Hola a todos los lectores En verdad lamento no haber actualizado, esta es una adaptacion de la saga Mythos Academy de la autora Jennifer Estep espero que les guste.


Sasuke Uchiha.

Oh no.

No sabía exactamente que era una pantera ni de qué tipo de pesadilla Mitológica había surgido, pero aquí, en la oscuridad, cualquier cosa que tuviera unos dientes grandes no sería amistosa.

Como si leyera mis pensamientos, la pantera dejó escapar algo que sonaba como una risa baja, como que se reía de mí. El siseo malvado hizo que la respiración se quedara en mi garganta y me heló la sangre. La pantera sonrió mostrándome sus dientes de nuevo, y luego se arrastró más cerca de mí, sobre las patas, que eran más grandes que mis manos, con garras curvas y afiladas como agujas para hacer juego. Resonaron contra el patio de piedra con cada paso que la criatura daba, como el segundero de un reloj, tic-tac tic-tac hasta mi muerte.

Me quedé donde estaba. En parte porque estaba aterrorizada y estaba bastante segura de que mis rodillas se torcerían incluso si intentaba moverme. Pero también porque había visto suficientes programas de naturaleza como para saber que no podía correr más rápido que la pantera. Y por supuesto porque no tenía armas para combatir contra ella. Incluso si tuviera una espada, dudaba poder llegar a usarla.

Por primera vez me hubiera gustado prestar atención a la clase de Gimnasia cuando el Entrenador Asuma y los otros Instructores estaban hablando de este tipo de cosas y nos exponían cómo matar a un Akatsuki. Pero nuevamente, no había pensado realmente que algo de eso fuese en realidad real. Pero me estaba convirtiendo rápidamente en una verdadera creyente. Porque esta criatura era muy, muy real y puedo decir que sus dientes y garras eran muy, muy afiladas.

La pantera merodeaba a mí alrededor en un amplio y abierto círculo. Su boca descendió, casi en un puchero, pareció decepcionada de que no fuera a correr. O gritar por lo menos. Su cola, que era por lo menos de un metro de larga, se movía de atrás hacia adelante en lo que parecía ser molestia. O tal vez anticipación. No lo sabía. Siempre he sido más una amante de los perros. Aclaré mi garganta y la pantera se detuvo, y levantó una de sus orejas redondeadas. Escuchando.

—¿Hum, lindo gatito?

Los ojos de la pantera se estrecharon, ardiendo con fuego de color rojo en las profundidades, y dejó salir el siseo de nuevo.

No, no, no. No era un lindo gatito en absoluto.

La pantera se marchó al otro lado del patio. Tan pronto estuvo de espaldas, me agaché y agarré la pieza remanente más grande de la estatua destrozada que había visto. Esperé un segundo, me preguntaba si conseguiría un destello de la piedra, pero no lo hice.

O quizá los sentimientos y las imágenes no podían penetrar mi propio pánico frío en este momento.

No sabía cuál era exactamente la forma de la estatua, una Gárgola quizá. Fuera lo que fuese parecía tener cuernos, uno de los cuales tenía en la mano. Me preguntaba si la punta sería lo suficientemente fuerte para penetrar la piel de la pantera. Probablemente no. Por primera vez deseé la fuerza de un Valquiria o la velocidad de una Amazona o la habilidad con las armas de un Espartano, algo, cualquier cosa que me ayudara. Que me salvara de ser rasgada a pedazos. Mis manos sudaban y luchaba por aferrarme a mi lamentable arma. La pantera llegó al borde del patio y marchó de nuevo hacia mí. Su negra nariz se estremeció acechándome otra vez. La negra nariz tembló en su rostro y sus labios se curvaron de nuevo en otra sonrisa. Sí, definitivamente estaba oliendo mi miedo.

Apestaba a terror.

El monstruo se cansó de jugar a su pequeño juego acosador ya que se sentó en sus patas traseras, preparándose para saltar y matarme; la pantera saltó y sentí algo chocar contra mí. Cerré los ojos esperando sentir las garras y los dientes desgarrar mi piel. Pero todo lo que sentí fue a mi hombro estrellarse contra el suelo de piedras y manos moviéndose por mi cuerpo, como si estuvieran buscando algo.

—Dame eso —murmuró una voz en mi oído.

Alguien arrancó el cuerno de piedra de mis manos y abrí los ojos. ¿Qué está pasando? ¿Por qué todavía no estoy muerta? Miré hacia arriba para encontrar a la última persona que esperaba ver de pie en el balcón entre la pantera y yo.

Sasuke Uchiha.

Y no estaba corriendo o gritando como debía, como ambos debíamos.

En cambio, Sasuke estaba de pie en medio de la pantera y de mí, agarrando el cuerno con su mano como si fuera un arma real o algo así.

La pantera estrechó sus ojos sangrientos y círculo alrededor de Sasuke buscando la manera llegar a mí. Sin embargo Sasuke se puso delante del animal, apretando su agarre en el cuerno de piedra. La pantera dejó salir otro de sus siseos malvados y una sonrisa se extendió por el rostro de Sasuke.

Y entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo. Él iba… iba a pelear realmente contra esa cosa. Como… hasta la muerte.

¡Oh no!

Ni siquiera llegué a abrir la boca para gritar antes de que la pantera saltara hacia Sasuke.

Repetidamente, ambos rodaron por el patio, gruñendo, escupiendo y siseándose el uno al otro. Me puse de pie y di un salto contra la pared sin saber qué otra cosa hacer más que salir del camino. No sabía qué otra cosa podía hacer. Tal vez debería estar corriendo hacia la otra dirección, hacia la fogata tratando de conseguir ayuda. Pero por alguna razón, no quería dejar a Sasuke aquí en la oscuridad con la pantera malvada.

No cuando él acaba de salvarme de eso.

La pantera estaba aullando en ese momento, y cada ruido que hacia se sentía como una daga perforando mi cerebro. Me llevé las manos a los oídos preguntándome cómo Sasuke podía soportar estar tan cerca de ese ruido horrible. Entonces me di la vuelta, buscando algo que pudiera usar para ayudar a Sasuke a pelear contra la criatura.

Mis ojos se posaron en una silla de metal puesta al lado de una de las mesas del balcón, la agarré y la alcé sobre mi hombro. En ese momento, la pantera había cubierto a Sasuke con su cuerpo y estaba queriendo morder con su mandíbula el lado derecho del rostro de él. Corrí llevando la silla de metal arriba y golpeé a la criatura tan duro como pude con ella. No le hice ningún daño real pero definitivamente obtuve la atención de la pantera. El monstruo atacó, deslizando sus garras hacia mí, pero extendí la silla como si fuera un escudo manteniéndolo entre nosotros. Las garras de la pantera rasparon la silla con un chillido horrible, triturando completamente el metal y enviando hacia arriba un rocío de chispas rojas.

Mientras distraía a la criatura, Sasuke tenía sus pies en medio de la criatura e hizo algún tipo de movimiento elegante para quitarse al animal de encima. La pantera voló y se estrelló contra el lado de la pared del balcón. Entonces Sasuke giró sobre sus pies como si fuera un maldito Ninja. A pesar del hecho de que casi me había convertido en comida para gatos, era la cosa más genial que había visto. La pantera volvió a ponerse sobre sus pies pero ya era demasiado tarde. Sasuke se impulsó hacia la parte superior de la criatura y lo apuñaló con el cuerno de piedra.

La pantera gritó de dolor. Era el sonido más horrible que nunca había escuchado, un aullido alto, un llanto lamentable que parecía destrozar mis tímpanos de adentro hacia afuera. Casi era como… si la pantera estuviera llamando a algo o alguien, pidiendo a esa persona que lo ayudara a poner fin a su dolor.

El ruido no parecía molestar a Sasuke.

Con rostro sombrío sacó el cuerno del costado de la criatura y la apuñaló de nuevo. La criatura gritó una vez más y se echó hacia atrás encima de Sasuke.

Entonces ambos comenzaron a moverse demasiado rápido para seguirlos, eran sólo una maraña salvaje de brazos, piernas y garras arremetedoras, cada uno intentando matar al otro.

Me quedé allí parada con mi silla de metal destrozada. Lo habría usado para golpear a la pantera de nuevo, si no hubiera tenido miedo de descerebrar a Sasuke en el proceso. Pero no tuve la oportunidad de hacer cualquier cosa.

La pantera dejó escapar un rugido más, y luego ella y Sasuke se quedaron inmóviles.

Atónita, me quedó mirando el montón de pelo negro frente a mí, con Sasuke atrapado en algún lugar por debajo.

El espartano estaba muerto. Tenía que estarlo. Nadie podría sobrevivir a algo así. Esa fue la idea que se estrelló contra mi cerebro. ¡No, no, no! Estaba muerto. Había estado tratando de ayudarme, tratando de salvarme, y ahora estaba muerto. Claro, tal vez era un gigoló que dormía con todas y que parecía disfrutar molestándome sin ninguna buena razón, pero Sasuke no había sido del todo malo. Acababa de salvar mi vida.

Algo dejó escapar un gruñido, y di un paso atrás, preguntándome si tal vez la pantera no estaba muerta, después de todo. La ira me llenó, y levanté mi silla, lista para golpear al animal hasta la muerte, si tuviera qué, sólo por matar a Sasuke…

—¿Crees que tal vez podrías dejar la silla y quitar esto de encima mío? —murmuró con voz tensa.

La silla se me resbaló de los dedos entumecidos y cayó al piso del patio. Caí de rodillas junto a la pantera.

—¡Sasuke! ¡Todavía estás vivo!

Un brazo atrapado bajo peso del animal se agitó en mi dirección, aunque no pude ver su rostro.

—Por supuesto que aún estoy vivo. Soy un Espartano. Ahora, ¿me vas a ayudar o no, chica Gitana?

—Te ayudo. Definitivamente te ayudo.

Me levanté en mis rodillas, subí las mangas de mi sudadera con capucha, y extendí las manos. No quería tocar al monstruo, no quería vislumbrar en la rabia y el dolor que había sentido antes de que Sasuke la matara, pero no tenía otra opción. Así que apreté los dientes, puse las manos sobre la piel del animal, y empujé tan fuerte como pude.

No pasó nada.

La pantera era demasiado pesada para moverla por mi cuenta. Pesaba varios cientos de kilos, por lo menos.

Pero lo realmente extraño es que no tuve ningún tipo de vibración fuera de ella. No hubo destellos de imágenes, ni sentimientos, ni nada. Fruncí el ceño. ¿Había algo malo con mi don Gitano, mi Psicometría? Esta era la tercera vez que había sucedido esta semana. Primero, no había recibido ninguna vibración del cuerpo de Kin en la biblioteca. Después, no había destellado en su sangre tampoco, a pesar de que había estado por todas mis manos y ropa. Y ahora no sentía nada cuando tocaba a la criatura muerta ni…

—¿Qué estás esperando? —murmuró Sasuke—. Esta cosa me está aplastando las costillas y la cara, en caso de que no lo hayas notado.

No había manera de que pudiera mover a la pantera fuera de él. Simplemente no era lo suficientemente fuerte, mis ojos se entrecerraron. Pero conocía a alguien que lo era, y ella me lo debía.

—Quédate aquí —le dije, luchando por ponerme de pie. Voy a ir a buscar ayuda. Ya vuelvo.

—¿Qué? Espera…

Sasuke empezó a decir algo, pero yo ya iba corriendo por el patio. Corrí a través del patio superior en la dirección que había llegado, para luego bajar por la colina hasta el patio inferior y la fogata. Mientras había estado fuera, alguien había conectado un aparato de radio en el sistema de sonido y la música rock a todo volumen se añadía al ruido en el Anfiteatro.

Me llevó la mayor parte de un minuto encontrar a Ino entre la multitud. Estaba parada cerca de la hoguera, de pie entre las sombras proyectadas por las llamas y hablando con Shikamaru. Los dos estaban sonriendo, riendo, y lanzándose miradas coquetas el uno al otro, cuando cada uno pensaba que la otra persona no estaba mirando. Puse los ojos en blanco. Realmente sólo deberían seguir adelante con las cosas.

Llegué justo cuando Shikamaru puso su copa sobre la mesa, tomó aliento, y miró a Ino.

—Ino, me preguntaba... quiero decir... sé que es una especie de último minuto, pero si no tienes cita para el baile de regreso a casa…

Aparecí junto a Ino, y Shikamaru ahogó un grito de sorpresa. Ino saltó también, como sorprendida por mi repentina aparición mientras estaba con el friki de la banda.

—Hola, Shikamaru. Ino. Siento interrumpir tan pronto, pero vas a tener que venir conmigo. —Agarré una de las mangas de la chaqueta de pana de color rosa de Ino.

—Pero… pero… —Eso fue todo lo que Shikamaru podía decir, así que decidí hacer las cosas fáciles para él.

—Sí —dije en un tono alegre—. A Ino le encantaría ir al baile de bienvenida contigo mañana por la noche. Piensa que eres totalmente impresionante. Ha estado enamorada de ti durante mucho tiempo. Pero en este momento, tiene que venir conmigo. Te va a llamar más tarde, y los dos se podrán poner de acuerdo con todos los detalles. Los esquemas de color, ramilletes de flores, y otras cosas. Hasta luego.

Arrastré a Ino lejos del friki de la banda y comencé a subir la colina en dirección a la biblioteca. Durante los primeros pasos, Ino parecía tan aturdida como Shikamaru. Pero después se puso con el programa y se quedó mirando por encima de su hombro. Detrás de nosotros, Shikamaru se reía como un loco o como un hombre que se había anotado una cita con la chica de sus sueños. El rostro de Ino alternaba entre la felicidad absoluta y la rabia por la humillación. Después de unos segundos, la rabia se impuso.

—Te voy a matar por esto, Sakura —gruñó Ino—. Lentamente.

La miré, pero no dejé de arrastrarla por la colina.

—¿Por qué? Tienes exactamente lo que querías. Una cita con Shikamaru. Deberías darme las gracias, no planear cómo puedes rasgar mi cara con tus brillantes dedos. Ustedes dos podrían haberse quedado allí durante una hora antes de que él reuniera el valor suficiente para pedirte una cita. Solamente interrumpí al friki.

Los ojos azules de Ino se estrecharon, pero no me contradijo.

—Está bien. Así que tal vez me hiciste un favor. Pero, ¿qué quieres ahora? No soy tu maldita compañera, ya sabes. Ni siquiera me gustas. Ni lo más mínimo. Y ciertamente no somos amigas ni nada.

—Por supuesto que no —dije—. No podría nunca ser amiga de una rica y malcriada, aspirante a princesa Valquiria como tú. Pero ya que eres una de las pocas personas en la Academia que en realidad me habla, has sido elegida. Ahora date prisa. Sasuke está atrapado. Puede estar herido, también. No lo sé.

—¿Sasuke? —preguntó Ino—. ¿Cómo Sasuke Uchiha? ¿En qué te has metido, Sakura?

Llegamos a la cima de la colina, y salí en una carrera. Después de un momento, oí una maldición murmurada y Ino cayó en el paso detrás de mí, con los pies aplastando la hierba húmeda de rocío, junto con la mía. La llevé de vuelta a la biblioteca y hasta el patio.

—Necesito que me ayudes a mover esa cosa, sea lo que sea —dije, señalando a la pantera—. Sasuke la mató, y ahora, está atrapado debajo de ella.

Sasuke agitó su brazo de nuevo. Evidentemente, nos había oído correr hasta el patio.

—¡Amigo! —susurró Ino, abriendo los ojos de par en par mientras miraba hacia abajo a la criatura—. ¡Eso es un Merodeador de Nemea!

La miré.

—¿Qué es un Merodeador de Nemea?

—¿Cómo puedes no saber lo que es un Merodeador? —me preguntó Ino—. Todo el mundo sabe acerca de los Merodeadores…

Me encogí de hombros.

—Soy nueva aquí, ¿recuerdas?

Ella sacudió la cabeza.

—Bueno, de todos modos, eso es un Merodeador de Nemea. Hércules mató a un montón de ellos en su camino de regreso. Hoy en día, son algo así como el equivalente Mitológico de un familiar. Ya sabes, como el gato negro de una bruja…

Asentí. —Claro.

—Excepto, por supuesto, que los Merodeadores son mucho más que eso —dijo Ino—. Más grandes, más fuertes, más resistentes. Sus garras pueden desgarrar casi completamente cualquier cosa, la cual es una de las razones por la que a los Akatsukis les encantan. La mayoría de los Akatsukis no los mantienen tanto como mascotas como para matar a la gente. En realidad son sólo grandes gatitos asesinos. Amigo, esas cosas son horribles. No me puedo creer que él realmente lo haya matado.

—Hola —murmuró Sasuke, ondeando su brazo de nuevo para llamar nuestra atención. —Aún atrapado aquí abajo.

—¡Oh! Lo siento.

Ino se inclinó y enterró las manos en el pelaje de la criatura, como había hecho yo unos pocos minutos antes. Con su fuerza de Valquiria era fácil para ella empujar al Merodeador fuera de Sasuke y rodarlo a un lado del patio. Ino se inclinó sobre la criatura, murmurando que nunca había visto antes a un Merodeador en persona y qué impresionante era que estuviera muerto. Y ella pensaba que yo era una chiflada.

Me arrodillé junto a Sasuke, que estaba tendido de espaldas, intentando recuperar el aliento después de ser, por poco, hecho pedazos por el Merodeador.

—¿Estás bien? —pregunté.

—Eso creo. —Sasuke me miró, y una sonrisa se formó en sus labios—. Pero tal vez deberías hacerme el boca a boca, sólo para asegurarnos.

Puse los ojos en blanco y me levanté. —¿Alguna vez piensas acerca de cualquier cosa además del sexo?

Su sonrisa se ensanchó. —No cuando estás cerca, chica Gitana.

Mis ojos se estrecharon, y reprimí una réplica. Probablemente no era una buena idea criticar al chico que acababa de salvar tu vida. Pero aun así. Sasuke Uchiha necesitaba seriamente que le enseñaran algunos modales.

—Um, chicos —dijo Ino—. Es posible que quieran ver esto.

La Valquiria retrocedió hasta que estuvo junto a nosotros. Sasuke y yo miramos al Merodeador.

El cual estaba desapareciendo ante nuestros ojos… literalmente.

El pelaje de la criatura, que una vez había sido denso, grueso y negro, se volatilizaba despacio en el aire como si estuviera hecho de humo. La neblina se enroscó, y, por un momento, pude haber jurado que vi dos ojos en el medio. Los ojos de humo parecían mirarme fijamente antes de que una brisa fría de otoño recorriera el patio y se los llevara.

—¿Es eso… normal? —susurré.

—De ninguna manera —murmuró Ino—. Nunca había visto un Merodeador de cerca antes, pero son tan reales como nosotros. No se supone que desaparezcan después de que los mates. Sólo las ilusiones hacen eso.

Sólo las ilusiones hacen eso.

Las palabras de Ino hicieron eco en mi mente, y sentí un recuerdo agitándose en mi subconsciente. Algo qué ver con ilusiones. Algo que había visto o escuchado o leído o pensado acerca de ellas en los últimos días. Algo que era importante. Pero mientras más duramente intentaba atraer mi pensamiento, mientras más intentaba evocar el recuerdo, más profundamente se hundía en mi cerebro…

Sasuke se levantó y se frotó el pecho. —Bueno, fuera lo que fuese, era muy fuerte y estaba muy interesado en matarme.

Cualquier hilo que hubiese estado siguiendo en mi cabeza se rompió con esas palabras, y el recuerdo se hundió en la oscuridad. Sin embargo, luché por encontrarle sentido a lo que acababa de ver.

—Pero si ese Merodeador era una ilusión, entonces no podía herirnos realmente, ¿verdad? —pregunté—. ¿Y por qué incluso estaba aquí, para empezar? ¿Las ilusiones son como fantasmas o algo así? ¿Rondan determinados lugares?

Sasuke e Ino intercambiaron una mirada, como si yo debiera saber exactamente lo que pasaba en lugar de preguntar cuestiones tan obvias.

—No, las ilusiones no son como fantasmas —explicó Ino—. Las ilusiones son creadas por gente con Magia, por Guerreros como nosotros. Y pueden herirte tan gravemente como la cosa real… a veces incluso peor, dependiendo del tipo de ilusión que sea. La única diferencia entre la ilusión del Merodeador que te atacó y el Merodeador real es que no hay cuerpo del que deshacerse, ahora que Sasuke lo ha matado.

Todavía no comprendía muy bien por qué el Merodeador habría sido capaz de matarme, si había sido sólo una ilusión para empezar, pero no quería parecer completamente estúpida, así que mantuve la boca cerrada.

No teníamos nada más que hacer sino quedarnos ahí y mirar al Merodeador evaporarse. Treinta segundos después, no quedó nada de él en absoluto, excepto por los trozos de piedra triturados que había rociado por todas partes cuando Sasuke lo había lanzado contra el muro del patio.

Cuando los últimos restos del Merodeador se hubieron ido, Ino se volvió y me pinchó en el hombro con un dedo.

—Creo que tienes que dar algunas explicaciones, Sakura. Así que habla. Ahora.

No iba a aceptar un no por respuesta, y supuse que le debía a Sasuke algún tipo de explicación desde que, tú sabes, casi consigue ser desgarrado hasta la muerte gracias a mí. Así que les hablé a los dos acerca de todo lo que había ocurrido esta noche. Acerca de mi espionaje de Karin y suigetsu qué habían estado haciendo, la estatua cayendo y casi golpeándolos, y luego el Merodeador apareciendo e intentando tomarme de un bocado.

—Así que Karin y Suigetsu estaban aquí fuera manteniéndose ocupados cuando casi fueron golpeados por esa estatua. Luego, el Merodeador aparece y casi te come antes de que el chico Espartano lo mate en su lugar. Agradable muerte, por cierto —dijo Ino—. Pegándole con ese cuerno. Impresionante. Incluso para un Espartano.

Sasuke sonrió, aceptando su ambiguo cumplido.

—Entonces, ¿qué significa todo esto? —preguntó Ino—. ¿Crees que esa estatua cayó a propósito? ¿Que alguien estaba intentando hacerle daño a Karin y Suigetsu, y luego creó esa ilusión de Merodeador y la azuzó contra ti después de que les advirtieras?

Me encogí de hombros. —No lo sé. La biblioteca está cerrada por la noche, y no vi ni escuché a nadie en el patio además de Karin y Suigetsu. Así que, ¿quién pudo haber creado esa ilusión? ¿Y por qué? ¿Quién podría tener una razón para querer hacerles daño a ellos o a mí, para empezar? Kin era la única que se preocuparía porque Karin y Suigetsu se vieran, y está muerta.

—Quizá fue el mismo Akatsuki que mató a Kin —sugirió Sasuke—. Antes de que dejara la biblioteca esa noche, tal vez creó algunos hechizos para hacer que la estatua cayera y el Merodeador apareciera para ayudarlo a cubrir su huida. Tal vez no funcionó cómo o cuándo se suponía que lo hiciera, y tú, Karin y Suigetsu lo desencadenaron accidentalmente esta noche.

Ino asintió con la cabeza. —Es posible. Los Akatsukis son así de retorcidos. Les encanta dejar trampas bomba detrás.

—¿Crees que hay más trampas aquí? —pregunté, mirando alrededor del patio.

Sasuke y Ino negaron con la cabeza.

—No —dijo Sasuke—. De otra manera, habrían salido cuando lo hizo la ilusión del Merodeador. Cuando pones en marcha una trampa bomba, las pones en marcha todas. A los Akatsukis les gusta hacer el máximo daño posible de una vez.

¿Hechizos de trampas bomba?

Eso me parecía un poco inverosímil. Pero también lo eran los Merodeadores de Némea hace unos diez minutos.

—No lo sé. Nada de esto tiene ningún sentido —dije.

Froté mi cabeza, que estaba de repente dolorida. Sentía como si me estuviera perdiendo algo, algo obvio en toda esta situación. Pero por mucho que lo intentara, no podía descifrar qué era.

—Vamos —dijo Sasuke—. Lo que sea que esté ocurriendo, no vas a resolverlo esta noche, chica Gitana. No sé ustedes dos, pero yo necesito tomar una ducha.

Por primera vez, me di cuenta de que Sasuke tenía sangre por toda su ropa de cuando había apuñalado al merodeador y éste había caído sobre él. La sangre era negra, justo como había sido el monstruo, y había arruinado completamente su camiseta y sus vaqueros. Primero le había hecho derramarse soda sobre sí mismo, y ahora esto. Elegante no era.

—Lo siento. —Hice una mueca de dolor—. Te compraré ropa nueva. Pero tienes razón. Vayámonos de aquí.

Ino y Sasuke se volvieron y bajaron los escalones de la biblioteca, pero yo me quedé atrás un momento, mirando hacia arriba al lugar desde donde había caído la estatua.

No había nada allí, por supuesto. Sólo más estatuas envueltas en más sombras. Tal vez eran todas las cosas disparatadas que habían sucedido esta noche, pero sentí como si hubiera ojos puestos en mí, como si alguien o algo estuviera mirándome desde algún lugar más arriba en la biblioteca…

—¡Sakura! —me gritó Ino—. ¡Vamonos, ya!

Me estremecí y arranqué mi mirada de la biblioteca. Pero la fría sensación de estar siendo vigilada permaneció mientras metí las manos en los bolsillos de mi sudadera con capucha y me apresuré para alcanzar a los otros.


Espero que les haya gustado el capi.

Hasta la proxima.