Hola a todos los lectores, esta es una adaptacion de la saga Mythos Academy de la autora Jennefer Estep, los personajes de naruto No me pertenecen.
Disfruten el capi.
¿Creando Lazos?
Así que el Cuenco de Lágrimas tenía el poder de permitir a la persona que lo estaba sujetando de doblegar a alguien más a su voluntad. Sí, ya sabes, él no iba a seguir y sacrificar a esa persona a Loki en primer lugar. Me estremecí. Espeluznante. El Entrenador Asuma y Kakashi habían dicho que los Akatsukis adorarían poner sus manos en el Cuenco. Ahora comprendía por qué. Quien tuviera el Cuenco tendría mucho poder.
Aún así, me preguntaba por qué la persona que había tomado el Cuenco había matado a Kin, y no a mí. Porque yo había estado allí, también. Golpeada inconsciente y tumbada en el suelo de la biblioteca justo al lado de la Valquiria muerta. Había estado completamente indefensa. Así que ¿por qué matar a Kin y dejarme atrás… viva?
Oh, sabía que no era ninguna amenaza real. No físicamente o Mágicamente, y muy especialmente no en un lugar como Konoha Gakuren, donde todos los otros estudiantes sabían cómo tirar espadas y disparar flechas a través de los corazones de las personas. Pero no tenía sentido. Si hubiera ido para robar un Artefacto inestimable de la Biblioteca de Antigüedades, si sabía lo suficiente para como ser capaz de golpear el sistema de seguridad Mágico de Kakashi y sacar el Cuenco de la biblioteca, entonces creo que sería bastante inteligente y no dejaría ningún testigo detrás.
No comprendía por qué. Por qué Kin había sido asesinada, por qué mamá había sido golpeada por ese conductor borracho, por qué el padrastro de Fuka había abusado de ella, por qué estaba aquí en la Academia Konoha cuando no era para nada como los otros estudiantes.
Cuando no tenía ninguno de sus poderes, Magia, o habilidades de Guerrero.
Pero no había respuestas para encontrar en el libro de Mitología o incluso en mis propios pensamientos problemáticos. Así que cerré el espeso libro, lo puse en mi mesilla de noche, y me arrastré debajo de mi suave edredón. Pero pasaría mucho, mucho tiempo antes de que fuera capaz de poner mis preguntas a un lado y cayera dormida.
El día siguiente fue muy aburrido. Mis clases pasaron, y yo era tan invisible como siempre a los ojos de los otros estudiantes. De lo único que hablaban era de quiénes se habían besado y separado en la fogata de ayer, y cómo todo eso iba a afectar el baile de bienvenida esta noche. Incluso los Profesores parecían haber renunciado a conseguir la atención de los estudiantes para hacer algún trabajo, porque todas mis clases de la mañana se convirtieron en períodos de estudio.
Realmente, aunque, todos estaban curioseando de una manera furiosa acerca de las festividades del baile de bienvenida. ¿Quién iba a ir con quién? ¿Qué vestido de diseñador iba a usar cada uno y cuánto costaba? ¿Qué dormitorio iba a tener la mejor after-party y la mayor cantidad de barriles de cerveza? Bastantes similares a las mismas conversaciones que los chicos tendrían en mi vieja escuela. Excepto, que quizás hubiera ido, en lugar de quedarme en mi habitación durante toda la noche fingiendo que me gustaba estar ahí.
En cierto modo, sin embargo, me alegré de que no ir al baile. Porque mezclarme en el debate acerca de las nuevas parejas y rupturas en susurros eran otro ritual. Al parecer todos los años anteriores antes del baile de bienvenida los Profesores y estudiantes de Konoha Gakuren daban gracias a los Dioses por velar por ellos por una temporada más, algo así como una celebración de la cosecha. Me estremecí, pensando en la escena que había presenciado en la fogata la otra noche, las llamaradas plateadas y la antigua y vieja fuerza que agitó el aire alrededor de ellos. Había llegado al límite de mi palabrería Mágica para toda la semana y no tenía deseo de ver más.
Todo el mundo estaba tan entusiasmado con la danza que casi no hubo mención de Kin Umino. Sólo un par de días habían pasado desde que había sido asesinada, y era como si nunca hubiera pasado. Todos los demás parecían haber olvidado a la Valquiria, a pesar de que había sido la chica más popular de nuestra clase.
Me enojó y me puso triste al mismo tiempo.
Sobre todo porque parecía que no podía renunciar a ella. Todavía no podía olvidar ver a Kin esa noche, sus muertos ojos azules mirándome como si quisiera que la ayudase. Todavía no podía olvidar el hecho de que yo debía haber estado tirada en un charco de sangre.
La hora del almuerzo, llegó. Tomé mi habitual ensalada de pollo asado, junto con una botella de de jugo de manzana y un trozo de torta de queso con cubierta de chocolate y un toque de lima que era pequeño.
En serio. La pálida, y plateada crema no era siquiera de ancho como mis dos dedos juntos. Cargué todo en la bandeja de vidrio transparente y me retiré a una mesa vacía, en la esquina más remota y tranquila del comedor que había podido encontrar.
Ignoré la ensalada y todos sus elaborados cortes de verduras, abrí el dulce jugo de tarta de manzana y tomé la mitad de un trago. No es difícil, ya que las porciones de bebidas eran casi tan miserables como la de los postres. Miré el envase de plástico, deseando haber tomado dos jugos como hubiera querido realmente en lugar de sólo uno.
Una bandeja cayó frente de mí, haciendo que me sacudiera en sorpresa y casi dejando caer mi juego en el suelo.
Ino Yamanaka tiró su enorme bolso sobre la mesa. Su mochila cubriendo el libro de Mitología de Kin, que había estado pensando en leer un poco más durante el almuerzo. Pero eso no fue lo más extraño que Ino hizo. De hecho, ella se sentó en mi mesa.
Al igual, como si fuéramos "amigas" o algo así.
Miré a la Valquiria, preguntándome si de alguna manera había sido poseída o algo así. Si alguien había derramado unas gotas de sangre en el Cuenco de Lágrimas de Loki y la había hecho una esclava.
—Entonces —dijo la Valquiria, abriendo la tapa de su Perrier —. Aquí es donde comes el almuerzo. Bien al fondo. ¿Qué eres? ¿Un vampiro que le tiene miedo a la luz del sol o algo parecido? ¿Vampiros? ¿Eran los vampiros reales, también? Me pregunté, pero no quería parecer estúpida y preguntar especialmente porque no sabía lo que Ino estaba haciendo aquí, en primer lugar.
—Sí —dije con voz sigilosa—. Me atrapaste. Tengo una cosa por los super-héroes del pasado, así que me siento acá atrás para mantener a los paparrazzi y fans rabiosos a raya.
Ino me miró. Después de un momento, los labios brillantes de color rosa de la Valquiria se arrugaron en una sonrisa. —Tienes un extraño sentido del humor. Los super-héroes están terminados.
—Sí, pero los actores que los interpretan en las películas siguen siendo muy ricos. Creo que van a superar la angustia de perder tu aprobación.
Ino resopló una carcajada, y luego cogió su tenedor y comenzó a apuñalar su berenjena con parmesano hasta la muerte. Esperé un minuto, y luego miré a mí alrededor en el comedor, preguntándome si se trataba de algún tipo de broma. Pero no vi a nadie mirando en mi dirección y riéndose detrás de sus manos.
Lo que vi fue a Karin y un par de las otras Valquirias princesas sentadas en la mesa de siempre, concentradas en sus chismes de la hora del almuerzo y comiéndose con los ojos a cada chico lindo que pasaba por allí. Pero Ino no miró a sus amigas, y ellas no parecían darse cuenta de que estaba sentada en la esquina conmigo.
—¿En realidad vas a… vas a comer el almuerzo conmigo? —Le pregunté.
—No —dijo Ino, rompiendo una barrita de pan de manteca por la mitad y dejando caer la picante salsa marina en el plato—. Soy un producto de tu imaginación. Sólo estás imaginando que estoy aquí sentada comiendo contigo. Porque soy tan malditamente maravillosa que la gente sueña despierta sobre estar viéndome.
—Gracioso —murmuré.
La Valquiria me sonrió y dio un mordisco a su barrita de pan.
—¿Pero por qué? —pregunté—. Tú me odias.
Ino masticó y tragó. —No diría que te odio, exactamente. Eres algo así como los hongos, Sakura. Después de un tiempo, comienzas a crecer en la gente.
—Así que estoy mohosa. Maravilloso. ¿Por qué no te frotas y te vas a sentar con tus amigas Valquirias como de costumbre?
—Porque —dijo Ino, dejando caer sus ojos azules a su ensalada Caesar—. La otra noche cuando no estabas mirando, envié todos los correos electrónicos de Kin a mi cuenta. Y me encontré con algunas cosas allí que no me gustaron… cosas acerca de mí.
—¿Cómo qué?
Ino suspiró y empujó lejos a su ensalada, como si hubiera perdido su apetito. —Como el hecho de que Kin y Karin se burlaban de mí a mis espaldas. Ellas sabían de mi enamoramiento por Shikamaru, y pensaron que estaba histérica. Y eso era una de las cosas más bonitas que dijeron de mí. Y no fueron sólo ellas. Ayame, Ami, Amina… todas ella intercambiaban correos acerca de mí y de las demás. Parece que a ninguna de nosotras le gusta la otra.
—¿Y? —pregunté—. ¿No es eso lo que hacen las chicas malas? Quiero decir, las Valquirias son las reinas de Konoha Gakuren. Ustedes hacen que los chicos se vieran mansos. ¿No es eso de ir con el territorio?
—Quizá —Ino se encogió de hombros—. Pero estoy cansada de eso. He conocido a las chicas desde el primer grado, y ellas se vuelven más estúpidas y superficiales cada año. Creo que es hora de hacer algunos amigos nuevos.
Ella contuvo el aliento y me miró. —Hiciste algo realmente bueno por mí, la noche anterior, enganchándome con Shikamaru. No sé por qué estaba tan asustada de lo que el mundo iba a pensar de él y de mí, pero ya no lo estoy. Y no voy a olvidar lo que hiciste por mí, Sakura.
—¿Así que decidiste que yo lo soy, entonces? —pregunté—. ¿Que soy tu nueva mejor amiga? ¿De la noche a la mañana? ¿Así nada más?
Por primera vez, duda brilló en los ojos azules de Ino. —Oye, si te quieres sentar aquí en la esquina por ti misma y protestar de cómo no tienes amigos, me parece bien. Sólo estaba tratando de ser agradable.
Tomó su bandeja y empezó a pararse, pero levanté las manos en un gesto conciliador.
—No, no, no —dije—. Espera, vuelve a sentarte. Me encantaría algo de compañía. Por favor. Quédate.
Ino me miró un minuto, y luego se hundió de nuevo en su silla. Caray. La Valquiria era un poco volátil. Tendría que recordar eso, no provocar a Ino, o ella te arrancaría el corazón de tu pecho. La Valquiria resonaba sus uñas en el tenedor, y chispas de color morado brillaban y revoloteaban en el aire de la forma que siempre hacían cuando sus dedos raspaban contra algo.
—¿Por qué tus dedos hacen eso? —pregunté—. ¿Por qué todas las chispas moradas por todos lados?
Ino se encogió de hombros. —Es una cosa de Valquirias. Es sólo parte de nuestra Magia.
—¿Magia? ¿Qué tipo de Magia?
—Tú sabes que las Valquirias son fuertes, ¿verdad?
Asentí con la cabeza. Fuerte era una especie de subestimación cuando podías girar la cabeza de un tipo con tus manos desnudas.
—Bueno, las Valquirias tienen otra Magia, también, otro poder o habilidad que es especial. Por lo general, las Valquirias, no entran en contacto con su poder, o lo que sea, hasta que tienen por lo menos dieciséis o diecisiete años. Mi Magia no se ha acelerado todavía, así que no sé qué tipo voy a tener. Sin embargo, algunas Valquirias son sanadoras, mientras que otras tienen los sentidos mejorados. Algunas pueden hacer hechizos y hacer que sucedan cosas, mientras que otras pueden controlar el clima o crear fuego con sus manos desnudas. Algunas Valquirias pueden incluso crear ilusiones.
Algo se agitó en el fondo de mi mente.
—¿Ilusiones? ¿Qué tipo de ilusiones?
Ino se encogió de hombros otra vez. —Toda clase de ellas. Piensa en ello de esta manera, tú tocas y ves cosas, ¿verdad? Bueno, cuando toco cosas, las chispas de Magia vuelan de los extremos de las yemas de mis dedos. Es sólo una cosa que las Valquirias hacen. Las chispas son sólo pequeños destellos de color, pequeños pulsos de luz, y se desvanecen casi de inmediato, más o menos como los arco iris lo hacen.
Ellas en realidad no te pueden hacer daño o nada. Básicamente, mis dedos son como una especie de luces de bengalas en el cuatro de julio.
Bueno, así que era un capricho Mitológico o algo así. Al igual que Sasuke Uchiha al ser un Espartano, recoge cualquier tipo de arma, y de forma automática sabe cómo matar la gente con ella. Pero había una cosa más de la que tenía curiosidad por saber.
—¿Por qué morado? —pregunté, pensando en las chispas verdes que había visto disparar a Karin cuando ella y Suigetsu habían tenido su pequeña tarde de deleite en el patio de ayer—. ¿Por qué no azul o plateada, o de algún otro color? Morado parece un poco raro. Más o menos... Maculino.
—Tiene que ver con nuestras auras —dijo Ino—. El color de las chispas está ligado a nuestras emociones y personalidades. Y cuanto más emocionales o molestos nos ponemos, más chispas ves.
Levanté mis cejas, preguntándome qué clase de persona tenía un aura rosado claro. Ino vio la pregunta en mis ojos.
—Me gusta el Morado —dijo en un tono defensivo—. Creo que es genial.
—Claro, claro que lo es —estuve de acuerdo con voz apresurada.
Ugh.
Todo lo demás que dije parecía ofender a la Valquiria. Había pasado tanto tiempo desde que había tenido una amiga, o incluso desde que había tenido una larga conversación con cualquier persona además de la Abuela Chiyo, que ya no estaba segura de cómo actuar. Claro, había tenido amigos en mi vieja escuela, pero los había apartado después de la muerte de mi madre. No había oído hablar de ninguno de ellos desde que había empezado a ir a Konoha, y ninguno de ellos había intentado ponerse en contacto conmigo. Todos nosotros simplemente habíamos continuado con nuestras vidas.
Tal vez me sentía tan incómoda porque me preocupaba que se hicieran amigos de manera diferente en la Academia, ya que todo lo demás parecía ser tan retorcido y al revés. Quiero decir, Ino no querría que bebiera su sangre ni nada así, ¿verdad? Porque de ninguna manera iba a hacerlo. Amiga potencial o no.
Las cosas se pusieron un poco mejor después de eso, sobre todo porque le pregunte a Ino sobre Shikamaru y de qué habían hablado por teléfono anoche. La bonita cara de la Valquiria cobró un suave resplandor, y más chispas Moradas parpadearon alrededor de las puntas de sus dedos. Ella estaba totalmente perdida, en lo que se refería a Shikamaru, y ya no parecía tener miedo de admitirlo. Por otra parte, estaba almorzando conmigo, la chica Gitana que era la mayor marginada de la Academia. Una cita con un Holgazán como Shikamaru sería un paso social definitivo hacia arriba después de ser vista conmigo.
—En realidad, vine aquí para preguntarte algo —dijo Ino, una nota tímida arrastrándose en su voz—. Me preguntaba si, eh, te gustaría venir a mi habitación antes del baile de bienvenida de esta noche. Me compré un vestido, sólo en caso de que Shikamaru o alguien más me invitara, pero no se lo he mostrado a nadie.
Sus palabras me hicieron retroceder a la última vez que había hecho algo así. Algo tan... normal. Algo tan... divertido.
Había sido varias semanas antes del baile de segundo año de mi vieja escuela, y días antes de que hubiera descubierto el secreto de Fuka. Acababa de romper con Shun , mi ex-novio de tres semanas completas, pero todavía estaba pensando en ir a la fiesta, sobre todo porque mi madre, Tsunade, y yo habíamos pasado semanas de compras en busca del vestido perfecto y los zapatos. Finalmente habíamos encontrado ambos en esta pequeña tienda apartada en un centro comercial en decadencia, incluyendo un vestido negro que mamá afirmó que era del color exacto que combinaría con mis ojos.
Lo habíamos traído a casa un sábado, y ella había muerto el viernes siguiente, seis días después. Por supuesto que no había ido a la fiesta después de eso. Pero por alguna razón, había decidido no devolver el vestido. De hecho, estaba colgado en el fondo de mi armario en mi dormitorio…
—¿Estás bien? —preguntó Ino, cortando mis recuerdos—. Parece como si estuvieras a punto de llorar o algo así.
—Estoy bien —le dije, apartando el recuerdo.
La Valquiria se quedó mirándome, y busqué una explicación.
—Estaba pensando en mamá —le dije en voz baja—. En la primavera, pocos días antes de su muerte, me llevó a comprar un vestido de fiesta.
—Oh. Oh. —Ino captó justo la parte de la mamá muerta, y no dijo nada por un momento—. Si prefieres decir que no, entiendo…
—No —dije rápidamente—. No, estoy bien. Me encantaría ayudarte a prepararte para tu gran cita con Shikamaru. ¿A qué hora quieres que venga?
Ino y yo hicimos planes para reunirnos más tarde en su habitación después de que trabajara mi turno en la biblioteca. Sonó la campana, señalando el final de la hora del almuerzo, y ambas fuimos por caminos separados. Y me di cuenta de que hoy era la primera vez que no había tenido que almorzar o cenar sola desde que había estado en Konoha. Era agradable tener a alguien con quien sentarse, tener a alguien con quien hablar. Me había olvidado lo mucho que había extrañado eso. Bueno, tal vez no lo había olvidado. Tal vez simplemente no había querido recordarlo, ya que habría hecho mi soledad mucho más dolorosa.
Por desgracia, mi buen estado de ánimo no era contagioso, sobre todo cuando se trataba de mis Profesores, y el resto del día no fue tan bueno. Finalmente, sin embargo, la última campana del día sonó al final de mi clase de Historia de la Mitología del sexto periodo. Empaqué mis cosas lo más rápido que pude. Quería escaparme de la escuela e ir a ver a la Abuela Chiyo antes de que tuviera tener que reportarme con Kakashi en la biblioteca. A pesar de que absolutamente nadie iba a hacer algo tan aburrido como la tarea esta noche, seguía haciéndome ir a trabajar en mi turno habitual del viernes antes de que la biblioteca cerrara temprano a causa del baile.
—¿Vas a ir al baile de bienvenida, Saku? —me pregunto Shikamaru mientras metía sus propios libros en su maletín.
—No —dije—. Pero voy a ayudar a Ino a prepararse. Así que ya sabes que va a lucir fabulosa para ti.
Shikamaru sonrió, y me encontré a mí misma devolviéndole la sonrisa al Holgazán. Tal vez esta cosa de hacer amigos no era tan difícil después de todo.
Salí del edificio de Inglés-Historia y crucé el patio. Hoy, en lugar de estar alrededor hablando o enviando mensajes, casi todo el mundo se apresuraba por el camino, para asegurarse de que tenían todo lo necesario para esta noche, vestidos, esmoquin, barriles, preservativos y todo.
Nadie me prestó atención, y tuve la oportunidad de pasearme hacia la puerta principal sin ser detectada. Me detuve justo dentro de las negras barras de hierro y me quedé mirando las dos Esfinges a ambos lados de la entrada. La Profesora Kurenai me había dicho que Ebisu iba a poner Magia extra, salas adicionales o lo que sea, en la puerta cerrada para impedir que otro Akatsuki entrara a escondidas en el campus. Tal vez fuera mi imaginación, pero parecía como que los rasgos de las Esfinges fueran aún más fuertes y duros ahora de lo que habían sido la última vez que había estado en la puerta. Sus ojos se redujeron a cortes, y los bordes de las uñas brillaban en el sol de la tarde, como si estuvieran a medio segundo de brotar de la piedra y se abalanzarse sobre quien sea que tratara de deslizarse más allá de ellas.
Por un momento pensé en regresar, pero habían pasado un par de días desde que había visto a la Abuela Chiyo. Estaría esperando que fuera, y la extrañaba. Ella era todo lo que me quedaba ahora, y quería verla. Valió la pena el riesgo de tropezar con cualquiera que se la alarma Mágica que Kakashi había puesto en la entrada. Además, las Esfinges probablemente no me matarían, ¿cierto?
Me acerqué de puntillas hasta la puerta, tome una respiración, miré hacia los lados, y me deslicé a través de los negros barrotes de hierro.
No pasó nada.
Ninguna alarma sonó, y las Esfinges no saltaron hacia abajo y me volvieron pedazos, si es que podían hacer eso en primer lugar. Al parecer, Ebisu sólo había fortalecido los hechizos para mantener a los Akatsukis fuera de la Academia, no había creado una nueva para mantener a los estudiantes en su interior. Como todos los demás, el bibliotecario pensaba que la amenaza estaba fuera de las paredes de la Academia, no en el interior. Sin embargo, yo estaba feliz por su descuido, y me apresuré a cruzar la calle y montarme en el autobús. Veinte minutos más tarde, estaba subiendo las escaleras de la casa de la Abuela de Chiyo. Usé mi llave para permitirme entrar.
Pero por una vez, la Abuela Chiyo no estaba ocupada dando una lectura Psíquica en la otra habitación. En su lugar, la encontré en la cocina, con sus paredes brillantes azul cielo y baldosas blancas.
—Mmm. ¿Qué huele tan bien? —le pregunté, lanzando mi bolsa de viaje sobre la mesa.
La Abuela cogió un paño de cocina del mostrador, metió la mano en el horno, y sacó una bandeja para hornear llena de galletas hechas en casa de almendras azucaradas. Aspiré, el cálido olor de mantequilla derretida, masa pegajosa, y azúcar cristalizado haciendo mi boca agua y a mi estómago rugir. Nadie horneaba tan bien como la Abuela Chiyo lo hacía. Los cocineros de postres en Konoha sin duda podrían aprender una cosa o dos de ella.
La Abuela deslizó tres galletas en un plato y me las entregó, junto con un vaso de leche fría. Sus pañuelos de colores habituales revoloteaban alrededor de su cuerpo, las monedas de plata en los extremos tintineando.
Mis ojos entrecerrados. —Sabías que iba a venir hoy.
La Abuela sonrió con su misteriosa sonrisa Gitana, la que utilizaba en todos sus clientes. —Soy una Psíquica, cariño. Es muy útil en ocasiones. Sobre todo cuando quiero hornearle unas galletas a mi nieta.
La Abuela tomó un par de galletas calientes para ella, junto con otro vaso de leche, y las dos nos sentamos a la mesa de la cocina para comer. No hablamos mucho al principio, ambas demasiado ocupadas llenando nuestras bocas con los dulces regalos como para preocuparnos de la conversación. Pero, finalmente, las galletas y la leche desaparecieron y la Abuela me miró fijamente.
—¿No hay un gran baile en la Academia esta noche? —preguntó ella—. ¿Algo lujoso y formal?
Yo parpadeé. —¿Cómo sabes eso? ¿Tuviste una visión de mí con un vestido o algo así?
—Por supuesto que no. He leído sobre eso en ese periódico electrónico que tu Profesora Kurenai envía todas las semanas. —La Abuela me dio una mirada de reojo—. En realidad, recibí dos cartas esta semana. El regular sobre el baile y el menú de la cafetería y todo eso. El otro era un poco más grave, era todo sobre el asesinato de esa pobre chica.
Oh-oh.
Yo no había planeado decirle a la Abuela Chiyo sobre Kin Umino, porque no quería preocuparla, pero la Abuela era demasiado inteligente para mí. Ella siempre lo fue. Yo nunca había sido capaz de averiguar si se debía a que era Psíquica o simplemente me conocía muy bien. No tenía sentido mentirle, así que solté un suspiro y le dijo todo sobre la noche en la biblioteca y todo lo que había descubierto acerca de Kin desde entonces.
—Sé que todos los Profesores piensan que fue algún matón Akatsuki detrás del Cuenco de lágrimas —dije, terminando mi historia—. Pero tengo esta extraña sensación de que hay algo más en juego. Algo que todos estamos pasando por alto. Algo obvio. Mamá siempre me dijo que confiara en mis sentimientos, mis instintos, pero estoy empezando a preguntarme si estaba equivocada acerca de eso.
La Abuela me miró, una extraña luz parpadeó en sus ojos esmeralda. No era la mirada que ella siempre daba cuando estaba viendo una visión del futuro. No, esta era algo diferente. Como si hubiera dicho algo para molestarla. Supuse que solo estaba asustada por el asesinato de Kin. Quiero decir, ¿quién querría que su única nieta fuera a la escuela, donde una estudiante había conseguido que cortaran su cuello?
—¿Estás bien, Abuela?
Ella sacudió la cabeza, y la luz en los ojos desapareció. —Estoy bien. Sólo preocupada por ti es todo. Odio que tengas que ir a esa escuela en primer lugar.
Dudé. —¿Por qué tengo que ir a Konoha? Te lo he preguntado antes, pero en verdad, nunca me lo explicaste.
La Abuela suspiró. —Debido a que finalmente llegó la hora para que aprendas cómo usar tu don Gitano, Sakura. Algo que harás yendo a Konoha Gakuren.
—Pero yo sé cómo usar mi Magia de Psicometría ya. Siempre lo he hecho. No veo como si ir a Konoha cambiara algo.
Ella sacudió la cabeza. —Puede no tener sentido ahora, pero lo tendrá algún día. Confía en mí, cerezo, ¿de acuerdo?
Yo confiaba en ella, más que nada, pero también quería respuestas, respuestas acerca de por qué mi vida había tenido que cambiar tanto. Por qué todo el mundo en Mitos creía en cosas en las que yo no. Y muy especialmente, porque la Profesora Kurenai y la Abuela Chiyo pensaban que yo pertenecía a ese lugar en primer lugar.
Pensé en presionar a mi Abuela por respuestas, pero se veía tan vieja en ese momento, tan triste y cansada, como si hubiera usado toda la vida que estaba dentro de ella y no fuera más que un caparazón hueco. Y yo no podía hacerlo, no ahora. O tal vez era porque parte de mí tenía miedo de cuáles podían ser las respuestas. Conocer los secretos de otras personas me hacía sentir inteligente. Darme cuenta de que podía haber secretos que me involucraban me ponía nerviosa. Sí, podía ser una hipócrita total algunas veces.
Yo no sé por qué la Abuela estaba guardando secretos de mí, pero ella me amaba y yo la amaba. Siempre habíamos sido mamá, yo y la Abuela Chiyo. Mi padre había muerto incluso antes de que pudiera empezar a recordarlo, y no teníamos ninguna otra familia que yo supiera. Con mamá muerta, la Abuela era todo lo que yo tenía. Yo no quería pelear con la Abuela, nunca.
Sobre todo, no por algo tan estúpido como la Academia Konoha.
—De todos modos, no creo que deberías estar preocupada —dije, cambiando de tema y tratando de tranquilizarla al mismo tiempo—. La Profesora Kurenai y los otros aumentaron la seguridad Mágica en el campus. Además, quien mató a Kin, probablemente, está bien lejos, a pesar de lo que pienso. Nadie más ha sido herido, por lo que yo sé, y nada más ha sido robado de la biblioteca.
No mencioné lo que había ocurrido fuera de la biblioteca anoche. No era como que la estatua caída había sido dirigida a mí, ni nada. Incluso, si tal vez, yo no pudiera decir lo mismo acerca del Merodeador de Nemea. Pero eso estaba muerto, desapareció en una nube de humo, y yo no, y eso era todo lo que realmente importaba.
La Abuela Chiyo parecía que quería decir algo más, pero sacudió la cabeza y el momento pasó. —Estoy segura de que tienes razón, cerezo.
—Y ellos también pusieron más seguridad en los dormitorios —dije, todavía con la esperanza de aliviar su mente—. Que es donde estaré pasando la noche.
—¿No vas al baile, entonces? Sonaba como una gran cosa en el boletín de noticias.
Me encogí de hombros. —Es solo el baile de bienvenida. Ellos van a coronar a un rey y una reina en cada clase, y habrá música y baile y esas cosas. Al igual que en mi vieja escuela.
Yo no dije nada sobre el ritual acerca del que había oído hablar a los otros chicos, la bendición de la cosecha o lo que realmente fuera.
—Entonces ¿por qué no vas? —preguntó la Abuela—. Te gustaba vestirte para ese tipo de cosas antes…
Ella cortó sus palabras, pero las dos sabíamos lo que había estado a punto de decir. "Antes de que tu madre muriera".
Me encogí de hombros otra vez. —Por un lado, no tengo una cita. Nadie me invitó. No quiero sola y verme como una perdedora total.
—¿Por qué no? —preguntó la Abuela Chiyo—. Haces un montón de cosas por ti misma. Siempre lo has hecho.
—Sí, pero nada como esto —dije—, nada…
Esta vez, aguanté mis palabras, pero no engañé a la Abuela. Ella sabía, exactamente, lo que había estado a punto de decir.
—Nada divertido —terminó ella, en voz baja.
La Abuela Chiyo me miró, sus ojos esmeraldas tristes en su rostro. —Está bien para ti divertirte de nuevo, Sakura. Tu mamá no te querría sentada en casa todas las noches llorando por ella. Ella habría querido que fueras al baile y pasaras un buen rato, incluso si no tuvieras una cita. Ella habría querido que tuvieras tanta diversión como pudieras, tan a menudo como pudieras. Antes…
Ella cortó sus palabras, y por un momento todo su cuerpo se tensó. Sus anillos se rozaron mientras sus manos se apretaban en puños, y las monedas en los bordes de su bufanda sonaron juntas en estridente discordia. Entonces, la Abuela Chiyo se dio cuenta de que yo estaba mirándola, y se obligó a relajarse. Sus manos se aflojaron, y las monedas dieron una nota más dulce y tintineante.
—Antes, bien, antes de que crezcas —acabó—. Eso es lo que tu madre hubiera querido. Que fueras al baile y pasaras un rato maravilloso.
Yo sabía que ella lo haría. Tsunade Haruno querría que yo hiciera exactamente eso. Me mordí el labio y miré lejos de la conocedora mirada de la Abuela.
—Simplemente no se siente… correcto —le dije—. Que estoy viva, y ella no lo está. Que ella nunca va a hacer nada divertido otra vez. Que nunca veré su sonrisa o escucharé su risa de nuevo.
La Abuela se acercó y tomó mi mano. Sentí el suave calor de su amor envolviéndome, de la manera en que siempre lo ha hecho. Pero esta vez, sentí su tristeza, también, un dolor tan agudo, profundo y feroz que parecía como una espada cortando mi corazón en dos.
A veces, se me olvidaba que la Abuela había perdido a alguien, también. La muerte de mi madre la había lastimado tanto como lo había hecho conmigo.
—Sé que no se siente bien, cerezo. Sin embargo, la muerte de tu madre no fue tu culpa. La vida termina, así lo quieras o no. Creo que es hora de que en realidad comiences a disfrutarla otra vez, ¿no? ¿Aunque sea un poquito?
Suspiré, toda la energía se escapaba de mi cuerpo. —Supongo. Pero es tan difícil, ¿sabes? He estado tan… enojada, e ir a Konoha… Yo simplemente no encajo allí. No sé por qué no puedo solo volver a mi vieja escuela. Yo no soy especial como los otros chicos ahí.
—Tú estás en la Académica por una razón —respondió la Abuela Chiyo, una nota ominosa arrastrada de nuevo en su voz—. Encontrarás tu propio lugar ahí tarde o temprano. Como tú madre, ella se ha ido, pero no querría que estuvieras melancólica Ella habría querido que salieras y vivieras e hicieras todo lo que los adolescentes se supone que deben hacer.
Levanté una ceja. —¿Cómo volver a casa borracha y drogada y después tener relaciones sexuales sin protección con mi novio detrás de las gradas en el baile de bienvenida?
Los ojos de la Abuela se estrecharon, pero ella aún me sonreía. —Bueno, todo menos eso. Pero tú sabes lo que quiero decir. Ahora, yo quiero que vayas a ese baile y te diviertas. O por lo menos me prometas que pensarás en ello.
Yo no podía decirle que no, pero tampoco podía dejar ir mi culpa, dolor e ira el tiempo suficiente para decir que sí tampoco. —Está bien. Voy a pensar en ir. Pero, sin promesas.
—Eso es todo lo que quería oír, cerezo.
La Abuela me dio un beso en la frente, luego se levantó y empezó a poner el resto de las galletas frías en una lata así yo podía llevarlas de vuelta a la Academia conmigo.
Me quedé allí sentada en la mesa, pensando en todo lo que había dicho la Abuela y preguntándome si tal vez ya era hora de seguir adelante con mi vida y tener un poco de diversión.
Si, realmente, me sentía con ganas o no.
Espero que les haya gustado el capi.
\./ hasta la próxima.
