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Title: Someone to You

Ship: Adrinette.

Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)

Word Count: 130,000

Word Count per Chapter: 3,600

Rating: NC-17

Chapters: 37/52

Beta: Unbetated

Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v

Music: Tot Musica by Ado (One Piece film RED)

Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.

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La casa Dupain-Cheng solía ser la más bonita del área, y era grande y cómoda, pero nada extravagante. La señora Cheng la decoró ella misma antes de que se mudaran después de que Marinette naciera.

Era un lugar que solía ser espectacular..., pero después de años de abandono, la hermosa casa había perdido su lustre. La señora Cheng decía que estaba ocupada y que no tenía tiempo de seguir manteniéndola como antes.

Pero las personas que la conocían, sabían que no era así.

—Hogar dulce hogar.— Bridgette dijo a su lado y Marinette tuvo que calmarse antes de pisar la casa en la que solía vivir.

Fue a la sala y cuando llegó, se sintió rodeada de la calidez que podía proveer el lugar. Su habitación estaba tal como hace seis años en China. La pintura, las cortinas y la cama seguían sin ser tocadas, parecía que solo había sido trasladad de un país a otro.

Marinette pasó saliva tratando de no derrumbarse y llorar. Regresar a casa y ver lo que solía tener y lo que había extrañado... Nunca pensó que se sentiría tan aliviada y deprimida al mismo tiempo. Su habitación estaba en el mismo piso que la de sus padres. Recordaba cómo es que fácilmente iba de su habitación a la de ellos cada vez que tenía pesadillas. Su madre hacía espacio entre ellos para que se acomodara y durmiera ahí. El suave tarareo siempre le hacía dormir tranquila.

Por un momento, quiso salir de la casa y huir. No pensaba estar lista para ver a sus padres aun..., pero basada en lo que su hermana le había dicho, ellos estaban felices con la idea de la muy esperada reunión y reconciliación.

—¡Marinette!— Bridgette dijo.

Bridgette estaba en la cocina cuando Marinette entró, y fue difícil no ver a la otra persona al lado de la cocina. Su respiración se quedó en su garganta y sus músculos se tensaron de súbito. Bridgette lentamente se recostó contra el counter, insegura de lo que estaba por pasar. Ella estaba tan nerviosa como todos en la habitación. El silencio se hizo pesado y todo se sintió tan... sofocante.

—¿Eres tú?— la mamá de Marinette preguntó suavemente. Apenas lucía mayor de lo que la recordaba. Su cabello estaba corto y los flequillos caían delicadamente por su rostro. Estaba usando uno de sus vestidos favoritos.

Cuando alzó los brazos y le pidió que fuera, las defensas de Marinette sucumbieron. Deliberadamente caminó hacia ella y fue al abrazo de su madre.

Tomándose un momento para dejar que la situación calara, Marinette se relajó un poco.

—Mami...

Sabine Cheng pasó una mano por sus oscuros cabellos y musitó.

—Lo siento tanto.— Hubo una ligera sensación de frustración e ira, pero se fue rápidamente. Marinette sintió las cálidas lágrimas bajando por sus mejillas y sollozó. Apretó su agarre en su cintura e inhaló el familiar aroma a vainilla que solo su madre poseía.

De pie por un prolongado momento, Bridgette dudó irse. Pero ella supuso que las dos necesitaban espacio para poder resarcir su dañada relación. Entonces se dio cuenta que estaba llorando en silencio ante la vista de su madre y hermana abrazándose.

Tan silenciosa como pudo, Bridgette salió de la cocina y fue al porche de su casa. El aire fresco ayudó a calmarse, dándole una sensación de paz en su agotada mente. La sonrisa en sus labios se extendió y no pudo evitar sentirse orgullosa y completa con el súbito giro de eventos.

Con un suspiro aliviado, sacó su celular y marcó, esperando que la otra persona respondiera. Seguía sonando, pero nadie respondía.

Después de lo que pareció una eternidad y muchos intentos de llamadas, por fin decidió dejar un mensaje de voz.

—Ella te necesita más que nunca. Ven aquí lo más rápido posible, ¿ok? Llámame y te daré la dirección.— Con eso dicho, colgó y se sentó en la silla del patio, preguntándose cuánto tomaría a que esa persona llegara ahí.

Quizá mucho más rápido de lo que cualquiera hubiera esperado. Conociendo a Adrian, entendería mal el mensaje y asumiría lo opuesto. Definitivamente iba a reírse si eso pasaba.

—》《—

Marinette caminó al lado de su madre mientras iban al jardín.

—Tienes que ser fuerte cuando lo veas, Marinette.— Sonrió amargamente y apretó la mano de su hija, —No es el mismo de antes.— Aun no le había dicho la condición de su esposo. Claro, no había forma de endulzar el hecho de que él le había hecho algo imperdonable a su hija, pero no necesitaba contar cada sombrío detalle de la condición del señor Dupain.

Encontraron al hombre sentado en el jardín, con una taza de té frente a él.

Sabine se detuvo y gentilmente retiró los brazos de Marinette de su cintura. Palmeó tiernamente la mano de su hija y le sonrió, tratando de mostrarle la cantidad de apoyo que tenía de su parte.

—Los dejaré a solas.— Los ojos de Marinette expresaron un silencioso pedido, queriendo que se quedara y no los dejara solos. —Será mejor si hablas con él sin mí aquí. Créeme.— La palabra 'creer' hizo que Marinette dudara. Pero su madre siempre había sido honesta con ella. Aunque puede que haya sido débil al momento de protegerse y proteger a sus hijas de su esposo; ella siempre había sido sincera con ellas.

Preparándose para lo que vendría, Marinette respiró hondo y se sentó en el lugar vacío frente al hombre que amaba y odiaba.

Se mantuvo tensa antes de mirar al par de envejecidos ojos moviéndose lentamente hacia ella.

Cuando por fin reunió todo el valor que poseía, Marinette alzó la mirada y vio a su padre mirándola apáticamente. Sintió que se derrumbaba por dentro.

—Papá...— dijo, su voz tembló por el torbellino de emociones que nubló sus sentidos.

Aparte del hecho de haber sido herida física y emocionalmente por este hombre, todavía era su padre..., era su propia sangre. Era difícil evitar querer correr hacia su padre y abrazarlo y no soltarlo. Pero algo estaba definitivamente extraño con la forma en la que su padre estaba mirándola con ese frunce de ceño.

—Papá-

—¿Quién eres?

Los ojos de Marinette se abrieron grandes.

—¿A qué...te refieres?

El mayor pareció enojado de súbito.

—Dije, ¿quién eres y qué haces en mi propiedad?

—Por favor,— Marinette rogó, sus ojos se aguaron lentamente ante el inesperado rechazo que recibió, —¿Me odias tanto que olvidaste cómo luzco? ¿Cómo luce tu hija?— estiró la mano sobre la mesa y tomó la mano de su padre, como si le pidiera que probara su falsa suposición.

—¿Hija?— su expresión se hizo pensativa, —No lo entiendo...— si se pudiera calcular todo por su expresión cuando alzó la mirada, solo había confusión al ver la mano sosteniendo la suya. —No puedo recordar.— Dijo lentamente, —Yo... no sé quién eres.

—¡Está enfermo, Marinette! — Los ojos de Bridgette se aguaron cuando estiró sus manos por encima de la mesa para tomar las de la menor. —Sus recuerdos sobre ti..., de todas las cosas que pasaron entre ustedes dos, se han ido.

Todo estaba empezando a tomar sentido y todo caló en ella rápidamente. Retiró su mano y de súbito, sintió como si estuviera frente a un extraño..., o quizá una coraza vacía del hombre que solía ser.

El rostro de Marinette estaba pálido, pero determinado.

—Yo... debo irme.— Se puso de pie e hizo una profunda reverencia, sus lágrimas por fin cayeron y lloró, —L-lamento molestarlo, señor.— Hizo otras dos reverencias, repitiendo sus disculpas. —Nunca volverá a pasar.

Tras ver sus lágrimas, el hombre sintió lo que pareció ser un dolor en el pecho. Quería preguntar por qué estaba llorando, pero Marinette ya había girado y estaba entrando a la casa.

—》《—

Bridgette podía escuchar el sonido de alguien llorando tras la puerta blanca.

Tragando el nudo que tenía, lentamente giró el picaporte y entró a la habitación. La figura de la segura Marinette estaba curvada en la cama, mirando la pared. El sonido de llanto se detuvo cuando su presencia fue notada... pero la respiración de Marinette se entrecortaba de cuando en cuando, probando que estaba tratando de enmascarar su desesperación.

—¿Por qué no me dijiste que estaba enfermo?— Marinette preguntó.

Ella colocó sus manos en sus caderas, y entrecerró los ojos.

—Lo hice, pero nunca escuchaste-

—¡¿Pero por qué tenías que hablar en malditos acertijos?! ¡¿Era tan difícil decirme lo que tenía?!

—Si lo hacía...— Bridgette dijo en su defensa. —entonces no estarías aquí. Quizá solo habrías enviado un mensaje y habrías seguido con tu vida.— Dijo, —Tenías mucha ira dentro de ti... tanta que unas simples palabras no te habrían hecho venir aquí.

Marinette se hundió en su propia depresión y se curvó, luciendo a la defensiva.

—Eso no es cierto.— Dijo después de un momento.

Bridgette resopló y golpeó su trasero dos veces.

—¿Ah sí? Me tomó medio año convencerte de que vinieras. Créeme, Marinette, cuando digo que eres terca, solo digo la verdad.

—Brid.

—¿Hm?

—¿Qué pasa con él? —Preguntó cambiando al idioma que durante tantos años en su infancia había hablado ya que la hacía sentir segura.

Bridgette se quedó de pie hasta que Marinette la escuchó moverse. La encontró sentada en la cama con la cabeza gacha y las manos sujetando la cama.

—Fue diagnosticado con demencia senil. Es un tipo de enfermedad que borra cada porción de la edad.

—Si hubiera regresado unos años antes, me habría reconocido como su hija.

—Sí.— Bridgette musitó, —He estado buscándote desde hace años, Marinette. Pero fuiste muy difícil de encontrar.

Marinette cerró los ojos con fuerza. Las lágrimas por fin se secaron en sus mejillas.

—Es injusto...

—Lo es.— Ella asintió, —Pero era inevitable.

—¿Alguna vez me perdonó?— preguntó, peleando por no quebrarse otra vez y llorar.

—Nadie lo sabe, Marinette.— Se puso de pie y caminó hacia la puerta. Antes de salir, musitó suavemente por encima de su hombro. —Pero no haría daño si empiezan de cero.— Con eso dicho, la dejó pensando en sus palabras y cerró la puerta tan gentil como pudo.

—》《—

Un Audi negro aparcó frente a la residencia Dupain-Cheng unas horas después. La puerta se abrió, y un muy desesperado abogado salió. Aparentemente aun en su traje. Caminó hacia la casa y tocó el timbre dos veces, preocupado.

Después de recibir un extraño mensaje de Bridgette, Adrian dejó todas sus citas y condujo. Una profunda sensación de responsabilidad fluyó a través de él.

—¡Ahí estás!— una voz habló emocionada por el intercom, —Eso fue rápido. —Murmuro la misma voz en un chino perfecto que Adrien aun no entendía del todo.

Adrian frunció el ceño y habló a través del dispositivo.

—Si dijiste lo que creo que dijiste... Es porque sonaste como si fueras a lastimarme si no lo hacía.— El aire sopló y él tembló involuntariamente, —¿Puedo pasar?

—Claro,— Bridgette dijo, —¿Pero estás listo para conocer a tus futuros suegros, jovencito? Espero que al menos hayas traído vino.

—¡Bridgette!

—Ok, espera un momento.

La reja se abrió automáticamente. Adrian no perdió tiempo y entró a la casa sin demora. La hermana de Marinette ya estaba en la puerta, sonriéndole.

—Bridgette.— Una mujer mayor que lucía casi idéntica a Bridgette salió por el pasillo y miró a la inesperada visita de pie en la puerta. —Oh, ¿quién es él?— preguntó, mirando al atractivo chico con traje elegante y zapatos italianos.

—Mami, te lo explicaré luego, ¿ok?— Bridgette sostuvo el brazo de Adrian y le hizo entrar.

—E-espera,— Adrian rápidamente se quitó los zapatos y los dejó en la entrada, si había algo que Kagami le había enseñado, eran algunas costumbres asiáticas que ahora agradecía. —Lamento la molestia.—Dijo en un chino roto, pero entendible.

Sabine no sabía cómo responder y solo miró en silencio cuando su hija nuevamente jalaba al hombre hacia el segundo piso.

—Está en su habitación.

Tan pronto como el silencio cayó en la habitación, solo entonces todo hizo click y tuvo sentido. Sonriendo para sí misma regresó a la cocina y empezó a preparar la cena. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que cocinó para más de dos personas.

—》《—

—Marinette,— Adrian dijo, moviendo el hombro de la menor.

Lentamente, Marinette despertó, secó las lágrimas que hacían difícil abrir sus ojos.

—¿Qué—preguntó en chino, mirando alrededor para encontrar a Adrian sentado en la cama, con una mano sosteniendo gentilmente la suya.

—Marinette.

Tomándose un momento para dejar que la situación calara, Marinette se relajó un poco. Ver a su amante en su habitación le dio una sensación de confusión y frustración, pero rápidamente se fue.

—¿Cariño?— Adrian preguntó con preocupación.

Marinette giró y lo miró de manera ilegible.

—¿Qué hace aquí?— se preguntó brevemente cuándo y cómo se había dormido.

Adrian sonrió.

—En francés, cariño. Tu hermana me llamó y me dejó un mensaje encriptado en mi buzón de voz.— Suponiendo que su amante había llorado hasta dormir, Adrian se contuvo de preguntar más sobre algo relacionado con su padre. — está preparando la cena.— Informó.

Parpadeando, Marinette, peleó las ganas de volver a dormir.

—¿Ya la conociste?

Asintiendo ligeramente, Adrian respondió.

—Pero no formalmente. Tu hermana me arrastró aquí en cuanto entré a tu casa.

Su hermana era la manipuladora más grande del mundo y Marinette ya ni siquiera debería sorprenderse.

—¿Qué tal el trabajo?— por mucho que Marinette apreciaba el gesto, no quería ser la causa de que Adrian faltara al trabajo dejando a sus clientes importantes.

—No te preocupes,— Adrian sonrió, —No cancelé a nadie hoy.

Marinette asintió entendiendo y luego palmeó el lugar vacío a su lado, silenciosamente pidiéndole al mayor que se recostara. Adrian aun traía puesto su caro traje cuando se colocó al lado de ella.

—No puedo decir que no estoy feliz de verte aquí..., porque de verdad lo estoy.— Recordando la conversación que tuvo con su padre ese día, Marinette cerró los ojos y presionó su rostro contra el brazo de Adrian, quien tomó su mano y le dio un reconfortante apretón. Se movió un poco para verla a los ojos, los cuales la miraron ilegiblemente.

—¿Cómo estás?

Regresando la mirada, Marinette respondió.

—Cansada.

—¿Quieres ir a casa?

Pregunta graciosa, la verdad. Marinette parecía tener muchos lugares al cual llamar 'casa'.

—¿Debo rescatarte y ser tu caballero de armadura brillante? Claro que eso le dará una mala impresión a tu madre, pero si quieres..., puedo hacer una excepción. Y quizá ruegue por el perdón de tu madre al día siguiente.— Adrian dijo en broma.

La calma lo confundía la mayor parte del tiempo. Cuando trataba de ver más allá del silencio, terminaba perdido.

Mirando el atractivo rostro de su amante, Marinette sollozó, sintiendo las lágrimas queriendo caer.

—Mi padre tiene Alzheimer y no puede recordar quién demonios soy...

Sorprendido, Adrian acercó a Marinette cuando la menor se acurrucó en la cómoda calidez de su pecho.

—Lo siento tanto.

—Yo... debería estar feliz.— Marinette sonrió amargamente, —No puede recordar nada..., ni buenas ni malas cosas. Solo soy una extraña entrando en su casa... no la hija a la que desconoció hace años.— Su voz tembló. —Debería estar feliz, Adrian.— Volvió a llorar, esta vez contra la curva del cuello de Adrian. —Pero no puedo... ¡Adrian, no puedo!

—Shh...— Adrian presionó sus labios contra la sien de la menor.

—Él ya no es el mismo.— Moviendo la cabeza, Marinette murmuró. —Quiero huir de aquí...pero siento que no debo. ¿Q-qué debo hacer?— preguntó incierta, sin confiar lo suficiente en buscar el consejo de alguien. Toda su vida, había dependido de sí misma y su propia habilidad en tomar sus propias decisiones. Por primera vez, se sentía perdida.

Pasando una mano por sus oscuros cabellos, Adrian trató de ser racional, a pesar del hecho de que la incertidumbre de Marinette le hacía sentir algo inseguro de sí mismo..., en cómo es que se suponía que debía responder.

—Tu padre está enfermo, Marinette. No fue su intención olvidar sus recuerdos..., es parte del proceso de la enfermedad.

Dudando, Marinette se alejó un poco y lo miró a los ojos.

—¿Crees que porque lo que hice él-

—No, no es tu culpa.— Adrian respondió con seriedad, —Puede que no tenga él conocimiento médico, pero estoy seguro que el Alzheimer es una enfermedad degenerativa. La edad es la principal causa...y no el que le hayas causado shock con tu orientación sexual.

Bajando la cabeza, avergonzada, Marinette hizo un puchero, sintiéndose algo tonta de súbito.

—Bueno, aun cabe la posibilidad.

—No.— Adrian riñó y golpeó la frente de la terca chica. —Vas a graduarte en Biología, amor. Deberías saberlo mejor que yo.

—¡Ah!— hizo un gesto de dolor y masajeó su frente, —¡La biología nada tiene que ver con esto!— ok, quizá sí estaba mintiendo. Ella estudiaba las formas de vida, cómo empezaban y cómo se deterioraban. Debería saber sobre esto, pero una parte suya quería culparse por todo.

—Mientes.— Adrian reprimió la sonrisa, agradecido de que Marinette por fin había dejado de llorar.

—Sí...— Marinette estuvo de acuerdo. Trató de sonreír de forma relajada, pero falló. No podía.

—Deberías estar enojada... dolida y deprimida.— Adrian sentenció mirándola a los ojos. —Pero está mal ensañarte contigo misma por lo que pasó. Nadie te culpa por ello. Bridgette quería darte la oportunidad de por fin cerrar todo con tu padre...aunque es algo tarde...no debería doler enmendar las cosas. Empezar de nuevo y olvidar cada recuerdo doloroso que tenías con él.

Devolviendo el apretón, Marinette mordió su labio y asintió.

—Tienes razón.— Alzó la mirada hacia los ojos de Adrian, —No sé lo que haría sin ti.— Reprimiendo los pensamientos sobre la condición de su padre, Marinette logró sonreír un poco antes de depositar un beso en sus labios. —Muchas gracias.

Suavizando su expresión, Adrian profundizó el beso, absorbiendo cada cantidad de emoción que ella vertía.

—Te tengo, no te preocupes.— Murmuró.

Suspirando, Marinette se inclinó hacia adelante, presionando su cuerpo contra el del mayor. Sus dedos lentamente se movieron para desabrochar la camisa del abogado, insinuando algo más íntimo que unos suaves roces y castos besos.

Tragando en seco, Adrian sintió su deseo despertando. Sabía, muy en lo profundo de su mente, que esto era inapropiado. Estaban en la casa de Marinette... en su habitación... tanto su madre como hermana estaban en el primer piso preparando la cena.

—Ayúdame a olvidar,— abriendo la camisa del mayor, Marinette pasó sus manos por la piel mostrada.

Adrian pilló el tono de excitación en la voz de la menor. Con renovado vigor, justo después de lanzar su resistencia por la ventana, Adrian se colocó sobre Marinette en la cama, besándola ansiosamente.

El sonido de incesante golpeteo en la puerta rápidamente hizo que el abogado se retirara al otro lado de la cama.

Los dos encontraron a Bridgette de pie en la puerta, con las manos en las caderas, mirándolos con nada enmascarada sospecha.

—Específicamente te dije que hablaras con ella, ¡no que la toquetearas!

—¡Brid!— Marinette se irguió, con los ojos bien abiertos y las mejillas sonrojadas. Rápidamente trató de jalar a Adrian cuando deliberadamente se deslizó por la cama. Fue incapaz de sujetar al mayor a tiempo y terminó en el piso, golpeándose la cadera algo fuerte. —A-Adrian, ¿estás bien?

Por varios incómodos segundos, Adrian miró a la amenazadora mujer. Aclarando su garganta, el abogado explicó.

—N-no es lo que parece-

Bridgette alzó la mano, interrumpiendo a Adrian.

—Arregla tu camisa primero antes de bajar.— Dijo con obvio tono de enojo. —La cena está servida, Marinette. Por favor, si quieres que nuestros padres lo acepten, traten de no hacer nada inapropiado.— Con un resoplido, y una última mirada fija a Adrian, giró y se fue.

El silencio llenó la habitación hasta que Marinette empezó a reír. Adrian lentamente giró hacia Marinette, confundido y sorprendido ante la vista de la menor riendo sin parar.

Entrecerrando los ojos, Adrian se puso de pie y alisó sus pantalones.

—Me alegra que mi desgracia te haga feliz, princesa.— Aunque estaba muy avergonzado, Adrian no pudo evitar sonreír ante el placentero sonido de la risa de la menor.

Tomando un estable respiro, Marinette dijo.

—Yo... nunca pensé que me pillarían besándome con alguien en esta habitación.— La sensación era refrescante, y Marinette amaba eso.

Con un falso suspiró de infelicidad, Adrian habló.

—Se supone que debo dar una buena impresión, Marinette. ¿Ahora, cómo voy a pedir tu mano en matrimonio?

Marinette rió y golpeó el muslo de Adrian.

—Estoy segura que saldrás con algo.— Alzó ambos brazos, haciendo un puchero. —¿Álzame?

Adrian resopló y la irguió de la cama.

—Te consiento mucho.— Abrazó a la menor y besó su oreja, susurrándole. —Pero estoy dispuesto a consentirte por siempre.

—Por siempre es mucho tiempo.— El corazón de Marinette latió como loco, lentamente derritiéndose en sus brazos.

—Contigo, nada es suficiente.

—Cuando nos conocimos, no tenía idea de lo importante que serías para mí.

Cuando Adrian inhaló el aroma de Marinette, llegó a la realización.

—Espera, ¿crees que tu hermana se dé cuenta si no bajamos rápido?

Marinette movió a cabeza.

—Por lo que sé, no estamos haciendo nada inapropiado.— Quería quedarse ahí por más tiempo, sintiéndose cálida y amada.

—Me gusta cuando eres así.— Adrian dijo antes de lentamente soltarla – a regañadientes. —Desafortunadamente tenemos que movernos antes de que tu madre decida arruinar el momento.— Inclinándose, besó los labios de Marinette y tomó su mano, llevándosela con él.

Marinette caminó con él, uniendo sus manos y susurró emocionada.

—¿De verdad vas a pedir mi mano en matrimonio?

Continuará...


Ayer no pude, pero ya regrese~

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Besitos de murciélago para todos~