Hola a todos los lectores ya seee me eh tardado muchísimo en actualizar, en verdad lo lamento pero eh estado muy ocupada en la universidad, pero bueno espero que les guste el capi. Esta es una adaptación de la saga Mythos Academy de la autora Jeniffer Estep, los personajes de Naruto no me pertenecen.
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Campeones
Una vez que la Abuela Chiyo empacó las galletas, las guardé en mi mochila, me subí al autobús y me dirigí nuevamente a la Academia Konoha Gakuren. El patio estaba casi desierto en este punto porque la mayoría se había retirado a su dormitorio a prepararse para el baile de bienvenida.
Normalmente habría disfrutado el silencio y vería a las ardillas saltar de rama en rama en los árboles que se alzaban sobre el exuberante césped. Pero era como si toda la Academia de repente se hubiese convertido en un pueblo fantasma. Estaba demasiado vacía, demasiado callada, especialmente para una escuela donde uno de sus estudiantes había muerto hace unos días. Una vez más sentí como si todos los ojos de las estatuas me observaran a mí, vigilando cada movimiento. Temblé, metí las manos dentro de mi sudadera con capucha y me apresuré.
La Biblioteca de Antigüedades no era mejor, ni un solo estudiante se sentaba en las mesas principales frente al mostrador. Ni tampoco un Profesor. Nadie estaba manejando el carrito de la merienda, y la mayoría de las luces ya habían sido apagadas en los laberintos de oficinas en el centro de la biblioteca.
No pude evitar ver el lugar a mi izquierda donde solía estar el Cuenco de Lágrimas y donde Kin había sido asesinada. No había nada a la vista, por supuesto, justo como no había habido nada un día después de su muerte. La sangre, el cuerpo y el Cuenco se habían ido.
Aun así, sentí que había un silencio que observaba en el lugar, como si hubiera alguna clase de fuerza invisible sentada allí simplemente esperando a que algo pasara.
Como, digamos una chica Gitana que pasara por ahí y el gran monstruo podría saltar fuera del piso o de cualquier lugar en el que estuviera oculto. Temblé de nuevo. De acuerdo, tal vez eso era simplemente mi exagerada imaginación trabajando. Pero en este momento mirar al lugar donde había muerto Kin simplemente me asustaba.
Mis ojos Jades volvieron a las oficinas, tal vez si Kakashi no estuviera aquí, podría irme y olvidarme de mi turno de trabajo.
Algo a mi derecha se movió y se dirigía hacia mí, ahogué un grito y me volví…. Al ver a Kakashi caminando con grandes filas de libros pesados en sus manos, me apoyé en la mesa más cercana y suspiré, mi mano yendo hacia mi corazón, como si de alguna forma pudiera devolverlo a la velocidad normal sólo tocando mi pecho, las cejas de Kakashi se reunieron, haciendo una arruga en su rostro.
—¿Pasa algo malo, Taisho? —dijo Kakashi en su malicioso tono de voz, poniendo los libros sobre una mesa—. Te ves un poco pálida, incluso para ti.
Mira quién habla, Kakashi tenía una piel tan blanca que hubiese pasado por vampiro, si de verdad existieran. Tal vez lo hacían. Ya no sabía qué era y qué no era real.
Los ojos color plata de Kakashi miraron el reloj del mostrador, suspiré, sabía lo que venía.
—Llegas diez minutos tarde —dijo el —. De nuevo.
Mi inquietud anterior desapareció reemplazada como siempre por molestia. ¿Cómo alguien podía ser tan molesto todo el tiempo?
—Oh, vamos no te enfades —murmuré—. No es como si hubiera alguien aquí, además de los dos.
La mirada de Kakashi se agudizó.
—¿Qué fue eso Taisho?
—Nada, nada de nada.
—Bueno, entonces —respondió Kakashi—. Es hora de que te pongas a trabajar. Necesito que varios libros sean puestos en su estante antes de que cerremos esta noche. —señaló el mostrador donde tres carritos de metal descansaban con libros. Suspiré de nuevo, nada de bueno haberme ido temprano.
Durante la siguiente hora, empujé el pesado carrito de un lado a otro por la biblioteca. Poniendo todos los libros de vuelta a su lugar correcto en sus pilas. Y por supuesto cada carrito, tenía una rueda suelta que se salía por aquí o por allá, eso significa que tuve que luchar con ellos cada vez que intenté mover los carritos por los pasillos.
Eventualmente mi camino me llevó a la Urna, como había llegado a pensar de él que tenía la extraña espada dentro. Debí haber seguido empujando mi carrito chirriante, pero me encontré deteniéndome y mirando de nuevo el arma.
Se veía igual que siempre —una larga hoja hecha de metal—. Tal vez era yo y todas las rarezas que habían pasado hace unos días, pero el rostro de un Zorro se veía más pronunciado que antes en la empuñadura, como si descansaba su mejilla contra el metal, casi esperaba que el ojo de la empuñadura se abriera de nuevo y me mirara. Sostuve el aliento, pero eso no pasó.
Aún así, por alguna razón, la espada me hacía recordar todos los Mitos que mamá me había leído cuando era una niña. Ella nunca me contó ningún cuento de hadas, solo Mitos, lo que siempre pensé que era un poco raro. Tal vez mamá sabía algo que yo no —como el hecho de que yo terminaría en Konoha en algún momento— pero ella siempre insistió en leerme mitos. Las historias donde el héroe siempre sabía la respuesta a un acertijo difícil o cómo eliminar un enorme e invencible monstruo.
Como si se necesitara a la persona indicada que tocara la espada en frente de mí y la cosa sucedería, justo como siempre lo hacía en los Mitos.
De repente estaba consciente de ese extraño cambio en el aire. Como electricidad estática lentamente construyéndose a mí alrededor. Mi mano picaba y tuve la repentina urgencia de abrir la Urna y tomar la espada. No sabía por qué, no era como si de verdad supiera cómo usar un arma o algo así. No como Uchiha Sasuke.
Aun así, algo me hizo querer tomarla, era casi como si necesitara cogerla. Hipnotizada, mis dedos se extendieron hacia la Urna.
—¡Taisho! —La voz de Kakashi resonó en la biblioteca, haciendo eco en el techo y de vuelta al piso—. Tienes cinco minutos para terminar de organizar esos libros ¡Date prisa!
Sobresaltada salí de mi trance, bajé la mano y me alejé de La Urna. ¿Qué había estado pensando? No sabía de quién era esa espada o qué clase de vibras de asesino psicópata estaban pegadas a ésta. La última
cosa que necesitaba era tocar algo y gritar de nuevo. Dios, Saku compórtate.
—¡Taisho! —gritó de nuevo Kakashi.
Rodé los ojos y me dirigí hacia el carrito, alejándome más y más por el pasillo. Aún así por alguna razón, me volví hacia la espada y le di una última mirada de anhelo antes de doblar la esquina y desaparecer de su vista.
Treinta minutos después, me encontré fuera del pasillo de la Residencia Kaze, mirando al edificio de piedra gris y hiedra que lo envolvía de principio a fin. Sólo que esta vez en lugar de escabullirme para robar el computador portátil de Kin, estaba aquí como una invitada. Extraño como las cosas cambian en solo unos días. Una Valquiria que reconocí como una de tercer año estaba a punto de salir. Así que fui capaz de entrar sin la necesidad de usar el intercomunicador enfrente de la puerta y decirle a Ino que me dejase entrar.
Caminé hacia la misma sala en la que había estado antes, la que tenía todos los rechinadores, los sillones y los televisores. Eran después de las seis y todas las otras chicas ya habían bajado a esperar por sus citas, dado que el baile empezaba a las siete. Cada una de ellas se sentó cuidadosamente en el borde de las sillas, con cuidado de no arrugar sus vestidos, mientras se miraban y chismoseaban.
Todo el mundo brillaba para la ocasión, con largos, brillantes y ceñidos vestidos que se notaban eran caros, y joyería que brillaba demasiado para ser falsa. Ninguna joya de fantasía en Konoha, eso es seguro. El cabello de todas estaba arreglado a la perfección, su maquillaje era increíble y sus zapatos, bolsos, y celulares habían sido coordinados para que combinara con sus vestidos. Todo era muy parejo.
Me quedé viendo los mares de diamantes, las lentejuelas y los labios brillantes. No había creído que el baile de bienvenida fuera así de formal, esto era como todos los bailes en mi vieja escuela en uno, solo que diez veces más, era simplemente…. deslumbrante. Me tomó unos segundos dejar de parpadear y mirar todos los objetos brillantes.
Algunas de las chicas me miraron, pero una vez que vieron que no estaba vestida para el baile y por lo tanto no podían criticar quién y qué llevaba puesto, se volvieron hacia sus amigas. Yo agaché la cabeza, me apresuré a través de la habitación, y me dirigí hacia las escaleras. Y casi corriendo directamente a Karin.
La Valquiria estaba bajando las escaleras justo cuando yo estaba subiendo. Karin parecía hermosa y totalmente zorra, al mismo tiempo. Su vestido ceñido coincidía con el rojo intenso de su cabello, mientras que la sombra ahumada bordeaba sus ojos color avellana. Tenía los labios como un corazón rojo en su cara bonita. La parte delantera de su vestido tenía algún tipo de alambre que empujaba sus tetas hasta alturas impresionantes, mientras que el corte en la pierna casi mostraba todo el camino hasta la tierra prometida. Estoy segura de que Suigetsu la aprobaría, así como también cada otro hombre en el baile.
Otras dos muchachas —habituales del entorno de Karin—, la rodeaban, luciendo glamorosas como ella lo hacía, aunque no tan zorras. La tres se habían detenido un par de escalones desde la parte inferior, y la conversación llegó hacia mí.
—Por supuesto que voy a ser la reina del baile de la clase de segundo año —dijo Karin en voz alta, orgullosa—. La Profesora Kurenai me lo dijo durante la clase de Historia de la Mitología cuando dijo que los otros Profesores habían decidido coronar a un ganador alternativo en lugar de Kin. Ellos no querían extenderlo a todos para mencionarlo esta noche. Y, por supuesto, SUigetsu va a ser el rey del baile. Es lógico, ya que es mi cita. Esta noche va a ser perfecta y justamente de la manera en que siempre debió ser.
Los dos Valquirias asintieron con la cabeza, de acuerdo con todo lo que decía. A pesar de que Kin, su valiente líder anterior, sólo llevaba muerta unos pocos días.
Karin se echó el pelo hacia atrás sobre su hombro, con actitud de modelo, y luego se escabulló hasta los últimos escalones, lista para reclamar su corona del baile, su nuevo novio, y su lugar legítimo como la nueva reina de la Academia Konoha Gakuren. La Valquiria pasó a mi lado como si ni siquiera se diera cuenta que yo estaba de pie en el primer escalón. Tal vez no lo hizo. Me imaginaba que era difícil para Karin ver otra cosa que su propia perfección.
—¿Ni siquiera lamentas que esté muerta? —le grité.
Yo nunca había hablado con Karin antes, y ciertamente no tenía ninguna razón real para hablar con ella ahora. Pero la imagen de Kin tendida en el suelo de la biblioteca, extendida a través de los charcos pegajosos de su propia sangre, pasó por mi mente, y las palabras me salieron antes de que pudiera detenerlas.
Karin se dio la vuelta para mirarme, junto con sus dos Valquirias siguiéndola.
—¿Me hablas a mí?
—Por supuesto que te estoy hablando a ti, Karin . Tú eras la mejor amiga de Kin. ¿No lamentas que esté muerta? ¿Aunque sea sólo un poco?
Karin frunció el ceño y los labios rojos convirtiéndose hacia abajo en un puchero perfecto.
—Bueno, por supuesto, lo lamento. Quiero decir, ella era mi mejor amiga y todo, y yo la conocía, como, desde siempre. Pero el hecho de que esté muerta no quiere decir que todos tenemos que actuar como que lo estuviéramos también. Si hubieras conocido a Kin, te darías cuenta de que eso es lo que ella hubiera querido. Ella hubiera querido que salgamos juntas, ir a bailar y divertirnos sin ella.
Sonaba como un pequeño discurso que Karin había ensayado ante el espejo mientras ella se ponía el lápiz labial. Las respuestas seguían ciertos patrones que ella sólo podía sacar y usar como un arma de aturdimiento emocional, si alguien le hiciera la misma pregunta que yo le hice. Por supuesto, también era más o menos lo mismo que mi Abuela Chiyo me había dicho, pero al menos sabía que lo decía en serio. ¿Karin ? Probablemente no.
Rodé los ojos. Yo estaba dispuesta a apostar que conocía a Kin mucho mejor de lo que Karin alguna vez había podido conocer. Karin no se había dado cuenta siquiera de que Kin sabía que ella estaba durmiendo con Suigetsu a sus espaldas.
Pero yo lo hice, gracias a los flashes que yo tenía de imágenes que me bajaban, había excavado en la basura de Kin. Con mejores amigas, como Karin , ¿quién necesita enemigos?
Pero no dije nada. No tenía sentido tratar de decirle a Karin nada de eso. Las chicas como ella nunca escuchaba a los friki como yo.
Karin me dio una mirada altanera, superior, como si acabara de ganar una especie de guerra de palabras con su respuesta rápida. Luego, dio media vuelta y se pavoneó fuera de la residencia en sus tacones de aguja rojos, con sus dos nuevas mejores amigas detrás de ella.
Sacudí la cabeza y subí las escaleras hasta el segundo piso, donde estaba la habitación de Ino. Golpeé una vez en la puerta, y, un momento después, la Valquiria abrió.
Ino ya se había puesto su vestido, éste era de color morado como una princesa con pequeñas tiras de espagueti, un escote corazón, y una falda esponjada, espolvoreada con brillantes lentejuelas. Se había torcido su pelo rubio hasta formar un moño liso en la parte superior de su cabeza, y su brillo de labios de color rosa hacía juego con su vestido perfecto. La Valquiria se veía como si acabara de salir de una película de Disney. Yo casi esperaba pájaros cantores y ratones animados salir corriendo de su habitación, satisfechos por su trabajo para esta noche.
—Um, ¿y para qué me necesitas? —pregunté—. Porque te ves muy perfecta para mí.
Ino arrugó la cara en una sonrisa.
—¿Realmente lo crees? ¿Te gusta el vestido?
Entré y cerré la puerta detrás de mí.
—Realmente lo creo. Y creo que Shikamaru también lo hará.
Ino me miró, se volvió y se acercó a mirarse fijamente en el espejo por encima de su tocador, una vez más.
Usé la oportunidad para estudiar la habitación de la Valquiria. Ella tenía los muebles de dormitorio de la Academia igual que todos teníamos, más o menos. Una cama, un tocador, un escritorio, un televisor, algunos libreros. Sin embargo, Ino se había precipitado, antes en el almuerzo, cuando había dicho que le gustaba el color morado, porque estaba en todas partes. El edredón de la cama, las almohadas, las cortinas. Todo con un poco de distintas gamas de color morado y violeta. Incluso las paredes y el techo estaban pintadas de un pálido morado.
Pero lo extraño era que también había miles de computadoras en el cuarto. Conté tres monitores, un par de ordenadores portátiles, y algunas cajas de plástico que parecían servidores y que estaban justo en su escritorio de gran tamaño, pegado en la esquina de atrás.
Wow.
Yo había pensado que ella había ingresado en el Club Tec12 de pura casualidad o algo así, pero parecía que Ino estaba realmente en la materia de computadoras. Una princesa Valquiria geek de la computadora, ¿quién lo habría pensado? Me habría resultado difícil creer que todo el equipo era de ella, si los ordenadores, monitores, y los servidores no hubiesen sido cubiertos con cosas de color morado.
Ino se alisó el vestido y se volvió para mirarme. Me quedé allí en el centro de la habitación, sintiéndome torpe y mal vestida, una vez más.
—Así que… ¿para qué me necesitas, exactamente? Debido a que ya estás vestida y esas cosas.
Ino se encogió de hombros.
—Nada, supongo. Sólo quería… alguien con quien hablar antes de que Shikamaru venga y me lleve.
—Shikamaru es un buen chico —dije, y me senté en la cama—. Ustedes dos hacen una linda pareja.
—¿Realmente lo crees?
—Lo hago.
Nos quedamos en silencio, cada una de nosotras tratando de averiguar sobre qué podía hablar con la otra persona. Esta cosa de amigos era más difícil de lo que recordaba que era. Mucho más difícil.
—Así que… —dijo Ino, todavía en pie para que su vestido no se arrugara—. Puedo entender que no vas al baile. Por lo menos, por favor, dime que no vas en esa sudadera horrible.
Mis ojos se estrecharon. Maliciosa como podía ser. Ser agradable era tan difícil.
—Me gusta mi sudadera con capucha, muchas gracias. Pero no te preocupes. No la voy a llevar al baile, porque yo no voy a ir. Nadie me preguntó, como si no lo hubieras adivinado. Como tú señalaste en el almuerzo de hoy, no tengo ningún amigo en Konoha, y mucho menos un novio.
Podría haber sido mi imaginación, pero pensé que Ino se estremeció un poco con mis palabras duras.
La Valquiria vaciló.
—Tú sabes, podrías venir junto con Shikamaru y conmigo...
Levanté una ceja.
—¿Y arruinar su gran cita en primer lugar? No lo creo. Ni siquiera yo soy tan perra.
—Sí, podría ser un poco incómodo.
—¿Eso crees?
Ambas nos miramos, rodamos los ojos y nos echamos a reír. Eso rompió el hielo entre nosotras y empezamos a hablar de todos los chismes jugosos que había oído recientemente. Acerca de quién iba con quién el baile de bienvenida, quién se emborrachaba antes de la mitad del camino, y quién tenía la intención de recorrer "Todo El Camino" esta noche con sus novios y novias.
Y de repente me di cuenta de que me sentía casi... normal. Casi como si todavía fuera a una escuela normal con chicos normales, e incluso de que era normal a mí misma. Se sentía... agradable... divertida, incluso.
Al final, dejamos de chismorrear y reírnos tontamente sobre los otros chicos, y Ino me dio una mirada astuta.
—Entonces, ¿qué está pasando contigo y con Uchiha Sasuke ? —preguntó.
Parpadeé.
—¿Qué quieres decir?
Alzó una ceja.
—Me refiero que los dos parecían infinitamente íntimos la pasada noche en la hoguera. E hizo ir a todo lo Espartano para matar al Merodeador de Nemea que estaba intentando comerte. Lo cual es totalmente sexy, Si me preguntas.
—Uchiha Sasuke no me pega como un chico que consiga ser intimo con una chica a menos que él quiera algo de ella. Como la oportunidad de firmar su colchón —dije en un tono seco—. Sí, él salvó mi vida la pasada noche, me salvó de un horrible Merodeador. Pero deberías haberle visto. Era casi como si él estuviera feliz de que estuviera intentando matarle. Que realmente disfrutó peleando. Creo que lo mató más por sí mismo que por mí. Como para probarse a sí mismo que podía o algo.
Ino se encogió de hombros.
—Bueno, él es un Espartano. Matar cosas es lo que hacen. ¿Qué esperabas? ¿Qué te hubiera enviado flores y escribirte malas poesías? La muerte del Merodeador de Nemea es lo más cercano a un animal de peluche que alguna vez vayas a obtener de un Espartano como Sasuke.
Le di una mirada en blanco.
—¿Qué significa eso de que un Espartano tiene que hacer con un animal de peluche?
Ino suspiró.
—Has estado aquí, qué, dos meses y todavía no lo entiendes, ¿verdad, Sakura? ¿Cómo funcionan las cosas aquí? ¿Por qué estamos todos aquí realmente?
Me encogí de hombros.
Ino estaba de pie frente a mí, sus serios ojos negros en su cara perfecta.
—Estamos todos aquí, todos nosotros, Valquirias, Espartanos, Amazonas y todo el resto de nosotros, porque somos Mágicos. Porque somos descendientes de Mitos. ¿Conoces todas esas historias que hablamos sobre como los bravos Espartanos están en la Batalla de Termófilas? ¿Cómo un grupo tan pequeño de ellos mantuvo a raya a esos miles y miles de los otros Guerreros? Bueno, no es sólo una historia. Es real. Al igual que las antiguas Valquirias escoltaron a los muertos de Valhala, así como a los Troyanos les tomaron el pelo por completo los Griegos y el caballo de madera durante la Guerra de Troya. Todos los Mitos, todas las leyendas, todo lo Mágico, es verdadero. Y todo es parte de nosotros, una parte de nosotros. Lo mantenemos vivo y lo usamos para evitar que el Caos y la Oscuridad se traguen el mundo.
Hace una semana, me podía haber reído de ella. Pero ahora estaba verdaderamente empezando a creer en ella, creer en todos los Mitos, Mágicos y Monstruosos. Demasiadas cosas extrañas habían sucedido en los últimos días, no para mí. El asesinato de Kin. La desaparición del Cuenco de Lágrimas. La estatua casi golpeando a Karin y a Suigetsu. El Merodeador acechándome, luego evaporándose en una nube de humo después de que Logan lo matara. La extraña espada en la biblioteca que no podía dejar de mirar.
—Muy bien —dije—. Quizá Sasuke es un Espartano y eso explica por qué se puso como una fiera la pasada noche. Quizá tú eres una Valquiria que puede aplastar diamantes con sus manos desnudas y lanzar chispas de color rosa de la punta de tus dedos. Pero todo eso no me dice nada sobre mí. Soy la única Gitana aquí. Que yo sepa, de todas formas. La única que no es como el resto de ustedes. No soy una gran Guerrera. Todo lo que hago es alguna cosa y ver cosas. No encajo con todos los demás.
—No puedes decir eso —dijo Ino—. Tú tienes Magia al igual que el resto de nosotros.
—Quizá, pero no sé por qué mi Magia me hace una Gitana y no otra cosa. ¿Tú lo sabes?
Ella se encogió de hombros.
—He oído hablar sobre los Gitanos los últimos años, pero nada concreto sobre tus poderes o algo así. Incluso pregunté alrededor de la escuela después de que tú te acercaras a mí sobre el brazalete robado de Shikamaru, pero nadie de los otros chicos conocía cualquier otra cosa. Tampoco lo hicieron los Profesores a los que pregunté. O si lo sabían, no me lo dirían. Siempre creí que los Gitanos eran Guerreros, como las Valquirias, las Amazonas y el resto de nosotros. Sólo con un tipo diferente de Magia.
—Hasta que te encontraste conmigo —dije con una voz amarga—. Y te has dado cuenta de lo mucho de Guerrera que no soy.
Ino inclinó su cabeza hacia un lado.
—¿En primer lugar, cómo pudiste incluso terminar aquí? He estado preguntando sobre eso.
Le conté la historia sobre Momose Fuka y cómo su padrastro había estado abusando de ella. Y cómo viendo todo eso había derivado en la muerte de mi madre.
—La siguiente cosa que sé, es que La Profesora Kurenai estaba llamando enfrente de la puerta de mi Abuela Chiyo contándome que iba a ir a la Academia Konoha Gakuren este otoño —dije, mi voz incluso enfadada y amarga—. Pero nunca me ha contado por qué. La pregunté el otro día, y todavía no me dio una respuesta clara. Mi Abuela sabe algo sobre todo esto, también, pero ella no está hablando tampoco. Tan sólo se permite hablarme de que le dé una oportunidad a la Academia, que las cosas se pondrán mejor para mí.
—No conozco a tu Abuela, pero Kurenai es una astuta —dijo Ino—. Ella no es del todo igual que los otros Profesores. Algunas personas dicen que ella es realmente una Campeona.
—¿Una Campeona? ¿Qué es eso?
Ino giró los ojos.
—Verdaderamente necesitas prestar más atención en la clase de Historia de la Mitología, Sakura. Después de que la Guerra del Caos terminara, todos los Dioses y Diosas acordaron una tregua. Que básicamente, no podían usar sus poderes ante cualquier otro o interferir con las cosas aquí en el reino de los mortales. Pero, por supuesto, ninguno de ellos podía sentarse y no hacer nada, así que crearon los Campeonatos, como una especie de escapatoria a la tregua. Los Campeones son personas que son elegidas por los Dioses para ser, bueno, sus Campeones, Ademas todo Campeón posee sangre del especifico Dios del que representan otorgándoles un poco de su poder y haciéndolos muy especiales entre los otros guerreros. Un buen Campeón ayuda a llevar a cabo los deseos del Dios y mantener fuera las cosas que sucedan. Los Campeones matan a los Akatsukis, protegen los Artefactos, o incluso son mentores de otras personas y las ayudan a comprender su Magia. Es un trabajo peligroso, ser un Campeón. Muchos de ellos no viven demasiado tiempo.
Bueno, eso respondía a mis preguntas sobre por qué los Dioses y Diosas no peleaban por las cosas ellos mismos. Estuvieron de acuerdo en no hacerlo y estuvieron usando al resto de nosotros para hacer que cumplieran sus órdenes en su lugar, lo cual era casi totalmente un Conflicto de Titanes. Ser un Campeón sonaba exactamente como algo que Kurenai podría hacer. No es parte de la muerte o la custodia, pero sí los otros mentores. Aunque si la Profesora había estado intentando hacer esto por mí, no se estaba declinando en amoldarse.
Me moví en la cama. Quizá todo lo que Ino había dicho era verdad, pero todavía no explicaba por qué yo estaba aquí y qué tengo que hacer con los Mitos, los Dioses, la Guerra del Caos y cualquiera de los demás. Tan solo era una chica Gitana que tocaba cosas y veía cosas. Apenas en absoluto especial. No como Sasuke y sus habilidades Guerreras asesinas, o Ino y su increíble fuerza y producir chispas con sus dedos.
Algún tipo de alarma sonó, y los ojos azules de Ino miraron hacia el reloj de la esquina de la habitación.
—Son las siete en punto. Shikamaru probablemente está esperando por mí en la planta de abajo. ¿Cómo me veo?
Daba vueltas, haciendo a su vestido oscilar un arco alrededor de ella, antes de que se lo arreglara en su lugar.
—Te ves bella —dije con una voz sincera—. Ahora ve a pasar un buen rato.
Ino me sonrió, cogió su bolso de la cama, y salió por la puerta. Se paró y volvió a mirarme por encima de su hombro.
—Gracias por venir, Sakura —dijo—. Me divertí mucho.
La sonreí.
—Yo también.
—¿Puedo llamarte más tarde? —preguntó la Valquiria con voz tímida—. ¿Si no es demasiado tarde?
—Será mejor —advertí con una voz dura—. Porque quiero escuchar todo sobre lo buen besador que es Shikamaru.
Ino sonrió y me tendió su mano. Me levanté y enlacé su brazo con el mío, apoyando la mano en mi sudadera con capucha.
Brazo con brazo, dejamos su habitación, comenzando una verdadera amistad brillando en el aire entre nosotras, como el brillo del rosa brillante revoloteando por encima de la punta de los dedos de la Valquiria.
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Espero que les haya gustado el capi.
