Estaba convencida de que habían dado un paso hacia adelante. Sesshomaru había dado rienda suelta a sus frustraciones, le había contado su secreto. Seguro que eso los había unido. Estaba convencida de que él podría perdonarla por haber pensado que podia abandonarle y volver a su epoca.
Pero ¿podría superar el resto? ¿Podría olvidar los cuatro siglos de sufrimientos, de traiciones, antes de que le rompiera el corazón?
Cuando se despertase, le diría que las cosas iban a cambiar. No iba a tolerarle que dijera crueldades, ni sobre ella ni sobre él mismo. Era su marido, y ni loca iba a permitir que nadie, ni siquiera el propio Sesshomaru, hablase mal de sí mismo.
Le demostraría que él era mucho más que su pasado. ¿Acaso Kagome creía que el amor podía curar todas las heridas del demonio? ¿Contrarrestar años de abandono?
No. Pero el amor de una buena esposa y el de los hijos que ella le daria,Kagome tenía intención de vencer las dudas que Sesshomaru pudiese tener. Recurriría a todo lo que fuera necesario para demostrárselo. Si él creía que su pasado tenía más fuerza que el futuro que iban a tener juntos, entonces señal de que nunca había visto a una humana testaruda dispuesta a salvar su matrimonio.
Sesshomaru se despertó tarde y parpadeó al ver tanta niebla. Acababa de soñar un recuerdo de Kagome, uno que nunca había visto antes.
Era de cuando él estaba encadenado y humillado frente a los ciudadanos de la Ciudad de las Cenizas, y Kagome lo miró y pensó: «Sesshomaru es noble».
El demonio se incorporó de un salto y miró a través de la niebla. Todavía estaba estupefacto. En el pasado, él había ansiado ser noble querido y valorado por sus padres. Quizá no lo fuera de verdad, pero que su esposa creyera que lo era...
«Me conformo con eso.»
Entonces le dio un vuelco el corazón. Kagome había pensado eso antes de la noche anterior, cuando Sesshomaru se había comportado con todo menos nobleza hacia ella.
¿Por qué no podía dejar de castigarla? ¿Acaso pretendía desquitarse con la miko de todo el daño que le habían hecho a lo largo de los siglos?
Volvió a sentarse y se tapó los ojos con el antebrazo. Las cosas que le había dicho, que le había hecho. Y la había poseído sobre el suelo, como si fuera una cualquiera.
Se sintió tan culpable que tuvo ganas de vomitar. «Ve a buscarla. Pídele perdón. Haz que lo comprenda.» Con esos pensamientos en mente, se puso en pie, se vistió y corrió a por ella.
Se tapó los ojos con una mano y vio que la puerta estaba abierta.
Algo malo estaba ocurriendo.
Con sus garras como dagas, sus cuerpos escuálidos y sus ropas hechas harapos. Su fétido hedor ya impregnaba el aire. Muchos demonios...
Los había a docenas. Eran tantos que habían saturado las trampas de Sesshomaru. ¿Cómo era posible?
Habían infectado a gente para incrementar el número de sus filas controlando como marionetas a campesinos inocentes.
Para mantener a aquellas bestias alejadas de ella, Sesshomaru había salido a su encuentro.
Sesshomaru se enfrentaba a los enemigos con valentía y no dejaba de romper cuellos al mismo tiempo que esquivaba sus garras,el demonio no tardó en estar rodeado.
«No puedo quedarme aqui mi demonio corre peligro.»
Una de las bestias volvió la cabeza hacia ella y saltó hacia adelante con los colmillos chorreándole. Estaba a seis metros, a tres...
Se lanzó encima de Kagome. Ésta lo esquivó y echó el brazo hacia atrás para apuntar hacia el cuello de la criatura. La decapitó usando una espada, pero otros enemigos se dirigieron hacia ella.
—¡No! —gritó Sesshomaru—. ¡Venid aquí! —Los provocó para que lo atacasen a él, pero a pesar de ello, la mitad se dirigieron a Kagome.
Un desconocido había aparecido justo detrás de Kagome. Tenía los ojos rojos. En estado de shock, la miko levantó la espada pero justo cuando lo iba a atacar, se dio cuenta de que le resultaba familiar. Aunque no estaba segura, porque él se cubría el rostro con una mano para que no le diese el sol.
—Midoriko me ha mandado a buscaros. Soy Kaze —le explicó, mientras la piel iba llenándosele de ampollas—. Llevo horas peinando los alrededores. —Lo parecía; estaba sudado y cansado, como si hubiera estado viajando durante días—. Se supone que tengo que decirte que ese anillo fue lo ultimo que tu difunto padre mando a forjar para ti.
—Ah, Kami, eres de los buenos.
El desconocido extendió los dedos como si articularlos le inflijiera dolor y se le desenfocó la mirada. Siseó de dolor.
—No puedo... quedarme más tiempo, miko. Y esas bestias se están acercando.
—¡No podemos irnos sin el demonio que está allí! —Kagome señaló a Sesshomaru, pero tenía a tantos enemigos encima que apenas podía verlo—. ¡Llévatelo con nosotros, Kaze! Por favor. —Al ver que él se negaba con movimientos cada vez más torpes, Kagome, gritó—: ¡Sesshomaru!—¡Aquí, demonio! —
Más enemigos iban acercándose a ella, y Kagome volvió a levantar la espada ensangrentada.
Él volvió a mover la cabeza.
—Tengo que regresar contigo. —Kaze la cogió por la cintura aferrandola entre sus brazos.
En ese instante, Sesshomaru se dio la vuelta y la vio. Abrió los ojos asustado y gritó:
—¡No, no!
Corrió hacia ellos, pero lo interceptaron...
—¡Sesshomaru! —grito su mujer.
Kagome trató de ir con él, pero Kaze la retuvo. Y cuando el desconocido intentó teletransportarse, la miko se resistió.
—¡Date prisa, Sesshomaru!
«Un desconocido de ojos rojos tiene a Kagome .»
Kagome trató de soltarse y alargó los dedos para ver si alcanzaba a Sesshomaru, no lo consiguió y gritó el nombre del demonio.
A pesar de que el desconocido tenía la piel en llamas, no la soltó.
Sesshomaru mató a los demonios y esquivó sus ataques. Las criaturas empezaron a alimentarse de sus propias bajas, lo que las frenó un poco. Él buscó frenético a su alrededor el modo de zafarse de aquella horda.
—¡Date prisa, Sesshomaru! —gritó Kagome.
La frustración amenazaba con ahogarlo y apretó los puños. «No puedo alcanzarla.» Por todos los dioses, ojalá pudiese teletransportarse guiado por la sangre de su hembra .
«¡Pues acuérdate de cómo se hace!» Llevaba siglos sin poder teletransportarse y nunca había estado tan frenético, nunca se había esforzado tanto por recordar cómo se hacía.
«Recuerda, o la perderemos.»
Tensó todos los músculos del cuerpo. «Tengo que llegar donde está Kagome.» Se mareó, y al mareo lo siguió la confusión. «He sentido esto antes.» En aquel instante, recordó que se había sentido exactamente igual cuando corrió hacia ella el día en que el aracnea la atacó.
En ambas ocasiones había estado aterrorizado de no poder llegar a tiempo. «Acuérdate, Sesshomaru, o la perderás para siempre.» Gritó desesperado y volvió a intentarlo.
Los demoniacos seres volvieron a estrechar el círculo una vez más.
«Tengo que... ir con Kagome.»
Y entonces sintió aquella inolvidable sensación de estar flotando. ¡Empezó a desaparecer! No, sólo se difuminó un poco. Fijó la vista en el precioso rostro de su miko y volvió a intentarlo.
No daba crédito: había logrado desaparecer. No tuvo tiempo de dar gracias a los dioses cuando volvió a aparecer. Tensó las garras, listo para atacar...
Se habían ido. El desconocido se había llevado a Kagome . Podían estar en cualquier parte. A Sesshomaru estuvieron a punto de fallarle las piernas.
«Un desconocido tiene a mi companera», el pensamiento no paraba de repetirse en su confusa mente. ¡Tendría que haber encontrado el modo de llevársela de allí! Kagome se lo había advertido mil veces.
Por culpa de su propio egoísmo lo había perdido todo.
Estuvo a punto de volverse loco. «Mantén la calma, se dijo» El desconocido no iba a matar a Kagome ; si hubiera querido matarla, ya lo habría hecho. Así que la había secuestrado por algún motivo.
Pero ¿cuál? ¡Tengo que salir de esta jodido lugar!
«Ahora puedo rastrear.» Pero tanto un desconocido como un demonio sólo podían teletransportarse a lugares que hubieran visto antes o lugares que recordaran.
«¿Acaso no recuerdo la vida de Kagome?» Sesshomaru podía rastrear a la tierra que había visto en los recuerdos de la miko, localizar su comunidad, iniciar la búsqueda. «Cuando encuentre a quien me arrebato a mi mujer... me suplicará que lo mate.»
Sesshomaru vislumbró el pico de una montaña a lo lejos y rastreó hacia allí para huir de las criaturas que aun lo seguian.
Tenía que conseguir algo de tiempo y recordar un lugar en el que no había estado nunca.
En cuanto el desconocido se materializó en, el templo Higurashi, soltó a kagome sin ninguna delicadeza. Estaba completamente en llamas.
—¡Naomi! —gritó.
La madre de Kagome le respondió y corrió a su lado a apagarle el fuego.
Sin hacer caso de sus heridas, el desconocido susurró:
—Te necesito, koishi.
Ella tragó saliva y se preocupó y excitó al mismo tiempo.
—Por supuesto, mi corazon.
Él la cogió en brazos y ambos desaparecieron.
—Espera, no —gritó Kagome—. ¿Adónde ha ido? ¡Tengo que ir a buscarle!
—¿A buscar a quién? —preguntó su abuelo—. ¿De qué diablos estás hablando? Acabo de conseguir que regresaras.
Kagome, ¿de quién es esa sangre que tienes en la espada?
El arma de Kagome estaba sucia de la sangre marrón de las criaturas que habian atacado el castillo del oeste.
—¡No tengo tiempo de explicártelo! ¿Adónde se ha ido Kaze? Tenemos que encontrarle.
Su abuelo negó con la cabeza.
—Kaze es algo especial. No estará bien hasta dentro de varios días. —
Kagome estudió los rostros de los presentes y vio que había mikos, monjes conjuradores los conocia por las fotografias que su abuelo solia mostrarle.
—Kagome —dijo su abuelo—, sólo puedo dirigir a uno de nostros hacia la epoca en la que estabas, y eso en el caso de que ésa persona pueda descifrar mis vagas indicaciones, pero no puedo mandarlo al lugar exacto del que has venido. Al parecer, a Kaze le ha llevado más de tres horas dar contigo.
Con lo poco que conocía el oeste, Kagome nunca correría más rápido que un desconocido rastreando y materializandose. Ella tardaría mucho más de tres horas en encontrar a Sesshomaru...
«¡No puedo perder más tiempo!»
—Abuelo, dale las direcciones a quien sea para que pueda teletransportarme
Yukiko una de las hermanas de su padre dio un paso al frente queriendo contenerla e impedir que siguiera con aquello de irse a buscar a quien sabe quien.
—¡No, maldita seas! ¡Me ire ahora mismo! —Si le sucedía algo a Sesshomaru... Se llevó una mano al pecho al pensar en el demonio en medio de todas aquellas bestias—. ¡Nos vamos ahora mismo abuelo!
Midori (su prima) se puso en pie. Estaba tan enfadada que tembló todo el salón.
—Dime que no acabas de gritarle a mi madre.
—Lo he hecho. ¡Y más te vale que le convenzas de que coopere si quieres seguir teniendo refugio en este templo!
—¿Y ahora me amenazas a mí? —Midori entrecerró los ojos—. Te retorceré el cerebro. —Levantó las palmas de las manos y se dispuso a atacar.
—¿Crees que no se han hecho sellos para evitar que se produzcan ataques dentro del templo? —miro a su abuelo—. ¿Lo has hecho, no?
Su abuelo asintió atónito.
En su arrogancia, Sesshomaru había creído que podía protegerla de cualquier amenaza.
Y ahora, un desconocido le había arrebatado a su esposa delante de sus propias narices.
«Siempre perderás.»
No, esa vez no podía perder. Esa vez no.
«Concéntrate.» Cerró los ojos y trató de recuperar los recuerdos de Kagome. No quería aparecer en medio de aquella taberna en la que sonaba aquella horrible mú ía que conseguir que lo ayudasen a buscar al desconocido para que pudiera arrancarle los brazos y las piernas.
«Concéntrate.» Notó que empezaba a rastrear. No tenía ni idea de dónde aparecería, pero se dejó llevar.
Apareció en una tierra desconocida, de noche. Hacía calor.
Delante de él había una casa con piscina y rodeada de árboles.
Negó con la cabeza. Le costaba creer que hubiera funcionado. ¿Aquello era el hogar de su esposa?
Frunció el cejo. Aquella casa estaba vacía. No había luz ni olía a comida, ni se movía nada por ningún lado. No parecía el lugar que había visto en los recuerdos de Kagome.
«¿Cómo puedo encontrarla?»
Nada. El viento sopló entre los árboles y olió la lluvia. Un rayo cayó en la distancia; la tormenta estaba acercándose.
El grito de una mujer irrumpió en la noche. «¡Kagome!»
Rastreó en esa dirección, desapareció y apareció varias veces. En cada ocasión se materializaba más cerca de ella. No tardó en localizar la casa de la miko.
Cada vez que caía un rayo, descubría una nueva faceta de el templo. Cuando los rayos dieron una tregua, vio la silueta de un edificio imponente, rodeado por una verja negra. Y al empezar a caer de nuevo rayos, vio una estructura que había sobrevivido al paso del tiempo, rodeada de animales. Había serpientes en el jardín, insectos y multitud de reptiles.
Sesshomaru se acercó. Unos pequeños animales negros —gatos— le dieron la bienvenida y se metieron por entre sus piernas.
Ahora podía oír claramente la voz de la miko. No parecía asustada; estaba furiosa y no paraba de gritar. ¿No corría peligro?
Se teletransportó dentro, decidido a sacarla de aquel lugar, y entonces oyó:
—... si quieres que tu hija salga ilesa de ésta, ¡más te vale llevarme de vuelta ahora mismo!
Todos los presentes se quedaron en silencio y Kagome apartó la vista de Midori, con la que se estaba peleando con uñas y dientes, sin poderes. Los presentes las estaban mirando atónitos.
«Así es. ¡Estoy creando una tormenta!»
—¡Yukiko, maldita sea, llévame a esa isla!
—Madre, no te metas en esto —le advirtió Midori, dándole una patada a Kagome en los riñones. A pesar de que no tenía poderes, la jovencita era una gran luchadora, pero Kagome estaba peleando por su compañero.
Otra patada en los riñones.
—Zorra —siseó Kagome dándole un empujón. En un golpe de suerte, le había acertado en el plexo se quedó sin aliento. Kagome aprovechó la oportunidad, empuñó su espada y la acercó al cuello de su prima.
—Está sucia de sangre de demonios.
Yukiko abrió los labios asustada y los ojos se le pusieron negros.
—Cálmate... tranquilízate. —Levantó las manos y se acercó a ella en son de paz—. Piensa en lo que estás haciendo. ¿Pondrás en peligro nuestra familia?
—¿Acaso no lo entendéis? ¡Estoy dispuesta a sacrificarlo todo! —gritó Kagome—. Yukiko, ¿hay algo que no harías por tu hija?
—Nada —contestó élla emocionada—. Haría cualquier cosa por ella. Te llevaré a ese lugar.
—Así que ese tal Sesshomaru —dijo su abuelo con la voz algo rara—, ¿es muy grande?
—Es Sesshomaru Taisho y es mi marido. ¡Y no importará lo grande que sea si no voy ahora mismo a esa isla para salvarlo de la horda de demonios!
Kagome sintió una inexplicable alegría cuando oyó una voz masculina repetir:
—¿Marido?
—Sí —dijo al darse media vuelta—, eso es lo que he... —Era Sesshomaru, estaba justo detrás de ella, saliendo de entre las sombras. En cuanto el demonio quedó bajo la luz, a Kagome le dio un vuelco el corazón—. ¿Cómo... quién te ha traído?
—Me he traído yo solo,Miko—dijo él emocionado.
—Lo siento, Yukiko. Pero es mi marido, y seguro que tú harías lo mismo por Midori. —La soltó y lanzó la espada a un lado—. ¿Estamos en paz?
—Quiero la revancha cuando las dos tengamos nuestros poderes mas desarrollados.
—¿Estás loca? —se burló Kagome—. Me aniquilarías.
La única cosa superior a los poderes de Midori era su propia vanidad. La aludida se colocó bien la melena pelirroja, halagada por el comentario. Y al final, dijo:
—Estamos en paz.
Entonces, Kagome corrió hacia Sesshomaru y éste la recibió con los brazos abiertos y la abrazó con todas sus fuerzas.
Ella le sujetó el rostro con las manos y lo inundó a besos. Le besó la frente, las mejillas, los labios.
Estaba muerta de preocupación, Sesshomaru. Estaba tratando de volver a buscarte.
Kagome sintió una oleada de felicidad.
—No volveré a dudar de ti, eres mi mujer.
—No te daré motivos. Pero, te lo advierto, a partir de ahora, no voy a perderte de vista. —Y cuando él sonrió, Kagome añadió—: Te amo.
Y le demostró cuánto dándole un beso repleto de desesperación que lo dejó sin aliento.
—¿Estás bien? —le preguntó Kagome al demonio—. Necesitas descansar.
Sesshomaru negó con la cabeza y echó los hombros hacia atrá que fue suficiente para que despues de un rato consiguiera llevarlo a descansar.
—Me gusta esta cama —le dijo Sesshomaru a Kagome lleno de felicidad.
Ella lo miró desde delante del armario. El se había quedado tumbado en la cama, con los brazos cruzados debajo de la cabeza y tapado con una única sábana. Los pies le llegaban al extremo de la cama de más de dos metros de Kagome.
¿Cómo era posible que encajase tan bien entre sus cosas? En especial cuando no muchos demonios solían entrar en el templo Higurashi, y mucho menos meterse en su cama.
Hacía pocas horas que se había ido el resto de su familia, y Sesshomaru ya había examinado casi todas las pertenencias de Kagome, las tuberías, el aire acondicionado, la tele y una miríada de electrodomésticos.
Y había dejado que Souta lo «enseñase» a sus amigos. Kagome jamás olvidaría la cara del demonio cuando el niño lo presentó como su cuñasmonio. Primero se había sorprendido, y luego, emocionado. Igual que cuando ella había dicho que era su esposo.
—A mí nunca me habían presentado como «mi nada» —le confesó más tarde—. Me gusta.
Los amigos de Souta lo miraron con ojos como platos, pero al final se acostumbraron a él. Y cuando descubrieron que Sesshomaru nunca había comido pizza, contuvieron el aliento hasta ver si le gustaba. Kagome estaba convencida de que él había exagerado su reacción para hacerles reír, y todavía lo quiso más por eso.
La fiesta de pijamas estaba en pleno apogeo en el desván, la música salía a todo volumen por el karaoke y las niños no paraban de reírse.
Sesshomaru sonrió, al parecer le gustaba ese ruido.
«Ha estado solo tanto tiempo...»
—¿Qué otras cosas te gustan? —le preguntó, decidida a demostrarle que podía ser feliz en su mundo.
—Las duchas.
Ella enarcó una ceja.
—Lo que te ha gustado es lo que hemos hecho el uno con el otro en la ducha. —Aquello sólo había sido un aperitivo. Bajo aquel inocente albornoz, Kagome llevaba una lencería demoledora.
—Es cierto —respondió él sonriendo desvergonzado. A Kagome le encantaba verlo sonreír. Esa noche lo había hecho a menudo. Al principio le faltaba algo de práctica, pero iba cogiéndole el tranquillo.
—¿Quieres vivir aquí? —le preguntó él.
—A decir verdad, le tengo echado el ojo a una casa que hay al final de la calle. - Tiene piscina.
—Creo que estuve allí antes. Debí de verla en tus recuerdos. —
Sesshomaru volvió a relajarse.
-Te gusta aqui?
Sesshomaru asintió.
—Tu vecino me ha dicho que "mi esposa era muy lista, y que sentía una violenta devoción hacia mí". Me he sentido muy orgulloso de ti.
Kagome se pasó la mano por el pelo.
Sesshomaru enarcó una ceja, su erección había levantado una tienda de campaña con la sábana.
Se preguntó cómo reaccionaría Sesshomaru al cambio de epoca. «Pronto lo sabré.»
—Por cierto, vamos a celebrar una pequeña fiesta para la boda aquí, cuando toda la familia llegue. —Quizá le doliera un poco que su padre biológico no asistiese,le echaba mucho de menos su temprano deceso era algo que no le dejaba sonreir a pesar de sentirse muy feliz, pero por suerte para ella, toda su familia estaría allí. Naomi, el abuelito, Souta y Sesshomaru.
—Las mikos que hay en tu clan también me gustan.
—Porque no paraban de susurrar lo guapo que eres, y has oído todos sus comentarios —le dijo mientras terminaba de prepararse. Kagome se había dado cuenta de que Sesshomaru tenía el cuello rojo, y que se había muerto de vergüenza en un par de ocasiones.
—A mí sólo me interesa una miko. Ven aquí,mujer.
Kagome se acercó a la cama.
—Te gusta mi cama, las duchas y mi templo. Pero ¿qué me dices de esto? —Dejó que el albornoz le cayera a los pies y apareció vestida con medias negras de rejilla, un corpiño de seda del mismo color y tanga a juego. «Al fin y al cabo, es nuestra fiesta de bienvenida.»
Sesshomaru tragó saliva y frunció el cejo.
—Por todos los dioses, mujer. —A una velocidad increíble, se bajó de la cama y cogió a Kagome por la cintura.
Ella gritó feliz cuando él la sentó en su regazo.
—Me gusta mucho —dijo él sin ocultar que estaba fascinado por la ropa interior de encaje.
En cuanto vio que Sesshomaru se ponía serio, Kagome se acercó a él y le murmuró al oído:
—Podrás eyacular dentro de mí..ya no tienes que temer
— Yo quiero...
Ella lo interrumpió con un beso.
—Nos daremos algo de tiempo para aclimatarnos a Souta y a la casa nueva. Así el se acostumbrará a estar con nosotros al igual que el resto de la familia. —Kagome sabía que tendrían que enfrentarse a algún que otro problema. Estaba convencida de que la pequeño todavía no se había hecho a la idea de que su hermana se había transformado en una "mujer casada".
Al ver que él seguía dudando, añadió:
—Souta necesitará toda nuestra atención. Y tú y yo tenemos tiempo de sobra.
El demonio suspiró resignado.
—Está bien. De acuerdo. Pero quiero tener un cachorro.
—¿Qué te parece si practicamos un poco como hacer uno? —le susurró de nuevo al oído con voz sensual, consiguiendo que la erección de Sesshomaru temblase debajo de ella—. Esta noche no tienes que contenerte. Soy fuerte y lo quiero todo de ti.
—Y yo quiero dártelo todo, esposa. —Le colocó los dedos bajo el mentón y le levantó la cara para besarla. Le acarició los labios con los suyos con ternura, insinuando un poco la lengua. Fue aumentando la intensidad del beso a medida que iba acariciándole los pechos por encima de la seda, hasta que ella se movió excitada sobre su pene.
—Separa las piernas —le pidió, pegado a sus labios.
En cuanto lo hizo, le tocó las braguitas.
—Están empapadas.
—Entonces, será mejor que me las quites...
Las desgarró y ella se estremeció.
Los dedos de Sesshomaru regresaron al instante para acariciarla, y él entrecerró los ojos al descubrirla tan excitada. Se sintió satisfecho y ella lo notó.
—¡Oh, demonio! Eso también lo quiero. Lo quiero todo de ti. Ahora.
—Tengo que asegurarme de que estás lista —dijo él con voz aterciopelada. Se mordió una garra y deslizó el dedo índice por entre los pliegues de Kagome mientras con el pulgar le acariciaba el clítoris.
Ella suspiró de placer y se aferró a sus hombros para echarse hacia atrás. Se rindió a sus caricias y separó más las rodillas.
Él la tocaba despacio y dibujaba lentos círculos. Una y otra vez. Sesshomaru observó cómo sus dedos se perdían en el sexo de Kagome. Bajo las nalgas de ella, su pene acarició la suave piel.
—Demonio —susurró Kagome al borde del orgasmo—. Estoy a punto...
Él dejó de acariciarla y retiró los dedos, haciéndola gemir.
—Siéntate encima de mí —le ordenó mientras se lamía el dedo con el que la había estado tocando. Se estremeció de placer al notar su sabor—. Mi miko es deliciosa.
Kagome tembló y se colocó a horcajadas en su regazo.
En cuanto estuvo sobre su erección, Sesshomaru se sujetó el pene con la mano que tenía libre.
—Acércate a mí. Déjame entrar dentro de ti.
—Sesshomaru —susurró ella descendiendo. Y cuando él irrumpió en su cuerpo, gimió y le arrancó el corpiño para poder besarle los pechos, lamérselos, tocárselos con los dedos que tenía empapados.
Kagome no podía aguantar más.
—¡Ah, por todos los dioses! —Alcanzó el orgasmo cuando él no había empezado apenas a penetrarla. Sesshomaru sintió su clímax por todo su cuerpo. Kagome quería echar la cabeza hacia atrás y gritar de placer, pero él dejó de besarle el pecho y la miró, sujetándole el rostro entre las manos.
El demonio tenía los dientes apretados y la frente empapada de sudor, y quería que ella lo mirase a los ojos mientras su pene la poseía por completo, y Kagome no podía dejar de gemir de placer.
«Lo noto temblar dentro de mí... olas de calor abrasador.»
Al mirarlo mientras tenía un orgasmo, Kagome se sintió completamente desnuda delante de él. Le pareció que era un acto muy íntimo y excitante.
Cuando dejó de temblar, él estaba por fin dentro su cuerpo, y ella volvía a estar al borde del orgasmo.
Sesshomaru le colocó las manos en las caderas y susurró.
—Todavía no he terminado contigo. —Y entonces tiró de ella hacia abajo al mismo tiempo que levantaba las caderas, proporcionándole otro orgasmo demoledor...
Esa vez, Sesshomaru dejó que Kagome echase la cabeza hacia atrás, y que pudiese disfrutar de aquel placer con total abandono. Su melena negra le acariciaba los muslos mientras ella gritaba su nombre, y él observó cómo se le movía el cuello.
El cuello de Kagome estaba completamente al descubierto. No llevaba collar. Los colmillos le dolían de las ganas que tenían de tocar aquella piel; ansiaban ese placer tanto como su pene ansiaba eyacular dentro de su esposa. Pero no volvería a morderla sin permiso.
Ella lo miró de nuevo, tenía la respiración entrecortada, los ojos le brillaban como estrellas, resplandecientes de placer.
Sesshomaru le cogió un dedo y se lo llevó a los labios para poder mordérselo con un colmillo. Después, colocó el dedo en el que brillaba una gota de sangre entre los dos.
—Tiene que ser tu elección,compañera asi como la mia es entregarme a ti.
Ambos se quedaron mirando la creciente gota, el camino que iba dibujando.
—Lo quiero todo de ti, demonio —dijo ella sin aliento—. Todo. —Antes de que él apartara la mirada, Kagome se acercó el dedo herido al cuello y se manchó con la sangre que caía—. Necesito que me muerdas tanto como tú necesitas morderme.
—¡Miko! —gimió él y la tumbó en la cama. Él seguía en su interior, así que se le colocó encima y luego se apoyó sobre los brazos para incorporarse.
Seguía moviendo las caderas entre sus muslos, y se quedó mirándola. Tres semanas atrás habría dicho que todo aquello era una fantasía; la hembra más exquisita que había visto nunca le estaba ofreciendo el cuello mientras él se movía dentro de su sexo.
—Eres demasiado guapa para ser real,eien.«Eterna»
—Bebe mi sangre, Sesshomaru. Saboréame. Soy tuya, estaré a tu lado siempre que me necesites.
Por todos los dioses, ¿de verdad era suya? ¿De verdad había encontrado a una compañera que lo quería tal como era? Apoyó la cabeza de Kagome en su brazo y, con el antebrazo, la colocó de lado. Se inclinó hacia adelante y le lamió la sangre del cuello; jamás había tenido los colmillos tan largos. Los hundió en la suave piel que había entre el cuello y el hombro.
Kagome tensó todo el cuerpo en cuanto él empezó a beber.Su veneno se abria paso por sus vasos sanguineos quemandola por dentro, su demonio por fin se sentia completo, habia ratificado su eleccion su marca, mordiendola esta vez con su consentimiento, "da y recibe" penso el inuyoukai, Kagome su hembra desde ahora y para siempre, ella nutriria con su sangre el lazo de ambos, y Sesshomaru compartiria su logevidad, y su poder haciendo a su hembra ningen eterna junto a el.
—¡Sesshomaru... es... oh, dioses, demonio...! —Le cogió la cabeza y la pegó a ella hasta que él abrió más la boca.
«Mi esposa siente lo mismo que yo.»
Esa cercanía, esa unión que él jamás se había ni imaginado siquiera que existiera, era todavía más intensa ahora que estaba dentro de ella. La esencia de Kagome corría por sus venas, y él movía las caderas a pesar de que se estaba esforzando por no terminar.
En medio de uno de esos movimientos, el placer lo hizo estremecer hasta los huesos. Por fin sabía lo que se sentía, por fin podía compartir aquella sensación con Kagome.
«Tienes que aguantar, aguanta. Está sucediendo de verdad...»
—¡Sesshomaru, casi estoy! —Él la sintió al mismo tiempo que oía las palabras —: ¡Demonio! —gritó ella al alcanzar el orgasmo.
El modo en que el sexo de Kagome lo apretó, le robó la fuerza de voluntad. Ahora que estaba a punto de eyacular, comprendió que ella llevaba tiempo pidiéndoselo.
«Demasiada presión... estoy a punto de explotar.» Dejó de morderla y arqueó la espalda de tan intensa como fue la sensación de notar que su semen estaba preparándose.
—Termina dentro de mí —le pidió Kagome con la respiración entrecortada—. Necesito sentirte. Lo necesito todo de ti.
Sus palabras lo lanzaron por el precipicio.
—No puedo más... ¡no puedo aguantar más! —Incapaz de detenerse, Sesshomaru se estremeció entre los muslos de ella y la poseyó como nunca lo había hecho, hasta que... una fuerza cegadora...
Se rompió el sello.
—¡Kagome! —gritó al empezar a eyacular. Su pene se estremeció una y otra vez perdido en el calor de la miko. «Eyaculando... éxtasis...»
Mientras él seguía moviéndose, ella gritó:
—¡Puedo sentirte dentro de mí, Sesshomaru, estás tan caliente... es como si me marcaras por dentro! —Separó más las rodillas y se aferró a las sábanas al alcanzar otro orgasmo.
En el mismo instante en que la tensión abandonaba el cuerpo de Kagome, Sesshomaru gimió y soltó la última gota. Se quedaron tumbados durante mucho rato, tratando de recuperar el aliento. Él apenas era capaz de pensar; aquella unión había sido demasiado intensa, el placer lo había consumido. «Estoy estupefacto.»
—Demonio —dijo ella también atónita.
—Nunca habría podido imaginar que sería así —murmuró Sesshomaru—. No existe placer igual.
Por fin había reclamado lo que más quería en este mundo. A su esposa. Y se sentía... completo.
Las confusas emociones de antes volvieron a agolparse en su pecho, impacientes por salir a la luz. Antes no comprendía lo que sentía, no sabía cómo expresarlo en palabras.
Ahora sí. Se apoyó sobre los codos y la miró.
—Te amo, Kagome. Estoy enamorado de ti. —Le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Sesshomaru, te amo tanto... —Los ojos le brillaban—. Y siempre te amaré.
Y mientras él sujetaba el rostro de su esposa entre las manos, la miró a los ojos y vio que lo amaba. Vio que todo ese amor estaba allí esperándolo. Él había querido una prueba, y no había ninguna más irrefutable que aquélla.
En lo que ahora le parecía otra vida, alguien le había dicho que nunca ganaría.
Y ahora que había descubierto la verdad, su corazón estaba rebosante de felicidad. «A ella he conseguido ganármela.»
El futuro los estaba esperando. Iba a soñar. Y esos sueños iban a hacerse realidad.
Fin!
Bueno hasta aqui llegamos gracias por todo y espero que les haya gustado!
