Si, se que no tengo perdón, fueron 3 meses los que anduve desaparecido pero sinceramente otras cosas me atraparon y no tuve oportunidad. Lamento en demasía la espera que les he hecho sufrir pero por fin aquí tenemos el siguiente capitulo. Es algo corto pero es algo importante en la historia, un hecho que repercutirá de ahora en adelante.

Sin nada mas que agregar, les dejo leer esperando disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo.

Disclaimer: Yo no soy dueño de MLP, pero algunos personajes son de mi pertenencia. Sugerencias y criticas serán bien recidivas.

Summary: Porque ambos eran imperfectos, llenos de virtudes y sobretodo de defectos, que mostraban y ocultaban por igual. Pero al mismo tiempo, eran similares; unos perfectos incompatibles.

Perfectos incompatibles

Confiamos en que el dolor nos hará mas fuertes, sin embargo yo te pregunto, ¿cuantas veces tendrás que morir hasta alcanzar tu deseo?

6.- Perfectas malas decisiones

Dio la vuelta y no volvió a mirar hacia atrás. No sabía cómo se encontraba Applejack; si estaba enojada o triste por haberla dejado ahí parada sobre la banqueta. No quería absolutamente nada, no quería saber nada de nadie. No quería sentir ese punzante dolor que atravesaba su pecho y le hacía difícil respirar.

Y aunque se intentara convencer de que tarde o temprano pasaría, aunque ilusamente creyó en sus fantasías que no ocurriría, sucedió. Aquello que tanto temía por fin pasó. Rainbow Dash y Soarin por fin comenzaron a salir juntos, pronto se harían novios y su historia fantasiosa donde el salía tomado de la mano junto a ella, donde ambos gritaban vitoreando al ver algún partido que ella quisiera sólo quedaría en eso: fantasías.

Y pese a todo, dolía. Dolía tanto que temía sus ojos comenzaran a anegarse en lágrimas, en una clara muestra de una debilidad que no quería tener y no podía evitar.

Siempre creyó y con justa razón, que los sentimientos solo eran causa de dolor y pérdida de tiempo. Alguien como el única y exclusivamente podía dedicarse al cuidado de su familia, su hogar y su trabajo. Así como fue desde pequeño, así como era ahora y seria de grande.

Sobreviviría, se tragaría aquel tonto enamoramiento adolescente y lo olvidaría. Mujeres había por doquier, más hermosas que Rainbow Dash, mas educadas, amables e inteligentes y por supuesto menos orgullosas y tercas. Podría olvidarla con cualquiera de ellas y nunca jamás volvería a imaginar el pasar sus manos por aquel cabello multicolor. Solamente era una chica más del pasado, tan fácil de olvidar como cualquier otra.

Una gota cayó sobre su cabeza. Alzó la mirada y pudo notar las nubes grises de tormenta sobre la ciudad. Una gota más y luego otra, miles de pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer y mientras los transeúntes corrían de un lado a otro para protegerse de la lluvia, el permaneció ahí donde estaba, con el rostro hacia el cielo y las pequeñas gotas de agua surcando sus mejillas.

Estaba lloviendo y aquella humedad que sentía en el rostro pertenecía a la lluvia, no a un llanto que sabía no podía tener. Él jamás lloraría de nuevo. Ya había llorado cuando su madre murió y cuando su padre los abandono. Ya había sido demasiada debilidad y no soportaba nada más.

Bajó la mirada resuelto y comenzó a caminar hacia su hogar. Hoy sería el fin de aquel Big Macintosh que soñaba con nimiedades como aquella. De ahora en adelante sólo se preocuparía por las cosas importantes, su familia, sus estudios y su trabajo. No necesitaba de nada ni de nadie más para ser feliz, había vivido los últimos años de su vida solo y podría vivir el resto de igual manera.

Las calles pronto se vaciaron de gente lo que le permitió disfrutar de aquel frio que solo el viento y el agua en conjunción entumían sus extremidades haciéndole olvidar un poco las penas. Insulso, sí, pero servía por ahora. Ya mañana se encargaría de olvidarse de todo.

Media hora después llego a las puertas de su casa con las ropas escurriendo en agua. Las luces interiores estaban encendidas lo cual indicaba que su abuela o alguna de sus hermanas habían regresado. Abrió la puerta y se retiró los zapatos para dejarlos en el recibidor, después se encargaría de secarlos.

—Hola querido —saludó la abuela Smith desde la puerta de la cocina. —Estás todo empapado, ¿por qué no te vas a secar?

"Pregunta estúpida" pensó él frunciendo el ceño. No contestó y avanzó por el pasillo directo a su habitación. A su lado, su abuela lo miró con curiosidad. No recordaba la última vez que pudo observar al mayor de sus nietos en un estado tan desolado.

—¿Quieres algo de cenar? —preguntó con cautela.

—No, iré a dormir —contestó de forma dura. Big Macintosh sabía que ni ella ni nadie tenían la culpa de su sentir, pero no podía evitar responder así; se estaba conteniendo y quería ir a desquitarse a su habitación. No quería explotar y decir alguna barbaridad.

La abuela Smith frunció en ceño. Su nieto no era de aquellos que se portaban de tal manera; no huía a recluirse a su habitación y que hiciera prácticamente eso, le preocupaba.

—Big Mac, ¿qué tienes? —preguntó cautelosa y al ver que el adolescente en cuestión ignoraba su pregunta avanzó hasta él. —¡Big Mac regresa! —gritó colocándose frente a él y deteniendo su huida. —No me importa lo que te sucede, no debes faltarme el respeto.

Big Macintosh frunció el ceño aún más. ¿Qué les sucedía a todos que querían hacerlo enfadar ese día? ¿Qué no entendían que quería estar solo?

—No quiero hablar —respondió a secas apretando los dientes. Contó hasta diez y ni eso funcionó para apaciguar su enojo.

—Lástima, porque lo harás. Pareces un caballo a quien las espuelas lo han estado lastimando todo el día.

—No quiero hablar, ya te lo dije —respondió comenzando a caminar.

—Big Macintosh soy tu abuela y te ordeno que me digas que…

—¡Ya cállate! —gritó fúrico. —Por favor, ¿no entiendes que q…

Y su perorata fue callada de manera súbita por el impacto de una mano contra su mejilla. Por escasos segundos la sorpresa nublo su razón. Se encontraba en un estado que él no sabía cómo explicar; su corazón dolía a cada latido y la imagen de la chica de cabello arcoíris junto al otro chico se negaba a dejar su mente, su cuerpo temblaba de frio y sus piernas dolían pidiendo un poco de descanso. Pero ni siquiera su piel helada o el dolor de sus músculos le quitaban las ganas de llorar.

Y pese a que no quería hacerlo, su garganta pedía a gritos correr a su habitación a desahogarse con lo primero que encontrara pero, ahora que quería estar solo, cuando siempre lo había estado, no lo dejaban. ¿Por qué ahora? ¿Por qué cuando más débil y patético se sentía?

—Estas sufriendo —aseguró ella acariciando su dolorida mejilla. —Siempre te has guardado todo hijo, no tienes que hacerlo esta vez.

Big Macintosh la miró detenidamente. Estaba equivocada; la costumbre estaba encarnada muy profundo en la piel.

—No es necesario… mañana estaré bien.

Su abuela lo observó y pudo notar en su mirada que no le creía en absoluto, era algo normal y esperado; el tampoco creía nada aquella afirmación.

Dio la vuelta y se retiró hacia su habitación. Lamentaba en demasía el trato que tenía para con su amada familia, pero no podía evitarlo, al menos no ahora que podía decir o hacer algo peor con un torrente de emociones a punto de estallar en su pecho.

—¡Hermano! —gritó una pequeña voz al cruzar la sala. —¿Me ayudas con mi tarea por favor? —pidió Apple Bloom corriendo hacia él.

—Lo siento, ahora no puedo.

—Oh, vamos —suplicó ella colgándose de su brazo para jalarlo hacia la pequeña mesa donde se encontraban todos sus útiles esparcidos. —Sera rápido, lo prometo.

—Apple Bloom en serio, no estoy de ánimos.

Sus pequeñas hermanas siempre fueron su debilidad, desde que el las vio por primera vez prometió cuidarlas y quererlas, siempre estar allí para cuando ellas lo necesitaran. Pero ahora, en este preciso momento, se sentí incapaz de poder hacer algo, por muy pequeño o fácil que pareciese.

—¡Sólo esta vez y ya no te pediré nada! ¡Lo juro!

—¡Ya te dije que no!

Y lo que más temía sucedió. El volumen aumentado de su propia voz llegó a sus oídos lo suficientemente tarde para darse cuenta de lo que había hecho. Abrió sus ojos para encontrar la mirada de su hermana cargada de un temor que nunca había visto y que jamás habría querido ver y lo peor de todo, es que el era el causante.

Volvió la mirada a su espalda para encontrar a su abuela observándolo con algo de sorpresa y decepción. ¿Es que acaso ese era el resultado de todo ese maldito día? Por su frustración y enojo, había tratado mal a su familia; a su abuela quien fue la única que estuvo con el cuándo prácticamente fue abandonado al mundo y a su pequeña hermana que nada tenía que ver con los problemas que le aquejaban.

"Eres un imbécil Big Macintosh, sin duda lo heredaste de tu padre" se dijo a sí mismo.

—Apple Bloom —llamó a su hermanita al ver que bajaba la vista y se daba la vuelta para alejarse de él. —Apple Bloom… perdona.

Su pequeña hermana hizo oídos sordos y volvió al lugar en el que trabaja desde antes de que llegara. Desde esa distancia podía notar como ella intentaba limpiar infructuosamente las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos y eso, como si todavía fuera posible, sumó culpa a toda la gama de sentimientos que lo tenían al borde del colapso.

Por eso odiaba las emociones como el amor, porque dolía, porque dañaba no solamente a una persona sino a muchas y por su propia estupidez y egoísmo había herido a quien menos merecía.

—Apple Bloom…

—¡No quiero hablar contigo! —respondió la pelirroja lanzándole una mirada que, en el fondo, tenía todo el derecho de tener.

—… Lo lamento.

Sabía que no podía culparla de nada. Había sido cruel y ahora con toda razón sufría las consecuencias. Miró a su abuela pidiendo un consejo que esta vez sabia no llegaría, pero aun así, sabía que lo único que podía hacer era pedir perdón.

—…Yo… —comenzó a decir pero guardó silencio cuando la abuela Smith dio la vuelta para adentrarse en la cocina. —Abuela…

—Calla y ven a cenar jovencito —ordenó moviendo una silla para que el tomara asiento.

Sin preguntar nada hizo lo que le ordenó. Tomó asiento y guardó silencio a la espera de la posible reprimenda que sin dudas merecía. Big Macintosh permaneció callado por lo que pareció una eternidad, ahí sentado en el centro de la cocina, en un incómodo escarmiento por parte de su abuela.

—Ahora me dirás ¿por qué estas así? —preguntó su abuela tras poner una taza de café frente a él y sentarse al otro lado de la pequeña mesa.

Contrario a lo que esperaba encontrar, la mirada de ella no era de enojo, sino de tristeza y decepción. El peso de aquella mirada lo volvió a sumir en el mutismo que se hallaba desde el momento en que entró a su hogar.

—¿No dirás nada? —volvió a preguntar.

—… lo siento —respondió el tras una larga pausa. No alzó la mirada, se sentía incapaz por la culpa que ahora se sumaba a la lista de problemas que confundían su mente y corazón.

—Big Mac —llamó ella pero él no respondió. —Levanta la mirada querido —dijo con dulce voz. Big Macintosh esta vez y con algo de temor subió la vista para encontrarse con la sonrisa de su abuela. —Eres un buen chico y sé que te arrepientes de haberle gritado a tu hermana.

El asintió en silencio. Se sentía más que avergonzado de su actitud y pese al dolor que sentía, se repudiaba el hecho de haberlas tratado tan mal por la poca paciencia que todo el día le había drenado.

—No sé qué es lo que te aqueja, querido pero no tienes por qué guardarlo todo —dijo finalmente su abuela después de tomar un sorbo de su té. —Tu familia está aquí para apoyarte.

El volvió a asentir. Sabía que muchas personas resolvían sus problemas hablando o pidiendo ayuda, pero para él era tan difícil; no quería que su débil abuela anduviera preocupándose por sus problemas, su salud no era la mejor del mundo últimamente y aunque ella tercamente lo ocultara, había notado que se guardaba sus quejidos cada vez más al caminar y sus siestas se volvían más prolongadas con el tiempo. En resumen su abuela sufría cada vez más por su avanzada edad y estar pensando en problemas estúpidos no era lo recomendable para ella.

No quería darle una carga que no debía llevar.

—Lo siento abuela, en verdad —dijo sin alzar la mirada. Sabía que en el momento en que ella lo viera a los ojos descubriría su mentira. —Eh estado mucho tiempo estresado con el trabajo y los exámenes.

Ella lo observó sin tragarse una palabra. Así como conocía cada pedazo de tierra en su granja, también conocía a sus nietos y ninguno de estos podía decirle una mentira sin que ella lo supiera. Sin embargo, apostaba todos sus años a que Big Mac era más difícil que un bronco salvaje. Ese chico, para su afortunada o desafortunada suerte había salido igual a su padre; era terco y obstinado, duro como una roca y cerrado como una ostra. Si algo se le metía en la cabeza no pararía hasta que el mismo cambiara de parecer.

El mayor de sus nietos era alguien muy complejo a su parecer. Honorable como nadie que conociera pero al mismo tiempo muy solitario. Desde aquel fatídico suceso supo que su nieto había partido para dejar lugar a este joven que por muy trabajador y responsable que fuera, había dejado de ser lo que era, un joven; se había sumido en cosas que ella no hubiera querido, abandonando su infancia y diversión, abandonando amistades y una vida que ella, por su edad, no pudo ayudarle a mantener.

—Big Mac —llamó. —Te quiero como mi propio hijo y el verte así me parte el alma.

Él alzó la mirada y pudo constatar cuan ciertas eran las palabras de su abuela. No sabía cómo fue capaz de tratarla mal por una tontería pero se lamentaba en demasía. Iba a volver a pedir disculpas cuando ella alzó su mano haciéndole guardar silencio.

—Pero más me parte el alma que me mientas —dijo haciendo que el adolescente no pudiera más que sorprenderse, aunque tampoco era tan extraño. La única persona a la que no podría engañar jamás estaba frente a él.

—Pero no puedo obligarte a que me digas que te sucede querido —continuó. —Sé que lo harás cuando estés seguro y yo estaré aquí para ayudarte —tomó su mano entre las suyas y le obligó a mirarla a los ojos; quería que pese a todo lo que hubiera sufrido, no estaba solo.

Se levantó despacio de su silla y caminó hasta colocarse al lado de su nieto que para este momento luchaba por no dejar salir las lágrimas de sus ojos.

—Aquí estamos querido, para cuando no encuentres fuerzas para seguir, nosotras te ayudaremos a superar cualquier dolor. Somos tu familia Big Macintosh y nada ni nadie, podrá cambiar ese hecho.

Pocas veces había notado la sabiduría que su anciana abuela poseía, así como su fuerza y amor por su familia. Ella era un digno ejemplo a seguir, porque seguramente ella también vivió lo que él y no se derrumbó ni dejo salir su frustración con alguien inocente.

Era definitivo. El amor sacaba lo peor de él y no permitirá que volviera a pasar una segunda vez. Olvidaría a Rainbow Dash; la vería mañana en el colegio como a cualquier chica, como una de las amigas de su hermana y nada más. Adiós a las estúpidas sensaciones que le producía el solo hecho de pensar en ella o al verla caminar por los pasillos o correr por las canchas. Ya no le dolería el verla con Soarin.

Ya no sentiría nada por ella, porque sólo era un enamoramiento pasajero. Guardaría sus sentimientos y los dejaría para que murieran dentro de sí.

Lo haría… aunque la sola idea le estrujara el corazón… lo haría por que amarla sólo le traía dolor.

~CONTINUARA~

¿Y bien? ¿Qué les pareció? Si, se que fue demasiado corto, incluso para mi, pero tenia que publicarlo para comenzar con los próximos capítulos que comenzaran a tratar la interacción de los protagonistas y claro, los deliciosos malentendidos que le pienso hacer pasar al noble Big Mac.

Gracias a todos por la paciencia. Prometo pronto subir la continuación. ¡Nos leeremos!

Atte. Aspros