Hola a todos los lectores ya se me eh demorado muchismo en actualizar en verdad lo lamento pero bueno espero que les guste el capi, esta historia es una adaptación de la saga Mythos Academy de la autora Jennifer Estep, los personajes de Naruto no me pertencen.


Sorpresa

Después de clase, me acerqué a la Residencia Ryu para esperar a que Ino apareciera y me ayudará a descifrar la contraseña de Kin como había prometido. Para mi sorpresa, la Valquiria ya estaba sentada en los escalones frontales de la Residencia cuando llegué allí.

—De verdad viniste —le dije, caminando hacia donde ella estaba sentada.

Ella se encogió de hombros. —En realidad no me diste opción, ¿verdad, Sakura? Así que vamos a terminar con esto.

Pasé mi tarjeta de identificación por el escáner, abrí la puerta, y le indiqué a Ino que me siguiera al interior. —Entra. Mi habitación está en el tercer piso.

Guié a Ino escaleras arriba hasta mi habitación en el edificio. Entré, arrojé mi maleta sobre la cama y me senté en la silla de mi escritorio, justo debajo de mi póster enmarcado de la Mujer Maravilla.

Ino se paró en la puerta, sus ojos azules revisando todo de la misma manera que yo había hecho en la habitación de Kin ayer por la noche. Por un momento, miré mis cosas, viéndolas con nuevos ojos. Mi cama con su edredón morado y gris y almohadas mullidas. Los adornos de cristal como Flores de cerezo en las ventanas lanzaban pequeños arco iris de color. Las estanterías repletas de títulos de fantasía. Las pilas y pilas de libros de cómics y novelas gráficas en mi escritorio. Los carteles de superhéroes pegados en las paredes. El paquete a medio comer de ositos de goma en mi mesita de noche que había comido la noche anterior antes de acostarme.

Me encogí. Mierda. Me había olvidado que mi habitación era el nido de una persona completamente inepta social. Ino era la única persona que había estado aquí aparte de mí y la Abuela Chiyo, cuando me ayudó a mudarme hace dos meses. La Valquiria iba a pensar que era incluso más perdedora de lo que ya pensaba.

Genial.

Después quedarse mirando por un minuto, Ino entró en la habitación y cerró la puerta tras ella.

—¿Dónde está la computadora de Kin? —preguntó.

Le mostré donde lo había colocado en mi escritorio. —Aquí mismo.

Me levanté para que Ino pudiera sentarse en mi silla y tuviera un acceso más fácil a la computadora portátil. Me acosté en la cama mientras ella abría la computadora y la encendía. Cuando el sistema arrancó, la Valquiria miró la clave en la pantalla por unos segundos antes de comenzar a escribir.

—Está bien, nena —canturreó Ino—. Habla con mamá y dime todos sus secretos...

Bueno, eso era un poco raro. No quería romper su concentración, por lo que no señalé el hecho de que la Valquiria estaba hablando con una máquina. En su lugar, me recosté en la cama, cogí la bolsa de ositos de goma, y me preparé para una larga espera.

Tres minutos más tarde, Ino presionó una última tecla y movió de arriba abajo su puño. —¡Ah! ¡Lo tengo!

Me senté. —¿Ya la descifraste?

—Por supuesto que ya la descifré —dijo con voz satisfecha—. Sólo era una simple pantalla de protección con contraseña. No era como si Kin tuviera algún tipo de seguridad real en su computadora.

—Entonces —le dije, moviéndome para ponerme de pie detrás de Ino—. Vamos a ver qué hay en ella.

Por los siguientes diez minutos Ino navegó a través de todos los archivos en la computadora portátil. La mayoría de ellos eran totalmente aburridos. Informes de historia, ensayos, y todas las otras tareas que los estudiantes de Konoha tenían que hacer. Montones de música y sitios de compras en Internet se encontraban en el historial de navegación de Kin. Incluso tenía una base de datos dedicada exclusivamente a catalogar y organizar toda su ropa de diseñador, zapatos y bolsos. Al parecer, a la Valquiria le gustaba llevar la cuenta de cuántas veces usaba cada uno de sus atuendos, nunca más de una vez al mes. Debe ser bueno. Todo lo que yo tenía era sudaderas con capucha de diferentes colores para cada día de la semana.

Luego, Ino accedió a los correos electrónicos personales y privados de Kin, —los que no fueron publicados— en su página Web de la Academia Konoha Gakuren para que todos los vieran. Ahora, ¿esos? Eran mucho más interesantes que cualquier otra cosa en el ordenador.

Kin podría haber sido la más bonita, la más rica, la chica más popular en nuestra clase de segundo año, pero como Shikamaru Nara había dicho, ciertamente no había sido la más agradable. Había maliciosos y pasados comentarios, sobre casi todo el mundo en Konoha en sus correos electrónicos, especialmente sobre Karin Heibi su supuesta mejor amiga, y de Ino, también.

—¿Le dijo a Karin que parecía una vaca en esos jeans ajustados de color rosa? ¡Ella es la que me dijo que los comprara en primer lugar! Puta —murmuró Ino—. Vamos a ver qué más escribió Kin acerca de mí.

—En realidad, estoy más interesada en lo que haya dicho acerca de Karin y Suigetsu—le dije.

Ino me miró sobre su hombro. —¿Por qué?

Le mostré la foto que había encontrado de Karin y Suigetsu, la que había sido partida en dos y empujada hasta el fondo del contenedor de basura de Kin. —No la he tocado todavía, pero tiene que significar algo.

—¿Qué quieres decir con que no la has tocado aún? —preguntó Ino con una voz sospechosa.

Suspiré. —Quiero decir que "no la he tocado y hecho contacto" todavía. Así es como mi don Gitano funciona. Tengo que tocar algo antes de obtener alguna vibración de ello. Antes de que pueda ver algo sobre el objeto o la persona a la que pertenecía.

—Entonces, ¿por qué no lo haces ahora? —dijo Ino con un tono de mal humor. Leer los comentarios de Kin realmente la había enfadado—. Ya que no planeo volver aquí para ayudarte de nuevo.

—Bien —murmuré.

Me dejé caer en mi cama, recogí los dos trozos de la foto, y los sostuve en alto uno al lado del otro, como si estuviera tratando de volver a unir la foto. Durante varios segundos no sentí nada, y me pregunté si mi Psicometría siquiera iba a funcionar. Si se había estropeado de alguna manera. No había recibido ninguna gran transmisión del computador portátil de Kin, y no había recibido ninguna vibración de todo su cuerpo o su sangre en la biblioteca. Tal vez había algo mal en mí, algo malo con mi don Gitano.

Estaba a punto de soltar la foto cuando sentí la más mínima agitación de algo, —insignificante— de preocupación, retorciéndose cada vez más profundamente en mi corazón. Mientras me aferraba a la foto, la preocupación se intensificó, inflándose en una gran esfera de sospecha que se sentía como un peso de plomo presionando hacia abajo en mi estómago. La esfera se volvió fría cuando el frío conocimiento se hundió en mí. Reconocí los sentimientos y lo que significaban. Preocupación retorciéndose, luego la pesada sospecha, y finalmente la fría confirmación. Lo que sea que Kin había pensado que estaba pasando entre Karin y Suigetsu, entre su mejor amiga y su novio, había visto u oído algo que la hizo pensar que era verdad, que realmente estaba pasando.

Pero los sentimientos no se detuvieron allí.

El frío conocimiento comenzó a arder como ácido en mi estómago, volviéndose cada vez más y más caliente, como si de alguna manera me hubiera tragado una bola de fuego. El ardor se difundió por el resto de mi cuerpo, haciéndome sudar, a mis manos temblar, y a mi corazón doler, como si un puño gigante estuviera apretándolo más y más fuerte hasta que quería estallar por el esfuerzo. Sabía lo que era esta emoción, también, rabia.

Una imagen de Kin llenó mi mente, una de ella sentada y mirando la foto, escondida en el marco del espejo de su tocador con las demás fotografías. Día tras día Kin había visto la foto, hasta que finalmente se estiró para alcanzarla, sacó la foto del marco de un tirón, y la partió en dos, con el rostro blanco por la ira.

En este punto, podía escucharme balbuceando, mi voz se agudizaba y se volvía más fuerte con cada palabra:

Perra.

Voy a matar a esa perra por hacerme esto, por traicionarme de esta manera. Pagar, pagar, pagar, ella va a pagar…

Ino me dio una bofetada en la cara, chispas rosa de Magia parpadearon en los extremos de sus dedos.

El golpe me tiró sobre la cama, pero la Valquiria no se detuvo. Se adelantó y arrancó los dos pedazos de la foto de mis puños.

Era como si un interruptor hubiera sido apagado dentro de mí. Poco a poco, el odio, la rabia y los celos que había sentido se desvanecieron, el dolor en mi corazón se alivió, y estaba en control de mí misma, una vez más. Dejé escapar un largo suspiro.

Eso había sido "intenso", incluso para mí.

Cuando me sentí mejor, me senté de nuevo. Ino estaba parada sobre mí, una mirada de preocupación en su bonita cara. Sostuvo las dos piezas de la foto con los extremos de su uñas, como si se trataran de algo malo.

Tal vez lo fueran, teniendo en cuenta las emociones que estaban unidas a ellas y las cosas horribles que Kin había estado sintiendo cada vez que miraba la foto de su mejor amiga y su novio.

—Caray —murmuró Ino—. ¿Eso sucede cada vez que tocas algo? Porque fue algo extraño, Sakura.

Me froté la cabeza adolorida. —Dímelo a mí.

—Entonces, ¿qué viste?

Le dije a Ino sobre todas las emociones que había sentido, de ver a Kin mirando la foto una y otra vez y volviéndose un poco más enojada cada vez, hasta que finalmente había roto la foto en un ataque de rabia.

—¿Así que Kin pensó que había algo entre Karin y Suigetsu? —preguntó Ino en un tono de duda—. Debes estar equivocada. Porque si Kin, incluso hubiese "pensado" que Karin y Suigetsu tuvieran algo, hubiese cortado la garganta de Karin, no hubiese terminado ella así en la biblioteca.

Me encogí de hombros. No había conocido a Kin lo suficientemente bien como para especular sobre lo que haría o dejaría de hacer. Todo lo que había querido era saber lo que realmente le había pasado, por qué había vuelto a la biblioteca, y por qué a nadie parecía importarle que ella hubiese sido asesinada. Tal vez era mi don Gitano, pero tenía la sensación de que esto era lo que se suponía tenía que hacer. Se suponía que debía resolver esto. Tenía que hacerlo. Tal vez podría incluso descubrir algún secreto sobre mí en el camino.

Negué con la cabeza para ahuyentar los extraños sentimientos. —¿Qué otra cosa hay en su computadora? ¿Algo sobre el Cuenco de Lágrimas?

Ino se sentó de nuevo en mi escritorio y volvió su atención a la pantalla una vez más. —Nada de lo que veo se refiere a eso, espera un segundo. Aquí hay algo. Parece que Kin escribió su primer informe de Historia de la Mitología del semestre sobre el Cuenco de Lágrimas. Echa un vistazo.

Miré por encima del hombro de Ino hacia la pantalla.

Efectivamente, Kin había escrito un ensayo sobre el Cuenco y el hecho de que Kakashi lo estaba sacando de almacenamiento y poniéndolo en exhibición en la Biblioteca de Antigüedades. Examiné el informe, pero este no me dijo nada que la Profesora Kurenai no hubiera dicho antes. Tal vez había estado equivocada. Tal vez Kin solo había tenido el libro de Grandes Artefactos en su habitación así ella pudo hacer su informe.

Pero eso todavía no me decía por qué ella estaba en la biblioteca esa noche. ¿Sólo había querido echar otra mirada al Cuenco? Si es así, ¿por qué? ¿Por qué luego? ¿Tan tarde en la noche cuando nadie más estaba cerca?

—Oye —le pregunté a Ino—, ¿sabes lo que Kin estaba haciendo en la biblioteca esa noche? ¿Por qué ella estaba allí? Recuerdo haber visto a las cuatro allí temprano a Kin, Karin y Suigetsu y a ti.

¿Por qué ella regresó?

Ino se encogió de hombros. —Volvimos a nuestro dormitorio y holgazaneamos un rato, viendo la televisión y enviando mensajes de texto. Kin dijo que pensaba que tal vez había dejado su suéter en la biblioteca y que iba a volver a buscarlo antes de que la biblioteca cerrara. Esa fue la última vez que la vi.

Una sombra cayó sobre el rostro de Ino, y ella tamborileó con los dedos sobre la computadora portátil, haciendo que chispas color rosa destellaran y parpadearan por la habitación como pequeñas luciérnagas. Me dejé caer hacia atrás en la cama, todavía tratando de recuperarme de haber tocado la foto y sentir toda la ira, celos y rabia acumulados de Kin.

Traté de pensar lo que mi madre, la detective, habría hecho en una situación como esta, a dónde ella iría de este callejón sin salida con el que yo había tropezado. Pero nada me vino a la mente.

—Bueno, gracias por tu ayuda —le dije—. Yo, uh, la aprecio.

Ino tomó eso como su señal para salir. Se puso de pie, cogió su bolso de diseñador de donde lo había colocado en el suelo, y se colgó la bolsa de gran tamaño en su hombro. Entonces, la Valquiria me miró.

—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó ella—. Porque todo lo que tienes es un informe de "supuesta" historia, una foto despedazada, y algunos sentimientos. Eso no te dice exactamente lo que está pasando. Encáralo, Sakura. Algún Akatsuki se metió en la biblioteca para robar el Cuenco de Lágrimas, y Kin tuvo la mala suerte de ponerse en su camino. Por eso fue asesinada. No hay gran misterio, conspiración, o lo que sea que pienses. Estas cosas simplemente pasan en Konoha.

Quería preguntarle por qué las cosas malas, como esa pasaban aquí, por qué todos los estudiantes estaban esperando crecer y participar en alguna estúpida guerra antigua entre los Dioses. ¿Por qué no los Dioses y las Diosas sólo se pelean entre sí y dejaban al resto de nosotros solos? Sin embargo, Ino probablemente sólo me daría la misma respuesta que Shikamaru había dado. Los dos habían crecido con toda esta charla de la Magia. Era natural para ellos, aunque no lo fuera para mí.

Así que simplemente me encogí de hombros. —No sé.

Ella asintió con la cabeza. —Bueno, buena suerte con esto, supongo.

Asentí con la cabeza hacia ella, y se dirigió hacia la puerta de mi dormitorio.

—Ino.

Se volvió a mirarme.

—Realmente deberías darle una oportunidad a Shikamaru. Porque resulta que está loco por ti. —No sabía por qué le estaba diciendo esto. Tal vez porque Ino, en realidad, había sido de algún modo de ayuda en todo esto, incluso si la había chantajeado para que me ayudara.

Ella frunció el ceño. —¿Cómo sabes eso?

—Porque cuando toqué el talismán rosa, el que cayó detrás del escritorio, el que recogiste, lo supe.

Ella asintió con la cabeza.

—Bueno, yo no solo sentí tus emociones. Sentí las de Shikamaru, también. Realmente compró esa pulsera para ti, Ino. Sólo te contó esa historia acerca de Temari Subakuno para ver lo que dirías, para ver si realmente te gustaba la pulsera o no. Quería dártela y pedirte que fueras con él al baile de bienvenida esa noche, pero se acobardó.

La boca de Ino se abrió por la sorpresa, la esperanza y el asombro brilló en sus ojos azules. —Shikamaru, ¿a Shikamaru le gusto? ¿En serio? ¿Realmente le gusto? ¿No lo estás inventando todo?

Negué con la cabeza. —A él realmente le gustas; lo prometo. Yo veo cosas, ¿recuerdas? Confía en mí, lo sé.

Una emocionada sonrisa tonta y soñadora se propagó a través del rostro de Ino. Entonces, se dio cuenta de que aún la estaba viendo, y ella juntó los labios en una estrecha línea, una vez más.

—¿Sabes qué, Sakura? Podrías estar bien, para ser una friki total con absolutamente ningún sentido de la moda.

Con esas palabras y una pequeña y astuta sonrisa, la Valquiria se dio la vuelta y salió de mi dormitorio. La cosa más extraña fue que me encontré a mí misma sonriéndole mientras ella cerraba la puerta.


No pude dormir mucho esa noche, principalmente porque estaba sintiendo las consecuencias de tocar la foto destrozada, sintiendo los ecos de la ira de Kin y la enorme migraña que me había dado.

Quizá debería haberlo sabido mejor. Después de todo, mi don Gitano me había dejado ver y sentir muchas cosas en el trascurso de los años —lo bueno, lo malo— y lo llanamente horrible. Pero todavía no podía creer que Kin, la bonita, perfecta chica rica que parecía tenerlo todo, pudiera sentir tanta rabia hacia su mejor amiga. Incluso si ella pensara que Karin tenía algo con Suigetsu.

Chicos.

Ellos en verdad no valían la pena para tanto drama.

Mi falta de sueño me puso malhumorada al día siguiente, en especial cuando llegó la quinta hora para la clase de Gimnasia.

Odiaba la clase de Gimnasia.

Ir a una escuela llena de descendientes de Guerreros Mitológicos era ya bastante malo. Pero las Potencias que se supone que esperaran que yo fuera igual de coordinada. La clase de Gimnasia en Konoha era completamente diferente de lo que había sido en mi vieja escuela. No había baloncesto, de softbol, o voleibol a la vista.

Había muchas armas reunidas en el gimnasio para eso.

Como todo lo demás en Konoha, el gimnasio era enorme, con un techo que se elevaba varios cientos de metros en el aire. Las coloridas pancartas anunciaban varios campeonatos de la Academia de los últimos años colgados de las vigas, mientras gradas de brillante madera rodeaba el gimnasio por dos lados. Gruesas colchonetas se alineaban en el suelo, ocultando la cancha de baloncesto, y estantes de armas llenos hasta el tope contra uno de los muros. Espadas, dagas, arcos, bastones y otras cosas de las que aún no conocía los nombres pero que parecían como si pudieran cortarte hasta el hueso si los tocabas.

El objetivo de la clase de Gimnasia en la Academia Konoha Gakuren no era anotar más o correr más vueltas como había sido en mi escuela anterior. Oh no. ¿Aquí? Se supone que aprendes a usar todas las armas de la pared. Cómo matar, mutilar, y torturar a tu oponente, quien pudiera ser.

Por el momento, sin embargo, yo era la que estaba siendo torturada.

—¡Hee-yah! —la chica en frente de mí gritó antes de avanzar, levantando su espada en alto, y llevándola hacia abajo a mi cabeza con toda la intención de matarme, muerta, muerta.

Parpadeé, retrocedí, y levanté mi espada. Su arma golpeó mi espada, el fuerte "clanggg" retumbando en dirección a mi mano y en mi hombro. La espada se deslizó de mis dedos repentinamente entumecidos y golpeó la colchoneta, de la manera en que lo había hecho ya cinco veces en los últimos cinco minutos.

—Se supone que bloquees mi golpe o intentes devolverme el golpe. No tirar tu espada cada vez que te pego. —Tenten Ama puso sus ojos en blanco—. Dios, Sakura. Apenas realmente apestas en esto.

—Dime algo que no sé —murmuré.

Al comienzo de la clase de Gimnasia, sacamos nombres para ver contra quién lucharíamos. Tenten tuvo la desgracia de ser mi contrincante el día de hoy. Era una amazona con piel de ébano y pelo castaño largo cuya estatura era casi de un metro ochenta. Tenten también pasó a ser la Capitana del equipo de Esgrima de las chicas y podía hacer un alfiletero de mí con su espada si realmente lo quisiera. Como todas las otras Amazonas, estaba dotada con una agilidad sobrenatural. Tenten parecía una imagen borrosa cuando se movía. Un segundo, ella estaba enfrente de mí. Al siguiente, me había golpeado con su espada seis veces.

—Vamos otra vez —ordenó Tenten—. Podrías no conseguir nada de esto pero quiero ser capaz de pasar la prueba de armas avanzadas la semana próxima.

Oh sí. Aquí también había pruebas. Estaba siendo calificada según lo bien que podía cortar la cabeza de alguien o poner una flecha a través del ojo de alguien. Me había jactado en mi vieja escuela de mi perfecto, pero Gimnasia era una de las clases que iba a fallar a ciencia cierta este semestre y los demás. A los estudiantes se les requería tomar Gimnasia y entrenamiento de todas las armas con las que pasaron cada semestre hasta que se graduaron.

En verdad genial

Ya que Tenten me estaba mirando de forma asesina en sus ojos suspiré y recogí la espada otra vez. También solía usar la pausa en la acción para mirar a mi izquierda, donde Karin estaba combatiendo con su propia compañera, otra chica Valquiria.

Gimnasia era la única clase que tenía con Karin, y la había estado mirando a lo largo de todo el período. Quizá no fuera nada o quizá sólo estaba loca y agarrando un clavo ardiendo, pero sentí que existía alguna relación entre el asesinato de Kin y esa foto destrozada de Karin y Suigetsu. Algo obvio que no estaba viendo.

No era la única interesada en Karin. La mitad de los chicos del gimnasio la miraba furtivamente, ya que Karin llenaba su camiseta ajustada, blanca un poco mejor que la mayoría de las otras chicas. Y Karin sabía que los chicos la estaban mirando. Hacía diez minutos, había derramado accidentalmente a propósito agua sobre el frente de la remera, adhiriéndose el tejido al negro sostén deportivo que ella tenía por debajo.

Karin y su compañera terminaron su última ronda de combate. Después, bajó la vista a su reloj de diamantes incrustados, dijo algo a la otra chica, y se deslizó por una de las puertas laterales del gimnasio.

Mis ojos se entrecerraron. La clase ni siquiera estaba a la mitad todavía. Así que, ¿adónde iba la Valquiria?

—Sostén esto —dije, pasando mi espada a Tenten y apresurándome tras Karin.

—¡Oye! ¿Adónde crees que vas? —bufó Tenten, pero no le presté atención.

No es como si necesitara estar en la clase de Gimnasia. No era descendiente de una larga línea de Guerreros Mitológicos, y ciertamente no tenía nada que ver con el Colmillo blanco, los Akatsukis, o la Guerra del Caos. Pero quería averiguar lo que le había sucedido a Kin, por lo cual espiar a Karin era algo que podría ayudarme realmente.

Me mantuve en los alrededores del gimnasio, para no atraer la atención hacia mí y del hecho de que estaba tratando de escabullirme lejos de clases a la mitad. Dado que todos los demás estaban absortos en molerse a golpes entre sí, no me notaron.

Ni siquiera Sasuke Uchiha, quien se encontraba del otro lado del gimnasio. Sasuke y Naruto Uzumaki, otro Espartano, estaba recibiendo algunas sugerencias del Entrenador Asuma. El Entrenador grande y fornido ladraba algunas instrucciones, y los dos chicos se inclinaban entre sí antes de caer en posiciones agachadas. Asuma sostuvo la mano en alto, luego la dejó caer, y los dos espartanos fueron el uno contra el otro.

¡Golpe-Golpe-Golpe!

Los dos báculos se desdibujaron juntos cuando Sasuke y Naruto lucharon, cada uno girando, torciendo, y haciendo su mejor esfuerzo para aplastar el cráneo del otro con el arma contundente. La lucha duró quizás treinta segundos antes de que Sasuke hiciera alguna especie de movimiento elaborado, usando su báculo para barrer los pies de Naruto debajo de él, y lanzarlo hacia adelante, poniendo el borde de su báculo contra la garganta del otro chico. Ganador: Sasuke Uchiha.

Asuma ladró algo más y aplaudió con sus manos, aparentemente contento con su alumno estrella. Sasuke sonrió y dio un paso atrás casualmente, girando elegantemente el báculo en su mano como si fuera el bastón de una animadora en vez de una arma mortal. Por supuesto, a él le encanta la clase de Gimnasia. Golpear a las personas era algo en lo que parecía sobresalir. En especial si creías todos los rumores sobre Sasuke y lo salvajes, violentos, y dementes que él y el resto de sus amigos Espartanos eran.

Y él se veía bien haciéndolo. Sasuke usaba una camisa con mangas cortadas, revelando los músculos de sus brazos. El oscuro azul de su camisa también iluminaba sus ojos negros, haciéndolos ver como si brillaran en su rostro, incluso hasta donde yo estaba al lado opuesto del gimnasio. Sasuke levantó la parte de debajo de su camisa para limpiar su sudor. Exponiendo sus plano y musculoso estomago.

Por un momento me detuve, simplemente memorizándolo… Hermoso.

Todos esos abdominales también, unos que avergonzarían a Suigetsu. Me pregunté si todos los Espartanos en Konoha eran tan peligrosos y sexys como lo era Sasuke. O si sólo él había sido bendecido con el encanto de chico malo.

Pero una flecha voló al blanco detrás de mí y me sacó de mi ensoñación. Negué con la cabeza y continúe. No estaba aquí para mirar a Sasuke. Tenía una Valquiria a la cual espiar.

Me apresuré y salí por la misma puerta que lo hizo Karin, la puerta llevaba a un pequeño patio que se conectaba con una piscina en el interior del edificio, que también era parte del masivo edificio de piedra deportivo de la Academia.

Además de la variedad de árboles de loto y jacinto, en el patio había una fuente redonda, con Ninfas en mármol que rociaban agua al aire en un continuo flujo. Como otras estatuas en la Academia, las Ninfas parecían tener demasiada vida para mi gusto. Como si estuvieran a un paso de saltar del agua y apuñalar a quien estuviera más cerca de sus puntiagudos tridentes.

A través de sus largas joyas y cabello como algas marinas, sus astutos ojos entrecerrados parecían observarme. Raro. Especialmente desde que estaban todas desnudas. Desagradable.

Escaneé el patio pero no encontré a Karin por ningún lado. ¿Había ella ido al área de la piscina por alguna razón? Una risa suave llamó mi atención y caminé hacia adelante.

Alguien murmuró algo en voz baja y la risita vino de nuevo, un poco más alta y más coqueta. Me fui hacia unos árboles que se alineaban, en una pared del patio y seguí el sonido del otro lado, donde un gran árbol de loto extendía sus raíces por todo el lugar. Respiré profundamente y miré alrededor del árbol.

Karin y Suigetsu parados a unos veinte metros de mi. Contra la pared posterior del patio medio ocultos por un pequeño arbusto.

Y ellos estaban besándose por completo.


Espero que les haya gustado el capi, review.