Hola a todos los lectores, ya se me eh demorado muchísimo en actualizar en verdad lamento haberme demorado tanto en actualizar, pero bueno ya estoy de vuelta \(T.T)/. Esta es una adaptación de la saga Mythos Academy de la autora Jennifer Estep espero que les guste.
Disfruten el capi.
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Malos Entendidos
Sasuke, Ino y yo caminamos de regreso por la colina hasta el patio inferior. La fogata ardía todavía, aunque a estas alturas la mayor parte de los estudiantes se habían dejado caer en las sillas que rodeaban el acogedor fuego o treparon los escalones de piedra para un poco más de intimidad. Más de una pareja estaban sentados juntos a la sombra besándose en los niveles superiores, acurrucados debajo del edredón del dormitorio de alguien. Las risas, golpeteos y chillidos ocasionales de risa me dijeron exactamente lo que estaba pasando debajo de los edredones.
También, más chicos estaban ebrios ahora la Profesora Kurenai y el Entrenador Asuma estaban llevando a un grupo de ellos a sus dormitorios, antes de que hicieran algo estúpido, como desmayarse, pelearse o caer en la fogata.
—Oye —dije—. ¿Piensas que deberíamos decirle a Kurenai qué ocurrió? Ya sabes, ¿sobre la estatua caída y el Merodeador de Nemea cerca de la biblioteca?
Tal vez debería haber ido directamente a Kurenai en primer lugar, pero me había olvidado de que la Profesora estaba en la fogata ante mi prisa por encontrar a Ino y regresarla a la biblioteca para que la Valquiria pudiera levantar al Merodeador muerto de encima de Sasuke antes de que lo ahogara por completo.
—Claro, si tuviéramos alguna prueba —dijo Ino—. Pero la estatua está hecha añicos y el Merodeador evaporado, ¿Recuerdas? Además, ¿Tú realmente quieres explicarle a Kurenai por qué estabas espiando a Karin y Suigetsu y qué estaban haciendo? Ella seguro que preguntara por qué estabas en la biblioteca en primer lugar, ya que cerraron antes esta noche por la fogata.
Mordí mi labio. Ino tenía razón. No podía decirle a la Profesora Kurenai lo que había sucedido, no sin entrar a contar la extraña historia. Kurenai era genial pero dudo que ella pensara algo amable sobre mí, irrumpiendo en la habitación de Kin, entrando en su ordenador y espiando al mejor amigo muerto de la Valquiria y además su novio porque tuve un mal presentimiento sobre la situación.
—Sin embargo, es una pena lo del Merodeador —reflexionó Sasuke—. Me hubiera gustado enseñárselo al Entrenador Asuma. Se habría impresionado.
—Cierto —concordó Ino.
Miré a ambos —Caray. ¿Realmente piensan ustedes chicos que matar a un Monstruo Mitológico es genial?
Ino y Sasuke se miraron entre si.
—Totalmente —dijo Ino.
—Absolutamente —concordó Sasuke.
Y pensaban que yo era "rara". Por lo menos yo tenía el buen sentido de tener miedo a cosas como los Merodeadores. Cosas con grandes, afilados y puntiagudos dientes, que podrían rasgarme en pedazos. Me estremecí de nuevo al recordar la criatura acechándome.
—Bueno —dijo Ino—. Creo que he tenido suficiente diversión por una noche. Voy a volver a mi habitación. Aún tengo ese reporte que escribir para Ingles.
—Déjame que te acompañe a tu habitación —ofreció Sasuke en tono servicial—. Tú, yo y la chica Gitana podríamos tener nuestra propia fogata esta noche.
Ino y yo nos miramos la una a la otra. Yo rodé los ojos mientras Ino resoplaba.
—Oh, por favor —se burló ella—. Como si necesitará a un hombre para protegerme. Soy una Valquiria, ¿recuerdas? Yo podría tomarte hacia arriba y romper tu espalda con mi rodilla, Espartano. Como si fueras una piñata
—Peculiar —dijo Sasuke sonriendo—. Me gusta.
Ella soltó un bufido. —Guarda tu encanto zalamero para Sakura. De todos modos, todos sabemos que es a ella a quien realmente estás tratando de impresionar.
¿Lo hacía?
Porque yo no había captado ese mensaje en absoluto.
Mis ojos se movieron hacia Sasuke. Algo que parecía rubor subía por el costado de su cuello, las llamas de la fogata hacían difícil asegurarlo.
Ino volvió a resoplar y fue pisando fuerte en dirección a su dormitorio, dejándonos a los dos de pie allí al lado de la luz de las llamas.
—No olvides de llamar a Shikamaru —le recordé con voz aguda—. Los dos tienen una cita mañana por la noche, ¿Recuerdas?" Ino se dio la vuelta e hizo un gesto grosero con la mano, diciéndome exactamente qué podía ir a hacerme. Pero tenía una sonrisa en su rostro mientras me lo hizo. Me encontré a mí misma devolviendo la sonrisa. Ino Yamanaka estaba bien, aunque fuera una rica, malcriada, aspirante a princesa Valquiria.
Sasuke me miró. —¿También, vas a irte pisando fuerte en la oscuridad?
—Oh no —dije, recordando la forma en la que el Merodeador había lamido sus labios y había gruñido. Otro escalofrió recorrió mi cuerpo—. Estoy más que feliz de dejarte acompañarme a mi dormitorio.
Dejamos atrás el anfiteatro y partimos al otro lado del patio inferior. Unas pocas personas se arremolinaban en torno a la fogata, pero todos los demás estaban sumidos en su mundo debajo de las mantas y nadie nos hizo caso a Sasuke y a mí.
Menos mal, ya que el Espartano estaba cubierto de sangre negra de la cabeza a los pies. Hice una mueca cuando pasamos por el fuego y vi exactamente cuánta de ella estaba sobre él. Sasuke lucia como si hubiese tomado un baño en la sangre del Merodeador.
No podía parar de preguntarme qué había hecho que me siguiera hasta la biblioteca, y muy especialmente qué lo hizo ponerse en medio del monstruo y yo. Sí, sabía que él era Espartano y matar cosas malas era básicamente lo que hacia, por lo cual estaba aquí en Konoha aprendiendo a cómo hacerlo.
Pero tenía que haber algo más que eso. Tal vez si yo hubiese sido más bonita, rica o más popular eso habría tenido sentido. Yo no era exactamente el tipo de chica que los chicos corrían a ayudar.
¿Sasuke pensaba que yo cambiaría mi forma de verlo y caería rendida a sus brazos?
Mis ojos se movieron sobre su cara y sobre su musculoso cuerpo. Bueno, de acuerdo. Eso habría tenido alguna atracción seria, si él no se viera tan repulsivo en estos momentos. De acuerdo, de acuerdo. Aún tenía un atractivo serio, incluso si estaba todo cubierto de asquerosa sangre
Sasuke me sorprendió mirándolo fijamente. —¿Qué miras , chica Gitana?
Esta vez, mis mejillas se ruborizaron. —Nada —murmuré y mire hacía otro lado.
No hablamos mientras dejábamos atrás la luz y el calor de la fogata y entrabamos a uno de los caminos empedrados que llegaban al patio inferior y llevaban a la Residencia Estigia.
—Así que —dijo finalmente Sasuke—. ¿Estás tratando de entender qué paso con Kin, eh? ¿Quién la mató y tomó el Cuenco de Lagrimas?
Me encogí de hombros. —Algo así.
—¿Por qué? —preguntó Sasuke—. ¿Por qué te importa? Como habrás probablemente adivinado, Kin no era exactamente la chica más querida en Konoha. Por supuesto, era muy popular, pero ella aterrorizó a la gente para llegar a serlo. La gente le tenía miedo y ella básicamente era una perra insensible ¿Por qué quieres averiguar que le sucedió a alguien así? Una vez más, pensé en Fuka Momose. Ella había sido muy parecida a Kin, bueno, excepto en lo de perra insensible. Fuka había sido bonita, popular y dulce, pero nadie se había enterado sobre las terribles cosas que a ella le estaban sucediendo. Incluso ahora, aún podía ver al padrastro haciendo a Fuka recostarse en su cama mientras la tocaba. Mi estomago se revolvió con el recuerdo y me estremecí y me abracé.
No podía decirle a Sasuke todo eso, por supuesto. Que de alguna extraña manera Kin me recordaba a Fuka y que quería ayudar a la Valquiria como lo había hecho con la otra chica. Era una historia demasiado larga, y esta probablemente no tendría sentido para él de todos modos. A veces mi don de Gitana y todos los flashes, sensaciones y sentimientos no tenían mucho sentido para mí. Pero mi madre siempre decía que confiara en mis instintos, y era lo que estaba haciendo.
—Porque alguien al menos debería preocuparse de lo que le paso a ella —le dije con voz tranquila—. Alguien debería lamentar que ella fuese asesinada, aunque a nadie le gustase Kin en el fondo.
—Tal vez —dijo Sasuke—. Pero Kurenai, Asuma, Kakashi y todos piensan que un Akatsuki asesino a Kin y robó el Cuenco de lagrimas. El tipo, quién quiera que sea, ya está lejos.
Me encogí de hombros. —Tal vez. Pero algo sobre todo esto no me da buenas sensaciones. Tal vez es por que mi madre era policía. Ella siempre me decía que escuchara mis instintos.
-—¿Era? —preguntó Sasuke en voz baja.
—Murió hace seis meses —le dije—, fue asesinada en un accidente de transito por culpa de un conductor ebrio. O al menos eso es lo que dijo la policía.
Mi garganta se cerró al decir las palabras y mis parpados se llenaron de lágrimas, una vez más, mi dolor, la ira y la culpa por la muerte de mi madre me rompió el corazón. Como una serpiente que aprieta más y más alrededor de su victima hasta que ha terminado completamente con su vida. Así era como me sentía, no podía respirar sin que doliera demasiado.
—Lo siento —dijo Sasuke.
Asentí con la cabeza, pero no confiaba en mí misma para hablar. Llegamos a la Residencia Ryu un par de minutos más tarde. La luz encendida sobre la puerta principal, la Residencia estaba tranquila. Todo el mundo debía de estar todavía en la fogata. Subí los escalones hacia el patio que rodeaba el dormitorio, y Sasuke me siguió.
Sasuke se acercó a mí, de manera que todo lo que podía ver, sentir y escuchar era él. El pelo negro, ojos negros, mentón cuadrado, pecho firme. Tenía el mismo aspecto de siempre, un chico malo que sabía exactamente cuán sexy era. Pero de alguna manera, Sasuke se veía más noble ahora, valiente y fuerte. Había algo más en él que su sonrisa asesina, y su encanto, que rumoreaba que podía quitarle a una chica el sostén en 5 segundos y sus bragas en diez.
Quizás era porque Sasuke me había salvado la vida esa noche. Ese tipo de cosas habría hecho a alguna chica pensar en él. O tal vez era parte de quién él era, parte de su herencia Espartana, era parte de lo que tenía que hacer para convertirse en un feroz Guerrero como obviamente debería ser.
Pensé en la forma en la que él se había enfrentado con tanta frialdad a ese Merodeador de Nemea, la manera en que había sonreído cuando luchaba contra la horrible criatura. Sasuke me hizo creer que había algún tipo de propósito en todo esto. Al menos por esta noche, de todos modos. Eso sí, la Guerra del Caos, los Akatsukis y Loki eran reales, pero había también chicos buenos como Espartanos, Amazonas y Valquirias que estaban listos para levantarse y luchar contra los tipos malos.
Fuera lo que fuese, la repentina sensación me dio un escalofrió, aún cuando el calor florecía de la boca de mi estómago como una flor abriéndose y estirándose hacia el sol. Sólo la forma en que me encontré queriendo alcanzar a Sasuke, tocarlo, no importa cuán extraño, incorrecto o estúpido podría haber sido.
—¿Te puedo preguntar algo? —dijo Sasuke, inclinando la cabeza hacia un lado mientras me miraba.
—Claro.
—¿Qué pasa contigo y todos los libros de historietas?
Era lo último que me esperaba que dijera. Parpadeé: —¿Qué?
—Los vi ese día que te estrellaste conmigo y se cayeron de tu mochila. ¿Por qué te gustan tanto? —preguntó Sasuke—. Vamos a lo que podría ser por mucho una escuela en un comic. Esta noche debería haberte probado eso. En realidad no tienes que leerlos.
—Simplemente me gustan —dije—. Los tengo desde siempre.
Era cierto. Siempre me gustaron las historias de personas con poderes asombrosos y buenos que hacían el bien, frustrando siempre los planes de los malos hasta el último segundo posible. Pero últimamente había estado leyendo cada vez más de ellos, enterrándome en las páginas vistosas como si leyendo sobre los hechos heroicos de ellos cambiara Mágicamente todo a mí alrededor. Como si ellos de algún modo hicieran mi vida mejor o aplazaran todo lo que había sido mi vida antes de que mamá muriera.
—Yo supongo... que he estado leyendo más desde el accidente de mi madre —le dije tratando de encontrar las palabras adecuadas—. Supongo… que porque nadie muere realmente en un cómic, ni siquiera el tipo malo. Al menos no por mucho tiempo. Supongo… que sigo esperando que un día, mamá se ponga en manifiesto como lo hacen los personajes del cómic. Que ella va a estar bien y que todo esto sólo ha sido un mal sueño. Que ha sido atrapada en otra dimensión y que la persona que realmente fue asesinada era su clon maligno o algo así. Que ella me va a llevar lejos de Konoha y que las cosas volverán a ser como solían ser. Bastante estúpido ¿cierto? Parpadeé dos o tres veces y rasque mi nariz como si picara, aún cuando realmente trataba de mantener las lágrimas en mis ojos, no quería llorar enfrente del él.
Sasuke me miró. —No creo que sea estúpido en absoluto, Sakura.
Algo de la emoción atascó mi garganta disminuyó, y sonreí.
—¿Qué?
—Ya sabes, ¿creo que es la primera vez que has dicho mi nombre? Siempre soy la chica Gitana para ti y para todos los demás.
Sasuke se movió más cerca de mí. —¿De verdad? Entonces, tendré que decirlo otra vez. Sakura —susurró él—. Sakura.
Miré a sus ojos onix, fascinada por la repentina suavidad que vi allí, incluso cuando la cabeza de Sasuke descendió. Pero entonces mi cerebro pateó dentro y me di cuenta que él repentinamente iba a besarme, y exactamente lo que ocurriría en el momento que sus labios tocaran los míos.
—¡No! ¡No lo hagas! ¡Para! —Me alejé de él, casi cayendo de los escalones del dormitorio en el proceso.
Sasuke frunció el ceño, y algo como dolor parpadeó en sus ojos.
—No es que no quiera hacerlo… quiero decir, lo hago… realmente lo hago… es solo que... mi don — terminé en una voz totalmente débil poco convincente.
Él siguió mirándome.
—Mi don Gitano, —dije, intentando explicarme—. Mi Magia Psicométrica. Cuando yo... toco a alguien, consigo destellos de él. Sentimientos e imágenes. Como el avance de una película de su vida. O al menos es lo que él está pensando en ese momento en particular. Realmente depende de la persona.
La suavidad en los ojos de Sasuke desapareció, y su mirada de repente era muy fría una vez más, su cara más dura que cualquier estatua de mármol en la Biblioteca de Antigüedades.
—Y no quieres ver los míos —dijo él en un tono llano—, por quién soy y lo que soy. Porque soy Espartano.
Él dijo "Espartano" como si fuera alguna palabra sucia o algo terrible. No sabía todos los pros y contras de Konoha, pero sabía que muchos de los otros estudiantes tenían miedo de Sasuke y a los otros chicos les gustaba. Porque eran Espartanos, porque eran muy buenos luchadores, porque eran tan fieros, tan fuertes, y tan llenos de vida. Y ahora él pensaba que yo tenía miedo de él, también, que ni siquiera quería tocarle, mucho menos dejarle que me besara.
—¡No! ¡No! Eso no es así. No sabía si tú... querías que viera... todas esas cosas sobre ti —terminé en la misma voz débil y poco convincente—. Algunas personas no lo desean.
Ellos no quieren que conozca sus secretos. Eso es lo que quería decirle. Quizás eso era lo que debería haberle dicho.
O quizá debería salir de allí y admitir el hecho de que era una total perdedora cretina que sólo besaría a un chico en su vida. Y sólo un par de veces, con la acción de una lengua muy pequeña involucrada. Que estuviera preocupada por mi falta de experiencia se mostraría muy obviamente y no superaría la media de Sasuke. Que no fuera capaz de devolverle el beso como él quería que hiciera… como yo quería y deseaba. Que no le quisiera para reírme o para divertirme. Y más especialmente, que estuviera empezando a gustarle de esa manera, de la manera que yo debería, dado el hecho de que él era quien era y yo era quien era. Sólo Sakura Haruno, esa chica Gitana que veía cosas, y nadie especial, emocionante, o particularmente interesante.
Sasuke seguía mirándome, la misma fría expresión en sus ojos. Él no se movió para intentar besarme otra vez. El momento, cualquiera que fuera el momento que había sido entre nosotros, había pasado oficialmente. Hechizo, roto. Destrozado era mejor. Por mí y mi pérdida de estribos por mi estúpido don Gitano y lo que podría ver y sentir si le besaba.
—Bien —dije en una voz torpe, cambiando de un pie a otro—. Creo que debería ir dentro ahora. Hace, umm, frío aquí fuera.
—Sí —dijo Sasuke—. Frío.
Le miré otra vez, preguntándome lo que podía hacer para mejorar las cosas entre nosotros. Habíamos estado al borde de... algo, algo bonito, pensé. Pero lo había arruinado, y no tenía ni idea de cómo corregirlo.
—Así que, gracias, por, umm, salvar mi vida esta noche.
—Sí —dijo él otra vez en esa fría y dura voz—. Buenas noches, chica Gitana.
Sasuke se giró, bajó los escalones, y desapareció en la oscuridad. No miró atrás.
—Buenas noches, Sasuke —susurré, incluso aunque sabía que él no podía oírme o ver las lágrimas en mis ojos.
Sintiéndome como una estúpida, una perdedora estúpida, subí las escaleras con dificultad hacia mi dormitorio, tomé una ducha, y me preparé para la cama. Quizá fue el hecho de que casi había sido comida por un lindo gatito asesino o quizás era mi casi beso con Sasuke, pero no pude dormir.
Pero ni siquiera podía estar tumbada en la cama, mirando el puntiagudo techo, o hacer algo. Al menos, no sin volver a la escena con Sasuke en mi mente una y otra vez. Gracias a mi Psicometría, podía recordar con claro cristal, el detalle humillante de cómo había perdido los estribos cuando él había comenzado a besarme. Tendría suerte si él me volvía hablar.
Tenía que hacer algo para mantener mi mente lejos de eso, así que agarré el último Pedazo de pastel de chocolate de la Abuela Chiyo de la nevera, encendí el portátil de Kin, y otra vez navegué a través de los expedientes del ordenador que Ino había desbloqueado para mí. Pero no encontré nada más que me dijera lo que estaba pasando, cuán profundos, oscuros secretos Kin podría haber tenido, o quién la había matado.
Metí otro trozo de pastel de chocolate en mi boca. Pensando. Quizá todos los demás tenían razón. Quizás un Akatsuki había estado en la biblioteca para robar el Cuenco de Lágrimas después de todo. Quizás él había asesinado a Kin simplemente porque ella había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado.
Pensando en la biblioteca y en el Cuenco me hizo recordar el libro de Mitología que había tomado del dormitorio de Kin. Mis ojos violetas revolotearon sobre el espeso volumen, el cual estaba en el borde de mi escritorio. Era lo único que había robado de la habitación de la Valquiria que aún no había mirado.
Con cuidado, toqué el libro, mis dedos rozaron la superficie, por si acaso conseguía otro destello enfadado lleno de odio como el que había tenido de la fotografía de Tayuya y Sakon. No quería comenzar a murmurarme a mí misma otra vez, o peor, comenzar a gritar tan alto que alguien viniera a mi dormitorio para ver a la chica Gitana tener otra reacción mental. Una había sido suficiente.
Ninguna emoción real me barrió cuando toqué el libro, solo el sentimiento de un viejo conocimiento y la suave, buena impresión de cientos de manos girando y girando y girando las páginas hasta que encontraban la información que estaban buscando. No podía decir exactamente cuán viejo era el libro, pero había estaba alrededor bastante tiempo.
Tiré sobre la sección que Kin había marcado. Para mi sorpresa, era el principio de un capítulo entero que trataba del Cuenco de Lágrimas de Loki. Me moví sobre mi cama, apoyando algunas almohadas detrás de mi espalda, y comencé a leer.
El cuenco de Lágrimas era lo que la Esposa de Loki, Sigyn, usaba para evitar que el veneno de la serpiente goterea en la una vez apuesta cara del Dios encadenado...
Blah, blah, blah. Los siguientes párrafos eran bastante de lo mismo que la Profesora Kurenai nos había resumido en clase de Historia de la mitología, así que lo leí por encima. Las cosas se ponían un poco más interesantes después de eso, porque el libro comenzaba a mencionar un montón de cosas que Kurenai había dejado fuera, por alguna razón.
El Cuenco de Lágrimas se rumora que es uno de los Trece Artefactos, los Artículos Mágicos que fueron presentados y usados durante la batalla final de la Guerra del Caos en la cual la Diosa Nike derrotó a Loki. Seis de los Artefactos pertenecían a los miembros del Panteón, mientras que los otros seis pertenecían a Loki y a sus Akatsukis, aunque los estudiosos discrepan sobre lo que los Artefactos eran y de qué lado se utilizaron. Había también un Artefacto final, el trece, que se rumoreaba tener inclinación en la escala a favor a Nike, pero no hay conocimiento de lo que era, cómo era usado, o qué fue de él...
Después de eso, los siguientes párrafos trataban de varios Artefactos, incluyendo lo que podría ser y qué poderes podría tener. Una Lanza, un Escudo, un Cuenco y un Carcaj de flechas, un Tambor... era una lista bastante larga. Por otro lado muchos de los temas estaban en museos, bibliotecas, o universidades donde se localizaban, y más de unos pocos estaban aquí en la Biblioteca de Antigüedades. Caray. Era como la lista de la compra para chicos malos. "Ven aquí y roba esto" —introduzca risa malvada— "Gua-ja-ja".
Sacudí la cabeza y salté a la sección que hablaba sobre le Cuenco de Lágrimas.
Después de que él dirigiera una trampa a su esposa, Sigyn, ayudándole a escapar de sus Cadenas, Loki mantuvo el Cuenco de Lágrimas y lo empapó con su propia Magia Divina, convirtiéndolo en un Artefacto poderoso. Se rumoraba que Loki usaba el Cuenco para doblegar a la gente a su voluntad. Una vez que la sangre de la persona goteaba en el Cuenco el Dios —o quien tuviera el Cuenco en ese momento— tendría completo control sobre él o ella. También se rumoraba que los seguidores de Loki de buena gana derramaban su propia sangre en el Cuenco y que el Dios entonces les garantizaba favores especiales y poderes para agradecer su lealtad.
Los Akatsukis también eran conocidos por usar el Cuenco cuando sacrificaban personas al Dios, lo cual transfería los poderes de las víctimas y la fuerza vital a Loki. Algunos creen que el Artefacto podía ser usado para ayudar a liberar al Dios de su actual prisión y permitirle acercarse al Reino Mortal, donde podría ejercer su Caótica influencia una vez más...
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Espero que les haya gustado el capi.
