Adaptación de la Novela Wanted de Kelly Elliott. Los nombres de los personajes originales fueron intercambiados por los de la saga Crepúsculo, Stefhenie Meyer. Dicha adaptación es sin fines de lucro y se reservan todos los derechos a ambas autoras.
Capítulo 2
Gunner
Al momento en que entró en la oficina del director, el aire se volvió frío. Si la mirada que me dirigió era una indicación de cuán enojado se sentía, estaba metido en grandes problemas. Siempre iniciaba con—: Lo que necesitas es estar en el ROTC1, o tal vez sólo debería enviarte a la escuela militar, hacer algo con el inútil pedazo de mierda que eres. —Me encantaría ser capaz de decirle que no comenzara con esa mierda de instrucción recluta conmigo, pero probablemente me golpearía y terminaría en la escuela militar de todos modos.
Mi padre se unió a los militares justo después de la secundaria. No quería nada más que alejarse del rancho de su padre en Mason, Texas. Estoy muy seguro de que cuando muera, aún estará en el ejército. Es bueno en lo que hace, si sólo lo dejara en la puerta principal cuando llega a casa. Trabajaba largas horas y por lo general, siempre estaba enojado.
Levanté la mirada cuando escuché la puerta de la oficina del señor Deets abrirse. Mi padre salió vestido con su uniforme de Clase A, cargando la cobertura de su campaña en una mano. Mierda. Se veía aún más enojado que cuando entró.
—Señor Cullen, si Gunn… eh, Edward, se mete en una pelea más, me temo que vamos a tener que suspenderlo del equipo de fútbol. Es la última cosa que queremos hacer. Necesitamos que Edward gane las estatales —dijo el señor Deets mientras le estrechaba la mano a mi padre y me guiñaba un ojo. Mi padre respondió con un pequeño asentimiento y se dio la vuelta para salir.
Mi padre odia la idea de que juegue fútbol. Mi abuelo y madre prácticamente tuvieron que suplicarle que me dejara jugar cuando tenía siete años. Una vez que salí al campo, supe que había encontrado el lugar al que pertenecía. El fútbol es todo lo que tengo. Me importa más el fútbol que las chicas… o el ejército.
Me levanté para salir, estrechándole la mano al señor Deets antes de darme la vuelta para seguir a mi padre a través de la puerta. Sabía que no diría nada hasta que llegáramos a su camioneta.
¡Mierda! No sé por qué golpeé a Felix Jennings. De acuerdo, sí sé por qué. Vi al hijo de puta empujando a su novia contra la pared detrás de la escuela y parecía que se hallaba a punto de golpearla. De ninguna jodida manera iba a dejar que un idiota golpeara a una chica.
Así que, me involucré.
En realidad, era inútil tratar de explicarle. No lo entendería. E incluso si lo hiciera, seguiría enojado. Era la tercera pelea en la que había estado desde que la escuela comenzó hace dos meses. Esta última pelea parecía haber colmado bastante al señor Deets, como para que dijera que podría ser sacado del equipo.
¿Ser sacado del equipo? El fútbol era todo lo que tenía. Tenía que solucionar mis problemas y comenzar a pensar antes de actuar. Era la primera vez en mi vida que me había sentido aceptado y necesitado… y la sensación era jodidamente genial. El único otro lugar donde me sentía necesitado era en el rancho del abuelo. Desde que mi padre fue transferido a Fort Sill cuando iba en octavo grado, había llegado a depender del fútbol como un escape de mi padre instructor. Ese hombre vive para decirme que necesito enfocarme en mis calificaciones e ir al ejército como él. Pero no había forma en el infierno de que entrara al ejército.
Mi plan era tomar la beca de fútbol que me ofrecieron en la Universidad de Texas y volver al rancho de mi abuelo. Algunos de los mejores recuerdos que tenía de mi infancia ocurrieron en su rancho. Me encanta ese lugar. Prácticamente podía oler el pollo y las bolitas de masa de la abuela.
Le dije a mi abuelo que mi sueño era el fútbol y estudiar ingeniería arquitectónica. Lo que, por supuesto, comprendió totalmente, lo cual creo que molestó a mi padre aún más.
Al minuto en que la puerta de su camioneta negra se cerró, supe que estaba a punto de estallar.
— ¿Qué demonios pensabas al meterte en otra pelea, Edward? ¡Tú madre va a estar devastada con esto!
Claro, mete a mamá en esto, idiota. —Es Gunner, me gusta que me llamen Gunner —le dije, un poco demasiado enojado. Me molestaba que tratara de meter a mamá en esto, y culparme de nuevo.
—La última vez que miré tu certificado de nacimiento claramente decía que tu nombre era Edward Anthony Cullen. No Gunner, maldición. ¿De dónde diablos sacaste ese nombre? —siseó mi padre a través de los dientes apretados.
—El entrenador les estaba diciendo al resto del equipo cómo jugar bien sus posiciones. Dijo que corría rápido y que hacía la mayoría de los tacleos, que era perfecto para hacer del gunner de la izquierda. El apodo se quedó. Comenzó a llamarme Gunner, como también los chicos.
— ¿Es por eso? ¿Piensas que eres increíble sólo porque eres algo así como una estrella del fútbol de secundaria? ¡Jesús! ¡No vas a hacer nada de tu vida jugando al maldito fútbol! ¡Nada! ¿A dónde llegarás? ¿Piensas que el fútbol va a llevarte a alguna parte? —dijo mi padre con tanto odio que hice una mueca.
Aún tenía que decirle sobre mi beca y le hice prometer a mi madre y abuelo que no le dirían nada. Iba a esperar hasta después de la temporada de fútbol, pero diablos.
—Señor, fui aceptado en la Universidad de Texas. Obtuve mi carta este verano. Tengo la intención de ir.
Mi padre soltó una carcajada que hizo que mi estómago cayera.
— ¿Cómo demonios piensas que vas a pagar la universidad? No te voy a ayudar, eso te lo aseguro.
—Obtuve una beca de fútbol, señor; y el abuelo dice que él podría darme un lugar donde quedarme en Austin —dije con tanta fuerza en mi voz como pude manejar. No necesitaba saber que el abuelo ya me había dicho que cubriría cualquier gasto que la beca no hiciera.
— ¿Eso es todo? Bueno, sólo para que lo sepas: No me llames cuando falles. Lo cual harás, te lo garantizo. No me llames cuando necesites ayuda. Ni cuando tu pequeño plan de fútbol no funcione. A partir de este momento, he terminado contigo.
Cuatro años más tarde…
— ¡No puedo creer que sólo nos quede un año de universidad! —gritó mi mejor amigo, Jass, por encima de la canción Truck Yeah de Tim McGraw. En serio, si reproducía esa canción una vez más, iba a golpearlo.
— ¡Yo tampoco! Estoy contento de que la universidad se acabe. ¡Hermano, este año casi me ha matado! —grité por encima de la maldita canción. Justo en ese momento, el teléfono de Jass vibró e iluminó. Estábamos en un semáforo, así que lo tomó y leyó.
—Es un mensaje de Bella… qué raro —dijo Jass, bajando el volumen de la música.
Bella, la hermana menor de Jass, iba en su último año de secundaria y se graduaría en dos días. Nunca la he conocido personalmente, pero sabía suficiente de ella como para verla como una hermana menor. Jass iba a hacerle una fiesta de graduación el sábado en la noche. Cumplió dieciocho en noviembre, y había estado posponiendo el traerla a una de nuestras fiestas hasta que terminara la escuela.
Nadie en el equipo la había conocido hasta entonces, e incluso así, estaba prácticamente fuera de los límites. Jass era muy protector con su hermana menor.
Yo era hijo único, así que no entendía todo eso de la estrecha relación entre hermanos. Sabía que Jasper y su hermana eran bastante cercanos. Crecieron con una madre ebria y Jass prácticamente crió a Bella.
—Oh. Mierda, necesitamos ir a recoger a mi hermana. Algo debe estar mal si quiere salir antes de la escuela —dijo Jass mientras hacía un rápido cambio de sentido.
—Cristo. ¡¿En serio vas a dejarme conocer a tu hermana menor?! Diablos. ¡Déjame escribir esto! ¡Voy a conocer a la siempre evasiva hermana menor de Jasper Swan! —dije, soltando una carcajada.
— ¡Cierra la boca, imbécil! —dijo Jass, golpeándome en el brazo izquierdo—. Oye, lo siento, sé que querías parar en McBride y ver el arma.
—Puedo verla más tarde o mañana. No hay problema. —Tenía mi ojo en una Rémington modelo 870 12 con bomba de calibre desde hace unos meses. Bien podría ir a la tienda de armas de McBride en otro momento.
Jass y yo planeábamos ir al rancho de mi abuelo en Mason en unas semanas y ponernos al día con el viejo; ayudarlo con algunas cosas que necesitaba arreglar. Nada me hacía más feliz que pasar el rato con mi abuelo y ayudarlo en el rancho. Muchos de los recuerdos felices que tenía de mi niñez se debían a mi abuelo y abuela. No hay nada que no haría por ellos. Nada.
— ¿Qué crees que habrá sucedido? Quiero decir, nunca te pide que la recojas temprano —le comenté a Jass, mirando el reloj. Su hermana tenía que tener al menos una hora más antes de salir de la escuela.
—Mierda, no lo sé. Sé que el otro día se sentía feliz, ya que todo está listo con su beca para la universidad. Se ha estado matando con los estudios. El dinero de nuestra abuela debería ayudar a cubrir los costos adicionales que la beca no cubre. Yo ya lo invertí, y salió muy bien —dijo Jass, apresurándose hacia la escuela de Bella.
Por lo que le había escuchado decir a Jass, su hermana era bastante inteligente. Era la tercera en su clase. Se mataba estudiando, tomando todas las clases preparación en las que podía entrar e incluso tomó algunas clases de CAC para tener un buen inicio en sus clases universitarias. Ya tenía suficientes créditos para entrar a la universidad en su segundo año. Jasper se sentía bastante orgulloso de ella y se jactaba de lo que hacía todo el tiempo.
—Oye, hombre, hazme un favor… envíale un mensaje desde mi teléfono y dile que llegáremos en cinco minutos, ¿sí? —pidió Jass, acelerando. Decir que era sobreprotector con su hermana era quedarse corto.
Por alguna razón, mis manos comenzaron a temblar mientras le escribía el mensaje a Bella. ¿Qué demonios? Quiero decir, la idea de conocer finalmente a Bella en persona me emocionaba un poco, pero, ¿en serio? Tal vez sólo era por mi hombro. Me lo lastimé durante el entrenamiento de pretemporada y ahora llevo una botella de antiinflamatorios en mi bolsillo a donde quiera que vaya.
¡Sí, seguramente era eso! Quiero decir, vamos, es sólo Bella, la hermana de Jass, por amor a Cristo. Había estado en nuestra casa un par de veces, pero Jass siempre se aseguraba de que nunca estuviera cuando ella llegaba. Por lo que puedo recordar, era linda y podía decir que tenía un muy buen cuerpo. La había visto de lejos varias veces. Le gustaba el yoga e incluso tuvo a Jass practicándolo un tiempo. El bastardo sigue tratando de llevarme a clases de yoga en la ciudad. Al diablo con eso. La mierda de yoga que el entrenador nos hacía hacer era suficiente para mí, muchas gracias.
Habíamos estado sentados en el estacionamiento por unos cuantos minutos ya y Bella no aparecía. Jass le envió otro mensaje, pero nada.
— ¡Diablos! Tengo un mal presentimiento —dijo Jass mientras se giraba para mirar la entrada lateral—. Vamos, entremos y veamos por qué está tardando tanto —dijo, bajándose de la camioneta de un salto.
—Hombre, ¿crees que es buena idea entrar en la escuela? Quiero decir, ¿no tienes que registrarte en la entrada así no asustarás a la gente? —dije mientras prácticamente corría detrás de él.
—No, sé dónde está su casillero. Nunca tienen cerrada esta puerta. Algunas veces le traigo cosas para comer a Bella durante su período libre.
Debía ser recreo, porque había chicos por todos lados. Maldita sea, no habría vuelto a la escuela ni aunque me dieran un millón de dólares. Sólo caminar por el pasillo me trajo recuerdos que quería olvidar.
Noté a Jass tensarse a mi lado y miré por el pasillo para ver lo que sucedía.
— ¿Qué demonios? —susurró Jass. Seguí su mirada.
¿Qué diablos? Mi estómago se apretó cuando miré y vi a una chica de perfil hacia nosotros. Supe al instante que era Bella.
—Bella, ¿qué demonios sucede? Vi tu mensaje, cariño, ¿qué sucede? —Apenas escuché a Jass hablarle a su hermana. Bella se dio la vuelta para mirar a Jass y el aliento se atascó en mi garganta cuando la vi. Era la cosa más hermosa que había visto. Sus hermosos ojos azules lucían rojos y tenía una mirada aturdida y confusa en su rostro. Bajé la mirada y la vi agarrando su mano; parecía que estaba herida. Inmediatamente apreté las manos en puños. La ira que se construyó en mi interior al saber que alguien la había lastimado me asustó.
— ¿Qué demonios le hiciste a mi hermana, idiota? ¡Te mataré si le hiciste daño! —Fue todo lo que escuché antes de apartar la mirada de Bella. Jass tenía a un idiota clavado contra los casilleros. Había visto a Jass enojado, pero nunca lo vi perder su temperamento de tal forma.
Justo entonces, Bella se acercó y trató de alejar a Jass del chico, pero se apartó de golpe y soltó un gemido lleno de dolor. No iba a permitir de ninguna manera que fuera lastimada de nuevo. Me acerqué y puse ambas manos en sus hombros para ponerla a un lado. Al momento que mis manos hicieron contacto con su cuerpo, sentí una sacudida deslizarse desde las puntas de mis dedos hasta los pies.
¿Qué demonios fue eso?
—Retrocede, Bella, así no saldrás herida, cariño —dije, alejándola unos cuantos metros del lugar donde Jeff estaba perdiendo el control con el chico de secundaria. Bella se dio vuelta y me miró. Sus ojos se abrieron de par en par, llenos de sorpresa. Mi Dios, tenía los ojos azules más preciosos que alguna vez he visto. Su cabello era de un hermoso color castaño claro y ondulado, y pasaba sus hombros por sólo unos centímetros. Todo lo que quería hacer era pasar los dedos a través de él. Ni siquiera pude formar las palabras en mi mente.
Por la forma en que me observaba, se sentía de la misma manera. Me miraba como si estuviera tratando de robarle el alma. La sentí estremecerse bajo mi toque y dejé escapar una pequeña risita. Entrecerró los ojos y miró más allá de mi hombro, hacia la conmoción que se llevaba a cabo a mi espalda.
Había un tipo gritándole a Jasper. Necesitaba sacarlo de aquí antes de que nos metieran a ambos en la cárcel.
Le di a Bella un apretón, tratando de tranquilizarla, y le sonreí, luego me giré hacia Jass.
—Jass, cálmate, hombre. ¡Cálmate, joder! No vale la pena ir a la cárcel por esto —le dije a Jass calmadamente. Sabía que se sentía enojado, pero necesitaba tranquilizarse.
—Voy a matar a ese hijo de puta si la lastimó de alguna forma, Gunner. ¡Lo voy a matar! —gritó Jass, mirando furiosamente al idiota.
En ese momento, escuché a otra chica gritar—: ¡Oh, mierda… Bells! ¡Jass! ¡Tenemos que llevar a Bella al hospital ahora mismo!
Eché un vistazo y vi la mano de Bella hinchándose con demasiada rapidez. La ira que comenzaba a construirse en mi interior una vez más me asustó demasiado. No me había sentido así desde mi último año en la secundaria, cuando me descargué contra unos chicos en una pelea. Ese hijo de puta hizo algo para lastimar a Bella y todo lo que quería hacer era romperle el rostro a patadas.
—Amigo, escúchame, tú hermana está herida. Tenemos que llevarla al médico. No te preocupes por esto, Jass. Podemos ocuparnos de él más tarde —le dije a Jass mientras miraba al hijo de puta que lastimó a Bella. Quería matarlo allí mismo.
—Voy a volver por ti, hijo de puta —siseó Jass entre dientes.
Tiré del brazo de Jass para que se moviera. —Vámonos, Jass.
Jass, Bella y la otra chica comenzaron a dirigirse fuera de la escuela, hacia la camioneta de Jass. Había visto la cafetería en el camino de entrada, así que corrí hacia ella y compré rápidamente una botella de agua y le pedí a la señorita una pequeña bolsa con hielo para Bella. Para el momento en que salí, corrí hacia la camioneta de Jass. Escuché a Jass y la otra chica discutiendo por algo. Me pareció oír a Jass llamarla Alice en algún punto.
Una vez que Bella se encontraba sentada en el asiento trasero, extendí la mano y le di el hielo.
—Gracias, eh, Gunner. — Bella apenas logró decir las palabras. Maldición, debía dolerle demasiado. La pobre chica apenas podía hablar.
—No hay problema, Bella. Trata de ponerla cerca de tu corazón, cariño y toma, tómate estas pastillas para la anti inflamación —le dije, pasándole el agua y unas cuantas pastillas de mi bolsillo y tratando de darle una sonrisa tranquilizadora. Cristo, era hermosa. Su amiga se inclinó y le dijo que respirara.
—Hola, soy Ali, por cierto, la mejor amiga de Bella. —Le di una sonrisa a Ari y miré de nuevo a Bella.
—Gracias —dijo Bella mientras cogía las tabletas. Tan pronto como sus dedos rozaron mi mano, sentí una presión en mis pantalones. Maldita sea, esta chica me afectaba de formas que no sabía que eran posible.
—Vamos a llevarte al médico, ¿qué dices? —le dije mientras me inclinaba más cerca de su oído. Sé que no debería haber hecho eso, pero, maldición, tenía que saber cómo olía.
Margaritas… Olía como las margaritas que la abuela plantaba en su jardín. Era un olor puro, dulce e inocente. Se estremeció con la sensación de mi aliento contra su rostro.
Estoy. Tan. Jodido.
—Eh, sí, bien, un doctor suena bien. Vamos —dijo Bella con la voz más dulce que alguna vez había escuchado. Dios, era tan tierna como un cascabel cuando tartamudeaba.
Cerré la puerta, ajusté rápidamente el problema en mis pantalones y me subí al asiento del copiloto. Jass encendió la camioneta y sí, efectivamente, aún seguía con Truck Yeah. Juro que voy a borrar esa canción de su iPod a la primera oportunidad que tenga.
— ¿Ali se equivoca en qué, Bella? —preguntó Jass, saliendo del estacionamiento. No podía esperar por salir de allí. Aún me preocupaba que llamaran a la policía. Mientras más luego nos fuéramos de allí, mejor.
—Nada, está alucinando, eso es todo. Está viendo cosas que claramente no están allí.
—Bueno, que Ali esté jodidamente loca no me importa. ¡Ahora quiero saber qué diablos pasó contigo y Jacob!
Estoy seguro que acababa de escuchar a Ali llamarlo idiota. ¿Qué ocurría con Jass? Nunca había sido así de cruel con alguien. En los últimos cinco minutos, lo he escuchado decirle a esa pobre chica que se calle, discutiendo con ella como una pareja de casados y ahora prácticamente la ha llamado demente. Me pregunto qué ocurría. Voy a tener que preguntarle sobre Ali más tarde.
—Bueno, todo comenzó cuando recibí un mensaje de texto de Jacob pidiéndome que lo encontrara en el auditorio…
1. Programa de la Universidad basado en la capacitación de funcionarios encargados de las fuerzas armadas estadounidenses.
Espero que lo hayan disfrutado!
Besos! Issa!
