Si, se que me tardé un poquito; bueno, si me tarde mucho, lo lamento. De nueva cuenta no hay excusas para la tardanza, supongo que no estuve del todo inspirado. Pero no los aburro mas, a leer se ha dicho.

Como siempre digo, espero lo disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo.

Disclaimer: Yo no soy dueño de MLP:FiM, pero algunos personajes son de mi pertenencia. Sugerencias y criticas serán bien recidivas.

Summary: Porque ambos eran imperfectos, llenos de virtudes y sobretodo de defectos, que mostraban y ocultaban por igual. Pero al mismo tiempo, eran similares; unos perfectos incompatibles.

Perfectos incompatibles

"Uno aprende a amar, no cuando encuentre a la persona perfecta, sino cuando aprenda a creer en la perfección de una persona imperfecta"

8.- Perfectos entendimientos

Esa mañana se vio a sí mismo como si de un día normal se tratase. Durante los últimos dos días después de haber tomado su decisión se había visto concentrándose en sus actividades escolares, trabajando en la granja, leyendo algún comic o alguna que otra novela; en resumen, había intentado distraerse con cualquier cosa para no pensar en ella.

Y había funcionado hasta cierto punto. Enfocarse en los ejercicios de matemáticas o los resúmenes de historia. Incluso podría decir que participaba más en clase ahora que no se andaba distrayendo a cada rato. Y en las noches, cuando era el momento predilecto para pensar e imaginar, simplemente se encontraba demasiado agotado para poder hacer algo más que dejarse arropar por el fresco viento de la noche y dormir hasta el día siguiente.

Incluso por algún golpe de suerte o la benevolencia de algún dios, no la encontró en los pasillos o el comedor; siempre hallaba un modo de evitarla por algún imprevisto o por un mero golpe de suerte.

Sin embargo y pese a todos sus intentos, se sentía extraño. Incluso se sentía más raro que antes, cuando lidiaba con aquel amargo sentimiento que embotaba sus sentidos y le inundaba el corazón. No sabía cómo describirlo, era como si estuviera desanimado, nostálgico o alguna cosa así, y eso en verdad le molestaba. Conocía la razón, pero aceptarla sólo haría que regresara a donde estaba antes.

Como todos los días desde que tomara su decisión, salió al receso directo al comedor para comprar su almuerzo y salir pitando de ahí. Por un lado no le gustaba estar con mucha gente alrededor y menos cuando se sentara donde fuera, tenía una perfecta vista de Applejack y sus amigas.

Compró lo necesario y salió de las instalaciones para dirigirse hacia su lugar preferido. Un pequeño claro rodeado de árboles en la parte posterior del colegio; un lugar que pocos conocían y sabían disfrutar como él. Tomó asiento a la sombra de un árbol recargándose contra el tronco y a lo lejos pudo observar la escuela y a muchos otros estudiantes.

Muchos de ellos reunidos en grupos variados, todos disfrutando el día como debía hacer cualquier adolescente. Los chicos riéndose de manera escandalosa de alguna broma dicha, un grupo de chicas cotilleando por aquí y por allá, lanzando miradas indiscretas hacia uno que otro alumno, algún grupillo de chicos jugando cartas o algún deporte. Todos tenían amigos y disfrutaban tenerlos consigo la mayor parte del tiempo, todos excepto el.

Y no le molestaba en absoluto. Sacó los audífonos de una de las bolsas de su chaqueta y conectándolas a su celular comenzó el reproductor de música.

Este era su día a día, su credo y la manera más amena de almorzar; al son de las canciones de "The Killers", "The last goodnight" o "Skillet"; disfrutando del cálido viento de la mañana y de la cómoda sensación del pasto debajo de sus piernas.

Ahí en su lugar preferido, siempre observando y entreteniéndose de las peripecias de los demás, pensando y observando siempre más allá de lo que él podía ver y ellos podían mostrar.

Fue ahí cuando su atención se centró en alguien en especial.

A lo lejos, justo en la entrada del edificio encontró a una cabizbaja Sunset Shimmer que salía hacia el patio, respondiendo al saludo de unos cuantos y dirigiéndose hacia un pequeño quiosco cerca del campo de futbol.

No la conocía en absoluto debía admitir, sin embargo se le hacía intrigante todo aquel suceso de la magia y las transformaciones que ella y las demás sufrieron hace ya algunos meses. Además, estaba también aquel cambio tan drástico en su actitud para con los demás. Era extraña, sumamente extraña y para él, que no tenía nada más interesante que hacer, observarla a lo lejos se le hacía entretenido.

La recordaba como la chica sarcástica y algo cruel; una mujer que gustaba ser el centro de atención sin importarle los métodos usados para conseguirlo. Incluso había escuchado alguna vez que maltrataba físicamente a varios chicos y eso, pese a jamás subestimar la fuerza de una fémina, se le hacía sorprendente.

Pero lo más raro es que de un día para otro, se había vuelto buena. La antes cruel reina de hielo era ahora una chica amable y solidaria; ayudaba a quien lo necesitase, aun sin siquiera pedírselo, siempre estaba ahí con una sonrisa para quien lo necesitase. Participaba en las actividades de muchos clubs y apoyaba como nadie a sus amigas.

Y aunque de una extraña manera los recuerdos de esa noche le resultaban borrosos, sabía que Sunset había sido derrotada de alguna manera y ahora buscaba reivindicarse con todas aquellas acciones.

"Tal vez solo busca ser mejor" pensó para sus adentros. Y eso era algo admirable, porque era algo que todos debían hacer siempre. Sin embargo también sabía que el camino no era difícil, para nadie, ni para ella ni para el mismo.

Lo veía en sus ojos; cuando todos los demás le daban la espalda y nadie la veía. Ahí era cuando la luz de su mirada opacaba por la culpa, cuando el peso de sus errores doblaba su espalda y la obligaba a sumirse en remordimientos que, solo por el hecho de querer repararlos, no merecía.

Y ahí estaba el, viéndola a lo lejos. Observando como alguno de sus amigos se acercaba hasta ella y le hacía brillar los ojos, para que estos después volvieran a sumirse en la sombra de su propio dolor. A fin de cuentas, Sunset Shimmer era alguien similar a él; una buena actriz capaz de engañar a todos los demás para que no la vieran quebrarse bajo el enorme peso que cargaba.

¿Podría ayudarla?

Tan pronto la idea llegó la desechó. Él solo era un espectador; alguien que no debía influir en la vida de aquella chica. Para eso estaba su familia, sus amigas, cualquier otra persona, no alguien como él que estaba tan roto que no tenía reparo.

Sin embargo, la idea estaba ahí, dentro de sí y a cada momento obtenía más fuerza. Él no era alguien que se metiera en la vida de los demás, pero también era cierto que no soportaba ver a nadie sufriendo y menos cuando este era alguien que no lo merecía.

Todos tenían derecho a una segunda oportunidad y creía que Sunset todavía no lo creía del todo.

Big Macintosh se levantó dando un largo suspiro, guardando el almuerzo a medio comer en su mochila y dirigiéndose hacia la chica pelirroja, preguntándose en sus adentros en que rayos se estaba metiendo.

xXxXxXxXxXx

Salió del edificio preguntándose cuando acabaría todo aquel teatro que se había formado en torno a ella. Se sentía mal consigo misma, porque a pesar de querer ser amable, de querer ayudarlos a todos, de sonreír a cada momento, aun veía a su alrededor ceños fruncidos, miradas con algún atisbo de miedo o rencor e incluso algunas veces podía escuchar insultos hacia su persona.

Se lo merecía con creces, después de todo se lo había ganado a pulso. Pero creía que para estos momentos ya habría sido aceptada por todos, que no sería tratada como la antigua Sunset Shimmer. Pero la realidad se esforzaba por mostrarle lo ingenua que era, sin importar su inteligencia o madurez, le dolía que sus intentos fueran en vano.

Cerró sus ojos y se dejó caer abatida en aquel quisco que estaba algo alejado. Aquí no muchos podrían verla y eso al menos era un consuelo, porque no podía permitirse mostrarse así frente a nadie. Los pocos que la apreciaban podrían preocuparse y aquellos que aun sentían rencor hacia ella, solo se burlarían.

Era horrible actuar una vida donde tenía las mejores amigas y era feliz, donde no tenía preocupaciones o algún problema que mancillara su felicidad, sin embargo esa era su vida, solo una obra de teatro mal actuada donde su personaje sonreía a todos con la esperanza de remendar los errores del pasado y el miedo perenne de no conseguirlo nunca.

Si se mantenía de pie aun, era por el apoyo de sus amigas que le dieron una nueva oportunidad, algo que nadie más había hecho. No tenía nada más, no tenía familia ni aquí en la tierra ni en Equestria y pese a que sabía la princesa Celestia seria benevolente con ella, no tenía el valor de mostrar su cara después de todo lo que hizo.

Este era su castigo y debía sufrir como tal, aunque le costara horrores y estuviera a punto de llorar en cualquier momento, debía ser fuerte, por ella misma por sus amigas…

Un pañuelo entró de pronto en su campo visual sacándola de sus pensamientos. Volvió la mirada hacia su lado y se encontró con un chico alto de cabello corto y naranja que le sonreía suavemente.

El chico volvió a tenderle el pequeño pañuelo y ella le miro extrañada. Llevó una de sus manos a su rostro y se sorprendió al encontrar pequeñas gotas que recorrían sus mejillas. Había estado llorando sin darse cuenta.

—…Disculpa —dijo ella evitando su mirada. No podía creer que había bajado la guardia y que alguien la había visto llorar. Si él se lo contaba sus amigas ellas se preocuparían y comenzarían a cuestionarla de mil maneras sin embargo, lo que más le sorprendía es que ese chico le sonreía amigablemente, como si quisiera ayudarla.

El chico volvió a mover su mano instándole a tomar el pequeño pañuelo y ella respondió agradeciéndole con una sonrisa.

Ambos guardaron silencio sin saber que decir. El con la duda de sus propias acciones y ella insegura ante el sorprendente acto de alguien tendiéndole la mano. Sunset lo miró de reojo, intentando recordar si en alguna otra ocasión lo había visto, sus pantalones de mezclilla, su camisa blanca y su chaqueta roja, su cabello corto y naranja, sus ojos verdes y unas pequeñas pecas que adornaban sus mejillas.

—¡Tu eres el hermano de Applejack! —dijo ella de pronto. —Disculpa que no te reconociera, nunca te has juntado con nosotras. Disculpa que hallas tenido que verme así, no sé lo que me paso, pero gracias.

Big Macintosh asintió. No le creía en absoluto, sabia porque había estado llorando pero era obvio que no se lo diría, no a un extraño como el al menos.

—Perdona, no recuerdo tu nombre.

—Big Macintosh.

Ella lo miro esperando que dijera algo mas pero luego de unos interminables segundos se dio cuenta que no lo haría. Se sintió un poco incomoda al no saber que poder decir frente a él y más aún por como él la halló. Volteó la mirada al notar la profundidad con la que él la veía, por alguna razón la ponía nerviosa, como si pudiera ver dentro de ella, sus secretos sus miedos; la veía como si fuera un libro abierto.

El sonido de la campana se dejó escuchar a lo lejos y Sunset dejó salir el aire de sus pulmones aliviada. No tendría que dar explicaciones vergonzosas a un chico que apenas y conocía su nombre. Volteó a verlo y lo encontró con la vista al cielo, como si no hubiera escuchado la campana. Únicamente estaba ahí sentado, ignorándola por completo.

—¿No vas a entrar? —preguntó ella curiosa al no ver atisbo de movimiento. Él le regresó la mirada y sonrió. Golpeó ligeramente el asiento a su lado invitándola a sentarse y ella no pudo más que intrigarse. Literalmente la estaba invitando a saltarse las clases.

Ella giró su cabeza a todos lados, la mayoría de los estudiantes ya habían ingresado al edificio. Miro de nueva cuenta al chico que la invitaba a sentarse y la duda la asaltó. ¿Qué era aquello? ¿Por qué tanto misterio?

Asintió a la pregunta muda y tomó asiento a su lado. El volvió la vista al cielo y ella siguió su mirada. No había más que nubes blancas moviéndose lentamente. Le miro alzando una ceja dudosa de su elección. Estaba a punto de abrir la boca cuando el regresó su mirada a ella y le sonrió de nueva cuenta.

—Deberías perdonarte —dijo él de pronto ganándose su atención.

—¿Qué? —preguntó ella al no hallar que mas decir.

El guardó silencio y ella lo observó incrédula. ¿Acaso el sabia? Pero ella lo había ocultado bien, engaño a todo el colegio; había jugado bien sus cartas para que nadie descubriera su dolor. Incluso sus amigas jamás habían cuestionado nada más, no era posible que un desconocido lo descubriera.

—…No sé de qué hablas —respondió ella evitando su mirada.

Big Mac miro al cielo. Sabía que podría ayudarla, ella no estaba tan rota como él.

—Todos cometemos errores y tus estas intentando reparar los tuyos; ya no necesitas sentirte culpable.

Sunset se levantó de manera abrupta preguntándose como aquel chico la había descubierto, siquiera si era tan obvia para que alguien más lo hubiera notado. El miedo a las consecuencias la inundo y pronto el enfado tomó lugar en su mente. Ella tenía una responsabilidad, tenía represalias por las cosas malas que hizo y ahora este chico se presentaba como si la conociera de siempre.

—Tú no puedes decirme que puedo o no puedo hacer —espetó ella con furia contenida volviéndolo a mirar. El no había apartado la mirada y la observaba fijamente a los ojos.

Big Mac ya se esperaba esta reacción. Ella se sentía demasiado culpable y por tanto tiempo se había puesto en el papel de mártir que ahora no aceptaba el perdón. En definitiva, esa chica quería ganarse a pulso la redención de sus actos.

Y eso solo lo hacía admirarla un poco más.

—Conmigo no tienes que ocultarte mas —respondió simplemente. Ella no aceptaría su perdón porque el no tenía nada que disculparle, sin embargo y pese a ello, podía brindarle una mano para que ella pudiera dejar salir aquella presión que la estaba abrumando y llevando al borde de la locura. Era justo lo que necesitaba.

Sunset se quedó nuevamente sin palabras. ¿Quién era ese chico que ahora le sonreía? No lo sabía a ciencia cierta y estaba más confundida que nunca. Parecía conocerla e incluso parecía querer ayudarla, pero ¿por qué? No le conocía y ella jamás le había ayudado… ¿y si era una trampa? ¿y si solo quería hacerla sufrir como todos aquellos que aún le insultaban… como todos aquellos que robaban sus cosas?

Ya no quería eso… —No… yo no quiero… —ya no quería sufrir más; quería un poco de la felicidad de la que todos presumían, de la que todos tenían pintada en sus rostros. Quería sonreír de forma sincera sin ocultarse más bajo una máscara, quería aceptar el perdón que él le estaba ofreciendo, con todas sus fuerzas y con todo su corazón.

Big Macintosh se levantó alarmado frente a ella al ver de nueva cuenta las lágrimas correr. Sin pensarlo demasiado se acercó hasta ella y la rodeó con sus brazos atrayéndola a su pecho. Sabía que ella necesitaba desahogarse; sacar todas esas lágrimas que tenía acumuladas durante tanto tiempo y que por una o varias razones había ocultado.

No le importó si había alguien que pudiera verlos; ahora, Sunset le necesitaba y él era el único que podía brindarle ese pequeño puerto seguro donde atracar.

—Está bien —susurró el a su oído. —No hay más por que sufrir.

Sunset no dejo de llorar ni siquiera al sentirse en los cálidos brazos del muchacho. Y mientras se permitía entregarse al llanto, agradeció en silencio aquello que durante tiempo había necesitado. Aquellas palabras, aquel abrazo cálido y protector, aquella muestra de un perdón venido del lugar menos esperado. Enterró su cara en la chaqueta roja del chico y se permitió dejar salir todo aquello que le hiciera sufrir y la idea de estar a la vista de muchos jamás le pudo importar menos, porque ahora sabía que Big Macintosh la conocía más que nadie, sin saber la razón pero que, aun así, con misterio y todo, le agradaba.

Poco a poco el llanto fue disminuyendo hasta terminar en pequeños sollozos. Big Macintosh se sintió bien consigo mismo al sentir que ella, poco a poco se calmaba. Sus manos recorrían suavemente la espalda femenina brindándole suaves caricias y las palabras salían de su boca sin siquiera el pensarlo demasiado.

Sunset se separó un poco de el con los ojos ocultos tras el flequillo. Recién ahora se daba cuenta de lo que había hecho. Apenas conocía al hermano de Applejack y había llorado en su pecho, abrazada a él, en un contacto tan íntimo que pronto la hizo sonrojarse. Observó la zona de su ropa donde había llorado y se avergonzó al encontrarla empapada con sus lágrimas. Alzó la mirada esperando encontrar un ceño fruncido o un gesto de asco pero en cambio, se encontró con una nueva sonrisa más grande que las anteriores.

—Yo… disculpa… no era mi intención —sus palabras se atoraban en su boca al sentirse tan azorada y la calidez en sus mejillas no disminuía en absoluto. De repente, unos cálidos dedos posados en su barbilla la obligaron a alzar la mirada. Ahí, frente a ella, Big Macintosh limpió sus lágrimas con sus dedos en una caricia que a ella le produjo un hormigueo extraño en todo el cuerpo.

No sabía que estaba pasando, ni siquiera sabía que era todo aquello que estaba comenzando a sentir en sus piernas, su estómago y su pecho. Sus mejillas seguían calientes y su cerebro apenas y podía cavilar algo más que palabras revueltas y sin sentido.

—Descuida —respondió el atrayendo su atención. —Todo está bien.

Ella lo observó, ya sin saber que esperar del extraño chico. —…¿Por qué? —preguntó insegura. Quería saber las razones, quería conocer por qué le estaba ayudando cuando no tenía razón para hacerlo.

El no respondió al momento. Pensó su respuesta detenidamente ganándose la duda de ella y cuando Sunset estaba a punto de sentir que se moriría de ansiedad él la miro a los ojos y le sonrió.

—Tú más que nadie merece una segunda oportunidad.

Y como si de un hechizo se tratara, Sunset sintió algo cálido en su pecho, algo agradable ante las palabras de Big Mac. La sonrisa de él se contagió en su rostro y no supo si fue el momento o la situación, pero ella creyó en sus palabras, que el podría ayudarla a ser merecedora de aquella segunda oportunidad.

CONTINUARA

¿Y bien? ¿Que les pareció? Les seré sincero, la historia ha tomado su propio camino y ha dejado de estar en mis manos (no literalmente). Ahora Sunset Shimmer no quiere dejar mi mente y se ha posicionado en un lugar de peso en esta historia. ¿Quieren que les sea sincero? No tengo idea de como va a terminar, ¿que prefieren ustedes? ¿Un MacDash o un SunMac? En lo personal me fascinan ambas parejas, así que no se como vaya a terminar esta historia. Lo que si les puedo adelantar es que se vienen las escenas de las confusiones sentimentales, los nuevos descubrimientos y claro, mis preferidos, las escenas de celos.

Nos leeremos luego, ¿vale? Cuidence mucho.

Atte. Aspros