Desclaimer: Digimon no me pertenece, ni sus personajes.


Había pasado una semana y media en la que no supo nada de Yamato. Intentaba mantenerse ocupada, ya fuera trabajando o hablando incontables horas por teléfono con Miyako. Los días en el pequeño restaurante se le hacían amenos gracias a su compañera de trabajo. Y es que Sakura no callaba ni bajo del agua. Cuando no hablaba de la comida que estaba preparando, le contaba las últimas travesuras de su pequeño de siete años. Mimi se limitaba a escucharla y contestarle algo cuando la situación lo requería.

Las dudas sobre contarle o no contarle a sus amigas lo de Yamato se la comían viva. ¿Debía? Al fin y al cabo, tampoco había sido para tanto. No se habían acostado. Solo se habían besado. Y de que forma, joder. Era lo único que Mimi podía pensar. El calor de las manos del joven sobre su cintura aún la hacía estremecerse. Era totalmente injusto. La vida era injusta. Matt, el niño más introvertido que había conocido nunca, se había convertido en un ligón en toda regla. Le bastaba mirarte fijamente para terminar con tu capacidad neuronal. Y ella, se supone, ella era la que siempre controlaba la situación. Ella decidía cuando le podían coquetear y cuando no. Cuando se besaban y cuando no. Joder, ella no se sonrojaba. Hora y media, ese era el tiempo que había necesitado Yamato Ishida para mandar todo eso al carajo. Se maldijo internamente por habérselo puesto tan fácil. Pero, ¡qué se le cayera el techo encima ahora mismo si ella no le deseaba tanto como él a ella!

Podía imaginarse la mirada de reproche de Sora si se lo contase. Tienes que ir con más cuidado, Mimi. Imagínate que hubiera sido un desconocido y se hubiera aprovechado de ti. Le diría. Pero bueno, ¿no entendía que para ella en aquel momento Yamato era un desconocido y estaba más que dispuesta a dejar que hiciera con ella lo que quisiese? Hikari se habría sonrojado ante la mención del beso y los coqueteos. La pobre habría balbuceado algunas palabras de ánimo mientras trataría sin éxito de recuperar su color natural. Miyako se habría vuelto loca pidiéndole detalles morbosos del beso. Seguidamente habría lanzado una brillante teoría sobre lo mucho que le gusta a Yamato. Quieta ahí. ¿Ella le gusta a Yamato? ¿Yamato gusta de ella? Por más que invertía el orden de la oración, esta no tenía ningún sentido. La mirases como la mirases. ¿En que clase de universo paralelo Yamato Ishida gustaría de Mimi Tachikawa?

Decidió ponerle un alto a sus insanos y para nada puros pensamientos en el momento que inhaló un desagradable olor a quemado. Mierda. Había estado tan ensimismada pensando que se le había pasado la salsa bolognesa que estaba preparando. Miro a Sakura y debía estar poniendo una cara bastante graciosa porque ésta se río de su estupefacción. Nunca, nunca, se le había quemado la comida por andar distraída. Una Tachikawa no cometía errores. Maldijo por quinta vez en lo que iba de tarde al Ishida. Tiró frustrada el contenido de la sartén a la basura y empezó de nuevo con su labor.

Dos horas más tarde se encontraba fuera del restaurante. Su turno había terminado hacía unos veinte minutos, pero decidió quedarse a ayudar a Sakura con la limpieza de la cocina. Se rodeó con los brazos intentando aplacar el condenado frío que la envolvía. El invierno llegaba con fuerza a Odaiba. Se arrepintió de haberse dejado el cálido abrigo crema colgado en el armario de la entrada de su apartamento. En lugar de eso, había creído mucho más conveniente vestir la fina chaqueta de cuero negra que se compró en rebajas.

Aligeró el paso, caminando cada vez más rápido por las calles poco transitadas de su ciudad. Las chicas le estaban esperando en un pequeño bar. Habían quedado en encontrarse allí a las once de la noche para ultimar los detalles de la próxima reunión que harían todos juntos. Cuando llegó ya estaban las tres sentadas. Hikari se calentaba las manos con su recién servido chocolate caliente. Miyako vertía el azúcar en su café. Café, a las once y quince minutos de la noche. Los exámenes iban a acabar con su corta vida, se dijo Mimi. Se sentó al mismo tiempo que traían una Aquarius para Sora, así que pudo pedir otro chocolate caliente para ella.

- Buenas noches, chicas- exclamó.- ¿Cómo os ha ido el día?

- ¡Llegas tarde Mimi, como siempre!- le reprochó Miyako.

Pasaron la hora siguiente hablando de como les había ido la semana. Hikari y Miyako estaban a un examen de terminar el semestre. Sora se estaba adaptando maravillosamente a su nuevo trabajo. Y lo mejor era que dentro de tres día sería el reencuentro con sus antiguos amigos. Sora se había encargado de organizarlo casi todo con la ayuda de Miyako. Irían a cenar a un italiano de la zona que tenía salitas privadas que se podían reservar con antelación. Después irían a un bar a tomar unas copas antes de dirigirse a su destino final: la discoteca. Sería la primera vez de Mimi en un discoteca japonesa. Y quería recordarla por siempre.

Los tres días se le pasaron volando. No fue difícil cambiar su turno en el restaurante para poder quedar libre a las seis y media de la tarde. Se podría decir que casi voló para llegar a casa. Rápidamente se metió en la ducha. Lavó su cabello y el tiempo se le fue mientras se aplicaba todos los mejunjes que normalmente usaba. Se enredó el cuerpo con una toalla a juego con la que se puso en la cabeza y se dirigió al armario. Abrió ambas puertas y lo miró desafiante. Su parte racional le advertía que no se pasara, que eligiera un atuendo bonito y sencillo. Pero sabemos que Mimi no hace caso de su parte racional. Se decidió por un vestido negro, corto y ceñido. El cuello era cerrado y las mangas largas. Sin embargo, el vestido constaba de dos telas. Todo el cuerpo por delante era de licra, más esta terminaba en el origen de sus pechos gracias a un escote en forma de corazón. Las mangas, la espalda y el resto de tela que quedaba hasta el cuello eran de encaje. Todo negro. Se calzó unos zapatos altos de tacón rosa fucsia a juego con el bolso de mano que llevaba. Se maquilló tenuemente, resaltando con un poco de delineador y rímel sus ojos. Aplicó un poco de colorete rosado en sus mejillas y finalmente se pintó los labios rosas.

Hikari le había dicho que pasaría a buscarla a las ocho y media. Bajo apresurada, pues ya pasaban 7 minutos de la hora y aceleró cuando la vio sentada en el asiento del copiloto de un Seat Ibiza azul oscuro. La saludó con la mano antes de sentarse en los asientos de atrás junto a Miyako. Esperaba ver a Taichi en el asiento del conductor, pero cual fue su sorpresa al ver al pequeño, más bien no tan pequeño, Takeru Takaishi en dicho lugar. Este le sonrío desde su posición a la vez que hacía rugir el motor. Durante el trayecto Hikari le explicó que Taichi había ido a recoger a Sora e Izzy. Le contó enfada como la había abandonando alegando que llegaba tarde y que ella y Miyako aún estaban a medio vestir. Menos mal que el bueno de Takeru había corrido en su ayuda. El chico había tenido que recorrer media ciudad para recogerlas.

Llegaron al restaurante 15 minutos después. Este se encontraba casi a las afueras de Odaiba. Sora lo había elegido por su perfecta ubicación. Estaba cerca del bar al que irían después y la discoteca estaba a un tiro de piedra de éste. A las puertas del local estaban ya esperando Sora, Izzy Taichi, Jou y Davis.

- ¡Mimi!- exclamó Davis cuando los vio acercarse. La castaña sonrío con ímpetu al joven. Su relación había mejorado gracias a las vacaciones que éste había pasado en Estados Unidos. Podía decir que era al que más veces había visto desde su partida. El chico ahora era jugador profesional de fútbol, así que siempre que iba a EEUU a jugar Mimi se acercaba a la ciudad que fuera para verle.

- ¡Davis, no me aprietes tanto!- se quejó. Estaba atrapada en una especie de abrazo extremo de oso.

- ¡Oye Davis, no acapares! Mimi, ¿cómo has estado? No nos vemos desde el viernes pasado- le dijo Taichi mientras intentaba rescatarla de los brazos del futbolista.

- Oh, pero si has venido con mi adorable Hikari- Davis la soltó nada más ver a su objeto de adoración. Se acercó a ésta con claras intenciones de abrazarla cuando reparó en la presencia de un tercero.- Takeru- dijo entre dientes.

- Davis- respondió el aludido. No podía decirse que se llevaran mal. Es más, su amistad había mejorado con el tiempo como el buen vino. Siempre estaban ahí cuando el otro le necesitaba. Pero si hay algo que nunca cambia son las viejas costumbres. Hikari seguía siendo el punto débil de ambos. Davis, aunque ya no era tan pesado y acostumbraba a salir con otra chica, aseguraba que Hikari había sido el amor de su infancia y que siempre iba a ser su favorita. Por otra parte, Takeru, seguía creyendo que debía comportarse como el mejor amigo protector que alguna vez fue. Tai ya no está en la universidad así que alguien debe cuidar de ti, Kari, solía decirle.

Entraron dentro a sugerencia de Izzy, ya que hacía bastante frío fuera. Miyako dijo que se quedaría fuera para poder esperar a los demás y guiarlos luego a la salita reservada. Mimi se quedo con ella para amenizarle la espera. Necesitaba calmar sus nervios, así que aprovechó que el superior Jou había entrado con los demás para sacar un cigarrillo. Mimi, fumar es malo le diría con su petulante voz de médico. Claro que fumar era malo, ella ya lo sabía. Pero más malo era consumirse por los nervios que le causaba ver a Yamato por primera vez desde el incidente. Prendió su cigarrillo bajo la acusadora mirada de Miyako. Pasados dos minutos escucharon el rugir del motor de una moto. Unos segundos después una Kawasaki VN 900 classic disminuía paulatinamente la velocidad a medida que se acercaba al pequeño aparcamiento destinado a motos que había a la derecha del restaurante. Oh oh, pensó Mimi, Yamato ya está aquí. Se llevó el cigarrillo a la boca con desesperación mientras él se quitaba el casco y se pasaba la mano por el pelo en un intento fallido de peinarlo. Tenía el cabello húmedo aún. Vestía unos simples vaqueros gris desgastado que combinaban con la camisa y las botas negras. Llevaba una chaqueta de cuero negra como único abrigo.

Se acercaba a ellas caminando despreocupadamente mientras revisaba algo en su smartphone. Miyako le estaba contando como le había ido su último examen y ella apenas escuchaba su voz como un lejano murmullo. Yamato aún no las había mirado. Apenas le faltaban cinco metros para llegar hasta ellas y Mimi no lo pudo soportar más.

- Miyako, hace unas dos semanas me enrollé con Yamato- susurró lo bastante bajito como para que solo ella le escuchara. Yamato levantó la cabeza en el momento que Miyako cerraba la boca.

- Buenas noches, Inoue, Tachikawa. ¿En qué sala están los demás?- dijo esto mientras analizaba con descaro a Mimi.

- Ishida- respondió Mimi acompañado de un pequeño movimiento de cabeza en forma de saludo. Dio la última calada al pitillo mientras lo miraba a los ojos.

- En la cuatro- respondió Miyako con un hilo de voz.- Adelántate, nosotras nos quedaremos esperando a los que faltan.

Yamato hizo un pequeño asentimiento y entró en el restaurante. Miyako se giró dispuesta a someter a Mimi a un primer grado justo en el momento en que un taxi frenaba delante suyo. Ken y Cody bajaron de él dejando a la joven con la palabra en la boca.

- ¡Hola!- exclamó Mimi. Abrazó al pequeño Cody y saludó a Ken con dos besos en las mejillas.- Sois los últimos en llegar, vamos dentro con los demás.

- Oh si, bienvenidos chicos- dijo Miyako recuperando el habla.- Seguidme.

Los cuatro emprendieron marcha hacia la salita número cuatro. Cuando llegaron estaban ya todos sentados hablando sobre trivialidades. Mimi se sentó entre el superior Jou y Kari quedando así lo más alejada posible de Ishida. A los pocos minutos un camarero les tomó nota y desapareció rumbo a la cocina.

En la mesa se habían formado varios grupitos de conversaciones. Por una parte Ken, Izzy, Miyako y Cody hablaban sobre los últimos avances en el proyecto de Izzy de crear un nuevo sistema operativo para móviles. Taichi, Sora y Davis discutían quien merecía ser el campeón del partido del próximo domingo. Los hermanos Ishida se ponían al día sobre como le iba la universidad al pequeño y el trabajo al mayor. Por último, Jou les contaba a Hikari y Mimi como le iba en el trabajo.

Terminaron de cenar y tras pagar salieron del local para dirigirse al siguiente punto. El bar elegido por Sora estaba a dos escasas manzanas del restaurante así que fueron caminando. Entraron al bar y dejaron sus chaquetas en unos percheros de madera colgados en la pared del fondo. El bar era bastante grande. A la derecha había una zona con mesas y un gran televisor que Mimi supuso que sería para los días que había partido. Al fondo junto a los percheros, estaba la barra donde los chicos fueron a pedir. Por último, a la izquierda, había una zona de juegos que constaba de un futbolín, un billar y una pequeña diana anclada a la pared de piedra.

Juntaron tres mesas para poder sentarse, aunque eso les duró poco pues una vez llegaron los chicos con las cervezas fueron enseguida a probar los juegos. Hikari y Miyako jugaban contra Izzy y Ken al futbolín. Takeru y Davis habían empezado una pelea sobre quien era el mejor que decidieron zanjar con una partida al billar a la que no tardaron en unirse Taichi y Yamato. Los demás permanecieron sentados observando a sus amigos. Ya habían estado bebiendo mientras cenaban así que estaban dando un buen espectáculo.

Mimi observaba a Yamato desde su posición. Estaba sentada recordando viejos tiempos con Sora y el superior Jou. Aprovechó que los jóvenes se pusieron a hablar entre ellos para desconectar. Yamato estaba jugando al billar. Hacía equipo con Takeru, mientras que Taichi iba con Davis. Los hermanos iban ganando, y es que Davis y Taichi no sabían beber. Los dos muchachos bebían una jarra entera cada vez que conseguían meter una bola. Caminaban tambaleándose y a duras penas podían apuntar cuando golpeaban la bola. Era el turno de Yamato, y vaya que Mimi lo disfrutó. El joven estaba concentrado en meter la última bola, la negra, en el agujero de la izquierda. Observó detalladamente el panorama, buscando la mejor posición desde la cual atacar. Finalmente, para el deleite de Mimi, decidió que lo mejor era tirar desde el otro lado inclinándose tal vez demasiado. Oh sí, esos pantalones le hacen un buen culo, pensó Mimi. Tal vez el alcohol que había ingerido le hacía pensar cosas sucias, o tal vez fuese que Yamato sacaba una parte de ella que desconocía que tuviese de antes. El acierto de Yamato les dio la victoria merecida después de veinte minutos jugando. Se mordió el labio inconscientemente mientras veía como se tensaban los músculos de su brazo al chocar los cinco con Takeru. Y fue entonces cuando él la miró. Quizás llevaba un buen rato sintiéndose observado o quizás se había girado a mirarla porque quería. Le mantuvo la mirada por unos segundos, mirándole altanera. Recordó la primera vez que vio sus ojos en Lucky y ahora le parecía tan obvio que había sido Yamato todo el tiempo... Sus ojos seguían exactamente como quince años atrás, cuando se marchó. Habían perdido la chispa de inocencia de la infancia, pero seguían siendo igual de profundos, de magnéticos. Más atrayentes. Eso eran ahora. La miraban de una forma que Mimi no supo descifrar. Se pasó la lengua por los labios, relamiéndose, bajo la atenta mirada de Yamato. Éste arqueó una ceja como reacción.

Rompieron el contacto visual cuando un borracho Taichi se abalanzó sobre Yamato para felicitarle por su último golpe. Mimi se sonrojó furiosamente al darse cuenta de lo que había hecho. Oh no, se lo había comido con la mirada mientras se lamía los labios, y todo esto bajo la atenta mirada de él. ¿Qué le había pasado?

Pasaron al menos dos horas hablando, riendo y jugando antes de decidirse por ir a la discoteca. Eran casi las doce de la noche cuando se pararon al final de la cola. En unos diez minutos estarían dentro, si sus cálculos no fallaban. Vio a Yamato detrás de Jou intentando encender un cigarrillo con su Zippo plateado, pero éste parecía no querer ir. Se acercó a él mientras sacaba un pitillo y su pequeño Clipper rosa.

- Toma- le ofreció tras encenderse el suyo propio.- Parece que hoy soy yo la que te da fuego- Yamato rio ante su comentario y le arrebató el mechero de las manos. Prendió el cagarillo y le extendió la mano con el encendedor de vuelta.

- ¡Mimi!- casi gritó Kido cuando la vio expulsando humo.- ¡No debes fumar! Es muy malo para tu salud.

- Ya lo sé, superior Jou, lo pone en todos los paquetes. Pero es decisión mía, ya no soy una niña- contestó Mimi. Jou se alejó de ellos refunfuñando mientras decía lo peligroso que era ser fumador pasivo.

- ¿Por qué a ti no te dice nada?- protestó Mimi mientras hacía una especie de mueca de disconformidad.

- Supongo que me da por un caso perdido- dijo mirándola.

Estuvieron los siguientes cinco minutos fumando juntos detrás de todos sus amigos, sin hablar. Avanzaban la cola cuando lo requería y de vez en cuando se miraban de reojo. Mimi tiritaba de frío debido a la fina chaqueta negra que llevaba por encima del vestido.

- ¿Dónde te has dejado el plumas rosa?- le preguntó Yamato de repente rompiendo el silencio.

- ¿Perdón?- contestó Mimi sin entender.

- No te pega, el cuero. Y mucho menos el negro. Sería más propio de ti llevar un abrigo de plumas rosa, ¿no?

- Por Dios Ishida, han pasado quince años, olvídate de la Mimi de aquel entonces- dijo Mimi a la defensiva. Le molestaba que tuviera aún en la cabeza esa imagen tan aniñada de ella. Quería que la viera como una mujer, que la mirara como hizo en Lucky.

- Créeme cuando te digo que ya lo había hecho. Al igual que parece que tú también te olvidaste de mí- le recordó haciendo alusión a su primer encuentro desde su vuelta a Odaiba.

- Tenemos que hablar- dijeron ambos al unísono. Pero parece que la suerte nunca estaba de su parte.

- ¡Chicos, ya nos toca entrar!- gritó una ebria Miyako animando a todos sus amigos a pasar.

Entraron todos juntos a la discoteca. Ésta estaba bastante llena pero tuvieron suerte al encontrar dos mesas altas libres en una zona apartada de la pista. Las chicas dejaron sus chaquetas en el guardaropa del negocio y fueron a la barra dispuestas a pedir la consumición que venía con el precio de la entrada.

- ¡Chicas! ¿Por qué no nos tomamos unos shots de tequila antes de las copas?- sugirió una animada Sora.

- ¡Sí! ¡Qué buena idea!

Miyako y Mimi se unieron enseguida a la idea, y aunque Hikari en un principio parecía un poco reacia, no tardó en aceptar la oferta de Sora. Treinta segundos después tenían delante cuatro vasos pequeños llenos hasta arriba de tequila. El camarero les trajo también un salero junto con un pequeño cuenco de cristal lleno de rodajas de limón recién cortadas. Hicieron lo pertinente para beberse los shots. Se rieron las unas de las otras por las caras de sufrimiento que ponían al sentir el quemazón del licor bajando por sus gargantas y cuando se hubieron recuperado volvieron a las mesas junto a los demás. Los chicos ya habían conseguido sus bebidas también, todos menos Jou, el mayor había decidido que ya había bebido bastante por esa noche.

Decidieron esperar a acabarse el contenido de las copas antes de aventurarse a ir a la pista a bailar. Ésta estaba atestada de gente y podía ser peligroso ir con los vasos llenos por ahí. Sin embargo, sus planes fueron arruinados cuando de repente empezó a sonar If I lose myself de Alesso y One Republic. Mimi tragó de golpe lo que le quedaba de su Licor 43 con Fanta de limón. Se pasó la lengua por los labios para quitar los restos de la mezcla dulzona que se le habían quedado por beber demasiado rápido. Cogió a Miyako con una mano y como pudo arrastró a Hikari y Sora con la otra hacía la pista de baile.

I stared up at the sun, thought of all the people, places and things I have loved. Las chicas se habían distribuido en círculo. Bailaban las cuatro juntas, meciendo sus caderas al ritmo de la música. Levantaban las manos esporádicamente. En las discotecas de Estados Unidos siempre ponían esa canción así que a Mimi le traía muy buenos recuerdos. You can feel the lights start to tremble, washing what you know out to see you. You can see your life out of the window tonight. Mimi cantaba a todo pulmón mientras bailaba con las demás. Se sabía la letra de memoria. La había cantado decenas de veces cuando salía. La canción le producía un sentimiento de libertad, de euforia. If I lose myself tonight, it will be by your side, if I lose myself tonight... Miró en dirección a los chicos y cuando su mirada se cruzó con la de Yamato no pudo encontrar la letra más acertada. Oh sí, ella quería perderse. Esa noche, con él. If I lose myself tonight, it will be you and I, if I lose myself tonight... Cantó mientras lo miraba a los ojos directamente y le pareció volar cuando él la miró de vuelta.

El abrazo que le dio Sora le obligó a cortar el contacto visual. Su amiga había bebido bastante y eso no era bueno. Sora era la chica sana del grupo, la deportista, ella no bebía. Miyako y Hikari se habían alejado de ellas para ir al centro justo de la pista a bailar al ritmo de Wasted. Quería ir al baño así que fue a dejar a Sora con los chicos. No supo si fiarse de las palabras de Taichi, "tranquila Mimi, Sora estará sana y salva en mis manos", el pobre estaba casi más borracho que su amiga. Sin embargo estaba sintiéndose mal de verdad, así que no tuvo más opción que dejar a su pobre amiga en las garras de Yagami. Iba de camino al baño cuando sintió que alguien tiraba de su brazo y la empujaba bruscamente hacia la pared de su izquierda. Dejó escapar un quejido cuando su espada chocó contra la fría superficie.

- Me confundes, Tachikawa- le dijo Yamato. La cara del muchacho se encontraba a escasos centímetros de la suya y sus brazos hacían la función de una especie de cárcel para su delgado cuerpo.- Por momentos, te miro y veo a la niña que alguna vez llegué a odiar. Otras veces te miro y veo a la mujer que besé a la salida de un pub hace dos semanas.

- ¿Qué yo te confundo a ti?- preguntó Mimi estupefacta.- Perdona Ishida, pero creo que aquí la única jodidamente confundida soy yo. Pasas olímpicamente de mí toda la noche y ahora me acorralas contra una pared y me acusas de confundirte. ¿Qué coño te pasa, eh?

- ¿Ves a lo que me refiero? Te pasas toda la cena hablando de recuerdos estúpidos de la infancia como si fueras una adolescente y luego en la cola de la discoteca me coqueteas como hiciste en Lucky. Luego te pones a beber y a bailar como una chiquilla para después llegar aquí y hablar de esa jodida forma que me pone tanto. ¿A que juegas, Mimi?- peguntó usando por primera vez después de quince años su nombre de pila. Y ella podía jurar que nunca su nombre había sonado tan sensual en labios de otra persona.

- No juego a nada, Yamato- contestó siguiéndole el juego.- Pero parece que tú sí quieres jugar- añadió mientras se mordía el labio inferior con fuerza intentando acallar el suspiro que quería salir de sus labios. Definitivamente, sentir al Ishida tan cerca de su cuerpo no era bueno.- Quien juega con fuego acaba quemándose, ¿sabías?

- Entonces creo que estoy preparado para arder.

Mimi no tuvo apenas tiempo de procesar las palabras del chico antes de sentir sus labios junto a los suyos propios. Esta vez no fue como hace dos semanas. No había beso lento, ni de tanteo. Yamato era puro fuego cuando la besaba. Había pegado su cuerpo cálido al suyo, haciendo que el calor en el interior de Mimi creciera aún más si es que era posible. Esta vez ella tampoco fue tan lenta como la anterior. Guió sus brazos rápidamente a su cuello y tiró de él para sentirlo aún más cerca. Mordió su labio inferior y aprovechó para profundizar el beso. Su lengua se sentía bien en la boca de Yamato. Ésta sabía a vodka con algo más. Una de sus manos abandonó su cintura para posarse en su trasero y estrujarlo con fuerza ocasionando un escalofrío en el cuerpo de Mimi. Arqueó su cuerpo buscando más contacto, necesitaba sentirlo más. El Ishida bajó su boca a su cuello y empezó a besarlo con el mismo ímpetu con el que la besaba a ella segundos atrás. Mimi echó la cabeza hacia atrás dándole más accesibilidad al chico. Cuando sintió que no podía más, empujó la cabeza del chico hacia arriba y lo miró suplicante antes de volver a besarle en los labios. De repente Yamato sintió un empujón y se giró con miedo a ver lo que le había golpeado. Esperaba que no fuera ninguno de los chicos porque en ese caso no tendría una explicación para lo que estaba haciendo. Vio a un borracho tambalearse a su lado y suspiró de alivio.

Mimi reparó en ese momento en que se encontraba en mitad de una discoteca besándose con Yamato como si no hubiera mañana y que todos sus amigos podrían haberlos visto. Se separó de él dudosa. Quería besarle más. Pero algo le decía que ese no era momento ni lugar. En ese momento apareció Izzy. El chico llevaba quince minutos buscándoles. Al parecer tanto Taichí como Sora se encontraban fatal. El superior Jou, Cody y Ken ya se habían ido mientras que los otros cuatro restantes estaban en la pista de baile dándolo todo. Mimi maldijo a Miyako y Kari por hacerse las desentendida con Sora y dejarla a ella con el marrón. ¡Y es que claro que era un marrón! Ella podría estar devorándose por ahí por él flamante espécimen que tenía delante suya, pero no, debía ir a llevar a su ebria amiga a casa.

Izzy se marchó no sin antes guiarles hasta sus amigos. Con la ayuda de Yamato consiguió sacar a los dos castaños rápidamente.

- ¡Mimi, qué bien que estés aquí!- gritaba Taichí todo el rato.

- ¿Qué te parece si coges un taxi con ellos hasta el piso que compartimos y yo os sigo con la moto? Luego puedo llevarte a tu casa- le sugirió Yamato.

- ¿Tú compartes piso con Sora y Taichí? ¡No tenía ni idea de que vivíais juntos!- exclamó con recelo.- Está bien, hagamos eso.

El taxi tardó diez minutos en llegar. Ayudó a subir a Taichí y Sora mientras Yamato iba a por su olvidada moto que estaba aparcada en el parking cercano al restaurante. Le dio al taxista la dirección que Ishida le había hecho memorizar y emprendieron el camino. Quince minutos más tarde bajaron del coche. Yamato les estaba esperando apoyado en la puerta de metal del portal número 7. Subieron los cuatro en el ascensor hasta el piso 16 y entraron al apartamento que compartían los tres amigos.

Yamato le indicó cual era la habitación de Sora. Después de asegurarse de que su amiga bebiera unos dos vasos de agua, la arrastró a su habitación para acostarla. Le quitó el vestido que llevaba puesto a duras penas y la tapó con el edredón pues se sentía incapaz de ponerle un pijama. Sora no estaba colaborando para nada en la tarea de acostarla y así no podía ser.

Salió de su habitación después de asegurarse de que se había dormido y se encontró con Yamato esperándola apoyado en el marco de la puerta de la pequeña cocina. Se había quitado la chaqueta de cuero negra y llevaba la camisa por fuera del pantalón. Se había desabrochado los tres primeros botones de la camisa. Mimi le recorrió con la mirada de arriba a bajo y se le hizo la boca agua. Yamato Ishida la estaba esperando para llevarla a casa, pero eso era lo último que ella quería que le hiciera en ese momento. Lucía jodidamente sexy apoyado de esa forma despreocupada en el marco de la puerta. Se acercó a él lo suficiente para que al susurrarle el fuera capaz de escucharla.

- ¿No quieres seguir quemándote, Yamato?


GGracias

Gracias a todas por vuestros comentarios. Espero que este capítulo sea también de vuestro agrado. Esperaba poder subirlo antes, pero no estaba terminado y estoy de exámenes finales en la universidad así que no dispongo de mucho tiempo para escribir. Aunque esta tortura de exámenes terminan el 18 de este mes, así que espero poder escribir luego de eso más seguido.

En este capítulo vemos a una Mimi mucho más madura, coqueta, atrevida. ¿Será capaz de llegar hasta el final? ¿Yamato le seguirá el juego?

Muchos besos a todas, nos leemos en el próximo capítulo!