Hola a todos los lectores lamento muchisimo la demora en actualizar pero la universidad no da descanso.

Esta historia es una adaptacion de la Saga Mythos Academy de la autora Jennifer Estep, los personajes de naruto no me pertenecen.

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Me alejé de Sasuke tan rápido como pude, deslizándome a través de la multitud de bailarines, con cuidado de no rozarme contra nadie para no tener destellos accidentalmente sobre ellos. Venir aquí esta noche había sido una idea mala, muy mala. ¿En qué demonios estaba pensando? Todos tenían un lugar en Konoha, todos excepto yo. No, espera. Eso no era cierto. Tenía un papel aquí, también, ahora; esa chica Gitana que había sido una completa tonta. Una clase de idiota, en otras palabras.

Salí corriendo por la puerta de entrada al comedor. Más chicos se apiñaban fuera alrededor de la puertas ahora, pasando tazas de cerveza y frascos plateados de quién-sabe-qué de una mano a otra, junto con cigarrillos e incluso unos cuantos mixtos.

Durante un momento, pensé en parar y pedir una bebida a uno de ellos. Quizás un par. Nunca había bebido antes, así que no sabía exactamente cuánto tomaría. Pero probablemente no compartirían conmigo de todas formas. Además, dudaba de que emborracharme ahogara esos sentimientos que de repente había desarrollado por Sasuke Uchiha. No creía que nada me ayudara con eso, excepto quizás una total lobotomía.

No podía volver al baile, pero no quería volver a mi habitación tampoco. Ya sabía que era una estúpida, una estúpida perdedora. No quería sentarme alrededor y pensar en eso el resto de la noche. Además, me había puesto mi maldito vestido de baile. Al menos lo iba a llevar puesto más de una hora, incluso si me mataba.

Realmente no pensé a dónde iría, giré a la izquierda y caminé hacia el camino de adoquines que pasaba por cinco de los edificios que rodeaban el patio. Solo comencé a caminar el enorme círculo, intentando encontrar un lugar tranquilo donde me pudiera sentar y...

y hacer algo. Quizá gritar. Quizá llorar. No lo sabía.

No era la única que había dejado el baile pronto. Las parejas estaban sentadas en cada lado de los bancos de hierro cerca del comedor. Todos se miraban a los ojos del otro soñadoramente, riendo tontamente y besándose. Uno de los chicos incluso tenía la mano debajo del vestido de su cita, y dos de ellos prácticamente estaban tumbados uno encima del otro.

Eso me hizo enfermar.

Porque incluso fuera, no podía alejarme del perfecto pequeño baile de todos…

Algo guiñó en las sombras por delante, distrayéndome de mis oscuros pensamientos. El destello brillante vino otra vez, bamboleando arriba y abajo, y situé otra solitaria figura moviéndose a través del patio. ¿Ella llevaba... algo en la cabeza? Entrecerré los ojos, pero no podía distinguir quién era. Entonces, entró en la luz de una de las farolas que bordeaban el camino, y fui capaz de conseguir una buena vista de ella.

Karin Heibi.

La reina de bienvenida caminaba pesadamente a través del patio, dirigiéndose hacia la Biblioteca de Antigüedades. Probablemente para que ella y Suigetsu pudiera echar un polvete en el patio exterior otra vez. Giré mis ojos. Zorra. Los destellos que había visto habían venido de la tiara de la reina de bienvenida que Karin llevaba encima de su cabeza. Los caros cristales me guiñaron con cada paso que daba la Valquiria.

Fruncí el ceño. Por alguna razón, algo en Karin parecía... apagado. Seguí tras su pista, preguntándome lo que era. Finalmente, me di cuenta que era el cómo ella estaba caminando, tan lento y firme con cuidadosos pasos moderados. No era la manera en la que una persona normal caminaría, especialmente una chica que estaba impaciente por echar un polvo con el chico caliente con el que había estado durmiendo a hurtadillas. Karin caminó a través dela luz de otra farola, y me di cuenta que tenía una extraña mirada en su cara, también. Una que era totalmente... blanca. Me recordó a un zombi o algo, como si realmente no fuera ella misma. Como si estuviera poseída o fuera controlada por alguien más…

Pequeñas campanas de advertencia sonaron dentro de mi cabeza, y consiguieron ser tan altas y grandes que miré a la Valquiria.

Miré alrededor, pero en este punto el comedor y todas las parejas estaban a varios cientos de metros de distancia. Nadie más había notado a Karin. Todos estaban demasiado absortos en sus propios pequeños dramas, en sus propios pequeños romances malos, para notarla, o a mí.

Así que comencé a seguirla.

No sabía por qué. Quizá porque estaba enojada conmigo misma por ser una idiota delante de sasuke. Quizá porque no tenía nada mejor que hacer. O quizás era por este... este sentimiento que tenía. Que algo en esto estaba muy, muy mal. Casi me sentí como si necesitara seguir a Karin por alguna razón. Que algo realmente, realmente malo ocurriría si no lo hacía.

Era exactamente el mismo sentimiento que había tenido justo antes de que cogiera el cepillo de Fuka.

Karin caminaba a través del patio, aún dirigiéndose hacia la biblioteca. Fruncí el ceño. Extraño. La biblioteca estaba cerrada esta noche por el baile, y sólo unas pocas luces brillaban dentro del edificio. Así que, ¿por qué Karin se dirigía allí? ¿Especialmente esta noche de todas las noches? Sí, quizás ella y Suigetsu iban a echar un polvo otra vez... excepto que los dos no tenían que esconder el hecho de que eran una pareja ya. Todos ya les habían visto juntos en el baile. Así que, ¿por qué reunirse en la biblioteca otra vez? ¿Por qué no ir a uno de sus dormitorios? ¿Qué estaba haciendo la Valquiria? Y, ¿por qué tenía esa mirada blanca, vacía en su rostro?

Karin caminó pesadamente por los escalones delanteros de la biblioteca, aún moviéndose en esa manera lenta y firme. Me recogí la falda y corrí detrás de ella. ¿Realmente pensaba la Valquiria que iba a entrar? Las puertas estaban cerradas, y había visto a Ebisu cerrarlas después de mi cambio de esta tarde…

Karin empujó una de las puertas dobles para abrirla y entró en la biblioteca, desapareciendo de la vista. Frené y me detuve al pie de los escalones. Me mordí el labio y miré la estructura ante mí. Todas las estatuas de piedra, torres, y balcones parecían especialmente siniestros esta noche, como si todo el edificio fuera algo viviente sólo esperando tragarme. Parpadeé, y, durante un momento, parecía como si la biblioteca entera sólo... ondeara. Como si hubiera algo arrastrándose alrededor por debajo de la piedra.

Algo viejo...

Antiguo...

Poderoso...

Malvado...

Temblé, abrazándome, y mirando sobre mi hombro. En la distancia a través del patio, las luces en el comedor parecían cálidas, brillantes, invitadoras. Debería volver allí. Agarrar una taza de plástico de cerveza de alguien, fumar algún porro, conseguir perder el tiempo completamente, y pretender como si esta noche nunca hubiera ocurrido.

Pero no podía hacer eso, nadie más que yo había sido capaz de detenerme de alcanzar ese maldito cepillo. Al final, siempre quería saber los secretos de las personas, sin importar cuán oscuros y retorcidos fueran. Quizás era mi don Gitano o quizá sólo mi propia imaginación paranoica, pero me sentía como si hubiera alguien acechando en la biblioteca esta noche; quizás el secreto más grande de todos.

De alguna manera, lo sabía en lo más profundo de mi alma. Quién mató a Kin, quién robó el Cuenco de Lágrimas, incluso la razón de por qué lo hizo, estaba aquí en la Academia Konoha Gakuren en primer lugar. Estaba todo dentro de la biblioteca, solo esperando a que entrara y descubrirlo por mí misma.

Entra, y todo finalmente será revelado, una voz pareció susurrar en la parte de atrás de mi mente. O quizá sólo eran mis propias ilusiones pensando.

Lo que fuera, recogí mi falda, subí las escaleras, y entré.

††††

Había estado confundida antes, cuando había pensado que sólo había unas pocas luces en la Biblioteca de Antigüedades. Las puertas dobles que guiaban al piso principal estaban abiertas de par en par, y el brillo dorado de dentro se extendía por el recibidor, mostrando el camino. Pero había algo extraño en la luz esta noche. Parecía expulsar más sombras en lugar de hacerlas desaparecer y daba un aire siniestro y negro en todo lo que tocaba, desde los trajes de las armaduras que se alineaban en la pared hacia las Criaturas Mitológicas esculpidas en las paredes de mármol.

Una y otra vez, los ojos de piedra de los Grifos y de las Gárgolas me miraban, rastreando mis movimientos cuando avancé. La luz extraña salpicaba a través de las criaturas talladas haciéndolas parecer incluso más fieras y más vivas que antes, como si pudieran saltar desde la piedra en cualquier segundo y desgarrarme en trozos. Me estremecí y aparté la mirada de las paredes.

Karin ya había desaparecido de la vista, pero el sonido de sus tacones en el suelo dentro del espacio principal hacía eco a través de toda la biblioteca. Paré un momento para quitarme los tacones, luego la seguí. El suelo se sentía tan frío como el hielo en mis pies descalzos, pero al menos ahora no haría tanto ruido como la Valquiria.

Desde el eco ahogado de sus pasos, sonaban como si Karin hubiera ido a la isla principal de la biblioteca, caminando derecha hacia quién o qué estuviera esperándola dentro. No era tan ingenua o estúpida para pensar que no había alguien o algo más aquí. Alguien había tenido que encender las luces y abierto las puertas para Karin, y dudaba que fuera Kakashi, desde que le acababa de ver en el comedor, de carabina en el baile de bienvenida.

Desde que no estaba tan segura como para querer correr hacia quien estuviera esperando dentro, me dirigí hacia una de las puertas laterales que guiaban al piso principal, abriéndolas, y entrando por ese camino. No estaba segura de lo que estaba pasando, pero no iba a trastabillar justo en medio de ellos. No si podía evitarlo, de alguna manera.

Iba hacer lo correcto esta vez. Lo inteligente. Echar una rápida mirada a lo que fuera que estaba ocurriendo, luego salir e ir a conseguir ayuda de la Profesora Kurenai, el Entrenador Asuma, o incluso Kakashi de vuelta en el comedor.

Me moví por las estanterías, tratando de echar un vistazo a Karin a través de las filas de libros mohosos que nos separaban. El sonido de sus pasos era más fuerte aquí, haciendo eco todo el camino hasta el techo y hacia abajo de nuevo, ella seguía caminando a ese ritmo, lento y constante.

A través de las estanterías alcancé a ver un vislumbro de la Valquiria. Karin todavía tenía esa mirada en blanco y vacía en su rostro, como si ni siquiera fuera consciente de lo que estaba haciendo como si ni siquiera tuviera el control de sí misma, ya no más. Como si estuviera…

Poseída...

Como si alguien hubiera escurrido su sangre en el Cuenco de Lágrimas.

La idea surgió desde el fondo de mi cerebro irrumpiendo a través de la superficie.

Recordé que ayer por la noche, en mi habitación, estaba leyendo el libro de Kin, el que tenía toda la información sobre el Cuenco de Lágrimas. Me concentré en el recuerdo y las palabras vinieron a mi cabeza.

Se rumoraba que Loki utilizaba el tazón para doblegar a las personas a su voluntad.

Una vez que la sangre de la persona escurriera en el Cuenco, el Dios o quién sea que tuviera el Cuenco en ese momento— tenía el control completo sobre él o ella…

Las palabras desencadenaron otros recuerdos de las cosas que había visto y hecho durante los últimos días. Kakashi hablando sobre el Cuenco y el hecho de que quien quiera que lo hubiera robado no debería haber sido capaz de sacarlo de la biblioteca en primer lugar. La foto desgarrada que había encontrado de Karin y Suigetsu en la habitación de Kin. La rabia que había sentido cuando toqué la foto. Todos esos libros sobre Magia e ilusiones que habían estado en los estantes de Kin. La estatua casi aplastando a Karin y a Suigetsu cuando estaban ocupados afuera de la biblioteca. El Merodeador apareciendo y luego evaporándose después de que Sasuke lo había matado.

Pero la única cosa que continuaba regresando una y otra vez, la importantísima, era el hecho de que no había sentido nada, que no había tenido ningún tipo de destello o vibración en lo absoluto del cuerpo de Kin esa noche que la había encontrado en la biblioteca. La noche que pensé que ella había sido asesinada. Había pensado que había algo malo con mi don Gitano, mi Psicometría Mágica pero quizá… sólo tal vez no había nada ahí para sentir en primer lugar. No realmente.

Cuanto más pensaba en ello, más sentido tenía. Mi don Gitano siempre me dejaba ver algo, si quería o no. Pero no con Kin, que había sido la primera vez que no había visto nada en lo absoluto.

Nada.

Repentinamente todas las imágenes, todos los recuerdos y los sentimientos se unieron en mi cabeza haciendo clic en su lugar como piezas de un rompecabezas. Pensé que tenía una muy buena idea de quién había matado a Kin, robado el Cuenco de Lágrimas y por qué.

Oh, no.

Sí Karin estaba caminando hacia quien pensaba que era, entonces la Valquiria estaba en grandes problemas, y yo también…

Estaba tan ocupada pensando en las cosas que realmente no me di cuenta de a dónde estaba yendo y me tropecé con una de las Urnas que contenía Artefactos. Pero no cualquier Urna, sino la Urna que tenía la extraña espada dentro. La que parecía tener la empuñadura de la mitad de un zorro de nueve colas. Golpeé la Urna tan fuerte que sacudí la espada en el interior causando que los ojos de el se abrieran.

Me quedé helada y parpadee varias veces pensando, no, con la esperanza de que se tratara de un producto de mi imaginación. Que desaparecería y estaría de la misma forma en que estaba antes y así podría decirme a mí misma que sólo estaba viendo cosas porque estaba en una muy mala situación y me sentía un poco estresada. Está bien, muy estresada.

Parpadeé y parpadeé pero nada paso. El aún estaba ahí y continuaba mirándome. Sus ojos tenían un color peculiar, algo entre verde y azul, el tipo de color que me hacía pensar en el mar en su momento de mas calma, esa franja de tiempo en el cual el sol estaba en su maximo esplendor y sus rayos acariciaban el agua suavemente.

Estaba en una posición incómoda, medio tendida sobre la Urna, mis dedos dejaron marcas en todo el cristal, pero no podía moverme. No podía apartar la mirada de los ojo del zorro. Sentí esa peculiar sensación en mi pecho, una especie de euforia. Por alguna razón ver la espada me hacía feliz.

De la misma manera que la lucha parecía hacer feliz a Sasuke. Me estremecí. ¿Por qué una espada me haría feliz? Ni siquiera sé cómo usar una… de repente los ojos del zorro se redujeron como si me estuviera examinando, como si con sólo verme supiera todos y cada uno de mis secretos. Me sentí como si de alguna manera estuviera cayendo en él, ahogándome en su mirada crepuscular, nunca podría apartar la vista del objeto, y por extraño que pareciera realmente no quería dejar de hacerlo.

No sé cuánto tiempo estuve ahí, mirando fijamente el ojo sin pestañar, sí, no había escuchado algo siseando detrás de mí.

Un particular siseo bajo y malvado que sólo había escuchado una vez antes. Del tipo que hizo que se me helara la sangre y mi corazón se volviera hielo. El sonido me atravesó y me sacó de mi aturdido ensueño y me hizo regresar a la realidad. Pensé en lo que había pasado la última vez que escuché ese horrible sonido.

Oh Diablos.

Lentamente me di la vuelta y miré sobre mi hombro.

Un Merodeador de Nemea estaba detrás de mí.

Se veía igual al que había estado fuera de la biblioteca la noche anterior.

Una criatura negra, felina, con grandes garras y dientes aún más grandes con los que podía matarme tan fácilmente como podía respirar.

Si en realidad respiraba por completo y no sólo existía de pura maldad. El Merodeador me siseó, sus labios se encresparon de nuevo mostrando los colmillos. Los cuales, por supuesto, brillaron magníficamente, el extraño resplandor dorado llenaba la biblioteca, girando. Tragué saliva pero no se desbarató el duro bulto de miedo que tenía atorado en la garganta. Esta vez, pensé, no me molesté en decir: lindo gatito.

No había nada lindo en eso, especialmente la manera en que me miraba.

Por un momento pensé que el Merodeador iba a abalanzarse sobre mí allí, e iba arrancarme la garganta con todos sus muchos, muchos dientes. Pero en cambio un silbido bajo sonó y la criatura se movió a un lado para que su amo pudiera acercarse a mí.

Una figura vestida con una capa negra y con nueves escarlata caminó por el pasillo. La tela oscura se ondulaba mientras la figura se acercaba. La tela ondulante me hizo pensar en un río de sangre. Me estremecí de nuevo. La imagen de esto no debía haberme sorprendido, pensé. Después de todo había visto una imagen de su compra en línea cuando había tocado su ordenador portátil. No había pensado en nada de eso en ese momento. Yo no era Veronica Mars. La persona que llevaba la capa era definitivamente más inteligente que yo.

Más inteligente que todos nosotros. Debido a que había mantenido toda esta retorcida estafa maravillosamente hasta ahora. La capa tenía una capucha así que no pude mirarle bien el rostro. Todo lo que vi fue un indicio de una sonrisa en sus labios de color rosa y el destello de los dientes blancos. Por alguna razón me asustó aún más que el Merodeador.

—Hola, Gitana —murmuró una voz baja desde las profundidades de la capa con capucha—. Me preguntaba cuándo ibas a aparecer.

Si había tenido alguna duda antes, ahora no había ninguna porque conocía esa voz. Sabía exactamente a quién le pertenecía. La última vez que la había escuchado había estado riéndose en el patio de la Academia, el día en que todo esto había empezado.

La figura se acercó y tiró hacia atrás la capucha de su capa. Cabello negro, ojos negros, piel perfecta, un rostro hermoso.

Una vez más me encontré mirando a Kin Umino, sólo que esta vez, ella estaba tan viva como yo.

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Espero que les haya gustado el capitulo, por fis comenten.