Kuroshitsuji belongs Yana Toboso.
Clayton se quedó paralizado viendo como la cruz caía hacia él cada vez más rápido.
— ¡Cuidado!
Por el rabillo del ojo vio a Greenhill correr hacía él y apartarle del camino. Apenas se había repuesto cuando la cruz golpeó estrepitosamente contra el suelo.
Se quedó mirando por unos instantes aquella mole de mármol sin poder articular palabra. Se obligó a sí mismo a centrarse y se giró hacía Greenhill.
—Gracias…—musitó, apenas lo suficientemente recuperado de la impresión.
—No hay problema—respondió el otro ayudándole a incorporarse y revisándole por si tenía alguna herida—. Bueno, parece que estás bien.
Clayton iba a contestar cuando vio a Bluer prácticamente abalanzándose sobre él.
—C-Clayton ¿estás bien? —preguntó el prefecto casi en un susurro. Estaba blanco como un fantasma y le miraba fijamente mientras le sujetaba los hombros, como queriendo asegurarse de que realmente estaba allí.
—S-Sí, no te preocupes…—empezó a decir. Pero antes de que pudiera acabar la frase Bluer le había abrazado con fuerza, tembloroso y casi llorando.
—Menos mal, menos mal—murmuró Bluer soltándole al cabo de unos instantes—. Pero es mejor que te quedes al menos un par de horas en la enfermería. Necesitas reponerte y todos están demasiado alborotados.
Sólo entonces se dio cuenta Clayton de que una buena parte del alumnado seguía ahí, cuchicheando entre ellos y tratando de echar un vistazo a pesar de los esfuerzos de los profesores para dispersarlos. Los demás prefectos también estaban intentando mantener a sus respectivos estudiantes tranquilos con limitado éxito.
—B-Bluer, creo que deberías ir a ocuparte de los de nuestro dormitorio. Yo puedo ir a la enfermería solo.
El prefecto titubeó por unos momentos pero al final consintió en que Clayton fuera por su cuenta, cosa que el sirviente agradeció. En esos momentos solo quería una tila y silencio. Echó a andar, perdido en sus pensamientos.
Había tenido mala suerte todo este tiempo, sí, pero esto era… el colmo. Si Greenhill no hubiera sido rápido, ahora estaría siendo trasladado a la morgue. Quería creer que había sido una desafortunada casualidad. El edificio era demasiado viejo y probablemente no se hubiesen hecho reformas desde la construcción. Pero, a pesar de sus esfuerzos, las palabras de Violet se negaban a dejar su mente…
Frunció el ceño, enfureciéndose repentinamente ¿Qué sabía Violet? Los mensajes crípticos estaban muy bien, pero él quería datos concretos ¿Cómo se había enterado de lo que pasaba, el primer día nada menos? ¿Sabía quién era el culpable o lo sospechaba? Tenía que decírselo, especialmente desde que, al parecer, aquel lunático había decidido poner fin a aquello de manera drástica.
Cuando llegó a la enfermería descubrió, para su sorpresa, que la señora Jones, la enfermera, ya le estaba esperando en la puerta.
— He oído que casi te cayó la cruz de la capilla— dijo la anciana en tono acongojado—. ¿No estarás herido, verdad?
Clayton estaba a punto de contestar con todo el sarcasmo posible que evidentemente estaba bien, pero se mordió la lengua. La señora Jones era una buena mujer; y no era culpa suya que un psicópata anónimo se la tuviese jurada, ni que Violet se emperrara en no decirle las cosas claras solo para hacerse el interesante.
—Sí, estoy bien, muchas gracias—respondió con amabilidad mientras se dirigía a una cama—. Solo necesito una tila y descansar. Por cierto, ¿Cómo se ha enterado?
—Oh, querido, no te imaginas cuantos estudiantes pasaron preguntando si estabas aquí— comentó la anciana sonriendo ligeramente mientras servía la infusión—. Por cierto, alguien dejó una nota a tu nombre. Está en mi mesa.
Muerto de curiosidad, Clayton cogió la carta y al ver su nombre en el reverso casi dio un salto. Esa letra. Esa letra redonda y en tinta roja…en ese momento quiso hacerla pedazos ¿Le había tirado una cruz de mármol de varias toneladas encima y el muy hijo de… se atrevía a escribirle?
Respiró una y otra vez. Destrozar la carta sería muy liberador, pero no arreglaría nada. Con eso en mente la abrió.
¿Creías que fui yo? Todavía queda mucho para que esto acabe y te necesito vivo. Cuídate… te va a hacer falta.
Clayton no sabía si sentirse furioso, aliviado o maldecir a todo el árbol genealógico del tipo aquel. Tuvo que leer varias veces para asegurarse de que no se lo estaba imaginando ¿en serio no había sido un intento de asesinato? ¿Por una vez en la vida ese tipo no era el responsable de sus desgracias?
Pero no todo el monte era orégano. Saber que pretendía seguir amargándole la vida era simplemente espeluznante. Tenía que averiguar quién era pero ya.
— ¿Va todo bien, querido? —preguntó la señora Jones, quien traía la tila recién hecha.
—Sí, muchísimas gracias—respondió el joven tomando la taza y empezando a beber la cálida infusión. —. Por cierto, ¿sabe quien me dejó la nota?
—No, me temo que no le vi—dijo la anciana encogiéndose de hombros—. Pasaron muchos chicos.
En ese momento se abrió la puerta dando paso a un muchacho que se sujetaba el brazo izquierdo con expresión dolorida.
—Oh, cielos—dijo la enfermera dirigiéndose hacia el—. Ven aquí, vamos a mirar ese brazo. Tú puedes dormir un rato, si quieres.
—De acuerdo, gracias. — suspiró Clayton terminándose la tila y echándose en la cama. Necesitaba estar despejado para el interrogatorio que sin duda tendría que hacerle a Violet esa tarde. En pocos instantes se quedó dormido.
Mientras eso pasaba, Bluer había regresado a su estudio. Había ido a la enfermería a ver a Clayton, pero estaba dormido y no le quiso despertar. A pesar de estar un poco más tranquilo, seguía con los nervios a flor de piel. Aún no se podía creer que hubiese estado tan cerca de perder a Clayton, e incluso ahora sentía la necesidad de estar a su lado, como si se fuera a desvanecer en cualquier momento. Decidió arreglar unos papeles en su escritorio para calmarse y luego volvería a la enfermería.
Mientras preparaba los papeles se encontró una nota en el escritorio, una nota con una letra terriblemente familiar.
Ven al almacén a las 3:00 de la tarde.
Apretó la nota con furia. Por supuesto que iría. Ese desgraciado tenía que explicarle un par de cosas.
Cuando Clayton se despertó su primer pensamiento fue ir a buscar a Violet para tener la conversación pendiente… hasta que se puso las gafas y se encontró al prefecto púrpura sentado junto a su cama.
— ¿¡Violet!? ¿Qué haces aquí?
—No sé—respondió el otro con indiferencia—. Sentí que tenía que estar.
Clayton no supo que contestar ¿además de detectar fuerzas malignas también sabía leer mentes? A ver si la fama de satánicos que tenían en su casa iba a estar justificada…
—Bueno, de todas formas…— trató de verbalizar lo que había pensado preguntarle sin sentirse un idiota— ¿Cómo sabes lo que me está pasando?
— ¿De qué hablas? —preguntó el prefecto desinteresadamente mientras miraba al techo, totalmente absorto en lo que fuera que estuviera pensando.
—Cuando empezó todo esto me dijiste que algo o alguien "me estaba persiguiendo" ¿te importaría decirme de que estabas hablando?
—No sabría decirte. Solo sé que está ahí. Y cada vez es peor. —contestó el otro mientras se levantaba para irse.
Clayton no sabía si seguirle preguntando, asegurarse de que la pintura que usaba Violet no tuviera sustancias toxicas o llamar a un exorcista. Optó por dejarse caer sobre la almohada. Violet era raro hasta para los estándares de su propia casa. Y eso era decir mucho.
Bluer entró al almacén con un enfado que iba en aumento con cada minuto. Le importaba un comino quién fuera o qué pretendiera, aquello había sido demasiado. Cerró la puerta y se sentó en una silla vieja cruzado de brazos.
—Sí hay algo que me gusta de ti —dijo la voz misteriosa en alguna parte—, es tu puntualidad.
—Cállate— respondió el prefecto tratando de dominar sus nervios—. Dime qué era lo que me diste la última vez.
—Después de lo que pasó ¿no te lo imaginas?
— ¿¡Estás loco!? ¡Alguien podría haber muerto! ¡Clayton estuvo a punto de morir!
—Esa no era mi intención—aseguró el otro—. Solo quería que alguien se quedase con el miedo en el cuerpo… como mucho que quedase seriamente mutilado.
— ¿Clayton? —preguntó Bluer en un tono angustiado y casi fiero. A él podían hacerle lo que quisieran pero a su sirviente… a su hermano…
—Puede ser él o puede ser uno de los otros 1199 estudiantes de esta escuela—respondió la voz, impaciente—. En fin—siguió, con un tono sospechosamente animado—, tengo otra tarea para ti.
— ¿Más? ¿No te basta con que casi haya matado a mi propio sirviente echándole… lo que fuera eso a la cruz?
—No, no me basta—contestó alegremente—. Todavía te necesito para mis planes. Además, ¿qué te cuesta hacerme un pequeño favor? No es como si te estuviera obligando o la reputación de tu familia dependiera de ello…
Bluer apretó los puños hasta hacerse sangrar las manos. Jamás pensó que se sentiría tan humillado, y encima ese bastardo se burlaba de él.
—Dime ya lo que quieres y acabemos con esto. — se obligó a decir rechinando los dientes.
— Para ser un prefecto eres tan obediente… quién lo iba a decir.
— ¡Cállate! —gritó el prefecto levantándose violentamente y tirando una lámpara en dirección a la voz. Se oyó como se hacía pedazos contra la pared, quedando la habitación en silencio por unos instantes, tras los cuales se volvió a oír la voz; tan cordial pero a la vez tan fría y amenazadora que Bluer no pudo evitar estremecerse.
—Bien, Bluer—dijo, remarcando especialmente el nombre—, no tengo ni un rasguño. Pero como comprenderás, no me gusta que me tiren objetos pesados y posiblemente mortales, así que tendré que castigarte un poco. La foto…
— ¡No! ¡No la publiques! ¡Por favor! —gritó Bluer desesperado. No podría vivir con esa humillación, prefería suplicar a ese sujeto que lo perdonara.
—No me has dejado terminar—dijo el otro con voz dulzona—. No pienso publicarla mientras hagas lo que te digo. Oh, pero no te ilusiones—añadió rápidamente al ver el rostro medio esperanzado del prefecto—, vas a pagar por esto. Tengo una copia de la foto dentro de un sobre ¿A quién debería enviársela? ¿A tus compañeros prefectos? ¿Al Marqués de Nortville, íntimo amigo y socio de tu padre? ¿Al Duque de Buckingham, con quien tu familia tiene una buena relación? ¿O a…?
— ¡A ninguno! E-Esa foto es tan vergonzosa… no levantaríamos cabeza. Y a gente tan importante… ¡Por favor, no hagas pagar a mi familia algo que es solo mi culpa! — exclamó el joven cayendo de rodillas y sin aliento.
Tras una deliberadamente larga pausa, el otro respondió.
—Bueno… por esta vez te perdonaré, pero te advierto que no voy a tolerar ni una más, Bluer. Así que guarda tu temperamento si sabes lo que te conviene.
—L-Lo haré. Sólo… sólo dime ya lo que quieres. —respondió mientras se levantaba y se apoyaba contra la pared.
—De acuerdo. Como ya sabes, la escuela organizó una colecta solidaria hace poco.
Bluer asintió débilmente. Tenía un mal presentimiento.
—Bien, pues quiero que me traigas el dinero. —concluyó el otro.
— ¿¡Perdón!?
—Lo que has oído. Ya sabes que está en la sala de profesores. Lo quiero para el próximo domingo a la misma hora. Y no me preguntes para qué. —añadió el chantajista con severidad.
—Si es por dinero se lo pido a mi familia o lo consigo de otra forma—ofreció Bluer desesperadamente—. Pero robar la recaudación… eso es…
— Bluer—advirtió el otro—, recuerda lo que te he dicho. Quiero ese dinero en particular y tú vas a dármelo. Sabes lo que pasará si no lo haces…
Bluer abrió y cerró la boca varias veces, intentando decir algo, lo que fuera para convencerle de que aquello no tenía ningún sentido. Pero sabía que era una batalla perdida. Quería eso y le tenía a él totalmente a su merced, no iba a servir de nada. Salió del almacén, sintiéndose agotado como nunca en su vida.
Pasó el resto de la tarde pensando una manera de robar el dinero (y luchando contra su conciencia) hasta que lo tuvo todo calculado. Lo robaría el sábado por la noche y lo llevaría al almacén en una maleta que luego enviaría a su casa. Los profesores no entraban en la sala los domingos, así que tardarían más en darse cuenta.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por Clayton, que le traía su redacción de literatura para que se la corrigiera. Sonrió débilmente. Al menos la semana sería normal, a pesar del negro futuro que se le venía encima.
N.A: Me encanta escribir los diálogos de la voz misteriosa, en serio. Es tan troll que lo amo.
