Digimon no me pertenece, ni sus personajes.


—¿No quieres seguir quemándote, Yamato?

Lo último que esperaba en ese momento era un ligero empujón por parte del hombre.

—No voy a hacértelo con Taichi y Sora durmiendo en las habitaciones continuas a la mía —el muchacho pareció pensarlo mejor y añadió frustrado.— ¡Joder Mimi, ni siquiera debería hacerlo!

—¿Perdón?

—Somos adultos y yo al menos pretendo comportarme como uno. Eres mi amiga de la infancia, no voy acostarme contigo. Si ahora que solo nos hemos besado ya es todo molestamente incómodo, no quiero imaginarme como será si cruzamos la ralla.

—¿Entonces por qué mierdas me has besado antes? —preguntó ella perdiendo los nervios.

—Porque me pones muchísimo, joder. Creo que eso está bastante claro. Si no te conociera ahora mismo estarías gimiendo en mi cama.

Mimi se sonrojó furiosamente por el comentario. Yamato la deseaba pero prácticamente le había dejado claro que no pensaba tocarla ni con un palo por el hecho de ser amigos. ¡Venga ya! ¿Cuándo habían sido ellos amigos? En el Digimundo Yamato era demasiado cerrado, y ella lo había intentado, vaya que sí. Pero nunca consiguió ser para él alguien como Sora o el propio Taichi. Pensó en cuánto envidiaba la relación de esos tres.

Poco a poco se separó más de él. Estaba claro que nada iba a pasar esa noche, ni nunca. Ishida lo había dejado bastante claro. Fue a la cocina y recogió la chaqueta y el pequeño bolso. Se dirigió a la entrada y con una mano en el pomo sin siquiera girarse habló:

—Cogeré un taxi. Perdona por las molestias —abrió la puerta y pareció pensarlo mejor, así que antes de marcharse añadió.— Yo también soy adulta, Yamato. Y me considero lo bastante madura como para poder separar el placer de las demás cosas. Nos vemos.

Yamato apenas tuvo tiempo de pestañear antes de escuchar el fuerte sonido de la puerta al cerrarse. Se maldijo internamente por no poder haberse controlado hoy. La había estampado contra la pared cual animal en celo. Si no llega a interrumpirlos aquel borracho se lo hubiera hecho allí mismo.

Cuando volvía de la discoteca a casa había tenido tiempo para pensarlo. Desde bien joven ir en moto producía ese efecto en él. Le tranquilizaba, le permitía pensar con claridad. Con el viento helado calando en lo más profundo de sus huesos había llegado a una conclusión. Algo había cambiado en su relación con Mimi Tachikawa.

Cuando eran pequeños, no es que la odiara, pero tampoco la apreciaba. Aunque le costara admitirlo, quería a Taichi. El cabrón había conseguido ser su amigo a base de golpes y palabras que lo devolvían a la realidad. Sora siempre había sido alguien especial para él. Lo supo en ese entonces y lo confirmo años más tarde cuando estuvieron juntos. Los demás digielegidos formaban parte de su vida debido a un aspecto u otro. Pero Tachikawa, ella simplemente estaba allí. No era su amiga, ni su enemiga. No tenían muchas cosas en común. Nunca se interesó en ella lo más mínimo.

Sin embargo, ahora moría por quitarle la ropa. Pero eso no era todo. Estar con ella era como estar con una mujer madura, segura de sí misma. Difícilmente se la imaginaba llorando o doblegándose ante algo. Tachikawa había cambiado y exudaba sensualidad y personalidad por cada poro de su piel. Tenía algo que le atraía más allá de su físico de muñeca. Parecía fuerte, segura y autodeterminada. Había algo tan magnético que le daba miedo.


Pagó al taxista y subió a su casa pensando en todo lo ocurrido esa noche. Había sacado en claro que Ishida ya no era el niño que conoció en su viaje al Digimundo, ni el joven del que se despidió la última vez que estuvo en en el país nipón.

Quería conocerlo más. Se lo había propuesto. Aparcaría la tensión sexual existente entre los dos y se demostraría a sí misma que no había nada con su amigo de la infancia. Ahora que sabía que lo conocía, no podía seguir sintiendo ese deseo por él. Yamato se lo había dejado claro. Nada pasaría entre ellos.

Antes de acostarse, revisó su teléfono móvil y encontró un mensaje nuevo en el grupo de whatsapp que tenía con sus amigas. Hikari decía: Creo que la he cagado esta noche chicas, necesito que nos veamos todas mañana. Contestó a su amiga y se entregó a los brazos de Morfeo.

Eran las dos en punto cuando entre en el pequeño restaurante donde habían acordado en verse. Divisó a Sora y Miyako en una mesa apartada, al fondo del local. Fue a su encuentro y no pudo más que reír ante la cara de resaca que presentaban ambas. Sora tomaba una aspirina mientras Miyako se deshacía bebiendo agua. Saludo a sus amigas y sentó a la espera de la aparición de Yagami.

La pequeña no se hizo esperar, y en apenas cuatro minutos entró por la puerta del comercio. Se sentó con ellas y antes que nada pidieron su comida entre conversaciones triviales. Fue en algún momento entre el segundo plato y el postre que ésta se decidió a hablar.

—Anoche me enrollé con Daisuke.

Una ola de exclamaciones y gritos ahogados se escucharon por el restaurante. Sus amigas la miraron con su mayor cara de sorpresa mientras intentaban articular algo entendible.

—¿Cómo? Es decir, ¿por qué? O sea, ¿Daisuke? ¡Hubiera jurado que ibas a hablarnos de Takeru! —interrogó Miyako.— Os estuve observando mientras bailábamos ayer, y pondría la mano en el fuego en que vi algo especial... ¿Qué pasó, Hikari?

—Veréis... No os lo he dicho, pero hace bastante tiempo que creo que lo que siento por Takeru ya no es amistad —esperó a ver la cara de sorpresa de sus amigas, pero ésta no llegó nunca.

—¡Vamos Hikari, eras la única que no lo sabía! —exclamó Sora.— Bueno tú y Takeru, eso está claro.

—El caso es que ayer estábamos muy bien, sentía que podía ser correspondida, y entonces llegó ella. No se si la recordaréis, se llamaba Mitsuki. Estuvieron saliendo juntos durante casi dos años en la preparatoria.

—¡Para olvidarse de ella! Takeru quedó destrozado cuando rompieron. Nunca llegué a saber que pasó... Dime por favor que no volvió a liarse con ella.

—No, no. Al menos no que yo viera. ¡Estuvieron hablando durante horas! Koushiro, Daisuke y yo estábamos en un segundo plano. Era como si prácticamente no existiéramos. Entonces llegasteis Taichi y tú borrachos como si no hubiera mañana —dijo mirando a Sora.— Koushiro se fue a buscar a Yamato y cuando lo encontró os fuisteis todos. Y ahí estaba yo, sola con Daisuke, muerta de celos por culpa de Mitsuki.

—Espera un momento —interrumpió Mimi.— ¿Me estás diciendo que besaste a Daisuke por simples celos?

—¡No! Nunca sería capaz de hacer eso. Seguí bailando con él para intentar olvidarme un poco de esos dos. Y de repente pasó. Daisuke me dijo algo de que había pasado mucho tiempo ya, pero que antes de pasar página de verdad debía intentarlo al menos una vez. Y me besó. Sin permiso. Sin cuidado. Sin dejarme siquiera decir una palabra. Fue duro, improvisado, húmedo. Él había bebido mucho, así que no estaba en las mejores condiciones para darme un beso normal. Fue extraño. Y sin darme cuenta me encontré a mí misma cogiéndole del cuello de la camisa y besándolo con el mismo fervor con el que me besaba. Y me gustó. De una forma extraña, me gustó. Me olvidé de Takeru, de Mitsuki y de mis sentimientos recientemente descubiertos.

—No... No sé que decirte, Hikari —intervino Miyako.— Que yo sepa nunca te ha gustado en lo más mínimo Daisuke, ¿no?

—Ya sabéis que no. Siempre lo he visto como un amigo. Cuando nos separamos, vi como Takeru se acercaba a nosotros lentamente, despidiéndose con la mano de Mitsuki. Su cara se puso seria y al llegar dijo algo como: "Es hora de irse a casa, coge tus cosas Hikari". No le dirigió ni una mirada a Daisuke. Salimos de la discoteca y a duras penas escuché un hablamos mañana mientras era arrastrada por Takeru hacia el coche. Estuvimos todo el viaje en silencio. Jamás, en todos los años que llevamos de amistad, me había sentido así de mal con él. Cuando llegamos a casa se despidió con un "Buenas noches Hikari, espero que pienses en lo que has hecho hoy". Bajé del coche y bueno, eso es todo.

—¿Has hablado con alguno de los dos? —preguntó Mimi.

—¡Cómo si pudiera! Por supuesto que no. Estoy muy confundida. Ayer, por fin vi algo en Takeru que me hizo pensar que podía sentir algo más por mí. Primero bailando, y luego viendo su reacción. Y al mismo tiempo sentí algo muy extraño pero a la vez agradable estando con Daisuke.

—Lo mejor que puedes hacer es pensarlo todo bien y hablar con ellos para aclarar las cosas, sobretodo con Daisuke —dijo Sora.

Hikari suspiró mientras comía su última cucharadita de mousse de chocolate. Hablar con sus amigas le había ayudado un poco. Tenía que hacerse dueña de la situación. Pensar bien y aclarar las cosas con Daisuke. Llevaba desde las doce de la mañana ignorando sus llamadas y mensajes. Por otro lado, no había tenido noticias de Takeru.

Pagaron la cuenta y cada una marchó a sus respectivos hogares.


En otra parte de la ciudad, un castaño maldecía sin parar el buzón de voz de Yagami Hikari.

Entendía que no le cogiera el teléfono. ¡Joder, claro que sí! Ayer la había besado sin piedad, en medio de montones de cuerpos bailando sudados al ritmo de algún repetitivo éxito extranjero. La había besado sin permiso, sin control. Murmurando unas patéticas palabras antes de adueñarse de su perfecta boca. Había sido un capricho y ahora estaba pagando por ello. Se había dado cuenta de como su amiga miraba a Takeru, de como bailaba con él, de como sus ojos echaban chispas al ver a Mitsuki hablarle. Y había llegado a la conclusión de que él no quería acabar así. No quería lamentarse por algo que jamás había intentado siquiera. ¡Al diablo, que Hikari le rechazara!

Cuan grande fue su sorpresa al sentir como las manos de ella se adueñaban del cuello de su camisa azul marino. Hikari le respondió con ímpetu al beso y él no podía creérselo. Aunque sin duda, la sorpresa más grande de la noche no fue que Hikari le besara de vuelta, sino que él mismo no sintiera nada con ese beso. ¿Cuántos años habían pasado desde que la conoció? ¿Cuántos años suspirando por ella? ¿Doce? ¿O tal vez incluso catorce? Había besado a la chica de sus sueños y no había sentido absolutamente nada.

¿Qué significaba eso? Daisuke se preguntaba, abatido, si es que la había querido de verdad en algún momento de su vida. Hikari había sido el centro de su universo desde que la conoció mejor al ir al Digimundo. Había peleado por ella. Se lo había confesado en más de una ocasión. Esperaba con ansias el día que ella se olvidara de Takeru y se diera cuenta de que todo lo que siempre había querido estaba justo en frente de ella. Y ahora, de repente, todo eso se iba a la mierda.


Koushiro apretó el botón de enviar sin pararse a leer el mensaje de nuevo. Ya estaba hecho. Sabía que si lo revisaba se arrepentiría y terminaría borrándolo. Miro el nombre del destinatario y la foto que lo acompañaba. Una joven Mimi le devolvía la mirada. Le había hecho esa foto en una de las tantas conversaciones que tuvieron por Skype los primeros años posteriores a la partida de la castaña. Llevaba puestos unos cascos con micrófono rosa pálido. Una sonrisa grande decoraba su rostro de niña.

"Mimi, tenemos que hablar". En eso consistía el mensaje. Directo, como él mismo. Estaba dolido, ¿por qué negarlo? Él, que se había considerado su mejor amigo. Él, que había cruzado el charco en varias ocasiones para ir a verla. Él, que la llamaba seguido y la pensaba aún más seguido. Él, que la había echado de menos como el que más. Él, que se había enamorado cual imbécil de la niña del sombrero de vaquera y de la adolescente de las estrellas en el pelo. Estaba dolido. Tan dolido, que pensaba enfrentarla. Reclamarle. Preguntarle. ¿Por qué no lo había llamado nada más llegar a Japón? ¿Por qué le había estado huyendo toda la noche? ¿Por qué Yamato?


El turno de tarde en el restaurante se le hizo más pesado que de costumbre. Ya no eres una adolescente, Mimi. Se recordaba todo el rato. Su cuerpo ya no toleraba el alcohol tan bien como entonces. Llegó a casa y se dio un baño relajante. Vaya que se lo merecía.

Hacía viente minutos que tenía abierta la conversación con Koushiro. No se atrevía a contestarle. De hecho, llevaba evitándolo desde la última vez que el joven viajó a Estados Unidos hace unos dos años. Se avergonzaba de sí misma. Huía. Llevaba huyendo de las palabras de su amigo desde que las pronunció aquella Navidad en Times Square. No le había respondido en ese entonces y seguía sin hacerlo ahora. El poco contacto que habían mantenido desde entonces se limitaba a simples y correctas conversaciones para ponerse al día.

Pensó en él. En su relación. En cuánto lo apreciaba. El hecho de que fueran de la misma edad había ayudado a que su relación se estrechara en sus años de colegio. Los pequeños del grupo. Pensó en el esfuerzo que invirtió en lograr derribar las barreras que Koushiro había levantado con tanto ahínco. El joven aprendió a no estar nervioso con ella. A tenerla a su alrededor. A escucharla y comprenderla como pocos amigos podían. Incluso consiguió que dejara el ordenador de lado y la mirara cuando estaba trabajando en alguno de sus algoritmos.

"Cuando quieras te invito a un café, Kou".


Abrió la puerta de su apartamento con la poca fuerza que le quedaba. Había estado trabajando todo el día y ahora lo único que tenía en mente era un trozo de pizza, una ducha y su cómoda y mullida cama.

—¡Por fin llegas, cabrón! —le saludó Taichi al escuchar el sonido de la puerta.— Necesito hablar contigo.

—Verás, Taichi, lo último que me apetece en este momento es tener una charla contigo. Necesito dormir.

—He pedido pizza.

—Tienes toda mi atención. Ahora, ¿dónde está esa pizza?

El moreno se levantó del taburete en el que estaba sentado y sacó una caja de cartón del horno. Miro discretamente hacia la puerta de la habitación de Sora. Estaba cerrada. La joven había salido hacía unas horas.

—Creo que Sora sale con alguien —dijo con simpleza.— Esta tarde, cuando ha vuelto de trabajar, se ha me ha dicho que saldría esta noche, que no la esperásemos despiertos. Y luego se ha metido en el baño. Durante una hora, tío, ¡una puta hora!

—¿Qué más da cuanto tiempo haya estado en el baño? —preguntó Yamato, totalmente perdido.

—¿Qué que más da? Es Sora, joder, Sora. Se arregla en veinte minutos. Pero lo he descubierto, ¿sabes? He mirado su móvil mientras estaba en la ducha.

—¡Taichi! ¡Serás cabrón! Sora te matará si se entera. No tienes remedio. En fin, ¿qué ha descubierto, Sherlock?

—Una conversación con un tal "Shouta Trabajo" —acusó Taichi, poniendo una cara de desagrado total.— Según he leído no es la primera vez que se ven.

—¿Y cuál es el punto de todo esto?

—Que Sora no debería salir con ese chico. ¿Y si es un aprovechado?

—Sora puede salir con quien se le antoje, Taichi. No eres quien para decidir por ella. Si ese tal Shouta no le conviene, es ella quien tiene que darse cuenta. Así que mete tus narices en otra parte y deja tranquila a Sora.

—¡Soy su mejor amigo! No me lo ha contado Yamato, no me lo ha contado. ¿De que sirve ser su mejor amigo si no confía en mí?

—No seas idiota, Yagami. Por supuesto que Sora confía en ti. Supongo que simplemente quiere evitar este tipo de escenas. Cuando sea serio, te lo contará. Te lo aseguro. Cambiando de tema, ¿cómo van las cosas con Kasumi? Hace tiempo que no la veo por aquí.

—Hemos discutido. Hemos llegado al punto en el que ella me pide etiquetas y yo no puedo dárselas. ¡Me encanta! Me gusta pasar tiempo con ella. ¿No debería bastar con eso?

—Amigo, algunas mujeres necesitan seguridad en sus relaciones. Kasumi quiere saber si lo vuestro tiene futuro. Deberías pensar bien las cosas y hablar con ella.

—Debería. Gracias, Yamato. Espero no haberte entretenido mucho. ¿Todo bien?

—Todo bien. Buenas noches tío.

Se metió en el baño con la duda de si debía contarle lo ocurrido con Tachikawa. Era su mejor amigo al fin y al cabo. Después de una ducha caliente relajante, llegó a la conclusión de que era mejor guardárselo para sí mismo. Taichi apreciaba mucho a Mimi. No creía que le hiciera mucha gracia saber que tipo de situaciones había pasado con la castaña.


Sé que no tengo perdón por el tiempo que llevo sin escribir. Tal vez creía que el verano me daría mas tiempo para escribir pero no conté con que me quitara la inspiración. Parece que mi mente solo trabaja bajo la presión de los exámenes. La universidad me extorsiona, pero se ve que también se apiada de mí y me da algo de inspiración para escribir.

Espero que os guste este pequeño capítulo. Como veis, es algo así como una transición. He dejado varias incógnitas e incluso he añadido cosas que ni se me ocurrió pensar en junio. Lo de Daisuke, Koushiro, el rechazo de Yamato, nada de eso estaba en mi mente cuando empecé a escribir hace meses. Sin embargo, hoy el capítulo se ha escrito casi solo.

Muchas gracias a todas las que leéis esta historia y sobretodo a las que me dejáis algún review. No sé muy bien donde debería responderlos ya que es la primera historia que escribo.

Disculpadme si hay algún error ortográfico. También perdón por algunas de las palabras malsonantes que uso, pero os aseguro que en mi cabeza cuando escribo aparecen algunas peores que me ahorro escribir.

¡Gracias de nuevo y muchos besos!