesas y se dirigió fuera del é hasta que Shikamaru estuvo fuera de la vista antes de sentarme junto a ella. A mi lado, Ino situó sus propios libros y papeles tan rápido como pudo, probablemente intentando dejarme sentada aquí por mí misma desde que había repelido a su enamorado.

—Esa fue una escena acogedora —dije en una voz suave—. No sabía que fueras tan coqueta, Ino. La Valquiria me dio una mirada que habría cortado el cristal. —No estaba coqueteando con Shikamaru.

—Oh, seguro que lo hacías. Prácticamente estabas batiendo tus pestañas hacia él. ¿Y ese movimiento de la mano-en-el-brazo? Una técnica "clásica" de coqueteo. Ejecutada muy bien, de esa manera. ¿Tayuya Kinomoto te dio algunos consejos? He oído que es bastante popular con los chicos.

Ino me frunció el ceño, pero no negó nada de eso. Ella sabía que no era útil, no después de la confesión que me había dado en el cuarto de baño de las chicas el otro día. Ella suspiró, inclinándose hacia atrás en su silla, y cruzó los brazos sobre su pecho.

—¿Qué quieres, Sakura Haruno? —dijo bruscamente—. Tengo un trabajo de Inglés que escribir, por si acaso no lo has oído.

—Quiero que me ayudes con algo.

Ella soltó un bufido enfadado. —¿Y qué sería eso? Miré alrededor para asegurarme que nadie estaba poniéndonos atención, luego me incliné hacia delante. —Quiero que me ayudes a averiguar la contraseña del portátil de Kin frunció el ceño, como si no comprendiera lo que acababa de decir. —El portátil de Kin? ¿Cómo si quiera lo...?

Sus ojos se abrieron de par en par. —¡Lo tienes! ¡Tienes su portátil! ¡Sucia pequeña ladrona! —¡Shh! —siseé, mirando alrededor para asegurarme que nadie la había oído—. No tan alto. Estoy intentando mantener esto bajito. Pero sí, tengo su portátil. Y algunas otras cosas, también.

—¿Qué estás haciendo con el portátil de Kin? —dijo bruscamente Ino—. ¿Lo vas a empeñar y comprar algunas de esas estúpidas sudaderas con capucha que siempre llevas?

—No —dije en la voz más tranquila que pude manejar—. Quiero ver lo que tiene para poder averiguar quién mató a Kin.

Ino frunció el ceño otra vez, pero no dijo nada. En su lugar, la Valquiria se sentó allí y me miró, como si no pudiera creer lo que estaba escuchando. —Todos saben que un Akatsuki mató a Kin para poder robar el Cuenco de Lágrimas. Quién fuera, el tipo se ha ido hace tiempo ahora. Me encogí de hombros. —Quizá. Pero veo cosas, ¿recuerdas? Y tengo un extraño sentimiento sobre todo esto.

El seño fruncido de Ino se profundizó. —Por… ¿Por qué te preocupas por lo que le ocurrió a Kin? Ella no era amiga tuya. Ni siquiera la conocías.

—No —repliqué en voz suave—. Pero estaba allí esa noche en la biblioteca cuando fue asesinada. Y podría haber sido fácilmente yo y no ella quien estuviera tumbada debajo de la Urna de cristal con mi garganta cortada y la sangre en todas partes. Solté una respiración y le dije a Ino lo que realmente había ocurrido esa noche. Que había estado en la biblioteca, oí un ruido, y encontré el cuerpo de Kin. Un estremecimiento se deslizó por mi espalda cuando terminé mi historia. Era un pensamiento que no me había permitido pensar tanto hasta ahora, pero era cierto. Quien hubiera robado el Cuenco de Lágrimas era la misma persona que había matado a Kin y me había golpeado. Así que, ¿por qué él no se había detenido lo suficiente para cortarme la garganta también? ¿Por qué no me había matado, también? De esa manera, no habría ningún testigo después de todo.

—Mira —dije en una voz tranquila—. Todos piensan que fue algún Akatsuki anónimo quien mató a Kin y tomó el Cuenco de Lágrimas. Pero la Profesora Kurenai me dijo que los Akatsukis pueden ser cualquiera, incluso los estudiantes de Konoha. ¿Y si no era ningún chico malo y misterioso? ¿Y si era alguien que va a clase con nosotras? Eso me asusta.

Ino no dijo nada, pero pude ver el destello de acuerdo en sus ojos.

—Uso mi don Gitano para encontrar cosas para la gente, así que pensé que podría husmear un poco y ver si podía averiguar lo que realmente ocurrió. Así que sí, entré en el dormitorio de Kin la pasada noche y tomé su portátil, con la esperanza de encontrar algún tipo de prueba en él. Algo al menos que me dijera por qué ella estaba en la biblioteca. Quizás eso me haga una ladrona, pero al menos lo estoy intentando; al menos estoy haciendo algo. A todos los demás ni siquiera parecen importarles que ella haya muerto. Tú eras una de sus amigas. ¿Puedes decir lo mismo?

La culpa parpadeó a través de la cara de Ino antes de que pudiera esconderla. La Valquiria rubia me miró, sus dedos golpeando en el blanco mantel de hilo y disparando chispas rosas de Magia por todas partes. —Así que, ¿por qué vienes a mí? ¿Por qué me pides ayuda? ¿Además del hecho de que era una amiga de Kin?

—Porque sé que estás en el Club de Tecnología, lo cual significa que probablemente puedes burlar la contraseña sin problemas. Y porque tengo algo sobre ti, lo que significa que lo mantendrás en secreto.

Su cara se tensó. —Shikamaru.

Asentí. —Shikamaru.

No la dije lo que ocurriría si no estaba de acuerdo en ayudarme. Ino lo sabía muy bien. El rumor de que ella estaba enamorada de Shikamaru Nara de entre todas las personas se extendería a través de la Academia como un fuego salvaje. Sería viral en cinco segundos, y ella sería el hazmerreír de la escuela entera. Al menos durante esta semana. Ella suspiró. —¿Qué quieres que haga, Sakura?

—Ven a mi dormitorio después de la última clase de hoy. Ayúdame a burlar la contraseña del portátil y nunca tendrás que hablarme otra vez.

—¿Y no se lo dirás a nadie? —preguntó ella—. ¿Lo de Shikamaru? Sacudí la cabeza. —Ni a un alma.

Ino me miró, intentando leer mi cara y averiguar si le estaba diciendo la verdad o no. Después de un minuto, la Valquiria hizo su elección, porque dejó de golpear sus dedos en la mesa. Suspiró y asintió.

—Está bien. Lo haré. No porque te tenga miedo o por el pequeño rumor que podrías comenzar, sino porque Kin era mi amiga. ¿De acuerdo?

—De í el nombre de mi Residencia y mi número de habitación y la dije que se reuniera conmigo allí después.

—Difícilmente puedo esperar —murmuró Ino antes de deslizar el trozo de papel en su gigante bolso.

—Sí —arrastré las palabras—. Es casi como si fuéramos AMBU ahora. La Valquiria me dio otra mirada sucia antes de colgar su bolso sobre su hombro y se fuera sin decir una palabra del comedor.


Espero que les haya gustado el capi, review?.